Disclaimer: Los personajes e historia original son sacadas de la genial mente de Stephenie Meyer y sus libros "Twilight", yo soy solo una simple mortal con algo de tiempo e imaginación.
Nota de la autora:
Esta historia no fue escrita en capítulos, si no como un solo gran "capítulo" de él, pero dado los cánones de fanfiction no podía subirla de esa manera, por lo que la dividí en partes, si es que encuentran que el primer capitulo quedó en una parte sin clímax es porque originalmente la historia no esta pensada para ser leída por partes.
Gracias por los reviews del capitulo anterior, apenas fueron tres pero los valoro inmensamente! :D
Saludos.
Chanel Valjean
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"Treinta de Enero"
Segunda parte
Era casi la una de la tarde cuando llegué al centro mismo de la ciudad, estaba más vacío que de costumbre, quizás por el clima de aquel día, o quizás porque inconcientemente la gente sabía que era un día para quedarse en casa, no lo sé. Mis pies se encaminaron solos hacia su lugar, Claire. En esos tiempos ella era mi guía, mi faro, el pilar en el que me había apoyado para no sucumbir ante la oscuridad en que intentaba sumirme mi padre.
Toqué la puerta con parsimonia y esperé, abrió la sirvienta como siempre y me hizo pasar gentilmente al salón de aquel caserío, la familia de la madre de Claire, los Gomberg, habían sido muy adinerados en su tiempo, la desgracia les había llegado con la muerte de Cromwell... había conocido a Claire irónicamente por medio de mi padre, ella y su madre eran fieles de la iglesia que presidía Leopold, era un secreto a voces que Claire era una "hija bastarda", su madre nunca había reconocido públicamente quien era el padre de su hija, factor que influyó en que las Gomberg fueran vistas como una lacra social, mi padre las había acogido gentilmente en su abadía, pero su gentileza duró poco, hasta que supo mis intenciones hacia Claire, en ese tiempo casarse con la hija bastarda de alguien era lo mismo que ser un bastardo mismo, hecho que mi padre no podía tolerar...
- Carlisle...
Me levanté rápidamente del sillón en el que me encontraba, estaba ahí frente a mis ojos quien era mi mundo en esos momentos, pálida, grácil, con aquellos ojos de un color verde que nunca pude definir con perfección, pelo oscuro, con aquella sonrisa que recordé por mucho tiempo, una sonrisa quebrada, de desconcierto, tan humana...
- Claire...- dirigí mis pasos hacia ella pero me detuve al ver su expresión.
- Carlisle no puedo irme contigo...- dijo rápidamente, me detuve en la mitad del salón, la miré con incomprensión.
- Claire ya habíamos conversado esto...- caminé hacia ella y tomé sus manos entre las mías.
- Si, pero no puedo hacerlo...
- ¿No me amas?
Su silencio fue como una respuesta silenciosa a mi pregunta.
- ¿No me amas?- volví a preguntar mientras comenzaba a acariciar sus finos dedos, ahí fue cuando sentí el anillo en su mano, un anillo que jamás le había visto, un anillo puesto en su dedo anular de su mano derecha...
Miró hacia abajo en dirección hacia nuestras manos entrelazadas, adivinando mis pensamientos.
- Carlisle me voy a casar...
Sus palabras me hicieron retroceder como si hubiese enterrado estocadas en mi pecho.
- Claire...
- No puedo huir contigo, ya me he comprometido... me caso a finales de invierno...- replicó ella sin mirarme a los ojos.
Sentí como mi mundo comenzaba a desmoronarse, curiosamente las palabras de Corbeus golpearon con fuerza en mi mente: "Sabes que siempre te digo que un día no lo harás...". Sentí que todo dejaba de tener sentido, la razón de mi existencia, el motor por el cual me mantenía, la persona por la cual había entregado mi vida en disposición de los propósitos de mi padre... la persona por la cual había aprendido a entregar todo...
Me acerqué a ella y levanté su mentón con mi mano para obligarla a que me mirase. Sus ojos aún así intentaban rehuir los míos, mientras las lágrimas de dolor purgaban por salir de mis entrañas.
- Dime que no lo harás Claire...- no era una orden, era una suplica, pronto me di cuenta que mi mano en su mentón temblaba.
- Carlisle...
- Dime que no te casarás con alguien que no amas...- repliqué mientras sentía como mi visión comenzaba a tornarse nublada.
- Me casaré con Guillerme de Bureaux...
Sentí como la sangre dejaba de recorrer por mis venas, sentí como el latido quedaba detenido, sentí como mi alma abandonaba su sepulcro... Guillerme de Bureaux, un duque francés, dueño de muchas fincas inglesas, una de las familias más ricas de Europa, un hombre de muchas amantes, el burgués despilfarrador, astuto, de buena vida, que no sabía de amar...
- ... él me dará un estatus Carlisle... me retornará mi posición en la sociedad...
Cerré los ojos ante sus palabras, esa no podía ser Claire, no podía ser la mujer a la cual veneré por tanto tiempo.
- Te ofrezco mi amor y devoción incondicional Claire...
- Carlisle detente- me interrumpió sollozando- sabes que no se vive de amor, es necesario el dinero...
- ¡Hasta hace dos semanas estabas dispuesta a huir conmigo!- dije abriendo los ojos y encarándola nuevamente- dime que ha cambiado...
- Yo, Carlisle. ¡Abre los ojos! ¡No podemos vivir huyendo! Viviríamos en la miseria, no es la vida que yo quiero Carlisle...
- Sabes bien que tengo dinero suficiente para vivir bien...
- Es demasiado sacrificio huir...
- No hay sacrificio si hay amor...- dije con el pecho desgarrado por el dolor de sus inesperadas palabras.
- Yo no vivo del amor Carlisle- replicó en un susurro- Guillerme me ofrece lo que yo quiero... jamás pensé tener la oportunidad de que un caballero como él pidiera mi mano, es una bendición.
La miré frente a mi, junto a la ventana, dejándose iluminar por la tenue luz de aquel oscuro día, veía desdibujarse el aura que siempre la había rodeado, veía como sus alas despojaban su espalda, sentía como mis oídos zumbaban ante las palabras dichas por ella.
- Debes irte Carlisle, no es bueno que volvamos a vernos... no ahora que estoy comprometida...
Me acerqué a ella con rapidez y volvía a tomar su mentón acercando su rostro a escasos centímetros del mío.
- Fue solo un capricho agradable lo nuestro Carlisle…- replicó con dureza.
- Capricho…- la palabra se repitió amarga en mi boca.
Se zafó del agarre de mi mano como si quemara, sin embargo me acerqué a ella con rapidez hacia su rostro.
- Maldigo los ojos que ven al demonio que te ha poseído Claire...
Me volteé sin mirarla y salí con rapidez de la sala, dejando atrás para siempre a quien había sido mi mundo hasta entonces. Abrí la puerta de la casa y me perdí en las calles del gélido Londres, esperando que el frío viento congelara las lágrimas que no detenían su caer...
Regresé a casa cuando ya estaba oscureciendo, la torre había marcado recién las cinco de la tarde, pero era invierno en Londres y era la hora común en que la gente ya comenzaba a retornar a sus casas, al entrar, mi padre ya se encontraba esperándome, sabía que ese día habría una cacería importante.
- Te has tardado...
- Estaba ultimando unos asuntos- me limité a responder mientras dejaba la ballesta en un lugar seguro.
- No me gusta que me hables dándome la espalda Carlisle.
Respiré hondo antes de voltearme a mirarlo, Leopold sabría con una sola mirada que había llorado.
- No te preguntaré la causa de aquellos ojos, más espero que no te hayas paseado por todo Londres con aquel aspecto.
- No te preocupes padre, nadie importante se ha cruzado en mi camino...- repliqué con voz monótona.
El sonrió bonachonamente, si es que se le puede describir de alguna forma, y se acercó a mi para tomar mi rostro entre sus manos, como pocas veces lo había hecho, las demostraciones de afecto eran bastante escasas si hablábamos de Leopold Cullen; Camille, mi madre había sido quien había logrado enseñarme un poco lo que era el amor fraternal, eso hasta antes que muriera, cuando yo era muy joven.
- Cuando seas padre de familia Carlisle entenderás porque me preocupo tanto por lo que la gente piense de ti.
Sus palabras me parecieron aborrecedoramente nefastas, si iba a ser padre haría todo lo posible por ser lo menos parecido a él, aunque ahora que la única mujer que me había importado se casaba con otro hombre, dudaba que fuese a formar una familia alguna vez...
Me limité a asentir con la cabeza en silencio.
- ¿Tienes todo listo para hoy?- pregunto mi padre mientras se alejaba de mi y caminaba hacia su escritorio, lo seguí.
- Bastien, Golliard, Baptiste y yo dirigiremos las escaramuzas por los cuatro flancos- respondí- en una hora más nos encontraremos en la taberna de Golliard.
- Sabes que no puedes fallar hoy Carlisle, nuestra posición pende de un hilo y no se nos permitirán errores.
Lo miré fijamente, no supe en que minuto la misión se había tornado en plural, Leopold jamás había participado en una cacería, se limitaba a ordenar a los hombres y amenazarlos lo suficiente para que actuasen bajo presión. Pero ahora sabía que mi padre estaba preocupado, la gente estaba comenzando a prestar menos atención a la iglesia y mas a la ciencia, el "Dios" sobre el que se afirmaba la posición de Leopold estaba siendo desplazado por otro mucho mas avasallador: la modernidad.
- Hay mínimas posibilidades de error hoy padre- repliqué- sin embargo sabes que cada vez menos gente esta dispuesta a continuar con estas cacerías… la última vez…
- La ultima vez…-dijo él interrumpiendo mis palabras- los que murieron fueron por una causa noble Carlisle, morir al servicio de Dios es un honor.
- No creo que lo piensen así las familias de aquellos que fueron cruelmente asesinados- dije refutando sus palabras, y así era, en la ultima cacería, cinco de los nuestros habían sido encontrados brutalmente asesinados, desangrados y con extrañas heridas por todo el cuerpo…
Mi padre se levanto de su escritorio y se acercó a mi con paso vehemente hasta dejar su rostro a escasos centímetros el mío, ya que era casi tan alto como yo, sus ojos azules denotaban ese fanatismo puro que parecía crecer en la mente y pensamientos de él cada día.
- No te atrevas a cuestionar los designios de Dios, Carlisle. Has tu trabajo y regresa cuanto antes- dijo mientras se alejaba de mi, me quede parado donde estaba sin inmutar mi rostro- Y Carlisle, procura que esas "mínimas" posibilidades" se reduzcan a "ninguna"- dijo sin voltearse a verme mientras salía de la habitación.
Esa fue la última vez que vi a mi padre.
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Si has leído hasta aquí, gracias.
Ojala me dejaras un review para conocer tu opinión.
Besos
Nos leemos en la próxima parte :)
Chanel Valjean
