Centripetal Force

Summary: Victor, Yuuri, Yakov, y Yurio van a un viaje a San Petersburgo durante las vacaciones de invierno.

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Fic escrito por: braveten

Traducido por: Lilaluux

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Capítulo 9: San Petersburgo

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—Entonces, ¿estás diciendo que Yuuri es Chico Boxers? —pregunta Sara lentamente, como si las palabras no se acoplaran a su lengua del todo.

Victor asiente mientras pasa sus dedos por su cabello. —Sí.

—¿Todo este tiempo? —jadea Mila.

—¿Y te enamoraste de él en la fiesta, pero no sabías quien era él? —añade Phichit, con su mano sobre su boca, sus hombros flácidos y ojos abiertos como platos.

Otro asentimiento.

El teléfono de Phichit está fuera de su bolsillo más rápido de lo que Victor es capaz de parpadear. —Tengo que twittear esto. Esto es una locura. ¿Estás diciéndonos que Yuuri te sedujo en la fiesta, hizo que te enamoraras de él, luego tú lo golpeas con tu patineta, de nuevo no sabes quién era él, y después sucede que te conviertes en su roommate? ¿Estás diciéndonos que esto es la vida real? ¿Qué esto realmente está pasando? ¿Y ahora están saliendo oficialmente?

—Bueno —Victor parpadea—. Sí.

—No habló contigo por un día —musita Mila entre dientes, inclinándose sobre su silla—. Y sucede todo esto.

—Alguien debería escribir un libro —explota Phichit. Luego se detiene, alzando las manos para detener a cualquiera que quiera hablar—. Quiero decir, nadie debería escribir un libro, ya que soy yo quien tiene la primicia.

~•~ ~•~ ~•~

Victor se dirige en su patineta hacia el edificio de ciencias para esperar a Yuuri. Se sienta en la banca que está afuera e hinca sus talones en el suave manto de nieve, aferrándose más fuerte a su abrigo. Él podría esperar adentro, pero la brisa de afuera es apacible, y el escenario es hermoso, los árboles y edificios a su alrededor tienen una capa blanca cubriéndolos. Saca su teléfono de su bolsillo y ve los cincuenta tweets de Phichit sobre el caso del Chico Boxers. Es completamente posible que Yuuri vaya a matar a Phichit por esto más tarde, de cualquier manera Victor retweetea unos cuantos.

Entonces, de pronto, una bola de nieve choca contra su cabeza.

—¡Yuuri! —grita, tratando de sacudirse la nieve de encima, pero ya hay otra bola de nieve viniendo hacia él, golpeándolo con éxito en el omoplato. Victor se agacha y busca a tiendas por nieve para crear su propia bola. Con prontitud, gira y se la arroja, fallando por unos centímetros. Yuuri está riéndose, vistiendo un abrigo negro y su bufanda verde favorita, con sus mejillas coloreadas de un suave rubor y ojos centellantes de alegría.

Una vez más, Victor trata de arreglárselas para golpearlo en la pierna. Yuuri crea otra bola de nieve, dándole forma con sus negros guantes, y la arroja, pero Victor la esquiva en el último segundo. Se levanta de la banca, listo para defenderse. —Todavía tienes nieve en tu cabello —señala Yuuri.

En lugar de intentar quitársela, Victor se limita hacer morritos. Tiene el efecto deseado ya que Yuuri se acerca más a él, pasando sus dedos enguantados por su cabello lleno de nieve, tratando de arreglárselo. Victor se inclina hacia él y lo besa mientras hace eso, Yuuri parece rendirse en su labor y le devuelve el beso, sonriendo contra sus labios. —¿Emocionado por lo de mañana? —pregunta Victor.

Su vuelo parte mañana en la mañana, y se quedaran en San Petersburgo por dos semanas. Victor a duras penas puede contener su entusiasmo, Yurio ha declarado incontables veces que él se quedará en el colegio en lugar de tener que lidiar con los dos siendo 'asquerosamente melosos'.

—Nah —bromea Yuuri, y Victor simplemente rueda los ojos, presionando sus frentes juntas.

—¿Cómo fue tu último examen final del semestre?

—¿Qué tal suena para ti un parcial final de Filosofía y Física Moderna?

Victor frunce la nariz. —Poco emocionante.

Yuuri tan sólo se ríe, como si esa fuese la respuesta que él había estado esperando. Luego, envuelve sus brazos alrededor de Victor, entrelazando sus dedos en su cintura. —Tengo una sorpresa para ti.

Victor ladea su cabeza a un lado, lamiéndose los labios. —¿De verdad?

—Mhmm. Cierra los ojos.

—¿Es lo que creo que es? —pregunta Victor mientras obedece, manteniendo su tono coqueto. Las manos de Yuuri se alejan de él. Se siente ligeramente confundido sobre que puede ser la sorpresa, ya que había asumido que sería un beso, pero…

—¡YUURI!

Hay un montoncito de fría nieve en la parte delantera de su camisa, provocándole una mueca de disgusto, tira del borde de la tela hacia adelante para dejar que la nieve caiga al suelo. Yuuri se está doblando de risa, aferrándose a su estómago, y Victor aprovecha la oportunidad de recoger más nieve y ponerla en la parte posterior de la camisa de Yuuri. Entonces, sujeta su camisa contra su cuerpo, sujetando la fría nieve en su lugar. Yuuri se retuerce, tratando de liberarse de su agarre, al final se las arregla para conseguirlo, temblando mientras la nieve cae y se acumula en el suelo.

—No puedo creer en ti —se queja Victor—. Cada vez que comienzo a creer que eres una buena persona, arrojas nieve a mi camisa.

Yuuri a este punto está sofocando la risa, y si Victor no estuviera congelándose, pensaría que se veía adorable. —Sin embargo, caes por cosas como estas todo el tiempo.

—Es que tú primero derribas mi guardia —señala—. Esta vez, me sonreíste. Aquella vez con el tinte para el cabello, me compraste el desayuno. Malvado. Genuinamente malvado.

Recoge más nieve del suelo y se la echa a Yuuri, golpeándolo directamente en el pecho. Yuuri se limita a sonreír y a quitarse los copos restantes. —Esta guerra de bromas se está volviendo un tanto unilateral, sabes.

—Mi última broma no salió bien —le recuerda Victor—. Pero no te preocupes. Sólo me estoy tomando mi tiempo porque la próxima será una muy buena.

—¿Lo será? —pregunta Yuuri, con ojos entrecerrados.

—Lo será —declara.

Yuuri todavía parece no creerle, pero Victor mantiene su rostro impasible. Toma su patineta y la deposita en el suelo. Cuando coloca un pie sobre ella, Yuuri empieza a caminar a su lado, estirando sus brazos detrás de su espalda.

—¿Crees que ambos podríamos montar esta cosa? —piensa Victor en voz alta, echándole una mirada a la patineta.

—No sin que uno de los dos muera.

Victor se detiene, se baja de la patineta y luego le hace un gesto a Yuuri para que se suba. Con desconfianza, Yuuri coloca un pie encima, y empuja ligeramente. Avanza unos cuantos pasos y después derrapa para detenerse. —Nada mal —dice Victor—. Bien, ahora subo yo.

—Esto definitivamente no va a funcionar —dice Yuuri, con las orejas teñidas de rojo cuando Victor se sube a la patineta detrás de él, intentando impulsarlos a ambos hacia adelante.

Victor los detiene con un pie en el suelo y coloca un brazo ceñido alrededor de la cintura de Yuuri, con sus labios deambulando por el cuello del japonés. —Podemos quedarnos así, entonces.

—¿En este frio congelador?

—Okay, buen punto —dice, luego se baja de la patineta—. Tú patina, yo caminaré.

Yuuri torpemente se impulsa hacia adelante otra vez, luego vuelve a derrapar después de unos pocos pasos. Victor recoge un poco de nieve y la agita hacia él. Yuuri le da una mirada. —No sé cómo es que tú puedes hacer esto.

—Vamos, sólo no te detengas, coloca ambos pies sobre la patineta —le aconseja.

Yuuri enarca una escéptica ceja pero lo intenta de todas formas, avanzando un poco más lejos que antes. Mira a Victor, sonriendo, y Victor se apresura a alcanzarlo. —Esto es un tanto divertido —admite Yuuri. Con un pie en la patineta, se vuelve a impulsar, rodando hacia delante. Su otro pie todavía con dificultad ocasiona que él derrape para detenerse, pero los movimientos son cada vez más fluidos.

—No me dejes atrás —dice Victor en broma, trotando hacia él—. Aquí, mira esto —Yuuri se baja de la patineta y Victor toma su lugar. Entonces, en un movimiento, él salta, haciendo girar la patineta y aterrizando de nuevo sobre ella con precisión.

—¿Estás intentando impresionarme? —pregunta Yuuri, aunque su tono sarcástico discrepa con sus cejas enarcadas y expresión maravillada.

Victor acomoda los lentes de Yuuri. —Depende. ¿Funciona?

—Quizás.

—Mmm, bien —dice, luego coloca ambos pies sobre la patineta y se aleja patinando. Yuuri lo llama a gritos y va tras él. Cuando está lo suficientemente lejos, Victor se baja de la patineta y coge algo de nieve, arrojándosela a Yuuri y hábilmente golpeándolo en el pecho.

—¡Victor! —grita Yuuri, tomando algo de nueve y tirándosela de vuelta, pero el tiro falla por poco, y en su lugar cae en el suelo.

Unos cuantos estudiantes cerca de ellos les dan miradas raras, pero ambos los ignoran. Victor vuelve a patinar pero como el camino no está muy limpio de nieve y las ruedas se deslizan en una pequeña zona de hielo, lo hacen resbalar y caer sobre el césped. Yuuri está a su lado en un instante, arrodillándose frente a él, preocupado. —¿Estás bien, Victor?

Victor gime fuertemente, agarrándose el estómago. —Auch.

—Oh, ¿quieres que llame a…?

En un instante, hay nieve sobre la camisa de Yuuri. —¡Te tengo!

Yuuri tira de su camisa, procurando quitarse el montículo de nieve de encima, sus mejillas se ponen rojas. —¡Victor! Suficiente, necesitamos chocolate caliente ahora, y tú vas a pagar.

—¿Yo voy a pagar? —pregunta Victor.

—Por tirar nieve encima de mi camisa.

—Tú empezaste.

Yuuri parece que está a punto de protestar, pero entonces se limita a encogerse de hombros, dándole una traviesa sonrisa. —Creo que tienes razón.

—Entonces tú pagas —declara Victor, poniéndose de pie y quitándose la nieve, la cual ha dejado una prominente mancha húmeda. Agarra su patineta y la coloca bajo el brazo, luego camina en frente de Yuuri hacia el café más cercano, con la mente puesta en malvavisco y chocolate.

—Tus pantalones están un poco…

Victor se gira, para observar a Yuuri. Luego trata de voltear su cabeza para mirarse la espalda y a sus propios jeans, hace una mueca ante la vista de la tela oscurecida. —Todo es tu culpa —exclama. Entonces sus ojos se encuentran de nuevo—. Espera, ¿estás mirándome atrás, Yuuri Katsuki?

—Nope —dice Yuuri, con ojos amplios y negando con la cabeza—. Definitivamente no.

—¿Por qué será que no te creo?

Yuuri tan sólo se encoge de hombros y toma su mano, fácilmente haciendo el tema a un lado.

~•~ ~•~ ~•~

Su vuelo parte un día después.

La ciudad de San Petersburgo es hermosa, en opinión de Yuuri.

El día que ellos llegan, es un día nublado, pero no hay viento, las personas y los carros circulan en masa por la ciudad. Siente como Victor le aprieta la mano, emocionado, y Yuuri le devuelve el apretón, tratando de contemplar la abrumadora vista de la ciudad. Hay personas pasando por su lado, hablando en ruso, y Yakov y Yurio están en una de las tiendas, Yurio señala con entusiasmo una remera con estampado de leopardo. Todos aún tienen sus maletas en sus manos, el avión había aterrizado temprano, media hora antes del check-in.

—¿Te gusta? —le pregunta Victor, tranquilamente.

Yuuri golpea su hombro con el suyo. —Es bonito.

—Como tú.

—Zalamero —dice en broma, pero no puede dejar de sonreír. Capta el vistazo de una interesante tienda al otro lado de la calle y tira con fuerza de la mano de Victor, jalándolo hacia el lugar—. Ven, serás mi guía turística.

Se van de compras por un rato, Yuuri compra suvenir tras suvenir, probablemente gastando mucho más dinero del que un estudiante con carencias debería gastar. Victor con gusto le muestra los alrededores, emocionándose por casi todo. Él le traduce las cosas a Yuuri, susurrándoselas en inglés, diciéndoselas al oído, manteniendo un brazo alrededor de él, y haciendo que Yuuri sienta que tal vez está disfrutando de la barrera idiomática.

Makkachin los ha acompañado, Yakov pagó un precio extra para conseguirle un servicio especial en la aerolínea para traerlo a San Petersburgo sin tener que tenerlo prisionero en una perrera. Yuuri lo tiene cuidadosamente agarrado de su correa, y el caniche olfatea todo lo que ve, incluida la gente, todas las personas se muestran encantadas de conocerlo.

El hotel es un pequeño, y ruinoso edificio de ladrillos a las afuera de la ciudad. Es lo más barato que Yakov pudo encontrar para ellos. La verdad es que es más cama y desayuno que un hotel en sí. Yuuri había insistido en pagar su parte correspondiente del viaje, ya que a pesar de que es un hotel barato, sigue siendo caro para dos semanas de estadía. Cuando llegan para registrarse, se detienen en la puerta. Un hombre dice algo en ruso, y cuando Yuuri frunce el ceño, confundido, lo repite en inglés. —No se permiten mascotas, lo siento.

Victor voltea a ver a Yakov, confundido. Yakov suspira, pellizcándose el puente de la nariz. —Olvide asegurarme si se permitían las mascotas.

No obstante, en un instante, la expresión de Victor pasa de confundida a carismática. —Oh, no hay problema, llevaremos a mi perro a otra parte. Aunque tengo una pregunta para usted —el empleado lo escucha mientras Victor se le acerca, bajando ligeramente la voz—. Mire, mi novio aquí presente, su nombre es Yuuri, di hola Yuuri…

—Victor, ¿Qué estás…?

—Le tiene miedo al fuego —finaliza Victor—. Pirofobia. ¿Sabía que la palabra 'piro' es de origen griego? Como sea, le tiene muchísimo miedo al fuego. Pobre cosita. No es algo irracional, supongo. Pero de cualquier modo, pienso que como nuestras habitaciones están en el tercer piso de vuestro edificio, eso podría estresarlo. ¿De casualidad tendrían una escalera de escape en caso de incendios?

Yuuri lo mira sin comprender.

El empleado se muestra confundido, pero asiente de todos modos. —Um, la tenemos, de hecho. Está en la parte de atrás.

—Estupendo, gracias —dice, y luego añade algo en ruso. Después, vuelve a hablar en inglés—. Ya volvemos. Yakov, Yurio, ¿quieren ir y dejar nuestras cosas en nuestras habitaciones mientras Yuuri y yo nos llevamos a Makkachin para que se quede en un lugar seguro?

Los ojos de Yakov están cerrados y su cabeza ligeramente encorvada. —Victor…

Yurio no dice nada, sólo mantiene sus brazos doblados sobre su pecho y su mirada posada en el empleado. El empleado se mueve de su sitio, obviamente más incómodo con el adolecente que con el resto de ellos combinados.

—Nos vemos en un rato —se apresura a decir Victor, dejando su equipaje atrás y tomando la correa de Makkachin en una mano y el brazo de Yuuri en la otra, guiándolos lejos.

—Victor, ¿Qué está pasando? —Yuuri le interroga—. ¿Cómo es eso que le tengo miedo al fuego? Yo no le tengo miedo al fuego.

—¿Estás diciendo que si hubiera un incendio justo aquí, justo ahora, no tendrías miedo?

Yuuri lo mira mientras Victor observa alrededor antes de dirigirse hacia el callejón al final del edificio. Le pasa la correa de Makkachin a Yuuri, luego saca su teléfono, y tipea algo. Yuuri continua confundido, mordiéndose el labio. —Pues, sí, creo que lo tendría, pero eso no… —entonces hace click—. ¿De verdad vas a meter a hurtadillas a Makkachin por la escalera de incendios?

¿Qué? —jadea Victor, sonando conmocionado—. Por supuesto que n… oh, aquí está. Bien, todo el camino escaleras arriba. Ven, Makka. Tu abuelo nos abrirá la puerta de emergencias. O ventana. Ya veremos.

—Estás loco —susurra Yuuri.

—¿Acaso quieres que Makkachin se quede solo en una fría perrera? —hace una pausa, esperando la respuesta de Yuuri—. ¿No verdad? Entonces subiremos por esa escalera.

Yuuri le ve el punto, así que comienzan a subir por la escalera. Hay puertas cerradas y ventanas revistiendo el borde del hotel, y la escalera de incendios está bastante apretada contra la parte posterior del otro edificio. Makkachin jala de ellos alegremente, pensando que todo es parte de un divertido juego. —Cuidado, Makka —aconseja Yuuri, acariciándole la cabeza. Por suerte, la escalera tiene barandas.

—Muy bien, ya estamos en el tercer piso —dice Victor, mirando su teléfono—. Yakov cree que es una mala idea. También Yurio, al parecer.

—Es porque es una mala idea —murmura Yuuri mientras continúan escalando.

No hay puertas en el tercer piso, pero hay una en el segundo. Así que, con reluctancia, Yakov les abre la puerta desde adentro. —Gracias, Yakov —dice Victor, acarreando a Makkachin a que entre. Yuuri lo sigue detrás, dándole a Yakov una tímida sonrisa. Es un tanto incómodo, el visitar un país extranjero con el decano de tu facultad y también padre de tu novio, pero por suerte, Yakov parece ser lo suficientemente amigable. De hecho, él parece más amigable con Yuuri que con Victor, especialmente en situaciones como estas.

—De acuerdo, ahora a las escaleras —dice Victor. Oculta a Makkachin en una esquina hasta que Yuuri verifica que la escalera está despejada, y luego suben—. Sólo un piso más, Makka.

El perro obviamente es inconsciente de la situación, está feliz mirando a su dueño.

Por fortuna, no hay nadie en el pasillo cuando llegan al tercer piso. —¿Vamos a tener que hacer esto cada vez que él necesite ir al baño o cuando tengas que ir algún lugar? —suspira Yakov.

—Sí —responde Victor firmemente, rascando al caniche en las orejas.

Encuentran sus habitaciones, Yakov y Yurio compartirán una y Victor y Yuuri compartirán otra. Makkachin salta a la cama de Victor, desde ya haciéndose una bola, contento. Victor se acuesta a su lado, dándole una expresión de adoración. —¿Te he dicho que eres la persona más improvisadora que he conocido? —pregunta Yuuri seriamente.

—No hoy —responde Victor, guiñándole un ojo.

Yuuri se sienta a su lado en la cama, y Victor coloca su cabeza sobre el regazo de Yuuri, levantando la vista hacia él. —Aunque eso me gusta.

—¿De verdad?

—No quisiera que me gustara, pero me gusta.

Victor le sonríe, y Yuuri se dobla para darle un casto beso. Victor persigue sus labios, y gime, uno de sus brazos se envuelve alrededor de sus hombros, el ángulo en incómodo. —La verdad es que no necesitamos dos camas.

—Podemos juntarlas y hacer una mega cama —bromea Yuuri.

Un destello de algo cruza por las facciones de Victor, y entonces se sienta. —Eres un genio.

—¿Vamos a…? Están las mesitas de noche de por medio…

—Vamos a cambiar de sitio algunos muebles.

—En este hotel nos terminarán odiando.

—Basta con que le den una mirada al rostro de Makkachin y nos perdonan de inmediato —responde Victor, sosteniendo una de las mesitas y empujándola hacia la otra pared.

~•~ ~•~ ~•~

Pasan el resto de su primera noche en San Petersburgo de compras, disfrutando de la vista de los lugares interesantes de la ciudad, demasiado afectados por el jet-lag como para poder hacer más. Rato después, Victor ordena comida para llevar por teléfono, hablando en ruso, mientras acaricia el cabello de Yuuri y éste cierra los ojos, el sueño nubla sus pensamientos. —¿Estás cansado, любовь моя?

—¿Eso qué significa? —pregunta Yuuri.

—Mi amor —traduce Victor, besándolo en la frente.

Yuuri sonríe suavemente, acurrucándose contra él. —Suena lindo.

—Puedo despertarte cuando llegue la comida —ofrece Victor.

Un minuto después, Yuuri está durmiendo.

(Así que Victor lleva a cabo su plan.)

Es difícil salir del agarre de Yuuri –se ciñe a Victor cuando duerme. Tiene uno de sus brazos alrededor de la cintura de Victor y el otro reposado sobre su hombro, así que Victor escapa primero de éste agarre, moviendo su hombro a un lado. Entonces, le da a Makkachin una desesperada suplica, y su increíble perro parece entender, moviéndose hasta quedar a su lado. Victor se desliza de debajo de Yuuri y Makkachin toma su lugar, recostándose a su lado. Yuuri se acurruca junto a Makkachin, enterrando su nariz en su pelaje.

Por un segundo, Victor se distrae por la vista, su corazón duele de alegría. Luego, sin embargo, se vuelve a enfocar en su tarea, toma su maleta, colocándola en el suelo la abre, saca los contenidos que tenía ocultos. Dos frascos de esmaltes para uñas transparente. Le da otra mirada a Yuuri, asegurándose que él continúe dormido. Entonces, se dirige al baño y agarra el jabón de baño. Yuuri se baña por las noches, Victor en la mañana, así que esto debería resultar.

Con cuidado, deposita el jabón sobre un pañuelo de papel. Luego, toma el primer frasco de esmalte y cubre el jabón con él. Le da la vuelta, y cubre el otro lado, a través de la delgada pared escucha a Yuuri murmurar algo en sueño. Después escucha un golpe en la puerta, y va y recibe el delivery, colocando la comida sobre el escritorio que se encuentra en la esquina de la habitación antes de continuar. Cuando hay una buena capa de esmalte sobre el jabón, y se ha secado lo suficiente, lo vuelve a colocar en su caja, doblando las lengüetas y esperando que Yuuri no se dé cuenta que ha sido abierto.

Luego, se dirige de regreso a la cama, y decide hacer otra broma improvisada.

Coge un bote de crema para afeitar del baño.

(Un clásico, la verdad.)

Pero como Yuuri está recostado de lado de cara a Makkachin, así no podrá hacerlo, entonces toca suavemente el hombro de Yuuri, apenas perceptible, intentando reacomodarlo. Yuuri no se mueve. Y en su lugar Victor le acaricia el pelo, enredando sus dedos en él, y eso parece funcionar, Yuuri gira sobre su espalda con un suave suspiro.

(La verdad es que, el problema con hacerle una broma a Yuuri, es la culpa. Victor a duras penas puede mirarlo sin que la culpa amenace con devorarlo por completo. Yuuri luce tan pacifico cuando duerme, tan hermoso, se siente como si estuviera cometiendo un pecado al aprovecharse de esta manera.)

(Pero entonces recuerda la sensación de la fría nieve en la parte delantera de su camisa.)

Entonces, discretamente, coloca crema de afeitar sobre la palma abierta de Yuuri, que está reposada al lado de su muslo. Por algún milagro, Yuuri no se despierta.

Victor no tiene una pluma para usar, así que busca alrededor. Termina tomando un vaso al lado del fregadero y lo llena con una pequeña cantidad de agua, dejando que unas cuantas gotas caigan sobre la mejilla de Yuuri. Yuuri se remueve en sueños, frunce el rostro por la incomodidad. Sin embargo, en lugar de restregárselo, tan sólo abre los ojos, ve a Victor y entrecierra los ojos, confundido.

Y de repente hay crema de afeitar esparcida por el rostro de Victor.

(Bueno.)

(Eso no era lo que había estado esperando.)

—Buen intento.

—¿Cómo es que tú…? —empieza Victor, luego suspira, se da la vuelta y se encamina al baño.

Yuuri se está riendo desde la cama, intentando tomar una foto con su teléfono. —Espera… regresa. ¡Victor!

Victor se lava el rostro y se lo seca con una toalla. Yuuri se lava el exceso de crema que tiene en su mano. —No puedo creer que no funcionara —se queja Victor en voz baja, tomando la comida y sentándose en el escritorio, hincándole el diente.

—Yo sí lo creo —responde Yuuri, tomando su propia comida. Luego su expresión se torna pensativa—. Espera, ¿esta es la mejor broma en la que pudiste pensar? ¿Este era tu gran plan?

—Me salió el tiro por la culata —murmura.

Yuuri coge una papa frita del plato de Victor y se la mete a la boca. —Quizá simplemente deberías dejárselo al rey.

—Salve al rey de las bromas —alaga Victor con sarcasmo, manteniendo sus labios hecho un mohín y la mirada abatida.

Yuuri se mueve más cerca de él, su expresión se llena de disculpas. —Oh, vamos, sólo estaba bromeando. Perdón, no creo que tú…

Victor ataca la pasta de Yuuri con su tenedor, dándole un bocado. —Ya ves —explica con la boca llena—. Tu debilidad es tu empatía, Yuuri.

~•~ ~•~ ~•~

Permanece en silencio cuando Yuuri termina de cenar y anuncia que irá a darse una ducha. Yuuri se quita la camiseta en frente de él, lo cual hace a Victor marear con deleite, pero un segundo después se mete al baño. Abre la llave de la ducha, y Victor espera, con sus pensamientos llenos de anticipación.

Escucha como cae el jabón, y como el canto de Yuuri se detiene.

Victor piensa rápido, decide esconderse dentro del armario. Makkachin observa, confundido desde la cama. Cierra las puertas, reprimiendo su risa detrás de su mano mientras que escucha como la llave de la ducha se cierra. —¿Victor? —escucha que le llaman.

Permanece callado.

—¿Qué fue lo que…? Oh por Dios, le hiciste algo al jabón.

La puerta del baño se abre.

—Victor, esto no es… ¿acaso él…? —Yuuri suspira profundamente—. ¿A dónde se fue, Makkachin?

Camina hacia la puerta de la habitación. Victor lo observa desde entre las puertas del armario y entonces, en el momento preciso, sale de un salto, tomando a Yuuri por los hombros. Yuuri tropieza con sus pies, con los ojos bien abiertos, y se lleva una mano al corazón. —Te tengo —dice Victor alegremente.

—Esto no es… ¿Qué fue lo que hiciste?

—¿Hmm?

Yuuri tan sólo viste una toalla, envuelta alrededor de sus caderas, y la vista es demasiado distrayente. —¿Qué le hiciste al jabón?

—Nada, ¿pasa algo malo con el jabón? —Victor no puede ocultar su expresión de que sabe lo que ocurre y Yuuri le da un golpe en el brazo, riendo.

—Tú sabes lo que está mal con el jabón. ¿Acaso compraste un jabón de goma o algo así?

—¿Un jabón de goma? Sí, hice una visita rápida a un local de jabones de goma aquí en San Petersburgo. Es esmalte para uñas —explica, ambas manos se mueven por encima de la toalla que cubren las caderas de Yuuri—. ¿Ves? Tú no eres el único rey de las bromas. Yo todavía podría ganar esta guerra.

—¿Cubriste nuestro jabón con esmalte transparente?

Victor no había anticipado cuan atractivo se vería Yuuri después de salir de la ducha. Su cabello está húmedo, peinado hacia atrás, gotitas de agua se esparcen por sus brazos y torso. —Sí.

—Victor… ¿Hay otro jabón? ¿Lo escondiste?

—¿Qué?

—No creo que los del hotel nos hubieran dado más que un jabón.

Victor frunce el ceño. —¿Por qué no lo harían?

—Porque normalmente la mayoría de los huéspedes no cubren sus jabones con esmalte.

Victor le da un beso, ignorando sus palabras simplemente porque se ve increíble, lo empuja hasta tenerlo contra la pared, sus manos se deslizan por debajo de la toalla, son las manos de Yuuri lo único que evita que se caiga por completo. Victor mantiene sus dedos provocativamente altos, pero lo suficiente bajos para ser prometedores, con su pecho casi al ras del de Yuuri.

—Llamarás a la recepción y les pedirás más jabones —sentencia Yuuri, pero cierra los ojos cuando Victor le besa el cuello, para después deslizarse hacia su clavícula, mordisqueando ese punto.

—Como desees, pero sólo si me dejas bañarme contigo cuando consigamos más —murmura Victor contra su piel.

Yuuri se ríe. —De acuerdo.

—¿Sí?

—Si vas y los pides —dice, caminando de regreso al baño, dejando que la toalla caiga mientras la puerta se cierra. Victor contiene la respiración, luego corre hacia el teléfono.

~•~ ~•~ ~•~

—¿Qué opinas de ir a un museo? —pregunta Victor, trazando patrones alrededor del ombligo de Yuuri, con voz soñolienta.

Yuuri, medio dormido, mueve sus dedos por la espalda de Victor, de abajo hacia arriba, haciéndolo estremecer. —¿A un museo? ¿Ya que eres muy culto?

—Exactamente —responde, sonriendo contra su pecho y besándolo allí, sus ojos vuelven a cerrarse contra su voluntad—. O, de hecho, podríamos quedarnos aquí todo el día.

—Eso significaría que vinimos a Rusia sólo para quedarnos metidos en la cama —le dice Yuuri, sin dejar de pasar su mano por su espalda, con ligeras caricias. Su afirmación suena menos como una queja y más como un hecho, y Victor se gira para sonreírle.

—Te amo —le dice, porque puede hacerlo.

—Yo también te amo.

~•~ ~•~ ~•~

—El museo de Hermitage de San Petersburgo —le explica a Yuuri, aferrando su mano mientras cruzan la plaza frente al edificio—. Fundado en 1764 por Catalina la Grande.

La mirada de Yuuri se mueve por toda la inmensa y magnifica estructura. —¿Lo Googleaste?

—Definitivamente. Pero lo que no Googlee fue que la palabra Hermitage proviene del francés, que a su vez proviene del latín, y que a su vez proviene del griego. Y que de allí deriva la palabra ermitaño, y la palabra desierto, etcétera, etcétera. Los romanos se robaron muchas cosas de los griegos. ¿Sabías?

—Tomémonos una foto frente al museo —sugiere Yuuri—. Phichit querría que lo hiciéramos.

Se toman una selfie y Victor lo postea en Instagram antes de entrar al edificio.

—Entonces, ¿sabes algo de arte? —le pregunta a Yuuri.

Yuuri niega con la cabeza, y Victor admite que él tampoco. Pese a todo, pasean por los alrededores del edificio, mirando diferentes exhibiciones y piezas de artes. Victor tiene una apreciación objetiva del arte, especialmente el arte relacionado con las culturas de los idiomas que él conoce, pero, esta vez, sólo tiene ojos para Yuuri. Sostiene firmemente su mano, disfrutando de ver a Yuuri concentrado en las cosas, con los ojos entrecerrados e inclinado sobre las puntas de sus pies.

—Mira este —susurra Yuuri, aferrándose a su manga.

Victor lo ve cuando él abre los labios, cuando su mano libre subconscientemente se alza para acomodar sus lentes. Entonces lo besa en su sien, cerrando los ojos, queriendo vivir en este momento por siempre. Después de un momento, se gira para contemplar la pintura, una imagen de un estanque con suaves tonos de verde. Es bonito, pero si es honesto, la única cosa que tiene en mente en este momento es regresar a su habitación en el hotel con Yuuri.

Yuuri apoya su cabeza sobre el hombro de Victor. —Monet.

—¿Monet? ¿Entonces sí sabes de arte?

—Lo dice justo ahí —señala hacia la placa.

Victor ríe para sí. —Podrías haberte quedado con el crédito.

Una hora después, salen del museo, deciden almorzar en un restaurant cercano.

Con mucha facilidad, Victor le traduce los platillos a Yuuri, dándole a la mesera una brillante sonrisa antes de que ella se retirara para ir por sus bebidas. —¿Es útil? ¿Hablar siete idiomas? —pregunta Yuuri como conversación, mirando por la ventana de su derecha.

Victor tamborilea sus dedos contra la mesa, encogiéndose de hombros. —Algunas veces. Si viajara más, sería mucho más útil.

—Y ¿Cómo fue que te interesaste por la lingüística?

Se inclina hacia delante, cruza los brazos y apoya su mentón sobre ellos. —Me gustan los idiomas, siempre los considere interesantes. Cuando me mude a los Estados Unidos, me sorprendí de cuan diferente hablaba la gente, pero al mismo tiempo, no era diferente del todo. ¿Recuerdas cuando te conté sobre la relatividad de la lingüística?

Yuuri asiente.

—Siempre tuvieron sentido para mí —piensa Victor en voz alta—. La estructura de las oraciones, la estructura de las palabras. La etimología. Al igual que la física tiene sentido para ti, supongo.

La mesera les trae sus bebidas, y Victor le da las gracias. Dice algo más en ruso, y la mesera se sonroja, asintiendo y mirando brevemente a Yuuri antes de irse. —¿Qué le dijiste? —pregunta Yuuri.

—Que estamos saliendo.

Él parpadea. —¿Por qué?

—Me gusta decirlo —le informa Victor, sonriendo ampliamente.

Yuuri se ruboriza, escondiendo su rostro entre sus manos, pasando rápidamente de la vergüenza. —Cuéntame algo más sobre la lingüística.

Unos minutos después, llega su comida, y Victor sonríe al ver los piroshki frente a ellos. Yuuri toma un pequeño pedazo con su tenedor, lo come experimentándolo, y entonces una sonrisa florece en su rostro. —¿Te gusta? —pregunta Victor, y recibe un entusiasmado asentimiento de cabeza en respuesta.

Comiendo piroshki en compañía de Yuuri Katsuki.

Un sueño hecho realidad.

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Una semana después, Victor se despierta solo en la mañana.

Estira sus brazos y siente un vacío en el espacio contiguo, hace un mohín cuando se da cuenta que Yuuri no está allí. Sin embargo, Makkachin está a los pies de la cama, así que en su lugar decide prodigarle atención. Luego, deja caer su cabeza de nuevo sobre la almohada, a ciegas busca a tiendas su teléfono que está sobre la mesita de noche. Al final lo encuentra y lo pone frente a su rostro.

Tiene un mensaje de Yuuri. Hola

Se siente ingrávido, lee las cuatro letras una y otra vez con alegría. Hola

Estoy comprando la comida, tengo una sorpresa para ti a mi regreso.

¿Una sorpresa? ¿Qué clase de sorpresa?

lol ¿tú que crees? ❤️

Victor traga grueso, mirando alrededor de la habitación antes de retornar su vista al teléfono. Se lame los labios y hace a un lado las mantas, listo para salir disparando a tomar una ducha. ¿Es lo que creo que es?

¿Quieres un adelanto?

(¿Un adelanto?)

Se acomoda sobre la cama, su corazón late embarazosamente rápido en su pecho. A menos que está sea una clase de malentendido, lo cual es completamente posible, Yuuri está coqueteando con él. Claro que ellos ya han coqueteado muchas veces últimamente, es cierto, pero es algo que parece no perder su efecto en Victor. Seguro.

Mira, vi esto y pensé en ti (https:) (/) (/youtu).(be/) (6WwTZ8ZQPAw)

Excitado, Victor sonríe al teléfono, entrando en el link. Le toma un momento, impacientemente mira a la pantalla, mentalmente urgiéndole a que se apresure. Al final termina de cargar, entonces ladea el teléfono para que la pantalla pueda abarcar y reproducir el video por completo.

Después de cinco segundos, se da cuenta de lo que ha ocurrido.

Victor suelta un profundo suspiro.

Por supuesto.

Yuuri :(

lol te veo en un rato.

Yuuriiiiiii :(

Tira su teléfono sobre la almohada que tiene a su lado, cierra sus ojos e intenta volver a dormir. Por supuesto, él nunca admitiría esto en voz alta, pero tenía miedo de que Yuuri estuviera ganando la guerra de bromas. Tendrá que intensificar su juego. Después de un instante, su teléfono está de vuelta en su mano, y él está en busca de nuevas ideas.

Y entonces escucha la puerta destrabarse.

—Eres de lo peor —le grita Victor desde la cama.

Yuuri deposita una bolsa con comida sobre el escritorio para después treparse a la cama y recostarse a su lado, besándolo firmemente en los labios. Él está totalmente vestido, con pantalones jeans y un suéter. Se siente cálido, así que Victor tira de él para tenerlo más cerca y se aferra a él, sus manos acarician la tela. —Hola —saluda Yuuri.

Sk8er Boi de Avril Lavigne. No puedo creer que cayeras tan bajo.

—Apuesto que te reíste —afirma Yuuri.

Victor mueve su mano hacia abajo sobre el suéter de Yuuri, sus dedos tocan el dobladillo de sus pantalones. —Claro que no.

—Pues yo sí.

—Quizás un poco —admite, entonces desliza su mano por dentro, disfrutando la forma en que Yuuri se pone rígido, una de sus manos aprieta el hombro de Victor—. Victor, yo… oh —se interrumpe cuando Victor lo toquetea por sobre el boxers, aplicando presión suave.

Él se ríe y lo besa. —¿Estabas bromeando sobre tener una sorpresa para mí?

—A-algo así —musita Yuuri, cerrando sus ojos—. Victor, por favor, ah… por favor…

—¿Por favor qué?

—No con Makkachin en la cama —le dice, observando al perro.

—Buen punto, Makka, ¿quieres ir a ver a tu tío Yurio por un rato? Él está al final del pasillo.

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Victor no quiere regresar a Detroit.

Sus dos semanas con Yuuri han sido mágicas, un sueño del cual nunca quisiera despertar. Son mañanas despertando a su lado, son tardes acurrucados juntos con Makkachin, es viendo Netflix con él hasta entrada la noche. Sin tareas, sin clases, sólo ellos dos, juntos. Yurio y Yakov están al final del pasillo, claro, pero en su mayoría pasan el tiempo solos.

Su vuelo sale el lunes por la mañana, y entonces tendrán que regresar a la universidad más o menos una semana antes de que las clases empiecen. El sábado, Victor se despierta primero, tiene ambos brazos envueltos alrededor de Yuuri, el que está en su debajo está adormecido. Lo quita de donde está y Yuuri se remueve, bostezando y apartándose el pelo que le cubre los ojos. Está sin camisa, cosa que Victor desliza su mano sobre su costado desnudo, bajándola hasta su estómago, luego la vuelve a subir, y cierra los ojos ante la sensación.

—Buenos días —refunfuña Yuuri, cubriendo la mano de Victor con la suya.

—Buenos días —responde, besándolo en el cuello—. ¿Cómo dormiste?

—Tuve un sueño extraño sobre ti —responde Yuuri, removiéndose dentro de su agarre para poder mirarlo—. Pero no recuerdo de lo que iba. Sólo de que tú estabas en él.

—¿Ese tipo de sueños? —presiona Victor, sonriéndole y besándolo en su clavícula.

Yuuri se ríe, con el rostro ruborizado. —No, um… no.

—Mmm, me gusta cuando te ruborizas —le dice, en voz baja mientras que con una mano acuna una de las mejillas de Yuuri, con su pulgar le acaricia la sien. Yuuri se estremece ligeramente, y Victor se percata de que su mano debe estar fría a comparación de los cálidos cobertores de la cama.

—¿Me llamarías así otra vez? ¿Con esa frase que usaste el otro día?

—¿любовь моя?

Yuuri sonríe y asiente, besándolo gentilmente, sus labios queman al igual que un carbón abrazador, los de Victor están helados, así que profundiza el beso, moviéndose un poco para quedar ligeramente sobre Yuuri para una mejor ventaja. —Me gusta.

—¿Qué talmon chéri?

—¿Francés? —adivina.

Victor asiente, volviéndolo a besar. —Mi precioso kjæreste.

Yuuri comienza acariciar su cabello, y Victor cierra los ojos en respuesta al tacto. Sus dedos se enredan en las hebras, y tira de ellas, luego se mueven hacia su cuello, jugando con los cabellos cortos de ese lugar. —¿Qué idioma es ese?

—Noruego —le dice.

—¿Dilo otra vez?

Kjæreste—repite, más bajo esta vez—. Amado.

Yuuri lo repite, su boca torpemente moldeando las silabas. Victor sonríe y lo vuelve a besar, contento. —Me gusta escucharte hablar en otros idiomas —murmura Yuuri, evadiendo sus ojos—. Es un tanto… no sé.

—¿Un tanto qué?

—Atractivo, supongo.

Victor se ríe, sorprendido de que lo admita, mueve una pierna entre las de Yuuri, todavía disfrutando de la sensación de tener a Yuuri acariciándole el pelo. —Yuuri Katsuki tiene un fetiche por los idiomas, ¿Quién lo hubiera imaginado?

El jadeo de sorpresa que le escucha exclamar vale la pena a pesar del golpe subsiguiente que recibe en el brazo. —Nunca dije que tuviera un fetiche por los idiomas. Es… yo no…

—¿Estás seguro? ¿Quieres que empiece a hablar en francés cuando tengamos sexo? —Victor sugiere, besando su labio inferior—. Tu es beau. Es el idioma del amor, después de todo.

—Sólo dije que es atractivo —le recuerda Yuuri, punzándolo en el pecho—. Y eso es muy diferente de tener un fetiche.

Victor vuelve a reír. —Me gusta escucharte decir la palabra fetiche.

—¿Por qué?

Se encoge de hombros. —Creo que es porque nunca antes te he escuchado decirla. No es una palabra de Yuuri.

Yuuri le da una patada cariñosa. —¿Eso que se supone que significa?

—Es como escucharte maldecir. Tú no maldices muy a menudo.

—Tú tampoco.

Victor asiente en acuerdo, distraído por sus pestañas. Se mueve más cerca y Yuuri cierra los ojos, permitiendo que Victor lo bese allí. —¿Puedo confesarte algo? —Yuuri asiente—. Creo que tengo un fetiche por Yuuri Katsuki.

—Tú eres muy raro —dice Yuuri. Luego se detiene, pensando—. Pero… puede que yo también tenga un fetiche por Victor Nikiforov —pone mayor énfasis en las palabras, y suenan tan mal a los oídos de Victor, pero le gusta de todas formas, y no puede evitar besarlo una vez más, en los labios, esta vez.

—Di una maldición —le urge, sintiéndose más joven de lo que es.

—¿Qué? ¿Cómo 'joder'?

Suelta un jadeo asombrado y burlón. —¡Yuuri!

Yuuri suspira y cierra los ojos, apoyando su cabeza en la almohada. —¿Alguna vez la atención te ha molestado?

A Victor no le gusta el cambio en su tono de voz, de pasar de algo juguetón a algo serio en tan poco tiempo. —¿Qué atención?

—En la universidad. Todos siempre nos están mirando.

—¿Nos están mirando?

Yuuri se encoge de hombros, restándole importancia. —Mirándote a ti, específicamente.

Sin entender a dónde quiere llegar, Victor no dice nada, simplemente frunce los labios e intenta pensar a dónde quiere llegar Yuuri con todo eso. —¿Por qué la gente estaría mirándome?

Él deja escapar una risa seca. Con el tiempo, su relación se ha desarrollado; Yuuri ya no tiene muchas paredes mentales entre ellos, es más expresivo con respecto a sus emociones. En este punto, Victor puede leerlo tan fluidamente como cuando lee un idioma. Ve el movimiento sutil de sus hombros, ve que su mandíbula se tensa ligeramente, sabe que este no es un tema fácil de tratar para Yuuri, que se trata de algo que lo ha estado molestando. —Porque tú eres el hijo de tu padre. Pero sobre todo es porque, pues, ya sabes, eres popular. Y atractivo. Y todas esas cosas.

Normalmente, se pavonearía ante el hecho de que Yuuri lo ha llamado atractivo, pero aquello suena menos como un cumplido y más como parte de un todo. Victor lo toma por el mentón con gentileza, forzando a que Yuuri lo mire. —No te entiendo. ¿Piensas que la gente nos observa?

—Estamos por todo Yik Yak —explica Yuuri—. Pensé que quizás se detendrían cuando se hubieran hecho a la idea de que estamos saliendo, y tal vez mejoré cuando regresemos de las vacaciones, pero… es como… —por un segundo, su voz se apaga, engulle e intenta proseguir con su confidencia—. Es como si todos pensaran que te arrebate del mundo. ¿Tiene sentido?

—Me temo que no —musita Victor, inclinándose hacia delante y presionando sus labios en su cabello—. Tú no me arrebataste del mundo. Yo me enamore de ti por mi propia voluntad.

Él no parece convencido, su postura es inmutable, silenciosa.

—Dime lo que en verdad estás pensando —suplica.

Yuuri suelta un suspiro tembloroso. —Es… es sólo que, um… tiene sentido. El que todos piensen eso.

—¿Qué?

—Lo que quiero decir es que, la verdad nosotros no somos similares, Victor. Llevamos diferentes vidas, llevábamos diferentes vidas, al menos. Y estoy bien con eso, por supuesto, pero los demás sólo ven que te enamoras de mí y supongo que eso no les…

—Yuuri, Yuuri, cálmate —le dice Victor tranquilizándolo. Apoya su mentón sobre su cabeza, dando un respiro, procurando descifrar como explicárselo, intentando descubrir cómo fue que él llegó a esa conclusión—. Tú me amas, ¿cierto?

—Cierto —responde automáticamente.

(Hay algo acerca de Yuuri entrando a una habitación.)

(Es algo que trasciende el lenguaje, trasciende las emociones, es un sentimiento, es algo muy profundo en el pecho de Victor, algo que alivia, que es hermoso, es el florecimiento de algo metafísico. Algo sobre él es indefinible en todas las formas posibles en las que Victor es capaz de definir. Yuuri es diferente, él es… él es el tipo de persona que no desecha una caja de cartón aun después de vaciarla, el tipo de persona que deja las persianas cerradas, el tipo de persona que sonríe y crea un mundo completamente diferente haciéndote olvidar de cualquier otra cosa, alguien que captura tu atención y que cautiva perfectamente y sin esfuerzo, quien hace que Victor quiera entregarse a él en cada forma posible de la que una persona es capaz de entregarse a otra.)

Pero todas esas palabras no le hacen justicia.

(Ni siquiera se le acercan.)

Dammi la tua mano e corriamo uniti per tutta la vita—Yuuri no dice nada, esperando a que él se lo traduzca—. Italiano. Dame tu mano y juntos recorramos toda la vida.

—Eso es hermoso —le dice Yuuri suavemente.

Victor no ha terminado.

Ich liebe dich in allen Sprachen dieser Welt. Alemán. Te amo en todos los idiomas del mundo. ¿Eso ayuda?

—Victor…

Piensa con cuidado. —Espera, tengo esto. どんな未来にも愛はある.Supongo que sabes lo que eso significa, ¿lo dije bien?

Hay un sollozo, y Yuuri se aferra más fuerte a él. Victor lo envuelve fuertemente entre sus brazos, y es hermoso, yacer allí con él en una cama de un hotel barato, Makkachin todavía duerme profundamente a sus pies. Se da cuenta de lo que es, se da cuenta que aquello no es satisfacción, porque todavía es algo nuevo, porque no importa cuántas veces él sostenga a Yuuri entre sus brazos, seguirá siendo nuevo, porque no importa cuántas veces lo mire a los ojos, de alguna manera aún se siente como si fuera la primera vez.

—Tradúcelo —le pide Victor.

La voz de Yuuri es apenas audible. —Hay amor en cualquier futuro.

—No dudes de ti mismo —ruega—. Y no dudes de mí. No me importa lo que los demás piensen de nosotros, y a ti tampoco debería. Porque ¿tú sabes lo que ellos están pensando muy en el fondo? Ellos piensan: desearía tener un novio tan increíblemente atractivo como Yuuri Katsuki. Pero tú eres todo mío, y yo soy una persona muy egoísta.

Yuuri comienza a reír por la última frase, y Victor está orgulloso por el logro. —Gracias.

—No, gracias a ti —dice a cambio, serio—. Eres la mejor persona que alguna vez he conocido. Hasta me enviaste aquel link de Avril Lavigne. Y te atreviste a teñirme mi cabello de azul. De hecho, pensándolo bien… retiro todo lo dicho. Borra los últimos diez minutos de nuestras vidas, ¿ok?

—Vaya forma de arruinar el momento —se queja Yuuri cariñosamente—. Sé que lo dices de corazón, tonto.

—Tonto por ti.

—Quiero decirte algo.

Victor lo observa atentamente, pero Yuuri evita sus ojos, y en su lugar posa su mirada en la cama, hacia sus manos unidas. —¿Sí?

—Yo no hablo siete idiomas —dice en voz baja—. Y no… ni siquiera soy bueno expresando las cosas en inglés. O en japonés, hablando en general, quiero decir. Yo… yo sólo quiero decir que te amo, mucho, demasiado. Más de lo que alguna vez he amado a alguien. Y que tú me haces feliz —hace una pausa meditativa, luego añade—, verdaderamente feliz.

Aquello se siente más especial que cualquier palabra dicha en cualquier idioma.

Yuuri lo besa, y es cálido, dulce, del tipo de beso envolvente que lo hace olvidar de cualquier otra cosa, olvidar que su vuelo parte en unos cuantos días. Hace que su corazón palpite y que sus dedos se ericen. Cuando se aleja, sus labios aún están unidos, su cálido aliento choca contra la piel de Victor. —¿Recuerdas cuando te dije que si yo escribía un libro sobre ti, éste sería el libro más corto jamás escrito?

—Y yo dije que el tuyo sería el más largo —le recuerda Victor.

—Estaba equivocado.

Sonríe. —¿En serio?

Esta vez no es una broma, no hay sarcasmos. Yuuri se sumerge dentro del siguiente beso, dentro de la pasión que sus palabras no son capaces de expresar, sus manos se aferran a sus hombros, manteniéndolo cerca.

Victor lo sostiene aún más cerca.

(Y no lo deja ir.)