Akatsuki no Yona

Hak / Yona

Advertencias: puede resultar muy descriptivo y soez para quienes no estén acostumbrados a leer las cosas por su nombre


Capítulo VII

Si hubiese dormido, habría creído que todo aquello era parte de un sueño, no obstante, no había podido cerrar los ojos para otra cosa que para pestañar. Esa escena no era parte de uno… era tan real que estaba abrumado.

Yona dormía justo a su lado, y él se encontró a si mismo mirándola con perverso placer, sin embargo, aquella no era una escena novedosa, porque desde el comienzo ella no había tenido reparos en compartir la cama con él, lo que le alegró en primera instancia, pero que una vez que lo analizó, en realidad se percató de que la razón era más bien algo triste: a ella no le incomodaba porque no lo veía como un hombre.

Fueron muchas oportunidades en las que ella, sin otra intención que el descanso, lo había invitado a dormir en la misma superficie horizontal, y en las que él había luchado entre el hombre honorable que pretendía querer ser y el deseo lascivo propio que surgía de estar a solas con quien atesoraba en secreto, que menoscaba peligrosamente su firme convicción de que no debía transgredir los límites, sin embargo, ya no tenía que imaginar lo que se sentía estar con ella, porque lo había experimentado, y no era que las contara, o tuviera un marcador, pero habían sido exactamente seis oportunidades.

Nunca se había imaginado a Yona en sus fantasías respondiendo como había demostrado que podía hacerlo.

Sentía cómo se excitaba con tan solo recordar cómo ella le había dicho que sentía deseos de hacerle sexo oral, pero si lo recordaba con más detalle, ella había dicho: "quiero chupártelo". No había ocupado una palabra más delicada ni se había ido por las ramas y había sido a él a quien se lo había hecho, y todavía se sentía celoso de imaginar que ella se lo hiciera a alguien más. Sabía que aquel sentimiento no era algo adecuado, pero no podía evitarlo, porque desde que había reaparecido Soo-Won que no podía controlar sentirse especialmente sensible al respecto, y es que temía que con sólo una palabra suya pudiera llevarse a Yona para siempre, aunque él ya hubiese decidido renunciar a ella, era algo que le afectaba y le importunaba más de lo que sabía que tenía el derecho, quería ser él, pero podía de hecho ser cualquiera ; cualquiera que no fuera ese traidor y poco honorable imbécil de Soo-Won… por supuesto que tampoco podía ser Jae-Ha.

No estaba seguro de sí debería despertarla, preparar el desayuno, ir al baño o simplemente quedarse a observarla tal como lo estaba haciendo, opción que terminó por elegir, pero que por el contrario de lo que esperó, al desviar sus ojos unos segundos y volver a dirigirlos al rostro de su acompañante, se encontró con Yona mirándolo.

—Hola —saludó él.

Un escueto "hola" no era lo que quería decirle en realidad a ella, pero fue todo lo que fue capaz de verbalizar.

Ella por su parte, no respondió, y todo lo que hizo fue limitarse a mirarlo más, hasta que extendió su brazo y acarició su mejilla con una suavidad que lo inquietó.

—Hola —contestó ella.

Pudo sentir a través de su contacto que no era algo usual para ella tampoco.

—¿Tienes hambre? —quiso saber él.

—Un poco —admitió.

De todas las cosas, el no permitir que eso sucediera, estaba al alcance, por lo que en un impulso se levantó, dándose cuenta recién entonces que no estaba seguro acerca de cómo proceder.

No tenía una sola prenda de ropa en su cuerpo y en realidad, no tenía demasiados reparos con el cuerpo, pero tampoco quería resultar invasivo.

Yona de pronto entendió su dilema, y con la sábana, que se encontraba arrugada, se cubrió ella también. Miró hacia otro lado, momento que él aprovechó para buscar con los ojos algo de su ropa, que para su mala fortuna, estaba casi llegando a la salida.

Se levantó y se dirigió hacia donde estaba su pantalón; su ropa interior había desaparecido.

Echó un último vistazo hacia Yona, quien como él, parecía estar buscando su ropa también.

—Voy a preparar algo —le avisó.

—D-de acuerdo —contestó ella.

Las otras oportunidades en las que se habían acostado, habían sido diferentes. Nunca había despertado con ella a su lado, por lo que era, cuando menos, algo novedoso y aunque en todas las otras oportunidades se había sentido tan vulnerable como en esa ocasión, en ese momento se sentía más intranquilo.

Fue al baño, se lavó las manos a consciencia, y luego fue a la cocina, donde ella llegó poco después. Siempre estaba pendiente de ella, pero tras lo sucedido era como si simplemente no pudiera pensar en otra cosa.

No había mucho en la nevera, por lo que las opciones eran bastante limitadas.

—¿Preferirías salir a comer? —consultó él.

No obtuvo una respuesta, pero si algo mejor.

Ella había caminado hasta él, y lo había abrazado por la espalda, apoyando su rostro en su espalda aun desnuda.

—¿Yona? —la llamó él.

Colocó sus manos sobre las de ellas e iba a voltearse, pero ella lo impidió.

—Déjame disfrutar esto por favor —solicitó —. Sólo un poco…

Con sus dedos él siguió acariciando sus manos, hasta que ella voluntariamente dejó de abrazarlo, pero a él le había nacido la imperiosa necesidad de besarla, y no se contuvo. Agradeció el haber regresado a lavarse los dientes después de no haberlo hecho cuando se lavó las manos, porque a él le resultó sorprendentemente agradable sentir el suave sabor de la mente de su boca. Esperaba que resultara e la misma manera para ella.

Un beso abrió paso para que le siguieran otros, y sin haber probado bocado, porque ni siquiera había podido pensar en qué hacer, terminaron acomodándose en el sillón de tres cuerpos, con ella sobre él, y él con sus manos sujetando sus pechos, como si estos necesitaran ser afirmados, mientras podía sentir latir su pene, y la necesidad de quitarse el pantalón, ya que ella estaba buscando el roce con esa zona en particular.

Le costaba trabajo aun siendo de día y pudiendo verla con claridad, creer que esa persona era la persona con la que más deseaba tener esa clase de intimidad.

Dejó sus pechos por unos instantes, los necesarios para sólo desabrocharse el pantalón. No pasaron muchos segundos antes de que ella hiciera el resto del trabajo, dejando caer todo su peso sobre él.

Estaba excitado, pero también sentía que estaban yendo demasiado rápido. No era que no quisiese tener sexo con ella, pero no habían llegado a hablar de ellos, no obstante cuando el placer físico era tal, pensar racionalmente era, cuando menos, difícil.

—¿Quieres más? —consultó él.

No quiso preguntarlo de ese modo, porque consiguió que ella dejara de tocarlo. Había sonado mal…

—Yo sí… —dijo él con rapidez.

Yona sonrió, pero había habido un pequeño cambio, sus toques se volvieron más tímidos. La había cagado, porque había conseguido que ella se avergonzara, justo cuando su erección rogaba por la clase de atención, que había averiguado de primera fuente, que ella podía otorgarle.

La besó apremiantemente, y cuando pudo, volvió a abrocharse el pantalón, e hizo como si en realidad no hubiese tenido la firme intención de una sesión de sexo en un lugar distinto a la cama. Aunque seguía duro, y caminar se le hizo dificultoso, insistió que lo mejor que podían hacer era ir a comer fuera.

Anheló que ella le creyera, porque a él le costó trabajo permanecer estoico mientras la observó encaminarse a su habitación, pero por otro lado le asustó por un momento que pensara que sólo quería eso de ella.

No era que no fuera dado a las prácticas onanistas, pero masturbarse había sido por tanto tiempo la manera de lidiar con sus sentimientos y necesidades que no estaban siendo cubiertas, que recurrir a eso, una vez más, se sentía como regresar atrás, pero la sola insinuación de haber podido una vez más poder tener sexo con ella, había sido suficiente para conseguir una erección demandante que exigía ser atendida, ojalá hubiese sido ella quien lo hubiese hecho, pero dado que él mismo había conseguido que eso no sucediera, tendría que vérselas el mismo. Iba a encargarse de esa incipiente necesidad para volver a pensar con

Le había costado más de lo que hubiese querido, pero es que tras esa noche había creado cierta resistencia. Después de la primera acabada, las posteriores tardaban más, y siendo esa la tercera, admitía que necesitaba más que sólo su mano, por lo que intentó concentrarse en cómo se había sentido sumergiéndose en ella, tocando y viendo sus pechos desnudos, en aquel contacto húmedo como resultado la unión de sus sexos, y se sorprendió de lo eficaz. Esos recuerdos eran efectivos porque no pasó demasiado indagando en aquellos memorias todavía tan frescas que se sentían muy vívidas.

Su pene descansó luego de haber estado punzando incómodamente, y él pudo dedicarse por fin a lavarse el pelo, y a prestarle atención también a otras áreas que no se hacían notar…

.

Yona estaba esperando por él, sentada en el mismo sofá donde antes casi habían concretado la tercera ronda. Ella le sonrió, y él supo que debía dejar de pensar en sexo o volvería a caminar de manera incomoda.

Había un lugar pequeño al que solían recurrir los días domingo, cuando el mismo no sentía demasiados deseos de preparar algo, al que sus pasos los habían dirigido de forma inconsciente. Pocas veces había estado ahí, pero lo conocía bien por el servicio de entregas que daban.

Ella parecía estar disfrutando de las cosas que habían pedido. El lugar se veía bastante limpio y acogedor, pero estaba seguro de que ella estaba acostumbrada a otra clase de recintos, más ostentosos, con una carta más variada y exclusiva.

Él había conseguido lo que tenía a base de esfuerzos que se convirtieron en becas y algún apoyo estatal al que accedió gracias a sus calificaciones, sin embargo no estaba seguro de poseer en bienes ni siquiera el uno por ciento de lo que ella heredaría algún día…

Sin mencionar que a causa de su hermano había aceptado un trato que jamás hubiese hecho de estar en una mejor posición. Había sido por su hermano, por ella, y por qué no admitirlo por fin, también por él mismo. Todo el tiempo se vio sometido a tomar decisiones en base a qué era lo menos contraproducente, y además de su orgullo lastimado, todo lo demás eran ganancias.

—¿De verdad ya presentaste los papeles de la disolución de nuestro matrimonio? —preguntó Yona.

Había estado tan inmerso en sus pensamientos que aquella dolorosa pregunta lo tomó desprevenido.

—Jae-Ha dijo que lo había hecho —respondió con sequedad.

Escuchó con atención la taza de té siendo dejada sobre el plato y no supo por qué no fue capaz de agregar otra cosa.

Aquel compromiso era algo meramente legal, pero seguía siendo un tema difícil de tratar.

—Entonces nosotros ya no… —concluyó ella.

—Ya no… —confirmó.

Se sentía extraño estar hablando acerca de su divorcio cuando recién las cosas estaban empezando.

—Te… ¿te irás? —preguntó ella.

Sintió un vacío en el estómago al oírla preguntar por eso. Él había hecho los arreglos para marcharse cuanto antes, pero eso había sido antes de oírla decir la mejor cosa que le hubiesen dicho en la vida, no obstante tras descubrir que ella se había ido después de haber tenido sexo, había apurado las cosas de manera de irse en cuanto se hiciera efectivo el contrato.

—Es lo más sano —expuso inseguro.

Legalmente, ellos estaban divorciados y las personas no se divorciaban precisamente para seguir viviendo bajo el mismo techo, pero por otra parte, emocionalmente, estaba tan atado a ella como podía estarlo. Él llevaba mucho más tiempo en esa relación que tenían, por lo tanto sabía que había tenido a su favor mucho más tiempo para pensar las cosas.

Todavía, el que ella le hubiese dicho que lo quería, se le hacía difícil de creer. Era demasiado bueno como para aceptarlo tan fácil.

—Las cosas entre nosotros no tienen que cambiar demasiado —habló luego de un rato.

Yona asintió, no obstante él había tenido la misma impresión en la mañana cuando le había preguntado acerca de si quería volver a estar con él sexualmente.

Tenía la sensación de que la había cagado con esas pocas palabras.

—¿Dónde te irás? —quiso saber ella.

Ella no levantó la vista del zumo de frutas cítricas. Al parecer la pajilla de llamativo color estaba haciendo su tarea.

—Arrendé una casa en Fuuga —respondió.

La respuesta, claramente, la sorprendió.

—¿Fuuga? —consultó con un tono elevado.

Fuuga estaba a una hora y media de donde estaban. Había escogido ese lugar porque era donde Tae-Yeon estaba acostumbrado y conocían a más personas, pero también porque las posibilidades de encontrarse con ella en los alrededores era tan poco probable como un incendio en un vaso de agua. Esa era la verdad de por qué había elegido ese sector, haciéndose cargo de la decisión de finalmente dejarla ir, y ser feliz sin considerar si ella lo era también para serlo él mismo.

—Sí —afirmó —. La gente que conoce a Tae-Yeon está ahí… si yo no estoy alguien podrá estar pendiente de él.

—Pero allá no tienen los mejores hospitales o especialistas… —recalcó ella con preocupación.

Aquello era cierto, pero una casa con las mismas facilidades para ellos, en un lugar más cercano, estaba fuera de sus posibilidades monetarias, porque tenía que comprar un auto además.

—Lo sé… —admitió él —. Nos las arreglaremos... Tae-Yeon prometió no callar ni el más mínimo síntoma.

Había tomado una decisión, y había llegado el momento de hacerse cargo. Lo había hecho en un arrebato, pero estaba hecho.

—¿Y tú? —ahondó él —. ¿Cuáles son tus planes?

La miró interesado. Si bien era cierto que había decidido todo eso y había sido fácil hacerlo teniéndola lejos, eso había sido antes de que ella llegara y tirara por el suelo su intento de olvidarla en la comodidad y protección que la distancia otorga.

—No lo he pensado… soy una mujer recientemente divorciada ahora —intentó bromear.

Sin embargo, aquello no le había causado gracia a él, y a ella tampoco, en realidad, porque cuando ella bromeaba siempre había una leve sonrisa que evidenciaba su diversión.

Quería preguntarle acerca de si lo que había dicho no había sido un síntoma prematuro de demencia, pero no sabía cómo preguntarle tal cosa y mucho menos sin parecer agresivo, por lo que intentó acercarse al tema yendo por otra ruta.

—¿Qué hay acerca de Soo-Won? —soltó sin pensarlo ni un solo segundo.

A sabiendas que si se detenía a pensar las palabras adecuadas, probablemente, no conseguiría exteriorizarlo y se quedaría con las dudas, pero la pregunta pareció molestarle, porque su postura cambió y vio los músculos de su rostro tensarse.

Deseó no haberse mostrado impulsivo, pero no había modo de retirar la pregunta.

—Es mi primo —explicó —. Compartimos un nexo no permitido dada nuestra situación familiar, pero aquello está en el pasado.

Ella le había dicho antes de intentar irse la noche anterior que iba a reunirse con él, no sabía si lo había llamado para decirle que no iría finalmente, pero por unos momentos fue consciente de que el teléfono de ella vibraba más de lo acostumbrado.

Se sonrojó. Estaban llegando al momento en el que ella había regresado y le había dicho que la razón por la que no quería irse de ese lugar, era él…

Yona se levantó y fue directamente hacia donde se encontraba el cajero, pero él fue más rápido y pagó lo que habían pedido, impidiéndole hacerlo ella.

Observó que ella encogió sus hombros y fue hacia fuera, y él la siguió tan pronto terminó de pagar.

—No tienes que contestarme si no quieres —agregó él —. Discúlpame…

Yona hizo caso a aquello, porque no habló de eso o de cualquier otra cosa que se relacionara a su fallido intento de abandono de hogar o a Soo-Won.

.

No habían vuelto a dormir juntos hasta la noche del viernes, cuando ella se presentó en su habitación y se había acostado a su lado, se apegó a su torso y buscó apoyar su cabeza en su hombro.

—¿De verdad te irás? —indagó.

Había incredulidad en el tono en el que la pregunta fue hecha.

Había intentado responderle, pero antes de poder confirmar o negar la información ella buscó sus labios, y no le permitió contestación alguna.

Habiendo ya experimentado eso, regresarle el beso no tardó más que un par segundos, y es que él era incapaz de negarse a algo que ella quisiera, sobre todo cuando era algo que él mismo deseaba.

Cada vez que intentó hablar, ella lo acallaba; había encontrado formas que lo habían dejado sin palabras o bien terminaban siendo sus pensamientos inconexos los que no se lo permitían.

Llegado el momento de la penetración, el haber sugerido en algún momento el uso de preservativos le parecía absurdo. Era honesto al admitir que era mejor sin ellos, y si ella no lo requería, no sería él quien los mencionara nuevamente.

Rogaba de hecho que no los recordara…

—¿Estás bien? —averiguó con cuidado.

Sabía que cabía la posibilidad de cometer un error hablando, porque ya tenía pruebas para comprobar que no era el mejor en la retórica, pero era inevitable no hacerlo, notándola silenciosa. No hubo respuesta, pero a cambio sintió que ella se aferró más a él, logrando lo que no creyó que se podría, que era estar todavía más dentro de ella.

El sonido de sus movimientos, el olor mezclado de ambos, las sensaciones y sus sentimientos lo tenían en un estado algo mecánico.

—Si me aprietas así yo… —habló cortadamente.

—¿Tú qué…? —inquirió ella.

—Voy a acabar —le advirtió.

—Hazlo —lo animó —. Córrete, Hak… quiero que lo hagas.

Fue como si hubiese acatado una orden, porque tan pronto ella lo dijo, él sintió la liberación de aquello que estaba conteniendo con más esfuerzo del estimado. Sus piernas lo seguían rodeando, apenas aminorando la fuerza de su agarre, mientras él podía sentir que la carga liberada estaba desbordándose.

Tener esa clase de comunicación, en esas circunstancias, era más complejo que la comunicación mundana, pero por algún motivo, era más difícil decir las cosas cuando estaban con ropa.

—No quiero dejarte ir —oyó a Yona murmurar.

Se castigaba a si mismo por pensar constantemente: "no quiero dejarte aquí", por lo que escucharla decir algo similar, dolía.

Había vivido los últimos dos años pendiente de ella, de si comía o de si temperatura corporal variaba. No había sido parte del acuerdo oficial, pero lo asumió como tal y se sentía afortunado de poder cuidarla y de poder estar tan cerca. Hacer el rol de esposo había resultado ser tan fácil y natural.

—Ven con nosotros —soltó.

Ella le dio la espalda, y el aprovechó de cubrirla. El frio de la noche se estaba haciendo notar.

Sabía que lo que había propuesto era complicado, pero no podía quedarse con las dudas. La había hecho sentir poco agradada.

—Me bastaba con hacerte saber que es algo que puedes hacer —susurró.

Él le dio un beso en la mejilla.

—Saldré todo el día —le indicó ella —. Volveré de noche.

En realidad muchas de sus cosas se habían quedado en casa de Jae-Ha, por lo que sólo tenía ropa y unas cuántas pertenencias. Se alegró de haberle pagado a una compañía que hiciera todo por él, porque en ese momento no tenía ánimos de estar en otro lugar que justo donde estaba.

.

Despertó, y Yona no se encontraba a su lado, ni tampoco en la casa… había dicho que "saldría todo el día", pero no pensó que aquello iniciaría antes de las nueve de la mañana.

Ella no quería despedirse y él agradeció que no estuviera, porque cerrar la puerta con ella dentro del lugar le hubiese dejado una peor sensación.

.

—¿De verdad te irás y la dejarás? —preguntó consternado Jae-Ha —. ¿Nos dejarás así de fácil?

Jae-Ha había estado en contra del traslado desde el comienzo.

—Ya sabes que está todo hecho, por qué haces un show de perro abandonado justo ahora —reclamó Hak.

Pensé que era todo parte de un montaje para que ella finalmente dijera que no te fueras de su lado —lo molestó.

—Tae-Yeon me necesita —aseguró.

Había terminado dándole más explicaciones a su amigo que a Yona, y después de un viaje que se le hizo eterno, y de pasar a buscar a Tae-Yeon, visualizó el panorama con cruda veracidad. La casa se sintió enorme y vacía. Tenía tan pocas cosas que en realidad había sido soberbio contratar un servicio de mudanzas, porque las cajas apiladas no eran muchas.

Empezar nuevamente en un lugar al que había dejado por un mejor futuro traía consigo pensamientos un tanto ambiguos.

Los pasos de Tae-Yeon se escuchaban con eco, que de algún modo lo inquietaba.

—¿Tienes frío? —preguntó Hak.

Tae-Yeon siempre tenía frío, por lo que el calefactor estaría constantemente encendido, ya que la casa no contaba con calefacción propia.

—Estoy bien —sonrió con entusiasmo.

—Si te sientes mal tienes que decírmelo de inmediato —le advirtió Hak —. No importa la hora que sea.

A él no le quedaba nada más que confiar en que la conversación que habían tenido antes de acordar vivir juntos, sobre que tenía que informarle ante el más mínimo malestar.

—Lo haré… ya que por mi culpa tuviste que dejar de vivir con Yona —se lamentó.

Estaba convencido que él había sido el causante de la separación, y aunque le había dicho que no era así, al parecer no había explicación que lo convenciera de lo contrario.

—Los adultos tenemos otras clases de problemas, y de ninguna manera tu serías un motivo —insistió.

—Pero ustedes se quieren… yo estaba bien viviendo con Hen-Dae y Tae-Woo.

Después de que su abuelo había muerto, ellos voluntariamente se ofrecieron a cuidarlo. Ellos dejaron claro que estarían felices de hacerlo, pero ya había pasado mucho tiempo desde entonces. Además no ayudaba que su hermano pretendiera "ayudar" ocultando como se sentía en realidad y no avisando cuando comenzaban los malestares.

—Pero yo quiero vivir contigo —sonrió Hak —. Eres mi hermano pequeño…

Tae-Yeon tenía trece años, pero era todavía muy niño. Siempre fue muy sobreprotegido a causa de sus problemas de salud, por lo que todos lo consentían en medida de lo posible. Y de lo imposible también…

Finalmente después de un rato él se durmió, y él al contrario, no podía conciliar el sueño.

Miró el teléfono y no tenía ninguna llamada perdida o mensaje además de los que Jae-Ha que deliberadamente había ignorado.

Fue a la cocina y la cerámica helada en sus pies se sentía dolorosa.

Ese lugar no se sentía como su casa en lo absoluto, aunque no veía que hubiese algo que le provocara rechazo. Era simplemente una sensación de reticencia al lugar.

El teléfono comenzó a sonar, y aunque estaba lejos lo escuchó y corrió, tratando de engañarse a sí mismo que el apuro era porque no quería que el sueño de su hermano se viera interrumpido, no obstante al ver la pantalla la decepción lo embargó de lleno.

Era Jae-Ha, y no era precisamente a él a quien quería escuchar.

—¿Me puedes decir por qué mierda no respondes mis mensajes? —indagó con indignación su amigo.

—Puedo darte una lista de cosas mejores que hacer que estar atento a tus estupideces y fotos de mujeres —justificó.

Oyó una risa de fondo.

—¿Y para qué me llamas? —preguntó.

—¿No puedo querer saber cómo está mi amigo después de su traslado? —consultó.

—Te voy a colgar —amenazó.

—Espera —solicitó.

Si era una sola más de sus estupideces, él le colgaría sin siquiera avisarle.

—Hay algo que no me dijiste antes de pasarme los papeles del divorcio… —recalcó.

—¿Qué cosa? —quiso saber.

—¿Sabías que es inválido solicitarlo si los cónyuges en cuestión tuvieron sexo el mismo día? Ya sabes, el matrimonio se anula si no se consumó… y tú no me habías dicho la verdad al respecto.

¿Por qué estaba hablando ese sujeto sobre su vida sexual? ¿Cómo podría saber él esa información? Eso sólo lo sabían Yona y él…

—¿Podrías aclararme lo que acabas de decir? —pidió.

—De acuerdo, lo pondré en palabras simples para que lo entiendas: Yona vino a preguntarme sobre el divorcio y salieron a la luz unos hechos de los más interesantes —recalcó.

¿Hechos interesantes? ¿Cuáles?

—Te acóstate con ella y no fuiste capaz de decírmelo —lo acusó.

—¿Y tú qué sabes? —dijo con enojo.

—Sólo lo que ella me contó —soltó.

Por algún motivo no podía imaginarse a Yona hablando de esa clase de cosas, menos con ese sujeto en particular.

—Hak —habló con voz seria —. Estás cometiendo un error.

—Se quedó callado, y como pocas veces se sentía dispuesto a escucharlo. Era bueno que él supiera —en parte — como estaban las cosas con ellas, porque necesitaba un consejo con suma urgencia.

—No la dejaste sola durante todo este tiempo, y ahora que aparece él, ¿te vas? —cuestionó —. ¿Es que acaso eres imbécil?

—¿Y qué puedo hacer si esto lo decidí antes…? —confesó.

—La hiciste llorar… —confesó Jae-Ha —. La consolé, por supuesto…

Sabía perfectamente que lo que estaba diciendo era para provocarle celos, pero tal como había dicho él era lo suficientemente imbécil como para tomar las peores decisiones en los momentos menos adecuados, así como para caer en trampas muy evidentes.

—Su piel es tan suave, y Hak… el olor de su cabello debería estar patentado ¿lo conoces? Pues claro que sí… sabes cuál es, a ti no tengo que explicártelo —dijo burlonamente Jae-Ha.

—¡Cállate! —pidió irritado.

—Cada vez que Yona venga la consolaré y podré tocar su piel… —insistió.

Él no se iba a detener. Estaba decidido a provocarlo, por lo que le cortó, y fuera de lo que imaginó, él tipo raro no volvió a llamarlo.

Había rentado un auto mientras hacía los arreglos para comprarse el suyo, lo encendió y prendió la calefacción para que el auto estuviera agradable para cuando regresara junto con Tae-Yeon y emprender el viaje.

Había decidido regresar con Yona, porque las razones iniciales para escoger estar tan lejos de ella, ya no existían más. Había hecho un lío absurdo, y lo peor había sido que la había hecho llorar…

Él había jurado jamás hacerlo.

Sin embargo, al llegar no imaginó que encontraría a Ki-Ja sentado en el mismo sofá donde ellos casi se habían acostado esa misma mañana…

Continuará...


Se acabará el drama pronto, lo prometo...

Hasta pronto...