Centripetal Force
Summary: Yuuri ayuda a Victor a terminar su ensayo de física, y la fraternidad va a un viaje de campamento y excursión.
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Fic escrito por: braveten
Traducido por: Lilaluux
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Capítulo 6: Paradójico
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—No puedo evitar sentir que te estás distrayendo —percibe Yuuri.
Victor roza suavemente su mejilla contra la cálida sudadera de Yuuri, sus manos están envueltas en el torso del muchacho y tiene todo su peso reclinado sobre él. Yuuri suspira y coloca una mano en la espalda de Victor, frotándosela. Victor gime, deleitado por la sensación. —Quizás.
—Concéntrate —le regaña Yuuri, alejándose de repente.
Aquello aturde a Victor, quien se sienta derecho y levanta la mirada hacia la portátil que tienen frente a ellos. —Ni siquiera puedo pronunciar la mitad de esas palabras con facilidad. La profesora Baranovskaya no va a creer que fui yo quien escribió esto ni por un segundo.
Yuuri parece confundido por ello, sacude su cabeza y presiona la flecha hacia abajo del teclado para desplazarse por el ensayo de cinco páginas en cuestión. Los dos están sentados en el escritorio de Victor, con ambas sillas frente a él. —¿Qué quieres decir con eso? Sí fuiste tú quien escribió esto.
—Bueno, tú más o menos me lo dictaste.
Parece compensado por eso, pero no tampoco tiene una buena respuesta. —¿Por qué no me dijiste que no estabas entendiendo nada de lo que decía?
Victor sonríe. —Me gusta escucharte hablar de las cosas que te apasionan.
Y es perfecto, el hacer que Yuuri se ponga así de nervioso. Aquello Victor lo ha perfeccionado como un fino arte, sabe exactamente cuándo y cómo lograrlo. Aunque, el único problema, es que Yuuri ha aprendido lo mismo con respecto a él. El cohabitar los ha llevado a compartir caricias, a intercambios accidentales (y al consiguiente robo) de útiles escolares y, lo más importante, a aprender sobre las personalidades del otro.
(Así que sí, él sabe cómo hacer ruborizar a Yuuri.)
(Y se deleita con aquel hecho.)
Su rubor es rosado, se esparce desde sus mejillas hasta la punta de sus orejas, y es el rubor Yuuri Katsuki número tres. Percibe Victor con deleite, aquel en el que él inclina su cabeza para que su barbilla toque su hombro. Él lo admira cuando Yuuri comienza a murmurar. —De cierta forma sólo despotrique. No es que… disculpa si hable por tanto tiempo y te aburrí.
Él piensa que podría escuchar a Yuuri hablar de cualquier cosa.
—Definitivamente no me aburriste —le asegura—. El tema puede que sí sea aburrido, pero tú te las arreglas para hacerlo… —casi se le escapa, casi dice 'interesante' y Yuuri lo sabe, y por eso ahora está sonriendo de oreja a oreja. Descaradamente. Victor sacude su cabeza, obstinado.
—Ibas a decirlo —dice Yuuri—. Ibas a decir que la física es interesante.
—No era eso —Victor le asegura, luego se inclina hacia adelante y con un brazo lo abraza, lo envuelve y le besa el pelo. Yuuri vuelve a ruborizarse, más violento está vez, pero se mueve más cerca de él en respuesta ante el contacto, y aunque las cosas todavía son raras y su relación no está definida, él ama esto que ahora tienen, ama poder besarlo y que eso se sienta correcto.
Sin embargo, el problema con besar a Yuuri es, mirarlo.
(No es tanto un problema como un dilema, y aunque esas palabras puede que sean sinónimas, para Victor definitivamente poseen diferentes connotaciones.)
Porque cuando Victor mira a Yuuri, ve sus suaves rasgos, sus rosados labios, sus ojos marrones con motas doradas que él no percibió la primera vez que se conocieron cuando golpeó a Yuuri en su bicicleta. Ahora Victor percibe su risa, su voz, percibe todo de él, y se pregunta cómo cada minúscula facción, cada minúscula cualidad que él posee puede ser tan encantadora, una más que la otra. Se pregunta cómo es posible querer estar con alguien en todo momento, se pregunta cómo es posible extrañar tanto a alguien cuando se está lejos de esa persona.
(Se pregunta si Yuuri se siente de la misma manera.)
—Un penique por tus pensamientos —dice Yuuri, mientras toma la portátil de Victor y remarca algo, borrando una frase completa—. Listo, simplificado a prueba de tontos.
Victor rueda los ojos, demasiado ocupado admirándolo como para sentirse aludido, toma su portátil de vuelta. —Okay, dime más sobre la física cuántica.
Y entonces Yuuri prosigue la explicación, y ese es quizás el hecho favorito de Victor –el mirarlo mientras se pierde en sí mismo. Ha visto ese hecho en otros momentos, claro, pero aquello resalta más cuando él habla de física. Sus manos se mueven como locas enfrente de su rostro, haciendo gestos que no tienen sentido para nadie más que para él mismo, y sus ojos se encienden, como si él silenciosamente le rogara a Victor sentir lo mismo que él siente mientras habla de este oh-tan-importante-tema.
La cosa es que, funciona. Realmente a Victor podría importarle menos el gato, perro o iguana de Schrödinger, pero cuando Yuuri habla de ello, siente que bien estaría dispuesto a leerse novelas enteras que hablen del tema. Así que teclea en el teclado mientras Yuuri habla, ocasionalmente deteniéndose para hacer preguntas que probablemente no tengan mucho sentido. Sin embargo, Yuuri es paciente, siempre dispuesto a intentar explicar cosas desde un diferente ángulo.
(Durante todo el resto de la tarde, Victor admite algo para sí mismo.)
(La física es interesante.)
(Al menos, ciertas partes. O, al menos, cuando Yuuri las explica.)
(Aunque no dice nada de esto en voz alta.)
Una hora después, está bostezando cada cierto rato. Yuuri sonríe con simpatía, mirando la pantalla otra vez. —Esto es para mañana, ¿verdad?
Victor asiente. —Tú puedes ir a dormir, si quieres. Yo lo terminaré.
Yuuri ríe ante eso. —No soy yo quien está cansado. Ahora, voy con esto hasta el final.
—Más o menos como el gato.
—¿Todavía piensas que el gato es real? No importa. Pero debo decir que mi espalda está comenzando a doler.
Las sillas no son particularmente confortables. Ambas son negras, y la de Yuuri tiene uno de sus posa-brazos quebrado, Victor cree que debió suceder antes de que ellos se conocieran. La de él está bien, aunque su ajustador de altura está roto, cosa que él constantemente está más bajo que Yuuri. Él figura que podrían usar unas nuevas, pero a condición de ser estudiantes universitarios en quiebra, y eso sería un problema para su futuro.
Viktor levanta su portátil. —¿Quieres que nos movamos a mi cama?
Yuuri se muestra de acuerdo.
Es casi como una silenciosa invitación para poder acurrucarse, piensa. Y no es que él esté intentando tomar ventaja de la bondad de Yuuri. Es más… es más para ser prácticos. Si van a trabajar juntos, y si van a ponerse cómodos, ¿Por qué no aprovecharlo al máximo? Ciertamente es la decisión correcta.
Entonces, Yuuri bosteza, y Victor se da cuenta que está cansado, ya sea que lo admita o no. Señala algo en la pantalla y dice algo. Victor a duras penas escucha las palabras, modificando lo que Yuuri le dice que debe ser modificado. Él ya puede sentir que se está quedando dormido, con ambos brazos en su regazo y sus parpados poniéndose más y más pesados con cada segundo.
Su roommate le toca el brazo. —Casi terminamos. Quédate conmigo.
Él asiente, agradecido, y entonces terminan el ensayo.
Cuando Yuuri está apunto de recostarse en la cama, Victor sugiere que mientras están sentados así, miren una película. Así que eso hacen. Y no es una sorpresa para ninguno de los dos cuando Yuuri apoya su cabeza en el hombro de Victor y éste último envuelve un brazo alrededor de su costado, con su espalda incómodamente recostada contra la pared pero su mente felizmente ignora este hecho.
Rato después, cierra su portátil, y sin decir palabra se recuestan en la cama, con sus cabezas yaciendo cómodamente sobre la almohada. Yuuri suspira y se mueve más cerca, con su rostro sobre el hombro de Victor, y Victor sonríe –no puede dejar de sonreír— mientras lo sostiene entre sus brazos. Se le ocurre que no será capaz de dormir en esta posición, puesto que está más que eufórico, pero unos pocos minutos después, su respiración comienza a estabilizarse.
Yuuri es hermoso cuando duerme, y de eso Victor se da cuenta. Claro que, él siempre es hermoso, pero esta es una diferente forma de hermosura. Él está con sus guardias abajo, sus emociones desprotegidas, dejándolas expuestas al mundo, es como si estuviera en su estado más puro. Sin mencionar su suave respirar, su espalda apoyada contra el pecho de Victor, y sus ocasionales murmullos que salen de sus labios.
Victor piensa en todos los eventos que lo han conducido a este momento.
Piensa en cuan afortunado es por tener a Yuuri Katsuki en sus brazos, en su vida.
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Las manos de Victor están atadas.
Fuerte, pero no tan fuerte como para lastimarlo.
El sueño y la conmoción se mezclan juntos, pero como no combinan, Victor parpadea perezosamente, mirando alrededor de la habitación. Se le ocurre angustiarse si no fuera por el silencio, si no fuera por la suave luz del sol que lo ilumina a través de la ventana. Mueve una mano, luego la otra. Ninguna de las dos se moverá más allá de lo que permitan las ataduras.
Trata de espabilarse, trata de averiguar qué fue lo que sucedió, aferrarse a lo que sabe. Hay una pequeña barandilla alrededor del borde de su litera, y las bridas están enganchadas a las barandas y alrededor de sus muñecas, aprisionándolo con maestría. Tira de su brazo izquierdo. Intenta alcanzar una mano con la otra para liberarla, pero sus esfuerzos son en vano.
El pánico comienza a posarse en él, su corazón comienza a acelerarse. Se esfuerza a sí mismo a mirar alrededor, con la adrenalina llenando su mente y cuerpo. Y entonces su ojos se posan en…
—Buenos días.
—¿Yuuri? —pregunta, con voz grogui. Se aclara la garganta, y sacude su cabeza—. Yuuri, ¿Qué…? ¿Qué estás…?
Yuuri rompe a reír. Y es ahí que la media dormida mente de Victor se percata que el otro muchacho está sosteniendo un teléfono en alto, apuntándole con la cámara. —Deberías haber visto tu cara cuando te despertaste. No tuvo precio.
Victor se mueve hacia el borde de la cama, intenta obtener una mejor vista de las ataduras. —Tú… ¿tú me ataste mientras dormía?
—No sé cómo no te despertaste —dice burlón—. Seguí creyendo que lo harías, pero no. Incluso en algún punto hasta sonreíste en sueños, creo.
No está seguro de que decir a eso. Intenta con las bridas otra vez, trata de desatarlas. —Ja, ja. Muy gracioso. Ahora déjame ir.
Yuuri toma un par de tijeras de su escritorio y con una mano las hace girar con maestría. —¿Dejarte ir?
—Yuuri…
—¿Y si quiero algo de ti primero?
Victor traga con premura, retorciéndose en la cama. —¿Qué es lo que…? ¿Qué podrías…?
Yuuri se detiene, una astuta sonrisa baila en sus labios. Coloca las cuchillas de las tijeras contra su mejilla. —No sé. Convénceme. Tal vez sólo quiero verte suplicar.
Palidece, inseguro de haber visto así a Yuuri antes. Cierto era que había visto su lado confiado, ¿pero esto? Esto es…
—No te están lastimando, ¿verdad? —añade con preocupación.
A Victor le toma un segundo hacer la transición de la misma manera que Yuuri –pasar de su picardía a su tímida preocupación. —No, no me están lastimando —jala de nuevo—. Tú… ¿tú en verdad me ataste a mi cama? Ni siquiera te he devuelto lo del tinte en mi cabello.
—Lo sé, pero tenía reservado esto para cuando lo hicieras, simplemente pensé que sería divertido —luego vuelve a reír, todavía jugando con las tijeras—. Y así fue.
Victor no puede evitar sonreírle, pero rápidamente recompone su cara de póker. —Muy bien, Yuuri. ¿Puedo pedirte por favor que me quites estas bridas?
—Tendrás que hacerlo mejor que eso.
—Eres un demonio.
—Hmm, eso no ayuda en tu caso.
Victor le enarca una ceja, luchando contra las ataduras una vez más. En parte para impresionar, en parte para poner a prueba su integridad, ya que cree que sería bastante impresionante salir de esto por su cuenta. Pero, evidentemente, no hay posibilidad de escapar. Le regala a Yuuri su mejor puchero, bien practicado. —¿Por favor?
Yuuri medita ante eso, inclinándose más en su silla. Apoya ambas piernas en el brazo derecho de la silla, cruzándolas mientras lo considera. —Esta una decisión difícil.
El teléfono de Victor vibra sobre su escritorio. Entrecierra los ojos para ver quién es, pero no es capaz de leer lo que dice. —¿Puedes leerlo por mí?
Después de un momento, su teléfono está en las manos de Yuuri. —Um, es de Christophe. Pregunta qué estás haciendo.
—Dile que el sádico de mi roommate me tiene atado a mi propia cama.
—Dejare que le mensajees luego —musita Yuuri, colocándolo de vuelta a su lugar.
Victor gruñe. —Muy bien, Yuuri. ¿Qué quieres que diga? Que eres inteligente, ¿es eso? ¿Más inteligente que yo? ¿Y más atractivo? ¿Quieres que te halague?
Yuuri se muestra impasible. —Creo que ambos sabemos que es lo que quiero que admitas.
(No, no.)
(No bajo esas circunstancias.)
Con una obstinada negación con su cabeza, se gira hacia su costado, con sus manos extendidas incómodamente sobre sí. —Definitivamente no.
Yuuri baja las tijeras, pero se mantiene en su posición, volviendo a tomar el teléfono de Victor. Alza la vista a él, sorprendido. —¿No tiene contraseña?
—Sin contraseña —confirma—. ¿Qué vas hacer desde allí?
Le toma una foto, luego vuelve a colocarlo en el escritorio.
—Apuesto que luzco muy gracioso, ¿no? —pregunta con tono lleno de sarcasmo.
—Mmm —concuerda Yuuri distraído—. Quisiera ayudarte pero tú todavía no me dices lo que quiero escuchar.
Victor sonríe, impresionado, si ha de ser honesto. —Yo todavía no puedo creer que me ataras a mi propia cama. ¿Qué clase de mente diabólica tienes, Yuuri Katsuki?
No hay respuesta para eso, sólo otra mirada.
No le toma mucho tiempo a Victor rendirse.
—La física es interesante —suspira Victor.
—¿Qué dijiste?
Él sabe que Yuuri lo escucho muy bien.
—Dije que la física es interesante —repite—. ¿Ya estás feliz?
Yuuri suelta una risita y levanta las tijeras, trepándose a la cama de Victor y sentándose a su lado. —Muy feliz.
—Ahora tengo que devolvértelo el doble —se queja Victor, inclinando su cabeza contra el muslo de Yuuri tan pronto como él está lo suficientemente cerca.
—Quédate quieto —le advierte, tratando de cortar las bridas. Eventualmente corta una, luego otra.
Victor no duda en derribar a Yuuri.
Yuuri grita, aun sosteniendo las tijeras, murmurando algo de ser peligroso cuando Victor le toma ambas muñecas y se las inmoviliza poniéndolas por encima de su cabeza. Las tijeras caen inútilmente al piso, rápidamente siendo olvidadas. Piensa en que decir, entonces ladea su cabeza a un lado, poniendo una pícara sonrisa. Dos pueden jugar este juego. —No sabía que estabas tan interesado en tenerme atado, Yuuri.
Obtiene la reacción deseada.
Nervioso, con ojos abiertos, y el rostro todo rojo. —Yo… no, no… yo sólo… pensé que sería… no… no quise que… no —parece decidirse en la última palabra, traga con prisa—. No.
—Entonces ¿no estás interesado en tenerme atado?
Yuuri lo mira boquiabierto. —Yo… ¿tú estás interesado en eso?
Es menos una pregunta genuina y más un intento desesperado de tener cualquier tipo de respuesta. Victor se encoge de hombros, un gesto difícil de interpretar. —Estoy interesado en lo que sea que te interese. O, al menos, pensé que lo estaba, hasta que descubrí que te gusta atraer a hombres inocentes y hacer que estén lo suficientemente cómodos como para dormir junto a ti sólo para poder atarlos antes de que llegue la mañana.
—Por lo que sé, la última vez no tuve precisamente que atraerte.
(Tiene que admitirlo, es una buena respuesta.)
Pero eso sólo lo exime por un lado. —Me temo que no estoy de acuerdo. Tú absolutamente me atrajiste.
Yuuri intenta mover sus muñecas, y Víctor lo suelta, dejando que su compañero de habitación lo abrace y entrelace sus dedos detrás de la parte superior de la espalda de Victor. —No lo hice.
—Te veías... cansado —suelta sin convicción, porque no tiene palabras para describir cómo se veía Yuuri, cómo se ve siempre. Para describir todo lo que le hace a Víctor.
—Oh, ya veo. Cansado. Muy atrayente.
Victor se aleja de él y elige acostarse a su lado. —Muy atrayente —concuerda, asintiendo solemnemente, ignorando el sarcasmo de Yuuri. Luego lo besa.
~•~ ~•~ ~•~
—Creo que voy a cambiar de carrera.
Toma un momento a que las palabras de Phichit se abran paso hacia el tálamo de Yuuri, finalmente tocan la comprensión y causan que deje caer el lápiz que estaba sosteniendo. —¿Qué tu qué?
La cosa es que, una frase como esa es completamente muy Phichit. Si es que Yuuri, siquiera de alguna forma comenzara a odiar la física, nunca soñaría con cambiar de carrera. Asociando a eso el estrés, los créditos extras que se requieren –el mero pensamiento de eso le da escalofríos. Phichit en cambio, dice su idea con despreocupación, apenas notando el shock escrito en el rostro de Yuuri.
—Psicología —explica—. Creo que podría ser un buen terapeuta un día. ¿No crees?
Eso, también, se ajusta a Phichit. Yuuri se lo dice, y su amigo le sonríe, contento de que parezca aprobar su decisión. Luego Phichit se encuentra enviando un correo electrónico a su consejero académico, programando una reunión, y Yuuri se pregunta cómo sería estar tan a gusto con respecto a cosas como esas. Simplemente pensar, quiero hacer eso, y entonces hacerlo.
Phichit toca el botón de enviar y luego se reclina en su silla, apoyando los pies en su escritorio. —Podría dar consejos a la gente. Ayudarles.
—Tú eres bueno en eso —concuerda Yuuri—. Además, ya me has ayudado a mí con mis problemas.
—Cierto —dice Phichit—. Hablando de tus problemas…
Yuuri inmediatamente sacude su cabeza, sabiendo hacia donde se dirige la conversación. Se trepa a la cama de Phichit para ya no ser visto, recostándose en ella. —No hay muchos problemas de los que hablar.
—Hey, tú recostado allí, y yo sentado aquí. Así era como Sigmund Freud trataba a sus pacientes. Él creía que si ellos no podían verlo, se abrirían más. ¿Te sientes dispuesto a hablar sobre tus más profundos y oscuros secretos?
Yuuri se ríe y mira al techo. —Temo que no está funcionando, Doc.
Phichit suelta un bufido. —Supongo que necesitaré trabajar en ello.
El teléfono de Yuuri vibra en su bolsillo y lo saca, mirando la pantalla.
¿Ocupado el sábado?
Es de Victor, y se queda un segundo contemplándolo, mordiéndose su labio inferior, con la anticipación sacudiéndole el estómago. Phichit se gira en su silla para obtener una mejor vista de su expresión. —¿Es Victor?
—¿Cómo lo sabes? —pregunta Yuuri, sorprendido.
—Tienes tu marca patentada 'Victor Nikiforov' plasmada en tu cara.
No está seguro cómo responder a eso, así que en su lugar prefiere responder al mensaje.
Phichit protesta. —No, espera dos minutos antes de responder. No querrás parecer tan disponible, ¿verdad? Juega a ser difícil, pero no tan difícil. En un delicado balance.
—Espero que este no sea el mismo consejo que vayas a darle a tus futuros pacientes —dice Yuuri, abriendo el mensaje de todas formas. Escribe una respuesta.
No, ¿Por qué?
La respuesta es inmediata.
Campamento y excursión con los de la hermandad. Sábado y domingo.
Yuuri nota que Victor textea como habla. Conciso y espontaneo. Anticipando la respuesta que quiere. Con un aire de confianza. Yuuri se muerde el labio más fuerte, mirando a Phichit, quien lo mira curioso. —¿Qué sucede? —pregunta éste—. Luces como si te lo acabara de proponer por mensaje.
—Dice que hay un viaje de campamento y excursión con los de su hermandad el sábado.
—¿Y estás invitado? —pregunta, levantándose rápidamente de su silla y escalando a su cama para sentarse al lado de Yuuri—. ¿Y yo estoy invitado?
Yuuri sonríe. —Estoy seguro de que lo estás. Pero yo no sé si estoy hecho para ir de excursión…
La expresión de Phichit lo interrumpe. —Yuuri, tu atractivo y popular novio…
—No es mi novio.
—…te acaba de pedir ir de excursión, ¿y tú vas a rechazarlo? Además, he escuchado que esos viajes son tan divertidos. ¿Puedes preguntarle si yo puedo ir?
Yuuri acepta, vuelve a escribir. Phichit quiere saber si él también puede venir.
Por supuesto.
Phichit sonríe de oreja a oreja, dándole por el hombro. —Anda, yo iré con ustedes. Será divertido. Acampar, podemos… um… encender una fogata. ¡Malvaviscos y s'mores*! A ti te encantan los s'mores. Historias de terror, ¡Yuuri!
—Tú casi te prendiste fuego la última vez que hiciste s'mores.
—Cierto, pero… —empieza Phichit, pero parece no poder encontrar un argumento en contra—. Vamos, Yuuri. Te divertirás. Te lo aseguro. Especialmente con Victor, los dos solos en una pequeña tienda de acampar toda la noche…
Yuuri siente que se sonroja violentamente. —De acuerdo, de acuerdo. Iré.
Phichit enarca una ceja. —¿Qué? ¿Irás por eso?
Es ahí que Yuuri se congela, dándose cuenta de lo que acaba de hacer. —No, no, no, no es por eso… no… no, no, sólo que lo pensé bien, es todo. Y tienes razón. Puede que sea divertido.
Su amigo se limita a guiñarle un ojo.
Yuuri gruñe y entierra su rostro entre sus manos.
—Está bien, Yuuri. No te estoy juzgando.
—Me presionas, lo sabes.
Phichit se toca su sien. —Sólo imagina las cosas que podré hacer cuando sea un estudiante de psicología. Conoceré el funcionamiento interno de los cerebros de todo el mundo.
Yuuri le da golpecitos en su espalda. —De hecho, ya lo haces.
—Ah, punto preciso.
Yuuri le responde a Victor.
Bien, iré.
La pequeña burbuja indica que al parecer Victor está tipeando algo, pero entonces lo borra. Luego hace lo mismo otra vez. Yuuri mira su teléfono, ligeramente frustrado. ¿Qué estuvo a punto de decir esas dos veces?
Genial :) :)
—¿Él usa esas caritas sonrientes? —juzga Phichit en voz alta.
~•~ ~•~ ~•~
Tan pronto como Victor lee el mensaje de Yuuri, esas dos pequeñas palabras –bien, iré— su corazón amenaza con explotar. Christophe lo mira, divertido. —Deberías ver tu rostro ahora mismo.
Victor se gira a mirarlo, todavía sonriendo. No puede parar de sonreír, sabe que Chris se está burlando de él, pero no podía importarle menos. Yuuri iba a ir de campamento y excursión con él. Lo cual quería decir que se sentarían al lado de la fogata, tal vez juntos, y Yuuri podría apoyar su cabeza en el hombro de Victor, e incluso podrían besarse…
¿Todavía no es sábado?
—Estoy feliz por ti —añade Chris—. Pero deberías responder.
Victor tipea algo, pero es demasiado entusiasta. No quiere presionar su suerte, no quiere asustar a Yuuri. Intenta una vez más, pero tiene el mismo problema. Normalmente, él envía sus mensajes sin pensarlos dos veces, pero con Yuuri se encuentra a sí mismo pensando dos veces cada movimiento que hace. Quizás, es porque la reacción de Yuuri a lo que hace es lo único que le importa. Quizás esa sea la diferencia.
—¿Debería haber usado una sola carita sonriente? —le pregunta a Chris en voz baja después de haber presionado enviar.
—No creo que a él eso le importe.
Victor suspira, percatándose de cuan ridículo suena, deja caer el teléfono. —Bien, JJ está haciendo los preparativos para el sitio donde acamparemos, ¿correcto? ¿Y yo llevare provisiones para los s'mores?
Christophe asiente. —Lleva chocolate extra, ya sabes cómo es Georgi con su chocolate.
—Mmm. Tienes razón —se pone de pie para irse, pero se detiene antes de llegar a la puerta—. Una cosa más. Necesito un consejo.
Su amigo luce expectante. —¿Sobre Yuuri?
—Exactamente —dice Victor, feliz de que él lo capte—. Estamos en medio de una especie de guerra de bromas.
Christophe frunce el ceño, como si eso no fuera lo que esperaba oír. —Oh.
—Quiero devolverle algunas en este viaje. ¿Alguna idea?
Por supuesto que Christophe tiene muchas ideas. Victor las toma todas en cuenta.
~•~ ~•~ ~•~
El viernes, Victor le da instrucciones a Yuuri de que llevar. Yuuri empaca una innecesaria cantidad de cosas –agua, comida, ropa. Por si acaso, también empaca un cargador de teléfono, una bolsa de dormir que es demasiado grande como para que quepa en su mochila, y un par de zapatos extras. Todo esto por si acaso. Victor lo mira –entretenido, ¿tal vez?— mientras él lucha con todas las cosas para que entren.
El sábado en la mañana, Victor aún no está despierto cuando Yuuri despierta. Tienen que irse en una hora para reunirse con todos donde comienza el sendero, y él sabe que Victor se molestará si se tiene que marchar teniendo el cabello todavía húmedo por el baño. Entonces, Yuuri rueda fuera de la cama y se aproxima a Victor, trepando la escalera de su cama para tocarle el hombro. —Victor, son las ocho.
Victor responde con un gemido soñoliento y rueda sobre su estómago para escapar del agarre de Yuuri. Luego, después de unos cuantos segundos más, parece despertar, apenas abriendo un ojo. Es casi un poco molesto, el cuan perfecto luce cuando duerme, piensa Yuuri. Cuando Yuuri duerme, es una mezcla de baba y hablar en sueños, pero cuando Victor duerme, bien puede ser un modelo de Abercrombie*.
Molesto.
(Pero atractivo.)
Su cabello es un desastre, pero es una especie de descuido intencional, aun cuando Yuuri sabe que no es intencional en lo absoluto. En el momento en que abre sus ojos, esos iris azules como la espuma del mar lo cautivan, y él es incapaz de apartar la mirada. Sin mencionar su voz. La voz de Victor en la mañana provoca cosas en Yuuri que le es imposible describir.
Su voz es áspera, su acento más marcado de lo usual. —¿Las ocho?
Yuuri asiente, su mano todavía está en el hombro de Victor, y debería moverla, ¿no? Definitivamente no hay razón para tenerla ahí, aparte de querer tenerla ahí. Aunque al mismo tiempo, Victor no parece importarle, ni parece notarlo. Entonces la deja ahí.
—Buenos días —saluda perezosamente después de un segundo, bostezando otra vez.
Sus ojos rápidamente comienzan a cerrarse de nuevo, y Yuuri ríe, volviéndolo a sacudir. —Si no te levantas ya, lo lamentarás.
—Quizás un beso me despierte.
Pequeñas frases como estas sorprenden a Yuuri sin fallar.
—Ahí está esa expresión —musita Victor contra la almohada—. Amo esa expresión. Está en mi top diez.
Yuuri suspira y se baja de la cama. —Sal de la cama o volveré a atarte las manos.
—Eso sería interesante.
Una vocecilla en el fondo de la mente de Yuuri pregunta si ellos están saliendo.
Porque ahora ellos se besan, sí, pero eso es todo. Se besan, se acurrucan, pero todo lo demás es lo mismo. Victor siempre ha sido un coqueto, y aún lo es, entonces no es como si eso fuera algo nuevo. Ellos bromean, pero ya bromeaban desde antes, así que eso tampoco es nuevo. En realidad, son las demostraciones más descaradas de atracción lo nuevo. Con las cuales, obviamente, Yuuri está bien, pero…
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Victor toma su usual ropa de excursión, y se mete a la ducha. La hermandad va de excursión o campamento –o a ambas, como en este caso— varias veces a lo largo del año. Es una tradición que se ha mantenido desde mucho, mucho antes de que Victor se uniera a la hermandad. Pero los viajes son normalmente divertidos, buenos recuerdos son creados. Sin embargo, él no puede decir que alguna vez ha estado más emocionado de lo que lo está ahora por este viaje. Y es a causa de Yuuri. Quiere mentirse a sí mismo y decir que se debe a algo más, pero sabe que es debido a que Yuuri está viniendo con ellos. No tiene sentido negarlo.
Cuando cierra la llave de la ducha, rápidamente se pone un par de pantalones cargo* y una camiseta blanca sin mangas, planea ponerse una chaqueta abrigada sobre ella. Luego sale del baño, secándose el cabello con una toalla. Yuuri está entretenido en su laptop, haciendo Dios sabrá qué, está usando una remera negra y pantalones deportivos. El mismo vestuario que utiliza cuando patina, nota Victor.
—Luces listo para ir de excursión —comenta Victor, apoyándose contra el marco de la puerta. Yuuri debió haberse cambiado cuando él estaba bañándose.
Es ahí que Yuuri alza la mirada hacia él.
Silencio.
Victor se balancea sobre sus talones, metiendo sus manos dentro de sus bolsillos traseros. La expresión en el rostro de Yuuri es ilegible, una mezcla de incredulidad y horror. —¿Estás… está todo bien? —pregunta Victor despacio.
—No… sí, estoy bien —le asegura, luego vuelve a pegar su mirada en la pantalla de su laptop, excepto que es obvio que él en realidad no está mirando nada. En lugar de eso, parece como si estuviese intentando reprender a sus ojos por su mera existencia. Como si estuviese intentando convencerse a sí mismo de algo. Pero entonces, de repente y de golpe, levanta su cabeza. —¿Vas a usar eso?
Victor se le acerca, reposa un brazo en uno de los peldaños de la escalera y así alzar la mirada hacia Yuuri. —¿A qué te refieres?
—Esa… esa camiseta.
—¿Qué con ella? —se aleja de la escalera y regresa al baño, para mirar su reflejo. No hay nada de malo con la camiseta, ni con él. No hay siquiera mancha. —¿Tiene algo de malo?
Yuuri traga grueso. —Es decir… hace frio afuera. Me refiero a que, estamos en Detroit…
—Oh, me pondré una chaqueta.
—Oh.
Otra pausa. Victor no cree ni por un segundo que Yuuri sólo esté preocupado por su salud, y entonces se le ocurre una idea. —¿Qué? ¿Te gusta la camiseta?
—¿Gustarme? —replica Yuuri, tranquilamente, como si no le importara lo que Victor está diciendo—. O sea, está bien.
—¿Bien?
—Es sólo… sí, está bien.
Victor chasquea su lengua con sus dientes, dejándole saber a Yuuri que no le cree, pero que te todos modos lo dejaría pasar. Se sienta en su cama y le mensajea a Christophe y a JJ, concertando los últimos detalles del viaje, y después salen de la habitación. Yuuri se cuelga su mochila en su hombro y Victor hace lo mismo.
Van en busca de Makkachin, quien ama las excursiones. Al ser el perro inteligente que es, parece saber lo que está por suceder al segundo que ve sus vestimentas, y con entusiasmo deja que Victor le ponga su correa. Luego lo llevan hacia el auto de Victor y el perrito salta a la parte de atrás. Fue un acuerdo tácito, el que Victor llevaría a Yuuri y a Phichit. Algo que simplemente tenía que suceder.
Phichit se reúne con ellos en el parqueadero y se sube al asiento trasero con Makkachin, acariciándole detrás de las orejas. Está usando un suéter verde y pantalones cargo, con sus gafas de sol sobre su cabeza y su teléfono entre sus manos. —¿Habrá s'mores? —le pregunta a Victor después de saludarlo.
Victor se lo confirma, mirándolo a través del espejo retrovisor.
Phichit de pronto ríe, entonces mira a Yuuri. Comienza a hablar en tailandés, lo que Victor traduce con un poco de dificultad. —Una vez, Yuuri hizo el chubby bunny challenge a modo de apuesta, no creí que fuera humanamente posible para alguien el meterse tantos malvaviscos en la boca.
Yuuri frunce el ceño, no entendiendo el idioma extranjero. —¿Qué acabas de decir?
En respuesta Victor sólo se ríe, sintiéndose como si él y Phichit acabasen de compartir un secreto. Intenta imaginarse a Yuuri metiéndose en la boca malvavisco tras malvavisco, pero el simplemente imaginarse no parece funcionar dentro su mente.
—Phichit, a estas alturas ya sé reconocer mi nombre en tailandés —le recuerda Yuuri.
Otra vez en inglés. —Sólo le estaba contando a Victor sobre una de tus más grandes hazañas. Luego te enseñare las fotos, Victor.
—¿Qué le contaste? —insiste Yuuri.
—Vamos a pretender que estamos compartiendo más secretos —le sugiere Phichit a Victor en tailandés.
—Buena idea —responde Victor.
Yuuri gime, mirándolos a ambos. Aunque al final, Phichit no se aguanta y le dice lo que hablaron, y entonces Yuuri también se está riendo. Continúan riendo durante el resto del viaje, y una especie de ingravidez se posa en el pecho de Victor, una que no puede describir.
~•~ ~•~ ~•~
Se encuentran con los demás en el punto donde empieza el sendero, y entonces todos se ponen en marcha. Victor le quita la correa a Makkachin y el perrito corre enfrente de ellos, pero no demasiado lejos. Olisquea cada palmo de hierba, extruyendo energía como si fuese su segunda naturaleza. Victor sonríe mientras lo mira, caminando al lado de Yuuri con su mochila colgada al hombro.
Según Christophe, las tiendas ya están esperando en el sitio de acampamiento. Yuuri y Phichit rápidamente son presentados a todos los miembros de la fraternidad, y Phichit al instante se pone a conversar con varios de ellos, mientras que Yuuri permanece estrictamente al lado de Victor. Ocasionalmente intercambia palabras con Chris, a quien conoce de antes.
A medida que lentamente ascienden la colina, llegan a un pequeño riachuelo. Yuuri pisa una piedra y se tambalea un poco, instantáneamente Victor alarga su brazo y lo estabiliza. No es como si la caída fuese peligrosa, pero este es un terreno escabroso. Desde luego, no es necesario que Victor lo agarre de la mano. Pero lo hace de todas formas. Y Yuuri no se aparta.
Toman un descanso después de unas pocas horas, descansando en un pequeño claro del bosque, para tomar agua y comer unos cuantos bocadillos. Makkachin felizmente toma agua de su tazón. Victor se acerca y se sienta al lado de Yuuri sobre la hierba. —Es bonito, ¿no?
Han escogido un buen día. El sol brilla alto sobre sus cabezas, proyectando calor sobre ellos, y no hay viento. Los arboles arrojan sombras relucientes a lo largo del paisaje y son visibles hasta donde alcanza la vista. Los árboles son altos, y todas sus hojas están esparcidas en el suelo del bosque. Yuuri mantiene su mirada apartada de Victor, en gran parte, debido a esa camiseta.
Esa camiseta con la que prácticamente puede ver ambos lados de Victor debido al corte en la parte de los brazos. Ve su tentadora piel lisa. Definitivamente no es apropiada para el clima, piensa Yuuri. Mientras Victor se sienta a su lado, se vuelve a colocar su chaqueta. —Hace frio, pero el sol brilla —comenta—. Me hace calor tan pronto me la pongo y frio tan pronto me la quito.
—Suena a problemas. No digas que no te lo advertí.
Victor sonríe ante el sarcasmo y lo empuja con su hombro. Yuuri le devuelve el gesto. —Tú, por otro lado, pareces cómodo.
Yuuri tira de la chaqueta que tiene sobre sus hombros, para presumir. —Muy cómodo.
—¿Quizás podemos caber juntos? —sugiere Victor, inclinándose más cerca de él, con sus rostros a centímetros de distancia.
Yuuri estira uno de los bordes de su abrigo, siguiéndole el juego, y Victor finge hacerse un ovillo a su lado, suspirando aun cuando no está siquiera cerca de caber. —¿Mejor?
—Pues, no, pero tú estás muy cálido, de hecho —comenta Victor, envolviendo sus brazos a su alrededor y abrazándolo—. Muy cálido.
—Y tú estás frio —se percata Yuuri, intentando apartarse.
Victor lo abraza más fuerte, con sus dedos deslizando la parte baja de su remera para poder tocar su piel, Yuuri lo golpea con ambas manos y ambos ríen. —¿Qué? ¿No quieres compartir tu calor?
Yuuri le rueda los ojos. —No fue mi idea el usar una camiseta como esa.
—Todavía no entiendo tu obsesión con mi camiseta.
—Bueno, deberías saberlo, es muy estereotípica.
Victor ladea su cabeza a un lado. —¿Estereotípica?
—De un chico de fraternidad estereotípico. Ya sabes, camisetas musculosas. Pantalones cortos de color salmón. Khakis. Esa clase de cosas. Aunque no te he visto usar esas dos últimas cosas todavía, dados los acontecimientos… —se detiene para señalar la camiseta de Victor—…diría que estás muy cerca.
Las manos de Victor todavía están sobre sus costados, y él las mueve hacia abajo presionando ligeramente sus caderas, provocando un silencioso jadeo por parte de Yuuri. —¿Estás diciendo que no te gusta?
Yuuri tartamudea. —Yo… yo nunca dije eso.
Antes de que Victor pueda continuar, alguien atrás de ellos se aclara la garganta. Y entonces están en marcha otra vez. Esta vez, ellos caminan por dos horas más, y como Victor está empezando a sudar ligeramente, se vuelve a quitar su chaqueta. No pierde detalle en la forma que Yuuri pega sus ojos en él, pero esta vez, Victor le guiña un ojo. Y provoca la respuesta deseada.
Phichit se inclina hacia Yuuri y le susurra algo, y su sonrojo sólo empeora.
Victor se pregunta que le habrá dicho Phichit.
A medida que el sol se pone, llegan al sitio donde acamparan. Las tiendas, efectivamente, ya han sido entregadas, pero les corresponde a ellos armarlas. Phichit ayuda a otro grupo mientras Yuuri permanece incómodamente alrededor de Victor, inseguro de cómo ayudar. Victor tampoco parece ser un experto en el tema, dejando la mayor parte del trabajo a Christophe.
—De dos a tres personas por tienda, supongo —musita en voz alta, mirando en derredor.
Hay alrededor de veinte miembros de la fraternidad en total, aunque unos cuantos han traído a sus invitados, y hay lo que parece ser alrededor de ocho tiendas. Algunas son más pequeñas que otras. Yuuri le echa un vistazo a Phichit, quien le sonríe y saluda desde el otro lado del campamento. Está sosteniendo una vara mientras alguien ajusta algo en una de las tiendas.
—¿Quieres que compartamos una tienda? —pregunta Victor.
(Casual.)
Yuuri intenta igualar el tono. —Oh, claro.
Su voz sale chillona, así que se aclara la garganta. Victor parece notarlo y ríe para sí, alargando su mano y tocándole el brazo. Entonces, su expresión se torna preocupada. —Espera. ¿No has traído las bridas, verdad?
—¿Qué? Es decir, no.
—Hmm. De acuerdo. Supongo que podemos compartir la tienda, entonces.
A Yuuri le toma un poco más de lo que debería el captar la broma, entonces sonríe. —De todas formas, no bajes la guardia.
Victor le agita el pelo cariñosamente. —Ni en sueños.
Yuuri alza sus manos y se acomoda el cabello, luego se lanza hacia Victor para desarreglarle el cabello en venganza. Victor grita, retrocediendo, y Yuuri lo persigue. En cuestión de segundos, ambos salen corriendo a toda velocidad por el campamento, pasando entre personas y tiendas. Entonces, Victor se da la vuelta y regresa por el camino que habían venido y Yuuri lo persigue, implacable. El viento se siente estimulante contra su piel, apartándole el pelo de los ojos, treinta segundos después finalmente alcanza a Victor, chocando accidentalmente con él y derribándolo al suelo, jadeando.
—¿Estás bien? —pregunta rápidamente.
Victor gime con dolor.
Yuuri hace una mueca de preocupación. —Oh Dios, Victor, lo siento tanto, no quise…
—Auch —jadea, cerrando fuerte sus ojos—. Yuuri, me lastimaste.
—No quise hacerlo, de verdad —repite desesperadamente, alejándose para intentar examinarlo, temeroso de tocarlo—. ¿Dónde te duele? ¿Hay algo que yo…?
Antes de saber lo que está pasando, es volteado por Victor quien desde arriba le sonríe, siente su espalda contra el suelo y aquella posición le quita el aliento. —Te tengo.
Yuuri lucha por deshacerse de su agarre, pataleando. —¡Eso no fue gracioso! Pensé que te había lastimado.
—No soy tan delicado.
—¿No crees que todos van a preguntarse a donde terminamos corriendo?
Victor medita, besando a Yuuri en la mejilla con delicadeza. —Probablemente.
Yuuri en cambio lo toma con ambas manos y lo besa en los labios. Victor responde con entusiasmo, abriendo su boca sobre la suya, rozando el labio inferior de Yuuri con sus dientes. Su agarre en las muñecas de Yuuri se afloja, hasta que en su lugar elige presionar sus palmas contra el suelo a modo de apoyo. Yuuri debajo de él deja escapar un suave suspiro a propósito, y eso tiene el exacto efecto deseado, las pupilas de Victor se dilatan antes de desaparecer otra vez tras sus parpados, todo su cuerpo se derrite con el beso.
Yuuri mueve sus caderas para así poder envolver ambas piernas alrededor de la cintura de Victor. Entonces, con un solo movimiento, él los cambia de posición cosa que ahora Victor está recostado sobre su espalda con un —Oomph —saliendo de sus labios, Yuuri ríe y le agarra las muñecas, sujetándoselas. —Te tengo.
—¿Vamos hacer siempre esto en cada posible área insalubre? Primero, el suelo de nuestro dormitorio, ahora, literalmente el suelo. ¿Qué sigue? —se queja Victor.
—Bueno, no importa donde estemos, siempre seré más fuerte que tú.
Victor lo mira como si acabara de ser retado. —Eso no es cierto.
—Es muy cierto.
—Una competencia de pulso. Regresaremos al campamento, y entonces ya verás. Resolveremos esto de una vez por todas.
Yuuri lo suelta y le ofrece una mano para ayudarlo a levantarse. Victor la acepta, receloso, y se sacude el polvo de sus pantalones. Después se encaminan hacia el campamento, y Victor anuncia el duelo de pulso, que pronto se convierte en una competencia entre todos. Entonces, varios de los miembros de la hermandad se tumban en la hierba, unas manos se agarran con otras y los codos se clavan en la tierra.
Victor y Yuuri se recuestan el uno frente al otro, Yuuri mira alrededor con timidez. —¿Qué ganaré cuando gané? —pregunta Victor, expresando con determinación la pregunta.
—Querrás decir ¿qué ganaré yo cuando yo gané? Creo que ganaré el que al fin admitas que yo soy, de hecho, más fuerte que tú.
Victor medita. —Me gustaría lo mismo.
—Hecho. Pero nada de trampas.
—Sin trampas —promete Victor. De hecho, mira por encima de su hombro hacia los otros—. Christophe, ven aquí y haz de juez.
Phichit también asiste, recostándose en el suelo como lo haría un apropiado réferi de competencia de pulsos. Victor toma la mano de Yuuri, envolviendo sus dedos alrededor de su palma. Yuuri copia el movimiento, manteniendo con firmeza el contacto visual. Chris comienza a contar. —Tres… dos…
En el último segundo, tiene una idea.
La atención de Victor está completa y absolutamente centrada en él, así que Yuuri se lame sus labios.
Ve a Victor parpadear, confundido por la acción.
—Uno, ¡ahora!
El éxito lo descoloca un poco, pero no del todo. Sus brazos flaquean, pero sólo en un ángulo de treinta grados. Yuuri empuja más fuerte, pero Victor también comienza a empujar, y en segundos una vez más están igualados equitativamente. A sus lados Christophe y Phichit están gritando, saltando sobre sus pies, y entonces los demás se aproximan. JJ está gritándole algo a Victor mientras se acerca.
—¿Victor? —dice Yuuri entre jadeos mientras continúan con su duelo de pulsos, los demás no son capaces de escucharlo.
Victor no responde, se limita a observarlo, curioso. Está poniendo toda su fuerza en este duelo, y puede ver que Yuuri también.
—Te ves bastante sexy con esa camiseta —murmura Yuuri, dejando que sus ojos se muevan desvergonzadamente hacia el pecho de Victor mientras parpadea un poco, sus oscuras pestañas lo hacen ver increíblemente hermoso, increíblemente tentador. E incluso se vuelve a lamer los labios, pero la acción es más lenta esta vez, más deliberada. Victor siente su garganta seca.
En un instante, Yuuri mueve su brazo.
(¿Mueve su brazo?)
—¡YUURI GANA! —Phichit grita, y la multitud estalla.
Victor todavía está en shock, sin embargo, hay una lista de razones potenciales de por qué no puede mover un musculo, no puede respirar, ni siquiera pronunciar una sílaba:
a) Yuuri acaba de decir la palabra 'sexy'
b) Yuuri acaba de llamarlo sexy a él.
c) Acaba de perder un duelo de pulsos con Yuuri Katsuki.
Así que se limita a mirarlo fijo. Todavía respirando con dificultad, su brazo le duele, y su palma todavía está sobre la hierba. Yuuri es levantado por los miembros de la hermandad, lo levantan entre todos y él se deja llevar, riendo, con sus ojos parpadeando hacia Victor una última vez antes de perderse de vista. Sólo Chris permanece a su lado. —Bueno, eso fue entretenido.
Victor tan sólo asiente.
Tiene la sensación de que él y Chris tienen diferentes ideas de cuan entretenido ha sido aquello.
Ahora que Yuuri le ha vencido, cada uno de los miembros de la hermandad toma turnos para competir contra él. Rápidamente es derrotado, pero sigue sonriendo de todas formas cuando los demás le dan palmadas en la espalda o comienzan a conversar con él. Victor se sorprende de lo muy tranquilo que ahora se ve, de lo muy confiado –tan sólo unos minutos atrás había estado aferrado a Victor, tímido y claramente nervioso.
Victor simplemente se apoya sobre sus codos, contento con sólo mirar. Al final Christophe también se aleja para conversar con los otros, pero Victor permanece en su lugar. Fascinado.
Permitiendo que Yuuri Katsuki cautive a cada uno de sus hermanos de fraternidad, con los que tiene muy poco en común, ya que a él le ganaron por medio de la seducción.
Victor no está seguro de alguna vez haber estado más atraído por él.
Después de un rato, Yuuri lo nota otra vez. Se agacha y le toca su hombro. —¿Victor? ¿Sigues aquí? —ríe nervioso—. No herí demasiado tu ego, ¿verdad?
—Nope —le asegura Victor—. Sólo estaba disfrutando la vista, en realidad.
Yuuri mira alrededor.
(En realidad parece confundido.)
(En el sentido que está genuinamente desconcertado por tal declaración.)
(Si él no fuera tan adorable, Victor se daría un facepalm.)
—Yuuri, quiero que piensen en lo que acabo de decir.
La expresión de Yuuri cambia de inocente a comprensión estupefacta. —Oh. ¿Yo soy la vista?
—Tú eres la vista —confirma.
—Eso… —comienza, luego se calla. Victor se sienta con las piernas y brazos cruzados. Los demás están distraídos entre ellos, una fogata comienza a formarse y los troncos son arrastrados alrededor para servir de asientos. Todavía está claro afuera como para una fogata adecuada, pero él cree que sólo se están preparando desde temprano—. Yo… yo no…
Victor toma la mano de Yuuri y juega con sus dedos. —¿Qué? ¿Tú no crees que seas la vista?
Yuuri asiente, con expresión ligeramente ausente, como si no estuviera seguro de estar de acuerdo. Baja la mirada hacia sus manos, mordiéndose el interior de sus mejillas. —Discrepo —le dice Victor gentil.
Paradójico –es probablemente la mejor forma de describir a Yuuri. Él es confiado pero tímido. Es fácil de leer pero imposible al mismo tiempo. Siempre que Victor piensa que está empezando a entenderlo, se da cuenta que todo el tiempo lo ha estado mirándolo desde el ángulo equivocado, y aun así…
Aun así lo conoce.
De cierto modo, a cierto nivel.
—¿Quieres ir a recolectar leña? —pregunta Victor.
(Tal vez no sea la mejor frase coqueta.)
Pero Yuuri aferra más fuerte su mano entre la suya, la aprieta, inconsciente de que al mismo tiempo está estrechando el corazón de Victor, y se pone de pie. —Quien consiga más leña gana.
—La vida es sólo una competencia para ti, ¿no? —bromea Victor, aunque ninguno de los dos se apresura por la leña. Caminan a paso lento hacia el bosque, cogidos de las manos, y con sus hombros rozándose.
—Sólo cuando se trata de ti, por muy raro que parezca.
—Hmm —dice Victor a eso, balanceando sus brazos—. Quizás es porque continúas venciéndome. La próxima vez, competiremos en algo en lo que yo sea bueno.
—¿Y eso sería…?
—Ya pensaré en algo.
Yuuri ríe por su respuesta, y es del tipo de risa favorita de Victor —resuelta, sin restricciones.
Victor se agacha y recoge un pedazo de leña, sosteniéndolo por debajo del brazo. Makkachin está detrás de ellos, olfateando el suelo. —Por cierto, quiero la revancha. Tú hiciste trampa.
—¿Trampa? ¿Cómo que trampa?
—Al… al hablar durante el duelo —declara Victor firmemente.
—No sabía que hablar estaba en contra de las reglas —protesta Yuuri.
Él sonríe y le besa el pelo. —Bueno, fue cuando dijiste lo que dijiste. Fue una distracción a propósito… no actúes como que no.
—¿Estás diciendo que crees que eres más fuerte que yo?
Victor se encoge de hombros. De hecho, no piensa eso, pero dado que el tono de Yuuri se torna ligeramente más competitivo, ligeramente más nervioso, él mantiene su voz despreocupada, provocativa. —Tus palabras, no las mías.
—Pues entonces, tendremos nuestra revancha en algún momento —promete Yuuri—. Apuestas más altas y nada de hablar.
—Hecho.
~•~ ~•~ ~•~
Cuando el sol está lo suficientemente bajo, Georgie prende la fogata. Hay un número ilimitado de malvaviscos, chocolates, y galletas para los s'mores. Yuuri toma una de las varillas y le atraviesa un malvavisco, sosteniéndolo sobre la llama. Victor hace lo mismo, apoyando su cabeza sobre el hombro de Yuuri. Y éste no se mueve.
Ama esto.
Ama todo esto.
Los demás comienzan a contar historias, pero él apenas le presta atención, porque la forma en que Yuuri ocasionalmente voltea su malvavisco, acercándolo a sus ojos para inspeccionarlo, es de lejos mucho, mucho más interesante. De hecho, su simple respiración es interesante, el modo en que sus mejillas están preciosamente rosadas a causa del frio es interesante. Como también lo es la manera en que aferra su chaqueta alrededor de sus hombros para acurrucarse dentro de ella, asegurándose de no moverse mucho para que así Victor pueda estar cómodo sobre su hombro.
Es perfecto. Victor piensa.
—Tu malvavisco se está quemando.
Las palabras de Yuuri no se procesan dentro de la mente de Victor. Pero como lo escucha hablar, levanta la mirada hacia él, viéndolo con adoración. —¿Qué?
Yuuri luce un tanto preocupado. —Tu… se está… oh, una parte se acaba de caer.
Victor mira su varilla. Efectivamente, un largo trozo de su malvavisco ha caído entre las llamas. Y lo que queda, en efecto, se está quemando. Vaya. Afortunadamente, nadie más parece estarle prestando atención a excepción de Phichit, quien está viéndolo con una expresión diferente a su usual optimismo. Es…
Algo más.
Algo menos Phichit.
Victor rápidamente aleja ese pensamiento de él cuando ve que Yuuri se está riendo de él, acercándole su propia varilla y ofreciéndole su malvavisco, Victor lo acepta con júbilo. —Gracias.
—No hay problema —responde, tomando otro malvavisco y comenzándolo a cocinar.
Eventualmente, JJ empieza a cantar.
Es una especie de popurrí, Victor no se sabe la letra, pero algunos otros sí, y también cantan. Es suave, a este punto el sol ya casi se ha metido del todo, la noche comienza a caer. Hace frio, sin embargo Victor tira de su abrigo y Yuuri hace lo mismo.
Escucha a Yuuri tararear la canción.
Aunque pareciera que tampoco se sabe la letra, aun así, Victor no puede dejar de sonreír ante el sonido, sintiéndose la persona más afortunada del mundo por poder oírlo. Cierra sus ojos, empapándose en el sonido, abrazando tan suave melodía. —¿Vas a dormirte sobre mí? —le pregunta Yuuri después de un rato.
—Definitivamente podría, pero te ahorrare la molestia de tener que arrastrarme hacia el saco de dormir.
—Gracias por eso.
~•~ ~•~ ~•~
Después de un rato, Victor lo conduce a una tienda.
—Esta de aquí es mía —explica. Es de tamaño medio, con forma de cúpula y de color beige. Sin embargo, cuando Victor saca una linterna de su mochila y la coloca en el centro, parece brillar dorada, haciendo juego con las estrellas del cielo. Preparan sus sacos de dormir, hay mucho espacio para los dos, y luego Yuuri se acuesta, estirando sus brazos. Makkachin yace en el borde de la tienda y lejos de la entrada, desde ya roncando.
—¿Cómodo? —pregunta Victor.
Asiente, sintiendo que comienza a dormirse.
—Iré al baño —agrega Victor, levantándose—. Bueno, no es precisamente un baño, pero tú me entiendes.
Yuuri sonríe ante su mal intento de broma mientras él se va. Luego, saca su teléfono, haciendo una mueca por la falta de señal. Supone que esa es sólo una de las experiencias de acampar. De hecho, Georgi está tan inmerso en este asunto del campamento que había insistido en que nadie trajera sus teléfonos. Por lo tanto, hay una regla tácita que nadie saque su teléfono en frente de Georgi. Todos tienen los suyos, por supuesto, pero nadie los saca.
Después de moverse e intentar diferentes ángulos por incontables minutos, no puede arreglárselas para obtener ninguna señal, así que deja caer su teléfono en el suelo a su lado y recuesta su cabeza en la pequeña almohada que ha traído. Se cambia de ropa a un pijama de botones pero sin desprenderse de su remera y chaqueta. Victor había hecho lo mismo. Hace frio, pero su saco de dormir combinado con su chaqueta lo mantienen confortable.
Piensa en el duelo de pulso que tuvieron antes –él no está seguro de que se le había pasado por la cabeza, que le había impulsado a decir eso, pero la expresión en el rostro de Victor había valido la pena. Y luego Victor había apoyado su cabeza sobre su hombro mientras estaban sentados alrededor de la fogata…
Yuuri traga grueso, trata de quitarse esos pensamientos de encima.
Ellos aún no están saliendo, se recuerda a sí mismo. Victor no es su novio, no, eso es ridículo. Ellos… pues, tampoco son amigos, ¿verdad?
¿Entonces qué son?
(¿Están en algún punto intermedio?)
(¿En alguna especie de amalgamación?)
Y es entonces cuando Victor prácticamente salta dentro de su tienda, estampando su mano sobre la boca de Yuuri. —No hables —susurra entre dientes. Parece aterrorizado. Hay rastros de sudor en su frente y el corazón de Yuuri al instante empieza a latir desenfrenado, siente que se le pone la piel de gallina.
—¿Qué está pasando?
¿Por qué Victor luce tan consternado?
Yuuri toma la mano de Victor y la aparta de su boca. Abre sus labios para hablar pero Victor sacude su cabeza, con temor, así que Yuuri mantiene su boca cerrada. No, no, él nunca antes ha visto a Victor así de temeroso, ellos son sólo un grupo de estudiantes en medio del bosque y cualquier cosa podría salir mal y…
—Hay un oso afuera —susurra Victor—. Tenemos que mantener la calma.
Entonces Yuuri se cubre su propia boca, aterrado. Se arrastra silenciosamente hacia la entrada de la tienda, tratando de pensar con claridad. —Necesitamos salir de aquí —dice, en voz demasiado baja para como para ser considerado un susurro—. Ve al bosque, donde encontramos la leña antes. Toma a Makkachin contigo, apresúralo. Yo te seguiré.
—¿Estás seguro? —pregunta Victor, ahora con voz y expresión seria, pero con el miedo persistiendo en sus ojos.
Yuuri respira bruscamente, inseguro de que decir.
Y entonces, de repente, Victor lo abraza.
—Es broma, es broma.
Exhala —largo, lento.
—Eso… —empieza a decir Yuuri, tratando de sintonizar su cuerpo con su mente.
—Broma, lo siento, perdón, Yuuri, fue una broma. No hay ningún oso.
—Eso… —intenta otra vez, cayendo sobre su costado, cerrando los ojos—. Victor.
—Perdón —repite, siguiendo su ejemplo y recostándose en el saco de dormir, manteniendo sus brazos a su alrededor. Hace una pausa—. Pero te atrape.
—Eres un… te odio. Mucho.
—No, no, Yuuri —palidece, rozándole suavemente sus hombros—. Lo siento mucho. ¿Fue demasiado?
Cuando Yuuri se gira dentro de sus brazos y ve la expresión de Victor, comienza a reír un poco, aun cuando esa no era su intención. Victor empieza a sonreír lentamente, obviamente aliviado—. Definitivamente fue demasiado, y si lo haces de nuevo, definitivamente, te mataré. Pero… pero tengo que admitirlo, fue más o menos una idea graciosa.
—Grrr —Yuuri ríe un poco más fuerte, su corazón todavía late fuerte en su pecho.
—Mis bromas son mejores que las tuyas —señala Yuuri.
—No pensé que te asustarías tanto —se disculpa.
Yuuri lo empuja. —Es que eres un buen actor.
—Futura carrera, ¿tal vez? ¿Quién necesita la lingüística?
Respira profundamente otra vez y presiona su rostro en el pecho de Victor. —No puedo creer que de verdad lo hicieras.
—Si te hace sentir mejor, no lo grabe. Ahora, ¿quieres ir y jugarle una broma a JJ?
Yuuri no pude evitar decirle que sí. Toma la mano de Victor, riendo con él mientras salen de la tiendan y se aproximan a la tienda de JJ. —Esto está mal —se queja.
—Pero te apuesto a que tú eres un mejor actor que yo —le dice Victor—. He visto tu cara de póker, Yuuri. Francamente, me da miedo. Puedes estar mintiéndome en cualquier momento y nunca lo sabría.
—Oh, ya. Como si te fuera a decir, 'eres bueno con las bromas, Victor'.
Victor hace un mohín, pero Yuuri lo besa.
—Estás perdonado. Como dije, fue más o menos divertido. Pero como también dije, si vuelves hacer algo como eso otra vez…
—No lo haré —le asegura Victor—. No más bromas aterradoras. Simplemente te teñiré el pelo con algún color desfavorecedor. Aunque honestamente, no es que tu pelo pueda lucir mal alguna vez.
Vuelve a reír y lo besa en la mejilla. La sonrisa de Victor sólo se amplia y se gira para besar a Yuuri en los labios en cambio. —Ahora, vamos y juguémosle una broma a JJ —le dice Yuuri, sintiéndose diabólico, con la adrenalina corriéndole por su sistema—. Pero no nos pasemos, ¿está bien? y se lo diremos de inmediato. Sólo una broma rápida.
—Sólo una broma rápida.
~•~ ~•~ ~•~
Una hora después, ambos se encuentran nuevamente en sus bolsas de dormir, con la linterna apagada. Victor bosteza, rodando sobre su costado. —¿Ya estás dormido?
Se escucha un murmullo en protesta.
—¿Quieres hablar?
—¿Sobre qué?
—No sé, cualquier cosa.
Yuuri suspira y se mueve más cerca de Victor. Aunque está oscuro, cree poder distinguir el perfil del rostro de Yuuri, a centímetros del suyo. —¿Naciste en San Petersburgo?
Victor asiente. —Yakov, Yurio y yo nos mudamos aquí un año después del nacimiento de Yurio. Yo tenía seis.
—Seis —repite Yuuri—. Debió ser una locura.
—Tú nunca habías vivido aquí antes de venir a la universidad —se percata Victor en voz alta—. Eso debió ser mucho peor.
Yuuri sonríe, ni confirmándolo ni negándolo. —Bueno, conocí a Phichit. Fui afortunado.
Victor también sonríe. —Eso es ser afortunado.
—Y ahora también te conocí a ti —Yuuri agrega, pensativo.
—¿Y eso es ser afortunado?
Yuuri le responde con un beso, uno que es completamente correspondido. Ambos ya se habían cepillado los dientes con anterioridad, y Yuuri todavía sabe a menta, nota Victor con felicidad. Se mueve aún más cerca, ignorando el hecho de que ahora el borde de su bolsa de dormir se está deslizando por debajo de su torso, causando que pierda una de sus capas protectoras contra el frio. Yuuri desliza una mano sobre su costado y entonces sus dedos se desplazan a través de su piel.
De alguna manera, aquello parece ser más frio que el aire.
Ya que se estremece.
Su boca, sin embargo, es caliente. Sus labios se abren contra los de Victor, sus lenguas se encuentran. Es lento, un tango entre dos, aunque ninguno está llevando el ritmo ni siguiéndolo. Es simplemente autocomplacencia mutua, Victor suelta un gemido cuando Yuuri añade dientes a la ecuación, contento con dejarlo hacer lo que quiera, ya que lo que a él le gusta parece gustarle a Victor también. La mano de Yuuri sobre su costado no cesa de moverse, sus dedos recorren de arriba hacia abajo, como si estuviera en una misión de exploramiento. Victor no puede evitar copiar su movimiento, moviendo su remera hacia arriba y rozando su mano a lo largo de la piel que rodea su ombligo.
Es Victor quien se aleja primero, necesitando respirar, mucho para su desilusión. Yuuri le sonríe con timidez, pero también hay cierta picardía en su mirada, algo que Victor no puede identificar. Quizás es la necesidad de dormir. Sea como sea, Yuuri deposita un último beso en sus labios, luego cierra los ojos. —Buenas noches, Victor.
—Buenas noches. No dejes que las chinches te muerdan.
—O los osos.
Victor ríe con sarcasmo. —O los osos. Hay muchos, ya sabes, aquí arriba en Michigan.
—Escuche que les gusta comerse a los arrogantes, lingüistas de cabello plateado.
—Hmm, no es de extrañar que tantas especies de osos estén en peligro de extinción. Esa es una dieta única.
—Buenas noches —intenta Yuuri otra vez.
Pausa.
—¿Yuuri?
—¿Mm?
—Sí que te atrape.
—Lo hiciste —admite, y Victor tiene la sensación de que si estuviera más despierto, no lo admitiría tan fácilmente.
Sonríe mientras se queda dormido, con su persona favorita y con su perro favorito muy cerca de él.
~ Yik Yak ~
Hoy vi a V-Nikiforov mirando a su roommate como se mira a las estrellas del cielo.
(2d) (9 respuestas)
-¿Están saliendo?
-Aguarden… ¿no es su roommate el chico del video?
-¿Qué video?
-Ya busco el link
-Espera, creo que se a lo que te refieres.
- watch?v=hBBLF8rFdl0
-Eso no lo había visto antes!
-Tiene que ser él.
-OMG!
