17/Junio/2008: wenas! Hoy os traigo dos capítulos que estoy segura en que concidiréis conmigo que van enlazados.

Quería solamente hacer un par de aclaraciones sobre el Fic. Cuando dije que se me ocurrió viendo la película "What a girl wants", es exactamente eso que la inspiración me vino en ese momento. A partir de ahora estoy segura de que encontrareis algunas similitudes con la película pero no está basado en la película. Ya tuve mi escarmiento con eso.

Siento si alguien se siente ofendido por cómo he hecho a los personajes. Ya se que los argentinos no "hablan" como yo lo escribo. Pero es que no me sale escribir como hablan ellos. ¡Qué le voy a hacer soy española al fin y al cabo!. Y después he intentado que los personajes que aparecen de Casi Ángeles sean lo más fieles a la serie posible. Lo siento si no lo he conseguido, pero al menos lo he intentado.

Ya se que el capítulo anterior no tenía mucha acción o no era muy interesante. Pero hoy prometo intentar comprensaros con lo que va a pasar en estos dos capítulos.

Gracias por vuestros reviews. Siempre me ayudan a seguir escribiendo y a ir mejorando poco a poco.

Besos. Rachel.


CAPÍTULO 3: LA GRADUACIÓN

Felicitas García era como nuestra tía. Los años no había pasado en balde por ella, pero solamente habían hecho mella en su físico, puesto que su alma seguía siendo tan joven como cuando era una chiquilla. Era también el alma del Hogar Mágico y uno de sus pilares. Todas las mañanas nos despertaba haciendo sonar un triángulo en la puerta de nuestras habitaciones.

- ¡¡Arriba solcitos perezosos!!- decía cada mañana.

Abrí los ojos pesadamente y me revolví en la cama. Saqué algo de debajo de mi almohada y de repente la persiana se subió.

- Mmmmmm… Abigail- murmuró alguien en la cama de al lado.

Margarita era mi mejor amiga, casi como mi hermana. Le sacaba cuatro meses de diferencia. Nos habíamos criado juntas en el hogar y llevábamos compartiendo habitación desde tiempos inmemorables. Me senté en la cama todavía medio dormida, intentando abrir los ojos. Mamá y yo llegamos al Hogar Mágico antes de que naciese. Al principio nos habíamos quedado como una medida temporal, un lugar donde quedarnos hasta que mamá encontrase trabajo. Pero mamá encontró trabajo y no fue capaz de abandonar el Hogar Mágico. Yo crecí feliz sintiéndome arropada por toda la gente del hogar, los que todavía vivían en el y los que ya habían volado para hacer su vida. Aunque todos seguíamos en contacto. Conseguí ponerme en pie y entrar en el cuarto de baño que compartíamos con el resto de las chicas del hogar. Geraldine Carlyle era una semana mayor que yo. De sus padres biológicos nadie fue capaz de averiguar nada. Vivió hasta los siete años con los Carlyle un matrimonio que la adoptó cuando era un bebé, pero tuvieron la desgracia de fallecer en un accidente automovilístico cuando iban a veranear a Bariloche. Geraldine se salvó de milagro. Entonces pasó a ser responsabilidad de los servicios sociales y la enviaron a vivir al Hogar, nada más salir de la clínica tras recuperarse del accidente. Daniela García era carne de reformatorio. Margarita, Geraldine y yo la encontramos en un galpón cercano cuando teníamos unos ocho años. Como era de esperar nos quedamos con ella. Y Davinia era la más nueva. Apenas llevaba un año con nosotros. Ella solamente tenía a su madre, como yo y ésta la había abandonado. Me di una ducha para lograr despejarme del todo. Volví a mi habitación para vestirme. Margarita todavía no se había levantado. El mismo show de todas las mañanas. Le di un golpecito en la pierna para que se despertase. Yo fui hacia el armario. Saqué mi ropa interior, la minifalda vaquera y el polo de color verde. Aquel sería el último día que vestiría aquel polo. Aquel día sería mi último día el el Rockland School, el colegio al que había asistido toda mi vida. Si mis amigas tenían problemas para escoger qué carrera querían hacer, yo tenía el doble de ellos. Era una bruja por lo que podía optar por una carrera mágica o una muggle. Y ahí radicaba mi mayor problema. Finalmente Margarita se levantó de la cama. Ahora sabía que en cuanto viese el reloj se ducharía y se vestiría a carreras para poder llegar a tiempo al colegio. Yo cogí mi carpeta y bajé las escaleras hasta la cocina. Me miré en el espejo del hall. Tenía una larga melena negra con el pelo encrespado y rizado como mamá. Siempre me preocupaba en andar poniéndolo liso. Lo llevaba peinado con la raya de lado y flequillo. Mis ojos era lo qué más llamaba la atención de mi, eran de color verde esmeralda, un color muy atípico. De estatura no estaba mal, estaba dentro de la media. Era delgada sin pecho, sin culo y sin nada de nada. O por lo menos era como me veía yo. Entré en la cocina. Feli ya estaba allí sirviendo del desayuno como cada mañana. Tomás, Edgar, Gabriel y Marcos estaban allí. Todos habían salido de la calle. El primero en llegar al hogar fue Gabriel. Yo no recordaba el día en que lo hizo. Por lo que mamá me contaba tenía tres años cuando Gaby llegó. Nos criamos juntos. Siempre éramos Margarita, Gabriel y yo. Nos gustaba explorar los recovecos de la mansión y hacerles bromas a los más mayores. Gabriel se había convertido en un chico apuesto e inteligente. Tenía muchísimo éxito con las chicas. Tenía el pelo rubio y rizado, siempre lo llevaba corto, tenía los ojos azules más hermosos que jamás había visto, una sonrisa dulce y sincera. Además era muy inteligente, quería ser médico y tenía una beca para estudiar en Oxford. Aunque con las chicas era bastante tímido y eso de ligar lo llevaba bastante mal, al parecer tenía un encanto especial. Para mi ese encanto especial era la calidez de su mirada y su sonrisa. Esa misma calidez que me hacía sentir mejor. Mis sentimientos hacia Gabriel eran mi secreto mejor guardado. Que estaba enamorada de él lo sabía aproximadamente desde los quince años pero también siempre había guardado ese sentimiento bajo mil llaves temerosa de que alguien pudiera descubrirlo, aterrorizada ante la idea de que él lo descubriera. Gabriel era mi mejor amigo y no quería perderle. Marcos llegó al hogar unos meses después de Geraldine. Era un chico bajito, moreno con pinta de rebelde pero un corazón que no le cabía en el pecho. Tomás quedó bajo la custodia del hogar cuando teníamos nueve años. Moreno con unos preciosísimos ojos azules y sonrisa dulce se había convertido en el conquistador del Hogar. Edgar finalmente vino a nuestras vidas cuando teníamos once años, alto, delgado, rubio con el pelo rizado y gafas. Cara de despistado, tan inteligente como tímido. Me senté al lado de Gabriel como cada mañana. Geraldine, Daniela y Davinia no tardaron en unirse a nosotros. Y la última, como cada mañana fue Margarita. Después del desayuno los nueve fuimos juntos en nuestro último día al Rockland School. Fue un día muy agitado a pesar de ser el último ya que teníamos que preparar y ensayar la graduación. Y al volver a la mansión nos esperaba nuestra profesora de canto y baile. Marianela era más que la profesora de baile, era más que una chica del Hogar, era mi tita Marianela. Ella siempre nos cuidaba a Margarita y a mi cuando éramos niñas por eso le teníamos un cariño especial. Cuando entramos estaba estirando con la pierna encima de la barra y Libertad, su hija descansaba en su carricoche.

- ¿Qué tal el día chicos?- dijo

- Bueno…

- ¡Pues vamos a darle marcha!.

Marianela Reinaldi era una artista conocida en el país. Había pertenecido al extinto grupo "Teen Angels". Después había estudiado música, canto y danza en Estados Unidos y al volver emprendió su carrera musical en solitario. Había grabado tres cd con mucho éxito, tenía una academia que ella misma dirigía pero siempre encontraba tiempo para nosotros. Ahora estaba preparando su salto a los musicales en el Gran Rex después del nacimiento de Libertad.

- ¿Qué tal va esa canción Aby?- dijo ella.

- Bueno… la profesora de música del Rockland me ha ayudado mucho… pero quiero que me ayudes por que hay una parte que me ahogo.

- Claro. Es cuestión de respiración. Trae la letra.

Marianela se dirigió hacia la caja de los teclados. Los sacó y lo puso sobre el soporte a tiempo que yo volvía.

- ¡Hola chicas!- dijo alguien apoyado en la puerta.

- ¡Thiago!- dije antes de correr hacia él.

Si bien a Marianela la veía todos los días después de las clases, eran pocas las ocasiones en las que podía ver a Thiago. Thiago Bedoya, el doctor Bedoya, era el marido de Marianela y el padre de Libertad.

- ¡Ya era hora Bedoya, pensaba que te habías vuelto a olvidar de nosotras!- dijo Marianela.

- Callate… ¿Cómo está el bomboncito de papá?- dijo él acercándose a Libertad.

Marianela y Thiago siempre estaban así. Era su peculiar forma de quererse. Marianela se puso a tocar y Thiago cogió en brazos a Libertad. Se acercó a Marianela, le dio un beso en la frente y se fue de allí con Libertad en brazos. Siempre estaban a la gresca, pero se querían con locura.

- ¿Qué haces cuando sabes que estás enamorado de alguien y sabes que le vas a perder?- dije pensativa.

- Pues no se… Decírselo, supongo… ¿Hay un chico por medio? ¿La pequeña Abigail está enamorada?

- ¿Enamorada? ¿Abigail? ¡Qué va!- dijo Gabriel desde la puerta.

Yo me puse colorada al máximo y bajé la mirada. Marianela comprendió al instante. Marianela y yo volvimos a nuestro trabajo con la canción. Como ella me había anticipado, mi problema estaba en las respiraciones.

Margarita y algunas chicas de la clase habían preparado un número de un musical. Era "We go together". Marianela les había echado la mano con la coreografía y estaba todo listo, excepto el vestido de Margarita. Estaba desesperada y como opción decidió recurrir a los vestidos que habían sido una vez de Justina, la prima de Felicitas. Bajamos a los pasadizos secretos de la mansión por la entrada del jardín. Cuando éramos niños Margarita, Gabriel y yo nos escondíamos allí. Llegamos a la sala que se utilizaba como trastero. Estaba lleno de cosas, un armario lleno de vestidos de mujer, cajas con libros y otras antiguedades. Hacía mucho tiempo que no bajaba allí. Margarita abrió el armario lleno de ropa. Yo me quedé rondando por la habitación. Mirando las cosas que allí había. No se por qué pero me llamó la atención una caja que había en la esquina. Soplé y distinguí la letra de mamá. Ponía "Cosas de Hermione". Dudé en si abrirlo e investigar o dejarlas allí, respetando su intimidad. Siempre había tenido un vacío dentro de mi con respecto a mi familia. No conocía a mis abuelos maternos, a pesar de que sabía que los tenía. No sabía quién era mi padre. No sabía nada de mi madre antes de llegar a Buenos Aires. Era un tema que mamá siempre había tratado de eludir. Por eso no me lo pensé dos veces y con la ayuda de Margarita, una vez hubo escogido el vestido la llevé a nuestra habitación. La dejé encima del armario aunque con el lío de la graduación quedó allí relegada esperando a tiempos menos ocupados.

La tarde de la graduación el baño de las chicas se convirtió en poco menos que un campo de batalla. Me vi alisándoles el pelo con mi varita a todas mis compañeras del hogar. Yo me dejé el pelo liso y suelto, como lo llevaba siempre solo que me había puesto una horquilla de brillantitos para darle un toque diferente. Mamá me había comprado un precioso vestido baby doll de tweed de color blanco y negro con unos zapatos negros de tacón. Salí del baño para entrar en mi habitación. Me quedé mirando en el espejo.

- Estás preciosa Aby, no hace falta que te mires tanto- dijo Gabriel con tono burlón desde la puerta. El corazón empezó a latirme con fuerza. Se colocó detrás de mi y me miró a través del cristal- Ahora dígame bella doncella ¿Tendría a bien de ayudarme con este artefacto?

No sonó pedante ni presuntuoso. Me di la vuelta sonriendo. Me estremecí ante su cercanía. Las manos me temblaban e intentaba fijar mi atención en su corbata sin desviarme de mi objetivo. Al final acabé de hacerle el nudo y se fue después de agradecerme dándome un beso en la mejilla. Me acerqué a la cómoda donde estaba mi joyero. Me puse mi pulsera favorita. Era rígida y hacía forma de flores. Después me puse los pendientes que escogí. Eran un pequeño aro de plata con brillantes incrustados en la parte delantera. Margarita entró en la habitación. Llevaba el pelo en un recogido con aire de los años sesenta, un vestido de color blanco de tirantes y largo hasta la rodilla que habíamos encontrado en el sótano y unas sandalias que le hacían juego. Estaba encantadora.

- ¿Cómo me veo?- dijo ella.

- Radiante, como siempre- contesté. Con su pelo rubio y sus ojos azules parecía sacada directamente de "Grease".

Cuando estuvimos listas bajamos las escaleras hasta el hall. Los chicos ya estaban allí vestidos de traje. Nicolás también estaba acompañado de su fiel amigo Salvador. Salvador y Nicolás pasaron unos años sin verse y cuando se reencontraron su amistad volvió a surgir a pesar de que los dos hombres estaban enamorados de la misma mujer, Cielo. Al final Nicolás se quedó con Cielo y lo de Salva y Malvina fue forjándose poco a poco. Mamá y Cielo bajaron al poco tiempo y todos juntos fuimos hacia el jardín del Rockland School donde se iba a celebrar el evento. Los que nos graduábamos nos sentábamos al frente, en las primeras filas. Fue el momento de ponernos las togas y los birretes. La apertura del acto consistía en el discurso del director seguido por unas palabras del jefe de estudios. Como intermedio lúdico Margarita y su grupo de baile hicieron lo que tenían preparado. Tras la actuación el director, el jefe de estudios y nuestro tutor volvieron al escenario.

- Ahora quiero que presten atención. Quiero dirigir la atención de todos ustedes hacia los ganadores de la beca Rockland consistente en una modesta ayuda para su educación universitaria, la cual llevamos más de veinte años otorgando a los mejores alumnos. Este año la competencia ha sido dura, pero dos alumnos se han impuesto sobre los demás. Su origen humilde no hacía presagiar su destino. Alumno brillante de expediente intachable y calificaciones extraordinarias. Su vida ha transcurrido entre los muros del Rockland School y el Hogar Mágico. Ha sido becado por la mismísima universidad de Oxford en Inglaterra para que curse sus estudios de medicina. Un fortísimo aplauso para Gabriel Aguirre Maldonado.

Gabriel se esperaba algo así. Así que e puso en pie. El jefe de estudios le puso la banda sobre los hombros. Era de color verde con el escudo del colegio bordado y del otro lado se leían las palabras "Cuadro de honor". Nuestro tutor le dio la mano y le tendió la orla. Posó unos segundos con la orla para el fotógrafo y el director le dio un sobre y le cedió el micrófono.

- Solamente quiero dar las gracias al Rockland School, a su director y a todos los profesores por la confianza y la fe que han depositado en mi siempre. Quiero dedicar este pequeño triunfo a Nicolás y Cielo Bauer. Por sacarme de la calle. Por creer siempre en mi y darme el empujoncito que me ha permitido estar hoy aquí.

- Hermosas palabras señor Aguirre- dijo el director cuando Gabriel se retiró- Es habitual entregar solamente una beca por curso, pero no podíamos dejarla fuera. Desde que entró en el Rockland School el primer día, se ganó el cariño de todos sus profesores, año tras año. Alumna brillante, inteligente y creativa, de expediente intachable y excelente comportamiento, la segunda premiada es la señorita Abigail Granger Smith.

Creo que en ese momento si me pinchan no sangro. Margarita me empujó a levantarme y a caminar hacia el escenario. Con las piernas temblorosas subí las escaleras. Me pusieron la banda por encima de los hombros. Me dieron la orla y posé para el fotógrafo. Después recogí mi sobre y el micrófono quedó libre. Yo que siempre tenía palabras para todo, era incapaz de decir nada.

- Menuda sorpresa- dije al final- Yo… no lo hubiera conseguido sin todos los profesores del Rockland y sin mi madre Hermione Granger, que ha sido padre y madre a la vez y un ejemplo a seguir para mi. Nicolás Bauer por ser esa figura paterna que me faltaba. Cielo Bauer, por ser mi segunda mamá. Feli por estar siempre pendiente de nosotros. Todos los que pasaron por el hogar. Marianela, Thiago, Rama, Valeria, Tacho, Jazmín, Caridad, Teffy, Nacho, Alelí, Luz, Cristóbal, Monito, Esperanza… y seguro alguno más que me dejo. Y por último a mis amigos, que sin ellos yo no sería nada.

Cuando me senté en mi sitio de nuevo, mis amigos me palmearon la espalda. El director comenzó a llamarnos a todos uno por uno para hacer entrega de la banda y la orla. Después de eso pusieron una presentación en power point que habíamos hecho nosotros mismos con fotos de cuando éramos pequeños, de ese curso, etc... Tras eso fue mi momento estelar. Me subí en el escenario. En el colegio tenía fama de ser la que mejor voz tenía pero en casa nunca me habían oído cantar en serio. La canción escogida era "Rebelde Way" de "Erreway", cambiando la letra por supuesto. En el lugar que se decía "Rebelde Way" lo habíamos cambiado por "Rockland School". No quedaba tan bien pero lo importante era el significado de la canción. Eso de que por muy perra que sea la vida, siempre tendremos algo en común. Y eso fue el colofón final del acto. Los profesores mandaron pasar a los padres hacia la biblioteca y nosotros nos quedamos allí para las fotografías. El colegio había contratado los servicios de un fotógrafo y un cámara para que hiciesen un reportaje sobre la graduación que posteriormente entregarían a cada graduado. Cuando por fin nos reunimos con nuestras familias me sentí aliviada de que lo peor hubiese pasado ya. Me di cuenta de que también estaban Thiago y Marianela, Jazmín y Tacho, Valeria y Rama, Cristobal y Luz y Alelí. Jazmín y Tacho tenían dos hijos, Manuel que tenía cinco años y Pablo que era unos seis meses mayor que Libertad, la hija de Thiago y Marianela. Y Valeria estaba en su cuarto mes de gestación con una barriguita monísima. Y a Rama se le caía la baba por la madre y por el hijo. Aquel sería su tercer hijo ya que tenían dos gemelas de cuatro años Anabel y Cristina. Cristobal y Luz vivían en Estados Unidos, donde Cristóbal era un eminente profesor de arqueología de la universidad de Harvard. Luz era enfermera en el hospital universitario. Y tenían un bebé de meses, una nena llamada Alicia. Y Alelí era escritora así que vivía un poco en todos sitios. En esos momentos vivía en Bariloche. Malvina, Salvador y Esperanza también estaban allí. Esperanza que era tres años mayor que Margarita y yo, estudiaba Cinematografía en la universidad. Esa noche la recuerdo como una de las mejores de mi vida y como la que puso fin al cuento de hadas que mamá había construido a mi alrededor.