Disclaimer: Yuri on ice no me pertenece. La historia es original mía así que les agradezco que la apoyen, especialmente a Kumiko y Malitar que han mostrado su apoyo en los otros dos capítulos, este va dedicado a ustedes lindas ~

Ya saben, si les gusta la historia dejen su review que siempre ánima~ por cierto, ya casi termina la "serie".

CHAPTER XVIII

BY: NewRusherBoy

Encontraron un buen lugar para estacionar el automóvil, la primera en bajar fue Minako, seguida por Víctor que estiró su mano para ayudar a Mari, quién la rechazó con una expresión sería... hacía meses que no iban al cementerio, al menos no con ella, no quería estar ahí, no estaba lista para estar ahí y ciertamente no entendía la razón que llevó a los demás para meterla ahí.

— ¿Qué clase de broma es está? —preguntó.

La ira que se formaba en su estómago era insana, quería arrojar algo o ponerse a gritarles, eran unos estúpidos, no podían obligarla a ver la tumba de su hermano, no se sentía correcto saber que su hermanito estaba ahí, enterrado junto con otras personas, y de todos modos no era justo lo que había pasado con el avión.

¿No se supone que los aviones son seguros? Están diseñados para no caerse ¿verdad? ¿Entonces por qué pasó ¿Por qué su hermano murió atrapado en el humo con una niña? ¿Por qué la familia con una bebe quedó atrapada en la cabina? ¿O los hermanos murieron al estrellarse? ¿Por qué la vida es tan injusta? Tantas preguntas, tantos "por qué" y ninguna respuesta lógica.

—Tienes que hablar con él, Mari. —la voz de Yurio sonó por detrás.

Cuando se enteró de la muerte del cerdo se había puesto violento, no era nada extraño en él, pero estaba enojado al igual que cuando murió su abuelo, porque se sentía traicionado por ellos, sentía el abandono así que estaba molesto. Yurio no era tanto así que fue sencillo deducir que la otra estaba sintiendo algo parecido.

Dio un paso al frente ante la mirada ansiosa de los otros adultos, soltando la mano de Otabek quién se había convertido en su único apoyo en lo días difíciles, acomodó su cabello ya más recortado para verla a los ojos.

— ¡Tú no hables! ¡Ni siquiera te caía bien mi hermano! —gruñó la mujer.

Las palabras fueron un poco punzantes, por mucho tiempo creyó lo mismo, intentó convencerse de que no le agradaba para nada aquel tazón de cerdo, pero le tomó cariño, y el amor solo le abre la puerta al dolor... eso lo aprendió a la manera difícil.

—Yo sé lo que te pasa Mari, sé cómo te sientes y es normal. —dijo sin miramientos, de frente.

—Cállate Yurio. —advirtió la mujer.

—Sé que lo odias, sé que odias a tu hermano ¡y es normal! Te dejó sola... cuando murió mi abuelo lo deteste, lo odie por abandonarme, lo odie por dejarme solo ¡es normal que odies a Yuuri!

Las palabras de Yurio resonaban en su cabeza, miró al muchacho rubio con furia dando un paso al frente, se acercó peligrosamente aunque él no retrocedió, alzó la mano apunto de gritar, pero la bajo y se acercó a la tumba... miró el nombre tallado en la lápida antes de soltar una especie de grito agónico que reflejaba todas las sensaciones pesadas que había estado conteniendo por casi un año.

— ¿Cómo te atreves? —soltó.

El infierno se había desatado ya, azotó la mano encima de la roca cayendo de rodillas encima con una expresión herida, frustrada, dolida, llorosa... porque estaba derramando entre sollozos furicos todas las lágrimas que no lloró.

— ¿Cómo te atreviste a dejarme? ¿Cómo pudiste? ¡¿CÓMO PUDISTE MORIR Y DEJARME AQUÍ SOLA?! —y entre llantos, sollozos, golpes y gritos la profesora se acercó para tomarla.

—Está bien, calma.

—No, esto no está bien... tomó ese jodido avión y murió, nos abandonó a todos... ¿cómo pudo pensar que podíamos vivir sin él?— se quejó apretándose a la profesora, antes de por fin romper a llorar.

Un poco más atrás los rusos miraban la escena en silencio, Otabek no dijo nada tampoco, solo abrazó a Yurio con suavidad... eran consciente que Mari necesitaba procesar por si misma el dolor.