18 / Junio / 2008

Hoy: Reaparición de Harry Potter.

Espero vuestros reviews. Besos.

CAPÍTULO 5: LA VERDAD

Desde que había descubierto que Harry Potter era mi padre, mi vida había sido bastante extraña. Había tomado la decisión de ir a buscarle, a conocerle. Mamá puso el grito en el cielo y me dijo que no podía ir, razón de más por la cual yo estaba empeñada en ir. Ella me dijo que no pensaba darme ni un knut para que fuese. A mi me daba igual porque me puse a trabajar en el bar de los Teen Angels y por las tardes le daba clases de apoyo a los chicos más pequeños del hogar. Nico me pagaba un sueldo pequeño, pero todo ayudaba. Mi relación con mi madre era fría y distante. Sabía que tardaría en perdonarle lo que me había hecho.

Cada mañana la primera en levantarse era Feli. Siempre lo hacía muy temprano para prepararnos el desayuno. Después se levantaba mamá, Nico y Cielo. Cada uno tenía que encargarse de sus asuntos. Y los últimos éramos todos nosotros. Pero aquella mañana la primera en levantarse no fue Feli. Me deslicé afuera de mi cama con sigilo. Llevaba mucho tiempo calculando esa mañana con detalle. Me desnudé en silencio e intentando hacer el menor ruido posible. Me puse unos pantalones vaqueros, una camiseta, una sudadera, deportivas y un chaleco de plumas. Hice mi maleta con ayuda de mi varita en completo silencio. Recogí todas mis cosas más queridas y mi ropa. Mis libros ya los había guardado en los ratos en soledad. Antes de salir de la mansión me apliqué a mi misma un encantamiento desilusionador, sabía que la mansión tenía cámaras. Salí por la puerta lateral. Cuando estuve lejos de la visión de las cámaras de la mansión me quité el hechizo y me dispuse a detener un taxi. Me fui hasta las inmediaciones de la estación de vuelatrén de Buenos Aires. Era la estación Georgina Muller, una famosa buscadora argentina. Cuando llegué a la taquilla me encontré con una bruja joven, vestida con una túnica de color azul celeste.

- ¿Destino?- dijo.

- Londres.

- Dentro de un cuarto de hora en el andén diez.

Pagué el billete y corrí hacia el andén número diez. El vuelatrén ya había abierto sus puertas para que sus pasajeros comenzasen a ocupar sus lugares. Entré, ocupé mi asiento, me puse el cinturón de seguridad y saqué mi libro de mi bolso. El viaje era considerablemente más corto que si fuese en avión, pero aún así tardaría tres horas en llegar a Londres.

Cuando el vuelatrén por fin se detuvo, sentí que el corazón se me subía a la garganta. En Londres empezaba el verano y el calor del principio del verano me golpeó con fuerza. Entré en los aseos. Abrí la maleta y empecé a desnudarme en uno de los compartimientos. Eso también lo había previsto así que dejé en la parte superior ropa de verano. Me puse una minifalda vaquera con un polo de color blanco. Me recogí el pelo en dos trenzas y me puse unas bailarinas planas. Salí de allí y me dirigí hacia el stand de información. Con mi tono y sonrisa más educada le pregunté a ver dónde podía hospedarme. Mi plan era quedarme un par de días mientras localizaba a mi padre y a mis abuelos. Ella me recomendó "El Caldero Chorreante", al cual podría acceder vía Red Flu. Me subí en una de las chimeneas de la estación, cogí un puñadito de esa cosa que parecían cenizas y dije claramente el lugar al que deseaba ir. Era un lugar de lo más pintoresco lleno de gente vestida de túnicas. Me acerqué a la barra. Había una chica de camarera. Pregunté por Edmund, según me había dicho la chica de la estación era el dueño.

- Buenos días ¿Qué desea señorita?- dijo él.

- Una habitación.

- ¿Necesita algún requerimiento especial?- dijo él.

- No. Solamente estoy de paso.

Aquel hombre me dijo que le acompañase. Subimos por unas escaleras hasta una habitación de aspecto antiguo pero limpio. Tenía una cama con dosel, un armario, una mesa y chimenea. Me di una ducha relajante y me vestí la misma ropa que me había puesto en la estación de vuelatrén. Bajé de nuevo al bar donde Edmund me preguntó a ver si deseaba comer algo. Mi estómago habló por mi con un rugido de hambre intenso. Me senté en una mesa yo sola donde me puse a ojear "El Profeta". No había ni una sola referencia a Harry Potter, lo cual me decepcionó bastante. La puerta del bar se abrió haciendo que una brisa cálida se colase dentro. Unos segundos después aparecía ante mi el hombre más enorme que jamás había visto en mi vida. Tenía el pelo negro, largo y enmarañado, barba larga y vestía con unas especies de harapos y chaqueta de pelo marrón. Para mi sorpresa nos quedamos mirando fijamente. El hombre me había visto pero se sentó en la barra. Le preguntó a Edmund sobre mi, pude notar como me observaban mientras hablaban entre susurros. Y después finalmente el hombre enorme se acercó a mi.

- Criatura… ¿Nos conocemos?- me preguntó observándome con gesto escrutador.

- No lo creo… es la primera vez que estoy en Inglaterra- dije. Su rostro bonachón me daba cierta confianza- Me llamo Abigail Lillian Granger.

- ¿Has dicho Granger? ¿Tu madre acaso es Hermione Granger?

- Sí, sí que lo es- dije con ilusión ante la posibilidad de que aquel hombretón fuera conocido de mamá- ¿Usted la conoce?

- ¡Que si la conozco! Todavía recuerdo cómo era el primer día que pisó Hogwarts… el trío más inocente que ha pisado esos muros. ¿Qué te trae por Inglaterra?

- He venido a buscar a mi padre.

- ¿Sabes cómo encontrarle?

- No se… se donde trabaja, pero no se dónde vive. ¿Y usted cómo se llama?

- Hagrid. Rubeus Hagrid. Guardián de los terrenos y las llaves de Hogwarts y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.

Hagrid se enfrascó en hacerme preguntas y preguntas sobre mi madre. Por la preocupación de su gesto advertí que la apreciaba y eso me hizo sentir mucho mejor. Cuando acabé de comer, abordé el tema que me había llevado allí.

- ¿Usted sabe cómo encontrar a Harry Potter?

- ¡Por supuesto!. Harry y yo somos grandes amigos… ¿Crees que él puede saber algo de tu padre?

- Harry Potter es mi padre.

Creo que Hagrid pensó que me había vuelto loca. El parecerme físicamente a mi madre más que a mi padre no ayudaba mucho. Pero el color de pelo… y sobre todo el color de mis ojos, verdes, el mismo color que Harry y la abuela Lillian hizo que se diera cuenta de que no mentía.

- Esto no le va a hacer gracia… ¿Por qué esa maldita Hermione no le dijo nada?

Finalmente Hagrid me dijo cómo podía encontrar a mi padre. Me subí en la chimenea y aparecí en el Ministerio de Magia mediante polvos flu. Una mujer me indicó dónde estaba en departamento de aurores. Me acerqué a uno de los ascensores y descendí a la segunda planta rodeada de "memorandums" voladores. El cuartel general de aurores estaba al doblar la esquina. Abrí la gruesa puerta de roble y me vi en un espacioso lugar en el que a cada lado había cubículos que eran los despachos de los aurores. De repente una bruja de pelo rosa se chocó conmigo por que me había quedado parada en el medio observándolo todo.

- ¡Oh disculpe!- dije agachándome junto a ella para ayudarle a recoger sus papeles.

- No importa, iba un poco despistada ¿Nos conocemos?. El caso es que tu cara me resulta familiar…

- No lo creo. No he estado nunca en Inglaterra.

- Bah, es igual.

- Disculpa… Tonks- dije leyendo en la placa que llevaba prendida en el pecho- ¿Dónde puedo encontrar a Harry Potter?

- Despacho del fondo. Todo recto. Sin pérdida.

Y comencé a caminar pasillo adelante pasando por numerosos huecos hasta que vi la puerta que ponía "Harry J. Potter". Llamé suavemente y por primera vez oí su voz. Era varonil pero suave. Una suerte de congoja se me instaló en el pecho y sentí ganas de echarme a llorar como una cría. Abrí la puerta y le miré desde el rellano. Él parecía sorprendido.

- ¿Desea algo señorita?- dijo él.

Se puso en pie. Era un hombre alto, de espaldas anchas, pelo negro y revuelto, ojos verdes y gafas de montura al aire muy modernas. Vestía de traje y de aspecto bueno. Las paredes del despacho estaban recubiertas de caras que me miraban desde el cartel de "Se busca". Hasta que reparé en una de las fotografías que mamá había escondido. Salían Mamá, él y dos pelirrojos. Los dos pelirrojos y mamá estaban vestidos de calle. Harry vestía el uniforme del departamento de aurores. De repente empecé a sentirme mareada y noté cómo Harry me cogía para que no cayese y me ayudaba a sentarme. Hizo aparecer un vaso de agua.

- ¿Te encuentras bien bonita?- dijo.

- Solamente ha sido un día demasiado largo- dije sonriendo tímidamente.

Entonces fue cuando me atreví a mirarle por vez primera a los ojos. Él se levantó y se separó de mi como si hubiera visto un fantasma por primera vez.

- ¿Quién eres?- preguntó con un hilo de voz.

- Mi nombre es Abigail Lillian Granger. Mi madre es Hermione…

- ¿Y qué es lo que haces aquí?

- Según mi madre… tú eres mi padre.

Y de repente él comenzó a ponerse blanco y apenas fue capaz de llegar a su silla. Conjuró un vaso de un líquido color ambar, a simple vista parecía whisky de fuego y se lo vació de un trago. Y allí estaba yo, sentada frente al hombre que era mi padre y sin tener ni idea de qué decirle. Y él no hacía más que escribir notas.

- Y… ¿Y cómo has llegado hasta aquí?- dijo él.

- En vuelatrén.

- Claro, claro. ¿Cómo supiste dónde encontrarme?

- Me encontré con un hombre en el Caldero Chorreante que aseguraba que te conocía, Hagrid.

Harry asintió con la cabeza.

- Hermione debe estar preocupada- dijo.

- Me da igual- dije cruzando mis brazos sobre mi pecho como si fuese una niña pequeña- Me mantuvo engañada durante diecisiete años.

En ese momento la puerta se abrió estrepitosamente y la bruja de pelo rosa con la que me choque al llegar al departamento de aurores. Ella tenía cara de preocupación.

- ¡Qué ha pasado Harry!- exclamó ella.

- Nada, tranquila Dora. Dora, te presento a Abigail Lillian Granger. Abigail, ella es Nymphadora Lupin. Dora… Abigail es mi hija.

- ¿Tu queeee?- dijo sorprendida y con los ojos abiertos como platos.

- Sí, Hermione es una caja de sorpresas.

- Pero… ¿Hermione y tú?...

- Es una larga historia. Lo que me gustaría es que llevases a Abigail de compras. Id al caldero chorreante y recoged sus cosas y liquida su cuenta. Después llévala a "La Madriguera". Molly la estará esperando. Luego iré yo a recogerla. ¿Te importa Abigail?

- Eh… no…

No me esperaba que Harry se deshiciera con esa facilidad de mi. Me fui con aquella mujer mientras ella me explicaba la relación tan personal y estrecha que tenía con Harry. A parte de su jefe, Harry y ella eran amigos desde que tan solo era un muchacho asustado enfrentándose a Voldemort. Además Dora estaba casada con Remus Lupin, uno de los amigos del padre de Harry, osea, de mi abuelo James. Dora me llevó primero de compras como Harry le había ordenado. Después fuimos a "El Caldero Chorreante" donde Dora liquidó mi cuenta y recogimos mis cosas. Fuimos por "Polvos flu" a "La Madriguera". Caí sobre una mullida alfombra y lo primero que vi fue una mujer bajita y regordita cogerme y levantarme andes de darme un abrazo que casi me rompió todos mis huesos.

- Oh… la hija de Harry y Hermione… qué alegría me da conocerte querida… ¿Tienes hambre?- negué con la cabeza- es igual , te prepararé un te, es casi la hora. Tonks ¿Te quedas?

- Debo volver al Ministerio.

Dora volvió a desaparecer y yo me quedé con aquella mujer. Me pasó un brazo por encima de los hombros y me llevó a la cocina. Estaba tomando el te cuando oímos el sonido de la chimenea y unos segundos después la voz de una chica.

- ¡Abuelaaa! ¡Abuelaaa! ¿Dónde estás?- dijo ella.

- En la cocina, cielo…

Entonces entró una chica pelirroja con los ojos azules, alta, delgada y con una sonrisa dulce. Era muy guapa.

- Abuela…- dijo ella dándole un abrazo a Molly.

- Liz, esta es Abigail. Abigail, esta es mi nieta Elizabeth Weasley. Es la hija pequeña de mi hijo Bill. Liz, Abigail es la hija de Harry.

Elizabeth se sorprendió, pero no dijo nada. Molly y Elizabeth no dejaron de hacerme preguntas hasta que llegó la hora de la cena.

Estaba sentada en mi cama, con un álbum de fotos de cuando Abigail era un bebé abierto sobre mis piernas. Las lágrimas no dejaban de correr por mis mejillas. Me mataba el no saber dónde estaba, si estaba bien o estaba mal. Albergaba la esperanza de que consiguiera encontrar a Harry. Si lo encontraba, sabía que con él estaría segura. La puerta se abrió lentamente y entró Cielo. Se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza. Yo me acurruqué a su lado llorando como una magdalena.

- Tranquila, Hermione, Aby estará bien. Es una chica lista.

- ¿Cómo pude hacerle eso? Abigail… ella tenía derecho a conocer a su padre… yo…

- Creías que la protegías, Hermione…

En ese momento un rayo de luz plateada entró a través del reloj. Se fue agrupando formando un ciervo plateado. El corazón me dio un vuelco. Sabía muy bien que aquel era el patronus de Harry.

- Hermione, Abigail está aquí en Londres. Ahora mismo está con Tonks y ella la va a llevar a La Madriguera. Tranquila, está sana y salva. Ven cuanto antes. Creo que tenemos mucho de lo que hablar.

Y el ciervo desapareció con la misma rapidez que había llegado. Harry no parecía enfadado, solamente decepcionado, lo sabía por su tono de voz. También sabía que era mucho mejor enfadarle que decepcionarle. Envié una nota al Ministerio diciéndome que me ausentaba un par de días por problemas personales y me puse a preparar la maleta. La noticia de que Abigail había aparecido se extendió por el hogar e inmediatamente tenía a mi lado a Margarita pidiéndome que la llevase conmigo. Me despedí de todos y me desaparecí para hacerlo en el callejón que habíamos utilizado el día que nos colamos en el Ministerio de Magia cuando estaban buscando a Harry. Entré en el Ministerio de Magia a través de la cabina de teléfono. La gente que allí había me miraba de reojo con gesto sorprendido. Pero me importaba un pimiento lo que los demás pensasen. Fui directamente al departamento de aurores después de recoger mi placa en la entrada. Harry me estaba esperando en su despacho. Durante unos segundos, tan solo unos segundos sentí que me habían robado el aliento. Hacía diecisiete años que no lo veía y todavía seguía consiguiendo que mis piernas se aflojasen ante su mirada. Me mantuve en pie hasta que me dijo, bastante sereno, que podía sentarme.

- Podías habérmelo dicho- dijo con una voz que no me parecía la suya. No había enfado, pero estaba cargada de reproche- No creo que fuese mucho pedir… no te hubiera retenido a mi lado si tú no querías saber nada conmigo. Yo estaba enamorado de ti con locura. Lo sabes… pero hubiera aceptado que tú ya no me querías… pero ocultarme durante diecisiete años a mi hija… eso si que no me lo esperaba de ti.

- Tú… tú trabajabas mucho… hacía poco de la muerte de Minerva… no me prestabas mucha atención… Creí que mi embarazo nos uniría… Recibí una amenaza Harry. Nadie sabía que estaba embarazada. Entonces me llegó un anónimo que decía que iban a matar al bastardo que llevaba en mi vientre.

- ¿Por qué no me lo contaste?

- No se por qué lo hice- dije rompiendo a llorar- Me dejé llevar por el miedo… y créeme que lo he lamentado cada segundo de estos diecisiete años. Yo no dejé de quererte. Nunca lo hice.

- Está bien, te creo… es hora de que vallamos a La Madriguera.

- Harry… no me odies… por favor…- dije temerosa de que jamás me perdonase lo que le había hecho

- Tranquila, no lo hago. Me hubiera gustado que las cosas fuesen de otra forma… pero lo hecho, hecho está- dijo con cierta resignación en su voz.

Harry cogió su maletín. Me dijo que nos íbamos a desaparecer y reaparecer delante de la puerta de La Madriguera. Justo antes de llamar oí un enorme bullicio en el interior. Harry llamó al timbre y Molly fue a abrir la puerta. Se lanzó sobre mi como loca, apretándome con fuerza. Parecía que esa mujer incrementaba su fuerza con los años. Entonces vi la cara arrepentida de Abigail por detrás de Molly. Ni se me pasó por la cabeza reprocharle nada. La tomé entre mis brazos llorando y rogándole que no me volviera a hacer algo como aquello. Harry nos miraba con ternura, una ternura que nunca había visto en sus ojos.

- Vaya, vaya, qué calladito te lo tenías Granger- este era Ron que estaba apoyado sobre el marco de la puerta.

- ¡Cómo me alegro de verte Ronnie!- exclamé avanzando hacia él para abrazarle con fuerza. Me alegré cuando me devolvió el abrazo. Cuando me fui no habíamos quedado muy bien.

- ¡Oh, por las barbas de Merlín! Hermione… no me llames así… Ahora soy padre de familia

- ¿Y Ginny?

La susodicha salió de la cocina. Nos quedamos mirando unos segundos, dubitativas las dos. Pero al final nos fundimos en un fortísimo abrazo. Ginny y Ron no habían cambiado mucho en esos años que habían pasado. Estaban mucho más adultos, pero por lo demás seguían físicamente igual.

- Chicas, ¿Por qué no vais a dar una vuelta?- dijo Molly a Elizabeth y Abigail. Los años pasaban, pero Molly seguía usando las mismas técnicas.

Las dos chicas pusieron cara de fastidio y se fueron. Nosotros entramos en la cocina.

- ¿Por qué nos la ocultaste todo este tiempo?- dijo Ron a Harry con resentimiento.

- Yo no sabía nada- se excusó Harry.

Les conté todo lo que había pasado, cómo había llegado a Buenos Aires y al Hogar Mágico. Después les enseñé una foto reciente de toda la gran familia.

- ¿Todavía tienes esa nota?- dijo Harry.

- No se… quizás… pero si la tengo está en Argentina.

- ¿Quién crees que pudo amenazarte así?- preguntó Ronald.

- No lo se…- dijo Hermione.

- De todas formas, mientras Abigail esté conmigo, está segura. No te preocupes por ella, Hermione

Harry me tomó la mano por encima de la mesa. Sentí una sensación cálida recorrerme todo el cuerpo. Molly se puso a preparar la cena mientras que no dejábamos de hablar y hablar.