Chico del café
-Había una vez, antes de que los magos usasen la tele, Internet y móviles…en 1998 para ser exactos en una casa cercana a Ottery St. Catchpole, un recién graduado llamado Harry James Potter. Este chico estaba muy enamorado de su novia del colegio, llamémosla…
-¡Nina!- Saltó Daisy sobresaltándome.
Flashback:
-¡Nina!- Un joven Harry Potter llamaba a su novia. Cuando ella está a su alcance, él la atrae hacia él y la besa.
Pero, el joven Potter tenía un gran sueño:
-Un gran aplauso para el Ministro de Magia, Harry James Potter.- dice un solemne Harry frente a un espejo en su habitación.
- De verdad, Harry, no entiendo porqué tienes que irte a Londres, podrías hacerlo desde aquí o desde el Valle de Godric.- Le espeta una enfadada Nina.
- No es aquí donde me necesitan.- Harry apenas le presta atención, esta ocupado haciendo su maleta.
- Me preocupa que te cambie
- Son dos meses, Nina, sólo voy a ayudar con la campaña del candidato –Ella resopla, pero deja el tema cuando ve que el va hacia la chimenea.- Te amo, Harry Potter. Vete y has lo que debas.
Harry dejó el pequeño pueblo y se fue a Londres, a vivir y para trabajar en la campaña del nuevo candidato a Ministro de Magia confiado de que sería el mejor allí.
-¡Potter, tráeme un café!- le grita su jefe mientras el chico le hace una mueca.
Las siguientes semanas fueron horribles, era como ser el criado de tía Petunia otra vez y Harry no dejaba de preguntarse que estaba haciendo ahí. Un día le encargaron ir a buscar un informe sobre criaturas mágicas, así que Harry tuvo que ir a la cuarta planta del Ministerio a buscarlo.
-¿Tiene listo el informe para el candidato Gobliron?
- Ahora mismo no puedo atenderle- dijo una voz que le resultó muy conocida…
- ¿Hermione? ¿Qué estás haciendo aquí?- logró decir antes de abalanzarse sobre ella y estrujarla en un abrazo
-¡Oh, Harry! Trabajo aquí, al menos durante el verano, hasta que decida que hacer. ¿Qué haces tú aquí?
-Bueno, soy el chico del café, de los informes y del papel higiénico- dijo con cara de fastidio, pero al ver la sonrisa en el rostro de Hermione no pudo evitarlo y sonrió también.
-Vaaale, haré esto como un favor, sólo porqué eres Harry- se puso a rebuscar en una pila.
-Hermione, ¿Apoyas a Gobliron?
-No apoyo a nadie Harry, en el fondo todos son iguales y ahora mismo yo tengo suficiente con ayudar aquí e intentar avanzar en la liberación de los elfos domésticos. Eso es lo que me importa ahora mismo.
-¿Pero y los derechos del resto de las criaturas?- Harry la miró de hito en hito.
-Harry, a ninguno de los candidatos les importan los ideales. Siempre culparan a la Wizengamot de prohibir sus medidas, pero solo les importaran sus ambiciones.
-¡Eso no es verdad!- Discutían, pero ambos sonreían, era como estar en Hogwarts otra vez. –Esto es muy interesante, aunque me has convencido: eres apolítica.- Hermione no puede evitar una carcajada mientras le entrega el informe.- Ha sido divertido.
-¡Adiós, chico del café!
-¡Adiós, chica de los informes!
Esa misma noche mientras Rupert, Norman, Lucy y otros compañeros se divertían, Harry usaba la chimenea del Pub para hablar con Nina.
-¿Si?
-Hola, Nina, soy yo… Harry.- en su voz se notaba ya que los Wishkys de fuego hacían efecto. – Ven a Londres, te encantará. Es sorprendente.
-Harry, no me habías llamado hasta hoy- a través de las cenizas podía apreciarse la mueca que Nina le dedicaba.
-Lo estoy haciendo ahora, ven un fin de semana- ella no responde, pero su cara cae- Eh, ¿estás bien?
- Sí, es sólo que te extraño, pero intentaré ir. Adiós.
-Adiós- dice Harry, pero ella ya ha desaparecido
-No creo que sea mi madre- me dice Daisy y comprendo que se refiere a Nina- parece fría y mimada. No tiene madera de mamá. Pero…
- ¿Pero que?- No creo que esto haya sido una buena idea
- Hermione sí, es inteligente y te mantiene a raya, quizás ella sea mi madre.- Yo sólo me río, conozco a Daisy: usará cada expresión para intentar averiguar la verdad- Eh ¿Quieres chocolate y galletas?
-¡Claro!- con una carcajada me marchó hacia la cocina, esta va a ser una noche muy larga.
