Personajes: James S. Potter y Roxanne Weasley

Rated: K+


Murciélagos

Se suponía que debía estar durmiendo. Lo había intentado, honestamente, pero al cabo de un rato se había cansado de dar vueltas entre las sábanas, enredándose.

Sin poder contenerse suspiró, el aviso que le quitaba el sueño permanecía colgado en el tablero de anuncios de la sala común. James levantaba la vista de tanto en tanto, para poder verlo, dudando por primera vez.

La sala común, completamente vacía, se iluminaba con la luna que asomaba tras la ventana, y las brasas que quedaban en la chimenea le proporcionaban aún un poquito de su calor. La escoba de carrera descansaba en su regazo, con un paño la lustraba, como si eso le diera un poco más de seguridad.

Miraba el cartel, miraba su escoba, pensaba, hesitaba. ¿Qué hacer?

Pasos a su espalda le obligaron a erguirse, se frotó un poco la cara para no parecer preocupado. No quería que nadie notara aquel breve instante de incertidumbre tan impropia en él.

—¿James?

Una voz somnolienta, suave, seguida de un bostezo abierto.

El aludido se giró. La silueta que cortaba la luz de la luna, proyectando su sombra a lo largo de la sala común, le devolvió la mirada. Roxanne Weasley, con rizos despeinados y ojos vidriosos del sueño, arrastraba por el suelo un viejo oso de peluche gris con el ojo izquierdo colgando de un hilo. James le sonrió, era tan bajita que no parecía tener once años.

—¿Qué haces levantada a estas horas?

Ella alzó las cejas como sorprendida.

—No estoy levantada. Esto es solo un sueño —su voz se volvía cada vez más extraña, como siguiendo las falsas imitaciones de los fantasmas en las películas muggles que Teddy les hacía mirar—. Un sueño. Estás dormido. Esta no es la verdadera Roxanne.

James dejó a un costado el paño con el que lustraba su escoba, riendo.

—Fue un buen intento. Casi caigo. Sigue practicando, la próxima vez seguro que me atrapas.

Roxanne rió en dos notas exageradas y para nada sentidas, casi sarcásticas. Se acercó a la butaca junto a James y se dejó caer en ella, abrazando al oso gris como si fuera la primera vez. A James le dio ternura el recuerdo, un peluche viejo que él estaba dispuesto a tirar, una pequeña Roxanne que lo iba a extrañar y la solución al problema, un regalo de cumpleaños perfecto.

—¿Qué es lo que estás haciendo tú a estas horas?

—No lo sé. Estaba soñando que lustraba mi escoba y de pronto aparecí aquí, creo que soy sonámbulo.

Roxanne lo observó con ojo crítico por un instante, arrugando un poco el ceño, como evaluando algo.

—Sí. Definitivamente te robaré esa broma. Seguro que algún prefecto la creerá.

James sacudió la cabeza levemente y la observó por un momento mientras ella ponía los brazos en jarras, esperando.

—Está bien, te lo diré —Roxanne se acomodó frente a él y lo miró, expectante. James suspiró y cerró fuertemente los ojos—. Estoy empezando a dudar, noquieropresentarmealapruebadeselecciónynoquedar.

La niña hizo una mueca.

—No puedo entender lo que dices si hablas raro.

El chico se removió nervioso.

—Es sólo que… me pone nervioso la idea de presentarme a las pruebas de selección y no quedar, no quiero fracasar, no poder jugar al Quidditch sería horrible —suspiró abatido—. No sé por qué. Me da miedo. Y no puedo permitirme eso. Soy un Gryffindor.

—¿Y qué? —Inquirió ella—. Yo también soy Gryffindor y tengo miedos.

—¿Qué puede darte miedo a ti si todo lo que te rodea se hace tu amigo inexplicablemente?

Roxanne se rió como una pequeña ardilla. James sonrió, sincero. Pero ella se puso seria, abrió grande los ojos y se acercó a él, cautelosa.

—Tengo pesadillas —le dijo—. Es horrible y me da miedo. Son… —hizo una mueca, esperó y cubriéndose la boca como cuando se cuenta un secreto, susurró—. Murciélagos. Salen de tu nariz como mocos. Es un maleficio. Eso puede pasarme. Además, mi papá dice que tía Ginny es la mejor en ese maleficio. Podría pasarme a mí, a ti, a todos.

Se estremeció de pies a cabeza. James luchó por no reír.

—Mi mamá no va a embrujarnos —tras decirlo, le dio un escalofrío—. Espero —ella alzó las cejas en señal de incredulidad. James sacudió la cabeza deshaciéndose de la espantosa idea—. De todas formas, eso es bastante diferente.

—Claro que no lo es. Tanto lo mío como lo tuyo se llama miedo, y a ese miedo solo hay que pasarlo por arriba y pisarlo un poco. Así lo dejas atrás y asunto resuelto.

La chica se puso de pie, sacudió las manos como quitándose polvo y tomó la escoba para luego acercarla abruptamente al rostro de James.

—Así que recuerda eso cuando patees el suelo para elevarte, hazlo fuerte. Patea con ganas, y verás cómo el miedo se aleja junto con la tierra a tus pies.

James se quedó sin habla, la miró asombrado y elevó el brazo para tomar su escoba.

—La verdad es que para ser tan pequeñita, puedes dar muy buenos consejos.

Roxanne agitó sus rulos con soltura y fingida elegancia.

—Claro que sí —exageró al hablar—. Soy hija de Angelina y George Weasley, ¿sabías? Siempre tengo algo genial para decir.

James soltó una carcajada.

—Sí, sí, claro que lo tienes. Porque eres genial.

Estiró su brazo, la mano cerrada en un puño. Ella se estiró, también, y chocó el puño con el suyo, sonriente.

—Estoy completamente segura que te irá de maravillas en la prueba —James rodó los ojos—. Iré a animarte personalmente en cada partido, es una promesa.


¡Muchas gracias por leernos!

Esta colección estará en pausa por el momento. Quisimos crear este proyecto de one-shots para introducir nuestra visión de los personajes de la nueva generación. Escribiremos más sobre ellos en un long-fic que esperamos subir pronto.

¡Hasta la próxima!

Olivia and Lils.