Personajes: James S. Potter y Louis Weasley

Rated: K+


Rarezas

En las afueras de la ciudad, donde había más naturaleza que personas, una cámara buscaba capturar el vuelo de una lechuza a plena luz del día. Se apreciaba su silueta, surcando el intenso azul que negaba la existencia de las nubes, batiendo sus alas con elegancia, llevando una carta atada a una pata.

James distinguió el sonido característico de un botón al ser presionado y el delicado deslizar de la fotografía al ser expelida. Alzó la mirada, debiendo hacer pantalla con ambas manos para que el sol no le diera en los ojos. Su primo no lo miraba; agitaba la reciente fotografía con una sonrisa naciendo en sus labios.

—Louis —le llamó exagerando en la articulación de sílabas un tanto molesto—. No te entiendo, nada de nada.

Él volvió sus ojos a James. Y como si sus manos no pudieran resistir la tentación, alzaron en alto la cámara fotográfica y tomaron captura del momento nuevamente. James se espantó al ver como su primo sonreía, agitando la imagen que lo humillaría de por vida.

— ¡Eres un peligro! —Le gritó tras ponerse de pie, apoyándose primero en sus rodillas.

La risa de Louis combinó con el sol de media tarde. James no lograba distinguir si era el sol o su afición a la fotografía lo que hacía que sus ojos se vieran tan brillantes.

—No tienes nada de qué preocuparte. No se lo mostraré a nadie —su pausa llegó acompañada de una sagaz sonrisa—. Al menos me contendré hasta completar la colección de Cincuenta caras sorprendentes que nunca antes viste de James Sirius Potter. Aquí la número veintiséis.

— ¿¡VEINTISÉIS!? ¿Cómo…? ¿Cuándo…?

—Tenía ocho años cuando tomé la primera.

— ¡Eres un peligro! —Repitió el muchacho dando unos pasos hacia atrás.

Louis se encogió de hombros, impasible. James lo vio guardar la fotografía dentro del bolsillo de su chaqueta, mezclándola entre todas las demás, rodó los ojos dándose cuenta de que había perdido la batalla. Hasta el momento, su conteo era de 72 a 30, a favor de Louis, pero James estaba seguro de que un día el marcador se daría vuelta.

—Puedes quedarte tranquilo, antes de terminar tu colección tendría que acabar con las de mis hermanas.

—Eres una persona rara, primo —Louis no dijo nada, sólo lo miró. James sintió un pequeño remordimiento atacándolo por decir aquello, sacudió la cabeza—. ¿Por qué usas esa cámara muggle del abuelo Arthur? Sabes que esas fotografías que sacas no se mueven, ¿verdad? ¿Lo has notado? ¡Le quitaste todo lo interesante a la actividad!

Louis se recostó sobre el césped. Una de sus manos descansó sobre su abdomen, la otra sostuvo en alto la cámara. James volvió a escuchar el inconfundible clic. Inclinándose, vio la nueva fotografía: una nube, blanca y rebelde, que había llegado de pronto, sin ser invitada, interrumpiendo el perfecto azul de aquella tarde.

—La idea es esperar al instante perfecto y atraparlo, es todo un desafío. Con la magia, todo es mucho más sencillo, se guarda el momento, la escena. Los muggles toman únicamente un segundo, por eso se busca que sea el mejor, se espera a que todo se alinee y se guarda el recuerdo. En las fotografías muggles nada cambia, todo permanece de esa forma por siempre. Es magnífico —cerró los ojos y suspiró una extraña risa—. Sí. Soy una persona rara, primo.

James dejó entrar al silencio. Entonces se recostó junto a Louis, observó la nube blanca que ya se perdía con el viento. Las hojas de los árboles se estremecían en las ramas, y la brisa les acercaba el aroma frutal del pequeño bosque.

—El Quidditch, las historias de héroes, las aventuras riesgosas —dijo James—. Esas cosas me hacen hablar raro. Y tú me has escuchado decir rarezas todo el tiempo, sin protestar ni una sola vez —con un sonido gutural, Louis soltó una risa—. Las fotografías, el mar, Francia. Esas cosas te hacen hablar raro. Está bien si te escucho decir rarezas todo el tiempo, ya no protestaré.

Louis soltó su cámara para darle un golpe a James en la frente. Sus risas se unieron con naturalidad.

—Es un trato.

James sonrió de oreja a oreja, una idea había inundado su mente.

—Hablando de tratos…

—No. No te diré mi secreto.

— ¡Anda, vamos! ¡Tienes que ser honesto conmigo! Si me enseñas tus frases atrapa-chicas prometo que no volveré a molestarte nunca más.

—No te lo diré.

James se cruzó de brazos y arrugó la nariz. Louis fue más rápido que la luz, y un clic volvió a oírse en el patio de La Madriguera.

—Con ésta van veintisiete —anunció Louis agitando la fotografía en la cara de James, casi con burla.

El menor protestó, pero solo perdió su tiempo porque el marcador ya había cambiado, ahora se leía 73 a 30. James aún tenía un largo camino que recorrer.


¡Gracias por leernos! Nos encontramos en el próximo capítulo

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Olivia&Lils