Jack suspiró. Habían pasado cuatro días desde la intempestiva aparición de su padre. El viejo se había ido de nuevo, a Malasia o Polinesia o Micronesia o algún lugar por el estilo. Al pelirrojo, a decir verdad, no le importaba dónde se había ido su padre. Su única preocupación era cuando regresaría.

En unos días, el adolescente albino recibiría un presente como disculpa. Era una rutina con la que él se había familiarizado; ¡sea golpeado e insultado, y gánese un fabuloso premio!

En ése momento, sin embargo, estaba empezando a entender por qué los padres golpeaban a sus hijos.

-Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack-

Sólo una y otra vez, se maravilló Jack. Como si pudiese hacerlo todo el día.

-Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jack. Jaaaaaack. Jaaaaaack. Jaaaaaack-

Y aquí estoy yo, intentando hacerle mejores armas así podremos reconquistar su castillo¿y él me deja trabajar en paz? No.

-Jaaaaaaaaaaaaaaaaack. Jaaaaaaaaaaaaaaaaack. Jaaaaaaaaaaaaaaaaack. Jaaaaaaaaaaaaaaaaack-

No golpearé jamás a mi hijo.

-Jaaaaaaaaa-aaaaaaaaaaaaaaaack. Jaaaaaaaaa-aaaaaaaaaaaaaack. Jaaaaaaaaa-aaaaaaaaaaaaaack-

-¡¿Qué?!- rugió Spicer, girando par alejarse de su mesa de trabajo.

Pequeño Chase estaba de pie en el fondo de las escaleras, con el Jack-Osito bajo un brazo y una inocente mirada en su cara.

-Hola- anunció el señor dragón. Hecho esto, el niño se rió tontamente y subió corriendo los escalones.

Un músculo bajo el ojo de Jack empezó a crisparse.

Oh sí. Él nunca golpearía a sus hijos.

Pero lo entendía.

Girando el cuello para intentar aliviar la tensión, volvió a su trabajo. Estaba intentando fabricar armas que podrían actuar contra la total falta de fuerza de Chase. Había descubierto un alambre ionizado que podría funcionar como un cuchillo-sable de bolsillo, pero con Chase vuelto un niño, el genio gótico no estaba seguro de confiárselo al pequeño.

Chase podría haber estado intentando esconder los cambios que su mente atravesaba, pero después de la escena de Pequeño Chase sobre el Hombre que Asustaba en el desayuno, Jack sumó dos mas dos. Pequeño Chase podría ser adorable en verdad cuando no estaba jugando algún juego mortal o incomodando a su conserje a muerte. Pero el pelirrojo estaba empezando a involucrarse acerca de cuanto estaba Pequeño Chase tomando el control.

-Jack-

El joven hombre albino alzó la cabeza y se pasó los dedos por el pelo.

-¿Qué pasa, Chase?- preguntó, en el tono más dulce que pudo.

-¿Para qué es esto?- algo golpeó los escalones mientras Chase volvía al sótano.

Jack examinó por sobre su hombro el objeto que Chase llevaba contra su pecho. La alta columna fue arrastrada a lo largo del suelo mientras el pequeño guerrero caminaba, dejando la figura pintada de dorado al nivel de los ojos de Chase. Al principio Jack no lo reconoció. No lo había visto en, aproximadamente, siete años.

-Ése es un trofeo de esquí, Chase-

-Estaba en tu armario-

-Sí, lo gané hace mucho tiempo-

Jack volvió a su trabajo. Debían haber sido... veamos, casi ocho años desde que Jack Spicer había hecho una visita familiar en las laderas de Aspen. Por tres años previos, Jack usó todos los días lo bastante fríos como para que nevara, bajo el tutelaje de un instructor de esquí, o de snowboard, o incluso un entrenador de una figura del patinaje. Habían hablado de una esperanza olímpica, o una carrera como snowboarder profesional, o algo más impactante y dramático y genial.

Entonces se enteró que su madre había estado con el dueño de la cabaña.

Al parecer Jack podría estar yaciendo en alguna parte, o regado en varias partes si importaba, mientras su mamá estuviera un tiempo a solas con... James o Hans o como fuera su nombre.

Lo suficiente para enterrar todas las actividades deportivas de invierno de Jack.

-¡Quiero ir!- anunció Chase, devolviendo a tirones al presente al pelirrojo.

-¿Ir¿Ir adónde?- preguntó Jack, dejando de lado de nuevo su trabajo.

Chase señaló el trofeo.

-¿Quieres ir a esquiar?- preguntó Jack.

Chase asintió con avidez.

-¿Al menos sabes cómo esquiar?-

-No. ¡Pero tú puedes enseñarme!- Chase levantó el barato trofeo sobre su cabeza -¡Eres grandioso en eso¡Tienes trofeos!-

.-.

-Omi¿por qué deberíamos preocuparnos? Jack fue quien tuvo al niño. Y él es malo- enfatizó Raimundo -¿Por qué quieres ir a ayudarlo?-

-Es verdad que Jack es débil y descarriado, pero tiene muchas dificultades con el niño, sabiendo que no tiene ninguna esposa para cuidar al chico- Omi hizo una pausa –Nunca explicaste cómo podría tener un hijo sin estar casado, él...-

-¡El pequeñín tiene un punto!- dijo Clay, rápido –Ser un padre único puede ser lo bastante duro, pero parece que el papi de Jack no está muy feliz acerca de lo que pasó. Debe estar teniendo momentos duros ahora-

-¡No voy a hacer de niñera de ningún mocoso que lleve los descarriados genes Spicer!- declaró Kimiko –Jack hizo su cama y entonces... hizo cosas en ella- se censuró la muchacha japonesa, mirando a Omi -¡Puede yacer en ella!-

-Míralo de esta forma- dijo Clay –Jack ha coqueteado antes con unirse al lado del Bien. Si vamos y lo ayudamos cuando está mal, podría venir al lado Xiaolin y podría traer a Pequeño Chase con él, Si no, en unos años tendremos un equipo de padre-hijo del mal en nuestras manos-

-¡Sólo quieres a alguien para jugar Vaqueros e Indios contigo!- retrucó Raimundo -¡Te vi juntando todos ésos juguetes!-

-¡No había pensado en eso!- lloriqueó Omi -¡Sí¡Esto podría volver a Jack Spicer al lado del Bien¡Debemos ir a asistirlo en su hora más oscura!-

.-.

-Oh Jenny¿acaso no es lo más adorable que has visto en tu vida?-

-¡Awwwww!-

Un pequeño grupo de mujeres jóvenes, las hijas de la riqueza y el privilegio, arrullaban en deleite ante la vista del par en la ladera del conejito.

Jack Spicer llevaba su traje de esquí negro, el material de alta tecnología abrazaba su delgada figura con agrado. Llevaba sus singulares anteojos sobre la línea de su pelo, las correas estaban aumentadas con cubreorejas. Tales accesorios no eran raros en una ladera de esquí.

Por lo general Jack prefería la tabla de nieve, pero como estaba enseñándole a Chase, optó por los esquís normales esta vez. Un par de esquís negros atados a sus pies, las dos largas líneas negras protegían a Chase Young contra la nieve que lo rodeaba.

Chase estaba enfundado herméticamente en un traje de nieve negro y verde, y como Jack no se había podido resistir, una calurosa gorra con una cresta que bajaba por su espalda, como si el pequeño guerrero se hubiese atado al cuello la cola de un dragón.

Chase estaba tambaleándose mientras bajaba la cuesta del conejito, agarrando con fuerza las manos de Jack. El joven albino sólo se quedó detrás del pequeño guerrero, apoyando sus manos sobre las del niño para que estuvieran en la posición correcta. Los esquís del pelirrojo estaban en una posición tal, que mantuvieran la velocidad para que Chase se sintiera emocionado.

-¡Los padres jóvenes son tan adorables!-

Jack buscó hacia la exclamación. Había un grupo de mujeres en el balcón de la casa de esquí cercana, mirando cómo se inclinaban los principiantes en la ladera del conejito. Para su sorpresa, todos los estaban mirando. Algunos los señalaban.

Un rubor cohibido se arrastró por la cara del pálido joven. Señaló un par de dedos libres hacia ellos.

-¡Jack!- Chase había perdido el equilibrio, y había chillado el nombre de su instructor cuando sus esquís empezaron a bajar la ladera sin él.

-¡Te tengo!- le aseguró Spicer al niño. Aseguró su agarre en las manos de Chase, y lo llevó hacia atrás –Si esto pasa alguna vez cuando no te estoy agarrando, sólo siéntate¿bien?-

-¡¿Tengo que hacer esto solo?!- preguntó el señor dragón con escepticismo.

-Bueno¡sí!- se rió el pelirrojo.

A su favor, incluso como niño pequeño, Chase no era ningún cobarde. Se mantuvo de pie, y entonces, d-e-s-p-a-c-i-o, permitió que una de sus manos soltara la de Jack, y luego la otra. Se quedó allí, acostumbrado a la percepción de los esquís. Antes que el niño pudiera protestar, Jack se enderezó, enderezó sus esquís, y esquío bajo el tope de la cabeza de Chase. El pequeño niño miró asombrado a su conserje, maestro, y pronto héroe bajando la ladera.

-¡Jack!- chilló.

El pálido joven se quedó cerca de la orilla de la ladera, más o menos a siete metros (1), entonces torció sus esquís para detenerse.

-No voy más lejos. ¡Esquía hacia mí, Chase!-

Chase lloriqueó, y le dio una suplicante mirada al pelirrojo.

-¡Puedes hacerlo, Chase¡Sé que puedes!- Jack le ofreció sus brazos, invitándolo.

Chase Young miró fijo el joven hombre pálido en la colina, bajo él. Jack estaba de pie, alto y fuerte, totalmente a gusto en este ambiente. Sus ojos rojos, normalmente acosados, estaban tranquilos, seguros, y divertidos. Se había equilibrado tan fácil y libre sobre ésos extraños artilugios. Chicas bonitas lo estaban señalando y Jack todavía se tomaba el tiempo para enseñarle a Chase a hacerlo por sí mismo.

Pequeño Chase sintió un dolor muy dentro de sí; como si nunca fuera ni la mitad de genial que era Jack Spicer.

Algunas partes de su mente protestaron ante este pensamiento, pero Pequeño Chase las ignoró.

-Vamos, Chase- el pelirrojo se agachó para que el pequeño guerrero pudiera esquiar directamente a sus brazos –Recuerda lo que dije: endereza tus esquís para ir hacia delante, junta las puntas delanteras para reducir la velocidad y siéntate para detenerte-

Temblando, inclinándose hacia delante, el pequeño enderezó sus esquís y empezó a bajar la cuesta hacia Jack. Spicer sonrió de oreja a oreja, con una expresión de alegría absoluta. Pequeño Chase se estampó contra su pecho con un sólido "whump". Los ojos del pequeño duende estaban brillando cuando miró hacia el pelirrojo.

-¡Lo hice!-

-¡Lo hiciste¡Sabía que podías, Chase¡Creí en ti!- estuvo de acuerdo el joven albino, abrazando con fuerza al chico-

-Aawwwwww- se arrulló el grupo en el balcón.

La siguiente hora, o algo así, pasó de la misma forma; Jack habría pasado por la cuesta como una liebre de la nieve vestida muy lúgubre, halagando a Chase a través de sus lecciones, hasta que el niño estuvo esquiando cuesta abajo por la ladera del conejito por sí mismo. Jack siempre estaba cerca sólo por si las dudas.

-¡Wow, Chase, eres grandioso¡Pronto serás mejor que yo!- se quejó Spicer, aplaudiendo cuando el niño llegó al fondo dela ladera del conejito una vez más.

-Nuh-uh- Chase se rió de forma tonta, para sonreír de oreja a oreja.

El niño hizo una pausa y echó una mirada a su alrededor, la cola de su sombrero se giró como si estuviera meneándose.

-Jaaaaack, tengo hambre y frío- gimoteó de repente.

-Hambre y frío¿huh?- Jack tomó conciencia de su situación. Había una cabaña sobre el área de los principiantes, pero Spicer recordó que había un restaurante en la misma cumbre. Cuando él había sido un regular en las laderas, ese restaurante estaba reservado para la élite de la élite. No sólo tenías que poder permitirte el lujo, sino que tenías que ser lo suficientemente genial.

La madre de Jack se había rehusado a llevarlo allí.

Pero ésta vez, Jack Spicer era lo suficientemente genial.

.-.

-Wow, Jack¡mira, mira!- chilló Chase, apuntando sobre el hombro del pelirrojo. El joven albino se rió entre dientes. El guerrero-vuelto-niño pequeño estaba haciendo su primer paseo en teleférico, y estaba a su lado, lleno de alegría.

Había varias formas de subir a la cima, pero con Chase ya quejándose del frío, Jack había procedido a la forma normal para subir, y había comprado boletos para el tranvía del cielo. Las cómodas cabinas, colgando de cables robustos, parecían cajas fuertes, y los llevaba de una forma tranquila a la cima de la montaña.

O eso pensó Jack.

En poco tiempo, Jack tuvo que levantarse para agarrar a Chase, quien estaba corriendo de un lado a otro, intentando ver ambos lados a la vez. Y no sólo porque ya empezaban a darle la mirada de "mi niño jamás haría eso", sino que el movimiento del pequeño había empezado a mecer el vagón, y algunos de los demás pasajeros empezaban a lucir un poco verdes.

Ahora el pequeño guerrero se acurrucaría seguro en el regazo de Jack, donde sus ansias de destrucción se limitarían a colocar sus pies con botas de esquí en la ingle del pelirrojo. Spicer hizo una mueca de dolor cuando Chase le clavó la punta de la bota en sus joyas familiares, cuando el niño levantó la cabeza para ver por las ventanas.

-¡¿Podremos cenar en la cima de todos modos?!-

-De seguro lo haremos-

Jack pasó una mano bajo las rodillas del señor dragón, y moviendo los hombros, terminó con el más grande guerrero del mundo acunado en su regazo, como un bebé.

-¿Sabes?- le preguntó al niño –Una vez salí furtivamente a la ladera cuando mi maestro no estaba mirando, y esquié por el sendero del diamante negro triple y no me caí ni una vez-

-Wow- dijo Chase, con sus ojos dorados muy anchos.

-Cerraron la pista el año pasado- anunció un hombre joven con lustroso pelo negro azabache saliendo de su gorra de esquí –Hubo un alud muy grande y parte de la montaña se desplomó-

-¿Se desplomó?- hizo eco Jack.

-Sí, sólo se desplomó directo a una garganta. Parece como si hubieran vuelto los Alpes.

-¿Era en donde tenían los saltos de esquí?- preguntó una mujer entrada en los treinta.

-Mmm-hmm. Ahora sólo hay una rampa para saltar ahí, como si dijera "¡¿quién se atreve a saltar la garganta?!"-

Esto trajo una risita de la mayoría de los pasajeros. Pelo Negro Azabache empezó una conversación sobre las mejores pistas con otros pasajeros. Jack notó que Chase estaba increíblemente callado, y miró hacia abajo para encontrarse con que estaba dormido. Spicer sonrió. Era de esperarse que Pequeño Chase estuviese cansado; había tenido un largo día. Después de la cena volverían a casa y dormirían un poco. Jack esperó que el pequeño no llorara cuando fuera hora de irse; Dios sabía que siempre tenían que hacerlo. Sería algún tipo de venganza kármica, como si él tuviese que tratar con los mismos trucos que él había usado cuando era niño.

-¿Sabes lo que es grandioso de ver?-

Jack subió la mirada para encontrarse con la mujer de treinta que le sonreía.

-¿Qué?-

-Es grandioso ver a un padre joven que cuida de verdad a su niño, en vez de sólo dejarlos con una niñera- dijo. Ella no cuestionó siquiera si Jack podía permitirse o no el lujo de una niñera; si estaba aquí, tenía dinero.

-Y realmente quedándose con sus hijos- dijo el hombre que estaba sentado al lado de ella. Parecía tener la misma edad que el padre de Jack, pro se parecía más a Robert Redford.

-Cuando tenía tu edad, estas cabañas y clubes tenían niños alrededor. Aprendían lo que se esperaba de ellos, y la manera apropiada de comportarse con sus pares y con su superiores. Ahora tienes suerte si ves a un chico de menos de quince, y, por lo general, son mocosos echados a perder, porque sólo han estado con sus niñeras la mayor pare de sus vidas-

Eso fue un golpe a la nariz, pensó Jack con una pequeña mueca. Robert Redford vio la mirada y se rió.

-Lo siento, muchacho¿acaso describí tu niñez?-

-Al detalle- suspiró el pelirrojo y miró a Chase –Y por eso no quiero lo mismo para él-

-Él es tan adorable- se interpuso la mujer de treinta -¿Cuántos años tiene?-

-Cuatro-

-No te llama "papá"- observó Robert Redford.

Jack suspiró. Al carajo, de todos modos todos asumían que Chase era su hijo; ¿por qué luchar?

-Vivió con su madre hasta hace poco. Entonces ella, básicamente, lo dejó en casa y dijo que nunca más en la vida quería ver a ninguno de nosotros- la mentira salió bastante fácil de los labios de Jack Spicer –Él de verdad no me conoce como su padre-

El vagón empezó a dar sacudones. Los ojos de Chase se abrieron de repente.

-Está bien- le dijo el pelirrojo al chico –Estamos en la cima. Ahora tienen que arrastrar el vagón hacia la puerta para que podemos bajar seguros-

Chase no contestó, sólo lo miró fijo por un momento. Entonces sus ojos empezaron a cerrarse de nuevo. A su alrededor, los otros pasajeros empezaron a juntas su esquís y otros efectos.

-Es un pena. ¿Me imagino que debieron haber problemas porque eres tan joven?- preguntó la mujer de treinta. Jack asintió –Bien, por lo menos sabes que nunca lo dejarás-

Spicer le dio una sonrisa triste. Qué poco sabía ella.

Jack cambió a Chase contra su hombro, para poder tener una mano libre con la que juntar sus esquís, y se encaminó hacia el restaurante. Había unos casilleros en donde los huéspedes podían guardar sus esquís y botas, para poder cambiarse con algo más similar a zapatillas suaves, proporcionadas por el restaurante. Chase se despertó e nuevo cuando le cambiaron el calzado. Como Jack había dejado soñoliento al niño en su hombro, Chase Real pudo hacer una aparición.

-¿Cuánto tiempo planeas mantenerme así, Spicer?- gruñó, luchando contra el impulso de dormir de su cuerpo.

-Sólo hasta que el Síndrome de Estocolmo se acomode- respondió Jack.

Algo que podría haber sido una risa escapó del soñoliento señor dragón, entonces Chase se fue de nuevo. La posadera se preparó saludarlos con su sonrisa usual, pero se detuvo y dejó escapar un chillido.

-¡Oh, Mi Dios, ella es taaaaan adorable!- la muchacha abrió la boca.

-Él- corrigió Jack.

-¡Él es tan adorable! Awwwww- la mirada de la chica se perdió por unos momentos hacia abajo, pero luego volvió en sí, y le dio a Jack una calurosa sonrisa para huéspedes.

"¿Acaba de revisar si tengo un anillo de boda? Se preguntó Jack. Al carajo; primero las mujeres en el balcón, luego esa señora en el teleférico, ahora esta posadera. Jack era una delicia para las muchachas hoy.

-¿Hay algún lugar tranquilo en el que pueda sentarme con él durante unos minutos? Me gustaría permitirle dormir un poco más, así no estará molesto cuando despierte- preguntó el pelirrojo.

-¡Oh, sí! Venga y siéntese cerca del hogar. Normalmente es donde las personas esperan que se desocupe una mesa, pero estamos fuera de temporada, así que no hay demasiadas personas aquí- lo llevó a un lugar detrás de la barra, a un gran cuarto abierto. Un hogar de casi cuatro metros de alto dominaba el cuarto, pero en donde deberían estar las paredes, había ventanas del piso al techo, que parecían enormes cuadros de la cima de la montaña.

Jack escogió un sillón desocupado cerca del hogar y se estableció ahí.

-¿Quiere usted algo que beber?- preguntó la posadera -¿Quizás algo de chocolate para el pequeño?-

-El chocolate parece bueno. Yo tomaré un capuchino-

Otra brillante sonrisa y ella desapareció para servir a los otros huéspedes.

Wow. ¿Quién iba a decir que llevar de repente a un niño a tu alrededor te convertía en el sueño de toda mujer? Incluso sin eso, Jack tuvo un buen día. Enseñándole a Pequeño Chase, jugando con él, incluso ser molestado por él era muy cómico y agradable en retrospectiva. Jack pasó una mano por el pelo negro bajo el sombrero de Chase. Ser responsable de un niño, protegerlo, quererlo, hacía a Jack sentirse más fuerte, más grande, de algún modo mucho más adulto.

Jack realmente iba a extrañar este sentimiento cuando Chase regresara a su edad normal.

Entonces, de nuevo...

...¿Tenían que volver a la normalidad?

Ojos rojos se ensancharon cuando Jack permitió que ése pensamiento surgiera. Si sólo mantenía a Chase como estaba, Pequeño Chase dominaría por completo. Jack era el único conserje que el muchacho había conocido alguna vez; él lo aceptaría si Jack le dijera que él realmente era el padre del muchacho. Nana ya había pensado que el niño era suyo; no sería demasiado difícil falsificar una prueba de ADN para demostrarlo. Una sollozante confesión de estupidez años atrás, haría que aceptara a Chase como su nieto con los brazos abiertos. Su padre... Bien, su padre estaría, de forma alternada, furioso porque hubiera concebido a un niño, y liberado al saber que Jack era (semi) heterosexual.

Entonces Chase sería suyo. Chase Young lo amaría. En efecto, no era el tipo de amor que Jack había querido primero¡pero el amor era amor! Cuando hubiera crecido de nuevo, su lazo sería irrompible. Podrían gobernar el mundo como padre e hijo.

Una sonrisa reptó por los labios de Jack.

La posadera regresó con el café de Jack y el chocolate de Chase.

-¡No puedo creer lo adorable que es!- dijo la chica -¿Cómo se llama?-

-Chase- contestó Jack con una mueca orgullosa –Su nombre es Chase Young Spicer-

.-.

.-.

(1) Usó la medida veinte pies, que equivaldrían, más o menos, a veinte metros. Como ya saben, usaré las medidas latinoamericanas, metros en vez de pies, centímetros en vez de pulgadas, kilómetros en vez de millas, etc.

Zaeta Ketchum: de nadas, de nadas, con fics como estos y comentarios como los tuyos, vale la pena. Gracias por tu apoyo.

Vicky: actualizo una vez por semana salvo ocasiones excepcionales. De nada y gracias por tu apoyo.

Elena: hasta ahora la madre no apareció ni siquiera en el fanfic, aunque en este capítulo se la menciona. La frase que señalas no tiene nada de malo; quiere decir que el estrés que había en usar el singular era tan notorio, que le despertó la curiosidad. Anotado el pedido, era el que tenía en vista. Muchas gracias por tu apoyo y por la aclaración.

Sani: danke , chica. RJ 13 es mi robot favorito, en especial porque no es lo que esperaba que fuese XD. Gracias por tu apoyo.

AndreaZthator: sigo agradecida con los comentarios que me dejan. Gracias por tu apoyo.

RaposaVermelha: ni yo podía creerlo, pero ya has leído lo que hizo Jack. Wow, lectora portuguesa, me siento honrada. Gracias por tu apoyo .

Chibi-Kaisie: se agradece, chica. Gracias por tu apoyo.

Casi casi no termino a tiempo, debido a ciertos sucesos que no vienen al caso, pero aquí está.

Nos leemos

Nakokun