Akatsuki no Yona
Yona / Hak
Advertencia: creo que me pasé con el drama.
Capítulo V
Sentía algo de temor, pero su convicción de que su posición era la correcta le daba fuerzas para seguir adelante. Era el momento de devolverle a Hak su libertad y retribuirle con lo que tenía a mano, aunque todo aquello no valiese todo lo que él le había dado.
Al caminar podía sentir las repercusiones de la noche anterior en su cuerpo, y se sonrojó al recordar que cosas que había pensado que no sería capaz de hacer, pero que sin embargo había fantaseado, otras que había subestimado, y que contra todo pronóstico había terminado haciendo. Algunas habían sido mejores en la imaginación, y otras que no había sopesado, habían terminado sorprendiéndola de buena manera. Se había mostrado tan dispuesta que se había asustado a si misma.
Le parecía aun algo irreal el haber experimentado la desvergüenza de querer sentir más e ir por ello para pensar posteriormente, como en ese momento que justamente lo recordaba y no podía en sí con la vergüenza. Si fuera una circunstancia más auspiciosa estaba segura que en ese momento sólo podría sonreír como un reflejo para conllevar aquella sensación extraña que la recorría al invocar los recuerdos recientemente creados.
Sus piernas temblaban moderadamente y sentía su cuerpo como si hubiese tenido una sesión de ejercicio intensivo, como cuando volvía de vacaciones a la escuela y la primera clase de educación física tomaba lugar, y la profesora no tenía piedad con aquellos que como ella, apreciaban más las bondades de una vida sedentaria.
Miró la habitación en la que estaba hospedada y lucía inesperadamente más acogedora que esos hoteles a los que estaba acostumbrada a quedarse. Había escogido ese lugar en particular porque nunca había oído de él cuando pasó por fuera una vez, pero el diseño tan alejado del postmodernismo habitual, la llevó a que fijara su atención notando que no era tan solo una casa, y cuando salió temprano en la mañana fue el único lugar al que se le ocurrió ir, simplemente pensó que era el lugar apropiado. Al final lo único que le importaba era que le diera resguardo y que estuviera limpio, y había encontrado eso y algo más.
A esa hora Hak ya habría descubierto los papeles y las llaves. Anteriormente los había firmado delante de él, pero deliberadamente había dejado un par sin tocar. En esa oportunidad se aseguró de que cada uno de ellos tuviera su firma impresa.
¿Cómo había llegado a ese punto? No tenía una respuesta precisa, pero si tenía una idea
La vida sin sexo era infinitamente más fácil, no obstante considerando eso, no podría arrepentirse de lo que había vivido con él.
Escuchaba el sonido de las ruedas sobre el asfalto mojado y se sintió afortunada de haber conseguido llegar antes de que empezara a llover, porque no se había preparado para la lluvia. El escaso equipaje que llevaba consigo apenas tenía lo suficiente para cambiarse el día siguiente, por lo que sabía que había llegado el momento de tomar decisiones. Esa ciudad no era lo suficientemente grande como para quedarse sin estar con el constante temor de no encontrarse con persona conocidas –Hak- y no sabía como reaccionaría. No estaba preparada para enfrentarlo.
Pensar en Hak rehaciendo su vida tal como se suponía que lo hiciera tras dejarlo, traía consigo un inmediato y lacerante dolor en el en el pecho, porque con solo llegar al departamento y ver que la luz se colaba por la puerta la sonrisa se apoderaba de su rostro, y aquello se convirtió paulatinamente en lo mejor de su día, porque sabía que él estaría ahí, y lo más seguro es que una cena la esperara. No podía decir que Hak era un cocinero dotado, pero a ella le encantaba lo que él preparaba, e inevitablemente remembrar que le nunca más le echaría más sal a la comida cuando él no estuviera viendo para no herirlo, la hizo llorar.
Junto a él había conocido la cotidianidad de todos los días desayunar y cenar acompañada, tomándose el tiempo de masticar sin prisa y esperar aquel placentero momento en el que el agua hirviendo recientemente servida adquiría aquella temperatura justa y bajaba por la garganta revitalizando el cuerpo de manera insospechada.
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Por más que lo intentaba, aun mirando el televisor, tomando una ducha, o mirando por la ventana, sus pensamientos estaban alejados de la habitación en la que se encontraba. Se iban peligrosamente al lugar que difícilmente dejaría de considerar "su hogar", porque de seguro él estaba ahí.
Sin notarlo y haciéndolo parecer como lo más natural, él se había convertido en lo más importante. No era que a ella no le hubiese llamado antes la atención Hak, en oportunidades le había pasado que se encontraba a si misma mirándolo fijamente, o que cuando se aproximaban su corazón latía muy aprisa, y la confianza entre ellos hacía que continuamente evitara estar a solas con él, porque la hacía sentir insegura al mofarse hasta de que no bebiera agua del grifo; él conseguía sacarla de quicio con sus burlas, y en particular con esas ocasiones en las que él era amable y considerado. Él conseguía desestabilizarla.
No obstante Soo-Won brillaba más… Era más fácil fijarse en alguien como él, que hasta sus rasgos eran como el reflejo de rayos de sol y el cielo; su retórica, su simpatía, su siempre bien cuidada apariencia lo convertían en alguien fácil de amar. En alguien que a su vez era inalcanzable e irreal, y recordó las palabras de su padre acerca de que la perfección era subjetiva, y con el tiempo aprendió a apreciar la comodidad y confiabilidad ante la muy subjetiva perfección. Lo concreto valía más que lo etéreo, y lo tangible era que quien la había acompañado a comprar helado a las tres de la mañana, había sido Hak. El que la había ido a buscar porque se lo había pedido, aun cuando tenía una fiebre inhumana había sido él, el que siempre estuvo ahí había sido Hak, aun con ese rostro serio y las burlas muy propias de él.
Había huido pensando que no habría arrepentimientos, pero éstos la carcomían. Sentía que el haberse ido de esa forma había sido algo cobarde, sin embargo no sabía cómo enfrentar el momento de decirle adiós.
¿O tal vez era que le daba vergüenza mirarlo después de como se había comportado esa noche…?
—Quiero chupártelo, Hak…
Ella lo había dicho en voz alta. A él; Lo había hecho y dicho fuerte y claro.
Desde que él se lo había hecho a ella esa primera vez, que ella no había podido dejar de pensar en el sexo oral.
Había sido extraño y no había sabido como sentirse al respecto, no tenía claro si le desagradaba o si le gustaba, pero el mirar su rostro disfrutándolo, comenzó a sentir aquello como un arma. Se había empoderado cuando se dio cuenta de que ella también podía participar.
Remembró que los gemidos de Hak sonaron maravillosamente en sus oídos y que la sensación de satisfacción que la recorrió cuando él la había pedido que se detuviera.
—Por favor, detente… no puedo soportarlo más y no quiero acabar así…—había solicitado suplicante.
No había un ápice de egoísmo en él, ella hubiese continuado hasta el final si él no se lo hubiese advertido. Siempre pensaba en los demás antes que en su propia persona, y ella se había aprovechado de esa maravillosa cualidad, porque él era incapaz de decir que no.
Él era tan masculino en todo lo que hacía; en todo lo que era, no obstante era increíblemente dulce.
Hak era un hombre y ella había tenido la fortuna de disfrutar de sus dotes de amante, ¿cómo nunca antes se le había ocurrido pensar que se estaba exponiendo a sí misma como un pequeño bote a la deriva cuando acordaron ese trato?
Miró la hora y no había pasado mucho tiempo ahí, aun cuando se había sentido como una eternidad. Sin atreverse a otra cosa, hasta que oyó el toque de la dueña de aquella residencia.
—La comida se sirve en media hora —anunció con voz severa.
Su rostro duro vino a su mente, y aquella voz brusca y su apariencia distinguida, eran la mezcla perfecta que inspiraba respeto automático.
No entendió por qué, pero fue capaz de captar el mensaje dicho entrelineas: "que no habría excusa que valiera si no se presentaba a la hora indicada". Miró a su alrededor y sintió la urgencia de dejar las cosas ordenadas, a pesar de que había rentado ese cuarto y lo que ahí hiciera ella, si no dañaba los bienes muebles o su buen nombre, no estaba bajo su jurisdicción, aunque no había mucho que organizar más que un cajón abierto y las arrugas de la cama tras haberse acostado en ella.
Prefirió un cómodo sitial un poco más alejado para relajarse, una vez que todo quedó perfectamente estirado, a esperar la hora.
Salió de la habitación, dándose cuenta de que la ornamentación debía ser por lo menos del siglo pasado. No lo había apreciado antes a pesar de lo evidente y cuando llegó al comedor, notó que era la única persona ahí, a pesar de ser una mesa enorme.
—¿No hay nadie más aquí? —consultó.
—No —rectificó ella.
Se iba a sentar, pero la mujer le hizo un gesto para que la siguiera antes de conseguirlo.
—Mis muchachos saben que yo preparo la comida, pero todos tienen manos para servírsela —aclaró.
Yona se sonrojó. Ella simplemente había asumido lo obvio porque era a lo que estaba acostumbrada, sin embargo ella no tenía como haber sabido cómo funcionaban las cosas ahí, pero por otro lado, otra cosa llamó más su atención.
—¿Muchachos? —consultó.
—Esta es una residencial para hombres —le explicó.
Si antes se había sonrojado, posiblemente tras oírla decir eso, podía sentir arder las mejillas.
—¡Yo no lo sabía! —explicó —. ¡No me fijé!
—Eso es evidente —expresó la mujer.
Su equivocación había sido absurda y necesitó justificarse.
—Me iré ahora, por favor disculpe —sostuvo.
—Alto ahí —bramó.
Ella ya había tomado el camino para tomar sus cosas y marcharse, pero esa voz la detuvo.
—En mi casa nadie desprecia la comida de esa forma —vociferó.
Su intención no había sido esa, sino no seguir incomodando.
—No fue mi intención —justificó.
—De buenas intenciones está lleno el infierno —replicó la mujer —. Siéntate, come y agradece una comida caliente.
En toda su vida nunca había habido alguien que la hubiese tratado de una manera tan brusca. No sabía si porque de algún modo había vivido rodeada de hombres que había sido una completa consentida, o porque aquella mujer tenía algo en contra de ella. Sus razones eran un completo misterio, porque para empezar no debería haberla admitido. Ella no debería de estar ahí.
Se sentó, y si bien no se había servido ella misma como la mujer le había advertido que debía hacer, ésta le dejó sobre la mesa un plato de proporciones demasiado generosas. Ella no podría con todo eso.
—¿Por qué estás acá? —preguntó la madura mujer.
Ella era de verdad una persona invasiva. No estaba acostumbrada a las personas que no tenían demasiado tino.
—Disculpe si no me siento cómoda hablando de eso con usted —respondió con una cortante sinceridad.
Pocas veces ella había contestado de esa forma a alguien. Ella había sido educada para caer bien y pedir las cosas con amabilidad, porque esa era la forma de conseguir las cosas. Su contraparte femenina parecía obviar las normas de buena convivencia, sin embargo, aunque se había sentido mal de contestarle descortésmente a una persona mayor, la receptora de sus palabras se rio a carcajadas.
—Al fin muestras algo de carácter —comentó sonriendo.
Yona sonrió también. Esa persona no era alguien normal. No debía regirse por lo que pensara que era la correcto con ella.
—Me fui de mi casa —soltó de pronto.
No tenía que explicarle nada más, ella no había insistido en preguntar, pero aun así ella había necesitado decírselo.
—¿Él te golpeaba? —preguntó.
Ella negó fervientemente con la cabeza. Él no haría jamás algo así.
—¿Te gritaba? —curioseó.
—No —negó.
—¿Te trataba mal? —incursionó.
Intentó adivinar, pero no daba con la verdad. Dudaba que llegara a adivinarlo, porque su huida no había sido bajo condiciones normales.
—¿Es malo en la cama? —consultó directamente.
En otra oportunidad no hubiese podido responder, pero no titubeó al reconocer que tampoco era ese el motivo.
—¿Estas embarazada de otro? —intentó.
—¡No! —negó.
—Entonces, hija… ¿por qué huiste? —investigó.
Su tono no había cambiado, pero sus gestos duros se suavizaron, y en un acto que no esperó, ella tomó su mano.
—Porque tengo miedo —reconoció.
"Y mucha vergüenza" pensó, no obstante aquello se lo reservó para si misma.
—Entonces enfréntalo —dijo la mujer —. No puedes ir por la vida sintiéndote así. Lo escogiste a él por algún motivo; él también tuvo sus razones para elegirte a ti, no hagas que se arrepienta de su decisión.
Ella pensó que ciertamente en su unión había intereses creados, pero también sabía que si no hubiese sido él, no hubiese sido otro.
Al haberse ido de esa forma, ella había estado dispuesta a perderlo todo con él, pero una vez que hecho, no se sentía de la misma forma que había imaginado. No sentía menos peso ni tampoco alivio, más bien todo lo contrario.
—Regresa a tu casa, y dile a ese hombre —que no parece haber hecho nada terrible— lo que te molesta —la animó —. Si no cambia la situación, entonces vete, pero no te vayas sin dar respuestas; le impedirías a él avanzar, ¿o no te importa lo que él pueda pensar o sentir? Si tienes que pedir disculpas tú, pídeselas. Los problemas se solucionan hablando, pero jamás huyendo… y si definitivamente quieres ponerle un punto final, deberías hacerlo de manera directa. Asi es como una mujer debe comportarse.
Todo lo que decía esa mujer era cierto, y ella había estado consciente hasta cierto punto, pero había escogido deliberadamente ignorarlo.
—Ahora come tranquila —habló la mujer.
"Como si pudiera comer ahora" pensó Yona, pero la mirada de soslayo de la intimidante mujer le dedicó antes de atravesar la puerta, le indicó que sus deseos en ese lugar no tenían cabida y que era posible que ella pudiera leer la mente.
—A los hombres les gustan las mujeres fuertes tanto como los asustan —murmuró la mujer mayor al viento —. El que se va sin que lo echen, además, suele volver sin que lo llamen.
Captó los mensajes como si hubiesen sido creados sólo para ella. Comió lo que la mujer le había servido y lavó lo que ocupó en la cocina, y se dirigió a la habitación designada, con una sola idea en mente. Tomó sus cosas y se las llevó consigo buscando a la dueña, hasta que la encontró.
—Gracias por su hospitalidad —dijo Yona haciendo una reverencia.
—Regresa a tomar el té conmigo un día de éstos —ofreció la mujer.
Nuevamente algo que se suponía era un ofrecimiento terminaba sonando como un mandato.
—¿Cuál es su nombre? —solicitó saber ella.
—Gi-Gan —contestó —. Soy la capitana de este lugar.
La mujer, sin que le sorprendiese, se fue, dejándola sola, dándole a entender que no era ahí donde tenía que estar y que no iba a ser ella quien la hiciera demorar.
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Mentalizarse definitivamente no era una práctica que sirviera para otra cosa más que desgastarse, porque por mucho que lo intentó en su mente, dejó de respirar cuando lo tuvo frente a ella, porque recordó aquel necesitado: "no te salgas todavía" con demasiada claridad, y como si no hubiese sido suficiente, lo había sujetado con las piernas para impedir que se alejara, aferrándose a él para mantener el mayor tiempo posible esa sublime sensación de tenerlo dentro de ella.
—¿Qué haces afuera? —preguntó —. ¿Te has olvidado de cómo entrar?
Por un breve momento sintió alivio, porque él no se comportó distinto. Quizás él ni siquiera había notado que esa mañana había salido con la intención de no regresar. Su voz sonaba suave, calmada y masculina. Justo como era él.
—¿Se te quedó algo cuando te fuiste esta mañana, Yona? —dijo sorpresivamente Hak.
No estaba segura de si él sabía que sus intenciones habían sido otras… ¿y por qué él podía hablarle con esa calma? ¿No pensaba él en lo que habían hecho no muchas horas atrás?
—De hecho, sí… —confirmó ella.
Se suponía que él debería preguntarle "qué" y ella sólo entonces tendría el valor de decirle, pero al parecer no estaba en sus planes facilitarle las cosas.
—Hak… —lo llamó.
Tardó en voltearse y en esos segundos fue capaz de apreciar esa espalda enorme, y los pensamientos pecaminosos la asaltaron de nuevo y aquello la amedrentó, ¿se convertiría en esa clase de persona lasciva?
—Voy por mi teléfono —anunció.
Él asintió, y ella se sintió más cómoda cuando regresó a la habitación. Había dejado el teléfono bajo la almohada y lo encendió. Tenía mensajes de Lily y dos llamadas perdidas de Soo-Won.
No se sentía lo suficientemente confiada para llamarlo, pero si se sentía apta para escribirle. Él parecía tener algo que decirle, y no tardó en responder. No hubo una sola palabra concerniente al hecho de que ella había escapado cual rata al verlo, y si era por ella, ese tema jamás saldría a la luz, no obstante él había solicitado verla, y ella accedió, aunque aquel encuentro no la entusiasmaba en realidad.
Salió de la habitación, encontrándose a Hak bebiendo cerveza sentado en el sofá reclinable, mirando hacia la pantalla del televisor, pero sin que estuviera prendida.
—Hak… —mencionó su nombre una vez más.
Él dio un trago largo antes de fijar sus ojos en ella.
—Voy a salir —le avisó.
Hak se levantó y arrojó a la basura la lata al contenedor de basura, sin molestarse en separarlo de los desechos no reciclables. Algo muy raro en él.
Él sacó otra lata del refrigerador, la abrió y la bebió; ella observó el movimiento de su manzana de adán al tragar y desvió la vista hacia otro lugar. No sentía que fuera natural quedársele mirando tan fijamente.
—Voy a encontrarme con Soo-Won —soltó.
Por la discusión mantenida antes, sintió que lo mejor que podía hacer era decirle la verdad, y al mirarlo, vio que él seguía tomando el contenido de la lata, sin un descanso, y se preguntó si acaso era inmune al gas y al amargo sabor de la cerveza. A ella le costaba beber soda porque el gas hacia que llegara a llenársele los ojos de lágrimas cuando osaba beber tragos largos.
Él arrojó la lata justo al lado de la que la había precedido, pero ésta rebotó y cayó a un costado.
—Mierda —murmuró con rabia.
Hak se agachó y la recogió, abrió con brusquedad mal fingida el refrigerador, tomó otra lata y se dirigió a donde había estado antes de levantarse. Sin mirarla ni hacer un solo comentario acerca de lo que acaba de decirle.
—Regresaré más tarde —anunció.
No escuchó una respuesta y cerró la puerta con una sutileza inquietante, mirando a Hak hasta el último momento, quien sólo se concentraba, aparentemente, en descubrir algo interesante en el fondo de las latas.
Descendió usando el elevador, y el apenas perceptible movimiento descendente la llevó hasta el pasillo principal en unos pocos segundos, donde el encargado de la seguridad y las cámaras se encontraba. Lo saludó y atravesó la entrada, dirigiéndose a la salida. Caminó por inercia y con un angustiante presentimiento que le decía que regresara, el cual ignoró hasta que antes de notarlo, ya estaba regresando sobre sus mismos pasos. El hombre de la entrada la miró extrañado y le sonrió, gesto que no le regresó.
Aunque llamó los ascensores, éstos parecían oler la angustia y observó cómo parecían confabular en su contra: uno se estancó en uno de los niveles superiores, y el otro paraba con una exasperante lentitud en cada uno de los pisos y sólo entonces sopesó la segunda y más temida opción.
Escaleras de emergencia…
Nunca las había utilizado para subir, porque ella no era aficionada a la actividad física, y como si fuera poco, sudar no era de su agrado, sin embargo aquello no fue considerado. Si debía subir para llegar, no iba a escatimar en esfuerzos.
Estando una vez más frente a la puerta, toda la prisa que tenía por llegar no pareció tener justificación, Hak seguía sentado donde mismo, sólo que ya no bebiendo, en su mano derecha sujetaba la que Yona enumeró como la cuarta lata. Él no miró hacia la puerta cuando ésta hizo el característico sonido que anunciaba que estaba correctamente cerrada.
Yona se sentó en un sillón, cerca de él y lo miró con detenimiento. Hak solía beber, sí, pero nunca lo hacía solo. Siempre lo hacía acompañado por Jae-Ha o en celebraciones.
—¿Se quedó algo nuevamente? —preguntó él.
Ella había creído por un momento que no la había notado. Había sido una ilusa al pensar eso. Era él después de todo
—Sí… —confirmó.
—¿Qué fue esta vez? —consultó con notorio desinterés.
No tenía sentido darle más vueltas.
—Tú —respondió ella —. La razón por la que no pienso en otra cosa que volver, es porque tú estás acá…
Él no varió su expresión, aun cuando un cúmulo de sensaciones distintas la embargaban.
—Yona… nuestro divorcio ya está siendo tramitado —notificó —. El fin de semana me mudaré.
¿Él finalmente lo había hecho? Sabía que era el procedimiento normal, y ella lo había consentido al colocar su firma en el formulario, pero había esperado que no lo hiciera… o que al menos tardara más.
—¿Escuchaste algo de lo que te dije? —preguntó ella algo irritada.
Hak la miró, pero no directamente.
—Te acabo de decir que tú eres la razón por la que regresé —le explicó.
—¿No soy el motivo por el que te fuiste también? —contestó.
Él había sabido todo el tiempo que ella se había marchado con intenciones de no regresar.
—Lo que hicimos… no debió ocurrir —dijo él.
Que lo dijera, la lastimaba.
—¿Volviste a arrepentirte? —indagó Yona.
Jamás se había referido a ese tema, pero aunque no lo hubiese tratado con él, era algo que cada vez que lo reflexionaba, le afectaba.
—¿Tenías que reafirmarlo volviendo a tener sexo conmigo? —inquirió ella.
Sus ojos y los de ella se encontraron y pudo apreciar su sonrojo.
—¿Tres veces? —dijo incrédula.
Ella sonrió.
—Estábamos casados, Hak… nadie creería que eso no pasó entre nosotros —habló con suavidad.
El teléfono móvil comenzó a vibrar, alertando de nuevos mensajes recibidos. Maldijo en silencio el haber cambiado a ese modo, que no dejaba un solo segundo sin que el teléfono se sacudiera, llamando la atención.
—¿Y qué crees que pensará Soo-Won? —habló finalmente Hak.
¿Que qué pensaría Soo-Won? En realidad, esa era una buena pregunta que no sabía cómo responder, en lo que a ella concernía, él podía creer lo que todos asumían.
—¿Después de que me dejara plantada y con los pasajes comprados para ir a pedirle a mi padre su aprobación? —soltó con escasa emoción.
Ella sabía que las relaciones entre primos no eran bien vistas, pero a ella no le había importado. Había estado dispuesta a ir en contra de lo que su padre siempre le había dicho, por lo que cuando llegó finalmente con Hak, su padre pareció aliviado y feliz. Ella sólo le había adelantado: "llevaré a alguien que es muy importante para mí", y en efecto, había llevado consigo a alguien muy importante.
—¿Y te preocupa lo que él crea? –investigó él con timidez.
El teléfono inoportunamente comenzó vibrar con más insistencia.
—No… —respondió —. No es su opinión acerca de nuestra relación la que me importa.
¿Por qué Hak estaba siendo tan obtuso al no darse cuenta? Buscó su mirada, pero era como si la comunicación no verbal no fluyera, lo que era irónico, porque él era el primero en advertir cuando ella no estaba actuando de manera normal.
—¿Estás celoso, Hak? —sostuvo.
Ya le había hecho esa pregunta con anterioridad, y había recibido una respuesta positiva que en ese instante se moría de deseos de volver a escuchar.
El móvil dejó de vibrar, y Yona podía sentir los músculos agarrotados por la tensión que la espera que su respuesta significó.
—Sí —admitió —. ¿Por qué tenías que decirme que iba a encontrarte con él justo éste día?
Relajó los músculos, y las palpitaciones de su corazón hicieron que de pronto el calor aumentara.
—Porque deseaba que me detuvieras —se sinceró.
Hak se levantó al mismo tiempo que dejó caer la lata, y se arrodilló frente a ella, quedando a la misma altura.
—¿Tengo ese derecho? —consultó él —. ¿Puedo detenerte cuando no quiera que vayas a juntarte con otro hombre?
Ella asintió, al tiempo que comenzó a temblar cuando su mano, más fría de lo habitual, se posó en su mejilla.
—Tu mano está helada… —se quejó ella.
Él la retiró y la frotó en la ropa, con el ánimo de entibiarla, con unos movimientos muy torpes para ser hechos por él, lo que le provocó una sonrisa que pudo disimular.
—Y tu aliento no huele bien… —alegó.
Hak, quien se había arrodillado, intentó alejarse, pero ella no se lo permitió, y antes de perder otra oportunidad, le dijo lo que sentía con claridad:
—Me gustas tú, Hak… —expuso.
Lo atrajo hacia ella, y lo besó, encontrándose con un muy dispuesto a regresárselo, Hak.
Su beso había sabido amargo, pero a la vez como lo más agradablemente dulce que había probado, y aunque seguía escuchando el teléfono de vez en cuando vibrar, dejó de oírlo cuando él le dijo que sentía lo mismo por ella.
No volvió a oírlo porque una vez que entraron a la habitación de ella no supieron más del mundo exterior…
Continuará...
Como en la advertencia decía, este capítulo resultó agotador x_x espero que les guste aun así... el drama no es algo que se me de bien, pero hay que tratar jajajajaj. El próximo capítulo será uno narrado desde la perspectiva de Hak.
Espero que me dejen un review, ya saben que soy muy susceptible con ellos y me gustan un montón.
Muchos saludos, y hasta pronto... espero :)
