Akatsuki no Yona
Hak / Yona
Advertencia: ninguna
Capítulo VIII
No veía una escena extraña, no había nada fuera de lugar, no obstante no podía estar hirviendo en celos y la expresión de desconcierto de Yona no disminuía aquel sentimiento inquietantemente poderoso.
Los celos eran molestos y poderosos…
—¡Hak! —exclamó Yona —. ¿Está él bien?
Se dirigió con preocupación hacia su hermano, quien estaba apoyándose en él con somnolencia porque en el camino se había quedado dormido y había tenido que despertarlo para subir. Si hubiese sido por él lo hubiese trasladado en sus brazos o espalda, pero ninguna de las opciones le pareció adecuada al niño, quien insistió en caminar.
—Él sólo tiene sueño —explicó.
Ella se relajó y con amabilidad lo llevó a la habitación de invitados para que durmiera, quedando solo con ese hombre que no podía evitar hacer evidente que estaba enamorado de la misma mujer que él.
El hombre lucia molesto con su presencia, y ninguno dijo ninguna palabra. Ambos sabían que eran rivales sin antes haberlo mencionado. Posiblemente no era un mal hombre y había ayudado a Yona en más de una ocasión, pero sus intereses los hacían incompatibles.
Ella tardó en volver y cuando lo hizo trajo consigo un dispositivo portátil de memoria y se lo entregó al otro hombre regalándole una sonrisa prolongada que deseó fuera para él.
—No había necesidad de que vinieras hasta acá —se lamentó —. Gracias por acompañarme.
—Está bien —sonrió él —. De todos modos era yo el que necesitaba esto.
Cada frase que siguió sólo dejaba en evidencia lo mucho que se apreciaban y disfrutaban de trabajar juntos, trayendo como consecuencia que él no tuviera cabida alguna en la conversación.
Nunca había imaginado a su edad que se sentiría de esa manera al no ser el centro de atención de la mujer que quería. Deseó ir y empujar al chico y que ella sólo lo mirara a él...
Justo como un niño lo haría…
Se ensimismó tratando de reprimir ese impulso, sin notar que ya no había nadie más aparte de ellos y que Yona estaba frente a él, llamándolo.
—No es que no me alegre de verte pero… creí que te habías ido… —fue directo al tema.
Ni siquiera intentó justificar su súbita aparición en donde se suponía que no lo haría más. Seguía comportándose como un crio, pero él ya no era uno, así que decidió que no podía seguir actuando como lo había estado haciendo, ¿quién simplemente manejaba "por ahí" a más de una hora de dónde se encontraba su casa?
—Yo… —intentó armar mentalmente un discurso —. Se me quedó algo en la habitación… vine a buscarlo y pensé que quizás también podías necesitar algo…
En realidad el que necesitaba algo era él y egoístamente había ido por ello, sin detenerse a considerar que quizás no era lo que ella deseara y no era la primera vez que lo hacía, porque se había metido en su cama sin que ella lo autorizara, simplemente tomando lo que por votos matrimoniales le correspondía y aun así seguía sin ser honesto con sus sentimientos y las reales intenciones que lo habían llevado ahí.
—No, no eso no es cierto —corrigió en el acto decirte algo.
Si seguía comportándose como siempre obtendría el mismo resultado.
—Dímelo —pidió ella.
—La razón por la que volví en realidad si la sé –confesó —. Mientras manejaba de manera consciente hacia acá en realidad sólo podía pensar en ello…
A él le costaba todavía creerlo, pero había oído de su propia boca que él le gustaba y de que ella había disfrutado de sus atenciones sexuales.
—Me gustas —admitió —. Desde siempre y siento que cometí un error yéndome sin aclarar que todo lo que hice fue porque ya no sabía cómo manejar esto que siento por ti.
Lo dijo sin poder mirarla a la cara, porque si lo hacía estaba seguro de que acobardaría.
—Por regresar… —habló con un hilillo de voz – Gracias…
¿Por qué si ambos habían reconocido tener sentimientos se podía apreciar la incomodidad?
—Si no hubieses venido… yo… hubiese ido a ti —soltó ella.
¿Seguía soñando con una realidad paralela en la que él confesaba lo que sentía y en la que ella sentía lo mismo por él con la misma intensidad?
—Pensé mucho después de que te fuiste, y me di cuenta de que había algo que no había notado hasta que lo mencionaste —continuó.
Con sólo esas palabras se estremeció. Era absurdo lo mucho que le emocionaba escuchar que ella pensaba en él.
—No tienes que elegir entre tu hermano y yo, porque nos puedes tener a ambos —sostuvo con seguridad —. Tae-Yeon puede vivir con nosotros y…
¿Estaba sugiriendo que regresaran a vivir juntos? ¿Y con Tae-Yeon? Era demasiado bueno y completamente inesperado que naciera de ella.
—Siempre he querido hacer más por él, porque es importante para ti y todo lo que es importante para ti lo es para mí también —confesó.
Finalmente la necesidad de ver sus expresiones fue mayor al miedo que sentía de ser víctima de sus arrebatos; todo lo que oía y ella proponía sonaba demasiado bien, no obstante había un tema en particular que debía ser tratado antes de volver a tomar cualquier otra decisión.
—¿De verdad estaría bien para ti que él viviera con nosotros? —quiso confirmar.
Imaginar viviendo bajo el mismo techo que las dos personas más relevantes de su vida hacía que lo asustara el no poder ocultar la sonrisa que estaba seguro adornaba su cara. Nunca había tenido un hogar estable hasta que había decidido asentarse cuando acordaron el matrimonio y había sido demasiado positivo el impacto, porque nunca antes había pasado tanto tiempo en un mismo lugar, y se imaginó muchas veces el poder otorgarle a su hermanito lo mismo.
—Sí —afirmó ella —. Eso… estaría bien para mí.
Estaba confirmado, él no era dueño de sí mismo. Lo que ella decía tenía más poder de lo que debería en su persona.
No le importaba el haber quedado sin ahorros por el depósito y la garantía del lugar arrendado en Fuuga, nada tenía más valor que lo que pudiera construir junto a ella. Había estado dispuesto a recibir los residuos de atención que ella estuviera dispuesta a darle, pero poco a poco y día tras día eso comenzaba a ser insuficiente. Ya no podría conformarse con poco, y ese deseo se estaba convirtiendo en realidad.
—Yona… —dijo su nombre con más sentimiento del calculado —. Las circunstancias que hicieron que finalmente optáramos por casarnos…
Ella soltó un suspiro prolongado y él se detuvo antes de continuar con su cuestionamiento.
—¿Cambiaron…? —indagó con temor.
Si ella le decía que lo quería, le creía, pero también cabía la posibilidad de que Soo-won tuviera cabida en su vida aun… Él sabía bien cuánto había estado ella dispuesta a perder por estar con él.
—¿Lo dices por él? —indagó ella —. Ya te lo dije, es un familiar con el que llegué a confundir mis sentimientos.
Lo había dicho en término muy parecidos una vez antes, pero no sonaba del todo convincente, sino que se oía como una respuesta cuidadosamente preparada. Si ella le decía la verdad acerca de cómo se sentía al respecto no dudaba que le dolería si escuchaba que aún lo tenía en alta estima, pero aquello no lo había detenido antes para enamorarse más y más de ella y no lo haría en ese momento, sin embargo prefería conocer el terreno de antemano. Él era del tipo realista, y no se hacía demasiadas ilusiones y todo lo que estaba pasando ya había sobrepasado sus expectativas por lejos.
—Ibas a abandonar todo por estar con él —recordó con pesar —. Estabas dispuesta a renunciar a tu apellido, a tu herencia, a tu padre…
No era algo que hablaran, antes sólo lo habían tratado superficialmente por lo que trató de ser cuidadoso con como formulaba las preguntas.
—Mi apellido en realidad es algo que podría perder eventualmente si me caso y adopto el apellido de la familia de mi esposo —justificó.
Tenía sentido.
—Mi herencia no es algo que considere un sacrificio —explicó.
Ella continuamente daba a entender cuando se le mencionaba el tema respecto a lo adinerada que era que no era algo que le preocupara, pero ella jamás había pasado hambre y esperaba que nunca lo hiciera.
—Y respecto a mi padre… —siguió el hilo de los cuestionamientos hechos —. Esperaba en el fondo de mi corazón que sólo necesitaría un tiempo para adecuarse, pero que que eventualmente lo entendería…
Conociendo al padre no le cabían muchas dudas acerca de que ella podría tener razón respecto a que quizás lo único que necesitaría era tiempo para volver a hablarle y retomar la relación. Ella, dicho de manera vulgar, tenía a su padre en su mano, asi que estaba de acuerdo en su juicio respecto a ese tema en particular.
—Me doy cuenta de que estaba dispuesta a pagar un precio muy alto por alguien que no lo valía —aseveró.
Era irreal escucharla decir eso con tal convicción.
—Soo-won… —verbalizó finalmente dándole nombre al sujeto en cuestión —. No me es indiferente todavía, no como yo quisiera.
Sería engañarse a sí mismo decir que no era algo que no supiera.
—¿Nunca tuviste una experiencia que hizo que removiera todo tu mundo? —consultó.
Trató de hacer memoria, pero no llegó a recordar ninguna del tipo que ella mencionara. Quizá lo más parecido fue cuando la conoció y lo incapacitó de apreciar la belleza de otras mujeres…
—No —respondió finalmente.
—Ojalá nunca sientas el abandono, miedo y desconcierto que me causó que la persona que yo más admiraba y confiaba me dejara a mi junto a todos los proyectos que habíamos hecho —espetó —. Porque duele y hace que pierdas la confianza y te cuestiones tu existencia al punto de que crees que no tienes ningún valor y que eres desechable.
Ella nunca había puesto en palabras lo que había sentido; deseó abrazarla y confortarla…decirle que ella no era nada de eso.
—Cuando ofreciste tomar el lugar de Soo-won como mi novio, observé lo feliz que mi padre estaba de que tú fueras el hombre que le había mencionado que le presentaría —expresó con una sonrisa —. Y no tardé en comprender lo que él con mejor intuición había sido capaz de anticipar.
Anhelo preguntarle qué había sido, pero no lo haría. No quería interrumpir, porque estaba completamente concentrado en su relato.
—Día tras día a tu lado comencé a confiar de nuevo, a no tener miedo de relacionarme con otros porque sólo dependía de mí el darles el poder o no el para dañarme, porque te observaba y aunque eras cercano con todos realmente no te abrías a nadie… y quise ser un poco más como tú —manifestó con la voz quebrada—. Volver a casa, comer la comida que preparabas para mí, que te preocuparas de que tomara las medicinas a las horas que debía…
Ella vivía a base de comida preparada y de entregas a domicilio que de seguro sabían mucho mejor que lo que él cocinaba. Sabía que no era un experto y que sus preparaciones eran muy limitadas, por lo que le sorprendía que lo mencionara y hablara de ello como si fuera algo realmente especial.
—Donde estaba todo desmoronado, tú simplemente siendo tú, burlándote de mí por mis continuas torpezas hiciste que quisiera superarme para demostrarte que yo no era la tonta que creías —sonrió —. Pero aunque me molestaras siempre estabas cuidándome y quedándote conmigo los fines de semana aunque tenías otros planes, no dejándome sola e inventando excusas muy malas para justificarlo…
No era que no quisiera ver a sus amigos o visitar más su ciudad natal, era que compartir tiempo con ella sonaba más atractivo.
—¿Y sabes? Hiciste que me acostumbrara mucho a ti —lo acusó —. Te sugería planes supuestamente espontáneos, pero la verdad es que ya los había ideado porque siempre contaba contigo para esos días…
¿Se había dado cuenta de las malas excusas? No lo había hecho con el afán de volverla dependiente a él, ni por alguna clase de interés más que el propio, no obstante eso había funcionado con ella…
De algún modo la chica que siempre observó con distancia se había fijado en él por ser como siempre había sido. No podía alegrarse de que ella antes de eso se hubiese sentido tan mal, y aun así esa había sido la razón por la que había reparado en él, porque un idiota lo suficientemente ciego como para no ver su fortuna la había lastimado deliberadamente.
—No quise aprovecharme de tu bondad, pero con vergüenza admito que me aferré a tu buena disposición —indicó avergonzada.
La besó ya sin poder contener el deseo emergente que su sonrojo generó. La necesidad había sido urgente, pero cuidó de no ser brusco y de abusar de su fuerza, sin embargo no era necesario tener tanta premura, porque ella misma, al adivinar su movimiento, había colaborado enalteciéndose un par de centímetros, todos los que podía ganar al pararse en la punta de sus pies, que no eran muchos y aun así el apreciaba ese esfuerzo.
No había pasado demasiado tiempo desde que la había besado, y aun así se sentía ávido de ella y de cómo se sentía con el contacto más íntimo. La persona dependiente en esa relación no era ella como había dicho, era él...
—Me devolviste lo que necesitaba aunque no fuiste tú quien me lo arrebató —susurró.
No logró darse una idea de a lo que se refería y en esa oportunidad no quiso quedarse con la duda.
—¿Qué cosa? —murmuró apenas.
—Mi autoestima como mujer —clarificó.
¿Cómo no iba a odiar a ese imbécil después de haberle hecho pensar a ella que no era un perfecto ejemplo de belleza femenina?
—Eres la más hermosa de las mujeres que he conocido —aseguró.
Era una verdad absoluta para él, y lo había dicho con total seriedad por lo que no imaginó que ella sonreiría tras esa afirmación.
—¿Qué es tan gracioso? —demandó saber.
Si bien ya no se estaban besando, estaban tan cerca que era algo que podía repetirse sin ningún esfuerzo.
—Tú no conoces muchas mujeres —respondió con una sonrisa —. Creciste en un hogar donde todos eran hombres, fuiste a una escuela donde el alumnado era exclusivamente masculino, tus amigos son todos varones, y en tu trabajo hay un porcentaje de mujeres que no alcanza las dos cifras en relación a los hombres.
Si lo decía así, su afirmación era completamente poco válida.
—¿Si sabes que todos tenemos una vida privada que no ventilamos a los demás? —se defendió.
La sonrisa desapareció de sus labios.
—Tienes razón —concedió ella.
Analizó en su mente lo que acababa de decir, y notó que posiblemente ella había entendido algo que no era algo completamente cierto. Buscó que lo mirara y se encontró que ella estaba renuente a hacerlo.
—No, la que tiene razón eres tú —admitió —. No conozco a demasiadas mujeres, pero eso no quita que no sea cierto lo que yo te dije.
—¿Qué me dijiste? —preguntó con indiferencia.
¿Estaba jugando? Podía notar que ella estaba conteniendo una sonrisa por la forma en que movía sus labios.
—Lo olvidé —se encogió de hombros.
Ella lo miró con sorpresa y dio un paso hacia atrás.
—Iré a ver si Tae-yeon está bien —anunció ella.
Al girarse él de una sola zancada la alcanzó, y estando de espaldas la detuvo, y aprovechándose de que ella se volteó para preguntarle la razón él volvió a besarla. Sus labios estaban tibios y húmedos y él quiso un beso más profundo que ella consintió.
¿Era normal sentirse como si flotara y un hormigueo por toda su piel? Si todo eso continuaba no tardaría en volver a excitarse y le fue restando intensidad al beso.
—¿Estás cansado? —quiso saber ella.
Lo estaba, sentía sus hombros pesados y el cuello algo adolorido; conducir no era su actividad favorita, y cuando lo hacía nunca eran grandes distancias. Él asintió.
—Ve a descansar —su voz sonó a mandato —. Tendrás muchas cosas que hacer y explicar.
—¿Explicar? —la interrogó sin comprender.
—Al dueño del lugar que rentaste, en tu trabajo tras pedir un traslado, a Tae-yeon diciéndole que en menos de veinticuatro horas tendrá un hogar distinto —enumeró.
Absurdamente, él no había pensado en los aspectos prácticos de lo que significaba haber tomado una decisión apresurada y forzada; como adulto debía hacerse responsable.
—Vaya… —exclamó repentinamente sobrepasado -. Tal vez sea mejor reconsiderarlo.
Yona, quien había emprendido el camino hacia la habitación que ocuparía Tae-yeon, se giró de manera violenta al oírlo decir eso.
Él sólo lo había dicho bromeando, pero al parecer a ella no le había causado gracia alguna.
—Yona —la llamó él —. Tienes que saber primero que yo ya no puedo volver atrás en cuanto a nuestra relación se refiere.
Su rostro y su cabello parecían de un solo tono.
—Te deseo como un hombre desea a una mujer —aclaró —. Es posible que me cueste un poco controlar mi lívido, pero ten claro que nunca haría algo que tú no quieras.
Anhelaba dejar las cosas claras.
—Y quiero ser enfático al pedirte que yo no entiendo muy bien las indirectas por lo que no debes temer decirme las cosas de manera literal —dijo algo amilanado.
Quiso decirle que era algo que le pasaba con ella exclusivamente, pero prefirió omitirlo. Era casi absurdo considerando que ya no controlaba algunos aspectos de manera racional porque ella le gustaba demasiado, pero de algún modo no deseaba hacerle saber cuánto poder tenía en él.
—Si no te gusta algo de mí o que yo haga, dímelo —solicitó —. No quiero hacerte sentir incomoda, y lo digo en todo sentido.
Hablar sobre sexo y un futuro juntos cuando lo había dado todo por perdido no mucho tiempo atrás se sentía todavía utópico e irreal, por lo que debía comenzar a creerlo, a vivirlo y a disfrutarlo.
Ella se sonrojaba con facilidad, pero afirmó con la cabeza de que lo haría como él pedía.
—Y tú… —dijo ella.
Él prestó atención, acataría lo que ella le dijera. Quería construir su relación en base a la confianza.
—Todo lo que me pediste quiero que tú lo hagas conmigo también —rectificó.
Lo haría, aunque no se le ocurría qué podría hacer ella que pudiera llegar a disgustarle. Su mente divagó en las infinitas posibilidades y ninguna le pareció desagradable. Quiso saber si todos los hombres tenían la mente igual de podrida o él era un caso serio y no le hacía sentir mejor el recordar a Jae-Ha, porque pensar que podía parecerse a él era algo inmoral.
—Sí —aseguró —. Lo haré.
Y así con palabras simples hicieron un acuerdo y aunque había imaginado que quizás podía repetir la última noche compartida, él mismo fue víctima del cansancio acumulado durante el día, no pudiendo mantener los ojos abiertos una vez que ambos se dirigieron a la cama.
.
Era de madrugada, y las pocas horas que había descansado habían sido suficientes para restaurar su energía. Despertó en la misma cama que ella, él no recordaba haberse quitado la ropa, pero ella estaba con uno de sus pijamas muy revelador, podía ver su piel sedosa y clara expuesta y aunque su intención inicial había sido cubrirla, sólo bastó un pequeño roce para que su pretensión original cambiara súbitamente.
Se había excitado con sólo el olor de las sábanas y con un ligero toque a su hombro. Sí que debía estar enfermo si conseguía una erección sin ninguna incitación. Dejó de tocarla para no despertarla, porque no quería que descubriera cuan lascivo podía ser. No tan pronto al menos…
En algún momento volvió a quedarse dormido y para cuando despertó, Tae-Yeon y Yona estaba desayunando un no muy nutritivo desayuno.
—Hoy iremos al supermercado, le estaba diciendo a Tae-Yeon que podía escoger el cereal que él quiera porque este es el que me gusta a mi —dijo sonrendo ella.
—¡A mi me gusta! —aseguró el niño.
—Deben también ir a Fuuga por sus cosas... –habló ella enumerando las cosas que debían pasar ese día.
—Tae-Yeon debes ir a hacer la cama que ocupaste –indicó Hak.
—No hay apuro —le recordó ella.
—Tae-Yeon… —reiteró él —. Ve.
No solía hablarle así a su hermano, por lo que él acató lo que le indicó.
—No quiero ser insistente —retomó la palabra él -. Pero hay algo que aunque admito que no hace me hace feliz, creo que es necesario para ti y hasta cierto punto, consecuentemente también para mí.
Deseó no haber abierto la boca con aquel último requerimiento que inicialmente había callado, pero que sin embargo sabía que debía ser expuesto.
—Yona… —pronunció su nombre —. Creo que es necesario que te encuentres con Soo-won.
No le gustaba, pero era necesario, no podía vivir con la incertidumbre de no saber que realmente ella estaba segura de lo que sentía por y no estaba simplemente infatuada por haber estado él en el momento y lugar correcto, y para ello debía tenerlo en frente y hablar con él sin deseos de escapar. Ella misma había aceptado que él no le era indiferente y no podía cegarse a la verdad.
Su semblante cambió y aquello hizo que la viera todavía más pequeña desde de su perspectiva cercana al metro noventa.
—Está buscando hablar contigo —le recordó —. Y creo que estás huyendo de él.
Sus hombros regresaron a la posición original.
—¿Estarás más tranquilo si lo hago? —desafió ella.
—Sí —aceptó —. En parte.
—Bien —contestó ella.
Se levantó y dejó lo que ya había sido terminado de usar en el fregadero, y antes de desaparecer por la puerta de su habitación, lo miró de manera enfadada.
No era la primera vez que lo hacía, y jamás lograba parecer amenazante, sino todo lo contrario. Usualmente reía, pero en ese momento, seguía sintiéndose intranquilo.
Lavó con detenimiento la loza en el fregadero. Aquello que le mencionó de estar huyendo de Soo-won no era algo repentino y antes de ilusionar además de a él mismo a su hermano, se empecinó a pesar del pavor, en no prolongar lo inevitable.
No creía haber pasado tanto tiempo como para que al voltearse, encontrarse con Yona perfectamente lista para salir.
—¿Vas a salir? —consultó.
—Sí —respondió.
—Bien —comentó él —. Cuídate.
No respondió, y sólo vociferó un "hasta pronto" en voz alta, como para que escuchara su hermano que seguía en la habitación sin salir. Él era realmente prudente, pero al oír a Yona despedirse, salió.
—¿No iremos al supermercado? —preguntó algo decepcionado.
Ella había hecho planes con ellos, y él los había echado por la borda.
—Espérame acá —pidió.
Apresuró el paso y al salir vio cómo se cerraban las puertas del ascensor y por más que pulsó los botones para detenerlo, no funcionó. En un acto de desesperación, corrió por las escaleras. Era humanamente imposible igualar la velocidad de descenso de un elevador, pero haría el esfuerzo.
Saltó cuantos escalones pudo para apresurarse y aunque estaba seguro de que no había tardado demasiado, había sido lento para lo que había ameritado la situación.
No se arrepentía de haberle dicho acerca de la solicitud de que se encontrara con Soo-won, pero si creía que podía haber abordado el tema de manera diferente.
—¿Hak? —lo sorprendió la voz de Yona.
Por algún motivo ella seguía ahí, y de pronto se aclaró su mente y acercándose a ella, disminuyó la distancia, hasta poder sujetar sus mejillas con sus manos y acariciarla con los pulgares.
—Cuando te encuentres con él no pienses en las promesas que pudiste haber hecho —expresó con determinación —. Sólo concéntrate en lo que te haga feliz y lo que verdaderamente quieras y no te conformes con menos, Yona…
Ella lo alejó con la mano y con un gesto altivo, se dirigió hasta su auto.
Sentía que cometía un error, pero al mismo tiempo que sería un error no haberlo hecho, y ahí se quedó, siguiendo con la vista el auto que ella había abordado hasta que ya no estuvo más en el estacionamiento…
Continuará...
¡Hola! Ha pasado un tiempo bastante prolongado. Este capítulo salió largo a modo de compensación por todos los meses de retraso, y anuncio también que el próximo será el último :)
Este Hak tan inseguro dan ganas de golpearlo :X
Lamento la larga espera, estaré atenta a ver si recibo algún review que ayude a la motivación.
Hasta pronto.
