¡Holaaa! Como andan? Bien? Bueno! Aquí les dejo otro capítulo de este fic!
Disclaimer: Los personajes no son míos les pertenecen a sus respectivos dueños.
Uufff! Me duele escribir desde aquí en adelante, porque en pocos capítulos ya termina... Snif... Bueno, disfruten mucho leyéndolo!
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Capitulo 12: Y juntos caeremos
-Bueno Eggman para ser tu primera vez no está nada mal.
-¿Tú crees Brigitte? -El doctor se refregaba sus moretones en sus brazos.
-Tal vez te excediste cuando le pegaste una patada en los bajos a Sonic. Y después se descontroló todo, pero fue divertido. Las patadas de Rouge duelen bastante ¿Eh?
-Por cierto ¿Donde está Ana?
-Está en su cuarto. Knuckles le llevó pluma y papel, tal vez quería escribir algo.
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La francotiradora admiraba desde abajo el paraíso flotante a solas. La noche le dificultaba verlo bien pero se daba cuenta que era un lugar hermoso. Por ordenes del coronel, tenía que esperarlo hasta que aparezca según lo que dijo Zero. Se refregó su frente al pensar lo que pasaría después.
-Si preciosa, es hermoso como tú.
-¿Alguna vez funciona eso Nack? -Dijo Widowmaker escuchándolo acercarse.
-Las chicas de por aquí si, en tu mundo tal vez no sé... Háblame de tu lugar, seguramente antes del régimen era un lugar habitable.
-Lo era una vez. No era tan verde como aquí pero si... Solía ser un lugar hermoso, como yo según tú.
-No iba a decir nada Widowcita jeje ¿Que crees que hará Bahamut aquí? -La comadreja cambió de tema.
-Nada bueno. -Respondió seriamente.
-Va a enfrentarse a la tribu más vieja de aquí. Tendrán arcos y flechas pero eso los hace más temibles. -Nack soltó un gran suspiro. -Seee. Es una pena lo que pasará después.
Los dos no eran tontos como para saber lo que vendrá. Widowmaker tenía a unos pasos a las únicas personas sobrevivientes de la Masacre de Egipto, y ahora sin Overwatch ni resistencia, Bahamut los aplastaría para siempre. Ese dolor volvió otra vez, no tenía su mochila para inyectarse aquel liquido que calmaría por un rato esa molestia. Zero estaba ocupado calmando a sus hermanos y Nack se fue caminando solo. Nadie se percataría de su ausencia por un rato. Tomó valor para hacer lo que no pensaba hacer.
No le costó mucho subir a Sky Sanctuary, tuvo que subirse a un árbol para que el gancho llegara a clavarse. Aprovechando que era de noche, los guardias equidnas les sería difícil verla escabullirse por sus narices. La francotiradora evadió una patrulla de cuatro guerreros armados con lanzas y torres con arqueros. La luz de la Luna no era lo mismo que la del Sol pero revelaba lo hermoso que era el paraíso flotante. Widowmaker seguía su instinto, no sabía donde Ana, Brigitte o Vectorman estarían. Desde una esquina oscura miraba las chozas y los templos de piedra donde podrían alojarse. Venía en son de paz, no era necesario eliminar equidnas para avanzar por las calles. El entorno era ventajoso para la francotiradora, y era muy fácil eludirlos, de noche.
Ana se encontraba sentada escribiendo en su idioma natal, de derecha a izquierda. Se la veía desaminaba por las palabras que escribía en el papel que le entregó el líder tribal. Sintió una brisa suave entrar por la venta, acompañado de un aroma natural. Sin darse vuelta, se atrevió a hablar.
-Sabes que si te ven puedes no regresar. -Ana después de eso, se levantó de la silla quedando frente a frente con Widowmaker.
-Puedes escucharme o llamar a los guardias. Haz lo que tu quieras.
-¿Puedo... Puedo abrazarte? No hay crimen en eso.
Widowmaker asentó levemente. Sintió los brazos de Ana envolviéndola por completo, excepto que no respondió el abrazó. También sintió que su hombro se humedecía. Después de unos minutos, la egipcia retrocedió y con su manga se limpio el ojo.
-¿Que quieres decirme Amelie?
-Hzzz... Bahamut ganará, y lo sabemos. No va a parar hasta verlos muertos, y quiero evitar eso.
-Aún no sé como sigues con ese hombre después de lo que te obligaron a hacer. Viste como tus compañeros caían, tienes la oportunidad de ayudarnos, de ayudarte. Hazlo por ellos, por mi, por tu esposo Gerald.
-No... No lo nombres por favor. ¿Quieres pasar lo mismo que en Egipto? Escapa Ana, vete lejos.
-¿A donde? Ya no hay lugares donde esconderse.
-Estás condenando a un pueblo inocente. -Dijo Widowmaker.
-Desde que Bahamut tiene los planos del Transportador Dimensional, cualquier mundo está condenado... Amelie escucha, tenemos una oportunidad de vencerlo de una buena vez. Tenemos que aprovechar que está solo, sin Gabriel ni Joe, sin Sombra ni Akande. Si lo matamos, ellos se volverán débiles.
-Pudo manipular a esta gente y sus aliados crecen. Ya tiene a Zero ¿Quien mas sigue? No seas estupida mujer.
Ana quería bofetearle para que despierte, pero no lo hizo. Sabía que se avecinaba una batalla e intuía que algo pasaría. Agarró el papel que terminó de escribir, lo enrolló y esperó a que la francotiradora lo tome.
-Viendo como van las cosas, esta carta es para m hija. Si la llegas a ver... ¿Quieres dársela? Por lo menos haz eso por mi.
-La última vez que la vi, subía a un camión. Si regreso a la Tierra, o no, se la daré o... Se la leeré.
-Pelearé por ella... Y por ti, Amelie. Sé que eres aquella francesa encantadora en el fondo. Haré que vuelvas. Te lo prometo.
En su frio y duro corazón, Widowmaker sintió una punzada. La muerte llegaría y viendo la cara de Ana, era en cualquier momento. Para no destrozarla más de lo que estaba, la francotiradora agarró el pale enrollado, y se lo guardó en su funda. No había nada más que hacer, así que, ella regresó por donde vino y antes de saltar, miró por unos segundos a Ana. Luego Widowmaker se lanzó por la ventana. La egipcia no notó que la puerta se abrió, y mucho menos que el mismísimo Knuckles esté apoyado en el marco.
-Knuckles yo... -La mano del equidna hizo que ella parara de hablar.
-La vi entrando. Se notaba que no tenía intenciones malas. Ella ¿Te disparó no? En el ojo digo. -Dijo Knuckles señalando su el parche.
-No sé si fue ella, pero su dedo jaló del gatillo. ¿Que escuchaste?
-Todo Ana. Entiendo la preocupación de ella pero si no era ahora, Bahamut llegaría después. De todas formas, lo íbamos a enfrentar.
-Dijo que llegaría pronto. -Ana lo dijo preocupada.
-Entonces... No hay tiempo que perder.
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-¡AAAHHH!
Brigitte nuevamente entrenaba con los Chaotix en el templo. El cocodrilo aprendía los movimientos de la chica, estudiando cada giro para poder contraatacar al igual que el camaleón. Eggman por otro lado estaba en una esquina, estirando sus piernas y brazos para seguir con su ahora rutinaria vida. Aún tenía esos moretones en sus brazos pero Knuckles le entregó una crema hecha de hierbas que disminuía el dolor y la hinchazón.
-Eh Eggman ¿Puedo hablar contigo? -Preguntó Ana acercándose.
-Si claro mujer, después de que me den otra paliza.
-¿Puede ser ahora?
-... Bueno, está bien. ¡Sonic ya vuelvo! -Le dijo al erizo que igualmente se estaba estirando.
-¡Okey golpes bajos, pero vuelve rápido! -Le respondió el erizo azul.
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Los dos caminaban por las pobladas calles de Sky Sanctuary, viendo como loa equidnas compraban productos naturales para la comida de este dia. La presencia de los guerreros en cada esquina puso nervioso al doctor ¿Knuckles se percató de algo? El aire a guerra se sentía en el aire.
-Eggman, en la noche ayer, Widowmaker entró a mi cuarto.
-Espera ¿Que? ¿Y no la vieron? Hubieras llamado a alguien. -El doctor movió sus manos sorprendido.
-Si quería asesinarme no estaría aquí. Me dijo que Bahamut ya viene.
-¿Y dijo que nos tenemos que ir? Me quedaré aquí y voy a demostrarle quien manda.
-Wow tranquilo tigre. Si, todos queremos un poco de justicia ¿No crees? -Le dijo la mujer. -Eggman... Sé que empezamos mal pero, no voy a negar que fue bueno conocerte.
-¿Te estás despidiendo? Oye Ana, no puedes morir. Tienes amigos aquí, y ganaste más tambien. Y...
-¿Si..?
-Y no me gustaría perderte. ¡Eh no me malinterpretes! Tuvimos nuestros altibajos y todo eso pero no pienses así mujer.
-Sonic tenía razón...
-¿Que tenía razón esa rata azulada?
Ella solamente rió. -Tu sabrás... ¿Eh...? ¿Escuchas eso?
-¡Si! Parece un... Helicóptero.
Un vigía en una torre dio el aviso de que un objeto metálico se acercaba. Los guerreros equidnas fueron hasta la puerta donde el helicóptero descendía y las hélices bajaban su velocidad. La compuerta se abrió y al mismo tiempo, el comandante Shadow bajaba junto con pequeño grupo de sus fuerzas militares. Un guardia tribal se acercó al erizo oscuro pero éste no se detuvo.
-Tu jefe, Knuckles ¿Donde está?
-Mi señor se encuentra ocupado. -Le respondió el guardia.
-Desocúpalo, tengo que llevar prisionero ¡AHORA!
El grito de Shadow hizo que los guerreros equidnas levanten sus afiladas lanzas contra él y su grupo de GUN. Entre gritos, el comandante exigía que se les entregara a los enemigos rebeldes del coronel Bahamut. Eggman conociendo bien a Shadow, sabía lo que pasaría. Tomó la mano de Ana y la regresó al templo con los demás.
El líder tribal Knuckles se movía entre sus guerreros, ordenando que bajen sus lanzas, y lo hicieron. Él y Shadow quedaron frente a frente.
-Desde que tienes el cargo de comandante tus modales los tiraste por la basura.
-Knuckles vengo a llevar a los insurgentes ante Bahamut. Entrégalos y no sufrirás daño.
-¿Que te prometió? -Preguntó desafiante el equidna.
-Se iría.
-¿Y le crees? Eres un idiota si piensas que va a cumplir su promesa. Tendrías que haberlo destruido cuando podías.
-Lo pensé y tuve muchas oportunidades pero si lo llegaba a tocar, iba a iniciar una guerra, una guerra dimensional. -Shadow estaba a punto de golpearlo.
-La guerra vino cuando el coronel puso un pie en Central City. Si, esos rebeldes me contaron todo. Él es el enemigo, no ellos. Cúlpalos de haberlo traído a Bahamut pero ellos huían, para vivir.
-Y nosotros viviremos si les entrego a los insurgentes. Knuckles, apártate, o le digo a mis hombres que te aprisionen. Contaré hasta diez. ¡Uno!
-No voy a ceder Shadow.
-¡DOS!
-Podemos vencerlo.
-¡TRES!
-¡Señor, ordene y acabaremos con estos! -Dijo un guerrero alzando su lanza, y sus compañeros lo siguieron.
-¡CUATRO!
-¡Bájenlas! ¡BÁJENLAS! -calmó Knuckles a sus hombres.
-¡CINCO!
-Envíe mensajeros Shadow...
-¡SEIS!
-¿Sabes que escribí...
-¡SIETE!
-El llamado de guerra.
-¡OCHO!
-No va a ver paz si Bahamut...
-¡NUEVE! Uno mas Knuckles, y tus equidnas verán sangre.
-... Si Bahamut no es derrotado. -Finalizó el líder rojo.
-... ¡DI...! ¿Eh...?
Shadow dejó de contar. Al igual que él, Knuckles también sentía un zumbido, como de motores... Motores de naves.
Vehículos aéreos de guerra subieron hasta Sky Sanctuary, los mismos con los que el coronel había llegado. Las naves rodearon cada extremo del paraíso flotante, alertando a la población y a los guerreros equidnas llamando al grito de guerra. Las torres se llenaron de arqueros, algunos techos se llenaron de balistas y ballesteros ante la amenaza.
-Bahamut... Bahamut te siguió, Shadow...
El erizo oscuro sintió la mirada penetrante del líder equidna.
La nave nodriza se posó frente a la entrada principal de Sky Sanctuary. De la escotilla superior, salió el mismísimo coronel liderando a su gente y ordenando por radio a que sus naves estén listas para disparar al escuchar su voz. Bahamut, había llegado.
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Continuará...
