Personajes: James S. Potter y Molly Weasley II
Rated: K+
Brillante
Molly era como el sol, lo cual venía perfecto en días de lluvia. A lo largo de toda la semana las nubes de tormenta se habían apoderado del cielo. James creía que con magia podrían haberlo cambiado, le parecía lógico que con un hechizo se controlaran los malos climas y tanto alumnos como profesores disfrutaran del sol radiante todos los días. Sin embargo, en el colegio se prefería hechizar el gran salón y hacer que las lluvias entraran al castillo, con rayos y truenos mágicos incluidos.
Ahí era cuando Molly brillaba, positiva y alegre. James no lograba entenderla, las lluvias eran molestas. No se podía jugar al Quidditch y lo obligaban a quedarse bajo techo.
—No puedes quedarte solo con eso —le decía su prima—. Las lluvias evitan desastres, como las sequías.
—También los producen, existen las inundaciones.
James fruncía el ceño, ella suspiraba.
—No es tan difícil aprender a ver el vaso medio lleno, es sólo una cuestión de actitud —canturreó Molly sonriente.
El chico sacudió la cabeza pero sonrió, más para complacer a su prima que porque realmente lo sintiera. Ella se inclinó sobre la mesa del gran salón y le apretó la mano. James interpretó el gesto como uno que pretendía animarlo y sonrió nuevamente. Esta vez fue una sonrisa sincera.
Molly tenía ese efecto. Extrañamente, allí donde ella estaba el mundo parecía más feliz; como si ella fuera una llave universal para abrir y traer todas las sonrisas. Le resultaba ridículo al pensarlo, pero de verdad lo creía. Era imposible permanecer enfadado estando ella presente, incluso si el problema seguía sin poder arreglarse.
—¿Por qué no desayunas un poco? —le dijo ella suavemente—. Casi no lo has probado.
James miró su plato ya frío de huevos revueltos con salchichas. Se encogió de hombros, no es que no tuviera hambre sino que nada le atraía especialmente.
—En realidad no tengo mucha hambre. Y la hora de desayunar ya está terminando.
James señaló con la cabeza lo asientos vacíos de las mesas.
—¿No tienes clases ahora?
El menor negó una sola vez. En la sonrisa de Molly se pudo ver un dejo travieso. James le sonrió de regreso, preguntando en silencio cuál era el plan.
El chico nunca había imaginado que era Molly quien les proveía de alimentos en cada festejo del equipo de Quidditch, ni que mantenía una relación de amistad con los elfos domésticos del castillo.
Pero allí estaban los dos, sentados junto a la chimenea de las cocinas, rodeados de los sonrientes elfos. Con un plato rebosante de sándwiches calientes de queso. Los dos riendo, Molly contando las más divertidas historias, James olvidando todo su mal humor.
