Una especie de proyecto para un fic crossover (bastante absurdo, en cierto modo XD) entre "School Rumble" y "Majin Tantei Nôgami Neuro". Intentaré continuarlo si me es posible, pero lo cierto es que sólo tengo una ligera idea de como va a ser el argumento; así que agradeceré cualquier tipo de sugerencia o idea para algún capítulo, subtrama o complemento a la trama principal! :)

Añadir además que me he tomado algunas libertades (como suelo hacer) a la hora de situar la historia dentro de la línea temporal del manga... Si os soy sincero, no tengo ni la más remota idea de dónde encajarla XD Así que ponedla donde mejor creéis que queda dependiendo de los personajes y hecho que mencione.

Espero que os guste y que al menos os arranque una sonrisa! Y ya sabéis, si en algún momento se me va la olla con alguna situación... ¡Agradeceré que me corrijáis!


School Mysteries

Capítulo I: Llega la famosa colegiala detective

El Instituto Yagami siempre se había caracterizado por ser bastante informal en determinados aspectos. No se debía precisamente a que los que lo dirigían fueran de esa clase de personas que apoyan el uso de métodos psicológicos basados en permitir que los alumnos hagan lo que les dé la gana para que se desarrollen con una personalidad fuerte y resistente. Era más bien porque los propios alumnos, sin que se les dijera nada, ya hacían lo que les daba la gana. Podían montarse un partido de hockey en la piscina vacía del instituto o convertir una tranquila noche en el centro en una guerra sin cuartel con armas inquietantemente realistas. Todo dependía de la ocasión en general y de los alumnos en particular.

Por eso a nadie le pareció raro que, a mitad del curso y por razones no concretadas, fuese aceptada en la clase de 2º C una nueva alumna venida desde otra ciudad. Es más, a más de uno le importaba poco más que nada.

-Chicos, os presento a Yako Katsuragi. Ha tenido que venir a vivir por la zona por motivos que desconozco y estará con vosotros una temporadita.

A decir verdad, el profesor tampoco estaba muy seguro de cuánto significaba esa "temporadita", pero a él le pagaban lo mismo independientemente de estar al tanto de ese dato.

La chica en cuestión sonreía nerviosa al lado del maestro. Ella tampoco entendía cómo había acabado en otro instituto (aunque sólo fuera temporalmente) ni por qué tenía que haberle ocurrido en una fecha tan delicada dentro del año escolar. Se trataba de una chiquilla bajita, menuda y con el pelo rubio y corto. Nada en ella resaltaba demasiado, incluso daba una imagen un poco mísera para el que considerara míseras a la niñas delgaduchas. Sin preámbulos, soltó un "hola" y se sentó en el sitio que le indicaron. El profesor reanudó entonces la clase, sin demasiada emoción al tratarse de un viernes.

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-¿Os habéis fijado en la nueva? –comentó una chica durante el cambio de clase-. Parece bastante callada...

-Mujer, será que le da corte –añadió otra restándole importancia al asunto. Era bastante alta al lado del resto y lucía una media melena azulada-. ¿Cómo te sentiste tú en tu primer día de colegio?

-¿Cómo quieres que me acuerde eso?

La primera chica miró de reojo a la peliazul. Tenía la piel blanca como la porcelana, y llevaba su largo pelo rubio recogido en dos coletas. A primera vista, estaba claro que debía de ser la típica niña pija que hay en todas las clases. Y en efecto, Eri Sawachika tenía dinero suficiente como para seguir siendo rica durante cuatro vidas más. Sin embargo, eso no la hacía demasiado distinta a las otras chicas, como su amiga Mikoto, la chica con la que estaba hablando, una alumna radicalmente diferente.

-En cualquier caso no es algo que nos deba quitar el sueño.

Una tercera chica, que hasta entonces había permanecido callada y pasiva, intervino para sorpresa de las otras dos, que no se esperaban que tomara vela en ese entierro. Tenía el pelo considerablemente más corto que las otras e impecablemente castaño.

-Venga, Akira –dijo la rubia-. No me digas que no tienes curiosidad por ella...

-No la tengo.

-¿Por qué no vamos a saludarla? –propuso Mikoto-. Parece muy sola en su sitio...

Las tres miraron hacia la chica nueva, que estaba en su pupitre mirando distraídamente por la ventana. No parecía deprimida ni nada en especial, simplemente estaba ausente.

-Es raro que aún no se le haya acercado nadie para preguntarle cosas, siempre suele haber algún pesado que mata a preguntas a los nuevos –dijo Eri de pasada-. Por cierto ¿habéis visto a Tenma?

-Sí... Está ahí.

Mikoto señaló hacia el mismo sitio en donde se encontraba la chica nueva. En ese mismo momento, una chica bajita y morena con dos coletitas en el pelo se acercaba a ella con una animada sonrisa y el mejor de los gestos de buena voluntad. Tenma Tsukamoto era, en pocas palabras, una cabeza de chorlito. Ponía todo su empeño en lo que hacía, pero era torpe, lenta y patosa hasta extremos que rozaban el ridículo. Eso no quitaba que fuera una buena amiga y una maravillosa persona... Pero influía mucho. Normalmente solía pasarse los descansos entre clase y clase mirando a su amor platónico, un tal Ooji Karasuma (que apenas sí le hacía caso)... Pero ese día no había ido a clase. Por lo que, en esos momentos, Tenma era esa "persona pesada que mataba a preguntas a los nuevos".

-¡Hola! –saludó sonriente como una niña pequeña-. Me llamo Tenma Tsukamoto ¿qué te parece nuestra clase?

La chica rubia, algo confusa por la repentina muestra de hospitalidad, no supo cómo responder exactamente a la pregunta.

-Eh... Supongo que está bien. Es diferente a mi antiguo instituto, pero me gusta.

-Ya verás como te lo pasas en grande por aquí. Si todavía no conoces a nadie puedo presentarte a unas amigas, no nos importa que vayas con nosotras.

-No hace falt... –empezó a decir con la intención de excusarse, pero no pudo acabar la frase.

-Oye... Tú cara me suena. ¿Cómo decías que te llamabas?

Yako empezaba a temerse lo que sabía que estaba a punto de ocurrir. De nada serviría negar lo evidente.

-Soy... Yako Katsuragi.

La mirada de la morena se iluminó de repente, como si acabara de darse cuenta de que estaba ante una vieja conocida sin haberlo notado.

-¡Sí, eres tú! –exclamó presa de su propio fanatismo-. No entiendo como no te reconocí cuando te presentó el profesor ¡Eres la famosa colegiala detective que resolvió el caso de Aya Asia!

-S-sí, lo soy... Pero no grites tan fuerte...

A Yako no le hacía demasiada gracia que la reconocieran de esa forma. Especialmente si consideraba que ese mérito que se le atribuía no era realmente suyo, cosa que la hacía sentirse aún más hundida si eso era posible.

-¡Eh, chicas! –llamó Tenma al grupo que había estado contemplándolas desde la otra punta de la clase-. ¡Venid un momento!

Las tres se acercaron sin demasiado entusiasmo. Tenma sabía poner a la gente en evidencia, y en momentos como ése se descontrolaba cosa mala.

-¿No os suena su cara?

-No demasiado... –respondió Mikoto.

-¡Es la famosa colegiala detective que sale en los periódicos! –anunció la morena, provocando que Yako sintiera deseos de esconderse en cualquier sitio que pillara.

-Yo nunca he oído hablar de ninguna colegiala detective –dijo Eri sin mostrar mucho interés.

-Yo sí, pero como si no fuera así –murmuró Akira, que estaba mucho menos interesada en el asunto que la otra.

-¿Cómo que no? –se extrañó Tenma- ¿Ni siquiera tú, Mikoto?

Ante el gesto de negación de su compañera, Tenma se sintió al borde de la depresión.

-¿Pero es que soy la única que lee ese tipo de noticias?

Un incómodo silencio se apoderó de la escena. Siempre se dijo que el que calla otorga, y en este caso la frase no iba desencaminada. Coincidiendo con esa desafortunada situación, el dueño de un oído que había estado atento a toda la conversación miró hacia las chicas con determinación. Se trataba de Kenji Harima, el gamberro más descerebrado y bruto que uno podía echarse a la cara... O al menos en apariencia. Detrás de sus pintas de macarra y de sus sempiternas gafas de sol se escondía un corazón sensible; en alma de mangaka combinada con la pasión de un hombre enamorado... Enamorado de una chica tan opuesta a él como podía ser Tenma Tsukamoto.

"La colegiala detective...", se dijo a sí mismo, "Parece que ninguna de las amigas de Tenma ha oído hablar e ella y han hecho quedar a la pobre como un bicho raro". Harima se emocionó al pensar que él sí había oído hablar de la colegiala detective (leía la misma clase de noticias que la chica). ¡Era una excusa perfecta para acercarse a Tenma e impresionarla demostrando que estaba al tanto de las últimas novedades en ese tipo de temas. Ya lo estaba viendo, se acercaría haciendo gala de toda su seguridad y elegancia para darle la razón a Tenma.

-¿De verdad no habéis oído hablar de la famosa colegiala detective? –preguntaría-. Pena me dais... ¡Hay que estar informado de lo último! Si no cómo queréis que os tomen en serio el día de mañana...

-¡Harima! –le respondería su dulce Tenma-. ¡Sabía que tú sí sabrías entenderme de esa manera!

-Claro, Tenma. Estamos hechos el uno para el otro.

Y ambos se fundirían en un abrazo cargado de pasión.

De vuelta a la realidad, Harima acababa de garabatear sobre su arrugado cuaderno el borrador de la película que él mismo se estaba montando. Dejó el lápiz sobre el pupitre y se levantó con decisión. Iría hacia Tenma y haría realidad su fantasía.

-¿De verdad no...? –empezó a decir.

En ese momento, un musculoso brazo lo apartó hacia un lado antes de que las chicas pudieran percatarse de su presencia.

-¡Quita, gamberro! –dijo el intruso.

Se trataba de Haruki Hanai, un chico robusto, fuerte y responsable, con un corte de pelo perfectamente simétrico y unas gafas de empollón que no iban nada acorde al resto de su cuerpo. Experto en artes marciales y uno de los estudiantes más aplicados de su curso, Hanai era el delegado de clase, y se tomaba el cargo con toda la seriedad con la que una persona podía tomarse algo. Se plantó delante de la chica nueva con toda la rectitud que le permitía su cuerpo.

-Me llamo Haruki Hanai –anunció con la profesionalidad de un jefe que se presenta ante sus empleados-. Soy el delegado de la clase y la máxima autoridad en temas escolares y relacionados con el instituto en general. Espero que acates las normas y que disfrutes de tu est...

Un mano se apoyó en el hombro de Hanai con una fuerza ultraterrena. Harima acababa de sujetarlo con toda su ira Ambos rivales se miraron a los ojos durante unos segundos de tensión hasta que uno de ellos decidió romper el hielo.

-¿Algún problema, alborotador?

-Sí, gafitas. Me parece que hace un momento tropezaste conmigo y me mandaste directo a la pared.

Las chicas contemplaron la escena nerviosas, conscientes de que ese tipo de roces entre Harima y Hanai nunca acaban en nada bueno. Incluso la chica nueva se temía lo peor, a pesar de casi no conocer a los dos chicos que tenía a pocos metros y que parecían a punto de explotar.

-¿Quieres que discutamos ese asunto de los tropiezos, Harima, o prefieres que hagamos una repetición para ver cómo fue exactamente? –preguntó Hanai en un tono cargado de sarcasmo.

-Hijo de...

Harima se detuvo al darse cuenta de que seguía delante de las chicas. Ahí estaban la colegiala detective... ¡Y Tenma! No podía perder el tiempo con el cretino de Hanai, tenía que actuar con esa seguridad y elegancia de la que ya había hablado antes. Con destreza, se zafó de Hanai y se situó justo ante la chica rubia, al ladito de Tenma para que ésta pudiera verlo bien.

-Tú debes de ser la famosa colegiala detective –dijo con un tono que, supuestamente, debía sonar despreocupado y animado-. He oído hablar mucho de ti en los periódicos, técnicamente soy un fan más; y estoy seguro de que en la clase tiene que haber muc...

-¡Eh, Harima! –gritó Hanai a su espalda-. ¡No intentes evadirte de las cosas cambiando de tema! Si te doy miedo dímelo.

-¿Habrá algún fan más de la colegiala detective por aquí?

Harima, que seguía a su bola, miraba a su alrededor con gesto teatral, como esperando la intervención de Tenma. Yako se sentía un poco presionada por la presencia de ese chico tan raro. La ponía nerviosa sin llegar a asustarla... Pero es que meterle miedo a ella era bastante difícil; o al menos para una persona normal.

Por su parte, las chicas fingieron no conocer a Harima, que también era un experto en hacer pasar vergüenza ajena a los compañeros. Akira permaneció impasible, Mikoto miró para otro lado y Eri murmuró algo con una mirada cargada de reproche. Sin embargo, Tenma sí que le prestó atención.

-¡Yo también soy fan! –declaró sonriente-. Qué casualidad ¿no?

-¿De verdad? –dijo con falsa sorpresa-. ¡Quién lo iba a decir! Parece que hemos coinc...

Hanai volvió a la carga justo en ese momento, agarrando a Harima por los hombros y apartándolo del grupo de chicas.

-¡Te he dicho que no pases de mí, caray!

Harima miró hacia las chicas con expresión ausente, acentuada por las gafas de sol que le tapaban los ojos.

-Eh... Un momentito... Luego si eso seguimos con el tema de la colegiala detective –miró hacia Hanai y su expresión cambió a una de guerrero de los infiernos-. Te vas a cagar, cuatroojos...

Justo en ese instante, se abrió la puerta de la clase y apareció una mujer alta y morena con gesto serio y mirada penetrante. Clavó sus ojos en Harima y Hanai, que enseguida se alejaron el uno del otro e hicieron como si no hubiera ocurrido nada entre ellos. Se trataba de la señorita Itoko, una de las maestras que más imponían. Tanto que era capaz de controlar hasta a Harima sólo con su presencia (a lo que había que sumar que era su prima y la persona que le proporcionaba un sitio en donde vivir, por lo que podía chantajearle de todas las maneras imaginables si era preciso).

-Bien, chicos –dijo sin muchas expectativas-. Se acabó el descanso.

Todos se sentaron en sus respectivos asientos, algunos más enfurruñados que otros. Las chicas se despidieron de Yako, a quien habían invitado en el último momento a que se sumara al grupo en los recreos (idea de Tenma, que se obsesionaba en seguida con cualquier cosa). Mientras tanto, la antedicha volvió a mirar por la ventana, como si buscara algo.

Con disimulo echó una ojeada a su teléfono móvil. Llevaba un adorno que parecía una especie de coleta en miniatura que no paraba de moverse. Volvió a mirar por la ventana expectante. No había nadie en el patio del instituto, pero sabía que él la había seguido hasta ahí. No tardaría en aparecer. La cuestión era dónde, cuándo... y en qué circunstancias.


Saludos!!