MADRE E HIJO
Hola aquí regrese con una nueva entrega. Es un capitulo menos intenso que los anteriores pero necesario. En los anteriores se presentaron los puntos de vista de los padres, ahora es el turno de presentar al pequeño, saber quien es para ir preparando el rol que jugara en el desarrollo de la historia. La historia se retoma al inicio del capitulo anterior, cuando Matsuri despierta "agitada" tras recordar a Gaara y su hijito la sorprende llorando. Es un capitulo mediano je! Esta vez no me extendí demasiado. Les adelanto que no habrá nada de Lemon en esta entrega (lamentablemente).
No olvidemos que al mundo le falta amor y que mejor que el GAAMATSU para cubrirlo de amor, suspiros, besos y mas amor. Miles y millones de gracias a quienes dejaron sus reviews son inspiradores y además que me animan a seguir con esta historia.
Por ultimo pedir loas, aleluyas para Kishomoto-Sama y que escuche nuestras plegarias y haga al GaaMatsu canon (el es The Boss puede hacer lo que se le ocurra).
Sin más explicaciones les invito a leer.
Matsuri tenia una vida muy ajetreada dividida entre ser madre y trabajadora como les pasa a la mayoría de las mujeres cuando asumen su maternidad y mas en su caso tratándose de una soltera y sin un núcleo familiar que le apoyase.
Su jornada iniciaba muy temprano, antes que aclarase todos los días se levantaba a las 4:30 am para sacar sus animales del corral y llevarlos a pastar a un bofedal cercano a su casa. Regresaba para despertar a su pequeñito a las 5:30 y llevarle a entrenar a unas dunas cercanas al oasis donde se encontraba el caserío donde residían, su niño desde los pocos minutos de nacido había demostrado tener un chakra muy fuerte: su piel se comenzó a cubrir con granos de arena, ella lo atribuyo a las condiciones adversas que rodearon su nacimiento, pero después se dio cuenta que su hijo estaba formando su propia defensa absoluta que al igual que su padre que le protegía de las inclemencias y toda clase de accidentes propios de la infancia y no solo era protección; cuando lloraba a su alrededor la arena formaba un vórtice, como si estuviese lista para atacar.
Por lo mismo apenas pudo comenzó a entrenarlo, primero como un juego hasta enseñarle jutsus de control de arena que tantas veces contemplo embobada realizar a Gaara. Claro que ahora no se trataba de actuar como enamorada, era necesario enseñarle a su hijo el controlar su poder para evitar hacer daño a los demás, más ahora que su fuerza se había incrementado notablemente desde hacia unos meses atrás.
Después de entrenar duramente, iban a bañarse en un estanque de regadío que estaba a las afueras del caserío, cuando estaba despuntando el sol, sin importar si era invierno o verano. Se lanzaban a bañarse y aprovechaban de nadar un poco. Ya aseados iban a su vivienda a tomar desayuno.
A las 8 de la mañana Matsuri se dirigía con su pequeño hasta la plaza del caserío donde habían unos grandes arboles que daban sombra. Ahí se reunían con otros niños y jóvenes que recibían sus primeras lecciones de lectoescritura y matemáticas básicas. Hasta la llegada de Matsuri al lugar los niños crecían en la mas absoluta ignorancia, su única oportunidad de educarse era ir a Suna que quedaba a tres días de camino a través del desierto infernal, la gente en su mayoría muy pobres e ignorantes, mas preocupados en sobrevivir día a día no tenían ninguna posibilidad de enviarlos lejos a estudiar ni tampoco le veían la importancia de hacerlo.
Ella desde prácticamente su llegada había puesto manos a la obra para revertir esa situación y había comenzado a instruirles escribiendo primero en el suelo, para posteriormente conseguir papel, lápices y algunos libros usados. En un principio fue difícil convencer a los pobladores acerca de la importancia de instruir a los niños, pero finalmente comenzaron a ceder al notar los resultados en los primeros niños educados.
Era así como en cinco años, muchos niños y también algunos adultos habían aprendido a leer y a tener nociones básicas del uso del dinero. También aprovechaba de instruirles en de taijutsu, uso de armar blancas para su autodefensa, sobretodo a las mujeres y niñas, esas clases al principio eran al medio día mas con la llegada del generador de electricidad, su horario se traslado para la noche cuando refrescaba y podían participar de ella no solo los niños sino que también los adultos.
Las cosas habían comenzado a cambiar lentamente desde la llegada de Matsuri al oasis. Antiguamente era muy poco frecuente la presencia de forasteros; la paz y la bonanza conseguidos tras la guerra habían impulsado a muchas personas a viajar y a explorar nuevos lugares así también la minería lentamente comenzaba a despegar como antaño con el tercer Kazekage. Pero también atrajo a gente malvada cuyo objetivo era hacer daño. Por eso la presencia de Matsuri en el lugar se volvió fundamental para mantener el orden en el caserío. Todo eso lentamente trajo progreso y mejora de las condiciones económicas del lugar pero también atrajo a más de un problema.
Después de terminadas las clases almorzaba junto con su pequeño. Dedicaba la tarde a las labores domesticas y atendía su huerta al bajar la intensidad del sol, mientras que su pequeño en todo momento le acompañaba ayudándole o simplemente jugando cerca de ella. Alrededor de las 17 hrs se abrían las compuertas de los canales de regadío, a esa hora ella iba a recoger a sus animales y de paso aprovechaba de entrenar a su pequeño nuevamente hasta que cayera el sol, bajaban con los animales al corral y de ahí se dirigían a la plaza para la clase de defensa personal que impartía a grandes y chicos del caserío.
Después de asearse cenaban y después su pequeñito se acurrucaba en sus brazos para escuchar atentamente las historias que ella le contaba. El era muy preguntón y como no tenia mas referencia familiar que su mamá, pedía le contara una y otra vez acerca de su familia, de Suna, de Konoha (le parecía sorprendente un lugar rodeado de arboles inmensos) del mundo Shinobi en general.
El aun era muy pequeño pero soñaba con ser un ninja y no cualquiera: deseaba ser el mas fuerte, aunque su madre le insistía que habían muchos mas fuertes que su mamá; desde que había cumplido cinco años soñaba con ser Kazekage (lo que resultaba particularmente perturbador para Matsuri) esa idea se le instalo en su corazón al observar a su mamá trabajando con los lideres del lugar, cuando habían emergencias como incendios o cuando se inundo el oasis durante una crecida del rio o como desde poco tiempo atrás gracias a una carta escrita por ella, habían conseguido un generador para el caserío que les permitía iluminar sus calles por las noches.
Esas cosas hacían que su admiración por ella creciese pero también le hacia desear poder hacer aun mas cosas, por eso desde el momento que el le pregunto a su madre quien era la persona que estaba a cargo de todo ella le dijo que el Kazekage, desde ese preciso momento deseo llegar a serlo, cosa que a ella le alteraba en extremo; por mas que lo negase su hijo manifestaba de una y mil formas los mismos gusto e intereses que su padre; ella le trataba de desmotivar diciéndole que todos ellos terminaban muertos de forma violenta, le decía que era un trabajo con mucho riesgo, que jamás podría hacer lo que quisiera. Pero ni aun así el niño se desmotivaba en su sueño.
Después de sus largas charlas nocturnas, se quedaban dormidos abrazados en el futón con el prendido a su pecho; aunque era muy grande Matsuri todavía mantenía la lactancia, principalmente porque el no tenia ninguna vacuna y la única forma de protegerlo era a través de su leche que tenia sus defensas.
A pesar de esos cuidados hacia menos de un año había pasado por el peor peligro de su aun corta vida. Un forastero llego al caserío muy enfermo de sus pulmones, tosiendo flema con sangre y fiebre alta, el hombre falleció a las pocas horas pero su estadía fue suficiente para contagiar a muchos de los mas pequeños del poblado entre ellos a su hijo. A pesar de todos sus cuidados el pequeño tenia muy inflamada su garganta y apenas si respiraba, ni siquiera era capaz de tragar su saliva y hervía en fiebre, solo una acción extrema y radical por parte de Matsuri evito que su pequeñito fuese contado entre los muertos del lugar.
Dentro de los forasteros, también llego uno muy peculiar pero en su caso no era un extraño, sino que era nativo del lugar y después de años de estar lejos y errante había decidido regresar a su desierto a vivir tranquilo, discretamente para evitar ser cazado y terminar encerrado en una tetera o unido de forma mísera a un humano. Ese era nada menos que Shukaku, quien se sorprendió muchísimo de encontrarla en tan abandonado lugar y con una pequeña cría colgando en su espalda, la detecto durante una fiesta patronal en su honor (en ese lugar era venerado como una deidad protectora de los habitantes del desierto, pero muy vengativo si no se cumplía con sus requerimientos) donde el había ido a mirar por curiosidad , quería saber que pensaban de el las personas del lugar.
Después de estar entretenido mirando las ofrendas en carnes, frutas, bebidas y toda clase de cosas que un demonio como el obviamente no necesitaba pero la gente se apuraba en ofrendar para asegurarse que no desangrara al ganado (tipo chupacabras) o les enviase una mala cosecha, detecto un chakra y un aroma gratamente familiar, enorme fue su sorpresa verla tan delgada, míseramente vestida y con una pequeña criatura dormida en su espalda, cubierta por su aguayo. Mas le sorprendió todavía ver una profunda tristeza en sus ojos oscuros que siempre le parecieron irradiaban alegría. Espero que ella se retirase hasta su vivienda y sin invitación se deslizo por debajo de la puerta como tantas veces lo hizo antaño cuando aun era el Bijou de Gaara y salía de travesuras, le encantaba ir a charlar con ella, era la apropiada para ser la hembra de su Jinjuriki, sin fastidiarle a el. Ella jamás mostro temor alguno de ver su verdadera forma de tanuki de arena.
-¡Mat-chan! ¿Qué haces aquí?-le pregunto alegremente el ichibi.
-¿Shukaku? ¿de verdad eres tu?- pregunto Matsuri sorprendida, sin poder dar crédito a sus ojos, frente a ella estaba el Tanuki en persona.
-¿Qué haces aquí mocosa? ¿y ese crio?- el pregunto sin rodeos, ansioso por obtener respuestas.
Matsuri, sintió se quebraba. Por meses había guardado celoso silencio acerca de la verdad, pero al encontrarse con alguien a quien consideraba un amigo y ver en sus ojos una chispa de lastima mas que de curiosidad, sencillamente no soporto mas y se puso a llorar amargamente por largo rato sin poder articular palabra. El solo atino a acariciar su mejilla con su arena lo que para ella fue detonante de mas lagrimas aun; por meses no había recibido la mas mínima muestra de afecto (excepto por parte de su hijo) y en ese momento no era mas que un pobre animalito abandonado. Al mirar la criatura que lo observaba con curiosidad sentado en un corral hecho con cajones de frutas supo de inmediato lo sucedido.
-El me traiciono, se caso con otra y me desterró aquí. Me tuve que venir embarazada, pero el no sabe del bebe ni jamás lo sabrá, al menos no por mi boca- le respondió Matsuri hipando del llanto. Luego le conto todo lo sucedido entre ellos dos durante los años posteriores a su extracción.
-Lo siento mucho, de verdad lo lamento. Nunca imagine que seria así, suponía que Uds. Terminarían casados y con un montón de críos. Ese era mi plan, que trace a las pocas semanas de conocerte, era la apropiada para unirte a el sin molestarme a mi- le respondió el demonio.
-Aquí nos tienes, estamos solos, pobres como ratas pero al menos no corremos peligro de ser descubiertos- respondió Matsuri intentando parecer positiva.
-Es verdad, pero estas pasando hambre se te asoman los huesos por todos lados- el Ichibi la miraba preocupado, parecía en cualquier momento se iba a deshacer en el aire de lo delgada que estaba.
- Vamos tampoco es para tanto. Debo alimentar de mi leche a este lindo mapachito comilón - al decir esto levanto a su bebe regordete y risueño que lo miraba con curiosidad. Era todo un muñequito de cachetitos colorados, rollizo, con su cabeza absolutamente calva (Matsuri había optado de momento por rasurar su cabecita) y ojos profundamente aguamarinas.
-Es un bebe muy feo, el tanuki mas horrible que he visto toda mi vida- le dijo con diversión y una pizca de ternura en los ojos el demonio. El pequeño le extendió sus bracitos invitándolo a alzarlo. Ese gesto lo derritió, jamás el había sido requerido por nadie, siempre había sido temido y odiado, hasta ese momento quizás el único sentimiento positivo experimentado hasta ese momento había sido algo cercano al respeto.
-Admítelo, te gusta- le dijo Matsuri dándose cuenta de lo que estaba provocando su hijo en el.
-¿Sabes que deberías alejarlo lo mas posible de mi?¿te has dado cuenta que tu hijo reúne todas las condiciones para ser mi jinchuriki?- le respondió el demonio.
-Me lo imaginaba al ver su afinidad con la arena desde que nació. Pero no quiero eso para el ni para ti, es preferible que ambos sean libres ¿no?- respondió ella.
A partir de ese momento, el demonio de la arena comenzó a tomar parte de las ofrendas que le daban los humildes habitantes del desierto. El no necesitaba alimentos, pero Matsuri y su hijo si los necesitaban y con urgencia. Retomaron su amistad de largas charlas como antaño la primera noche de luna nueva de cada mes, cuando se suponía su poder era mas débil y Gaara aprovechaba de dormitar un poco, pero esos eran solo cuentos; su poder siempre era el mismo solo se incrementaba con la luna llena.
El de vez en cuando le hacia llegar diarios muy viejos con noticias de Suna que después iban a parar al fogón para alimentar el fuego. Así se entero Matsuri de que Gaara seria padre (otra vez), que su hijo nació enfermo y que falleció poco después, también se entero de su divorcio y su negativa de contraer nuevas nupcias (tampoco podría hacerlo al seguir casado con ella). Gracias a los diarios se entero que Sari ya era madre de cinco chiquillos y que Temari tenia dos hijos. Sentía temor de regresar a Suna; seria muy fácil deducir el origen de su pequeño hijo con solo ver su rostro, lo que despertaría las mas sucias ambiciones ya que Gaara oficialmente no tenia herederos, lo más probable seria es que el consejo insistiese en quitárselo por considerarla inapropiada para criarlo. Debía de idear cuidadosamente un plan para regresar a Suna y mantener su hijo fuera de peligro.
Cuando su pequeño enfermo gravemente al borde de la muerte, Matsuri estaba desesperada, el chakra de su hijo iba declinando sin que nada pudiese evitar un desenlace ominoso. Ella sabia que si su pequeño moría no tenia ningún sentido seguir siendo contada entre los vivos, no tendría sentido seguir sin el, no tenia a nadie mas ni siquiera donde ir. Estando en esa angustiosa reflexión mientras ponía paños fríos en la frente de su pequeño, el Tanuki se materializo junto a ella.
-No quiero que mueran, Uds. Han sido para mi lo que los humanos llaman familia y no los quiero perder. Lo único que puedo ofrecer es mi chakra, aunque eso signifique quedar unido a el como mi contenedor- respondió el demonio apenado. Jamás pensó que ellos lograrían despertar esa clase de sentimientos que antiguamente consideraba debilidades humanas pero que ahora sentía y le hacían mas fuerte al darle un propósito a su existencia mayor que el poder o cualquier otro motivo fatuo.
-Hazlo, solo hazlo por favor te lo ruego. Se que no lo enloquecerás como hiciste con el, dale tiempo de crecer un poco mas antes que lo ataque el insomnio o lo que sea. Pero por favor no dejes que muera- Matsuri estaba enloqueciendo viendo agonizar a su hijo, y la posibilidad de que pudiese sobrevivir aunque el precio fuese convertirlo en un Jinchuriki estaba dispuesta a pagarlo. También sabia que el Shukaku estaba haciendo un gran sacrificio al renunciar a su libertad.
-Preparemos el ritual entonces- dijo el demonio de la arena. Bajo sus indicaciones Matsuri hizo lo necesario para el ritual con mucha discreción para no atraer la atención de los demás pobladores.
Así fue como su pequeño con cinco años se convirtió en el cuarto jinchuriki del Ichibi. Al adicionársele el chakra del Tanuki, la fiebre y la inflamación comenzaron a ceder lentamente hasta lograr restablecer su salud. Para cuando el pequeño Rasa estuvo totalmente recuperado, de los niños que enfermaron solo el logro sobrevivir, todos los demás fallecieron.
A partir de ese momento, Matsuri extremo sus cuidados con su pequeño casi al borde de la obsesión, ya no solo se trataba de oscurecer sus cabellos, sus bellos ojos aguamarina se sombrearon de profundas ojeras, la gente del caserío lo atribuyo a la terrible enfermedad de la que había sobrevivido; Matsuri tenia claro que eran las marcas del Tanuki insomne en su interior, que de paso acentuaban aun mas su indudable parecido con su padre. Por ese motivo ella le consiguió unas gruesas gafas en la feria, que le hacían parecer muy miope y desdibujaban los rasgos de sus ojos, cubrían sus ojeras y también sus cejas ausentes.
No solo experimento esos cambios, también se volvió extremadamente fuerte, pudiendo lastimar a niños y adultos sin ningún esfuerzo, a tal punto que las ultimas semanas para evitar nuevos incidentes que pudiesen tener un resultado fatal, ella se había visto en la obligación de prohibirle jugar con los niños de su edad sin su supervisión.
También se había vuelto muy irritable y mas berrinchudo de lo esperable a su edad. Y lamentablemente debido a su irritabilidad e impulsividad, había cometido dos asesinatos al estrangular con su arena a unos extraños que a los que sorprendió espiando a su madre mientras ella se bañaba en el estanque. Matsuri muy asustada del tenor que había tomado su rabieta y con temor que fuese sorprendido por los lugareños con los cadáveres, le indico como triturarlos y esconderlos en la arena para no ser sorprendido.
No solo se había incrementado su fuerza y su control de la arena, con asombro había notado que su hijo también era poseedor del Keken-Genkai de elemento magnético (Jiton); era capaz de manejar el hierro y el oro habilidades que poseían Sandaime y Yondaime Kazekage respectivamente, lo que resultada mas desalentador aun para ella, parecía que por mas que escapaba el destino se empeñaba en poner las cosas en su riel y al paso que iban las cosas, era evidente que su hijo iba a requerir ser entrenado por Gaara para evitar que su poder se descontrolase terminando en una gran tragedia. Pero de momento esa posibilidad estaba descartada; por su parte no estaba dispuesta a decirle que tenían un hijo y menos de esas características a menos que fuese estrictamente necesario y ella iba a trabajar muy duro para evitar que lo fuese. Si alguna vez Gaara se llegaría a enterar de la existencia de Rasa, seria por si mismo pero ella jamás le facilitaría el acceso a su hijo ni tampoco estaba dispuesta a dárselo en bandeja a los viejos del consejo.
Pero fuera de todos esos cambios su hijo se encontraba vivo y sano. Todo lo demás podía ser manejado y tolerado, a los forasteros nadie los echo de menos, lo que fue un alivio para ella; por su hijo y su bienestar estaba dispuesta a quebrar todas y cada una de las reglas más allá del bien o el mal.
Ese día estaba siendo muy complejo. Su hijo había despertado con su llanto y eso le avergonzaba y le complicaba muchísimo, porque lo ultimo que quería era apenarlo y que se enterase de verdades dolorosas acerca de su origen y paso también poner en riesgo su estabilidad emocional.
Después de darle su desayuno partió con el y algunos de sus animales a la feria que se encontraba en el caserío vecino. Ese día tenia reunión con los dirigentes locales; después de cambiar sus animales por artículos de primera necesidad, Matsuri se dirigió a la reunión acompañada de su pequeño que iba bien aferrado a sus largas faldas, el no perdía detalle de la reunión mientras simulaba leer un libro.
Durante los últimos años, ella les había redactado cartas dirigidas al consejo porque ellos no sabían escribir y ellos firmaban con sus huellas dactilares entintadas. Gracias a esas cartas pudieron conseguir ayuda desde Suna cuando acontecieron catástrofes naturales, consiguieron un generador que permitía iluminar las calles de los caseríos del corazón del desierto infernal. La reunión de ese día era para terminar de afinar detalles para pedir un equipo medico que visitase de forma regular a los habitantes del desierto para evitar nuevos episodios tan lamentables como el acontecido recientemente que costo la vida de tantos niños. También querían pedir un maestro que instruyese a los niños y para lograr ese objetivo ofrecían construir un salón de clases y una vivienda para el maestro.
Cuando estaban por iniciar el viaje de retorno a su hogar, llego una carta para Matsuri. Traia el sello de Suna en su exterior y estaba escrita a mano por Gaara. Sintió que no seria capaz de abrirla, todo su cuerpo se volvió de gelatina, se tuvo que sentar en el piso para poder leerla.
Solo decía de forma totalmente impersonal que su misión había concluido y debía regresar dentro del plazo de quince días a Suna y entregar su reporte directamente al Kazekage por ser una misión encomendada por el.
-Mami ¿estas bien?- pregunto el niño preocupado de verla pálida y temblorosa.
-Si hijito. Solo estoy sorprendida, debemos dejar el desierto y partir a Suna-respondió Matsuri.
-¡Voy a conocer Suna!- el niño se alegro muchísimo, saltaba y vociferaba de la emoción. El lo único que deseaba era conocer Suna y todos los lugares que su madre siempre le mencionaba en sus relatos.
Regreso a informar de forma inmediata a los lideres locales que debía retornar a Suna. Estos quedaron estupefactos. Si bien al principio esa kunoichi joven, embarazada y solitaria les despertaba desconfianza, con el tiempo se fue convirtiendo en pieza fundamental de su comunidad y ahora pensar en perder su apoyo que había sido inigualable para poder mejorar las duras condiciones de vida en el lugar era algo difícil de aceptar. Matsuri les dio gracias por la confianza depositada en ella.
Los días siguientes fueron llenos de trabajo, debía dejar todo su trabajo terminado, los informes listos; al ser esta una misión de clase D, no era necesario entregar el informe de forma personal; no deseaba por nada del mundo ver el rostro del Kazekage si el pensaba iría a entregárselo personalmente se podía ir acomodando en el sillón de su escritorio. Así que llevaría los pergaminos listos, cosa de llegar y entregarlos en la portería de la torre Kazekage y olvidarse del asunto.
Por su parte Rasa estaba excitadísimo, veía los preparativos de su mamá para abandonar el desierto y no podía evitar ponerse muy ansioso, deseaba partir cuanto antes pero su mamá parecía tomarse todo con demasiada calma. Como preparativo personal, su mamá le había cortado el cabello dejándolo solo con su flequillo desordenado y se lo había oscurecido aun mas dejándoselo castaño oscuro rojizo (el sabia que era pelirrojo y que su cabello despertaba suspicacias entre la gente del lugar e imagino seria algo similar en Suna). También le había instruido acerca de esconder su fuerza y no mostrar sus jutsus de arena o su kekei genkai, debía al llegar a Suna simular ser un niño algo débil y tímido, con una miopía importante que le obligaba a usar gafas.
Su mamá le había explicado de forma simple que el era ahora un jinchuriki; en su interior albergaba al Shukaku y que gracias a el estaba vivo, sin su chakra estaría muerto al igual que los niños que enfermaron junto a el. Le explico que tenia mas fuerza y poder de lo imaginable pero que ese poder podía ser su desgracia; muchos querrían controlarlo como a una marioneta y otros tratarían de matarlo para robar al Shukaku de su interior, por eso debía de ser prudente y guardar su secreto para evitar ponerse en peligro y que ese poder si el no lo controlaba podía causar una destrucción enorme y debía usarlo para proteger no para destruir. Por eso debía tratar de pasar desapercibido, mas ahora que al regresar a Suna debería comenzar a asistir a la escuela ninja como cualquier niño de su edad y no debía levantar sospechas bajo ningún punto de vista. Su mamá le dijo que en Suna había mucha gente con ambiciones y maldad en su corazón y que no tendrían ningún reparo en separarlos si con eso ellos lograban controlar su poder, por eso ella le insistía debía pasar lo mas incognito posible.
En plazo de diez días, Matsuri tuvo todo listo para partir de retorno a Suna. Ese día los lugareños del caserío y sus alrededores organizaron una despedida para ella y su hijo al que habían visto nacer. Previo al inicio, los dirigentes de los caseríos la llamaron a una ultima reunión. Deseaban pedirle mas bien encomendarle un ultimo trabajo, querían que ella los representase en el consejo. Matsuri estaba sorprendida, jamás imagino que esas pobres gentes tenían derecho a ser representadas, ellos le dijeron que hasta su llegada jamás le habían visto la importancia, pero que ahora era fundamental que ella los representase para mejorar las duras condiciones de vida en el desierto. Matsuri acepto sin dudar, con solo 24 años iba a ser parte del consejo, el mismo que la desprecio por ser poca cosa, sin dinero ni contactos. Ella les iba a demostrar a todos de lo que era capaz.
cuando llego el momento de partir, Matsui entro por ultima vez al que fue por años su hogar; paredes construidas piedra sobre piedra, un fogón donde cocinar y abrigarse, techo de paja brava, apenas si tenían una sola habitación que les servia de comedor, sala de estar y dormitorio. experimento sentimientos encontrados al ver por ultima vez la pequeña vivienda; había llegado, sola y triste; ahora se iba junto a su hijo que era el amor de su vida y con el corazón llenito de amor (no solo el de su hijo) sino por todo el cariño que había recibido por parte de ellos.
Cumplidas todas las obligaciones, Matsuri acompañada de su pequeño que correteaba a su alrededor inicio el viaje de retorno a Suna. Para evitar el calor partieron antes del amanecer a las 4 am, a las 10 am se detuvieron a descansar buscando la sombra entre unos roquerios para dormir una siesta y capear la radiación del medio día. No había apuro, quedaba un largo camino por recorrer.
Tensa Espera
Después de enviar la carta con la orden de retornar, Gaara todos los días requería saber si ella había llegado o no a los guardias de punto fijo en la entrada del desfiladero. Tenia mucha impaciencia moría de ganas de verla, se sentía tonto como un adolescente. Cada día que pasaba se hacia mayor su ansiedad, parecía ella no tenia apuro por regresar y la perspectiva que ella no regresara sola lo aterraba. Sabia no tenia ningún derecho a pedirle fidelidad, pero a pesar de todo lo acontecido y el tiempo transcurrido el la seguía sintiendo suya, en su corazón ella era la Señora Sabaku No.
Espero les haya gustado. De los siguientes capítulos les puedo adelantar que la historia va a entrar en un punto de conflicto y se viene lemon, lemon y mas lemon. Claro que no será un lecho de rosas para ninguno de ellos. Le quería aclarar algunos términos:
Bofedal: zona en el desierto donde hay una vertiente de agua y pastizales, sin llegar a ser un oasis (es muy pequeño). Pero sirve para llevar a pastorear a los animales.
Aguayo: tela con que las indígenas del desierto y el altiplano cubren a sus hijos permitiendo el porteo. Pasan la mayor parte del día acompañando a sus madres en sus tareas.
Espero sus comentarios, aportes y criticas. Todo es bienvenido. Recuerden " todo nos impulsa hacia adelante incluso una patada en el trasero". Besos virtuales y gracias por leer.
