De vuelta en mi tienda intenté dormir aunque sabía que no podría.

Me acosté sobre el duro suelo, la espalda me dolía. No estaba acostumbrada a dormir así, echaba de menos mi suave y caliente cama y mi cómoda habitación junto a mi hermano...

No pude evitarlo y comencé a llorar, cúanto lo echaba de menos...era tan pequeño...tan sólo un bebé. ¿Cómo puede alguien matar a un bebé?

Los odiaba y me habría vengado de haber podido...

...pero no podía.

Fijé la vista en el techo, lágrimas resbalando por mis mejillas. Me odiaba, debería de haberle protegido pero...tenía miedo.

Al parecer dije eso en alto porque alguien me contestó.

- Tú no habrías podido hacer nada para protegerle y lo sabes. No te culpes.

Me incorporé de golpe justo para ver a Ulises frente a mi en la entrada, arrodillado y con un plato con comida ente sus manos. Él había sido quien había dicho aquello.

Me sorprendió verle allí y él pareció notarlo.

- No tengas miedo, simplemente pensé que no habrías comido, ¿me equivocaba?- preguntó.

- No tengo hambre.- respondí bruscamente.

Me arrepentí de haberle hablado así nada mas hacerlo pero no había podido evitarlo. No iba a conseguir nada portándome así con la única persona que parecía querer ayudarme pero estaba avergonzada también de que me hubiera visto llorar.

Afortunadamente él era mas educado que yo.

- Bueno, de todas formas dejaré este plato aqui, sólo por si alguien tuviera hambre, hay muchas ratas ahí afuera.- dijo él.

Yo sonreí y me limpié las lágrimas, le miré pero no me pareció que estuviera ofendido por lo que había dicho antes, aquello de "sois todos unas ratas", y comprobé que sólo bromeaba. Agradecí que así fuera y tuve que disculparme.

- Lo siento, no pretendía ser tan desagradable, gracias- dije mientras tomaba el plato y lo dejaba en el suelo junto a mi.

Él me miró y sonrió también.

- No te preocupes, yo actuaría exactamente igual de ser tú. Debes pensar que somos unos seres horribles.

- O ratas...

Ulises rió.

- Sí, algún tipo de feas y peligrosas ratas.- añadió haciendo una mueca.

No pude evitar reír también ante aquello, era la primera vez que reía en mucho tiempo y ya pensaba haberlo olvidado.

- Tienes una risa encantadora, me alegro de comprobar que no la has perdido- comentó sonriendo como si hubiera leído mis pensamientos.

Yo aparté la mirada tímidamente y dejé de reír.

- Gracias.

Hubo un momento en el que ninguno de los dos dijo nada y nos envolvió un incómodo silencio. Luego él fue el primero en moverse.

- Bien, creo que debería irme. Que disfrutes la cena.- dijo mientras comenzaba a salir de allí.

- Espera- susurré. Él se detuvo. - Quería darte las gracias.

- Ya lo has hecho- me recordó.

- ¿Por qué eres tan amable conmigo?

- No soy tan amable, es simplemente que los demás son demasiado desagradables- rió. Luego fijó sus ojos azules en los míos.- Nadie se merece ser tratado como un animal, no importa que sea un prisionero o un hombre libre. Algunos de nosotros aún intentamos mantener nuestro honor aunque seamos unos asesinos.

Yo asentí.

- Buenas noches Arish, y no te preocupes, nadie te molestará esta noche, tienes mi palabra, intenta dormir.

- Eso haré.

Le observé mientras salía fuera y sonreí para mí, le creí y por primera vez me sentí segura.

Me comí la comida, no era cierto que no tuviera hambre, además descubrí que no era carne de caballo sino pollo.

Luego intenté dormir y me sorprendió conseguirlo.