DISCLAIMER: Yuri on ice no me pertenece, la historia del fanfic si es mía ~~

Nota: Aquí el penúltimo capítulo, si les gusto, entonces dejen su review por favor ouo

BELL BOOK AND CANDLE XIX

El avión aterrizo sin complicaciones en el aeropuerto. Víctor se acercó a la zona designada para recoger su equipaje, habían pasado varios meses desde que dejó Japón, y aunque su prometido ya no estaba con ellos, era una fecha importante y los Katsuki seguían siendo una familia para él.

Caminó con las maletas en busca de la salida, miró alrededor con tranquilidad notando los pequeños listones negros que adornaban el lugar, en medio de la sala había un muro que servía para homenajear a los fallecidos en el accidente aéreo, tragó saliva cuando se percató de la fotografía de Yuuri.

No era la única persona que miraba el homenaje con ojos de añoranza. Una pareja de ancianos se abrazaban observando la foto de su familia, perdieron a sus dos nietos (una niña y un niño) junto con su hija y su yerno, tras ellos había una mujer que sujetaba la mano de su marido con fuerza, ambos con los ojos puestos en la fotografía de una adolescente que mostraba con orgullo la sortija que su prometido David acababa de darle, a su lado dos muchachos abrazaban a su madre, pero los ojos de Víctor se posaron por un momento en un hombre de ojos verdes que junto con su esposa miraban la foto de Yuuri y una niña, según escuchó él fue hallado lejos de su asiento, trató de calmar a la niña.

Pensó en acercarse, pero el sonido del móvil lo sacó de sus pensamientos, miró le mensaje de Yurio, bajó la mano y caminó a la puerta de la salida echando un último vistazo al homenaje del aeropuerto.

—Tardaste mucho. — se quejó el rubio. —Además el niño ha estado llorando.

El ruso mayor soltó la maleta para acercarse a Otabek, el kazajo cargaba con suavidad a un pequeño hijo que Víctor adoptó. El niño tenía sonrió ampliamente cuando miró a su papi acercarse a él, estiró las manos con suavidad diciendo cosas incomprensibles antes de sentir la calidez de los brazos del rubio. Cuando Víctor se enteró que un pequeño quedo huérfano en el accidente, supo que debía hacer, aunque el proceso de adopción fue un poco complicado, al final lo consiguió.

—Papi esta aquí. –murmuró al bebe con una sonrisa.

Amaba mucho al niño que la vida le dio. Las cosas eran misteriosas, no eran agradables y nadie reemplazaba a nadie, pero ese muchachito despertó una cosa en su interior que no sabía que tenía, el instinto paternal, el deseo de protección, y amor que iba más allá.

Otabek fue quien subió las maletas en el taxi con un poco de ayuda de Yuri, Víctor acomodó al niño con suavidad en sus brazos mientras indicaba la dirección.

La casa de los Katsuki tenía un pequeño altar, en medio de él había una foto de Yuuri abrazando a Vi-chan, cada vez que Mari la veía se preguntaba si pudieron reencontrarse en el otro lado.

Bajó las escaleras cuando su madre llamó para recibir a la visita. Ellos habían preparado las aguas termales para un gran grupo de personas que se quedarían, todos los que fueron amigos de su hijo.

Cuando Víctor llegó saludo de manera afectuosa a sus suegros. El niño quedo pronto a merced de la mujer mayor que lo abrazo llenándolo de besos "ve con la abuela" fue lo único que dijo el ruso. Mari los guío a su habitación para que se preparan, mientras ella bajó para ver a su pequeño sobrino, porque para la familia japonesa ese niño era uno más de la familia.