Hermione esa mañana usaba unos jeans skinny negros, un cardigan largo y playera blanca junto con unos tenis vans. Le solicitaron ir con ropa cómoda debido a que el niño era hiperactivo. La bruja dejó en el recibidor del departamento su pequeño bolso mágico, donde todas sus pertenencias entraron sin problema. Se dirigió a la cocina donde una pelea entre padre e hijo se liberaba.

Luna picaba entretenida un par de pancakes, le dio un sorbo a su leche sabor fresa sin apartar la vista de su hijo de cuatro años usando una pijamas con dibujos de dinosaurios sosteniendo un guerra de miradas contra su padre. El hombre mayor usaba un pantalón de vestir azul marino con una camisa azul claro, un cinturón café haciendo juego con unos zapatos cafés de marca krusdan. El quidditch y su trabajo como auror le habían ayudado a formar una excelente estructura muscular que combinaba con esa juvenil ropa, sin barba, cabello corto peinado a un lado. Era todo un "papi" como algunas latinas le gritaban.

—Papá eres un tonto y un ignorante.—El niño escupió ofendido señalando al hombre con su tenedor.— El tiranosaurio rex no es el dinosaurio más feroz.

—¿Entonces porqué le llaman el "rey"—Contraataco el hombre que sostenía una espátula y usaba un delantal con el slogan "Estoy más bueno que el pan" y el dibujo de una rebanada de pan sonriendo.—Su nombre viene del griego latinizado tyrannus 'tirano' y saurus 'lagarto', además del latín rex, 'rey'.

El niño rodó los ojos fatigado, le dio una mordida a su pancake. Harry esbozaba una sonrisa de autosuficiencia, parecía que el hombre disfrutaba más ganarle una pelea a su hijo que ser el salvador en la guerra mágica. Hermione tomó asiento en uno de los bancos a un lado de su rubia amiga que daba una mordida a su quinto pancake.

-—Es tan tonto.—Agregó la chica totalmente embobada. Podrían pasar 100 años y Luna Lovegood sería siendo la acérrima fan y admiradora número uno de Harry Potter.— Lo amo tanto.

—¿Quieres que te lleve a tu nuevo hogar?.—Harry le cuestionó a su amiga sirviendo un par de pancakes en un plato. La castaña negó con un movimiento de cabeza. — ¿te gusta mi nuevo mandil? Ginny me lo ha enviado debes ver el de Blaise.

Harry sacó su smartphone, él junto con Luna sabían utilizar la mayoría de los objetos muggles. Combinaban las ventajas de la magia con la tecnologia, sacando provecho lo mejor de ambos mundos. Hermione vio la fotografía de Blaise Zabini usando un mandil con el slogan "En casa yo tengo la última palabra '¡Sí mi Amor! ". La gryffindor casi escupe la leche debido a que el hombre de ascendencia italiana sólo usaba como prenda de vestir ese mandil. Su amiga Ginevra estaba perdiendo la cabeza.

—Blaise tiene buenas piernas.—Comentó interesada Luna mirando por encima del hombro de Mione.— ¿le puedes pedir a Ginny que mande una foto sin el mandil?

Harry le regaló una asesina sonrisa a su esposa, entonce observo fijamente la imagen, no se había percatado de la desnudez del moreno. Sus orejas se tiñeron rojas y terminó por eliminar la fotografía ante el puchero de decepción de su amada rubia. Esa mañana lo primero que haría al llegar a la oficina sería enviar un Howler a su ex novia. Cómo se atrevía a enviarle una foto de su marido semidesnudo. El león no era bueno manejando los celos.


Hermione se encontraba a las afueras de un zaguán de hierro. La magno propiedad poseía una arquitectura neoclásica, paredes grises, ventanas con bordes blancas. Un amplio jardín delantero. Las puertas se abrieron y la mujer comenzó a caminar, debían darle permiso para acceder a la casa usando la red flu. Al llegar a la entrada se encontró con un hombre de unos 50 años, con aspecto serio y estirado.

—Bienvenida señorita Rochester, mi nombre es Alfred —El hombre con agrio tono invitó a la mujer ingresar.—La llevaré a su habitación.

Subieron por unas escaleras hasta llegar a un pasillo, donde sospechaba un huracán infantil lo había atacado. Elfos domésticos trataban de limpiar las paredes manchadas de pintura y ¿Mocos? .la mujer dejó escapar un suspiro. En el piso juguetes destrozados, o partes de ellos estaban regados, otro elfo cargaba una bolsa para recogerlos.

—Esta será su recamara.-—La puerta de caoba se abrió dejando ver una amplio cuarto.—Espero se sienta cómoda.

Al fondo del cuarto se encuentran tres ventanales que daban hacia el jardín, suaves cortinas cremas no dejaban ingresar la luz. Dos sillas vino con un taburete redondo en el centro. Una cama de tamaño king size, con una colcha de tono vino. Un tocador de estilo vintage, de color crema. Descubrió dos puertas en el lado izquierdo. La primera la llevaba a un closet y la segundo a un baño personal, contaba con una elegante tina donde quizá se podría relajar tranquila.

—Es perfecta y amplía.—La mujer emitió una encantadora sonrisa que captó la atención del mayordomo.—¿Quiero conocer al monstruo que habita en la casa?.—La mujer soltó una nerviosa risa.—Habló del pequeño Malfoy, no del padre.

Los ojos de Alfred se abrieron sorprendido por la confianza tomada por esa extraña chica, que lanzaba el bolso sobre la cama y comenzaba a caminar por los pasillos como si ya conociera el sitio. Ella no se comportaba como una institutriz, era más como una vieja amiga haciéndose cargo de la situación.

La leona deambulo por 6 diferentes cuartos la mayoría similares, habitaciones para invitados. Llegó a un enorme cuarto donde algunos objetos muggles decoraban la estancia, era una TV inteligente de unas 50 pulgadas, consolas de distintas marcas entre otras cosas. Los hermanos Weasley se volvieron fanáticos de la tecnología muggle por eso conocía de esas cosas. Intentó ingresar a una habitación pero esta se encontraba cerrada con llave. Continuó deambulando hasta llegar a otro cuarto, ligeramente entre abrió otra puerta.

—Debes ser más listo que eso.—Gritó la castaña evadiendo que una cubeta con pintura cayera sobre su cabeza al cruzar un umbral.—Te doy 10 puntos por ingenio.

El mayordomo decidió dejar sola a esa extraña mujer y continuar realizando sus tareas. Sospechaba que el niño había obligado a los elfos plantar mandrágoras en su huerto.

Hermione Granger paso muchos fines de semana y vacaciones en la madriguera para aprender a oler trampas y bromas pesadas. Los gemelos fueron magníficos maestros. Evadio tortas de crema de batir, mas cubetas llenas de pintura, encontró monedas pegadas al piso.

La castaña le tomó media hora entender la razón porque no encontraba a ese niño. Lo percibió a su alrededor aún cuando no lo viera físicamente. Un olor a mugre se colaba entre sus fosas nasales. La maga sacó su varita, entrecerró ligeramente sus párpados. Aunque fungió como una burócrata sus amigos la obligaron a tomar un intensivo curso de autodefensa.

—Aguamenti.—De la varita brotó un chorro de agua que fue lanzado a su lado izquierdo chocando con una pared invisible, el flujo era inofensivo pero detuvo al ser invisible. —Wingardium leviosa.

Scorpius dejó caer la capa de invisibilidad mientras flotaba por los aires, movía las manos desesperado al no sentir el piso debajo de él. Entonces por primera vez logró ver el rostro de su nueva institutriz. La chica tenía delicadas facciones, labios rojos y una encantadora sonrisa. Lo que captó su atención fue ese cabello castaño corto. El niño comenzó a patalear rabioso por haber sido atrapado.

Scorpius Malfoy era la réplica exacta de su padre cuando tenía cuatro años. Su piel blanca como la nieve, cabellos ligeramente rizados rubios casi plateados, ojos redondos y grises. Sin olvidar esa extraña manera de fruncir la frente cuando está molesto.

—Wow, eres identificó a Draco.—La castaña llevó la mano a su boca para taparla, estaba sorprendida del enorme parecido entre padre e hijo.— Pero no hueles como él. —La mujer comenzó a caminar llevando consigo al niño flotando.—Tu padre siempre olía a menta y manzanas.

Algunos elfos que usaban peculiares trajes, mejor dicho disfraces, dejaron de limpiar las paredes para observar cómo esa nueva inquilina trataba a su pequeño amo. Se miraron entre ellos asustados, era su deber cuidar y proteger del joven Malfoy. Los dos elfos dejaron sus artículos de limpieza. El rubio se giró a observarlos fijamente, esa penetrante mirada les ordenaba detener a la mujer.

—Penny, Nick, tienen prohibido interferir.—La voz del mayordomo Alfred resonó por las paredes.—La señorita Rochester tiene el derecho de ejercer disciplina como mejor le convenga.

—Gracias Alfred.—Gritó emocionada la joven para dirigir sus ojos a unos temerosos elfos. —Por favor Penny ve preparando el baño. —La mujer tapó su nariz con la mano para imitar un gesto de asco.—Apestas Mini Malfoy.

Hermione siguió al elfo Nick, quien usaba un disfraz de Pixie o mejor conocido como duendecillo de Cornualles, su traje era un azul eléctrico muy bien realizado. Lucía extraño, un ser fantástico disfrazado de otro. Llegaron al baño principal donde una tina con espuma los esperaba. El rubio fue lanzado con suavidad hasta caer directamente en el centro de la tina. Scorpius furioso comenzó a manotear el agua tratando de escapar.

—Mini Malfoy quitate la ropa y comienza a bañarte.— Le solicitó la chica pero el niño se negó para comenzar a lanzarle agua con ambas manos. — No te atrevas a pelear conmigo, jovencito.

La mujer se subió las mangas dispuesta a obligar al niño a seguir sus órdenes. Penny apareció con un mandil de plástico para dárselo a la castaña, regalo de Alfred. Hermione caminó hacia el chico para comenzar a quitarle la chamarra, camisa y pantalones. Su cara terminó con varias bolas de espuma pero no le importo ya que alcanzó su objetivo.

Ahora el niño se encontraba desnudo y por vergüenza no se atrevía a salir de la tina. Hermione estiró la mano para tomar uno de los frascos, al abrirlo aspiró el aroma, los viejos recuerdos aparecieron.

— Huele a tu padre.—Agregó emocionada, entonces detectó por primera vez un gesto positivo en el fruncido ceño del niño.—En la Universidad le gustaba esconderse en la biblioteca para jugarme bromas pero yo siempre sabía dónde estaba, el fuerte aroma de su colonia lo delataba.

El niño trató de asentir con un movimiento de cabeza, su padre olía increíblemente bien.

—En el colegio no usaba esa colonia pero si encontrabas su olor en los pasillos.—Nuevamente la chica mencionó emocionada.—Su cabello olía a manzanas.

Hermione notó como el rubio trataba de evitar sonreír, dejó caer un poco de esa sustancia en los cabellos rubios, tallo delicadamente, para después enjuagar.

-—¿Sabes que son su fruta favorita?.—Le cuestionó a lo que el niño negó con un movimiento horizontal de cabeza.— Engañaba a los elfos para que robaran todas las manzanos posibles de la cocina y se las llevaran.—Hizo un puchero.—Nos dejó sin manzanas por una semana.

Entonces la mujer soltó una nerviosa risa. Nunca creyó que el estirado Draco hiciera esa clase de maldades. Cuando se lo confesó en el campus de la Universidad, la castaña no dejó de reír, algunos compañeros se giraron a mirarlos. Pero el hombre comenzó a tener la manía de revelar vergonzosos secretos de su pasado con el objetivo de escuchar la risa de su compañera.

—Era el continuo tormento de los pobres elfos.—La mujer soltó al aire.—Era el tormento de la mitad del colegio pero debo admitir que era adorable con sus mofletes inflados al momento de gritar.

Una mediana sonrisa se dibujó en esas infantiles fracciones. Hermione vacío agua en el cabello. Lavo la espalda, pecho y varias partes del cuerpo debido a que el niño no movía un dedo. Era como un muñeco con un puchero dibujado y la frente fruncida.

Hermione a veces ayudaba a Luna con sus quehaceres, ahora que su estómago había crecido. La verdadera razón porque la familia Potter decidió establecerse en una ciudad por tiempo indefinido era porque Luna en los primeros meses tuvo algunos sangrados que ponían en riesgo su embarazo.

—Ahora sí eres todo un mini Malfoy.—La mujer presionó esas abultadas mejillas y le regaló una sonrisa. Descubrió en esos breves minutos que el chico le agradaba escuchar sobre su padre y ser comparado con él.— Tu padre siempre usaba el uniforme limpio, uñas recortadas y sin tierra.

Los elfos le pasaron una toalla que tenía el dibujo de un hipogrifo, la mujer comenzó a detectar un patrón. Lo cargó en sus brazos para arrastrarlo hasta su habitación. El tamaño era similar a la suya, su cama tenía una colcha verde con el logo de la familia Malfoy, una ventana al fondo con cortinas del mismo tono. Muebles blancos y un desastre de juguetes con ropa en el piso. Ni siquiera el cuarto de los gemelos en la madriguera estaba tan desordenada.

Nuevamente se enfocó sus ojos en el elfo de nombre Nick, usaba un disfraz de Mooncalf, una criatura tímida que solo sale de su madriguera durante la luna llena. Lucían tiernos esos elfos, entonces entendió que quizá esos seres eran los únicos amigos del niño en esa enorme mansión. El rubio fue depositado en la cama con la toalla cubriéndolo hasta la cabeza. COn un hechizo le terminó de poner la ropa.

—Había olvidado presentarme, mi nombre es Jane.— La castaña se acercó al chico estirando la mano para saludarlo, pero el rubio quien usaba ropa limpia la desprecio con un bufido .— Eres un maleducado mini Malfoy.

La mujer al notar el desastre dejó escapar un suspiro.

—Vamos a comenzar a recoger este desastre.—Apuntó la mujer. El rubio dejó escapar un bufido para cruzar sus brazos e ignorar a la chica.—Yo pensaba decorar el sitio.— No me gusta el color verde.—Hizo un gesto de asco. —Ni las serpientes.

La chica lanzó a la basura el logo de la casa de slytherin.

—Me gusta un tono azul brillantes como la piel de los Hocicorto sueco.—Entonce el chico levantó la mirada.—¿Te gustan los dragones?

Los labios del rubio temblaron, luchaba consigo mismo para no responder con una emotiva afirmación. Nuevamente una cálida sonrisa se dibujó en los labios de la mujer. Entonces el niño no entendió porque esa extraña mujer sonreía tanto, ninguna de sus instituciones lo hizo antes. Todas llegaban agresivas enviándolo hacer deberes, su tono era seco, solo le importaba la disciplina. Hubo una, una amable que le enseñó a leer y le regaló un increíble libro de seres mágicos. Le agrada esa chica pero su padre la despidió por requisición de su abuelo. Era una squib.

—Tengo un amigo, se llama Charles y vive en Rumania cuidando dragones.—La mujer emocionada se acercó al rubio que se levantó sus brazos emocionado.— Él es uno de los más grandes criadores.

—Wow.—El niño dejó escapar un grito de exaltación, automáticamente llevó las manos a sus labios.

Hermione caminaba alrededor de la cama mientras algunos hechizos domésticos se ejecutaban a su alrededor. Ya tenía dos puntos importantes para captar la atención del jovencito, su padre y los animalitos mágicos. Mientras echaba un vistazo a los muebles descubrió que casi no había fotografías del infante, Draco o su madre. Entonces corroboró uno de sus peores presentimientos, Malfoy quizá no prestaba atención a su propio hijo.

—Estoy cansada.—SOltó la mujer estirando los brazos y dejándose caer a un lado del niño.—Al ver que nadie quiere platicar conmigo me voy a dormir.—Se hizo un ovillo dejando escapar un sonoro suspiro.—Tengo muchas historias que contar de mi amiga Luna lovegood

El pequeño niño rubio saltó para ponerse de pie y mirar a su "institutriz", que ahora simulaba dormir encima de su cama. El libro que le leyó aquella divertida nana tenía como autora a Luna Lovegood. Scorpius era ferviente admirador de esa mujer.


Notas de la autora:

Espero les vaya gustando como va el fic. Será tierno sin tanto drama. Gracias por sus reviews