Akatsuki no Yona
Yona/Hak
Advertencia: este fanfic no será medido en cuanto a lenguaje y situaciones explícitas.
Capítulo II
Él había tenido el descaro de enviar a su amigo a buscar los papeles del divorcio.
Que él no hubiese ido personalmente, le pareció de un acto impropio de Hak.
—Sólo firmaré esos documentos cuando él venga a buscarlos —habló con determinación —. No he cambiado de opinión. Sigo pensando igual que hace veinticuatro horas, cuando viniste y te dije lo mismo que ya te había dicho el día anterior a ese.
Era la tercera vez que Jae-Ha tocaba su puerta, y si consideraba tocarla una cuarta, ella no iba a cambiar de discurso.
—¿Por qué simplemente no los firmas? —insistió —. Si él no viene es por algo. Tal vez las cosas sean mejores así…
No le agradaba que alguien insinuara siquiera que sería mejor divorciarse sin antes al menos tener una conversación sincera con la persona con la que había convivido durante diecisiete meses.
Hak había tomado una decisión unilateralmente sobre algo que le concernía a los dos; además faltaba tiempo para que se cumpliera el plazo que habían impuesto en el acuerdo.
—Si tan desesperado está por conseguir mi firma, dile que venga —insistió en su posición —. No he dicho que no se la vaya a dar, sólo que quiero que él me la pida.
—Tu obstinación sólo le está haciendo daño —comentó.
Aquello le había sonado a reproche, como si ella estuviera haciendo algo equivocado y que no lograba notar.
—¿Daño? —interpeló —. Sólo estoy pidiendo ver al hombre con el que viví durante todo este último tiempo. No creo que sea demasiado.
Jae-Ha soltó un largo suspiro, y luego se encogió de hombros, en un gesto despreocupado.
—Está bien; no volveré a meterme en pelea de parejas —soltó con hastío —. Eso es algo que todos saben que nunca se debe hacer.
Yona quiso cambiar drásticamente de tema. No quería hablar de Hak con él.
—¿Quieres pasar? —ofreció.
—No, está bien —se negó —. Ya debo irme a casa.
Tuvo de pronto la impresión de que él estaba evitándola, porque los otros dos días también había rechazado entrar cuando lo había invitado a pasar.
—Tú sólo eres amigo de Hak, ¿no? —inquirió —. No el mío…
Se habían conocido a través de él, y aunque ellos estaban constantemente peleando, ella había podido apreciar desde el primer momento que eso era todo un montaje, y que en realidad Hak y él se llevaban muy bien.
—Me temo que es por fidelidad con el género —respondió —. La única razón por la que no he intentado conquistarte es porque eres la esposa de mi mejor amigo, no obstante pronto no lo serás, y eso es increíblemente tentador… y creo que a él podría no gustarle.
Jae-Ha se aproximó a ella de la manera más segura y confiada, de la que sólo una persona muy pagada de sí misma podría, y aunque ella conocía bien acerca de cómo operaba con sus artimañas de seducción porque lo había visto en incontables oportunidades en acción, era un hombre tan guapo que conseguía ponerla nerviosa de todos modos.
—No es nada personal, pero creo firmemente que es mejor no incitar situaciones peligrosas —dijo con voz grave —. Tú entiendes, la atracción inevitable de dos personas de buen ver como nosotros…
Ella asintió un tanto incómoda, y trató de alejarse de él todo lo posible, azorada por la situación ya que aunque no había querido y creía tener todos los anticuerpos para batallar contra sus masculinos encantos, él había conseguido acelerarle el corazón, y rogó para que él no notara su nerviosismo, porque estaba segura que él se mofaría.
Sin embargo, por otro lado se sintió aliviada, ya que pensaba que era bueno saber que Hak tenía un buen amigo a su lado. Uno que no lo traicionaría nuevamente.
Yona pudo entender perfectamente su posición, y la respetaba.
—De verdad no firmaré si no es él quien viene —agregó ella con seriedad —. No me importa si vienes a verme, pero si es por otro propósito te advierto que te haré perder el tiempo.
—Y tú ten claro que puedes contar conmigo si estás en problemas —aseguró él —. Siempre.
El hombre frente a ella le regaló una sonrisa antes de hacer un gesto con la mano a modo de despedida.
Finalmente quedó sola, apoyada detrás de la puerta que acababa de cerrar, pensando en que nunca hubiese imaginado que Hak se comportaría de esa manera, no cuando él siempre había ido de frente contra todos los problemas. Ella siempre había admirado eso de él…
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El sonido de la sirena de un carro policial por las cercanías la despertó de manera abrupta. Se acomodó y miró por la ventana, notando que la noche estaba en pleno apogeo por la claridad que se apreciaban las estrellas en el cielo nocturno, y con pesar sopesó que era muy posible que no consiguiera volver a dormir; trató de cerrar los ojos y engañarse a sí misma intentando de convencerse que si los mantenía el suficiente tiempo cerrados, el sueño volvería de manera mágica, y llevaba unos segundos de inútil práctica, cuando de pronto recordó algo: había estado viendo una película recostada en el sillón, y ella estaba en ese momento, cómoda en todo el espacio que su cama le ofrecía.
Ella recordaría el haberse trasladado; era imposible que hubiese caminado dormida todo el trayecto. La respuesta vino a ella muy pronto: Hak.
Él siempre hacía eso. Se quedaba dormida en un lugar y despertaba extrañada en otro. Él conseguía trasladarla sin que se enterara de nada, la acomodaba y la cubría…
Al pensar en la posibilidad de que él estuviera aún por esos lados, se levantó y lo buscó por todos los lugares en los que podría estar, dándose cuenta que si es que él había estado ahí, ya no se encontraba en los alrededores.
No obstante de pronto remembró que en medio de la película le había dado frío, y que se había ido a acostar apenas consciente de lo que hacía.
Él no había estado ahí, y se sintió ridícula por haberlo estado buscando, por no haber recordado que ella misma había buscado el abrigo de su cama…
El apartamento que antes le había parecido pequeño, sin Hak, lo sintió enorme…
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Jae-Ha había dejado de ir, y el teléfono de Hak sonaba como si estuviese llamando, pero la llamada no era tomada. Después de seis fallidos intentos, comenzaba a aceptar el hecho de que él no quería establecer contacto con ella, porque aunque él no era de aquellos que vivía con el teléfono en la mano, siempre estaba atento a cualquier notificación, y nunca tardaba en responder.
Había pasado del enojo a la preocupación de manera paulatina, y sin darse cuenta había empezado a cuestionarse las razones de su lejanía, y comenzaba a asumir que era muy probable que ella de alguna forma hubiese propiciado la situación, pero, ¿qué había hecho tan mal para que él tomara esas medidas tan drásticas, cómo para ni siquiera poder esperar a que se cumpliera el tiempo acordado? Y lo único que podía concluir era que quizás cuando habían tenido sexo, algo había habido en ella que a él no le había gustado.
Admitir que todo lo que podía pensar lo relacionaba a esa noche que habían compartido, la inquietaba. Sabía lo importante que era el sexo para los hombres, y creía firmemente que ella no había sido suficiente para él. Después de todo, las cosas terminaron de esa manera no mucho después de que eso hubiese pasado.
¿Qué otra cosa le quedaba por creer si no era eso? Hasta antes de que ocurriese eso, habían vivido un año y casi seis meses sin tener mayores problemas…
Llamó una última vez, sin tener un ápice de esperanza de que él respondiera, e inmersa en esa creencia, el teléfono que no había sido contestado en los días anteriores, en esa ocasión sí lo hizo, descolocándola.
—¿Hola? —dijo la voz del otro lado.
Esa voz que se podía oír del otro lado era la de una mujer.
Yona revisó su teléfono, pensando que cabía la posibilidad de que se hubiese equivocado al marcar, no obstante no era un error. Una mujer había respondido por Hak.
¿Era por eso su actitud? ¿Él ya tenía a alguien? ¿Cuándo ni siquiera estaban firmados los papeles?
Se apresuró a colgar la llamada sin decir nada. Se sintió como si hubiese interrumpido algo que no debió.
No tendría que haberlo llamado en primer lugar; se sintió avergonzada al recordar que no importaba que no hubiese respondido, en el registro iba a quedar su número de cualquier manera.
Estaba concentrada lamentando el haber llamado y colgado de esa forma, cuando su propio teléfono comenzó a sonar.
Era Hak…
Su corazón latió, la respiración se irregularizó y no supo realmente si debía contestar, pero por inercia deslizó el dedo y respondió, antes de pensar en una buena respuesta para su comportamiento anterior.
—¿Hola? —saludó nuevamente esa voz femenina que había detestado tan solo con oírla —. ¿Hay alguien ahí?
Debía ser una broma, pero no había lugar para equivocaciones. Deseó no haber contestado. Escuchar a esa mujer hablando a través del teléfono de él la lastimaba de una forma extraña.
No había notado que habían comenzado a caer lágrimas de sus ojos, por lo que no pudo hacer nada por evitarlas antes de que eso aconteciese. Llegaron sin aviso.
—¿Es cercana a la persona a la que le pertenece este teléfono? —consultó.
Yona prestó atención por primera vez desde que había comenzado eso a las palabras de la mujer.
—Encontré este teléfono hace un rato —le indicó la femenina voz —. Y no tiene clave alguna… ¿Quién diablos tiene un teléfono sin patrones de reconocimiento o clave en estos días…?
El teléfono de Hak había sido contestado por una mujer, sin embargo no por las razones que ella de inmediato asumió.
Se sintió tonta de nuevo, pero por sentir un enorme alivio que no debería tener cabida.
—Es el teléfono de… mi esposo —dijo ella finalmente.
—Vaya… ¿puede venir por el ahora? —consultó la mujer —. No sé si tenga tiempo mañana para regresarlo…
Yona acordó un lugar con la mujer, resultando no estar demasiado lejos de ella.
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Tenía el teléfono de Hak en sus manos, y tal como la gentil mujer que lo había encontrado había dicho, el teléfono sólo estaba bloqueado. Bastaba con apretar un botón al costado y deslizar un dedo. Era tan fácil acceder a su información, que ella no podía creer que él no cuidara más de sus datos personales, porque tenía todas sus cuentas asociadas conectadas.
Se sentía tentada de saber qué había sido de él en esos días, pero ella nunca transgrediría su confianza de esa manera, aun estando las cosas como estaban. Aunque estaba enojada y triste de que él la hubiese apartado de esa forma de su vida, no se sentía capaz de indagar las razones para ello a través de esa vía.
Buscó en la agenda de contactos a quien sabía que podría ayudarla a contactarlo.
—¿Qué no sabes que estoy en una cita? —expresó con enojo el receptor de la llamada —. ¡Te lo dije tres veces! Más vale que sea importante…
—Jae-Ha… —mencionó el nombre del molesto hombre.
—¿Yona? —preguntó confundido —. ¿Por qué tienes tú el teléfono de Hak…?
—Infórmale que lo tengo yo –pidió —. Él sabe dónde encontrarme.
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Era de noche. Habían pasados horas desde que le había pedido a Jae-Ha que le dijera a Hak que ella tenía su teléfono, pero seguía esperando por él.
Cuando escuchaba que se detenía el ascensor en su piso, se tensaba por los nervios, pero pasado el tiempo prudente, ella se daba cuenta de que él no era, porque nadie llamaba a su puerta… ¿o él simplemente entraría como antes? No podía darse una idea de cómo lo haría y no sabía cómo se sentiría teniendo que abrirle la puerta.
Pasado el tiempo prudente, ella vislumbró que quizás él no llegaría después de todo, y los ojos comenzaban a pesar cada vez más…
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Nunca había pasado tanto tiempo desde que sus caminos se habían cruzado sin verse, y ya estaba comenzando a afectarle de manera seria, porque podía sentir incluso su aroma, no obstante no era que no lo hubiese sentido antes en esos días, porque él había dejado más de él de lo que había podido apreciar antes de su ausencia, como aquella distintiva fragancia que inundó de manera placentera su sentido del olfato, sino que estaba más concentrada de lo habitual, y aunque había anhelado sentir su calidez, así como podía sentir su aroma en todos los rincones del hogar que habían compartido, eso era algo que no se había vuelto a manifestar más que en sus recuerdos, sin embargo la estaba sintiendo justo en ese instante, y entonces lo supo, estaba siendo cargada, y reconoció esa presencia sin tener que abrir los ojos: era él, quien estaba llevándola supuso hacia la cama, para evitarle justamente lo que había experimentado no hacia demasiado, cuando por quedarse dormida ahí, por un día completo no había podido mirar hacia la derecha ni mucho menos hacia atrás.
Él estaba cargándola justo como cuando vivían juntos...
Lo había estado esperando, sin embargo en ese momento cuando él estaba a su lado después de haberlo estado deseando, se estaba acobardando. La voz no le salía, y él no había notado que ya había despertado, por lo que la elección estaba en ella: podía dejar que él se fuera o podía retenerlo.
Primó la segunda de las opciones, porque la primera dolía inconmensurablemente.
—Hak… —musitó.
Él había intentado dejarla en la cama, pero ella se aferró a su cuerpo con toda la fuerza que tenía, porque cuando imaginó que él luego de eso se marcharía, y que no podría volver a contactarlo, el valor regresó, así como su voz.
—Estabas despierta… —exclamó él con sorpresa.
Su voz sonó ronca, y tuvo un efecto tranquilizante.
Había extrañado esa voz al borde de que casi lloró al oírla.
—Viniste… —rescató ella.
Él la dejó recostada en su cama, pero se quedó inmóvil y de pie al lado de esta, y a ella le pareció más alto de lo que recordaba.
¿Siempre había sido él tan grande?
—¿Y mi teléfono? —preguntó él.
—Está sobre la mesa de centro —contestó ella.
—¿Cómo…? ¿Por qué tú…? —indagó —. No importa… gracias.
—Deberías tener más cuidado con él si no proteges tu información —respondió.
Yona se levantó y al pasar por su lado sintió la incomodidad de Hak. Era casi palpable.
Encendió las luces de su habitación, ya que estaba todo a oscuras y la imagen de él, desde la última vez que lo había visto, había cambiado. Lucia desarreglado e incluso más delgado, pero aun así, cuando sus ojos y los de ella se encontraron, una sensación que le estimuló hasta los poros la recorrió.
¿Cuándo había comenzado a sentirse de esa forma con él? ¿Por qué no podía reconocer en voz alta que era él la persona que la había hecho temblar con sólo la anticipación de imaginar que probablemente él iría a su cama y la haría sentir bien con sus caricias y besos? Antaño no había temido decir sus sentimientos en voz alta, sin embargo con Hak era distinto y mucho más intenso, y por lo mismo mucho más difícil de exteriorizar.
Antes su corazón se había sentido atribulado por cúmulos de sentimientos medianamente parecidos, pero con él no era sólo algo que se mantuviera sólo en su pecho, sino que irradiaba por todo el cuerpo. Sus pezones eran susceptibles a su masculinidad y a los distintos tonos graves de su voz y bien podía notar su vagina humedecerse y contraerse cuando la noche arribaba y estaban los dos solos. El deseo de tocarlo y sentirlo era más fuerte que ella y la vergüenza que pudiera conllevar el estar deseándolo de esa forma, tanto en ese entonces como en ese preciso momento.
—Te lo entregaré —espetó.
Pasó por su lado tratando de parecer inmune a su presencia, pero aquel esfuerzo le costó trabajo. Se adelantó con rapidez hasta tener el teléfono de él en la mano, mientras intentaba pensar cómo debería proceder una vez que la razón por la que él estaba ahí, después de haber estado incomunicados por días que le parecieron semanas, se concretara.
Los pasos de él, que tan bien conocía, se acercaban, y del mismo modo su corazón palpitaba de manera que llegó a pensar si era posible que él lo escuchara desde donde se encontraba. No había prendido la luz, porque la que había encendido más allá hacía que estuviera aceptablemente visible.
No tenía que voltearse para saber que él estaba atrás, y se giró para estar frente a él, extendió su brazo, ofreciéndole el teléfono que había llegado a sus manos sin planearlo.
—Gracias —dijo él.
—De nada —contestó.
El teléfono móvil estaba con su propietario, pero ella se negó a soltarlo sin darse cuenta.
—¿Yona? —consultó.
El mero roce de su mano con la de él consiguió que la lengua se trabara. No consiguió responderle.
—¿Estás bien? —averiguó con preocupación.
Ella asintió, y soltó finalmente el celular, dejando caer su brazo como si éste le pesara a su costado, y comenzó a rascarse el cabello, aun cuando no le picaba. Estaba muy nerviosa estando a solas con él.
—¿Yona? —volvió a repetir su nombre.
Lo miró, extrañada que su voz sonara como lo había hecho.
—¿S-si? —rectificó.
Jae-Ha me dijo que necesitabas que fuera yo quien te pidiera la firma para nuestro divorcio –soltó.
Había estado experimentando diferentes sensaciones estando con él, y había sido completamente consciente de sus sentimientos por ese hombre, no obstante la que la abordó cuando él terminó de hablar de ese tema en especial, fue una completamente distinta: fue como si de pronto fuera expuesta al más gélido de los climas y que incluso algo tan básico como respirar lastimaba.
Se dirigió hacia donde él había dejado la carpeta, que desde el día que se había marchado ella no había ni siquiera mirado en dirección a ese lugar.
Buscó un lápiz donde él siempre se había encargado de dejarle saber que había en caso de necesitarlo.
—¿Esto? —inquirió —. ¿Quieres esto?
Una furia irresoluta se había apoderado de ella. Todos esos sentimientos peligrosamente adictivos que experimentaba estando con él, se habían trasformado en una mezcla de enojo, frustración y miedo.
Él evadía su mirada, y eso se condecía con la rara conducta que había observado en él, enviando a Jae-Ha, no respondiendo el teléfono o no yendo a casa.
En una mano sujetaba con fuerza la carpeta, y en la otra el lápiz, y no podía controlar los temblores en sus extremidades.
Prendió las luces con ira muy mal contenida y firmó cada uno de los papeles que había dentro, sin siquiera leerlos.
—¿Estás segura de que no los leerás? —preguntó inseguro.
—¿Qué te hace pensar que no los he leído? —respondió con sequedad.
—Que estaban justo donde lo dejé —expresó.
Ella no le respondió, y para cuando terminó con el último de los papeles, cerró con violencia la carpeta.
—Está todo en orden —avisó ella —. Los firmé todos.
Caminó hacia él y le ofreció la carpeta que físicamente no pesaba nada, pero era como una tortura sostenerla, y cuando estuvo a poco de tomarla, ella lo esquivó.
—No te la entregaré hasta que cumplas con una parte del trato inicial —sacó la voz.
Ella apreció una clara expresión de sorpresa en su rostro, y supo que tendría que explicarle a qué se refería.
—Habíamos dicho que esto acabaría cuando cumpliéramos los veinte meses de convivencia —manifestó —. Pero no alcanzamos los diecisiete.
Había evadido mirarlo a la cara mientras intentaba parecer elocuente. Si lo hacía, de seguro perdería el escaso coraje adquirido.
—Tenemos clausulas —le recordó él.
—Y las estudiaste bien, pero no demasiado, al parecer —espetó
—No necesito tu consentimiento para divorciarme de ti —dijo con dureza —. Y lo sabes.
—Voy a ser clara… no te daré el dinero acordado si no cumples con los tres meses que faltan, porque para que las clausulas se hagan efectivas, ambos debemos estar de acuerdo en que habíamos roto los dos alguno de los acuerdos, y fuiste tú solamente quien los transgredió…
Ese era un golpe bajo, pero el de él no había sido de la mejor clase tampoco.
—¿Crees que esto tiene algo que ver con ese dinero? —alzó la voz.
—Yo tengo algo que proteger… y tú también —expuso ella con frivolidad.
Ni ella misma se creía que estuviera utilizando al hermano pequeño de Hak y su afección para mantenerlo a su lado.
No sabía que ella podía ser capaz de algo tan vil.
—¿De verdad…? —dijo él incrédulo —. ¿Estás hablando en serio?
Tensó sus músculos, y miró hacia otro lado antes de darle una respuesta.
—Sí —afirmó —. Transcurrido ese tiempo te aseguro que no tendrás que volver a preocuparte en ese sentido… y que no tendrás que volver a saber de mí.
Tras esas palabras escuchó un portazo desmedido, y ella se encontró nuevamente sola.
Había coaccionado a Hak para que se quedara a su lado de la manera más baja posible…
Dejó caer su peso porque por el temblor de sus piernas no podía mantenerse en pie. Quiso consolarse a sí misma tratando de convencerse que no había tenido otra salida, porque no había sabido qué más hacer para retenerlo.
Hak no solamente querría divorciarse, sino que además la odiaría después de ello, aunque seguramente ya lo hacía.
Regresó a su habitación, pero la sentencia a su mala acción había sido el insomnio. No consiguió dormir, por lo que cuando él llegó, lo supo.
Hak había regresado, y ella tenía tres meses para hacer que se fijara en ella, y había empezado de la peor manera posible: forzándolo…
Continuará...
Hola :)
Como siempre espero que les guste... agradezco cada uno de los reviews recibidos, por motivos de fuerza mayor no he podido responderlos...
Hasta la próxima actualización
