26/Junio/2008: Hola de nuevo!. Hoy os traigo otro nuevo capítulo. Intentad reprimir vuestros instintos asesinos hacia mi persona. En este capítulo tenemos un momento Harry/Hermione subidito de tono y la reaparición estelar de los malotes del primer capítulo.
Espero que os guste. Gracias x todos los reviews q me estáis dejando. Se agradece.
xoxo
CAPÍTULO 12: DESAPARECIDA
Después de Navidad mi vida volvió a la normalidad. Cielo, Nico, Margarita y mamá volvieron a Buenos Aires. Me sorprendió mucho saber que su vuelta era solamente por unos días. Así que para el día de Nochevieja mamá estaba ya viviendo con los abuelos. Papá le había ofrecido quedarse en casa con nosotros, pero ella había rechazado la oferta, no se por qué. Gabriel por su parte había vuelto a Oxford. Le notaba raro, estaba distante, me rehuía continuamente y yo no entendía qué era lo que había hecho que le había ofendido. En cuanto a mi trabajo estaba muy contenta. Me habían puesto con Anthony Geller, uno de los mejores aurores del Ministerio. Era duro e implacable pero a mi me gustaba que continuamente me pusiese a prueba. Con él me sentía como una esponja, absorbiendo todo lo que podía enseñarme. Si tenía algo bueno ser auror en prácticas era que los fines de semana los tenía libres. Por eso aquel Sábado estaba en casa. Papá y mamá trabajaban, así que estaba sola. Estaba navegando por Internet cuando de repente me llegó el aviso de un nuevo correo electrónico. Lo abrí con gesto de aburrimiento pensando que sería publicidad, pero cuando vi que era un e-mail de Gabriel el corazón se me puso a latir como loco.
"Hola Aby: ¿Nos vemos esta tarde a las cinco en Trafalgar Squeare?. Tenemos que hablar. Besos Gabriel"
El mensaje era corto, demasiado escueto para lo que solían ser los mensajes de Gabriel. Pero no sospeché nada. Pensaba que igual me explicaba el por qué me había estado rehuyendo todo este tiempo. Eso fue lo que me cegó de verdad. A las cuatro y media de la tarde estaba bajando las escaleras perfectamente ataviada, lista para ir a encontrarme con Gabriel. Me había puesto una minifalda vaquera, con botas altas. Me subí a la chimenea y fui por polvos Flu al caldero Chorreante y de allí a Trafalgar Squeare. La plaza estaba atiborrada como es de esperar un Sábado por la tarde. Estaba llena de turistas. Me adentré en la plaza en dirección hacia el lugar donde nos habíamos encontrado. De repente sentí un pinchazo agudo y doloroso en el muslo. Pero cuando eché la mano a él no noté nada extraño. Un par de minutos después empecé a notar sudoración anormal y de repente la vista se me empezó a volver borrosa. Me tuve que apoyar en el borde de una de las fuentes. Pero eso no impidió que me cayera redonda al suelo.
Me puse en pie después de acabar de rellenar el informe de la última redada que habíamos hecho. Un mago que seguía empleando la tiranía con su elfo doméstico. Desde luego, esa gente me daba una rabia incontenible. Como si los elfos domésticos no tuviesen sentimientos. Me acerqué al perchero y cogí mi abrigo. En la puerta me encontré con Linda Wilson, compañera de departamento.
- ¿Cómo estás Hermione?- dijo ella.
- Bien gracias, Linda.
- ¿Ya encontraste casa?
- Todavía no, está más difícil de lo que pensaba. Pero mamá está encantada de que esté con ellos.
- ¿Y Abigail?
- Aprendiendo cada día más. Se me está haciendo una mujer a pasos agigantados. ¿Y la tuya?
- Ya parece que quiere andar. Está preciosa. Un día tienes que pasarte por casa que todavía no conoces a mi marido.
- Lo haré. En cuanto mi vida deje de ser tan caótica.
Me despedí de Linda y salí del departamento de Aplicación Mágica. Crucé los pasillos hasta llegar a la entrada del departamento de aurores. Fui directa hacia la oficina de Harry. Él todavía estaba trabajando.
- ¡Hermione! ¡Qué sorpresa!.
- He pensado una cosa… ¿Qué te parece si vamos los tres a cenar por ahí?. Aby, tú y yo…
- Me encantaría.
Nos quedamos mirando fijamente sonriendo. Y otra vez volvía a aparecer el viejo gusanillo en el estómago. Harry rompió el contacto visual poniéndose a recoger todos sus papeles. Salimos juntos en dirección al Atrio. También nos subimos juntos en la chimenea y fuimos a su casa.
- ¡Hija! ¡Mira quién ha venido a verte!- dijo Harry gritando.
Pero no oímos ningún ruido
- Debe haber salido.
Harry se dirigió hacia la cocina explicándome que cuando Abigail salía y si él estaba trabajando siempre le dejaba una nota en la nevera. Y allí estaba. "Papá, voy a Trafalgar que quedé con Gabriel. ¡Deseame suerte!".
- Entonces, ya que no está Aby… será mejor que me vaya a mi casa…
- ¡No!- dijo Harry rápidamente cogiéndome de la mano- Quédate a cenar, así nos hacemos compañía. Además no creo que Abigail tarde mucho.
Yo sonreí y me quedé quieta donde estaba. Salí de la cocina para quitarme el abrigo y el bolso y dejarlo en el perchero. Harry me dio el suyo para que también se lo colgase. Me quedé con él entre mis manos unos segundos. Desprendía el olor de su cuerpo por cada rincón y todavía estaba tibio del contacto con el cuerpo de Harry.
- ¡Hermione!- dijo Harry saliendo de la cocina. Nos quedamos mirando fijamente.
- Yo…- dije tímidamente.
Estaba en una situación comprometida. ¿Cómo le iba a explicar sin poner en evidencia mis sentimientos la razón por la que estaba abrazando su abrigo con la nariz hundida en él?. No, definitivamente no podía. Pero Harry entendió el gesto a la perfección. Avanzó hacia mi. Yo pensaba que me iba a pedir explicaciones. Me quitó el abrigo de las manos y lo colgó en la percha. Y entonces noté cómo me tomaba por la cintura para apretarme contra su cuerpo y besarme de la forma en que solamente él me había besado. No era que no hubiera estado con más hombres a parte de Harry, una tiene sus necesidades. Pero ninguno era como él. Me tomó por la cintura levantándome y yo enrosqué mis piernas alrededor de su cintura. Todo transcurrió muy deprisa. Sin darme casi cuenta estábamos en su cama. Harry sobre mi. Tenía la blusa abierta hasta el borde del pantalón. Mis pechos estaban libres de la opresión del sujetador y él me los lamía con fruición. Con la pasión que solamente te da pasarte media vida lejos de la persona que amas. Justo entonces sonó el teléfono.
- Que se vayan al cuerno- gruñó Harry con voz ronca.
- Deberías atender- le contesté.
- Que llamen en un momento más adecuado. Seguro que es el pesado de Ron.
- ¿Y si es Aby?
Harry se separó de mi a regañadientes después de decirme con voz seductora "Ni te muevas".
- ¡Ah hola Gabriel!... no Aby no está, ¿Pero no estaba contigo?
Entonces me puse en pie colocándome el sujetador y abrochando los botones de la camisa. Me acerqué a Harry.
- ¿Cómo que te has pasado toda la tarde estudiando?, eso es imposible. Aby me dejó una nota que decía que se iba a encontrar contigo en Trafalgar… Vale… sí… sí, descuida te llamaremos.
La mirada de pánico de Harry hizo que una sensación helada me recorriese todo el cuerpo.
- ¿Dónde diablos se ha metido esta niña? Gabriel dice que no ha salido de su habitación en todo el día… Voy a llamarla al móvil.
Harry marcó el teléfono móvil de Abigail, pero nada, daba apagado o fuera de cobertura. Probó en llamar a Liz y a sus compañeros del departamento de aurores, pero ninguno sabía dónde estaba. La histeria ya se había apoderado de nosotros. Mis miedos más profundos y horribles se habían hecho realidad. Nunca había sentido esa desesperación. Esa sensación que me apretaba el corazón. Después de llamar a todo el mundo que creímos podría saber algo de ella fuimos directos a "El Caldero Chorreante". Edmund era el nieto de Tom, el que había sido tabernero durante nuestros días de Hogwarts.
- Ed, ¿Has visto a Abigail por aquí?- preguntó Harry ansioso.
- Estuvo a eso de las cinco de la tarde… pero no la he vuelto a ver desde entonces.
Como locos fuimos a Trafalgar por si todavía continuaba allí. Recorrimos los bares y restaurantes de alrededor. Finalmente Harry dijo lo que me temía, Aby había desaparecido. Parecía mentira que hacía apenas hora y media mi universo se concentraba en los labios de Harry… y ahora… Fuimos al Ministerio de Magia, al cuartel de Aurores donde Tonks puso a todo el cuartel en movimiento. Nosotros volvimos a casa por si Abigail volvía. Nos pasamos toda la noche despiertos en el salón mirando a la nada, esperando que volviese.
Cuando me desperté sentí un taladrante dolor en la cabeza. Mi estómago rugía con fuerza y el olor de bacon y huevos fritos impregnaba mi olfato. Entonces me di cuenta de que no estaba en casa, ni en mi habitación, ni en mi cama. Ni en ningún sitio conocido. Era una habitación grande de una casa antigua. La cama era alta con dosel y colchón cómodo y mullido. Había dos mesitas a cada lado, un armario, un tocador y una chimenea con una butaca y una mesita de te. Me puse en pie y noté que no llevaba la ropa que llevaba el día anterior. Sino un pantalón de pijama de rayas y una camiseta. Mis pies tocaron el suelo frío. Una de las puertas que había estaba cerrada a cal y canto. La otra daba a un pequeño aseo. De repente se apareció un elfo doméstico delante de mi.
- Me alegra ver que se ha despertado, señorita Potter- dijo él.
- ¿Qué hago aquí?
- Grant no está autorizado para revelarle esa información a la señorita. Puede desayunar y si necesita algo solo tiene que llamar.
Aquel elfo parecía amable. Y después de todo mis captores parecía que me necesitaban viva. Eso me reconfortó un poco. Me asomé a la ventana y lo único que vi fue campos y campos verdes. Debíamos estar en la campiña. Encima no tenía cerca mi bolso y me habían arrebatado la varita. Y no era capaz de hacer magia sin varita y mucho menos algo que me pudiera comunicar con mis padres.
Sin querer me había quedado dormido. Me desperté sintiéndome dolorido. Hermione no estaba en la sala. Pero en seguida me di cuenta de que había ruidos en la cocina. Debía estar haciendo el desayuno. Pero lo que realmente me había despertado había sido el sonido del timbre de la puerta. Hermione y yo nos encontramos de frente cuando fuimos a abrir ambos. Detrás estaban Ron, Luna y Liz.
- ¿Cómo no nos dijisteis nada?- dijo Ron.
- Esperábamos que fuese una falsa alarma y estuviese por ahí con alguien…- dije torpemente.
Hermione y Luna se abrazaron. Ginny y Neville no tardaron mucho en añadirse a nosotros y la reunión se completó con los señores Weasley y Hagrid. Juntos desayunamos en silencio mientras que el reloj seguía marcando las horas. Cerca de la hora de la comida volvió a sonar el timbre. Fui a abrir yo. Era Cho. La última persona que deseaba ver en esos momentos.
- ¡Harry! Cómo lo siento…. ¡Pobrecita niña!. Era una niña tan dulce- dijo Cho aferrándose a mi cuello.
- No era, es porque no está muerta- dijo Hermione con dureza.
- Ah, hola, Hermione- dijo Cho como si Hermione solamente fuese un mosquito molesto.
Eso me sacó de mis casillas aunque pude controlarme.
- Que sepas, Harry, que cuentes conmigo para todo lo que necesites- dijo ella complaciente.
- Gracias Cho, se agradece- dije.
- Bueno, ya sabes dónde encontrarme. Me voy.
Y entonces ella se fue. Hermione se pasó todo el día con el ceño fruncido.
- Hermione… con respecto a Cho… yo… yo no siento nada por ella… pero salimos mucho tiempo, me parece lógico que se ofrezca para lo que sea…
- Me da igual lo que hagas con tu vida, Harry- dijo Hermione con dureza, estaba celosa en el fondo- Yo solo quiero encontrar a mi hija. Solamente quiero que Aby vuelva…
Entonces me di cuenta de lo asustada que estaba. Ella luchaba por hacerse la fuerte, pero algún momento de flaqueza tenía que tener. Me acerqué a ella y la abracé. Al principio se resistió pero cuando las lágrimas empezaron a salir a borbotones por sus ojos noté que su cuerpo se relajaba. Y juntos lloramos por Abigail.
