30/Junio/2008: Siento haber tardado en actualizar. Se que os he dejado con la intriga a muchos, pero pa compensar subo dos capítulos. Este es el primero. Espero que os gusten. (Vamos acercándonos al final!). xoxo
CAPÍTULO 13: MÉTODOS MUGGLES
Harry decía que las veinticuatro primeras horas eran cruciales, pero había pasado una semana desde la desaparición de Abigail y nada se sabía. Nada o casi nada. Los procedimientos del departamento de aurores estaban muy bien pero cuando se trataba de hechos en que se había utilizado la magia. Pero se habían llevado a Abigail sin utilizar la magia. Los aurores empezaban a estar perdidos.
El atardecer se cernía sobre el Valle de Godric. Yo estaba sentada en el salón de la casa de Harry mirando por la ventana. Todavía esperaba verla aparecer por algún lugar de la casa. Se me hacía tan difícil no saber nada de ella, era angustioso. La puerta se abrió y un sudoroso Harry entró en la casa después de su hora de correr diaria.
- ¿Ha llamado alguien?- preguntó Harry.
- Nadie. Oye… he estado pensando… no es por desacreditar los métodos de los aurores, pero no están dando resultados. ¿Qué te parece si contratamos a un detective privado?. ¿Hay alguno que colabore con el Ministerio?
- Sí, ya lo había pensado yo.
El despacho de Jeremy Olson estaba en Kensington. Jeremy una vez había sido mago y había estudiado en Hogwars, pero había tomado como opción abandonar la magia. Por eso y por que era un buen detective podíamos decir que era el más indicado para buscar a Abigail. Fue genial porque nos recibió en seguida.
- ¡Harry Potter! ¡Qué sorpresa!- dijo él- hacía tiempo que el Ministerio no requería mis servicios… ya oí lo de tu hija, un desafortunado incidente.
- Jeremy, esta es Hermione, la madre de Abigail. Queremos que nos ayudes a buscarla.
- Lo último que leí en el profeta es que estaban muy cerca de encontrarla.
- Creéme, Jeremy, si estuvieran cerca de encontrar a Abigail no estaría aquí.
- Ah, ya, entiendo. Bueno, pues ya sabes cómo va esto. Necesitaré un informe del caso, y acceder a sus cosas. El ordenador, si lo tenía, móvil, etc…
- Sí, todo lo que quieras.
Para mi no fue difícil sacar una copia del informe del caso de Abigail y llevársela a Jeremy. En el departamento solamente le dije a Tonks que había solicitado sus servicios. El día que fue a casa para inspeccionar la habitación de Abigail le di el informe. Estuvo por lo menos dos horas allí arriba mientras que Hermione y yo nos subíamos por las paredes de la sala de estar.
- Nada anormal, pero ya me lo esperaba. Me voy a llevar su ordenador para estudiarlo. Siento decirte esto, Harry, pero deberíamos denunciarlo a la policía. Necesitamos su repercusión mediática. Y también contar con los medio muggles.
Lo más difícil de todo fue hacer la denuncia en la policía y explicar por qué habíamos tardado una semana en denunciar su desaparición, nada que no se arreglase con un poco de magia. Y entonces todo el mundo empezó a investigar, aurores, policía y Jeremy. Jeremy encontró el mensaje que supuestamente le había enviado Gabriel. Pero él no tenía medios para rastrear de dónde había salido ese mensaje, la policía si. Había salido de un cyber del Soho. Esa pista no nos llevó a ningún lugar porque la dependienta nos dijo que por allí pasaban a diario muchas personas. Era entendible que no se acordase. La segunda pista que fue un poco más fiable la obtuvimos cuando la fotografía de Abigail salió en todos los medios muggles. Entonces un par de personas llamaron diciendo que la habían visto en Trafalgar, que se había desmayado al lado de una de las fuentes. Una de las mujeres dijo que dos hombres y una mujer habían acudido a su ayuda. La mujer había dicho que era médico por lo que los testigos empezaron a retirarse.
Una mujer alta, de pelo largo y lacio de color negro. Vestida con un traje de chaqueta y falda de aspecto caro caminaba por la sala haciendo repiquetear con sus tacones el suelo de madera. Dos hombres estaban con ella.
- Yo pienso que deberíamos pedir un rescate- dijo el hombre más alto, rubio y fornido- despistará a la policía.
- Una buena suma de dinero, Potter puede pagarlo.
- ¡Estáis locos o qué!- bramó la mujer- Y como hacemos para recogerlo. Los aurores nos seguirán y estaremos perdidos.
- Pero no podemos tener a la niña eternamente- dijo el segundo hombre.
- Sus papaítos van a sufrir por su hijita lo que nunca han sufrido- dijo la mujer con tanta ira en su voz que daba escalofríos.
- En serio, jefa, cuando hablas así me das escalofríos- dijo el primer hombre.
La mujer se fue con actitud de que aquellos dos hombres la aburrían. Se desapareció de aquella casa que una vez había sido de su familia y ahora estaba abandonada.
- Yo sigo pensando que lo de la recompensa es una buenísima idea- dijo el primer hombre.
- Hagámoslo sin ella. ¿Crees que Potter estaría dispuesto a pagar mil galeones por su princesita?
Los dos hombres se rieron tontamente sin saber que aquella sería su perdición.
El tiempo no pasaba para nosotros. Tanto Harry como yo si estábamos trabajando no podíamos pensar en el trabajo y no podíamos dejar de sentirnos malos padres por no salir a patear las calles en busca de Abigail. Y cuando estábamos en casa de Harry no hacíamos más que discutir como dos viejos cuervos. Me había trasladado temporalmente a la casa de Harry mientras que Abigail no aparecía. Cuando me miraba en el espejo me daba cuenta de lo que había envejecido en esas dos semanas. Más que en diez años. Nuestros amigos nos echaban una mano con lo que podían. Molly no hacía más que hacernos nuestras comidas favoritas. Ron se pasaba todos los días por casa después de salir del trabajo para ver si había novedades… todos teníamos el alma en vilo. Aquella noche Harry y yo estábamos sentados en silencio en el sofá viendo la televisión cuando sonó el teléfono. Me levanté yo a cogerlo.
- Hablan los secuestradores de su hija Abigail. No diga nada. Si quiere volver a verla con vida reúna mil galeones y déjelos a cuidado de Edmund dentro de dos días a las 12 del mediodía. De lo contrario la mataremos.
Y entonces colgaron. Me giré hacia Harry y entre sollozos le dije que teníamos que juntar mil galeones o matarían a Abigail.
- Sssshhh!- dijo Harry cogiéndome de las mejillas mientras recogía mis lágrimas con sus pulgares- No le van a hacer nada a Aby… los tenemos.
- ¿Cómo que los tenemos? Ha dicho…
- No me importa lo que hayan dicho. Está claro que ese no era su plan inicial por que si no se hubieran puesto en contacto con nosotros. Solamente tenemos que seguirlos. Es muy fácil. Ya verás. En nada tendremos a Abigail de nuevo en casa, Hermione
Harry estaba mucho más entusiasmado que yo. Yo solamente pensaba en si algo salía mal. En si Abigail resultaba herida. Los labios de Harry sobre los míos me sacaron de mis angustiosos pensamientos. Solo hacía dos semanas que nos habíamos besado por última vez y parecía que habían pasado dos siglos. Aunque ese beso era diferente al anterior. Nos miramos a los ojos con complicidad y nos abrazamos. A pesar de nuestras continuas discusiones aquello nos había unido más que nada en el mundo podría hacerlo. Ni siquiera Aby lo había conseguido.
Estaba en ese maravilloso país de los sueños en que todo es perfecto y no existe el sufrimiento ni el dolor cuando de repente oí una mujer llorar. Me desperté sobresaltado y me di cuenta de que no era parte del sueño. Me levanté de mi cama y entré en la habitación de invitados. Estaba vacía. La cama de Hermione estaba deshecha pero ella no estaba. Salí de ella y me encaminé hacia la habitación de Abigail. Estaba sentada en una esquina abrazando un osito de peluche desgastado por el tiempo.
- Siento haberte despertado- dijo levantando su rostro hacia mi. Estaba surcado por el camino que las lágrimas se habían hecho a través de sus mejillas- Esto fue lo primero que le compré a Abigail nada más llegar a Buenos Aires- dijo mostrándome el osito- Se llama Gas, de Gastón. De niña le encantaba "la Bella y la Bestia". Siempre discutía con Gabriel y Margarita. Margarita prefería "la Sirenita" y Gabriel "El Rey León".
Otro borbotón de lágrimas volvió a salir de sus ojos. Me acerqué a ella y la cogí en brazos con oso y todo. La llevé a mi habitación. La tumbé en la cama y la tapé bien y entonces yo me tumbé a su lado, detrás de ella para abrazarla con fuerza mientras depositaba miles de besos sobre su pelo, su cuello y sus hombros.
