23/Junio/2008: Gracias por vuestros reviews y por entrar en mi metroflog.

Hoy tenemos un capítulo con momento Abigail / Gabriel y un momento muy mono al final Harry / Abigail.

Espero que os guste y que me dejéis reviews y me vayáis contando que os va pareciendo, las partes que más os gustan, las que os disgustan, etc...


CAPÍTULO 8: TRAFALGAR SQUEARE

Poco a poco la relación con mi padre se fue afianzando, haciendo cada vez más estrecha, Fui conociendo todo su mundo, sus amigos, sus compañeros, toda la gente que quería. Me enseñó a jugar al quidditch y descubrí que llevaba el gen de los Potter para este deporte. Muy a menudo papá organizaba partidos con sus amigos en los que me permitía participar. Y además me había comprado una escoba genial. Era una "Saeta de fuego X". Ligera, pequeña, veloz y estable, perfecta para una chica como había dicho el hombre de la tienda de artículos para Quidditch. También me regaló una snitch con mi nombre grabado. Aquella mañana Tinkerbelle, la elfina de papá estaba sirviéndome la leche con el cacao cuando entré en la cocina. Belle como la llamábamos nosotros me había tomado mucho cariño, y todo hay que decirlo, yo a ella también. Papá todavía no había bajado a desayunar.

- Buenos días señorita- dijo Belle.

Había desistido en cuanto a intentar que me llamase por mi nombre. Me senté en el lugar donde me sentaba cada día. Minutos después papá bajó anudándose la corbata. Se sentó a mi lado y desplegó la edición diaria de "El profeta".

- ¿Qué tienes hoy en tu agenda, Aby?- me dijo sonriendo.

- Trafalgar Squeare y la National Gallery.

- Bueno, pues pásalo bien.

- Liz está empeñada en enseñarme cada lugar interesante de Londres. Me está empezando a gustar Londres. Además Liz sabe mucho de historia. Me cuenta la historia de los lugares a los que vamos. Me encanta ir con ella. Es como mi guía particular.

Papá sonrió. Yo volví a la tediosa tarea de untar mis tostadas con mantequilla y después mermelada.

- Oye, ¿Qué te parece si me vas a buscar al Ministerio de Magia a la salida del trabajo y vamos a comprar esos muebles que te prometí para tu habitación?

- ¡Oh papá! ¡Gracias!

Me levanté para lanzarme a su cuello y darle un beso. Papá se puso colorado, rojo como un tomate y sus ojos verdes se empañaron por unos segundos. Papá me había dicho que me podía quedar con la habitación en la que había dormido el primer día. Así que con la inestimable ayuda de Liz y Tinkerbelle había sacado todos los muebles que allí había y la había pintado de color rosa. Mientras tanto, dormía en la habitación de invitados. Entré en la habitación de invitados y cogí mi neceser y fui hacia el cuarto de baño. Quería darme una ducha antes de irme a "El Caldero Chorreante" que era donde había quedado con Liz. Papá subió a decirme que se iba, pero solamente abrió una minúscula rendija la puerta. Me duché tranquila mientras que canturreaba una canción. Después volví a mi cuarto envuelta en mi albornoz. Me vestí rápido, pantalones vaqueros una camiseta de manga larga y cuello vuelto, un jersey de cuello en pico, las deportivas y la cazadora. Rebusqué en mi bolso comprobando que estuviera todo. Llaves, monedero, teléfono móvil, reproductor de mp3, cartera, cámara de fotos, gafas de sol (aunque no creyera que las necesitaba), cámara de fotos, etc… Después bajé las escaleras y entré en la cocina. Belle fregaba los cacharros del desayuno. Le dije que me iba y lo hice utilizando la chimenea para ir a "El Caldero Chorreante". Allí estaba Liz. Juntas salimos de allí y fuimos caminando hacia Trafalgar Squeare a través de Charing Cross. Trafalgar Squeare era una de las plazas más famosas de Inglaterra. Tanto por la National Gallery, la Columna del almirante Nelson o las palomas que allí "habitaban". La columna del almirante Nelson está situada en el centro de la plaza, rodeada por dos fuentes y por los los famosísimos cuatro leones de bronce. En las cuatro esquinas de la placa se situan cuatro plintos, tres de ellas albergan estatuas. El cuarto plinto fue colocado para instalar una estatua de Guillermo IV aunque en la actualidad se usa para la exhibición de obras de arte. Al norte está la National Gallery y la iglesia de St. Martin-in-the-fields. Liz me arrastró a la National Gallery y a la National portrait Gallery. A lo tonto nos tomamos toda la mañana para ver la National Gallery donde había una exposición muy interesante sobre pintores españoles, con algunos de los cuadros más famosos del museo de "El Prado" en Madrid. Cuando salimos de allí fuimos a un bar cercano a comer algo. Pedimos unos sandwich y refresco. Después de comer volvimos al ataque con la National Portrait Galery, muy interesante. Pero cuando salimos de allí estaba harta ya de ver cuadros. Menos mal que al día siguiente mi guía particular me llevaría a "La torre de Londres". No es que me interesase especialmente la lección de historia que Liz podía darme, sobre todo de su pasado oscuro. Pero moría por ver las joyas de la corona. Fuimos hacia las fuentes donde estuvimos dándole de comer a las palomas de la plaza, uno de los pasatiempos favoritos de toda la gente que pasaba por Trafalgar Squeare. Liz y yo estábamos empeñadas en hacer un documental sobre mi estancia en Inglaterra para enviárselo a mis amigos en Argentina. Liz era una maniaca de todas las cosas muggles que cayeran en sus manos, al igual que lo era su abuelo Arthur, así que en cuanto le enseñé a utilizar mi cámara, no se despegaba de ella. Y lo cierto era que era muy buena grabando. Liz me había mandado apoyarme en el borde de una de las fuentes y hablarles a mis amigos en español. Estaba haciendo la introducción cuando sentí que alguien me tocaba en el brazo. Al girarme lo vi y en ese momento no hubiera sangrado si me hubiesen pinchado. Gabriel llevaba el pelo más corto aunque igualmente rizado. Sus ojos azules se escondían detrás de sus gafas. Llevaba barba de varios días, vestía camisa blanca con un jersey de punto, pantalones vaqueros y una chaqueta de cuero.

- Excuse me- había dicho en inglés.

No hicieron falta más palabras. Me puse de puntillas y le rodeé el cuello. Apoyé mi cara sobre el hueco que dejaba su ropa al lado de su cuello, intentando esconder las lágrimas que luchaban por salir de mis ojos. Él me rodeó con sus brazos.

- ¿Qué haces aquí?- logré articular cuando nos separamos.

- Beca para estudiar en Oxford…

- ¡Es verdad! Pero… no deberías estar en Oxford.

- He venido con unos colegas a un curso en la universidad. Aprovechamos las tardes para hacer un poco de turismo. ¿Y tú?. Hermione nos dijo que te quedaste con tu padre.

- Sí. Es un tipo genial. Ehhh… esta es Elizabeth Weasley. Es mi guía particular. Es sobrina del mejor amigo de mi padre. Casi como de la familia.

Entonces me di cuenta de que Elizabeth había grabado todo con la cámara. Se había quedado tan sorprendida que no había parado de grabar. Me presentó a sus amigos que se llamaban Andrea, Pierre, Christian y Miles. Andrea era italiano, Pierre francés, Christian alemán y Miles estadounidense. Todos estaban allí de viaje de estudios. A lo tonto nos pasamos el resto de la tarde allí charlando. Liz hizo buenas migas con Miles y Gabriel me contó su llegada a Inglaterra. Cuando me di cuenta era la hora de irme.

- ¡Es esta hora ya!- dije- tengo que ir a buscar a mi padre- dije ante la mirada lastimera de Gabriel.

- Es verdad, yo todavía tengo que volver a casa- añadió Liz.

- ¿Podemos vernos mañana por la tarde?- dijo Gabriel.

- Por supuesto que puedes- dijo Liz- Quedamos después del almuerzo en la entrada de la Torre de Londres y ahora vámonos…

Liz tiró de mi en dirección a Charing Cross. Durante todo el camino no dije nada. Liz había estado imperdonablemente grosera. En el Caldero Chorreante ella se subió primero a la chimenea para irse a su casa y yo me subí para ir al Ministerio de Magia. Crucé el atrio hasta los ascensores donde fui al segundo piso, el departamento de Seguridad Mágica. En el estaba el departamento de aurores.

Siempre recordaría los primeros días que pasé con Abigail como los más confusos de toda mi vida. Ni siquiera la incertidumbre que sentía cuando intentaba matar a Voldemort se comparaba a aquella sensación. Verla todos los días era casi como una tortura. No solamente se parecía físicamente a Hermione sino que cada gesto, sus palabras, sus maneras, sus tonos de voz… estaban en ella. Cada actitud de Abigail me hacía recordar a Hermione. Y algo dentro de mi se revolvía al pensar en ella. Ya me había dado cuenta de que mi relación con Cho era por mera conveniencia. Habíamos empezado a salir más por conveniencia que por amor y ahora estaba pagando por ello. Estaba completamente abstraido en mis pensamientos sobre mi vida amorosa cuando Tonks entró en mi despacho.

- Uy… qué pensativo estás… ¿Aby te da problemas?- dijo Tonks.

- Qué va… es la niña más buena y más educada que he conocido nunca. Hermione ha hecho un gran trabajo criándola. La admiro por ello.

- ¿Has sabido algo nuevo sobre aquella amenaza?

- Lo están estudiando. Pero hace demasiado años…

- ¿Has sabido algo de Hermione?

- No mucho. Lo que Aby me cuenta. Ellas se escriben por Internet. Pero Hermione no se ha puesto en contacto conmigo.

- Todavía no puedo entender por qué la dejaste marchar. Yo pensaba que volveríais a intentar algo… aunque fuese solamente por Aby.

- ¡Tonks! Han pasado muchos años de lo nuestro… No es el momento.

- ¿Y cuando va a ser el momento? ¿Cuándo te decidas a ver la cara de bobo que pones cuando piensas en ella? ¿O cuando ella encuentre a alguien que esté dispuesto a estar con ella?

Cuando Tonks usaba ese tono era para echarse a temblar. Y había puesto en palabras el sentimiento más oculto de mi corazón. El sentimiento que yo mismo me decía una y otra vez que no existía. Desde que ella había desaparecido su recuerdo iba asociado al sufrimiento. Hermione me había hecho más daño que cualquier otra persona en el mundo, más desde que sabia de Abigail. Y por muy enamorado que estuviera de Hermione, para estar con ella necesitaba arriesgarme y no sabía si estaba dispuesto a hacerlo. En el momento en que Tonks iba a volver a la carga se abrió la puerta de repente apareciendo Abigail como si hubiera llegado corriendo.

- Siento haber llegado tarde papá… nos entretuvimos un poco en Trafalgar Squeare- dijo ella entrecortadamente.

- No importa- dije- ¿Nos vamos?

Abigail asintió con la cabeza. De aquella forma podía escapar de Tonks y su charla sobre Hermione hasta que le volviera a dar por ahí. Abigail y yo fuimos a una mueblería que tenía localizada cerca del Ministerio de Magia. Abigail tardó en decidirse, pero cuando lo hice, pagué con mi tarjeta de crédito muggle y nos llevamos los muebles haciéndolos pequeños y después modificando un poco la memoria del vendedor. Abigail había escogido una cama muy ancha de forja en la que poder dar vueltas y vueltas. Una mesita de noche pintada en amarillo pastel. Una cómoda con muchos cajones, la cual decía que iba a pintar a colorines, un armario en amarillo con las puertas de cristal traslúcido. Un tocador de color violeta pastel. Después fuimos a una tienda de bricolaje donde compró varias cosas más. Una mesa que consistía en dos caballetes y un tablero de cristal, un corcho para la pared, un cristal de cuerpo entero en forma de zigzag, una balda y diversos accesorios para colocar por ahí. Después de eso pasamos por una tienda para comprarle sábanas y un edredón y las cortinas para la ventana.

- ¿Crees que podrás areglártelas tú sola?- dije.

- ¡Por supuesto! ¡Soy una chica con recursos!

- No lo dudo. Pero si quieres que te eche una mano…

- No hará falta. Belle estará ahí por si me clavo una astilla. Papá… he estado pensando una cosa… si soy tu hija… y a ti te parece bien por supuesto… es una tontería que no lleve tu apellido ¿verdad?. Abigail Lillian Potter suena mejor.

Sentí que un nudo se instalaba en mi garganta y que apenas me dejaba respirar con normalidad. Yo solamente acerté a sonreírle y asentir. Tenía miedo de que si decía una palabra me pondría a llorar como un crío. Ella era lo mejor que me había pasado en años.