20/Junio/2008: Segundo capítulo por hoy. Momento Harry/Hermione os gustará. Besos
CAPÍTULO 7: LA FAMILIA
Una mañana más amaneció en El Valle de Godric. Era una mañana hermosa, brillante, luminosa. Me levanté de mi pequeña cama nido con los nervios por lo que iba a pasar ese día. Cuando bajé las escaleras era mamá la que había usurpado la cocina. Todavía iba en pijama, mamá ya estaba arreglada. Estaba fresca como una lechuga después de la cena del día anterior. Se había recogido el pelo dejando caer algunos rizos descolocados. Me gustaba mucho cuando se peinaba así. Estaba muy guapa. Iba maquillada ligeramente y llevaba unos pendientes discretos. Llevaba un vestido en tonos verdes, cruzado de estampado geométrico y zapatos de color verde. Cuando papá entró en la cocina, ya vestido de traje para irse a trabajar se quedó sorprendido por que mamá había hecho el desayuno.
- ¿De dónde has sacado esas cosas?- dijo mi padre.
- Es una sorpresa. Esto de aquí son Alfajores y eso medias lunas.
- Pero… ¿De dónde las sacaste?- inquirió
- De Argentina. Ayer por la noche no me podía dormir así que me aparecí en casa- Yo abrí los ojos por la sorpresa- Recogí unos papeles que necesitaba, estuve con Margarita, Cielo y Nico y asalté la despensa de Feli.
- ¿Y Margarita no te dio nada para mi?- dije un poco triste.
- Sí. Me dio una carta. La tengo arriba.
Contenta, me serví mi leche con cacao de todos los días y cogí un Alfajor. Es curioso como cuando tienes acceso a algo no lo aprecias, es más ni siquiera te acuerdas de ello, pero cuando no puedes tenerlo se convierte en el manjar más exquisito del universo. Degusté lentamente el suave chocolate y el sabor del dulce de leche. Pero a pesar de eso no me pasaron desapercibidas las miradas que papá le echaba a mamá. Contenta, pensé que esos dos tortolitos no tardarían mucho en volver a estar juntos y yo, por primera vez tendría a mi familia tan deseada. Cuando papá acabó de desayunar se puso en pie.
- Me voy al Ministerio. Ya sabéis dónde encontrarme si me necesitáis- dijo
- ¡Papi un beso!- dije poniéndome en pie.
Papá me sonrió y yo me aferré a su cuello y le di un beso en la mejilla. Nuestras miradas se cruzaron unos segundos. Estaba emocionado. Se fue hacia la sala y unos segundos después oímos el sonido de la chimenea.
- Venga gorda, vete a cambiarte que tenemos que irnos.
Corrí escaleras arriba para encerrarme en el cuarto de baño. Mamá se quedó recogiendo los cacharros del desayuno. Me di una ducha con jabón perfumado de fresa y me sequé el pelo dejándolo completamente liso. Tenía que causar una buena impresión a las personas que iba a conocer esa mañana. En mi habitación me puse un vestido multicolor, de estampado geométrico, con flores…amplio y cómodo que me gustaba mucho. Me puse mis sandalias favoritas. Eran de cuña en plateado y con brillantes en las tiras. Me aparté un poco el pelo de la cara con unas horquillas de strass y me puse unos pendientes de aro con una bolita de cristal de murano de colores. Saqué de mi joyero la pulsera a juego con esos pendientes. Cogí mi bolso y bajé las escaleras.
- ¡Ya era hora!- dijo mamá. Ella también estaba nerviosa.
Salimos de casa de papá. Entramos en la cochera que estaba adyacente a la casa. El coche de mi padre era un Toyota Land Cruiser de color gris. Nos subimos en él y mamá empezó a conducir. El coche estaba modificado mágicamente así que en un periquete estuvimos en Londres. Yo sabía más bien poco sobre mis abuelos maternos. Sabía que mis abuelos paternos habían muerto hacia muchos años, esa historia había dado la vuelta al mundo mágico. Mamá nunca me había hablado mucho sobre su familia. Es más, cuando yo le preguntaba ella siempre me daba largas. Esa mañana descubrí que mis abuelos vivían en el barrio de Kensington, el barrio de los ricos de Londres. Tenían una pequeña casa con jardín rodeado por una verja de forja. Era la casa perfecta. Había un perro en el jardín, era apenas un cachorro de pastor alemán y el jardín estaba lleno de juguetes. Noté a mamá más nerviosa que nunca. Nos bajamos del coche y mamá se acercó a la verja, pero no pudimos entrar porque aquel perro no dejaba de ladrarnos. En seguida una mujer salió a ver qué pasaba. Era alta, delgada, rubia y con una figura envidiable. Debía tener unos treinta y cinco años. Aquella mujer echó a correr hacia mi madre, las dos se abrazaron con fuerza. Después de unos primeros momentos muy emotivos, mamá procedió a las presentaciones.
- Abigail, hija, esta es tu tía Andrea. Andy, esta es Abigail.
- ¡Por Dios Santo!, si ya eres toda una mujercita- dijo mi tía Andrea, la hermana de mamá.
- Pero pasad, pasad- dijo ella.
Andrea nos acompañó al interior de la casa. Mamá empezó a mirar a su alrededor con nostalgia. En ese momento tuve constancia de que aquellos eran unos desconocidos para mi. Entramos en la sala de estar. Vi todo el mueble del salón lleno de fotografías, pero en ninguna aparecíamos mi madre o yo. Mi tía Andrea que era un año más joven que mi madre era profesora de jardín de infancia. Estaba casada con un tal Andrew Caine, inspector de policía. Tenían tres hijos, Idalis que era la mayor y tenía trece años, Serena, de once y Prudence de ocho años. A parte de Andrea mi madre tenía otro hermano más pequeño y otro mayor. Su hermano mayor, el tío Matt (de Matthew), era también dentista como los abuelos y se había quedado con su consulta al jubilarse éstos. Su mujer se llamaba Caroline y tenían dos hijos, Alyss de veinte años y Penélope de mi edad. Los juguetes del jardín pertenecían a Darrell, la hija de Penélope. El hermano pequeño de mamá, Gilbert era profesor de filosofía en la universidad de Londres. Estaba casado con Mark Jonson, un escritor de novela histórica. Mi abuela, la madre de mi madre, Jean Granger, no tardó mucho en llegar a su casa. Había ido a hacer la compra. Mi madre y ella se quedaron unos segundos mirándose antes de fundirse en un abrazo. Las dos empezaron a llorar como magdalenas.
- ¿Es quien creo que es?- dijo mi abuela mirándome
- Sí. Es mi hija… se llama Abigail.
La abuela me tomó llorando entre sus brazos. Después de las presentaciones iniciales le dijo a la tía Andrea que nos llevase al jardín. Ella sacó unos refrescos y pastel.
-Vivo en Buenos Aires. En una casa que es un Hogar de acogida. Acogemos niños que viven en la calle. Se llama "Hogar Mágico". Soy la jefa del departamento de aplicación de Ley Mágica… y no se qué más decir…- dijo mamá después de haberles contado que yo me había escapado y por eso estábamos las dos aquí.
- ¿Por qué no venís a cenar esta noche? Avisaré a tus hermanos…
- Es mejor que sea mañana… esta noche Harry va a hacer una gran cena familiar en su casa. Ya sabéis… nuestra familia mágica.
- Vale, pero prometedme que mañana vendréis a cenar. Y tráete a Harry, me gustará volver a verle.
Aquella noche mi padre me dejó a cargo de recibir a todos los invitados. Tarea tediosa donde las haya. Tenía que recibirles y llevarles hasta el jardín. El vestido de la mañana había sido sustituido por unos shorts de tela brillante de color blanco con rayas a los laterales de color rojo. Con una camiseta sin mangas con animalitos estampados. Y unas converse rosas. La primera en llegar fue Dora. Iba acompañada de su marido, Remus Lupin. Su hijo Teodor, Teddy llegó un poco después con su mujer, Victoire. Vicky como la llamaban sus seres queridos era la hija mayor de Bill y Fleur Weasley, la hermana mayor de Liz. Fleur y Bill también acudieron a la cena con Liz. Jerome, su hijo mediano estaba de viaje por lo que no había podido asistir. Ron llegó con su mujer y sus tres hijos, los dos mayores ya habían vuelto de Hogwarts. Ron estaba casado con Luna Lovegood, redactora jefe de "El Quisquilloso". Ethan era su hijo mayor que tenía quince años, le seguía Alan de trece y Rose de once que empezaría en Hogwarts en Septiembre. Ginny llegó con su marido, Neville Longbottom, herbólogo jefe de San Mungo y sus tres hijos. Terry y Mackenzie que eran gemelas y tenían once años, ese Septiembre empezarían Hogwarts y Barry de nueve años. Arthur y Molly Weasley también acudieron así como Rubeus Garrid, me alegró volver a verle. Cuando todos hubieron llegado me reuní con mi familia en el jardín. Mi padre y Ron estaban haciendo la barbacoa y mamá charlaba animadamente con Ginny. Los niños jugaban en el jardín. Liz estaba sentada sola mirando al cielo. Yo fui hacia ella. Liz había sido muy amable el día que llegué a Inglaterra y esas cosas eran de agradecer.
Aquello era lo que siempre había soñado, pero que el destino me había arrebatado cruelmente. Harry, Abigail, yo y todos nuestros amigos. De repente empezaba a pensar que no había sido tan buena idea irme. Debía haber tenido más paciencia con Harry. Si las cosas solamente hubieran sido un poco diferentes… Ginny me hablaba sobre no se qué de Quidditch. Solamente podía ver a Harry detrás de la Barbacoa, charlando con Ron. Veía cómo sonreía. Su pelo revuelto, su cara perlada de sudor por la cercanía al fuego, llevaba unos pantalones vaqueros y un polo. Vi cómo Abigail se acercaba a él. Los dos se abrazaron. Harry le dio un beso en la mejilla. Me encantaba verles así, como siempre debió ser.
- No le mires tanto que le vas a desgastar- dijo Ginny a mi oído.
- Ginny…- dije dándole un codazo.
- Hermione… Harry acudiría a ti con que solo chasqueases los dedos… está muerto de amor por ti…
- Él está con Cho y eso lo respeto.
- ¡Por favor! Tanto tú como yo sabemos que es demasiado bueno para ella.
- Pero Harry la escogió a ella…
- ¡Por que tú no estabas! ¿Recuerdas que me dejó por ti?
- Igual ya es hora de que chasquees los dedos y seáis felices…- dijo Luna que se había añadido a la conversación.
Refunfuñando me separé de ellas para reunirme con Ronald y Harry.
- Tu hija es una preciosidad- dijo Ron- No se a quién se ha salido.
- Gracias por tu voto de confianza amigo…
- Tus hijos si que son guapos…- dije.
- Es que se salen a su padre- dijo Ron estirando el cuello como si se tratase de un pavo real.
Harry y yo reímos.
- Como si Luna no hubiera aportado la mitad de su material genético.
- ¿Eh? Te juro que no te entiendo cuando empiezas a hablar como los muggles, Hermione.
Cuando la fiesta acabó Liz y Abigail estaban todas emocionadas porque Liz se iba a quedar a dormir. Subí a la habitación de Abigail que una vez había sido de Harry para sacar la cama supletoria. Cuando volví a bajar le dije a Abigail que silenciasen la habitación para poder montar todo el escándalo que quisieran. Harry y yo comenzamos a recoger todo lo de la cena y cuando acabamos yo me quedé en el jardín, sentada en el borde de la piscina con los pies metidos en el agua helada. Harry se sentó a mi lado después de un rato.
- ¿Cómo no invitaste a Cho y a Drew?- dije.
- A Cho no le gustan estas cosas. No se lleva bien con Ginny y Luna. Por eso no le gustan estas reuniones. ¿Vas a ir mañana a cenar a casa de tus padres?
- Sí. No me puedo creer que Matt sea abuelo y que Gil sea gay!. He pasado demasiado tiempo fuera- dije esto último con pena.
- Debió ser difícil criar a Abigail tú sola.
- No estaba sola. El "Hogar Mágico" es como una gran familia ¿sabes?. Tuve mucha ayuda para criar a Abigail.
- ¿Cómo era de niña?, era traviesa, más tranquila, le gustaban ya los libros…
- Siempre tuvo predilección por los libros, pero también un talento especial para la magia. No era excesivamente traviesa. Era más Margarita, la hija de Cielo y Nico, Abigail se dejaba arrastrar por ella y Gabriel. Siempre fue muy coqueta. Y es muy inteligente. Ha sido capaz de acabar sus estudios en el instituto en el cuadro de honor, acabar sus estudios de bruja con excelentes en casi todas las materias… Creo que ha heredado lo mejor de ti y de mi.
- Me hubiera gustado conocerla antes.
Harry y yo nos miramos a los ojos. Odiaba que siguiera ejerciendo ese control sobre mi. Odiaba que cada vez que me miraba mi cuerpo se volviese flojo. Odiaba saber que podía hacer de mi lo que quisiera si me miraba con sus ojos verdes. Nuestras miradas estaban enganchadas, reconociéndose. Harry alzó su mano para apartar unos rizos rebeldes de mi cara. No pude evitar cerrar los ojos y deleitarme en cada segundo de su caricia. Al abrirlos noté que estaba mucho más cerca de mi. Nuestras miradas se encontraron. Su mano se posó sobre mi mejilla y poco a poco fue descendiendo hacia mi nuca. Cuando sentí sus labios sobre los míos sentí dentro de mi como si un terremoto se desatase. En un primer momento su beso fue una caricia apenas imperceptible, un roce suave y tranquilo. Pero casi inmediatamente nuestros labios y nuestras lenguas se unieron en un beso fiero, apasionado, intentando quemar un poco de la pasión que habíamos contenido durante diecisiete años. Pero en cuanto reaccioné me puse en pie, separándome de él.
- Esto no está bien Harry- dije y corrí adentro
Subí las escaleras corriendo y me encerré en su habitación. Me tiré sobre su cama llorando y maldiciendo el momento en el que se me ocurrió irme.
La cena con mi familia estuvo genial. Pude ver a mis hermanos, a mi padre, a mis sobrinos… Había sido estupendo poder verlos de nuevo. Había llegado el inevitable momento de la separación de Abigail. Tenía que irme de allí por que como siguiera mucho tiempo bajo el mismo techo que Harry, acabaría cometiendo una locura. No habíamos mencionado el beso que nos habíamos dado en la piscina, era mejor así. Correr un tupido velo sobre el incidente y hacer como si nada, continuar con nuestras vidas. Me levanté y empecé a hacer la maleta. Podía oír la dulce risa de Abigail abajo mientras que guardaba todas mis cosas. Hice la cama y dejé todo como si nunca hubiera estado allí.
- Buenos días Hermione- dijo Harry sonriéndome cuando entré en la cocina.
- Buenos días mami- dijo Abigail contenta.
- Buenos días a los dos- dije triste.
- ¿Has dormido bien?- preguntó Harry con tono casual.
- Sí, gracias… verás… yo me tengo que ir…- dije. ¿Por qué de repente las palabras parecían desaparecer de mi cerebro bajo la mirada de Harry? Aby me miró sorprendida y decepcionada- Yo… tengo trabajo… el hogar…
- Oh, claro, lo entiendo- dijo Harry con decepción en sus ojos que hizo que el corazón me latiese más deprisa.
- ¡Pero yo no me quiero ir!- protestó Abigail.
- No tienes que hacerlo cariño. Puedes quedarte aquí con papá… si él quiere.
- Claro que quiero. Me encantaría- dijo Harry rápidamente.
- Entonces… asunto zanjado… cuando quieras, te estaré esperando en Buenos Aires- le dije a Abigail.
Nos pusimos en pie y nos abrazamos y nos dimos un beso. Salí de la cocina intentando controlar el torrente de lágrimas que peleaba por salir de mis ojos. Subí las escaleras sin darme cuenta de que Harry me seguía.
- Hermione…- dijo haciéndome mirarle a los ojos una vez en su habitación.
- Harry… yo no pinto nada aquí- dije lastimeramente- Tú tienes tu vida, tu familia. Aby es tu hija y puedes estar con ella todo lo que quieras… pero yo… yo no tengo nada aquí…
Me deshice de Harry y cogí mi maleta y me desaparecí. Cuando abrí los ojos mi habitación en el Hogar Mágico estaba ante mi. Me dejé caer en la cama llorando, antes de bajar abajo para decir que había llegado. Todos me rodearon para conocer las noticias sobre Abigail. Pero sentía que una parte de mi se había quedado en Inglaterra. Mucho más de lo que yo deseaba.
