Akatsuki no Yona

Yona/Hak

Advertencia: lemon descriptivo y extenso


Capítulo V

¿Por qué había decidido contactarla después de todo ese tiempo? Era algo que le carcomía los pensamientos desde que había ocurrido, no obstante lo que más le llamaba la atención, era que no tenía conocimiento alguno que Soo-Won y Lili se conocieran.

Había conducido por alrededor de dos horas, hasta que se fijó en el indicador de combustible, que la alertó que no le quedaba demasiado en el tanque. Estaba en una carretera, y no había prestado atención al camino, por lo que no estaba segura de estar cerca de alguna gasolinera en las proximidades, así que detuvo el auto en un lugar en el que se permitían los descansos.

¿Por qué había huido…? ¿Qué era lo que estaba haciendo en ese lugar?

¿Por qué no le había contestado a Soo-Won cuando llamó?

La opresión en su pecho aumentaba a medida que más preguntas surgían y las respuestas no venían con la misma facilidad que las dudas que se acumulaban una tras otra creando todavía más intranquilidad.

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que lo había visto, y su imagen no difería de la que recordaba, porque su pelo claro y bien cuidado junto con su piel que daba la impresión de ser delicada por lo pálida, seguían siendo lo mismo, al igual que su vestuario apreciablemente hecho a la medida. Era como si el tiempo no hubiese pasado en él, porque era la viva imagen de su recuerdo.

Sería mentirse a sí misma negar que a veces pensaba en él, en cómo habían terminado las cosas y qué sentiría o haría si lo volviese a ver, pero nunca había imaginado un escenario en el que ella salía huyendo al verlo, y sintió vergüenza de sí misma al sopesar las cosas que con toda propiedad pensarían Soo-Won y Lili de ella por su reacción, y pateó el suelo con brusquedad como una forma de lidiar con el cumulo de emociones encontradas, pero al no tener efecto, se dio cuenta de lo ilusa que había sido al creer que algo cambiaría la torpeza antes cometida, y sólo pudo sentir más vergüenza.

Regresó al auto y volvió al camino, rogando encontrar una estación antes de que se acabara la reserva del tanque, dándose a sí misma una reprimenda por estar pasando esa clase de apuros tan previsibles, porque si bien había notado la advertencia, no sabía cuándo había comenzado el constante titileo de la luz roja, pero el susto no duró demasiado, y alegró irremediablemente: un letrero anunciaba que no mucho más allá había una gasolinera, y sintió que el alma le regresaba al cuerpo.

Había llegado al abastecimiento, sin embargo a diferencia de lo que estaba acostumbrada, no llegó ningún operador, y cuando miró a su alrededor observó que era prácticamente una zona desierta y casi deshabitada, y "casi" porque divisó que había una persona en una pequeña tienda al costado, pero no se veía a nadie más.

Se acercó, y encontró a una mujer joven mirando atentamente la pantalla de un televisor, que apenas desvió la mirada cuando sonó una pequeña campana atada en la puerta superior, que alertaba de las personas que arribaban.

—Disculpe, no ha venido nadie… aunque esperé en el auto… —le explicó.

Se preguntó si había sido su idea, pero por un instante casi vio rodar los ojos de la mujer, en lo que sería un gesto muy poco cortés.

—¿No leyó el letrero? Esto es un autoservicio… ¿cuánto quiere? —dijo la encargada muy descortés.

¿Un autoservicio? ¿Entonces ella tendría que manipular la manguera? Había visto que eso pasaba en algunos lugares, pero ella siempre los evitó.

—Lleno —respondió de mala gana.

Extendió una tarjeta gris que brillaba incluso en la oscuridad, que la mujer no se molestó siquiera en mirar.

—No tenemos servicio de tarjetas. Sólo efectivo —respondió.

Parecía como si todo estuviera en su contra. Ella no estaba acostumbrada a cargar demasiado efectivo, en donde ella vivía no había nada que no se pudiera pagar a través de tarjetas o el teléfono móvil, en su defecto.

—¿Y con el teléfono? —consultó aun medio sabiendo la respuesta.

—Sólo efectivo —repitió con un tono molesto.

Buscó en la billetera, y se encontró con el peor y más desoladores de los panoramas: sólo tenía para cargar un poco o lo necesario como para comprar un sándwich, una bebida y pagar el costo del baño, porque se estaba aguantando desde hacía un rato, pero había tenido que atender otros asuntos antes de ese.

—¿A cuánto está la gasolinera más cercana? —averiguó.

—Lejos —contestó ambiguamente.

Yona nunca se había enfrentado a una situación así, y después del día que había tenido, era lo último que necesitaba.

—¿Te costaría mucho decirme al menos un tiempo o una distancia estimada? —preguntó irritada —. Si es que eso no significa mucho trabajo…

La mujer la miró directamente por primera vez, y notó sólo en ese momento que la mujer no era más que una chica.

—¿Disculpa? —corroboró la chica.

—¿Es que además de todo eres sorda? —respondió.

La chica dejó de mirar la pantalla, y fijó su atención en ella, con una mirada muy desafiante.

—¿Podrías ayudarme? Eres el único ser humano que he visto en kilómetros —bajó la revolución, después de todo la única que perdería sería ella —. Por favor.

Le pareció que la chica cambió de expresión, y soltó un largo suspiro.

—Está aproximadamente a treinta minutos —contestó finalmente —. Puede que sea un poco más.

Yona sopesó el hecho de que el haber detenido el auto significaba mayor requerimiento de combustible el volver ponerlo en marcha. Podría quedar en medio del camino, y eso sería infinitamente peor que estar varada con esa desconocida.

—De momento, necesito ocupar el baño —informó.

Le extendió un billete y la mujer le indicó el camino con el dedo.

A decir verdad esperaba algo mucho peor, sólo había oído acerca de lo que se podía encontrar en los baños de gasolineras, pero ese además del fuerte olor a desinfectante, era tan solo un baño que el tiempo no perdonó. Era antiguo pero muy limpio, y una vez que su vejiga no demandó más atención, sintió que podía pensar un poco mejor.

No estaba segura de dónde estaba, no tenía dinero en efectivo, y ya debía considerarse afortunada de no haber quedado para en medio del camino.

Sonrió a su reflejo en el espejo, dándose cuenta que podía ser peor.

Después de averiguar dónde estaba con exactitud, solicitaría ayuda a quien siempre se la había ofrecido. Nunca pensó que iba a ocupar esa carta.

Jae-Ha.

.

—¿Cómo es que llegaste acá en primer lugar? —indagó.

Era obvio que preguntara después de haberlo invocado y pedirle que fuera por ella. Darle una respuesta era lo mínimo que podía hacer.

—Sólo manejé y antes de darme cuenta estaba ahí —justificó.

Era verdad, aunque parcial.

Jae-Ha no hizo más preguntas, pero ella sabía que con él las verdades a medias no funcionaban, no por nada era abogado después de todo.

—¿Y por qué no llamaste a Hak? —indagó.

No es que no hubiese pensado en llamarlo, de hecho había sido la primera opción ya que era lo que hubiese hecho en otro momento, pero las cosas con él no estaban en los mejores términos.

—Está ocupado con Tae-Yeon —respondió.

Él asintió. Había llevado consigo a un amigo que manejaba de vuelta su carro, y ella estaba cómodamente sentada en el asiento del copiloto.

—Llévame a comer algo bueno —pidió ella.

Escuchó la risa de Jae-Ha, que la tranquilizó. Él era muy confiable, a pesar de las primeras impresiones.

—Vi un restaurant camino acá que lucía costoso —le advirtió.

—Si es posible, quisiera algo donde me den algo sustancioso —le explicó.

La música, la conducción relajante y sin sobresaltos de él, la indujo a dormir, y cuando despertó ya estaban en el estacionamiento de una conocida cadena extranjera de hamburguesas.

—¡Esto era de lo que estaba hablando! —dijo contenta al notarlo.

.

No había imaginado que al regresar, se encontrarían con Hak esperándolos. Jae-Ha le había avisado y se sintió traicionada, aunque nunca le había pedido en primer lugar que no le dijera que estaba con él o lo que le había pedido que hiciera.

El amigo de Jae-Ha que amablemente había manejado su auto le devolvió las llaves y le agradeció la invitación.

—¿Te molesta si manejo yo? —indagó Hak.

Yona negó. De todas formas no era su actividad favorita, y tras esas últimas palabras, aquel se podía haber considerado el más incómodo de los viajes.

Había decidido no decir ninguna palabra tampoco con temor de empeorar las cosas, pero él había sido el que se había aparecido, aun conociendo sus circunstancias. Era como si él buscara hacerle saber a ella que estaba molesto, por lo que finalmente optó por decirle lo que estaba pensando.

—¿Por qué estás tan molesto? Jae-Ha sabe que nos separaremos, ¿es necesario que montes el show de esposo preocupado también delante de él? —dijo mordaz —. No tenías que ir por mí. Conozco el camino a casa.

Hak no respondió, y se concentró más en el camino, que parecía que nunca acabaría.

—¿Y qué quieres que piense si casualmente justo cuando él aparece tú no llegas a dormir? —alegó él —. Qué quieres que crea si conmigo tú…

Hak creía que había tenido sexo con Soo-Won, aun cuando lo más íntimo que había compartido con él había sido una mirada a través de una ventana.

Había sido toda una sorpresa escucharlo hablar al respecto… ¿eran así todos los hombres? ¿Pensaban así todos y cada uno de ellos? ¿Que si alguien desparecía era por estar haciendo esa clase de cosas?

—Además no sé por qué estás tan molesto —evidenció —. Si me encontré o no con Soo-Won ese no es tu problema… ¿no fuiste tú el que encantado le dio mi número?

Pudo ver como Hak apretó el volante con más fuerza de la necesaria, y no volvió a abrir la boca hasta que no pudo contener más la duda que la asaltaba.

—¿Estás queriendo decir que todo este tiempo has creído que yo me involucraría de esa manera con cualquiera porque estuve contigo? —inquirió.

La respuesta, fuera de lo que creyó, no se hizo esperar demasiado, y ella deseó no haber formulado aquella pregunta.

—No intentes sacar las cosas de contexto, porque tú y yo sabemos bien que él no es cualquiera —refutó su argumento.

Sólo una vez Hak había expuesto el tema y sintió la misma tensión de ese entonces.

—Las cosas no son como eran en ese entonces —se excusó ella.

Por como estaba la situación, una explicación no era algo que le debiera en realidad, pero sentía que no quería que él se quedara con esa impresión de ella.

Él había sido el único, y lo sabía. No le parecía justo su comentario.

—¿Cómo está Tae-Yeon? —cambió el tema.

La respuesta jamás llegó. El motor se detuvo, y ella estuvo en frente de aquel edificio que reconocía como su morada.

Subió al elevador y se apoyó en este una vez que entró. Esperó a que él subiera también.

—Subiré más tarde —le informó Hak.

Le entregó la llave del auto, y antes de que se cerraran las puertas, observó cómo se alejaba de ella, y nunca sintió más lo dura que era la realidad: la relación que ambos compartían, ya fuera de amistad o lo que fuera que ellos tuvieran, estaba irremediablemente roto, y seguir insistiendo era sólo un esfuerzo patético por parte de ella.

Llegó al departamento y se dirigió sin desvió alguno hacia la carpeta que contenía los papeles que ella había estado evitando todo ese tiempo y firmó cada uno de ellos. No valía la pena continuar, porque de seguir así sólo le mostraría lo peor de ella a él, y al menos eso ella no quería que saliera a la luz, y separándose era la única forma de evitarlo.

.

Despertó con sed. Las hamburguesas tenían ese efecto y no había bebido suficiente líquido antes de quedarse dormida para contrarrestar el cloruro de sodio consumido. Se levantó dándose cuenta de que el haber dormido durante la tarde había traído consigo la consecuencia de que ya no sería tan fácil volver a conciliar el sueño tras aplacar la sed.

Bebió agua y sintió como el alivio llegaba, y se sintió pésimo por aquellos que no tenían la posibilidad de saciarse como ella. Recordó con vergüenza que por años rechazó tomar agua del grifo sólo por ser demasiado caprichosa y consentida como para aceptar que en realidad era lo mismo que el agua embotellada.

—No fue entonces una circunstancia especial cuando te vi antes tomar agua de la llave —recalcó él.

Yona dejó de tomar agua y secó sus labios con el dorso de su mano.

—¿Circunstancia especial? —corroboró ella.

—Sí, como que no hubiese nada más para beber —argumentó.

—Puedo beber agua del grifo y no me pasará nada —justificó —. Eso es algo que ya aprendí. Tenías razón acerca de que en realidad no había demasiada diferencia.

No quería iniciar otra discusión, especialmente después de haber decidido dejarlo ir. Se aseguraría de que Tae-Yeon recibiera el tratamiento, después de todo era la mejor manera de devolverle, aunque fuera en parte, todo lo que él había hecho por ella.

—Cuida de tu hermano —pidió —. Aunque no me creas, amo a ese niño…

Contener las lágrimas al sopesar que voluntariamente iniciaría una vida lejos de él, era algo que ciertamente le costaba trabajo. Había querido tenerlo de vuelta apostando un precio demasiado alto, y lo había pagado.

—¿Qué estás diciendo? Por supuesto que lo cuidaré… y también sé que aprecias a Tae-Yeon —dijo él —. Puedes ir a verlo si quieres. Nuestros asuntos no tienen que perjudicarlo a él.

Yona le sonrió. Nunca había imaginado cuando acordaron ese trato que la despedida sería así. Había pensado en que continuarían tan amigos como siempre una vez que se separaran, porque de haberlo sabido probablemente no hubiese aceptado.

—Yona… —la llamó él.

Pocas veces él decía su nombre.

—Tenías razón al decirme que no era problema mío lo que hagas con tu vida —destacó —. Lamento haberme entrometido.

Quiso decirle que no tendría que preocuparse más por eso, que ese departamento en el que estaban era la compensación por haberse hecho cargo de ella, y que ahí podría llevar a Tae-Yeon y vivir con él, pero sentía que si hablaba más, se quebraría.

—¿Estabas celoso, Hak? —quiso saber ella.

Yona volvió a sonreír, en esa oportunidad sin que él la viera. Era una duda que la había asaltado tras pensar un poco en cómo él había respondido a la aparición de Soo-Won. Quería al menos saber eso, aunque fuera un tanto fantasioso.

—Lo estaba —reconoció —. Lo estoy aún.

Hak sujetó su muñeca, impidiéndole que avanzara y eso la hizo sentir feliz. Alejarse de él voluntariamente era lo más difícil que había hecho hasta entonces. Consideró que tenía sentido que la celara, porque habían compartido todo ese tiempo juntos. Habían convivido, y las cosas habían avanzado de una forma que aún no sabía cómo catalogar, pero si hubiese sido al caso contrario y hubiese aparecido una mujer de su pasado, ella hubiese reaccionado parecido a como él lo había hecho. Aun cuando él no tuviera sentimientos románticos por ella, era posible sentir celos, fue lo que concluyó.

Y por otro lado parecía que había sido hacia tanto tiempo desde que había estado tan cerca de él. Su piel se entumeció y sintió la necesidad imperiosa de clarificar un malentendido.

—Sólo contigo yo… —logró articular.

Quiso decirle que estaba equivocado al considerar una opción diferente, pero sintió vergüenza a mitad de la aclaración que pretendía otorgarle, y aunque hubiese tenido la valentía de terminar lo que había querido hacerle saber, no hubiese podido, porque Hak hizo que su rostro se volteara hacia él. Tuvo la sensación de que quiso decirle algo, pero no llegó a oírlo aunque estaba segura de haberle prestado mucha atención, y a cambio los labios de él estuvieron a centímetros de los suyos, mientras sentía la respiración agitada de él mezclarse con la suya, que estaba en igualdad de condiciones.

Sus labios temblaron, al igual que sus extremidades inferiores, no obstante acortó la distancia, aun sabiendo que podía ser rechazada si se atrevía, que aquel era un movimiento peligroso, pero ignorando todos sus temores, lo besó…

Sus hombros se relajaron una vez que él hizo de aquel beso algo más demandante que el inocente ósculo que ella había comenzado, justo en el momento cuando su lengua y la de ella se friccionaron provocando que los vellos de sus brazos de erizaran. Esa sensación se expandió en todo su cuerpo anhelando más; necesitando más, y abrió más su boca como una señal, esperando que el la captara.

Su corazón latía apresurado, mientras observaba un hilo de saliva los conectaba una vez que el besó terminó, y temió que en el momento que aquella conexión se rompiera, sucediera lo mismo con ese momento, y volvió a besarlo, y él volvió a responder, de misma forma ávida que ella no estaba logrando contener.

Tenía pavor de decir algo y arruinar lo que fuera que se estuviera dando, porque desde el primer momento en que él la había tocado ella se había permitido disfrutar de su cálido contacto, habiéndose excitado a los pocos segundos, y le bastaría la más mínima señal que le indicara que él también estaba dispuesto a saciar un supuesto apetito sexual suscitado.

Del segundo beso habían pasado al tercero y al cuarto, hasta que dejó de contarlos porque habían sido muchos los que les siguieron a los primeros, y la señal que ella esperaba la podía sentir, porque aquello que Hak presionaba contra su cuerpo no podía ser otra cosa que una erección.

¿Cuándo se había transformado en esa persona que no solucionaba sus problemas con palabras?

Con menos torpeza de la imaginada, sujeto la mano de él y la llevó a su entrepierna. Estaba siendo más osada de lo que nunca había sido, pero en ese momento en realidad si algo no resultaba no podría hacer las cosas peor.

Sintió a Hak tensarse y gemir cuando se encargó el mismo de hundir su mano en ella, descubriendo con un par de movimientos de esos dedos grandes que la lubricación era abundante.

¿Y qué si se sentía triste y excitada? Su cuerpo parecía perfectamente capaz de tolerar aquellos sentimientos ambivalentes.

Él no había estimulado su clítoris directamente, había estado friccionando justo al lado, muy cerca, y cuando se había movido para hacer de aquel toque algo directo fue que con un dedo había simulado la penetración; con sus piernas ella atrapó su muñeca al sentirlo y escondió su rostro en la ropa de él. Había estado buscando una cosa, pero había conseguido inesperadamente otra.

Esa sensación extraña y poco usual no era del todo de su agrado, pero tampoco le molestaba como para impedirlo. Había sentido algo más grande ahí antes. Ya había experimentado lo peor parte, según sus averiguaciones, y sólo quedaba acostumbrarse.

Tenía la idea de que Hak estaba luchando contra decirle algo, y temía que si hablaba fuera para detenerse, pero sus temores fueron injustificados, porque lo que salió de su boca no fue para detenerse, sino para continuar en un lugar más cómodo.

—¿Tu habitación o la mía? —averiguó.

Ella quería ir a la habitación de él. Siempre había sido en la suya. En esa oportunidad, ella quería saber si sus sábanas tenían ese mismo olor masculino que invadía sus pulmones.

—La tuya —respondió apresuradamente.

Más tarde, aunque hubiese confirmado que en su cama su olor era persistentemente más invasivo, hubiese deseado en realidad haber escogido la suya, porque sintió como una traición el que él se colocara un preservativo antes de metérselo. En su habitación no había de esas cosas.

Lo podía sentir dentro de ella, pero era como si no lo estuviera y le atribuía eso como un completo rechazo a la pieza de látex en su pene.

Después de lo caliente que se había sentido, minutos más tarde, cuando él termino y ella no, sólo pudo sentirse enojada y frustrada, y aparentemente fue algo notorio.

Ella seguía excitada, con el hombre al que amaba al lado, pero él ya había obtenido su parte y nunca se había sentido más sola como cuando él fue al baño. Batalló contra sí misma acerca de si debía irse o no, pero antes de poder llegar a una resolución, él volvió y se acostó a su lado, sin colocarse ropa, solo cubriéndose con las sabanas.

Ella comenzó a temblar, y no precisamente de frío o excitación.

Sentía que debía irse, pero nuevamente él la tocó cuando lo intentó. Había alcanzado a rozar solo la punta de sus dedos, pero lo suficiente como para notarlo.

Levantada, mirando a Hak acostado en su cama, sabiéndolo desnudo y mirándola de forma implorante fue suficiente para desistir del impulso de huir. Él mismo, cuando ella regreso a su lado, le quitó la ropa que no había alcanzado a sacarse antes, y se sorprendió cuando él comenzó a lamer sus pechos vigorosamente, haciendo que la sensibilidad perdida después de que la excitación fue aplacada con frustración, volviera como si nunca se hubiese marchado.

Su lengua y la de ella se entrelazaron después de que sus ojos se encontraron, justo cuando él tiraba uno de sus pezones con sus labios y ella acariciara su cabello de manera lenta y constante.

No tardó en sentir la erección de Hak, y nuevamente tembló, pero ya no de nerviosismo, si no de excitación.

Quería volver a sentirlo dentro de ella, y aunque aquello no sucedió, si pudo sentir su dureza incitando la lubricación, frotando su sexo desnudo con el de ella, en igual de condiciones. Él había hecho lo mismo poco antes, pero el olor del preservativo era fuerte, o ella que lo odió lo sintió peor de lo que realmente era, no estaba segura, pero aquello se sentía distinto.

Los gemidos sutiles de Hak, el sonido de sus sexos, la sensación de su pene frotándola, hizo que moviera sus caderas buscando más, y poco tardó en sentir como por la misma lubricación y la dilatación de la penetración anterior, su pene se introdujo en ella parcialmente.

Él se quedó quieto y ella también, pero no por mucho, porque el sentirlo así era como lo quería, y no deseaba darle el tiempo para que lo pensara mejor, y se aprovechó de ese momento de duda para conseguir que se lo metiera sin protección. Era más suave, más cálido y más excitante, y él también estaba disfrutándolo, porque sus embestidas se volvieron más demandantes, al igual que las de ella, que parecía que no importaba cuando se moviera para tener más de él, nunca era suficiente, hasta que una necesidad de tenerlo tan adentro como se pudiera y hacer todo para conseguirlo se apropió de ella, y tan pronto cambió de posición, sintió un temblor distinto e incontrolable que se propagó hasta la punta de los dedos de los pies, que se llegaron a encoger violentamente, mientras los espasmos de su cuerpo la dejaban en evidencia que había experimentado un orgasmo segundos después que el de él, y sintió como la energía le era drenada por una fuerza superior. Mantener los ojos abiertos se había convertido en un reto que no fue capaz de sobrellevar, y poco a poco los sonidos se fueron escuchando más lejanos, los parpados comenzaron a pesar más y la luz que se colaba a través de las cortinas a desaparecer…

Habían tenido sexo una tercera vez, y en esa oportunidad ella no manipuló la circunstancia. Él también pareció disfrutar más de aquella actividad sin la molesta pieza de látex. No había sido tan intenso el orgasmo como el que la había hecho dormir hasta muy entrada la madrugada, pero había sido agradable y menos invalidante, por lo que fue capaz de disfrutar el estar de esa manera con él.

.

Bajo la ducha sentía que ya no tenía más remordimientos. Sonrió a pesar de que lo que estaba a punto de hacer le daría un punto final a lo que había descubierto de manera muy accidentada que era lo más importante para ella.

Se vistió, tomó un bolso no demasiado grande, y echó las cosas que eran valiosas para ella, algunas joyas que le había regalado su padre y que habían pertenecido a su madre, un par de prendas y algunos regalos que le habían hecho. En realidad decidir que llevar o no fue bastante fácil, casi todo era prescindible, pero fue cuando decidir llevar o no su anillo de matrimonio con ella que la resolución flaqueó.

La noche anterior nada había sido aclarado, sólo se habían desfogado. Tres veces, y temía que aquello no fuera suficiente. Si seguía a su lado querría más.

Sólo con el tiempo había sopesado lo que había hecho con Hak al obligarlo a vivir con ella chantajeándolo por el bienestar de su hermano.

Tal vez si se iba en ese momento él podría disculparla algún día, y notó que no tendría el valor de abandonar el anillo que él le había dado como prueba del compromiso que habían adquirido, y viéndolo por última vez dormir, ella cerró la puerta dejando las llaves del auto, los documentos y todo lo que alguna vez habían compartido…

Continuará...