02/Junio/2008: Sorry x no haber actualizado antes. Me gusta actualizar rápido xq así no se pierde el hilo a los fic. Este es el penúltimo capítulo, así que disfrutarlo. Es enteramente Gabriel/Abigail. Quería dedicar ste capi a "Fran Ktrin Black" por su incondicional apoyo, y por ser la capitana del club de fans de Gabriel y Abigail. Ja, ja, ja. Es broma. Muchas gracias Fran. Y gracias a todos x los reviews y el apoyo y el cariño q me habéis demostrado.
Si acabo de escribirlo antes de acostarme, os cuelgo el último capítulo. Es el número 16 o epílogo como queráis llamarlo. Y se titula Si quiero. ¿Adivináis quién se va a casar?. Os espera una sorpresa.
Se os quiere. xoxo
CAPÍTULO 15: UN FINAL FELIZ
El doctor Peters era profesor de Anatomía en la universidad. Era el mismo que escogía a los mejores alumnos de cada curso para enseñarles. Era un privilegio que muy pocos habían disfrutado. Normalmente no escogía a alumnos de primero porque todavía estábamos muy verdes. Aunque no sabía decir por qué me había escogido a mi. Era cierto que tenía que trabajar el doble, que no tenía tiempo ni para respirar pero la recompensa era suficiente para mi.
- Tira con fuerza- dijo el dr. Peters.
Teníamos entre manos un caso curioso donde los hubiera. Un hombre que se le habían quedado los dedos metidos dentro de una bola para jugar a los bolos. Yo sujetaba la bola mientras que el doctor Peters y la enfermera que se llamaba Casey intentaban sacarle los dedos con vaselina. De repente la bola hizo un sonido raro y la bola salió. Me pilló desprevenido y me cayó en el pie. En el momento no le di importancia, pero después empezó a hincharme.
- Y tómate unos días de descanso, te lo mereces Gabriel. Por lo menos hasta el Lunes no quiero verte por aquí ¿vale?
Me dijo el doctor Peters mientras me estaba vendando el pie. Era cierto que ninguno de los otros alumnos trabajaba tanto como yo. Yo me quedaba en el hospital el tiempo que hiciera falta y según decían tenía muy buena maña con los pacientes… algo importante. Aunque de medicina no supiese mucho, los pacientes estaban contentos conmigo. Y un gusanillo me recorría el estómago cuando los oía llamarme "Doctor Aguirre". Un chico de la calle, sin un peso, sin un futuro, sin esperanza, había logrado llegar a ser médico. A ser algo importante. A hacer algo importante. Casey me recogió en la parada del bus y me llevó hasta mi residencia. Cuando entré en mi cuarto era casi la hora de la cena. Miles Halliwell, mi compañero de habitación era mi mejor amigo. Él estaba estudiando como casi siempre a esas horas.
- ¿Qué tal? ¿Algún caso interesante hoy?- preguntó Miles anhelante que estaba deseando poder empezar a ver casos reales.
Tiré mi mochila en el armario y me dejé caer sobre la cama.
- Te aseguro que hoy no te hubiese gustado estar en mi pellejo.
- ¿Qué sucedió?
- Me cayó una bola de bolos en el pie…
- Ya me contarás cómo te las arreglaste. Abigail te ha llamado por lo menos cinco veces. Dice que le llames.
- Ya.
- ¡Maldita sea! Abigail es una chica genial, Gabriel, la estás dejando escapar.
- Es lo mejor para los dos.
- Sabes que a veces no te entiendo.
Había pasado un infierno mientras que Abigail había estado secuestrada. Pero una vez había aparecido las viejas incertidumbres habían retornado a mi. Sí, Abigail me había dicho que me quería, era lo que estaba esperando oír. Pero las circunstancias me hacían dudar. Ella estaba enferma y volando de fiebre, ¿No sería un delirio más?. Y si de verdad me quería… ¿No éramos demasiado diferentes?. Las cosas eran diferentes cuando vivíamos los dos en el hogar Mágico. Sí, ella era bruja entonces, pero a parte de eso, lo compartíamos todo. Pero ahora…no compartíamos nada. Cada uno habíamos echado a andar por un camino diferente.
Liz y yo habíamos quedado para tomar algo en "El Caldero Chorreante" después de salir de trabajar. Ella me contaba sus casos en San Mungo y yo le contaba los malos que había atrapado. Aunque era cierto que afortunadamente, cada vez había menos gente que se pasaba de la raya. Saqué el teléfono móvil por millonésima vez para ver si Gabriel me había respondido a las llamadas.
- Abigail, en serio… no te arrastres tanto que pareces un perrillo faldero…
- Es que no le entiendo.
- ¿Y por qué no te coges el fin de semana y te plantas en Oxford? Tendréis tiempo para hablar y hacer algo juntos… salir… esas cosas que hacen los amigos…
- Sabes qué, que tienes razón. Le diré a papá a ver si me puedo coger el Viernes por la tarde y el Lunes. De este fin de semana no pasa. Si no llegamos a algo, prometo que me voy a olvidar de él para siempre.
- Así me gusta, tú decidida.
Liz me infundió ánimos pero yo no las tenía todas conmigo. Cuando llegué a casa escuché risitas ahogadas en la cocina. Esa era otra cosa. Papá y mamá estaban en plena explosión sexual… y bueno… no hace falta decir que les había pillado un par de veces en situaciones comprometidas. Por eso antes de entrar en la cocina llamé.
- ¿Puedo entrar?- dije.
- Pasa hija- dijo papá.
Esta vez estaban haciendo la cena. Los dos estaban rebozados en harina tal que dos croquetas.
- Ahora aceite bien caliente y a la sartén- dije riendo.
- Muy graciosa- dijo mamá.
- Pa… ¿Puedo cogerme el Viernes por la tarde y el Lunes?
- ¿Para qué?
- Quiero ir a Oxford. Tengo algo que arreglar con Gabriel.
- Está bien, hija. Yo te autorizo a que vayas a Oxford- dijo poniendo su voz de jefe de aurores.
Les dejé en la cocina mientras que subía a mi habitación y pensaba en la ropa que me iba a llevar.
Los vestuarios de mujeres a esas horas estaban vacíos. Era a la tarde, a la hora de la salida cuando se llenaban de aurores. Me deshice del uniforme de auror y lo metí en la taquilla que tenía mi nombre. Después me vestí la ropa que había llevado para el viaje. Había pensado en ponerme una minifalda pero después concluí que sería demasiado incómoda. Así que opté por unos pantalones vaqueros, un jersey de pico de color blanco y botas de tacón de aguja. Salí del Ministerio acarreando mi maleta y mi bolso. Fui en metro a la estación de autobuses y allí comí un sándwich y un refresco. Me compré un par de revistas de moda y estuve ojeándolas mientras que esperaba a que saliera el autobús. El viaje a Oxford duraba una hora y media aproximadamente, así que por lo menos me dio tiempo a leer una de las revistas. Cuando el autobús se detuvo me bajé de él y comencé a caminar en dirección a su residencia. Por fuera era de aspecto antiguo, de piedra, una casa grande con jardín y todo. Cuando llamé a la puerta me abrió Miles. Nos dimos dos besos.
- ¿Qué haces aquí?
- Pues como Gabriel no me respondía a las llamadas ¡Aquí estoy!
- Pues ten cuidado que hoy está que muerde. Ayer tuvo un pequeño percance en el hospital…
Subí las escaleras acompañada de Miles. Era curioso pero no había estado anteriormente allí nunca. Había visto la casa por fuera, pero por dentro nunca. Era la típica residencia de estudiantes.
- Yo… me voy a dar una vuelta…os dejo solos- dijo Miles en un susurro.
Miles volvió sobre sus pasos. Llamé con suavidad a la puerta. Gabriel contestó dentro con cierta brusquedad. Suspiré profundamente y abrí la puerta. Se quedó unos segundos mirándome sorprendido, como si solo fuese un producto de su imaginación.
- Abigail… ¿Qué haces aquí? ¿No tenías que estar trabajando?
- Sí, pero he decidido venir a aclarar las cosas entre tú y yo- posé la maleta a un lado de la puerta y dejé mi bolso en una silla. Después me senté en la cama de Miles- pero antes cuéntame qué te pasó.
Miles me contó cómo habían intentado sacarle la bola a aquel hombre de los dedos y accidentalmente había caído sobre su pie.
- Y ahora me vas a explicar por qué tengo la sensación que desde Navidad me estás rehuyendo.
- Aby… no…
- Dímelo por favor… por que estoy hecha un lío, no entiendo nada…
- ¿Tú me quieres?
- Claro que sí, qué tontería… eres mi mejor amigo.
- No, Aby… me dijiste que… que… que estabas… enamorada de mi.
Abrí los ojos como platos. Y un segundo después noté que las mejillas me ardían como ascuas. Me puse en pie como si fuese un perrito enjaulado. Intentando encontrar una vía para escapar.
- ¡Qué vergüenza!- dije.
- Es verdad- me preguntó Gabriel cuando estaba a punto de coger la maleta e irme de allí- Por favor… dime si es verdad.
Hubo algo en su tono suplicante que me hizo enternecerme. Había ido allí a eso…y aunque no era de la forma que lo había esperado el fin era el mismo. Me di la vuelta con toda la entereza que pude y me enfrenté a él.
- Sí, es verdad- dije.
Mis dudas se esfumaron a la velocidad del rayo al ver su sonrisa. Se había puesto en pie y comenzó a caminar hacia mi con una evidente cojera. Nos abrazamos con fuerza. El corazón se me llenó de amor que estallaba como fuegos artificiales. Noté que se separaba un poco de mi y me cogía de las mejillas para besarme. Fue un beso dulce y tierno.
- Definitivamente este ha estado mejor que el primero- dijo Gabriel.
Yo no pude más que reír. Debíamos tener unos doce años y los dos teníamos curiosidad por eso de los besos así que el en viejo carromato de cielo una noche, mirando las estrellas en verano nos dimos nuestro primer beso. Apenas duró un par de segundos y solamente fue juntar nuestros labios. Pero ya entonces ese ínfimo roce había removido algo dentro de mi. Gabriel volvió a la cama cojeando. Yo me quité el abrigo y me tumbé a su lado. Estuvimos charlando y besándonos un buen rato hasta que su móvil nos sacó de nuestra burbuja. Era Miles.
- Oye campeón, que voy a ir a pasar la noche con Wendy… no hagáis mucho ruido…
- Qué gracioso…
- No en serio… creo que si estoy yo Aby se sentiría incómoda y así tengo un pretexto para meterme en la cama de Wendy ja, ja, ja
- Está bien, gracias.
Me puse contenta al saber que Miles no iba a ir esa noche a dormir. Yo la verdad, que pensaba ir a una pensión o algo similar para pasar esos días. No habían pasado ni cinco minutos cuando el teléfono de Gabriel volvió a sonar. Otra vez Miles.
- Oye, que Wendy dice a ver por qué no vamos a cenar a Nana's y le presentas a Abigail.
- Miles… estoy convaleciente.
- Anda venga…- esta era Wendy.
Gabriel puso cara de hastío. Puso el móvil sobre su hombro y me miró. Yo acepté ir a cenar con Miles y su novia. Gabriel se puso en pie y fue hacia el cuarto de baño.
- ¿Dónde vas?- dije.
- A ducharme. A no ser que quieras ducharte conmigo.
- Se te va a mojar la venda. Ven aquí, que para algo tienes una novia bruja.
Gabriel se acercó a mi y yo apliqué el encantamiento adecuado sobre la venda que recubría su tobillo. Gabriel me sonrió y entró en el cuarto de baño.
Nana's era un lugar bastante peculiar. Era la típica hamburguesería de las películas americanas de los años sesenta como Grease. Tenía su máquina de discos, sus asientos de vinilo, y las camareras llevaban una bata rosa de lo más mona. Había fotografías de películas de aquella época, anuncios, los Beatles, los Rolling, Elvis, etc… por todas las paredes. Al entrar con mis pantalones vaqueros y mi pinta tan moderna sentí casi desentonar con el lugar. Miles estaba al fondo del bar. Wendy era tal y como me la había imaginado. Su aspecto era el de la tipica chica inglesa de la alta sociedad. Era rubia, tenia el pelo liso y cortado a capas en una media melena. De ojos azules llevaba gafas de montura al aire. No iba maquillada excepto por un sutil brillo de labios. Los pendientes que llevaba eran pequeños y discretos, de oro. Llevaba una camisa blanca de Tommy Hilfigger y un jersey de pico en rosa de Lacoste. Los vaqueros eran Levi's. Llevaba unos mocasines que posiblemente fuesen de Geox. Era alta, delgadísima (casi esquelética) con una sonrisa abierta y dulce. Nada más verme me dio dos besos. Después se los dio a Gabriel. Gabriel me retiró la silla para que me sentase justo en frente de Wendy.
- Tenía tantas ganas de conocerte… Miles y Gaby me han hablado mucho de ti…- dijo Wendy.
- Sí… gracias- Gabriel apenas me había hablado de ella.
Una de las camareras interrumpió nuestra conversación para tomar nota de lo que íbamos a tomar. La cena estaba riquísima y la compañía fue inmejorable. Wendy a pesar de la apariencia que daba nada más verla con su ropa de marca era una chica divertida y espontánea. Wendy estudiaba medicina junto con Miles y Gabriel. Los tres se habían hecho bastante amigos. Cuando salimos de Nana's Miles y Wendy todavía iban a tomar algo por ahí, pero nosotros volvimos a la residencia. Gabriel no podía estar mucho tiempo de pie. Gabriel y yo fuimos caminando hasta su residencia, cogidos de la mano, parándonos cada poco. No sabía si Gabriel se detenía para besarme o para descansar el pie. En cuanto llegamos Gabriel se tiró sobre su cama. El tobillo le había hinchado ligeramente. Yo entré en el cuarto de baño para darme una ducha. Era evidente que allí habitaban dos hombres. Dejé mi neceser sobre la encimera, me puse el pijama y cuando salí Gabriel ya estaba en la cama metido, durmiendo plácidamente. Me deslicé a su lado entre las sábanas y apoyé mi cabeza sobre su hombro. También me quedé dormida rápidamente.
La mañana siguiente cuando me desperté y le vi a mi lado en la cama, el corazón se me apretó. Estaba completamente dormido, con esa cara tan pacífica que solamente sabe poner mientras duerme, con los ojos cerrados y el pelo revuelto alrededor de su cabeza. Le acaricié el pelo con suavidad, enredando mis dedos entre sus rizos. Gabriel empezó a despertarse poco a poco, a desperezarse. Nos miramos a los ojos y nos sonreímos.
- Mmmmm… buenos días - dijo él perezoso.
- Buenos días- contesté.
Dejé que me rodease con sus brazos y apoyé mi cabeza sobre su pecho, oyendo el hipnotizante sonido de su corazón al latir. Gabriel empezó a acariciarme el pelo y estaba a punto de volver a quedarme dormida cuando sonó su teléfono. Yo me sobresalté. Él alargó el teléfono y los dos miramos la pantalla. Era Miles.
- ¿Sí?- contestó Gabriel.
- Hey colega!, ¿Vamos con las chicas al partido de fútbol contra Cambridge?. Wendy y yo vamos a ir…
- Lo había olvidado. Se lo prometí a Will… tendré que ir.
Gabriel me miró con pena, en media hora Wendy y Miles pasaban a buscarnos. Los dos nos pusimos en pie, saliendo de la cama perezosamente. Gabriel me dejó su sudadera de la universidad, me la puse con el pantalón de chándal, unas deportivas y por encima de una camiseta. La rivalidad entre Cambridge y Oxford era ancestral y encarnizada. Los seguidores de ambos equipos nos dejamos la garganta en animar a nuestros equipos. William era un amigo de Gabriel que jugaba de delantero en el equipo de la universidad. Si no hubiera sido por él nosotros no hubiésemos ido. Y la verdad es que fue un partido extraordinario. Estuvo reñidísimo. Después fuimos a un pub a celebrar la victoria.
- ¡Hey Hill! ¡Fantástico partido!- dijo Gabriel chocando las manos con William. Él estaba vestido todavía con el uniforme de futbolista y lleno de hierba y barro.
- Gracias por venir. Me dijeron lo de tu accidente ¿Estás bien?
- Si no fue nada…
- ¿Y quién es esta chica? ¿Nos conocemos preciosidad?- dijo él.
- Encantada, soy Abigail Potter- dije dándole la mano.
- William Anders. Tú medicina no estudias ¿verdad?
- No. Cadete de la academia de policía.
- Y mi novia- matizó Gabriel.
- ¡Haberlo dicho antes!
Me cogió por los hombros y me abrazó como si nos conociésemos de toda la vida.
- ¿Así que tu novia eh?
- Creí conveniente decírselo antes de que te pidiese una cita.
- Ya…
Los dos nos miramos y reímos. Después de la celebración Gabriel y Miles volvieron a la residencia y Wendy se empeñó en llevarme de compras. Pasamos una tarde genial haciendo cosas de chicas. Cuando volví a la habitación de Gabriel, Miles ya se había ido. Estaba la luz apagada y toda la habitación estaba llena de velas.
- ¿Y esto?
- Un detallito para nuestra primera cena de novios. Ya le advertí a Miles que como se le ocurriese llamarme le iba a cortar en trocitos y dárselo al hipogrifo de tu padre.
- Se llama Buckbeak. Y no. No me creo que le dijeses eso. Por lo menos lo del hipogrifo.
- Vale, ahí me has pillao…
Se había tomado la molestia de pedir comida china. Sacó unos refrescos de la neverita que tenían Miles y él y nos sentamos en el suelo a comer y charlar. Cuando se hizo demasiado tarde, entré en el cuarto de baño para ponerme el pijama. Gabriel me había visto mil veces en pijama así que no pensé que tendría mayor problema en eso. Me di una ducha. Me gustaba ducharme antes de dormir porque me relajaba mucho. Me puse un tanga limpio y saqué el pantalón del pijama que era de color azul celeste con ositos estampados y para arriba una camiseta de tirantes de color azul celeste. Estaba lavándome los dientes cuando Gabriel me dijo a ver si podía entrar. Nos lavamos los dientes mientras que hacíamos el tonto frente al espejo.
El Lunes por la mañana me quedé durmiendo hasta tarde. El Domingo por la mañana nos pasamos la mañana en la cama y por la tarde salimos con todos los amigos de Gabriel a tomar algo a un pub. Gabriel tenía una agenda apretadísima y no volvía a la residencia hasta la noche. Por eso decidí buscar en su agenda. El Lunes a las doce tenía una hora libre. Sabía que aprovechaba esas horas para estudiar en la biblioteca. Así que me levanté, me di una ducha y me vestí. Después de dejarle el corcho lleno de post-it con mensajes románticos salí de allí. Había hecho diminuta mi maleta y la había metido en el bolso. Era mucho más cómodo que andar arrastrándola por ahí. La biblioteca no estaba muy llena de gente. Todos los hombres se quedaban mirándome al pasar. Llevaba un jersey de punto de cuello vuelto de color crema, una minifalda desgastada, medias, las botas de tacón de aguja de color rosa y el abrigo negro corto. El sonido de mis tacones hizo que Gabriel levantase la cabeza. Se puso en pie y caminó hacia mi.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó sorprendido.
- Quería despedirme antes de irme.
Gabriel me cogió de la mano y salimos afuera. Nos abrazamos y nos besamos durante un rato largo. Hasta que el sonido del reloj de pulsera de Gabriel nos sacó de nuestra burbuja.
- ¡Maldita sea! ¡Tengo que volver a clase!
- Siento haberte hecho perder tu hora de estudio- dije con fingida cara de arrepentimiento.
- No seas boba… me interesan más tus besos que conocer el nombre de todos los huesos del cuerpo. Pero… ¡es lo que hay! ¿Me acompañas hasta clase?
Yo asentí. Gabriel entró a por sus cosas y volvió a salir. Salimos de la biblioteca cogidos de la mano. Nos despedimos con un beso en la puerta de su clase. Entonces caminé pasillo adelante hacia la salida. Cogí un taxi que me llevase a la estación y desde allí fui a Londres. Una vez en Londres hice el recorrido que había hecho el viernes pero a la inversa. Fui en Metro hasta el "Caldero Chorreante". Cuando llegué a casa mamá estaba allí por que se encontraba particularmente mal esa mañana. Me quedé todo el día en casa con ella haciendo cosas de chicas y hablando como lo harían dos amigas.
