Centripetal Force
Summary: Victor tiene una importante conversación y Phichit está en un conflicto cuando cierto video se propaga como un incendio.
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Fic escrito por: braveten
Traducido por: Lilaluux
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Capítulo 7: Chico Boxers (Boxers Boy)
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Cuando Phichit conoció a Yuuri hace un año atrás, Yuuri estaba peleándose con tiras command 3M*.
Aquella vez Phichit entró a su nuevo dormitorio, y se apoyó contra el marco de la puerta mientras veía a Yuuri batallar con las tiras adhesivas una y otra vez, intentando desesperadamente colgar un poster de patinaje artístico sobre su cama. Era casi penoso de mirar. Sin embargo, cierto fue que aquella vista hizo que el asunto de la universidad resultara menos intimidante. Se había mudado de Tailandia a los Estados Unidos para asistir a la Universidad L'homme Arme, y aunque Phichit no era alguien que se ponía nervioso por las nuevas experiencias, definitivamente habían mariposas revoloteando en su estómago en esos momentos.
—Eso se ve bien —comentó cuando el poster finalmente estuvo colgado.
Yuuri, su nuevo roommate, se giró desde donde estaba parado sobre su cama, luciendo sorprendido. Entonces se sonrojo, mirando entre el poster y Phichit. Su cabello era negro, sus gafas caían sobre su nariz, y estaba vistiendo un suéter blanco y pantalones jeans. Estaba descalzo, con sus zapatillas negras a los pies de su cama. —Oh, um, gracias. ¿Tú eres…?
Phichit dio un paso adelante, entrando a la habitación. —Yo soy Phichit Chulanont, ¿tú debes de ser Yuuri Katsuki?
Lo vio asentir, con su tímida sonrisa mientras se bajaba de la cama. —Gusto en conocerte.
Yuuri era de Japón, aparentemente –él había estado en América dos veces antes de mudarse. Phichit le contó sobre Tailandia, y ambos conectaron casi al instante. Muy pronto, se hicieron amigos. Los unió su mutuo amor por el patinaje artístico y el cine. Después, se convirtieron en mejores amigos. Comenzaron a ver Juego de Tronos juntos, y fue innegable que Phichit era un Tyrell. A Yuuri, no obstante, le fue más difícil elegir una de las casas, así que termino decidiéndose por la casa Stark, aunque Phichit insistió en que esa no era la adecuada. Yuuri comentó que tal vez él no estaba hecho para el universo de Juego de Tronos.
Él no era un fiestero, pero Phichit disfrutaba de una buena fiesta, así que se las ingenió para arrastrar a Yuuri a unas cuantas. La más notable fue la fiesta de fin de año de la Psi Omega Iota, la cual suele ser la más salvaje de todo el campus. Hubo bebidas, baile –todo lo que podía saciar los deseos más locos y estereotípicos sobre fiestas universitarias que tenía Phichit. Yuuri también se había divertido, perdiéndose de la vista de Phichit durante la mayor parte de la noche. Sin embargo, cuando retornaron juntos a su dormitorio, Yuuri había perdido la mayor parte de su ropa con la que había comenzado la tarde. Phichit estaba tan borracho como para interrogarlo, y por la mañana ninguno de los dos recordaba demasiado de lo sucedido.
La única pista era un número telefónico garabateado desordenadamente en el dorso de la mano de Yuuri.
Y él se lavó la mano antes de que Phichit insistiera en que llamara.
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Yuuri y Victor regresan del viaje con la hermandad el domingo por la tarde, y la siguiente semana es pura dicha doméstica.
(La nueva cosa favorita de Victor, en particular, son sus tutorías de física.)
—A cambio de toda tu ayuda con la física, te enseñare algo francés. Hay una cosa muy importante que todavía no te he enseñado —le explica a Yuuri, quien hace una mueca de antemano, anticipando una mala broma. Ambos están sentados uno al lado del otro en el escritorio de Victor—. El beso francés.
Yuuri se ríe a su pesar, pero no le concede la lección del beso francés que había estado esperando. —Concéntrate, Victor. Este examen es importante.
—Estoy un cien por ciento concentrado —promete, recostando su cabeza en el hombro de Yuuri y cerrando sus ojos. Desliza una mano por la parte inferior de su remera, sus dedos recorren todo lo largo de aquella zona de piel. Yuuri se estremece a su lado—. Sólo que nunca dije en que estoy concentrado.
—Se supone que debes identificar los joule de energía de cada uno de estos —le recuerda, apuntando la hoja de cálculos.
Victor le besa el cuello, dejando su mano justo donde está dado que a Yuuri no parece importarle. —Eres extraordinariamente duro de distraer, Yuuri. Mientras que tú me distraer a mí sin siquiera intentarlo.
—La diferencia es que tú quieres ser distraído.
Él no lo niega, simplemente se mueve más cerca, prácticamente está a punto de caer de la silla. El sabor de su piel es embriagador, tiene la sensación de que es algo aun peor. La verdad, no le extraña que no pueda concentrarse. Yuuri se gira y lo besa en los labios en cambio, y Victor gime con aprobación, sus labios se abren contra los suyos, y con su mano libre acuna la mejilla de Yuuri.
Y entonces, sin más, Yuuri se aleja. —Un beso por pregunta que respondas bien. ¿Qué tal?
—¿Un beso francés? —sugiere.
—Ya veremos —le provoca Yuuri, aunque es evidente que la sugerencia lo pone nervioso.
A Victor le gusta este juego, así que le sigue la corriente. Le echa un vistazo a su hoja de cálculos, manteniendo su mentón apoyando sobre el hombro de Yuuri, y con su mano todavía sobre su remera. —De acuerdo, este de aquí es cuarenta y cinco.
Obtiene un beso.
Es caliente, cautivante y prolongado. Sus frentes se presionan juntas, Victor le toca su cabello, recorriendo sus dedos suavemente a través de las hebras. Y comienza a ser evidente que Yuuri tampoco quiere alejarse, y Victor sonríe, volviéndolo a besar. —Estás haciendo trampa —le regaña Yuuri, sin tener ninguna intención de detenerlo.
—Respondo muy bien al refuerzo positivo.
—¿Al igual que el perro de Pavlov*?
Victor mantiene su mano sobre su cabello, quitándole algunos mechones de los ojos. —¿Tienes una obsesión con las mascotas de los científicos o algo parecido?
—Siguiente pregunta —prosigue Yuuri, señalando la hoja.
La siguiente pregunta la responde mal, pero se inclina por un beso de todos modos. Yuuri niega con su cabeza, apegándose a las reglas, y le dice la respuesta correcta. Luego, la siguiente la responde bien. Victor cree que ya está mejorando. Se lo dice a Yuuri, y éste ríe y lo vuelve a besar, y una sensación se forma en su pecho, una que no puede definir, que se siente como una mezcla de ingravidez y alegría pura e inmaculada.
Se pregunta si Yuuri también se siente de la misma manera.
Cuando terminan de estudiar física, Victor levanta a Yuuri de su silla e intenta llevarlo a su cama. Sin embargo, el subirlo por las escaleras no sale bien, cosa que Yuuri termina subiendo por su cuenta, insistiendo en que preferiría hacerlo por sí mismo a tener que morir en el intento de Victor, muy a pesar de su lindo gesto. Las manos de Yuuri se aferran a sus costados mientras de nuevo se besan, Victor lo empuja hasta tenerlo recostado, colocando sus rodillas a los lados de las caderas de Yuuri.
—¿Este es mi pago por darte tutorías? —pregunta Yuuri, una de sus manos juega con el cuello de la camisa blanca y abotonada de Victor. 'Psi Omega Iota' está bordado en el bolsillo de la misma. Como si se tratase de un pensamiento de último momento, agrega—. Esta camisa también es tan de un chico estereotípico de fraternidad.
—¿Lo es? —Victor medita, bajando la mirada hacia sí mismo—. Eres muy crítico con lo que uso, Yuuri.
—¿Lo soy? No me había dado cuenta.
Victor lo vuelve a besar, más profundo esta vez, recorriendo con su mano todo el cabello de Yuuri –es suave, lo suficientemente largo como para tirar de él, y Yuuri jadea quedamente debajo de él ante la sensación. Su mano en el cuello de Victor se desliza sobre la camisa, y Victor se detiene, apretando sus ojos ante la sensación de los dedos de Yuuri explorando todo lo que pueden alcanzar, finalmente sus dedos desabotonan los primeros botones para tener mejor acceso.
—Yuuri —susurra, besándolo desde el cuello hacia su clavícula, mordiendo ese punto y usando su lengua para rápidamente aliviar la mordida, disfrutando la manera en que Yuuri se retuerce debajo de él, disfrutando la manera en que el agarre de su mano en su costado se hace más fuerte. Repite su nombre, inseguro de que más decir, con su camisa todavía desabotonada. Toma la parte inferior de la remera de Yuuri entre sus manos y la levanta, pero ésta queda atorada en la parte de sus brazos—. Levántate —suplica Victor.
Yuuri levanta su cuerpo y entonces la remera ya no está, y se le ocurre a Victor que esta puede ser una de las únicas veces que ha visto a Yuuri sin camisa. Quizás unas pocas veces después de que se hubo bañado, pero aquellas ocasiones habían sido breves miradas furtivas. Esta en cambio…
Victor traza un dedo sobre su abdomen, sin decir nada. Luego hace su camino hacia su torso, con sus ojos sumergidos en él, tratando de acostumbrarse a la experiencia, pero es un esfuerzo inútil. Él nunca se acostumbrará a esto, se dice. Ya sea que esté con Yuuri un año, veinte años, nunca lo haría. Jamás se acostumbraría a ver sus labios hinchados por sus besos –Victor había sido el causante, sí, él había provocado eso— o a ver su cabello agitado a causa de que Victor había pasado sus dedos por ese lugar.
—Estás mirándome fijo —se percata Yuuri.
—Lo estoy —concuerda, haciendo círculos alrededor del pezón de Yuuri con su dedo índice, lamiendo sus labios. Yuuri se estremece y su mano sobre el costado de Victor cae, aferrándose a las sabanas en su lugar. Se muerde el labio, fuerte, y Victor se da cuenta que está intentando no pronunciar sonido—. ¿Sensible en este lugar? —pregunta provocativo.
Yuuri no responde, pero la liberación de un tembloroso jadeo es suficiente respuesta. Victor se inclina y presiona sus labios en su pezón, depositando un ligero beso. —Victor —masculla Yuuri, alzando una mano para tocar su cabello. Sus dedos se enredan en sus hebras y Victor considera aquello un estímulo, y ligeramente lame y succiona su pezón. Yuuri repite su nombre como si no pudiera evitarlo, hundiendo su cabeza contra la almohada. Entonces Victor lleva una mano hacia sus costillas, y sus dedos se rozan contra ellas. Yuuri se sobresalta. —Me haces cosquillas —se queja.
Victor le vuelve hacer cosquillas y ahora Yuuri está riendo, pero entonces lo toma por el cuello de su camisa y tira de él hacia arriba para buscar sus labios. Aun cuando Yuuri está debajo, él es el que lleva el control, tomando el labio inferior de Victor con sus dientes y contoneando una pierna sobre sus caderas. Es irreal, Victor piensa, el tener esto, el tenerlo a él así. Como un sueño en el que está desesperado por caer, y desesperado por nunca tener que despertar.
Yuuri desliza su mano sobre el pecho de Victor, trazando las delgadas líneas de su abdomen. Victor suelta una risita contra sus labios. —¿Qué dices? ¿Estoy en forma?
—Estás en forma, pero yo soy más fuerte que tú, ¿recuerdas?
Como para probar su punto, Yuuri se las arregla para cambiarlos de posición, casi causando que ambos cayeran de la delicada cama. Victor no puede evitar sonreír cuando Yuuri captura sus labios, rudo y febril, caliente y húmedo. —Nunca tuvimos nuestra revancha.
Yuuri ríe, sin aliento. —Esta cama no es lo suficientemente grande como para un combate de lucha.
—Suena como algo que diría alguien que tiene miedo de perder.
Toma ambas muñecas de Victor y las inmoviliza por encima de su cabeza con facilidad. —¿Decías?
—Oh, Yuuri. Puedo soltarme de tu agarre cuando quiera —dice Victor, poniendo todo su esfuerzo en su tono para hacerlo sensual. Parece funcionar, ya que Yuuri engulle, su personalidad confiada vacila ligeramente. Le gusta ver a Yuuri perder el control, le gusta ver sus diferentes lados.
No le toma mucho tiempo a Yuuri salir con una respuesta. —¿Entonces por qué no lo haces?
—Porque no quiero. Me gusta verte tomar el control.
En lugar de palabras, Yuuri lo vuelve a besar, tan rudo como antes –enérgico. Victor le responde con entusiasmo, intentando liberar sus muñecas para así poder tocarlo, pero siendo incapaz de soltarse. Yuuri parece ser capaz de saber lo que él está intentando hacer, ya que sonríe contra sus labios, y aunque sabe que se burla de él, Victor también sonríe. El pecho de Yuuri se fricciona contra el de Victor, y esto hace que se estremezca, deleitándose con la sensación.
Cuando Yuuri finalmente deja ir una de sus muñecas, Victor lleva su mano hacia su pecho, explorándolo con avidez. Él es musculoso, resultados del patinaje, probablemente y su piel es tan agradable al tacto. Lleva su mano hacia su ombligo, luego la mueve a la deriva, hacia abajo, siguiendo la delgada línea de vellos. En silencio, busca los ojos de Yuuri, pidiéndole permiso.
Hay una breve vacilación, los ojos de Yuuri bajan hacia donde está la mano de Victor y luego vuelven a levantarse, buscando por algo. Victor mueve su mano hacia arriba para acunar su mejilla. —Si no estás listo, entonces…
—Estoy listo —dice Yuuri de repente.
Victor no está convencido, lo mira con ojos entrecerrados, intentando asegurarse.
—Estoy listo —repite, con más seguridad esta vez—. Si… si tú estás seguro de que lo estás.
—¿Alguna vez has…?
Yuuri se mueve debajo de él, asiente. —Una vez. No fue… sí, una vez.
Lo besa de nuevo, y esta vez es la mano de Yuuri la que se desliza hacia abajo, sus dedos juguetean con la cinturilla del pantalón de Victor. El corazón de Victor late acelerado con anticipación, y él intenta reflejar un silencioso sí, sus lenguas se encuentran, y un gemido escapa de sus labios sin su permiso. Yuuri desprende torpemente el botón de sus jeans, luego baja su cremallera con facilidad. Por un segundo, Victor se hace hacia atrás, dejando que sus pantalones se abollen alrededor de sus tobillos.
—Espera. ¿Tienes condones? —pregunta Yuuri con suavidad.
(Maldición.)
Victor gruñe, estrepitoso, molesto, y oculta su rostro en el hombro de Yuuri. —No, ¿tú sí? Por favor di que sí.
Yuuri luce apenado, niega con su cabeza.
—Apuesto que Chris tiene unos cuantos —piensa Victor en voz alta.
—No vas a pedirle a Christophe que nos traiga condones y lubricante —sentencia Yuuri firmemente, besándolo en la sien—. Hay una tienda bajando hacia el patio…
Victor se quita de encima, y se apresura a bajar de la cama, casi tropezando con el último peldaño de la escalera. —Ya regreso. No te muevas.
—¿No te vas a poner tus pantalones?
Parpadea, baja la mirada y se inspecciona a sí mismo. —Cierto, pantalones.
Yuuri le lanza sus pantalones, riéndose cuando Victor casi se cae mientras salta para metérselos. —Yo puedo ir, si quieres. Tú te ves un tanto, um…
—¿Un tanto qué? —pregunta Victor, su cabello es un desastre, sus ropas están arrugadas. Y él lo sabe. Pero antes de que Yuuri pueda responder, él ya tiene una mano sobre la puerta. Baja la mirada para ver que sus pies están incómodamente metidos en el zapato equivocado, y Yuuri vuelve a reírse, obviamente percatándose de eso también—. No te muevas —repite, apuntándolo con el dedo.
Por un segundo hay un breve déjà vu.
—No me moveré —acepta Yuuri, y está riendo, y es hermoso, y está sin camisa esperando en la cama por Victor. En el momento en que la puerta se cierra Victor prácticamente vuela hacia la tienda, con todo y zapato equivocado en el pie equivocado.
~•~ ~•~ ~•~
—Eso fue rápido —comenta su roommate cuando regresa.
Victor sube la escalera y lo besa. Esta vez, en posición horizontal, no vertical, Yuuri rueda sobre su costado para encontrarse con él y su mano al instante se aferra a su espalda. Victor otra vez le acaricia el pecho, habiendo extrañado el contacto, vuelve a exhalar y a reír. Hay una pequeña bolsa entre sus manos. —Creo que trastorné a la señora que atendía detrás del mostrador.
—Oh por Dios.
—Le deje quedarse con el vuelto. Ni siquiera sé cuánto costó. Simplemente le tire los billetes…
—Victor.
—Estoy bromeando, estoy bromeando —promete, besando su cuello. Yuuri arquea su cabeza contra la almohada, sus pestañas revolotean—. De acuerdo, no estoy bromeando, pero…
Yuuri gime, pero no es ese tipo de gemido que Victor esperaría al tenerlo recostado en la cama con él.
Victor de nuevo le toca el pecho, y sus manos se deslizan hacia abajo. —¿Podemos intentarlo otra vez?
Asiente, y Victor fácilmente desabrocha el botón de sus jeans, luego tira de ellos con fuerza, besándolo mientras lo hace. Yuuri menea sus caderas para sacárselos, hasta que quedan sobre sus tobillos, entonces Victor se aleja para obtener un mejor panorama. —¿Así que eres un chico de boxers? —dice provocativo.
—Tú ya sabías eso —señala Yuuri, sonrojado.
—Mmm —suelta en acuerdo, todavía bebiendo de la vista de sus muslos, de sus pantorrillas. Cuando él se sonroja, no parece que el sonrojo sólo se esparce por sus orejas, sino que también lo hace por sus mejillas, se percata Victor con felicidad. Luego besa el trayecto de su clavícula hacia su ombligo, deteniéndose en su pezón una vez más, haciendo a Yuuri jadear de placer, y a sus caderas temblar ligeramente.
Victor desliza una mano por la parte frontal de su ropa interior, estremeciéndose al darse cuenta que él ya está duro. Así que presiona más fuerte, y Yuuri aprieta más sus ojos, murmurando una rápida e incoherente silaba. Es el nombre de Victor, se percata, pero suena roto, en partes separadas. Quiere volver a escucharlo, quiere escucharlo más que cualquier otra cosa.
—¿Ya estás duro, Yuuri? —murmura provocativo contra su piel.
Yuuri baja su mano para poder tocarlo también. —Al igual que tú. Y Victor, ahora en verdad no es el momento para… oh por Dios.
Victor lo acaricia por completo a través de sus boxers, y la reacción de Yuuri es inmediata, apretando fuerte sus labios para evitar soltar sonido. Victor engancha sus pulgares en la cinturilla de la prenda y tira hacia abajo, y Yuuri hace lo mismo, no queriendo ser el único expuesto. Por un segundo, Victor absorbe la vista que es él, su respiración se atora en su garganta, y ahí está otra vez ese sonrojo, tan hermoso como lo había sido el anterior.
—¿Puedo…? —empieza a preguntar despacio, incapaz de encontrar las palabras.
Yuuri parpadea hacia él, inofensivamente confundido.
—Quiero… —intenta Victor de nuevo, pero fracasa en encontrar las palabras por segunda vez. En lugar de eso, se inclina y lo toma, envolviendo sus dedos de forma experimental alrededor de la longitud de Yuuri.
Se escucha un gemido sofocado, y entonces Yuuri se muerde su labio, fuerte. Victor se inclina aún más cerca, con su boca a centímetros del pene de Yuuri, y levanta la mirada. Yuuri lo está viendo, con sus pupilas dilatas por el deseo, con sus cabellos todavía desordenados. —Victor —susurra, moviendo sus caderas otra vez como si no pudiera evitarlo. Él esta duro, palpitante.
—¿No vas a suplicar?
Yuuri se ríe, soltando un jadeo algo corto. —Eres de lo peor.
—Suficientemente bueno —musita Victor, luego coloca sus labios sobre él, tomándolo sólo por la cabeza. Yuuri gime, fuerte, presionando su cabeza contra la almohada y dejando que sus ojos se cierren ante el éxtasis. Victor lo toma más profundo, despacio, subiendo y bajando cada vez más, y las caderas de Yuuri se mueven al ritmo de sus movimientos, no muy enérgicos ni desesperados.
Él inicia un ritmo constante, y Yuuri suelta pequeños sonido debajo de él, por separado y en conjunto a la vez, y Victor ama eso, ama la sensación de él perdiendo el control, ama que la atención de Yuuri esté enfocada exclusivamente en él. Entonces decide trabaja con su lengua, y el cuerpo de Yuuri se estremece por completo con un desesperado jadeo. —Voy a…
Victor le ayuda a llegar al orgasmo, chupando y lamiendo, y con eso Yuuri colapsa en la cama. Victor sospecharía que estuviera listo para dormir si no fuera porque sus manos todavía se aferran fuertemente a las sabanas. Victor se desliza hacia arriba, deteniéndose para besar su hombro, y lo muerde, probablemente dejándole una marca, y una vez más busca sus labios. —¿Estuvo bien? —pregunta Victor.
—Oh dios mío —dice Yuuri simplemente, devolviéndole el beso, levantando su cabeza de la almohada para hacerlo.
—Yuuri, no soy tu dios —asegura Victor dulcemente.
Ante eso, Yuuri lo empuja juguetonamente. —¿Tienes que decir tus chistes malos incluso cuando acabamos de…? ¿Cuándo tú acabas de…?
—¿Y por eso tienes que empujarme? Sé que te gustan las cosas rudas, Yuuri, lo sé desde esa broma con las bridas, pero…
Yuuri envuelve su mano alrededor del pene de Victor, haciéndolo callar de manera eficaz. Lo vuelve a besar, caliente y profundo. La mano libre de Yuuri busca a tiendas por toda la cama, eventualmente encuentra la bolsa con las compras. Saca el paquete de condones y después rompe el beso para bajar la mirada hacia los preservativos. Después escoge uno de ellos, batallando torpemente con el envoltorio para poder abrirlo.
—Ah sí. Sr. Fuerte —bromea Victor.
Consigue rasgarlo, enarcando una ceja desafiante en su dirección y entonces lo coloca por toda la longitud de Victor, haciendo que éste se estremezca e instintivamente se mueva más cerca de Yuuri. —¿Quieres que yo…? —empieza Yuuri, bajando la mirada hacia sí, moviéndose sobre la cama para estar más cómodo.
Victor lo besa otra vez, no puedo evitarlo cuando él luce tan perfecto. Al romper el beso no se aleja demasiado, sino que respira muy cerca de los labios de Yuuri. —¿Todavía quieres esto?
Asiente.
—Puedes voltearte si quieres —musita, y la anticipación lo tiene mareado, lo tiene con la garganta seca—. Lo que… lo que sea más cómodo para ti.
Yuuri se gira sobre su estómago, y Victor besa la parte posterior de su cuello.
—¿Estás cómodo?
Vuelve a asentir, alentándolo. —Déjame saber si algo no te gusta —Victor pide, buscando la botella de lubricante y sentándose. Moja dos de sus dedos y luego mueve uno hacia la entrada de Yuuri. Lo escucha inhalar fuerte y Victor no puede evitar querer ver su rostro apropiadamente, su expresión. Besa los cortos cabellos de su cuello, dejando que sus labios permanezcan en ese lugar mientras desliza un dedo en su interior.
La reacción de Yuuri es instantánea, deja salir un grave gemido y sus caderas se mueven hacia atrás con desesperación. —Por favor —susurra.
Ni siquiera se le ocurre hacer otra broma sobre tener que suplicar. La voz de Yuuri combinada con la sensación de él, combinada con el aroma de su shampoo, combinada con el sabor de su piel, combinada con todo eso, con todo lo sensorial, se apoderan de su mente, lo hacen perder el control. Provocando que añada otro dedo junto con el primero, y Yuuri lo soporta con facilidad, volviendo a gemir, pero esta vez, es un gemido ahogado.
Murmura una palabra en japonés, y Victor mueve su mano unas cuantas veces, adentro y afuera, antes de añadir un tercer dedo. Siente como su pene se pone dolorosamente duro, con el condón todavía envuelto a su alrededor, y besa el hombro de Yuuri, la tensión en sus músculos es increíblemente tentadora. Su piel es caliente al tacto. —Victor —Yuuri suplica.
Él sabe lo que él quiere –lo que Victor también quiere. Victor continúa trabajando con sus dedos, y el cuerpo de Yuuri responde debajo del suyo, retorciéndose con desesperación. Luego los saca, y en su lugar alinea su pene hacia su entrada, asegurándose de usar una buena cantidad de lubricante. Empuja ligeramente y Yuuri se arquea hacia arriba, otro sonido desesperado sale de sus labios.
Victor entra en él lentamente, asegurándose de que él se adapte, y entonces gime, un gemido bajo y prolongado. Yuuri vuelve a arquearse contra él, esta vez hundiéndose más en él, y Victor ladea su cabeza hacia atrás en éxtasis, ve estrellas detrás de sus ojos. Comienza con un ritmo lento, pero Yuuri exhala un "más rápido" y él no puede evitar obedecer, acelerando el ritmo y volviéndose más descuidado.
—Eres hermoso, Yuuri —le dice contra su cuello.
Yuuri ladea su cabeza para poder besarlo, y aunque es un ángulo incomodo Victor se las ingenia para lograrlo, deslizando sus diente a lo largo de su labio inferior, más fuerte de lo pretendido pero a juzgar el modo en que Yuuri le sigue el ritmo, supone que está bien. Eventualmente Yuuri grita cuando el empuja más fuerte y más profundo, se apresura a enterrar su rostro entre las sabanas para intentar amortiguar los gritos. El rubor de su piel se ha extendido hacia su cuello, y Victor lo muerde, quiere dejar marcas, quiere marcar a Yuuri como irrevocable e irremediablemente suyo.
Cuando se corre, Yuuri lo ayuda, empujando hacia atrás y volviéndolo a besar, tan fuerte como Victor lo había hecho, igualando la desesperación, la pasión. Victor colapsa a su lado, su pecho subiendo y bajando, se quita el condón, y lo mira antes de arrojarlo hacia el basurero debajo de ellos. Entonces Yuuri de nuevo lo besa, y es perfecto, piensa, el tenerlo así, el estar con él así. Entrelazan sus dedos y Victor los estrecha, contento y somnoliento.
Victor jala de Yuuri hacia sí cosa que la cabeza del chico más joven está amortiguada sobre su pecho, luego mueve sus dedos perezosamente a través de sus cabellos. Y Yuuri gime con deleite, acurrucándose más contra él, colocando un brazo sobre la cintura de Victor.
—Eres perfecto —le dice Victor, porque es la verdad.
—No estoy siquiera cerca de ser perfecto.
Tenía la sensación de que diría eso, pero aun así duele. Victor levanta su mano libre y con su pulgar toca el labio inferior de Yuuri. —Tienes razón, me olvidé de tu tendencia a jugarle bromas horribles a tu roommate. Supongo que no eres perfecto.
—Que romántico.
Victor se ríe y lo abraza con fuerza. —Aunque en todos los demás aspectos. Eres perfecto.
Yuuri gira su cabeza para sonreírle, y Victor no está seguro de alguna vez haber contemplado una vista más hermosa. Yuuri Katsuki yaciendo encima de él, sus labios completamente besados por él, su cabello bastante desordenado. Sus ojos están encendidos por el sueño y algo más, algo que Victor cree es paralelo a lo que hay en su propia mirada. —Tú eres perfecto —dice Yuuri, pero hay algo en su tono, algo semejante a pura admiración, pura necesidad.
—Esto no está en discusión —aclara Victor—. Como si yo pudiera…
Como si yo pudiera compararme contigo, quiere decir. Quiere decirle a Yuuri acerca de su risa, acerca de cuan melodiosa es, acerca de cómo algunas veces él ríe igual que un niño pequeño pero que de alguna manera eso le resulta atractivo en lugar de infantil. Acerca de cómo él puede encantar a todos los de la habitación y encantar a Victor una y otra vez, y acerca de cómo el estar con él se siente siempre nuevo. Acerca de cómo él nunca, en toda su vida, ha conocido a alguien con quien quiera pasar cada segundo del día, alguien con quien sueña y alguien del que está irreversible e innegablemente enamorado.
(¿Amor?)
(Es lo más probable.)
Yuuri dibuja un patrón sobre su pecho. Él está mordiéndose el labio inferior, y hay algo que resplandece en sus ojos, un tipo de preocupación, como si quisiera decir algo. —¿Victor?
Victor inclina su cabeza hacia un lado. —¿Sí?
—¿Qué… qué somos?
Parpadea ante la pregunta, extrañado. —Somos roommates.
Silencio.
Y es un silencio denso, como si algo espeso colgara en el aire y se posicionara sobre ellos, por lo que Victor suspira y reclina su cabeza hacia atrás. Vuelve a emplear su tono jocoso. —Podría acostumbrarme a tenerte como mi manta, sabes.
Yuuri parece salir de cualquier pensamiento en el que haya estado metido. —Yo podría acostumbrarme a tenerte como mi almohada.
—Me parece un trato justo.
~•~ ~•~ ~•~
Yuuri tiene una competencia el sábado.
Victor asiste, pero para lo que no estaba preparado era para el traje de Yuuri.
—Es un traje de segunda mano, de uno de los otros patinadores de Celestino —explica Yuuri tímidamente. La tela es negra, con cristales plateados que viajan por un lado del pecho y rodean sus caderas. Partes de la tela son transparentes, y en la parte posterior tiene una pieza roja parecida a una falda—. Sé que es algo raro…
Le encanta, y se lo hace saber a Yuuri besándolo contra la pared más cercana.
(Y el mensaje parece captado.)
El programa corto de Yuuri es impresionante –el conocimiento de Victor sobre el patinaje artístico es limitado pero sí que sabe una o dos cosas en general, y sabe que Yuuri hace un buen trabajo. Él aterriza cada salto, haciéndolo parecer sin esfuerzo. Al principio de su rutina, sus manos bajan por sus lados de forma sensual, y sus ojos se encuentran los de Victor, descaradamente.
Victor tuvo que respirar hondo varias veces para recuperarse de eso.
Su programa libre también marcha bien, y él termina posicionándose primero en la competencia. En voz baja le insiste a Victor que no es la gran cosa, pero Victor se muestra eufórico de todos modos, besando su medalla y felicitándolo sin cesar. Yuuri se muestra humilde, devolviéndole el beso y recibiendo sus cumplidos con calma. Ordenan comida para llevar de un restaurante más elegante de lo normal, y Victor lo colma de besos, uno por cada rotación que él había realizado en el hielo, o eso es lo que él dice. Pero pierde la cuenta varias veces. Sin mencionar el hecho de que de todos modos no tiene la más remota idea de cuantas rotaciones Yuuri había hecho.
~•~ ~•~ ~•~
Phichit a menudo entra a Yik Yak.
Tan a menudo, que no le toma mucho tiempo encontrar el video.
Aquel video se propaga como un incendio forestal –comienza como algo pequeño, unas cuantas personas lo comparten y se cuestionan si ese hombre que aparecía es o no el mismo que ha sido visto en compañía de Victor alrededor del campus. Después, sin embargo, está en todas partes, en el inicio de Yik Yak en todo momento. Hay tantos cuchicheos y rumores que Phichit no puede seguirle el ritmo a todo, su cabeza da vueltas.
Entonces hace click en el video.
Primero, Yuuri está haciendo striptease.
Phichit sabía que él había hecho striptease en la fiesta de fin de año. Así que eso no es del todo una sorpresa. De todas formas Yuuri no lo había recordado, y le había dicho estrictamente a Phichit: "Si hice algo embarazoso, no quiero saberlo." Phichit no está seguro si él realmente dijo enserio esas palabras, pero había respetado sus deseos. Así que Yuuri no sabe lo del striptease. Sin embargo, Phichit cree que probablemente lo haya adivinado a estas alturas, dada la gente que se le acercó después de la fiesta y lo elogió por su extraordinario talento.
Después, en el video, Yuuri baila.
Su camisa está abierta, su corbata todavía cuelga de su cuello, y tiene una botella de champagne en sus manos. Él baila con Victor, pero eso tampoco es precisamente una sorpresa –hubo un montón de personas bailando con un montón de personas en dicha fiesta en cuestión. Un novato bailando con un estudiante de segundo año no es particularmente una locura, no es como para que Yik Yak enloquezca.
Lo que sucede a continuación –es lo interesante.
Parecería que la persona que grabó el video lo hizo por accidente. En el primer plano está una joven riendo y diciendo algo, pero en el fondo está Victor. Su traje está arrugado, sus ojos ampliamente abiertos mientras contempla al chico pelinegro que tiene en frente. El chico podría ser confundido con algún otro, dada la calidad borrosa del video, pero Phichit conoce bien a Yuuri. Sabe que es él sin tener que pensarlo dos veces.
Al principio, ellos están hablando de algo. Victor ríe, con ojos brillantes y atención cautivada, como si ellos dos fueran las únicas personas en la fiesta. Yuuri también está sonriendo, y una de sus manos está sobre el hombro de Victor, su otra mano arreglando su propio cabello. Victor separa sus labios y Yuuri hace lo mismo, y entonces se besan, Yuuri se pone de puntillas para estar a su altura y las manos de Victor se mueven hacia sus caderas, sus dedos se aferran a ellas.
Nadie más en la fiesta parece notarlo.
Es Yuuri quien se aleja primero, y la sonrisa de Victor es…
Phichit no conoce muy bien a Victor. Pero pausa el video, y mira fijamente aquel cuadro. Yuuri está riendo otra vez, cubriendo su boca con el dorso de su mano, pero Victor… él luce…
Esperanzado, ¿quizás? ¿Enamorado? Ésta mirando a Yuuri como si él fuese la mejor cosa en el mundo, como si no estuviese seguro de que hacer consigo mismo. Como si fuese un niño a quien se le acabara de explicar cómo funciona el mundo por primera vez, y como si ahora viera todo de manera diferente. Él está descaradamente borracho, sí, pero Phichit cree que aquella expresión en su rostro bien puede ser la más pura que alguna vez haya visto en su vida. Es amor, no hay ninguna duda al respecto. Quizás el fugaz y apasionado tipo de amor-a-primera-vista-pero-no-amor-real, sin embargo es amor pese a todo. Nadie puede negar eso.
Y luego Yuuri se le echa encima.
Phichit ríe un poco en esa parte, sabe que Yuuri se moriría si estuviera viendo eso. Victor saca un marcador del bolsillo de su camisa y garabatea su número en la mano de Yuuri. Entonces, sostiene esa misma mano con fuerza, y le está diciendo algo con firmeza y desesperación. Phichit pone el video a velocidad .5x y trata de leer sus labios. Es inútil, pero figura que a juzgar por su lenguaje corporal Victor le está diciendo que lo llame más tarde. Yuuri, por otro lado, lo está ignorando, volviéndolo a besar antes de regresar a la pista de baile, demasiado borracho para pensar con claridad, probablemente.
Para cuando Phichit vuelve a mirar el video, no está seguro de que hacer con esta información.
Hay una buena posibilidad de que Yuuri ya haya visto el video. Pero la parte que le da escalofríos es el hecho de que Victor probablemente recuerde cada detalle de esa noche, probablemente reconoció a Yuuri en el momento en que empezaron a compartir habitación.
Esa idea…
Lo molesta, ligeramente.
Ya que ellos se conocieron en desiguales términos.
Obviamente, Victor ama a Yuuri. Y Yuuri ama a Victor. Es demasiado pronto como para que cualquiera de los dos se lo diga al otro. Phichit lo entiende, sin embargo ya todo el mundo sabe de ese hecho. Especialmente todo el mundo en Yik Yak,
Así que tiene un conflicto.
Cuando se sienta junto a la fogata el sábado por la noche, se siente dividido. Ve a Victor apoyando su cabeza sobre el hombro de Yuuri, luciendo como si fuese capaz de intentar alcanzar la luna para Yuuri si él simplemente se lo pidiera. En conjunto, Phichit está feliz por su amigo. Pero se pregunta si Victor le ha contado a Yuuri acerca del video, o si él simplemente asumió que Yuuri recordaba, o exactamente qué está pasando allí. Phichit es del tipo de persona que le gusta saber lo que está sucediendo, y el hecho de que no lo sabe, lo está molestando, aun cuando simultáneamente quiere respetar la relación y privacidad de Yuuri y Victor.
Observa a Victor con curiosidad, intentando comprender sus intenciones. Probablemente son lo suficientemente inocentes –esa es definitivamente la primera impresión de Phichit. Pero de igual manera observa, analizando. En un punto de su escrutinio Victor lo mira a los ojos, y Phichit desvía su mirada.
Él simplemente quiere hacer lo que es mejor para su mejor amigo.
Pero no sabe que es lo mejor.
(Al final, decide que el video es intrascendente.)
(Por una vez, él no intervendrá.)
~•~ ~•~ ~•~
Para las fiestas de Acción de Gracias, Yuuri se está yendo a Japón.
La noticia casi destroza a Victor, lo siente como un puñetazo en plena cara.
Pero no lo admite ante Yuuri porque sabe que sería injusto. Desde hace tiempo Yuuri había estado hablando de lo mucho que extraña a su familia y más con su cumpleaños acercándose. Victor no será egoísta y no le suplicara que se quede sólo porque no puede soportar estar separado de él por una semana. Por consiguiente, Yuuri se marcha a Japón. Y Victor se queda atrás. Solo.
(Bueno, solo no. Tiene a Yurio y a Yakov. Pero eso no viene al caso.)
Mantiene videollamadas con él, aunque la diferencia de horario hace difíciles las cosas. Victor, para mortificación de Yuuri, conoce a los padres de Yuuri a través de videollamadas, ondeando su mano y saludándolos felizmente. Cuando ellos comienzan a contarle todo lo que su hijo les había contado de él, Yuuri se pone rojo y les ruega que se detengan, y finalmente deciden colgar la llamada. Victor ríe ante aquel conocimiento durante el resto del día, intenta imaginarse a Yuuri contándoles de él a sus padres. Se pregunta si ha usado sus gestos de manos que acostumbra a emplear cuando se emociona. Espera que sí.
Sin embargo, cuando Yuuri regresa, Victor lo aprisiona en un fuerte abrazo, levantándolo del suelo y haciéndolo girar en círculos. A causa del Jet lag, Yuuri no está de humor más que para un abrazo, y colapsa en la cama, se duerme tan pronto su cabeza golpea la almohada. Victor sonríe con afecto, ya que las cosas no habían sido iguales sin él alrededor. No se sintieron correctas.
~•~ ~•~ ~•~
Pocos días después, es el cumpleaños de Yuuri.
Victor ofrece organizarle una fiesta como es debido, pero en lugar de eso, sólo unos cuantos amigos vienen a su dormitorio. El espacio es limitado, así que todos se sientan en el suelo entre las camas de Yuuri y Victor, riendo y conversando. Yuuri es homenajeado con regalo tras regalo –unos nuevos patines por parte de Mila, Katsudon por parte de Sara, una sincera tarjeta de felicitaciones y nuevos artículos de ropa por parte de Phichit, y así sucesivamente.
Victor siente nervios de entregarle su regalo a Yuuri, pero lo hace de todos modos.
Es algo un tanto estúpido, le dice rápidamente a Yuuri, queriendo prolongarlo en caso de que lo odie. Yuuri simplemente lo ignora, desenvolviendo y tirando el papel a un lado. Está dentro de una caja marrón, cosa que mira a Victor, curioso. Victor le sonríe, asintiendo para que lo abra.
—Un péndulo de Newton* —dice en voz alta, sacando el poliestireno de la caja y sosteniendo en alto el pequeño dispositivo. Tiene una base de madera, y varillas de plata que se extienden hacia arriba y en ángulo hacia adentro. Hay cinco bolitas de metal suspendidas por cadenas. Yuuri asienta el dispositivo sobre su regazo, toma una de las bolitas, y la levanta hacia el lado opuesto para después soltarla. Perfectamente, la bolita golpea las otras cuatro, entonces la que está al otro extremo se levanta en vuelo, para después bajar haciendo a la primera subir. Un milagro de la física, o lo que sea que haya dicho la descripción de Amazon—. ¡Esto es genial!
Victor engulle, temeroso de que su reacción no sea genuina. —No estaba seguro de que te…
—No, me encanta —le asegura Yuuri, colocándolo sobre su escritorio antes de darle un fuerte abrazo, restos de poliestireno caen al suelo. Él oculta su rostro en el hombro de Victor, aspirando—. Lo amo, gracias.
—En realidad, hay una cosa más —añade Victor después de alargar el abrazo tanto como es posible. Cruza la habitación dirigiéndose hacia su escritorio y abre un cajón. Saca una remera blanca, doblada y sin envolver, y regresa a donde está Yuuri, sentándose en el suelo y extendiéndosela.
Yuuri la desdobla, entonces lentamente inclina su cabeza para poder mirarlo. —Victor. No puedo usar esto.
—¿Qué es lo que dice? —pregunta Phichit, picado por la curiosidad.
Yuuri se sonroja, sacude su cabeza y vuelve a doblar la remera. —Yo no voy a usar esto.
—Yuuri —se queja Victor, alargando su nombre—. Pruébatela, pruébatela.
—¿Qué es lo que dice? —repite Phichit.
Yuuri suspira y la vuelve a desdoblar, leyendo el grabado de la remera en voz alta. —"Tus ropas se verían mejor arrojadas al suelo a una aceleración de 9.8 metros por segundo al cuadrado*."
Todos en la habitación estallan en risas, y Mila se pone de pie, tomando la remera y colocándola sobre la cabeza de Yuuri. —Anda, levanta los brazos.
De mala gana, Yuuri obedece.
Victor lo elogia. —Me gusta. Deberías quedártela.
—¿Y dónde usaría esto? —se queja, aunque está reprimiendo una carcajada mientras se mira a sí mismo, sacudiendo su cabeza con incredulidad.
—En todos lados —declara Christophe, y después silba.
Victor lo besa en la frente. —Feliz cumpleaños.
—Gracias —dice—. Por el primer regalo, no por esto.
—Terminaras usándola —lo provoca Victor, jugando con las mangas de la remera—. Se ve bien en ti.
Yuuri se ruboriza, y luego un chico llamado Guang-Hong está colocando otro regalo en sus manos.
~•~ ~•~ ~•~
A medida que el reloj avanza y la luna hace su aparición, las personas comienzan a abandonar el dormitorio.
Por un rato, sólo quedan cuatro de ellos –Victor, Yuuri, Phichit y Chris. Comienzan a mirar una película, Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos, la cual al parecer es una de las películas favoritas de Yuuri. La miran en la laptop de Yuuri, que es demasiado pequeña para todos ellos, y se sientan en la cama de Yuuri apoyándose contra la pared, con las piernas colgando sobre el borde de la misma cama. No toma mucho tiempo para que Yuuri comience a bostezar, luchando por mantenerse despierto. Phichit le habla de vez en cuando, lo cual parece ser el truco para tenerlo despierto.
Christophe se marcha unos minutos después, diciendo algo acerca de tener que trabajar en un ensayo.
Luego, hay una pausa lo suficientemente larga en la conversación, y Yuuri rápidamente se queda dormido entre Victor y Phichit, su respiración es uniforme. La película sigue reproduciéndose, y no es del tipo de película que podría imaginar a Yuuri admirando tanto. Es triste, emocional, filosófica. Sin embargo, también hay algo hermoso capturado en la historia, e intenta ponerle atención para poder hablar de ella con Yuuri más tarde.
A Victor le agrada Phichit.
Siempre lo ha hecho, desde el momento que lo conoció.
Pero recuerda su extraña mirada durante la fogata del otro día. Además, está es una dinámica algo rara, ¿no? El tener a su casi-novio dormido entre él y entre el mejor amigo de su casi-novio. Victor continúa mirando la película. Aunque después de un rato, un Yuuri dormido cambia de posición, y sus gafas están amenazando con caerse.
Victor se las quita, doblándolas y colocándolas en el travesaño de la cama, donde Yuuri acostumbra a dejar su teléfono. Phichit lo observa, y ahí está esa misma mirada otra vez.
Entonces, repentinamente, Phichit pausa la película.
—Entonces, Victor.
Victor es una persona inteligente.
(O, al menos, le gusta pensar de sí mismo como una persona inteligente.)
Así que reconoce lo que está por suceder enseguida, hace una mueca preventiva. —¿La charla?
—La charla —confirma Phichit, subiéndose las mangas. Contempla a su dormido amigo, como si dijera, sí, Yuuri, estoy haciendo esto por ti.
Los pensamientos de Victor amenazan con salirse por la tangente respecto a lo muy hermoso que es Yuuri cuando está durmiendo, pero en cambio fuerza su atención en Phichit. Determinado a impresionar. —Jamás lo lastimaría, si es eso lo que te preocupa.
Phichit asiente, como si eso fuese o que quería escuchar. —Probablemente él no querría que te dijera esto pero, él se pone nervioso. Durante la semana de exámenes especialmente.
Victor no está seguro de a dónde se dirige con esa declaración, así que tan sólo asiente dejando escapar un tonto. —Oh —de sorpresa.
—Ansioso —se corrige Phichit, como si con eso lo aclarara—. Él se pone ansioso.
—Yo... bien…
Phichit vuelve a mirar a Yuuri, mirándolo con puro amor. —Yo le haría un té. Le gusta el té Sencha, pero sólo… sólo hay una tienda cercana que vende el tipo específico que a él le gusta. Él dice que le recuerda a como su madre prepara el té verde —luego regresa su mirada a Victor, la seriedad se refleja en sus ojos—. Y algunas veces tendrás que distraerlo. Forzarlo a que haga algo más por un rato, eso le hace bien.
—Phichit…
—Él cree que no es lo suficiente bueno.
Victor traga grueso ante eso, sintiendo su garganta seca de repente.
Phichit se limpia las manos en sus jeans, bajando la mirada. —Él piensa que no es lo suficiente bueno —repite—. Para ti, para mí, para cualquiera. Y algunas veces eso… —su voz se apaga, y él suelta un tembloroso suspiro—. Algunas veces eso puede impedirle hacer cosas, o decir cosas. Él expresa su amor a través de acciones, no de palabras. Él piensa de manera diferente. Supongo que tú también ya deberías saberlo.
—Creo que lo amo —susurra Victor, y se sorprende por lo muy sincero que suena, por lo fácil que las palabras salen de su lengua.
Phichit asiente, sin sorprenderse. —Y yo creo que él te ama. Pero mi punto es… cuida de él por mí.
Yuuri se acomoda en sueños, inclinándose a la derecha, reposando su cabeza sobre el hombro de Phichit. Phichit coloca un brazo alrededor de su amigo, y Yuuri suspira, acurrucándose contra él. Es meramente platónico, Victor lo sabe, pero no puede evitar sentirse ligeramente celoso. —Lo haré —promete.
—Tú lo haces feliz —señala Phichit—. Y eso me hace feliz. Así que te lo agradezco.
—No deberías agradecerme por eso —dice Victor—. Yo te doy las gracias por confiar en mí. Y, para que conste, serás un buen psicólogo.
Phichit se ríe, y en un instante vuelve a su usual y juguetona manera de ser. —Lo sé, ¿verdad? ¿Puedes imaginártelo? —frota suavemente la espalda de Yuuri mientras duerme y éste inconscientemente se mueve más hacia él—. Creo que te he robado a tu novio por esta noche, lo siento.
Victor no está molesto. Se baja de la cama, pero se detiene en la escalera, notando la forma en que los dos chicos están sentados contra la pared. —Se lastimaran sus cuellos si duermen así.
Phichit asiente en acuerdo. —Ven, Yuuri, vamos a recostarte —murmura.
Yuuri no protesta mientras es jalado de la pared y recostado sobre la almohada, sin alterar su sueño. Lo que hace, sin embargo, es continuar aferrado al brazo de Phichit, y Phichit le sonríe. Victor se pregunta brevemente, si a Phichit le gusta sentirse necesitado. Si era por eso que le había dicho sobre la ansiedad de Yuuri, sobre tener que distraerlo. Pero rápidamente aleja esos pensamientos, él no es un estudiante de psicología, después de todo.
—Creo que quedaste atrapado —bromea Victor.
—Yo también lo creo —responde Phichit—. ¿Te parece bien si duermo aquí por esta noche?
Victor asiente, le sorprende que Phichit se lo preguntara en primer lugar.
Se dirige a su propia cama y, sorprendentemente, es lo mejor que ha dormido en años.
~•~ ~•~ ~•~
Cuando Yuuri se despierta, su rostro está enterrado en la curvatura del cuello de alguien.
Victor, piensa al instante. Mantiene sus ojos cerrados, queriendo sumergirse en el momento. Yuuri se inclina aún más, exhala su nombre y presiona sus labios sobre el cuello de Victor.
—Wow, espera, espera, no soy Victor —dice la voz de Phichit—. No soy Victor.
Yuuri parpadea, haciéndose para atrás, sus ojos se abren por completo. Definitivamente no es Victor. Siente que se ruboriza y sacude su cabeza como loco, agarrando las sabanas y tirando de ellas para cubrirse de la vergüenza. —Oh por Dios, perdón, lo siento mucho…
Se escucha un gemido burlón al otro lado de la habitación. —¿Dónde están tus lealtades, Yuuri?
Phichit está sonriendo –Yuuri puede escucharlo en su voz. —Supongo que ustedes dos se han estado poniendo cómodos para dormir entonces. Si es normal para ti despertar junto a él.
—Phichit —exclama Yuuri, advirtiendo. Tira de la sabana hacia abajo, sólo para que sus ojos queden expuestos, y los mira a ambos. Los dos son como socios en el crimen con sus respectivas sonrisas de suficiencia, piensa Yuuri, y hace una mueca volviéndose a cubrirse.
—Linda remera, por cierto —comenta Victor.
Yuuri se inspecciona a sí mismo, ve que todavía está usando ese ridículo regalo que Victor le había dado. —Oh Dios —se pregunta cuanto más puede ruborizarse, cuanto más ellos pueden notar. En un instante, él está en el baño, cerrando y asegurando la puerta. Primero que nada, se saca esa remera y luego procede a tomar un baño.
Él no había anticipado cuan peligrosa sería una amistad entre Phichit y Victor.
(Aunque, al mismo tiempo, no puede negar que eso lo hace un tanto feliz, el ser él el vínculo que los une.)
De cualquier forma, cuando Yuuri sale del baño, Phichit está por irse de la habitación, dándole un último "feliz cumpleaños" antes de marcharse a su propio dormitorio. Entonces Yuuri se queda a solas con Victor, quien todavía le dedica esa estúpida y divertida expresión que lo hace querer ser sepultado vivo. Hay un breve silencio.
—Eso fue lindo.
Yuuri vio eso venir. —¿Ustedes dos lo hicieron a propósito?
Victor toma un pedazo de papel de su regazo y comienza a doblarlo. Hace tiempo que Yuuri le había enseñado a hacer sus propios avioncitos de papel y con el tiempo él se había vuelto bastante bueno. Él está sentado arriba en su cama, pero Yuuri puede verlo trabajar con la lengua afuera. Es un hábito que Yuuri tiene, y se le ocurre que a lo mejor Victor lo ha adquirido de él. Ese pensamiento remueve algo en su interior, pero no sabe identificarlo con exactitud. Así que decide archivarlo para pensar sobre aquello luego.
—No, simplemente sucedió que te inclinaste hacia la derecha en lugar de la izquierda cuando estábamos mirando esa película, estoy ofendido, por cierto.
Yuuri sabe que está bromeando, pero parece haber un tono subyacente de envidia y eso hace que los dedos del pie de Yuuri se curven. —¿Te gustó la película?
Victor medita. —No la terminamos, tendremos que hacerlo en algún momento. Pero por lo que vi era buena.
Brevemente se pregunta por qué él y Phichit no la terminaron de ver. Pero no lo expresa, ya que Victor garabatea algo dentro del avioncito y luego lo lanza en su dirección, golpeándolo en el pecho. Las alas están dobladas ligeramente desigual, pero aun así vuela bien. Lo desdobla.
—可愛い —lee en voz alta, perplejo—. Tú… ¿Cómo es que tú…?
—Eso significa 'lindo' ¿verdad? —pregunta Victor, ligeramente preocupado—. Empecé a tomar clases online. Es difícil, pero es un poco similar al coreano, con lo que estoy más o menos familiarizado.
La letra es tosca, temblorosa, pero legible. Y entonces las palabras de Victor y el peso de las mismas son absorbidas por él. Victor había empezado a aprender japonés por… ¿por él? levanta la mirada hacia Victor, intentando obtener cualquier confirmación que pueda reunir, Victor se limita a sonreír, casi tímido. O al menos tan tímido como Victor Nikiforov puede llegar a ser. —¿Estás aprendiendo japonés?
Victor se lame lo labios, mira al avioncito de papel otra vez. —Tu expresión me hace preguntarme si accidentalmente escribí algo horrible.
—No… no, es… —traga—. Es correcto.
—Tíramelo, aprendí unas cuantas palabras más.
Después de escribir unas cuantas palabras más, mayormente adjetivos, Yuuri se sienta a su lado, escribiendo con él y señalándole diferentes matices del lenguaje escrito. Victor aprende rápido, lo que no es de sorprenderse, entrecierra los ojos, concentrado, mientras intenta formular una oración completa. —¿Cómo escribo tu nombre? —pregunta, entregándole el lápiz una vez más.
Yuuri escribe su nombre, luego el de Victor. Los etiqueta ambos en inglés.
Victor dibuja un corazón entre ambas palabras.
—Es unánime, ¿no? —pregunta en voz baja.
Es una pregunta retórica, pero Yuuri se encuentra asintiendo de todos modos, y de pronto la sensación del cuerpo de Victor presionando el suyo lo está quemando, como si algo en el fondo rápidamente se desplazara a un primer plano. Y él se encuentra a sí mismo moviéndose, todavía mirando el pequeño corazón, preguntándose si de verdad está allí o no, preguntándose en qué está pensando Victor.
Entonces Victor desliza su mano a través de la camisa de Yuuri y su piel se siente tan bien que Yuuri jadea, e instintivamente se mueve más cerca de su toque. Es electrizante, cada vez que ellos se encuentran así. Manos sutiles que rozan otras manos o algo más que eso –acaloradas, apasionadas. De cualquier forma, es electrizante. Yuuri cubre las manos de Victor, entrelaza sus dedos, y Victor lo besa.
Es más lento de lo normal, lo hace marearse. Victor empieza en la esquina de su boca, tomándose su tiempo, entonces se hace camino hacia el centro, la corta distancia recorrida a un ritmo agonizantemente lento. Al principio, es con labios cerrados, con movimientos dispersos, manos errantes, pero cuando Victor abre sus labios. Yuuri no protesta, Él no sabe a algo en particular, sólo a Victor, y Yuuri descubre que tal vez ese es el mejor sabor de todos. Eso, combinado con el olor de su colonia, que inunda sus sentidos, dichosamente nublando sus pensamientos.
—¿Podemos acurrucarnos? —pregunta Victor en voz baja.
Toma un momento a que esas palabras se filtren dentro de él, pero entonces Yuuri ríe en voz alta con shock y adoración—. ¿Qué?
Él parece a la defensiva. —Pregunte si podríamos acurrucarnos. ¿Qué hay de raro en eso?
—Nada, es sólo… que tú…
Victor espera.
Yuuri se encoge de hombros, buscando una respuesta que no lo ofenda. —Eres muy, um, franco.
Victor medita al respecto, recostándose. Yuuri se recuesta a su lado, dándole la cara. Piensa en cómo Victor no había sido lo que él había esperado. Sí, aún se las arregla para mantener la imagen de un chico estereotípico de fraternidad, pero luego le pide a Yuuri acurrucarse en el mismo tono que emplea para preguntarle si puede pasarle la mantequilla. De cierto modo, le recuerda a Phichit. Algo son confiados, pero quizás ese rasgo se manifiesta de diferentes maneras.
Entonces parece notar que de hecho, no se están acurrucando. Victor parece notar lo mismo, cosa que coloca su cabeza sobre el hombro de Yuuri, enterrando su rostro en su sudadera azul. —¿Yuuri?
Le toca el pelo, realmente no puede evitarlo. Dada la forma que Victor se derrite a su lado, figura que le gusta. —¿Sí?
—Si alguna vez quieres algo, cualquier cosa, puedes ser franco conmigo. Espero que lo sepas.
—¿Sería franco si digo que tus ropas se verían mejor arrojadas al piso a un aceleración de nueve punto ocho metros por segundos al cuadrado?
Victor se ríe, y las vibraciones le hacen cosquillas en el pecho. Ladea su cabeza a un lado, una de sus manos todavía se encuentra en el cabello de Victor y su otro brazo envuelto perezosamente sobre su espalda. —Eres un chico verdaderamente atrevido, Yuuri Katsuki. ¿Alguna vez alguien te lo ha dicho?
—Nope.
—Eres un descarado.
—¿Descarado? —repite Yuuri.
—Descarado.
—No creo que eso sea verdad.
Victor le besa el cuello, gentil. —Siento discrepar. De hecho, estoy elaborando un caso en tu contra.
Yuuri ladea su cabeza para darle mejor acceso. —¿Un caso?
—Voy a llevarte a la corte. Tengo evidencia de un montón de crímenes. Yuuri. Sin mencionar una fuerte vendetta. Vas a caer.
Él no está muy convencido, y las palabras de Victor parecen pensadas a medias, su atención obviamente ahora está enfocada en algo más importante como mordisquearle su clavícula, con una mano tira del cuello de su prenda hacia abajo. —Deberías saber que Phichit sería un buen abogado.
—Oh, puedo imaginármelo —murmura Victor—. No importa, no voy a demandarte.
—Es un alivio.
Le besa los labios castamente, después regresa a su anterior posición, contento con hacerse un ovillo a su lado. —Tengo un trabajo de física en el que debería estar trabajando.
Yuuri le aparta el cabello que le cae sobre los ojos, algo que Victor ha hecho por él incontables veces, y se le ocurre que quizás están adquiriendo muchos hábitos el uno del otro. —¿De qué tema?
—Fuerza centrípeta versus fuerza centrífuga.
—Fácil —le dice Yuuri.
Victor lo mira fijo. —¿Lo es?
—Bueno, primero que todo, una es real, y la otra no.
Gime –alto y prolongado. —Pensé que se suponía que la física se trataba de cómo se mueven las cosas, cómo suceden las cosas. Ya sabes, cosas reales. ¿Por qué se tiene que tratar de gatos desaparecidos y fuerzas falsas?
—Algo de eso es real —protesta Yuuri—. Es decir, no todo tiene que ser tangible. La lingüística no es tangible.
Victor le acaricia el labio inferior con su pulgar. —Pero es real.
Yuuri suelta un tembloroso suspiro, lo mira.
—¿Cuál de las dos fuerzas es real? —pregunta.
—Bueno… —empieza, examinando la expresión de Victor para ver si está genuinamente interesado o sólo trata de ser amable—. La centrípeta es real. La centrifuga es falsa. Son opuestas.
Hay una ligera pausa, como si Victor estuviera pensando en algo. Acaricia el pecho de Yuuri, tan sólo por encima de su escote, y traza algo, una y otra vez. Le toma un momento percatarse que es un desordenado japonés, letras y palabras que no tienen sentido cuando se colocan juntas. No obstante Yuuri está cautivado, perdiendo el hijo de sus pensamientos ya que ahora se enfoca en la sensación, en el hecho de que Victor ha empezado a aprender una lengua completamente nueva tan sólo por él.
—¿Cómo algo real puede ser lo opuesto de algo falso? —Victor susurra.
La pregunta lo saca del hechizo, lo trae de regreso a la realidad. —La centrifuga es… es una fuerza aparente. Y la fuerza centrípeta es cuando… —"Amor", reconoce esa palabra en su piel. Victor se detiene, parpadea hacia él a través de sus pestañas plateadas. No, debió haber sido otra palabra, piensa Yuuri. Él debió equivocarse—… la fuerza centrípeta es, cuando estás balanceando algo, y a medida que gira, se mueve hacia el centro.
El dedo de Victor comienza a trazar un círculo.
—Mientras el radio se torna más pequeño, la fuerza se vuelve más fuerte.
—¿Cómo si estuviesen cooperando?
—En términos simples, sí. Pero la fuerza centrífuga, va en dirección opuesta. Pero es una fuerza aparente, no una fuerza real.
—Estoy tratando de entender —dice Victor—. Pero no veo cómo es eso posible.
Yuuri toma la mano de Victor, la guía para trazar otro circulo. Esta vez, la mueve hacia adentro. —Centrípeta —susurra. Luego, hace el mismo movimiento pero hacia afuera—. Centrífuga. Es… es tu punto de referencia. Técnicamente, son la misma fuerza.
—La misma fuerza, pero un diferente punto de referencia —repite Victor—. Entonces es más o menos como el gato. Muerto o no muerto al mismo tiempo.
—Supongo que sí.
Hay una pausa. —Paradójico.
—¿Paradójico? —repite Yuuri.
—Como tú.
Otra pausa.
Es ahí que se le ocurre que en verdad no sabe por qué él le gusta a Victor. Por qué Victor pasa el tiempo con él, por qué lo encuentra interesante. Tendría más sentido si ellos sólo fueran roommates y Victor simplemente pasara poco tiempo en el dormitorio –y estuviera afuera con sus amigos de la fraternidad o bebiendo y haciendo fiestas cada noche, para después regresar dando tumbos a la habitación e irse a la cama. Tendría más sentido si él sólo usara los conocimientos físicos de Yuuri para su propio provecho, usándolo para tener éxito en clases y apenas intercambiar con él una que otra palabra.
Él no tiene que recostarse con él. No tiene que escucharlo hablar y hablar de un tema del cual Victor no se interesa. No tiene que hacer nada de eso.
Victor lo llama paradójico, pero en realidad, él es la paradoja más grande de todas.
—Debería irme ya, las prácticas de patinaje empezaran pronto. Phichit me estará buscando.
—¿Yo puedo ir?
Yuuri se encoge de hombros. —Supongo, si quieres.
~•~ ~•~ ~•~
Victor va con él, y cuando Yuuri está tomando un descanso, lo saca del hielo. Yuuri habla del impulso y fricción angulares, y Victor le pregunta cómo juegan un rol las fuerzas centrípeta y centrífuga, y Yuuri se lo explica feliz.
Phichit les sonríe.
Y ellos le regresan la sonrisa.
Victor da un traspié, causando que Yuuri caiga incómodamente de espaldas. Después, comienza a reírse y aterriza a su lado, acercándolo con disculpas sin sentido, Yuuri no está seguro de haber sido más feliz.
~•~ ~•~ ~•~
Un día, Yuuri siente hambre, así que se dirige al comedor para la cena de la tarde. Victor está trabajando en un proyecto, cosa que Yuuri está solo, bostezando y con los pensamientos del jueves de Pasta en su mente. Ya es principio de diciembre, y las cosas se están poniendo más frías, así que tiene una chaqueta bien ajustada alrededor de sus hombros y sus pantalones son demasiado delgados como para protegerlo contra el fuerte viento.
Está nevando, sólo un poco. Recuerda esa vez, hace mucho ya, cuando Victor lo había envuelto con su abrigo, bromeando sobre que ambos cabían en él. Luego, el recuerdo cambia a la calidez que sintió el otro día con Victor acostado encima de él, pasaba su dedo a través de su piel, con voz baja y suave.
Esos pensamientos son interrumpidos por risitas.
Hay dos chicas –de primer año, ¿quizás?—mirándolo. Ambas son bonitas, desde un punto de vista objetivo, y morenas. Una está usando un suéter de color granate, y la otra usa un abrigo abultado color menta. Las dos se están empujando hacia Yuuri, agresivamente susurrándose la una a la otra, en completa sincronía. Yuuri se detiene, mirando alrededor para asegurarse de que no se está equivocando. Ellas quieren hablar con él.
—Oh, hola —dice la chica del suéter granate. Su amiga la mira fijo—. ¿Tú estás saliendo con el hijo del señor Feltsman?
Su amiga estalla en risitas detrás de su mano, y Yuuri parpadea, ligeramente aturdido—. ¿Con Victor? Oh, nosotros somos…
No está seguro de saber la respuesta.
—Nosotras vimos el video —añade la estudiante del abrigo color menta.
—¡Marie! Cállate —jadea la primera chica—. Él no quiere hablar de eso.
—Ella está molesta porque tenía un crush por Victor —explica Marie—. Pero de cualquier manera ustedes dos hacen una pareja mucho más linda de lo que ella y Victor harían.
Yuuri se siente incómodo. Ellas obviamente están borrachas, o un tanto tomadas al menos. Tras examinar sus atuendos, se da cuenta que debe haber una fiesta de hermandad o algo parecido. Contempla el alejarse, pero entonces una parte de la conversación captura su atención. —¿Qué video?
—El video de la fiesta.
Oh, piensa. Debe haber sido el de la fiesta de Halloween. Probablemente Victor había hecho algo estúpido mientras estaba borracho –él definitivamente había estado fuera de sus cabales esa noche. Yuuri casi se aleja por segunda vez, pero no puede evitar sentir curiosidad por las acciones de su roommate. —¿Qué fue lo que Victor hizo en el video?
Las chicas comienzan a reír en sincronía, una de ellas empuja el hombro de la otra. —Querrás decir qué fue lo que hiciste tú.
—¿Yo? —pregunta, sorprendido.
Entonces cae en cuenta –en la única fiesta en la que había estado antes. Fue en la fiesta de fin de año de la Psi Omega Iota. Él debió haber hecho algo embarazoso. Siempre se esperó aquello, a juzgar por la mirada que siempre ponía Phichit cada vez que alguien sacaba el tema de la fiesta a colación. Por lo tanto, no quiere verlo. Mejor si no sabe nada.
Así que se aleja.
—Tienes buenos movimientos, sabes —grita Marie.
Él agacha su cabeza, y camina más rápido.
~•~ ~•~ ~•~
Después de una semana, se olvida del video. Luego, es viernes por la noche. Las vacaciones de invierno inician el lunes, y Victor se marchará a San Petersburgo. Phichit irá a Tailandia, pero Mila y Sara se quedaran, así que Yuuri no estará completamente solo. No obstante, está ligeramente desilusionado ya que tendrá que vivir sin Victor más o menos por un mes.
Yuuri, no obstante, finalmente menciona el tema del video con Phichit.
Surge de manera natural durante la conversación, y, la verdad es que la curiosidad lo había estado corroyendo desde que esas dos chicas hablaron con él sobre dicho video entre risitas y miradas.
Además, es inevitable que Phichit sepa al respecto.
—¿Sabes algo acerca de un video de la fiesta de fin de año del año pasado? —pregunta Yuuri, casual.
Están sentados en el dormitorio de Yuuri y Victor –Victor está con Chris en el de Chris y Phichit. Como si hubieran intercambiado roommates por un día, como si las cosas fueran de la forma que se supone deberían ser originalmente. Es un tanto irónico, piensa Yuuri brevemente. Phichit alza la vista, con ojos amplios. —¿Alguien te contó sobre eso?
—Alguien lo mencionó, sí —dice, un poco preocupado ahora.
—¿Lo viste?
Yuuri frunce el ceño, sacude su cabeza. —¿No debería? Sé que te dije que no me contaras si hubiera hecho algo embarazoso, pero…
—Victor… Victor nunca… ¿él nunca habló contigo al respecto? —sus palabras son lentas, como si estuviera uniendo las piezas de un acertijo, como si algo acabara de ocurrírsele por primera vez—. ¿Victor nunca habló contigo acerca de un video? —pregunta cuando Yuuri no responde al instante.
—Um, no. ¿Por qué lo haría?
Phichit se encoge. Físicamente se encoge. —Yuuri, vas a tener que verlo.
Lo hace.
Y empieza con él haciendo striptease, lo que no le sorprende, la verdad, ya que había despertado a la mañana siguiente con una evidente falta de ropa. Mira a Phichit nerviosamente, su amigo no está viendo el video, sino que está mirando a la pared que tiene en frente, a un poster de un actor tailandés. El color se ha drenado de su rostro, tiene un aspecto desconocido, uno que no va con él. Remordimiento.
Yuuri continúa viendo.
Y entonces…
Victor.
Victor está allí.
Y ellos se están besando.
Fuerte, apasionado. Victor es arrastrado por él, y él es arrastrado por Victor, y Yuuri piensa en la fuerza centrípeta una vez más, piensa en cuanto más pequeño es el radio, más fuerte es el impulso. Traga, pero hay una emoción en su garganta que lo estrangula, lo ahoga. Y luego Victor está escribiendo algo en su mano.
En el video, Yuuri está fuera de sí mismo. Se ve confiado, dándole a Victor una sonrisa sensual que parece debilitar las rodillas del chico de cabellos plateados, que lo hace derretirse en el suelo donde se celebra la fiesta. Pero la peor parte son las manos en sus caderas, los besos, los labios magullados, el cabello agitado, los…
Las palabras de Victor resuenan en sus oídos.
Si alguna vez quieres algo, cualquier cosa, puedes ser franco conmigo.
(¿Victor lo sabía?)
(¿Victor sabía de esto?)
(¿Victor sabía que Yuuri estaba cautivado por él desde el principio?)
—No te alteres —dice Phichit con prontitud, y hay una mirada de vergüenza en su rostro—. Esto es mi culpa, yo sabía del video, y debí habértelo dicho. Creí que tú y Victor sabían de todo esto y que habían conversado sobre ello o… —respira hondo—. ¿Crees que él ya sabía?
—Creo… —empieza Yuuri, luego exhala—. Creo que no sé.
—Lo siento —añade Phichit, tocándole el brazo—. Estoy seguro que hay una explicación para esto, sólo tienes que hablar con él. Sabes, hay una gran probabilidad de que él tampoco lo recuerde.
Victor no luce tan borracho en el video.
Victor había sido un mano larga desde el…
Aquello lo golpea.
—Nosotros no nos conocimos cuando nos hicimos roommates —susurra Yuuri.
—¿Qué?
—Cuando él me golpeó con su patineta… —la realización le llega lentamente, su corazón se hunde más y más, el dolor que ataca sus pensamientos, se adentra a los bordes de su mente, infectando todos sus recuerdos hasta que todo, todo tiene sentido. El encaprichamiento instantáneo de Victor, esa noche, cuando se convirtieron en compañeros de habitación, su personalidad, la forma que simultáneamente era absurdo, dulce, y coqueto…
Phichit lo toma por ambos hombros, lo agarra fuerte. —Yuuri, detente.
¿Qué tan lejos va esto? ¿Victor había pensado en el video desde que se conocieron en aquel camino? ¿Se había sentido extasiado cuando se dio cuenta que serían compañeros, sabiendo que el lindo chico japonés albergaba un enamoramiento por él? ¿Sabiendo que podría lograr que él hiciera lo que él quisiera, sabiendo que al final, al final él podría lograr que…?
Las náuseas se arremolinan en su estómago.
Victor no haría eso, le recuerda una voz.
Victor no lo haría.
¿O sí?
La cosa es que, tiene sentido.
Todo eso; la facilidad de Victor para aceptar ser el roommate de Yuuri, la forma en la que había pretendido estar tan enamorado por su amor por la física, la manera en la que había tratado de estar cerca de él, como con las prácticas de patinaje, y sus cumplidos y regalos. Todo concuerda.
—Yuuri —sisea Phichit.
Está aturdido, parpadea hacia su amigo con lágrimas no derramadas en sus ojos.
Entonces se encuentra entre los brazos de Phichit, y Phichit está susurrándole palabras no escuchadas, sobándole la espalda. —Yuuri, escúchame. Probablemente estás reaccionando de forma exagerada, probablemente todo está bien. Nosotros no conocemos su lado de la historia. ¿Me escuchas? Tú confías en Victor, y yo confío en Victor. Él es un buen tipo. Nosotros no sabemos lo que él estaba pensando, si es que estaba pensando. Estás saltando a conclusiones precipitadas. Probablemente ni siquiera ha visto este video, o tal vez no recuerda esa noche, o tal vez sólo te reconoció más después. Nosotros no sabemos nada.
Yuuri respira, adentro y afuera. No llorará. No llorará por algo estúpido como esto. Phichit tiene razón. No hay nada por lo cual llorar en primer lugar. Sólo es vergüenza más que cualquier otra cosa, la idea de que Victor pueda ver a un desnudo y desordenado chico de pelo negro en boxers cada vez que lo mira. Es el fuerte contraste que ahora se puede dibujar –Yuuri es un borracho desastroso, coqueto, no es bonito en lo absoluto, y Victor es bonito en todo momento, ya sea borracho o sobrio o molesto o amable. Él es atractivo, carismático por naturaleza.
—Ve hablar con él —le ordena Phichit—. Antes de que te alteres.
Demasiado tarde.
Luego está abrazando a Phichit de nuevo, más fuerte esta vez. —Tienes razón.
—Okay, ve y búscalo entonces —le urge Phichit—. Es mejor hacerlo ahora antes de que hayas tenido tiempo de pensar demasiado en el asunto. Estoy seguro de que hay una explicación simple. Esto no es nada.
Yuuri cierra los ojos. —¿Qué si lo es?
Phichit se aparta, pasando su pulgar por debajo de los ojos de Yuuri para atrapar una lágrima que no se había dado cuenta que había caído. —¿A qué te refieres? ¿Cuál es tu miedo?
—Que… —empieza, entonces se atraganta con la palabra, inhala antes de empezar otra vez—. ¿Que si a él en realidad no le gusto, Phichit? ¿Qué si a él sólo le gusta el hecho de que yo…? la manera en que yo… —su voz se apaga con los oscuros pensamientos que le surgen.
—Oh, Yuuri —se limita a decir Phichit, mordiéndose el labio—. Eso no es verdad. No puede ser verdad. Ve y habla con él, por favor. Además, si fuera verdad, ¿sabes qué?
—¿Qué?
—Él no te merece, ¿de acuerdo? Sólo recuerda eso. Si él no… —Phichit hace una pausa, pensando—. Si él no siente lo mismo que tú sientes por él, entonces él no te merece. Por favor dime que lo recordarás. No pienses en él como… no pienses en él como el chico que creías que era antes de conocerlo. Piensa en él como el Victor con el que has estado viviendo, no como la celebridad del campus.
Las palabras están tan ensayadas, tan pensadas, que a Yuuri se le ocurre vagamente que Phichit debió haberlas pensado en algún momento en el pasado.
Yuuri sacude esos pensamientos, se pone de pie sobre sus piernas temblorosas. —De acuerdo, iré y le preguntare al respecto.
—Bien. Este es el Yuuri Katsuki que conozco.
Enarca una ceja, dudoso.
Phichit se rasca su nuca, con ojos abatidos. —Bien, quizás no el Yuuri Katsuki que conozco, ¡pero si el Yuuri Katsuki del cual estoy orgulloso! Ve hablar con él, consigue respuestas, repórtamelas. Si resulta que él es un imbécil, lo cual no creo que sea, yo estaré a tu lado. Estoy justo detrás de ti.
Esas palabras de ánimo ayudan, un poco.
Imágenes del video lo persiguen mientras baja las escaleras camino al piso de Phichit y Christophe. Se detiene para mirar su reflejo en la ventana en el hueco de la escalera, asegurándose de que no sea tan evidente que ha llorado un poco. Su sensibilidad siempre ha sido uno de sus rasgos menos favoritos. Lo hacen sentir patético, molesto.
Y entonces, mientras camina, la culpa se impone.
¿Cómo pudo haber dudado así de Victor? Por supuesto que Victor no se había aprovechado de él, claro que Phichit tenía razón –debe haber una explicación lógica. Él reaccionó de forma exagerada, obviamente, se había emocionado y dudado de la persona de la cual había caído de cabeza, de la persona que conoce como la palma de su mano. Seguramente hay algún tipo de explicación o razonamiento lógico que probará fácilmente su inocencia, que les permitirá continuar desarrollando su relación de la misma manera hermosa en la que se ha estado desarrollando durante los últimos meses.
Yuuri endereza sus hombros y camina por el corredor. Puede oír las voces de Victor y Christophe cuando está a poca distancia de la habitación –la puerta está abierta. Christophe está hablando, sonando pensativo. —¿Y cómo planeas hacer para que se acueste contigo?
Yuuri se detiene.
Siente la tensión incrementarse en sus hombros, siente todo su cuerpo sumirse. No, no, él debe estar entendiéndolo mal. O Christophe está hablando con alguien más. Sí, Christophe debe estar hablando con alguien más.
Excepto que…
Excepto que Victor habla a continuación.
—Pues, eso ya ha sucedido antes, puedo hacer que suceda de nuevo. Será fácil.
Una chica pasa por su lado en el pasillo, se ve un poco preocupada. Yuuri se apoya en la pared. Su corazón es como un animal salvaje, latiendo para intentar salir de su jaula, cada vez más rápido y cada vez más salvaje hasta que ya no puede respirar más y se está asfixiando con el aire que se supone debe ayudarlo con el oxígeno y con el nitrógeno y con…
Escucha una risa por parte de Chris. Una carcajada. —¿Crees que él es tan ingenuo como para bajar la guardia? —una breve pausa—. Odio decírtelo, pero no eres tan buen mentiroso, Victor.
Ellos están hablando de alguien más, se miente Yuuri a sí mismo, pero la parte racional de su mente le dice que no es verdad, ellos están hablando de él, no hay ningún error. Victor había estado planeando acostarse con él y Christophe está involucrado en todo esto, y ¿Quién puede decir que Mila y Sara no están también involucradas? En la broma a Yuuri Katsuki, un estúpido estudiante de segundo año, que está enamorado de Victor Nikiforov, un pijo de fraternidad. Pero es que él parecía ser un arrogante chico de fraternidad con un lado suave, y le había pedido a Yuuri acurrucarse con él hace una semana, ¿no? Había sido real, realmente se lo había pedido, con una sonrisa encantadora y…
Y Victor también se ríe.
Se ríe de él.
Y es la misma risa que Yuuri había admirado, de la que se había enamorado, pero ahora se siente como la manifestación de la malicia, y ese tipo de indignación no es algo que alguna vez haya asociado con Victor porque normalmente Victor es sólo avioncitos de papel y bromas estúpidas y le había comprado esa remera de físico nerd y, Yuuri ya no puede respirar más, se está derrumbando, y odia el hecho de que sea tan sensible pero también odia el hecho de que está aquí, escuchando esto…
—¡Soy un buen mentiroso! —Victor replica—. Creo que funcionará. He estado planeando esto desde hace un tiempo… esperando para hacer mi movimiento.
Él no camina, corre.
Yuuri regresa corriendo a la escalera y unas cuantas personas que están dispersas por el edificio lo miran de manera extraña pero él corre, corre y corre y se tropieza en el primer escalón y su rodilla golpea el borde de la escalera, y duele, Dios, sí que duele, pero sigue avanzando y sigue subiendo, y se dirige hacia la puerta, la misma puerta en la que adentro había estado con Victor tantas, y tantas veces antes y encuentra a Phichit y Phichit lo sabe, lo sabe al instante.
—Yo lo mataré por ti —ofrece Phichit, y es una broma pero no suena como una.
Suenan como lágrimas, suena como si Yuuri enterrara su rostro en el hombro de Phichit y se acurrucara contra él, suena como a finales del año pasado cuando tuvo una mini-crisis y Phichit lo había hecho callar y le había dicho que las calificaciones realmente no importaban, que esas cosas no lo definían. Esto no suena como una broma. Nada de esto suena como una broma.
Él no le importa a Victor. Nunca le importó. Todo esto sólo había sido parte de un juego para él… los sentimientos de Yuuri, todo. Un juego.
Lo primero es respirar.
(No puede hacerlo.)
Phichit lo nota, le aparta el cabello de los ojos y continúa acariciándoselo. —Yuuri, respira, ¿está bien? estás teniendo un ataque. Pero todo estará bien. Necesitas respirar. Resiste, mírame. Mírame.
Yuuri obedece sin entusiasmo, un tembloroso jadeo sale de su boca. Encuentra los ojos de Phichit, pero a duras penas puede verlo a través de las lágrimas, y necesita estar presionado contra algo otra vez, necesita esconderse, pero Phichit le está agarrando de las manos con suavidad. —Okay, respira por la nariz, sácalo por la boca, ¿de acuerdo? Conmigo, dentro… ahora fuera.
Repiten aquello varias veces, y aunque la respiración de Yuuri mejora, sus pensamientos todavía son un remolino. Victor había estado planeando una idea para hacer que Yuuri se acueste con él otra vez. Desde hace un tiempo, Yuuri piensa. ¿Cuánto es desde hace un tiempo? ¿Cuánto hace que él planea esto? ¿Él recuerda cada detalle de aquella noche, o aquella fiesta? ¿Recuerda la sensación de los labios de Yuuri sobre los suyos desde la primera vez? ¿Su primer beso –o lo que Yuuri había considerado su primer beso—no había significado nada?
Y entonces un recuerdo le vuelve a la memoria.
Su cabeza apoyada sobre Victor, sus dedos trazando patrones en su pecho. Un pregunta susurrada, una petición apenas audible. —Victor. ¿Qué… qué somos?
—Roommates.
En aquel momento, había sido…
Pero ahora…
Ahora esa palabra, esa respuesta…
—Yuuri —murmura Phichit, todavía acariciando su cabello, sosteniendo sus manos, aparentemente abrumado—. Yuuri, por favor escúchame. Estarás mejor sin él, ¿okay?
—Creo que lo amaba —jadea a través de un sollozo, no está seguro si sus palabras son audibles, pero Phichit asiente, reposando su mentón sobre su cabeza.
—Yo sé que lo amas.
Oración en presente.
Yuuri se aferra a él, no lo deja ir. Los sollozos sacuden su cuerpo, cada uno lo hace convulsionar, y las lágrimas siguen fluyendo, manchando la camisa de Phichit y manchando sus manos y manchando sus pensamientos, su mente y todo su ser. Desearía despertarse y que esto fuese un sueño, desearía despertarse otra vez en los brazos de Victor, con sus labios besando su cabello. Los mismos labios que se habían burlado de él tan sólo hace un minuto.
Pero él no tendrá eso otra vez.
Y la verdad es que él nunca lo ha tenido en primer lugar.
~ Más temprano ~
Victor está planeando ir a San Petersburgo durante las vacaciones de invierno con Yurio y Yakov. Los planes habían estado en vigor durante un tiempo, y él está emocionado por visitar a su limitada extensa familia y algunos viejos amigos. Más importante aún, está emocionado por respirar ese aire una vez más, escuchar a las personas hablar en su primera lengua y abrazar el suelo que una vez llamó hogar.
Pero hay algo punzándole en el fondo de su mente.
Un pensamiento del que no puede deshacerse sin importar cuanto lo intente.
—Quiero invitar a Yuuri.
Yuuri se había ido a Japón por las fiestas de Acción de Gracias, pero no tiene planes para las vacaciones de invierno. Se quedará en la universidad, al igual que otros estudiantes lo harán. Cuando Victor le preguntó por qué, él había explicado que los boletos de avión eran muy costosos. Había dicho que, sí, le gustaría volver a ver a su familia, pero el costo realmente no valía la pena.
Así que Victor le compra un boleto para San Petersburgo.
No lo compra bajo la asunción que Yuuri dirá que sí, porque sabe que es una petición ridícula e impulsiva. No, él compra el boleto porque solidifica un poco el sueño que tiene en su mente –los dos comiendo piroshki lado a lado, Victor mirándolo mientras los experimenta por primera vez, inclinándose para besarlo, y escuchar la risa de Yuuri cuando Victor le muestre los mejores lugares de la ciudad, explorarlos con él…
Chris no luce muy sorprendido. —Entonces invítalo.
—No puedo simplemente invitarlo —explica Victor—. Necesito hacer… algo.
Él no está seguro de cómo expresar su deseo, pero definitivamente lo tiene presente. La necesidad de mostrarle algo a Yuuri, de explicarle cómo se siente realmente. El hecho de que su relación permanece sin etiqueta no se le ha pasado por alto, aunque algunas veces él olvida que ellos no están, de hecho, saliendo. Recuerda que hace un tiempo accidentalmente llamó a Yuuri su novio en frente de Yurio, recuerda el subsiguiente gemido de disgusto de su hermano pequeño.
Y de alguna manera, Chris parece entenderlo. Cuando se trata de relaciones, Chris normalmente entiende. —Pídeselo de una forma especial.
—Estaba pensando en combinarlo con una broma —explica Victor, pensativo—. Ya que es una… broma confidencial, supongo. Quiero una buena broma, esta vez. ¿Qué tal una búsqueda del tesoro?
Christophe lo medita, interesado. —¿Una búsqueda del tesoro? ¿A qué te refieres?
—Pues, tomo el boleto, y cuando él no esté alrededor, lo esconderé en algún lugar, y esconderé notitas que lo conduzcan de una pista a otra. De cualquier manera hay muchos escondites en nuestra habitación. Luego hago que se acueste y se duerma a mi lado, y escondo algo suyo. Tal vez su teléfono. La única forma para que él recupere su teléfono es completar la búsqueda del tesoro, y al final de la búsqueda estarán tanto su teléfono como el boleto, uno al lado del otro.
—Hmm. Me gusta. ¿Y cómo planeas hacer para que se acueste contigo?
—Pues, eso ya ha sucedido antes, puedo hacer que suceda de nuevo. Será fácil.
Christophe se ríe con sarcasmo. —¿Crees que él es tan ingenuo como para bajar la guardia? Odio decírtelo, pero no eres tan buen mentiroso, Victor.
—¡Soy un buen mentiroso! —protesta, riéndose para sí—. Creo que funcionará. He estado planeando esto desde hace un tiempo… esperando para hacer mi movimiento.
Por un breve segundo, Victor cree escuchar pisadas alejándose de la puerta, pero ignora el sonido. Chris apoya su codo en su rodilla y el mentón en su palma. —Nunca antes te había visto así, Victor.
—¿Así cómo?
—Feliz —musita Chris, mirándolo con ojos entrecerrados—. Muy feliz.
Victor se limita a sonreír ante eso, pensando en todas las posibles reacciones que Yuuri podría tener por su broma. Será perfecto. Puede incluso poner la primera pista sobre el regazo de Yuuri mientras él duerme, y esa será la primera cosa que él vea cuando se despierte. Y entonces, ¿si Yuuri dice que sí al viaje? Podrían empacar juntos, y volar juntos, y Victor podría experimentar San Petersburgo a través de nuevos ojos, y entonces, entonces, será ahí que le pedirá a Yuuri que sea su novio. Oficialmente.
Él ya puede visualizar la escena.
A la luz de la luna –la luz de la luna es romántica. Él llevará a Yuuri bajo las estrellas, le tomará ambas manos. Con un coro en el fondo, tal vez. Yuuri usará la bufanda que usaba cuando se conocieron por primera vez, esa que lo hace ver incluso más atractivo de lo que normalmente es. Victor dirá las palabras, Yuuri lo abrazará, y todo estará bien en el mundo. El vértigo de la mera posibilidad hace que le duela el pecho.
—Soy feliz —afirma, poniéndose de pie. La comprensión de eso se cala en él, al igual que la sensación de luz en su corazón que es desconocida, nueva—. Soy feliz —repite Víctor, sobre todo para sí mismo, pensándolo bien. ¿La forma en que el sólo pensar en Yuuri lo hace sentir? ¿El sonido de su risa?
Él es feliz.
Nunca ha sido más feliz.
Mientras mi pequeño Yuuri sufre, Victor se siente de lo más feliz. Oh! cruel e irónico destino!
CHA, CHA, CHANN! XD no sé ustedes, pero yo quedé en shock cuando leí esto. Mil y un sentimientos me embargaron, a lo largo de todo el capítulo. braveten hace un trabajo magistral para recrear situación muy similares a lo cannon del anime desde otra perspectivas. Espero que ustedes también hayan sentido algo similar, cuentenme que les pareció.
Este capítulo fue actualizado con mucha prontitud como un regalo de cumpleaños para mi mejor amiga que me pidió *cof, amenazó, cof* que lo subiera. Feliz cumpleaños, Nick! :D
Nos vemos en la próxima actualización, que ya les digo que si con este sufrieron, con el otro se van a infartar.
Lilaluux off!
