Aunque no haya recibido reviews, yo sigo pulicando esto :) Lo cierto es que también podría haber elegido un crossover más normalito, poco público tendrá este! XD

Bien, aquí traigo el segundo capi. Como veis, un nuevo personaje ha hecho aparición (quién será? XD ¿Acaso no es obvio?) y la cosa se va a poner bastante interesante!

A popósito, si alguien busca una explicación lógica a por qué Yako se ha cambiado de insti de esa manera... Pues no creo que la encuentre, ni siquiera ella lo sabe XD Supongo que podemos decir que es algo relacionado con el trabajo de su madre, aunque tampoco me he comido el coco con el asunto... Lo importante es hacer coincidir las series. Total, no sería la primera vez que encontramos cosas ilógicas en el mundo del anime!

Espero que os guste y que alguien se digne a dejar reviews :) Serán bienvenidos!


Capítulo II: El hombre de la maleta

-¡Eh, Katsuragi! –llamó Mikoto-. ¡Estamos aquí!

-Sí, ya os he visto –respondió Yako acercándose al grupo con una sonrisa.

Llevaba casi una semana en el Instituto Yagami y todo iba viento en popa. Había pasado el fin de semana con sus nuevas compañeras de clase, y lo cierto es que eran realmente simpáticas. Al margen de cosas como lo gritona que podía llegar a ser Tenma o la frialdad de la personalidad de Akira, no había tenido ningún problema para integrarse en el grupo en apenas unos días.

-Pero os he dicho que me llaméis por mi nombre, ya nos conocemos –añadió cuando estuvo frente a ellas.

Las chicas rieron animadamente. Las clases estaban a punto de empezar y el día parecía soleado y alegre, no se podía pedir nada más para comenzar con energía una larga jornada.

-Y a todo esto –comentó Tenma mientras las cinco entraban por la puerta principal del instituto-. ¿Has resuelto algún caso desde que estás aquí?

Yako suspiró. Probablemente, lo único que no le gustaba de ese grupo de amigas era que Tenma le preguntara cada día cosas de detectives. Al principio Yako pensó que la personalidad de Tenma debía de ser la consecuencia de ver demasiado la televisión, pero luego descubrió que realmente era así por sí misma. De cualquier forma, la rubia encontraba estresante que le recordaran cada media hora que era una "gran detective". El simple hecho de que se lo mencionaran hacía que le viniera a la cabeza la posible visita que sabía que recibiría de un momento a otro y que llevaba esperando desde el primer día. Ocurriría de improvisto y justo cuando menos se lo esperara, por eso era tan terrible tenerlo en mente.

-No... Éste es un sitio tranquilo, no parece que ocurra nada que merezca una investigación detectivesca.

-Jo... Es verdad –se lamentó Tenma-. Con la ilusión que me hacía verte en acción.

"Esta chica se cree que soy una Sherlock Holmes en potencia", pensó Yako. Pero no la culpaba, ésa era la imagen que habían creado de ella.

-Tenma, no seas tan pesada. ¡Deja en paz a la chiquilla! –le reprochó Eri-. Si yo fuera una detective no me gustaría que la gente me acosara con preguntas cada dos segundos.

-Además, los amigos no están para hablar con ellos de trabajo –rió Mikoto-. Mejor cambiemos de tema.

-Supongo... –dijo Tenma mirándolas de reojo.

Yako sonrió. Las chicas sabían controlarse perfectamente entre ellas. No tenía que preocuparse por nada.

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Kenji Harima iba a toda pastilla en su moto. Llegaba tarde al instituto, y si llegaba tarde una vez más probablemente no le dejarían entrar, por lo que no podría pasar ese día cerca de Tenma. Maldiciendo a su despertador y a su prima (por no haberlo avisado cuando se marchó), decidió tomar un atajo saliéndose de la carretera para llegar cuanto antes.

-¡Mierda, mierda, mierda! –gritaba al tomar cada curva-. ¡Maldita Itoko, parece que quiera fastidiarme aposta! Como llegue tarde voy a... ¡AAAH!

Harima frenó en seco, tan repentinamente que casi estuvo a punto de caerse por pura inercia dentro de uno de los campos de arroz que bordeaban el camino por el que circulaba

-¿Pero qué puñetas es esto?

Delante de él, había una enorme maleta tirada en medio del camino. Tan grande que, de haber chocado contra ella, no lo hubiera contado.

-¿Qué hace una maleta aquí?

El gamberro se bajó de la moto para echar a un lado el trasto. No había nadie por los alrededores, así que seguro que la habían abandonado. Y si alguien se quejaba... pues no era su problema.

-La condenada es tan grande que ocupa todo el ancho del camino, maldita sea... –murmuró Harima mientras se agachaba para coger en peso el enorme bulto-. No tengo tiempo para miramient... ¡Joer!

Harima retrocedió de un salto. La maleta se había movido como si tuviera algo vivo dentro... ¿Quién narices había puesto esa cosa ahí? Bloqueada como estaba la vía, Harima se debatía entre dar marcha atrás y arriesgarse a coger el camino largo o volver a acercarse a la maleta para ver qué tenía dentro. Ninguna de las dos opciones le parecía muy sugerente.

-¿Q-qué hago? –preguntó sudoroso-. A ver si me voy a meter en donde no me llaman...

-Ah, así que sigue aquí. Me alegra ver que nadie se lo ha llevado –dijo una voz profunda a sus espaldas.

Harima se giró para contemplar a un absoluto desconocido que sonreía con mirada ausente y gesto maquiavélico. Llevaba un extraño corte de pelo; todo rubio con algunos mechones negros en la frente y un sinfín de pequeños abalorios con forma de triángulos a modo de adorno en la punta de los cabellos. El tipo era alto y delgado, y vestía un traje de chaqueta un tanto estrafalario, con adornos parecidos a los de su pelo y un par de guantes de cuero que cubrían unas manos alargadas como garras. Curiosamente, a Harima le dio la impresión de que la mirada del hombre no era de este mundo.

-¿Esto es tuyo? –preguntó tratando de no mostrarse intimidado-. Está bloqueando el camino, no puedo pasar con la moto.

-Tranquilo, ya me lo llevo –sin aparente esfuerzo, el extraño se acercó a la enorme maleta y se la llevó al hombro... levantándola con una sola mano-. Sólo estoy de paso, dejé esto por aquí para dar una vuelta y explorar el terreno.

Por mucho autocontrol que tuviera, Harima fue incapaz de contener una expresión de asombro al ver como el hombre cogía en peso ese bulto casi tan grande como él mismo como si fuera un globo. ¡Ese tío debía de tener la fuerza de un oso polar como mínimo! Quitándose la idea de la cabeza, Harima miró para otro lado para asegurarse de que su moto seguía en donde la había dejado y, ya de paso, para esquivar los extraños ojos del hombre.

-Bueno, pues hasta otra. Yo me...

El amago de despedida del macarra no llegó a consumarse porque, cuando se quiso dar cuenta, el hombre del traje azul había desaparecido sin dejar el menor rastro. El terreno era totalmente llano, por lo que no podía haberse escondido en ningún sitio. ¡Y era imposible que alguien se hubiese esfumado de esa manera con semejante bulto sobre los hombros!

Si no fuera porque Harima se consideraba un tipo duro, hubiera podido decirse que estaba algo asustado... ¡Pero él estaba por encima de esas cosas!

-¡MIERDA! –exclamó, olvidándose del tipo de los abalorios-. ¡Si no llego en dos minutos me cerrarán las puertas!

De un salto, subió a la moto y la arrancó. Aceleró sin pausa hasta que el vehículo estuvo a punto de explotar por la propia presión que ejercía su conductor sobre él. Una sola idea poblaba ahora su cabeza.

-¡Ya voy, Tenma!

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-¿Qué le pasará a Harima? –comentó uno de los chicos de la clase.

-No sé, ha llegado hecho una furia por algo sobre una avería que ha tenido con la moto...

-Seguro que ha estado usándola para hacer carreras ilegales por las noches, he oído hablar de esas cosas en las noticias... Qué miedo da ese tío.

En efecto, Kenji Harima había llegado a segunda hora porque, hacia la mitad del camino, su moto había decidido dejar de funcionar. Por lo que el chico tuvo que continuar a pie el resto del trayecto... Más bien, tuvo que hacerlo cargando con la moto, porque no estaba dispuesto a dejarla tirada en medio del camino para que se la llevara cualquier sinvergüenza. Probablemente algún mecanismo habría dado de sí, ya se pasaría por el mecánico al salir de clase. Por suerte, el estar sentado a lado de Tenma hacia que su cabreo disminuyera considerablemente... ¿Qué estaría pensando ella?

"¡Hoy ha venido Karasuma, que bien!", se alegró Tenma para sí, sin prestar ninguna atención a la lección del maestro, "¡Puedo notar su mirada penetrante en la nuca!"

En realidad, el chico estaba mirando por la ventana, como de costumbre. No había nada de especial en el patio aquel día, salvo una moto echando humo y tipo raro con una maleta sobre el hombro. Karasuma bostezó sin entusiasmo, se preguntó que habría para comer ese día mientras observaba como la moto del patio empezaba a caerse a pedazos.

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-Parece que mañana hará buen tiempo también. ¿Hay algún plan para la tarde? –preguntó Eri mientras los estudiantes salían del colegio.

-Yo me quedaré en mi casa, tengo que ver los cuatro episodios de "Tres samurai con espada" que tengo grabados –contestó Tenma emocionada sólo de pensar en su serie de televisión favorita-. Llevo toda la semana sin poder verlo.

-¿Por qué? Si nunca te lo pierdes –preguntó Mikoto con curiosidad.

-Es que he estado ocupada terminando el trabajo para clase de dibujo. ¡Ya veréis cómo me ha quedado!

-¿Tú has preferido hacer un trabajo de la escuela en vez de ver esa serie? –preguntó una escéptica Akira, en una de sus escasas intervenciones.

- Sí –dijo Tenma con una risita de niña pequeña-. Es que esta vez me lo he currado. ¡Os va a encantar! Por cierto, Yako. ¿Tú has visto "Tres samurai con espada"?

-¿Es una de esas series históricas?

-¡Sí! Es la mejor. ¡Y Mangoku es lo más!

Estaba claro; Tenma era una obsesa. Yako sonrió nerviosa con una gotita de sudor en la frente.

-No, no la he visto...

-Por cierto, a ver si vienes un día a cenar a mi casa. ¡Parece mentira que sólo conozcas a mi hermana de vista! Te le tengo que presentar en condiciones.

-Ah, claro –otra cosa no, pero Yako jamás rechazaba una invitación a comer; fuera en el sitio que fuera.

Las chicas continuaron conversando hasta que, llegado el momento, cada una tiró para su casa.

-¡Hasta luego! –se despidió Yako-. Mañana nos vemos a la misma hora.

Cuando se quedó sola, Yako continuó andando sin perder el ánimo. Los últimos días habían sido muy tranquilos, eso se agradecía. Sacó su teléfono móvil y echó un vistazo al adorno. Seguía agitándose sin parar, como una pequeña serpiente. La rubia sonrió. Se había llevado a Akane con ella para que le hiciera compañía cuando estuviera sola. Al fin y al cabo, el mecanismo que la unía al móvil estaba ya lo suficientemente desarrollado como para que aguantara varios meses. No tendría que preocuparse por que se le acabara la batería y su amiga se pudriera como pasó la primera vez que la intentaron separar de su auténtico cuerpo.

Así andaba Yako, pensando en sus cosas, cuando oyó un ruido raro a sus espaldas. Giró la cabeza hacia atrás temiéndose lo peor, pero no vio a nadie. ¿Podría habérselo imaginado? Volvió a mirar hacia el otro lado sin quitarse de la cabeza el extraño ruido. Entonces algo cayó con un sonoro estrépito justo a escasos centímetros por delante de ella. La chica no pudo reprimir un grito por la impresión... ¡Era una enorme maleta que se retorcía!

-¿Q-qué es...?

De pronto lo entendió todo, sabía lo que vendría ahora. Miró hacia arriba para contemplar aquello que ya le era tan familiar; un tipo alto con un traje azul que la observaba con una diabólica mirada de superioridad, subido en una farola de una forma que desafiaba indiscutiblemente las leyes de la gravedad. Después de casi una semana, él había llegado al fin.

-¿Qué tal, Esclava Número Uno? –preguntó el hombre con un deje de malicia en la voz-. ¿Te lo has pasado bien sin mí estos últimos días?

Sus ojos destellaron con un brillo demoníaco mientras exhibía una sonrisa llena de colmillos.


Saludos!