Centripetal Force
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Summary: La guerra de bromas continua y la relación de Victor y Yuuri llega a un crucial e inevitable punto.
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Fic escrito por: braveten
Traducido por: Lilaluux
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Capítulo 4: Trágicos Rasgos
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Victor golpetea el bolígrafo durante el examen.
Empieza de manera silenciosa y luego se convierte en una repetición desagradable, la chica sentada a su lado le da tal mirada que bien podría abrirle un cráter en el pecho. Coloca el bolígrafo sobre la mesa de su silla y descansa su barbilla sobre su palma, baja la vista y mira fijamente los minúsculos números. Bien. Él puede hacerlo. Física, simple física. Todos aprueban física. La física es fácil.
(A Yuuri le gusta la física. Yuuri encuentra la física de lo más interesante.)
Nombra la fuerza que actúa sobre una bicicleta. Múltiple opciones, pero es una de esas odiosas opciones con sus números romanos que hacen que Victor quiera rasgar el papel. Piensa en la demostración de Yuuri, piensa en Yuuri debajo de él, con sus labios entreabiertos, con el brillo inolvidable de sus ojos…
—Les quedan cinco minutos —el sonido de los tacones de la profesora mientras camina por la parte frontal del auditorio hace eco por todo el salón.
Victor hojea el resto del examen, encerrando cualquiera de las respuestas que él considera mejor. No cree que lo esté haciendo mal. La mayoría de los términos son reconocibles, las preguntas en sí no son tan desafiantes. Sin embargo piensa en cuan increíble sería mostrarle a Yuuri una calificación perfecta, tener a Yuuri envolviendo sus brazos alrededor suyo con deleite, tener…
El sonido de los tacones se detiene.
Victor alza la mirada, ve a la profesora Baranovskaya mirando directamente en su dirección. Él vuelve a enfocar su atención en su examen, encierra unas cuantas respuestas más en la planilla de respuestas. Unos minutos después, el tiempo se acaba, y él entrega su examen, con la profesora todavía dándole una mirada suspicaz cuando él sale del auditorio, con otros chicos siguiéndole los pasos.
Deja caer su patineta sobre el pavimento tan pronto se encuentra afuera, haciendo su camino de regreso al dormitorio para darle un informe detallado a Yuuri. Sin embargo, antes de que pueda atravesar las puertas, Victor capta un vistazo del muchacho alejándose del edificio, con su mochila roja colgada sobre su hombro. Victor presiona un pie sobre el pavimento, impulsándose hacia adelante y deslizándose a su lado.
Le toma un momento a Yuuri percatarse que hay alguien a su lado. —¿Victor? —instantáneamente su sorpresa es remplazada con una cálida expresión, una sonrisa juega en sus labios, una que Victor imita sin vacilar—. ¿Cómo te fue? Justo ahora estoy yendo a juntarme con Mila y Phichit para almorzar, si quieres vienes.
Victor se agacha y recoge su patineta, la sostiene bajo un brazo mientras caminan. —Eso sería genial.
—¿Lo recordaste todo? —pregunta Yuuri.
Una pausa, Victor no puede evitar más que recordar la lección tan íntima que él había recibido la noche anterior. A juzgar por la forma en que la lengua de Yuuri humedece sus labios, supone que también el mismo recuerdo estalla dentro de su mente.
—Gracias a ti —responde Victor, y ve como Yuuri inclina su cabeza a un lado, modesto. —Supongo que ya no tendré que abandonar la clase.
Sus hombros se rozan uno contra otro mientras caminan. —Para que conste, si obtienes una buena calificación, me deberás al menos cinco horas más de tutoría francesa.
Victor cree que eso es un trato más que justo.
~•~ ~•~ ~•~
Unos cuantos días después, cuando Victor despierta, le llega el olor de un té.
Y es un lento proceso, el salir de la cama en esta particular mañana. Primero, rueda sobre un lado, luego sobre su espalda, y el ciclo continúa por unos cuantos minutos más hasta que se toma la molestia de abrir los ojos, bizqueando en respuesta a la luz del sol. Después mira al otro lado de la habitación y ve a Yuuri, quien para su sorpresa ya está despierto y vestido, con unos pantalones holgados y una remera negra.
Bosteza, estirando sus brazos y cambiando de sitio hasta quedar apoyado sobre sus codos, las sabanas se deslizan por su abdomen. Yuuri se da la vuelta, sus ojos lo escanean de arriba abajo antes de posarse sobre los de Victor. —Buenos días —hay una sonrisa suave jugando sobre sus labios, y Victor piensa que esa es posiblemente la mejor forma de despertar.
—Buenos días —le saluda Victor, su voz saliendo más áspera de lo que pretendía.
Yuuri parece recordar algo, toma una taza color beige que está sobre su escritorio y se la enseña. —Te traje un té. Y un pan bagel. Si se te antoja.
Victor mira con ojos entrecerrados el té, tratando de saber si Yuuri está bromeando. Pero entonces Yuuri le alarga el té y Victor toma un pequeño sorbo. El sabor es tan abrumador que afecta sus sentidos y él colapsa sobre su almohada, satisfecho. —Esto es magnífico. —y es ahí que Victor se percata que esta es la primera vez que Yuuri se despierta antes que él. También se percata de que no sabe por qué su roommate tan amablemente se tomó la molestia de comprarle un té y un pan bagel. Sin embargo, no cuestiona ninguna de estas cosas.
—El pan bagel está en una bolsa sobre tu escritorio —le dice Yuuri antes de subirse a su propia cama, siendo rápidamente monopolizado por alguna cosa en su teléfono.
Después de que Victor se termina el té y el pan bagel, toma unas cuantas prendas de su cómoda y se dirige al baño para tomar una ducha. Como todavía está exhausto, mantiene sus ojos cerrados, encarando la ducha, esperando que el golpeteo del agua lo despierte del todo. Funciona, hasta cierto punto. Luego, sale de la ducha, agarra su blanca toalla del toallero, y con ella se seca el cabello. Retira la toalla de su cabeza, y entonces…
Algo anda mal.
La toalla está azul.
La contempla por unos segundos. Luego baja la mirada hacia sus manos. Están normales, su piel está normal, ¿entonces cómo…?
Victor se mueve hacia el espejo, limpia el vapor hasta que su reflejo queda claro.
(Sus pulmones dejan de funcionar.)
(Da un paso hacia atrás por instinto.)
(Observa.)
—Yuuri.
No hay respuesta. Vuelve a repetir. —Yuuri.
Victor se apresura a envolver una toalla sobre sus caderas, abre la puerta del baño y observa alrededor. Yuuri se ha ido. Él se fue. Victor no está sorprendido –probablemente Yuuri huyó del dormitorio en el momento en que escuchó la llave de la ducha abrirse. Y entonces Victor cae en cuenta. El té, el pan bagel.
Victor vuelve a mirarse en el espejo, desliza sus dedos por su pobre, cabello azul. Luce terrible. Horrible. Cada desafortunado estilo de cabello que alguna vez haya tenido palidece en comparación a este. Su cabello sigue goteando y creando manchas. Le rocía más agua encima pero sólo el exceso de tinte es lo que sale. El color en sí no se va. Regresa a la ducha y abre la llave, con desesperación jala las hebras de su cabello, pero de nada sirve.
Se coloca su ropa interior, luego sale hacia el dormitorio, toma su teléfono que está sobre su almohada y marca un número muy familiar. Tan sólo suena una vez antes de ser contestado.
—Yuuri —Victor pone la voz más gélida que puede hacer.
Se escuchan risitas apenas disimuladas al otro lado de la línea –pero son de dos personas, no de una. Phichit debe estar con él. —¿Sí? —contesta Yuuri con inocencia.
La risa de Yuuri es molestamente contagiosa, así que Victor lucha para ocultar la suya, manteniendo su voz seria. —¿Colocaste tinte para el cabello en la bote de mi shampoo?
—¿Qué? —pregunta Yuuri, sonando conmocionado. Entonces Phichit estalla en una escandalosa carcajada y Yuuri se le une segundos después, tratando inútilmente de callar a Phichit al mismo tiempo—. ¿No… no te gusta?
Victor cuelga. Suelta un gemido por acto reflejo, inseguro de que hacer.
Se pone a buscar en Google como remover el tinte del cabello cuando por fin escucha el tintineo de una llave destrabando la cerradura. Victor corre a esconderse en el baño, estampando la puerta, y apoyándose contra ella. —No puedo creer que hicieras esto —se queja cuando está seguro de que Yuuri puede oírlo.
Yuuri simplemente comienza a reír. —Déjame ver.
—No.
—Quiero verlo. Anda, Victor —le suplica, intentando forzar el pomo de la puerta.
Victor bloquea la puerta depositando todo el peso de su cuerpo en ella, por accidente capta un vistazo momentáneo de su reflejo y hace una mueca de disgusto. —¿Cómo arreglo esto?
—La muchacha de la tienda me dio algo y dijo que funcionaría —le asegura Yuuri—. Pero la botella está aquí afuera, así que…
Victor vacila, derrotado. Luego abre la puerta.
Hay lágrimas en los ojos de Yuuri mientras éste se parte de risa, aferrándose a su estómago. Victor enarca una ceja, doblando los brazos sobre su pecho. Está teniendo problema en mantener su cara de póker. —Es divertido, ¿cierto?
—Graciosísimo —le asegura Yuuri, sonriéndole con ganas—. Te tengo —dice, luego se acerca a su cama y saca una botella de debajo de su almohada—. Prueba esto. Ella dijo que debía usarse con agua caliente.
—Eres el peor roommate que alguna vez he tenido —le asegura Victor mientras se encamina de regreso al baño.
Yuuri no cree lo que dice ni por un segundo. Cuando Victor mira sobre su hombro, ve los ojos de Yuuri divagando, entonces recuerda que él no está exactamente vestido. Había estado demasiado ocupado en el desastre de su cabello como para pensar en el hecho de que estaba de pie frente a Yuuri tan sólo con su ropa interior puesta.
Yuuri también parece haber olvidado este hecho, hasta ahora.
—¿Necesitas ayuda para quitártelo? —pregunta Yuuri.
(¿Habla en serio? ¿O es parte de otra cruel broma?)
Hay una pausa, y entonces Yuuri se sonroja, sacude su cabeza. —Eso… eso no es lo que quise decir. Me refiero al lavado de tu cabello.
—Oh, seguro —responde Victor, sentándose sobre la tapa del retrete y reclinando su cabeza sobre el lavado, abre la llave del grifo y desenrosca la botella que Yuuri le había dado—. Esto es tan injusto. Yo hice todo el trabajo de limpieza la última vez. Por lo menos no hay video de esto.
—Cierto, menos mal.
Ante el tono poco convencido de Yuuri, Victor levanta la mirada. —¿Acaso tú…?
Yuuri se muerde el labio.
—¿Tú me grabaste?
Pero él tiene su teléfono consigo, ¿entonces como pudo haber…?
Victor mira hacia afuera del baño a través de la puerta, ve la laptop de Yuuri sobre su cama, con la parte superior sospechosamente ladeada para que la cámara apunte directamente hacia la puerta del baño. —Vas a borrar ese video. Es más, yo voy a borrar ese video.
—Tiene contraseña —le recuerda Yuuri. Echa un chorro del contenido de la botella sobre su mano y le hace un gesto a Victor para que incline su cabeza. Cuando el líquido azul comienza a caer sobre la blanca porcelana, Victor cierra los ojos, la sensación de las manos de Yuuri sobre él es embarazosamente agradable.
—Todavía no puedo creer que hicieras esto. Voy a devolvértela y muy bien. Será una broma mejor que esta.
Yuuri continua con lo que hace, mueve sus manos de atrás hacia adelante. —¿Mejor que esta?
Victor no está en gran posición de discutir, pero se mantiene firme de todas formas. —Cinco veces mejor que esta. Tu broma fue un juego de niños. Esto empieza ahora, Yuuri.
—Espero que te des cuenta de que no puedes venir con amenazas cuando tienes tu cabeza metida en el lavado —bromea Yuuri, jalándole un mechón de su cabello y haciendo que Victor gire la cabeza para mirarlo, a pesar de que el movimiento hace que ahora el líquido azul le caiga por el rostro.
Eventualmente, casi todo el tinte se ha ido, Yuuri agarra una toalla y la deja caer sobre la cabeza de Victor. Victor la toma y con ella comienza a secarse el pelo, poniéndose de pie. Yuuri todavía está sonriendo –es un demonio, Victor piensa–y se apoya sobre el lavado. —¿Has pensado en la fiesta de Halloween? —pregunta Victor.
Yuuri frunce el ceño, confundido, luego parece acordarse de lo que él está hablando, y le ofrece un encogimiento de hombros poco entusiasta. —Yo no… yo, um, en realidad, yo no bebo alcohol.
Él luce ligeramente avergonzado, y Victor se avergüenza internamente ante su propia suposición. Yuuri definitivamente no parece ser el tipo de persona que se emborracha –debería haberlo sabido. —Bueno, no todos los que asistan tienen que beber.
Yuuri parece no creerle, y el propio Victor tampoco se cree a sí mismo. Abre su boca para decir algo, luego aprieta los labios, como considerando algo. —Pasaré por esta vez. Quizás vaya a la fiesta de navidad.
Por muy decepcionado que esté, no va a presionarlo. Así que Victor simplemente trata de parecer indiferente. Asiente. —Bien, seguro.
Hay una pausa cuando Yuuri baja la vista hacia el suelo del baño, luego vuelve a alzarla. —Sabes, iba a tenerte yendo a clases con el cabello así.
—Pues para tu decepción, preferiría perderme las clases.
—Eso fue lo que supuse al final.
~•~ ~•~ ~•~
Victor recibe el resultado de su evaluación el lunes.
Contiene la respiración cuando la nota se presenta ante sus ojos –la clase es pequeña, con tan sólo quince estudiantes, aunque hay una conferencia los miércoles que alberga alrededor de sesenta. La profesora le da una mirada mientras le entrega el papel, una que él no puede descifrar. La profesora Baranovskaya tiene sólo una expresión, y sus diferentes emociones son expresadas a través de sutiles matices a los que ningún estudiante puede adaptarse.
Hay una gran 'B-' marcada con rojo.
Se llevara consigo su B.
Estará orgulloso de su B.
Al momento en que la campana suena, él está sobre su patineta, saludando a los estudiantes con los que se cruza y dirigiéndose a los dormitorios del Honors College. Al llegar, se baja de un salto de la patineta y se la coloca debajo del brazo, encaminándose hacia adentro, toma las escaleras en lugar del elevador. Una vez que llega ante la puerta de su dormitorio, la cual está semi-abierta, la abre y sonríe de oreja a oreja.
Yuuri está en su escritorio. Papeles cubiertos con diversas fórmulas y números están esparcidos frente a él. Por un segundo, está desorientado, pero entonces parece darse cuenta de lo que está sucediendo, sus ojos se amplían. —¿Cómo te fue?
En lugar de responder, Victor lo toma levantándolo de la silla, envuelve sus brazos alrededor de su torso y gira con él. Yuuri ríe, pero rápidamente se aleja, con sus manos puestas sobre sus hombros y con el rostro a tan sólo centímetros del de Victor. —Anda, dímelo.
Victor le dice la nota.
La expresión de Yuuri no es exactamente la que él vislumbró. —¿Una 'B-'? ¿En qué te equivocaste?
Esa no era la reacción que él había estado esperando.
Su compañero de habitación se aclara la garganta. —Es decir, eso es genial —lo vuelve a abrazar, y Victor sonríe, inclinando la cabeza sobre el hombro de Yuuri. —Buen trabajo —lo elogia él.
Ninguno de los dos se separa por un rato, el abrazo siendo innecesariamente largo para tratarse de una B- en un examen de física. Victor cree que podría permanecer así por el resto de su vida, pero se aleja de todos modos, con sus manos todavía puestas sobre los lados de Yuuri. —Deberíamos celebrar. ¿Cena?
—Cena suena bien —concuerda Yuuri.
—Entonces es una cita.
Hay una pausa. Le toma un momento a Victor comprender la mirada en el rostro de Yuuri.
—No una cita —corrige Victor, dándose cuenta de lo que acaba de decir—. Una cita como en… Una cita como en una cita, pero no una cita.
Yuuri luce desilusionado. —¿No una cita? ¿Entonces qué se supone que hare con el ramo de flores que compré para ti?
La mente de Victor deja de funcionar, sus hombros se desploman mientras intenta procesar lo que acaba de escuchar. —¿Qué…? ¿Tú… acaso tú…?
(¿Yuuri le había comprado un ramo de flores? Pero cuando, ¿y por qué fue que…?
—Es broma, Victor —dice Yuuri, luciendo menos divertido y más preocupado—. Lo lamento, no creí que…
Victor traga grueso, aliviado, tirando del cuello de su camisa. —Sí, no. Yo tampoco, por supuesto.
—Por supuesto. —repite Yuuri lentamente.
—Por supuesto —le asegura él.
~•~ ~•~ ~•~
No es una cita.
(Por supuesto.)
Estas dos palabras resuenan en la mente de Yuuri mientras camina con Victor hacia el comedor, el otro chico tiene la mano metida en uno de sus bolsillos y la otra disponible para saludar a todos los que caminan cerca y lo reconocen. Yuuri recuerda la expresión en el rostro de Victor cuando hizo la broma sobre haberle comprado un ramo de flores, el horror que había irradiado de él, la incredulidad.
El cual fue el motivo para decir que fue broma.
(No quiere admitir que duele, no quiere admitir que esas dos palabras que una vez carecieron de connotaciones emocionales ahora están escociéndole, punzando en el rincón de su mente.)
Es aún peor cuando Victor quiere señalar un letrero, por lo que toca el brazo de Yuuri para capturar su atención, dejando su mano sobre él demasiado tiempo. En lugar de la felicidad que Yuuri normalmente sentiría, ahora sólo siente nauseas remolineando en su estómago, es causado por el recuerdo de que esto nunca será más que platónico a pesar de las muchas señales que apuntan lo contrario.
Victor Nikiforov, coqueteo.
Esas dos cosas encajan juntas, tienen sentido estando juntas.
(Pero por un segundo, sólo por un segundo, Yuuri se había atrevido a esperar que…)
—Yo quiero pasta —le dice Victor, dirigiéndose hacia el puesto de pasta.
Yuuri también quiere pasta. Rato después ambos se sientan el uno frente al otro, excepto que Yuuri comienza a hincarle el diente a su comida, y Victor no, sólo lo observa.
Lo cual, de alguna manera, hace que el dolor empeore.
—¿No vas a comer? —pregunta Yuuri.
—Quiero darte las gracias —dice Victor, soltando las palabras con tal prisa que despierta la atención de Yuuri. Baja su tenedor para escuchar—. Por ayudarme con la física, quiero decir. No tenías que hacerlo, pero lo hiciste, yo… yo temía el tener que dar de baja la clase, así que estoy feliz de que me ayudaras.
Realmente no es la gran cosa, piensa Yuuri, pero le alaga al mismo tiempo. —No fue nada. Me alegra de que no la dieras de baja —Y no le gusta esta sutil tensión entre ellos, porque él sabe que es su culpa, sabe que Victor es todavía Victor. Victor no tiene estos locos monólogos internos acerca de su relación como Yuuri los tiene, no sobre-piensa las cosas como Yuuri lo hace. Él simplemente… Es.
—¿Todavía piensas que la física es aburrida? —agrega Yuuri, esperando aligerar el humor del ambiente.
—Oh, absolutamente —responde Victor, pero le guiña un ojo, y Yuuri vuelve a sostener su tenedor, apresurándose a tomar otro bocado y esperando que Victor no vea su obvia reacción—. Pero quizás no sea tan aburrida.
—No tan aburrida, tomare eso como un cumplido —responde Yuuri un segundo después.
Hay otra pausa, pero es más amena esta vez, y por aquello Yuuri se siente agradecido. Victor levanta la mirada. —¿Tienes reunión del club de patinaje esta noche, cierto?
Asiente.
Y ahí está esa mirada otra vez, esa que significa que él tiene palabras en la punta de su lengua esperando ser dichas, listas para ser pronunciadas en cualquier momento. —¿Yo puedo ir?
(¿Él puede ir?)
(¿A una práctica de patinaje?)
Yuuri se pone a pensar en el por qué él quiere asistir, intenta pensar en una posible razón. Lógicamente, el club está abierto a todo el mundo, desde principiantes hasta para expertos, y él recuerda que Victor le había contado que él patinaba cuando era niño. Ese debe de ser el por qué. Debe querer unirse.
—¿Para patinar? —pregunta Yuuri, para confirmar.
Victor da otro bocado, casual. —Quizás en otro momento. Por hoy sólo quiero observar, si eso estaría bien. Y Yurio también, si él puede ir, claro.
—A nadie le importaría —le asegura Yuuri.
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Más tarde ese día, Yuuri se viste con su usual conjunto de patinaje y empaca su equipo en su bolso deportivo. Ambos chicos se encuentran con Phichit, Mila, Yurio y Sara afuera del complejo de dormitorios, después se encaminan hacia el bus que los llevaran hacia la pista de patinaje en Detroit. Victor se pone a platicar con Mila y Sara, quienes Yuuri sabe son sus amigas, mientras que él se pega al lado de Phichit.
Phichit puede asegurar que a su amigo le pasa algo.
Phichit siempre sabe.
—¿Ocurrió algo? —le pregunta en el momento que comparten el asiento del bus y los otros están fuera de su rango de escucha—. ¿Qué pasó?
—Todo está bien —dice Yuuri restándole importancia, porque realmente, lo está.
—¿Qué fue lo que él hizo?
Suspira. Ninguno de los dos necesita decir el nombre de Victor para que sea evidente de que están hablando de él. —¿Cómo sabes que él hizo algo?
Phichit le dedica una mirada que valen más que mil palabras.
Yuuri se muerde el labio y mira por la ventana del bus. —¿Podemos hablar sobre eso luego?
—Seguro.
~•~ ~•~ ~•~
Comienzan con estiramientos, y Yuuri se halla a sí mismo contantemente mirando hacia el borde de la pista, hacia el lugar donde Victor está sentado al lado de su hermano. —¿Distraído, Yuuri? —le pregunta Leo, sonriendo astutamente.
Él no responde, sino que se centra en regresar su atención a lo que hace.
Rato después, acapara una parte de la pista para poder practicar algunos movimientos de su programa libre, unos cuantos saltos que no ha estado clavando constantemente. Celestino, un entrenador local que voluntariamente ayuda al club, lo observa, dándole consejos cada vez que falla un aterrizaje. Normalmente, Yuuri se centraría en su consejo, intentando ajustar su patinaje como se debe, pero esta vez, él está distraído. La cosa se vuelve peor cuando capta a Victor, mirándolo impasiblemente, con las cejas juntas por la intriga.
Vuelve a fallar otro salto.
Celestino no luce impresionado, y Yuuri intenta de nuevo, consiguiéndolo al segundo intento.
Cuando toma un receso, Victor le hace señas y él se sienta a su lado, mientras toma pequeños sorbos de agua. —Eres increíble —le dice Victor.
Yuuri se atraganta con el agua, tosiendo y cubriéndose con el codo. Victor lo ve y parpadea con preocupación, Yuuri cree ver a Yurio haciendo un facepalm en su periférica visión. Para arreglar su torpeza, se aclara la garganta, evitando los ojos de Victor. —Gracias, pero no soy tan bueno.
—No, eres genial —Victor le asegura—. Todos esos saltos… —suelta un silbido.
—En verdad, no es nada —dice Yuuri, pero no puede ignorar la manera en que su corazón hizo un flip en su pecho como respuesta a su cumplido—. ¿Ustedes dos van a intentar patinar? Hay patines disponibles para alquilar.
Yurio se pone de pie. —Rentaré algunos.
Pronto, ambos hermanos están atándose los patines. Yurio sale hacia la pista primero, deslizándose con facilidad a través de la lisa superficie. —Fácil. Aún me acuerdo.
Victor avanza hacia la pista aferrándose en los bordes, dándole a Yuuri una mirada nerviosa. Es inusual ver a Victor fuera de su elemento, incluso si él ya ha patinado en el pasado y muy probablemente vuelva a cogerle el ritmo en unos pocos minutos. Esa situación le da a Yuuri un extraño aire de confianza, hace lucir a Victor menos inalcanzable de lo que en realidad es.
—¿Te tengo? —pregunta Yuuri, sonriendo porque simplemente no puede evitarlo.
Victor asiente y suelta el borde, balanceándose. —Sólo necesito un segundo para volver a cogerle el truco a esto.
Yuuri observa mientras se mueve lentamente hacia adelante, Yurio ya está patinando por delante de ellos haciendo un giro. —Hey, podemos ir alrededor de la pista —sugiere—. ¿Quieres sostenerte de mi brazo?
Sin decir una palabra, Victor toma su brazo y juntos se mueven alrededor de la pista. Eventualmente, él mismo ya puede moverse por su cuenta, en completo control, pero aun así continúa aferrado al brazo de Yuuri, y a Yuuri este hecho no le importa. —¿Tú compites? —Victor pregunta, mientras se desvían lejos del trayecto de Phichit, sin querer interrumpir su práctica.
—En competencias locales —explica Yuuri—. De hecho, hay una competición próxima a principios de noviembre.
—¿Yo puedo ir? —pregunta Victor.
—Pues, creo que probablemente quieras trabajar en tus saltos primero si realmente estás interesado en…
—No, sólo como espectador —esclarece.
—Oh, por supuesto.
Victor sonríe y aprieta más su brazo. Pero se confía demasiado cuando intenta levantar su pierna y tropieza un poco, Yuuri se apresura y lo toma de las manos, intentando estabilizarlo para que no pierda el balance por completo. Victor le brinda una cálida expresión que Yuuri figura bien podría derretir el hielo bajo sus pies. —Gracias.
Las manos de Victor todavía están entre las suyas.
(Yuuri se queda quieto. Se queda quieto porque se pregunta a sí mismo si no ha caído tan duro y tan rápido por Victor, se pregunta por qué está vanamente esperando al cruel despertar que lo saque de sus estúpidas fantasías, se pregunta por qué Victor todavía no ha soltado sus manos, se pregunta por qué Victor quiso venir aquí en primer lugar.)
(Porque ellos son amigos, se recuerda Yuuri a sí mismo.)
(Amigos.)
Yuuri aleja sus manos.
Victor luce dolido –es Yuuri quien lleva las de perder, ¿no? —pero su expresión cambia en un segundo, siendo reemplazada por su usual sonrisa, una que no le llega a los ojos. Luego continúan patinando.
~•~ ~•~ ~•~
La habitación está en silencio.
Excepto que tal silencio es un ente físico, y está molestando a Victor sin parar. Normalmente Yuuri estaría llenando la habitación de vida, hablando animadamente, gesticulando un montón cuando se emociona al conversar sobre la física, brindándole sonrisas tan brillantes que amenazan con deteriorar la visión 20/20 de Victor.
—¿Necesitas ayuda? —pregunta, en voz alta, ya que Yuuri tiene sus audífonos puestos.
Incluso Yuuri parece aliviado, deteniendo su música y haciendo click con el bolígrafo mientras mira a Victor sobre su hombro. Parece estar en un conflicto, voltea a ver sus notas y después otra vez a Victor. —Si no estás ocupado.
Victor está a su lado en un instante.
Tira de la silla de su escritorio y Yuuri se mueve a un lado, el espacio no es lo suficientemente grande para los dos, pero se acomodan como pueden. Yuuri señala la hoja de trabajo. —El género de los sustantivos —lee Victor en voz alta—. "Reescriba el sustantivo con el correcto articulo determinado."
Después de ayudarle con los primeros ejercicios, Yuuri mira fijamente el tercer espacio en blanco. —¿Aquí es… la?
Victor niega con la cabeza.
—¿le?
Sonríe y Yuuri lo escribe. —Y este de aquí es… es… espera. No me lo digas.
Es adorable, ver como sus cejas se unen y sus labios se fruncen mientras él observa el papel como si éste guardara los secretos del universo. Victor se mueve más cerca de él hasta que sus hombros se tocan, y Yuuri no reacciona, todavía inmerso en sus pensamientos.
—¿Es la poubelle? —intenta Yuuri, con sus ojos yendo y viniendo entre los de Victor, obviamente anticipando que la respuesta es incorrecta.
La urgencia de besarlo es abrumadora.
Como también, inverosímil.
Pero se limita a sonreir con entusiasmo, viendo como Yuuri se inclina sobre el escritorio para escribir la respuesta correcta. —Entonces —empieza a decir—, podría decir, ¿tu es la poubelle?
—Técnicamente dirías tu es une poubelle. Pero ¿Puedo preguntar por qué estás tratando de llamarme basura?
—Estoy algo corto de insultos.
Victor golpea el hombro de Yuuri afectuosamente. —Entonces vamos a parar de hacer este trabajo y en su lugar aprenderemos a insultar. Quiero escucharte maldecir en francés. Aquí, repite después de mí: la…
Yuuri lo interrumpe devolviéndole el golpe en el hombro. —No voy a repetir después de ti. ¿Cómo sabría lo que estás haciéndome decir?
Victor hace un puchero. —¿Confiando en mí?
—No confío en ti en lo absoluto —señala Yuuri, sin embargo está riendo, y Victor frunce el ceño y golpea la silla de Yuuri con la suya, apartándolo de un empujón. Yuuri empuja su silla de regreso, y al instante se hace la guerra, las anotaciones de francés quedan olvidadas sobre el escritorio.
Victor se levanta de su silla y agarra el respaldar de la silla de Yuuri, tratando de darla la vuelta, pero Yuuri se levanta rápidamente y lo toma del brazo. —Te apuesto a que soy más fuerte que tú —le desafía Victor.
Y luego está en el suelo.
Sus muñecas están sujetas a ambos lados de su cabeza, y un par de rodillas le aprisionan sus muslos, Yuuri lo mira desde arriba. —¿Decías?
Victor libera sus muñecas y luego agarra los brazos de Yuuri, volteándolos a ambos en un movimiento rápido. —¿Tú decías?
Yuuri forcejea debajo de él, pero Victor no se rinde tan fácilmente como él lo hizo, sino que pone mucha presión en sus manos para tenerlo bien sujeto. Pero entonces, Yuuri utiliza sus piernas como impulso y se las arregla para voltearlos, con sus muñecas todavía prisioneras. Victor tiene que admitir que está impresionado. —Supongo que no debería haberte dejado ayudarme con francés. Nos distraemos después de resolver cuatro ejercicios.
Victor deja de forcejear. —Hey, intenta decir j'ai perdu.*
—¿Y eso qué significa? —pregunta Yuuri.
—Significa 'Yuuri es el mejor' —asegura Victor.
—Buen intento.
Victor trata de tomar ventaja del momento y zafarse de su agarre pero Yuuri lo mantiene en el suelo, cambiando de posición sobre él, moviendo sus rodillas contra los muslos de Victor de la manera más distractora posible. Victor ríe para sí, relajándose debajo de él, dejando a Yuuri tener el poder. —¿Qué harás conmigo ahora, Yuuri Katsuki?
Hay una pausa mientras Yuuri parece asimilar su actual situación, sus ojos vagan por el pecho de Victor antes de buscar su mirada otra vez, como si se estuviese reprendiendo por el desliz. —¿Qué quieres que te haga?
Se le ocurre a Victor que es un desafío.
(¿Qué tipo de desafío? No está seguro. No está seguro de lo que Yuuri quiere de él, o de los pensamientos que estás corriendo por su mente. Pero es un desafío. Eso es muy cierto, de eso Victor está muy seguro.)
Vislumbra una chispa en los ojos de Yuuri, una que Victor ha visto en varias ocasiones. Aquella vez en su cama, justo antes de que cayera al suelo –y luego aquella otra vez, cuando Phichit entró al dormitorio. Y después, una tercera vez, en la pista, cuando sus dedos estuvieron entrelazados. Él baja su mirada hacia sus labios, rosados y entreabiertos, y entonces Victor desliza su muñeca fuera del agarre de Yuuri con facilidad, el muchacho encima de él no se resiste en esta ocasión.
—Me pregunto qué pensaría Phichit si nos viera en el suelo esta vez —dice Victor tranquilamente.
Yuuri ríe y rueda fuera de él, sentándose a su lado con las piernas cruzadas. —En cosas muy interesantes.
Victor se yergue sobre sus codos y lo mira. —¿Qué fue lo que pensó cuando nos vio la otra vez? Imagino que hablaste con él sobre eso.
Él luce sorprendido por la pregunta, pero no incómodo. Levanta una mano para acomodar su desarreglado cabello, con sus dedos cepillando a través de las hebras. —Él pensó lo que tú piensas que él pensó.
—¿Y qué es lo que yo pienso que él pensó? —Victor cuestiona.
—Ya sabes, que nosotros… —deja que su voz se apague y mira a Victor en busca de misericordia, no queriendo dar más detalles.
—¿Y qué fue lo que le dijiste?
Yuuri se encoge de hombros. —Sólo la verdad. Que no somos nada de eso.
Victor asiente, asimilando la información. No está sorprendido, en sí, pero la desilusión es innegable. Por otra parte, no puede imaginarse a Yuuri diciendo algo diferente. El silencio se posa entre ellos, y Victor se mueve para sentarse más cerca de él, con sus rodillas tocándose. —¿Yuuri?
Yuuri lo mira, esperando.
En vez de decir algo, Victor toma a Yuuri por ambos lados, agarrándolo y empujándolo de nuevo al suelo, entonces le hace cosquillas sin piedad. Yuuri comienza a reír de manera incontrolable, conteniendo las lágrimas. —¡Victor, Victor para! —suplica entre ataques de risa, intentando desesperadamente escaparse de su agarre. Al final, se las arregla para conseguirlo, y cruza la habitación hasta estar a salvo con su espalda apoyada contra su escritorio. —Me hiciste trampa.
—¿Te hice trampa? —pregunta Victor con inocencia—. No, hacerte trampa sería poner tinte para el cabello en tu bote de shampoo —se detiene, dándole a Yuuri una astuta mirada—. Oh, espera.
Yuuri no parece estar impresionado.
—Pero ahora sé que eres bastante cosquilloso —agrega Victor.
El chico de cabellos negros agarra un lapicero de su escritorio y le apunta con él, amenazante. —Si te acercas, usare esto.
—Eso se siente como una amenaza vacía.
Yuuri le arroja el lapicero y éste le golpea exitosamente en el pecho.
Victor finge colapsar, gimiendo con falso dolor, lo que hace a Yuuri reír. —Deberías haberte dedicado a la actuación. Parece que eres mejor en eso que en la lingüística.
—Hmm. Quizás tengas razón. Creo que podría ser cualquier cosa menos un especialista en física.
Eso siempre logra mosquear a Yuuri, esta vez no es la excepción. Aunque todavía hay una sonrisa bailando en sus labios, y Victor sabe que está intentando ocultarla. —¿De verdad? ¿Y qué tal un especialista en química?
—Aún más interesante que la física —le provoca.
Yuuri cierra el espacio entre ellos y Victor lo toma por los brazos, empujándolo suavemente cosa que ambos yacen el uno frente al otro sobre el alfombrado suelo beige de su dormitorio. —¿Alguna vez alguien te ha dicho que eres molesto? —pregunta Yuuri.
Victor alarga una de sus manos y lo toma por la parte posterior del cuello –Yuuri no reacciona más que para contener la respiración—. Tú eres el primero.
—Yo sé que realmente no piensas que es aburrida —Yuuri protesta—. Sólo lo dices para molestarme.
Le sorprende que Yuuri pueda ver a través de su fachada con tanta facilidad. —Ah, me atrapaste. Estoy secretamente fascinado por los imanes. Y no me hagas hablar de la cinemática, podría darte un poema de diez horas que narra mi amor por la cinemática…
Yuuri le empuja un hombro, pero aun así no mueve su mano, permitiéndole dejarla donde está. La mano de Victor todavía yace sobre el cuello de Yuuri, recorriendo con los dedos el poco cabello de esa zona. —¿Cómo es qué siempre tratas de molestarme? —suspira Yuuri.
—Eres lindo cuando estás molesto —le responde Victor impasible.
Las palabras tienen la reacción deseada, un suave sonrojo se expande por sus mejillas. —Yo… tú no… yo…
Victor baja su mano, entrelazando sus dedos con los de Yuuri, la cual había estado previamente sobre su hombro. Mantiene un agarre flojo, dándole la oportunidad a Yuuri de alejarse si así lo quiere, pero él no se aleja, sólo lo contempla, perplejo. —Y eso te hace divertido para molestar —detalla Victor—. Es un trágico rasgo.
—Creo que el ser molesto es un trágico rasgo en primer lugar.
No puede encontrar un argumento contra eso, en su lugar se dedica a jugar distraídamente con los dedos de Yuuri, quiere sugerirle recostarse sobre una cama en vez de ese duro suelo. Pero el deseo de no arruinar el momento anula ese otro deseo.
Para su sorpresa, es Yuuri quien vuelve a hablar. —¿Recuerdas cuando me golpeaste con tu patineta?
Victor hace una mueca de vergüenza. —Lo siento —dice automáticamente, la culpa del accidente rápidamente sale a la superficie.
—No, no, sólo estaba pensando que… —comienza, luego se detiene—. Fue en cierto modo divertido, ¿no?
—¿Divertido?
Yuuri aún está contemplando sus manos unidas, moviendo sus dedos ligeramente, los de Victor moviéndose con ellos. —Que así fue como nos conocimos, oficialmente —luego levanta la mirada, frunce el ceño ante la expresión de Victor—. ¿Qué sucede?
Victor suspira. —Que fue menos divertido y más angustioso para mí.
—¿Angustioso para ti? Tú no fuiste el que fue golpeado por un chico de fraternidad que conducía su patineta sin mirar.
—Mis audífonos se habían roto —dice Victor en su defensa—. ¿Y eso es lo que soy? ¿Sólo un chico de fraternidad?
Yuuri sonríe –una sonrisa pequeña. —¿Así es como te molesto, entonces?
—¿Qué?
—Parece que te gusta molestarme. Ahora tal vez ya sé cómo molestarte, chico frat —dice, apretando su mano.
Excepto que a Yuuri le sale el tiro por la culata. Estas cosas no le molestan. No, por el contrario, lo colman de felicidad más de lo que deberían, lo hacen automáticamente acercarse, sin importarle que ambos yacen incomodos en el suelo uno al lado del otro. —Bueno, ¿no vas a decírmelo entonces?
Parpadea, encontrando su mirada. —¿Decirte qué?
—¿Si soy lindo cuando estoy molesto?
Yuuri no se vuelve a sonrojar como él esperaba. No hace esa adorable sonrisita, su sonrisa no crece a tal punto de amenazar con aplacar a las estrellas. Él no inclina su cabeza, no aparta su mirada ni se aleja de Victor tan rápido como le es posible. En vez de eso, sus dedos vuelven a apretar los de Victor, y de alguna manera el toque se siente como un experimento. Una prueba.
(Una prueba.)
Victor ve como la mente de Yuuri se pone en marcha, como si estuviera intentando llegar a una conclusión sobre un tema del cual Victor no tiene conocimiento. Como si no pudiera resolver algo, como si estuviera intentando leer sus pensamientos. Victor está contento con esperar, contento con dejarle comprender lo que sea que él necesite comprender.
Hay una lámpara en el escritorio de Yuuri, una todavía encendida, y la cálida luz está proyectándose sobre sus facciones, acentuando el color de sus ojos. Victor nunca antes ha pensado demasiado en los ojos marrones, nunca antes los había encontrado particularmente extraordinarios, pero ahora cree que el marrón está convirtiéndose en su color favorito.
(Excepto que, quizás, su favorito sea el rosado color de sus labios, o el rojo de su mochila, o el azul de sus vestimentas y sabanas –y es ahí cuando Victor se da cuenta que él no está empezando a tener una mayor apreciación por algún color en particular, no, él está empezando a apreciar todo lo demás. Empezando a ver el mundo bajo una luz diferente, coloreado completa e incondicionalmente por Yuuri Katsuki.)
(Está atrapado entre la iridiscencia de los colores cuando Yuuri exhala –lento, suave. Victor se percata de que está conteniendo la respiración, pero no quiere correr el riesgo de soltarla, no quiere correr el riesgo de moverse en lo más mínimo.)
Medio segundo.
Hay medio segundo.
Medio segundo entre Yuuri observándolo, con sus dedos entrelazados a los suyos, y Yuuri besándolo, con sus labios presionando suavemente los de Victor.)
Y entonces otro medio segundo.
Y se aleja, se aparta, con sus ojos bien abiertos, y con el familiar sonrojo de regreso.
Como si no pudiera creer lo que acaba de hacer.
(Victor tampoco puede. De hecho, él todavía no ha reaccionado, sólo yace allí tontamente, el agarre con la mano de Yuuri se afloja y se queda boquiabierto. Porque no es posible que Yuuri Katsuki lo acabe de besar. No es posible en lo más mínimo. De hecho, si alguien le dijera que su hiperactiva imaginación se lo ha inventado, no lo dudaría en lo absoluto.)
(Excepto que, sí que lo dudaría, porque aquello había sido mejor que cualquier cosa que él pudiera haber pensado por sí mismo. Mejor que cualquier fantasía.)
—Lo siento —dice Yuuri sin pensar.
Las palabras son dichas en voz alta, resonando en los oídos de Victor. Victor busca que decir, busca emitir una reacción, pero él aún está procesando los eventos recientes. Deja ir los dedos de Yuuri, y alza una de sus manos para tocarse su labio inferior, intentando recordar la sensación. Se sintió más suave que el toque de una pluma, más suave que cualquier cosa que haya sentido antes.
Yuuri, por otro lado, no está tan confundido. O al menos, no es el mismo tipo de confusión. A tiendas busca alejarse, sentándose y apoyándose contra los barandales de la cama. —Lo siento —repite—. Lo siento tanto, Victor. Lo siento mucho.
Victor también se sienta, lo mira con cuidado. Yuuri debe de haber malinterpretando su reacción. Él puede explicarlo, y entonces podrán hablarlo, hablar sobre su relación y entonces todo…
—No quise hacerlo.
Oh.
(Oh.)
Espera a que Yuuri prosiga.
Pero él no lo hace.
(Yuuri no había querido hacerlo. Para él, el beso no había significado nada.)
Victor todavía tiene su pulgar sobre su labio.
Deja caer su mano.
Se pregunta qué es esto que está sintiendo, se pregunta qué es esto que está amenazando con hacerlo pedazos, amenazando con destrozarlo de adentro hacia afuera. Y entonces se le ocurre que Yuuri acaba de pisotearlo. Ya sea con intención o no, Yuuri acaba de pisotearlo. Dejando una huella en su pecho, una cicatriz irreparable.
(Y la cicatriz toma forma de dolor físico, acelerando su respiración.)
(Es invulnerabilidad, supone. Una sensación desconocida, pero la está sintiendo mientras se sienta en el suelo con las piernas cruzadas, todavía mirando a Yuuri con desesperación pura, con gran confusión. Cada fibra de su ser suplica compasión, como un animal sin hogar suplicando por abrigo.)
Yuuri está esperando.
Esperando por algo. ¿Pero qué cosa? ¿Qué Victor diga algo? ¿Qué haga algo? ¿Cualquier cosa? ¿Una señal, tal vez? Victor se limita a observarlo, está fuera de su cuerpo, fuera de su mente, como si fuera un caparazón vacío, un simple conjunto de huesos. Capaz de sentir nada y todo a la vez. Su angustia se multiplica con cada segundo que pasa, y los últimos restos de esperanzas desaparecen.
—Lo siento —repite Yuuri.
Él toma una respiración profunda. —No digas eso.
Yuuri sacude la cabeza, confundido. —Perdón —se encoge con vergüenza—. No, es decir, yo sólo… lo si… no sé qué me…
Victor suelta la respiración.
El beso no había significado nada. Quizás Yuuri había estado absorto en el momento, o tal vez, como Victor había pensado inicialmente, todo aquello había sido parte de un tipo de experimento. Y aunque fue un experimento con sus propios sentimientos y se siente como un cuchillo clavado en su costado, no puede molestarse por esto, no siente enojo.
(Es el abatimiento y la confusión y la angustia que se arremolinan juntas, mezclándose y tomando el control de su ser, ahogando sus pensamientos, mareándolo, haciendo que la sangre se le suba a la cabeza. No quiere que Yuuri lo vea así –no puede dejarle verlo así. Él valora su amistad por encima de todo, y si el revelar sus emociones significa perder eso…)
No lo hará.
—Tengo que irme —se sonroja Yuuri de repente, y entonces se apresura a ponerse sus zapatos y está fuera de la habitación en un instante, dejando a Victor sentado en el suelo, mirando el punto donde su roommate había estado hace unos segundos.
Él se fue.
Y si pensó que el perder el toque de Yuuri había sido malo, el perder su amistad se siente mucho peor. Se siente como un gran vacío interior, empezando a formarse en lo más profundo de su pecho y esparciéndose hacia el exterior. Se pone de pie, después de un rato, pero sus piernas están entumecidas, y el vacío empeora cuando capta un vistazo de la tarea de francés de Yuuri sobre su escritorio, y de su pulcra escritura sobre las páginas.
Yuuri dejó su lámpara encendida.
Victor la apaga.
~•~ ~•~ ~•~
Yuuri no habla de aquello. Así que Victor tampoco lo hace.
Cuatro días pasan.
Yuuri ya no canta en la ducha.
(Es extraño, como aquellos pequeños detalles parecen molestar a Victor más que cualquier otra cosa.)
(Le hace darse cuenta que el incidente, como él lo acuña en su mente, había lastimado a Yuuri mucho más de lo que había lastimado a Victor. Y es ridículo, ¿no? El que Victor se preocupe más por él de lo que se preocupa por sí mismo. El ser capaz de vender su alma para garantizar el bienestar de Yuuri. El entregar lo que sea para asegurar su felicidad –si con eso pudiera verlo sonreír o escucharlo cantar en la ducha una vez más.)
Algunas cosas no cambian.
Él aún se esfuerza con el francés. Le pregunta a Victor unas cuantas sencillas preguntas, y Victor se las responde cortésmente. Pero eso es todo.
Una mañana en particular, Victor rueda sobre uno de sus lados y siente el sol golpeándole en la cara. Abre los ojos, despertándose lentamente y atrapa a Yuuri mirándolo, el otro chico inmediatamente regresa su mirada hacia su laptop, horrorizado.
Pero entonces, un sábado, Yuuri le habla. Y las palabras suenan muy bajas, inseguras. Si Victor hubiera estado más distraído, ciertamente se las habría perdido.
—¿Podemos volver a ser amigos?
Victor no está seguro de cómo responder a eso, intenta obtener una mejor vista de él para descubrir su significado. Pero antes de que pueda decir algo, Yuuri habla otra vez.
—Lo siento —dice por enésima vez—. Sé que lo arruine y lo lamento. No sé en qué estaba pensando y de verdad, de verdad yo sólo quiero que las cosas vuelvan a ser como eran antes. Comprendo si tú no puedes perdonarme o no quieres hablar más conmigo pero yo…
—Yo también lo quiero —le promete Victor, interrumpiéndolo. Porque si no puede tener a Yuuri románticamente, el estar con él platónicamente es en sí mismo, una bendición. Y él no lo cambiaría por nada en el mundo.
Yuuri deja salir un profundo suspiro, aliviado. —Gracias.
Hay otra pausa, y Victor no puede saber si él todavía está inseguro, entonces se baja de su cama y se sienta en su escritorio. —¿Podemos empezar por hablar sobre la 'Cantidad del movimiento'? Tengo otro examen aproximándose, ya sabes.
Asiente con entusiasmo. —Desde luego que sí.
(Hay varios centímetros de distancia de más entre ellos de lo usual.)
(Victor intenta convencerse a sí mismo que está bien con eso. Intenta recordar que él está siendo inmaduro por querer más, por necesitar más. Él está bien con eso. Por supuesto que lo está.)
Por supuesto que lo está.
Pero la peor parte son los recuerdos. Yuuri se lamerá los labios inconscientemente cuando lo mire a los ojos. O sus manos se tocaran. O las bromas irán demasiado lejos y ambos terminaran tocándose el uno al otro de alguna forma u otra, y él queda atrapado, queda atrapado en el recuerdo de tener esperanzas de que un día ellos serían más que amigos. Luego recuerda que Yuuri no quiere eso y se aleja de esos pensamientos. Victor ahora es el primero en alejarse en todo.
Y no se acostumbra a serlo.
Con cada día que pasa, se convence a sí mismo de que lo hará.
Que tal vez esto se convertirá en algo normal, que quizás un día él dejara de ser cautivo de esos ojos, de esas pequeñas peculiaridades que él tiene, de esa sonrisa orgullosa que él le da a Victor cada vez que acierta a la respuesta correcta. Que eventualmente él será capaz de mirarlo sin que le duela el pecho, sin sentir la urgencia de besarlo crecer gradualmente más y más con cada segundo que pasan juntos.
Eventualmente.
(Eventualmente, dice cuando Yuuri cae dormido a su lado una noche. Juntos habían estado trabajando con el francés y habían abandonado el escritorio de Yuuri con la esperanza de estar más cómodos. Hay notas esparcidas por toda la cama, pero es tarde, más tarde de lo que Victor usualmente se queda despierto, él figura que finalmente el privarse del sueño durante las últimas semanas le está cobrando factura a Yuuri.)
(Eventualmente, dice cuando le quita las gafas a Yuuri, doblándolas y colocándolas con cuidado sobre el peldaño superior de la escalera. Ve que el teléfono de Yuuri está debajo de su brazo y lentamente lo saca de su debajo, enchufándolo para que cargue. Cuando el cable está insertado, el teléfono se ilumina automáticamente, y ve que hay un mensaje.)
De Phichit.
Deberías hablar con él, decirle cómo te sientes así él no tendría una idea equivocada de lo que pasó c/ el beso.
Victor bloquea el teléfono, vuelve a mirar a Yuuri, ignorando el reciente dolor en su corazón. Pone las notas de francés en orden y las deposita sobre el escritorio. Yuuri rueda sobre su lado y se acurruca más dentro de las sábanas, con sus labios semi-abiertos. A Victor no le sorprende que él hubiera hablado con Phichit sobre lo que sucedió, ni siquiera lo ofende. Duele, sí, pero está sedado contra el dolor a estas alturas, se ha acercado lo más posible a la aceptación sin haber llegado a un acuerdo con el hecho de que a Yuuri no le gusta él más que como amigo.
Victor no tiene, a pesar de las creencias de Phichit, una idea equivocada con respecto al beso. Él lo entiende por completo. Y ciertamente espera que Yuuri no intente hablar con él sobre ello, porque no está seguro de ser capaz de manejarlo.
Se escucha un ruido y Victor se sobresalta, luego recuerda que Yuuri habla en sueños. Sonríe con afecto, mirando sus labios moverse y pronunciar silabas incomprensibles. —Buenas noches, Yuuri —dice Victor.
Pone un pie en la escalera de su propia cama cuando se detiene. Se da la vuelta, y regresa donde está Yuuri, sus pies se mueven por sí solos.
Victor deposita un beso sobre su cabello, piensa que a Yuuri no le importaría.
(Es posible que no pueda tenerlo, pero puede amarlo.)
(Así que eso hará.)
...
J'ai perdu*: Yo perdí. En frances.
Mis tontos adorables! este capítulo me removió el corazón por completo. Ambos se aman pero no creen que sea reciproco. Es triste y exasperante a la vez xD amo esos enredos, la verdad x3
Uff, si con este cap sintieron fuertes emociones, preparense para lo que se viene en el siguiente!
Besos,
Lilaluux off!
