Capítulo Seis

Entreabrí los ojos al sentir la suave brisa matutina penetrar en el interior de la tienda. La noté acariciando mis cabellos...¿o no era el aire quien lo hacía? Sentí también el tacto humano y me giré para comprobar que se trataba de Ulises pero esa vez aquello me reconfortó. No obstante lo que reflejaba su rostro...

La cabeza me dolía muchísimo, como si me la hubieran golpeado con un martillo y además noté una nueva herida en el labio.

Intenté recordar lo que había sucedido pero los recuerdos se me amontonaban y llegado un momento desaparecían de mi mente tornándose todo muy confuso.

Recordaba haber logrado llegar hasta las puertas de mi ciudad y entrar en ella, y también la conversación con Aquiles y aquellos hombres. Tenía la impresión de que apenas había pasado un instante desde que obligaron a mis compañeros a volver a las tiendas, y a mi...debieron dejarme inconsciente pues a partir de ahí no me acordaba de nada mas.

Miré de nuevo a Ulises, definitivamente su expresión no me resultaba nada alentadora, parecía como si temiera algo, sus ojos reflejaban miedo y dolor...¿pero por qué?, ¿o por quién?

Intenté incorporarme manteniendo una mano en la cabeza con la vana intención de aplacar el dolor que sentía. Ulises me ayudó y una vez estaba sentada sobre la manta se situó frente a mi.

Apartando la mirada y fijándola en el suelo me explicó el porqué de su actitud. Al parecer iban a castigarme por haber intentado huir la noche anterior y la pena consistía en veinte latigazos.

No pude ocultar el miedo que sentí al oír aquello. Nunca en mi vida había recibido un castigo físico y ahora iban a golpearme en la espalda hasta que me derrumbara por el dolor.

Mi primera reacción fue intentar escapar. Lo hice instintivamente y salí de la tienda.

Pero Ulises salió apresuradamente detrás mía y me agarró suave pero firmemente del brazo, aún así no habría ido muy lejos.

Miré a mi alrededor, todos estaban fuera de las tiendas y parecían esperar algo, me esperaban a mi...

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al ver las expresiones de mis compañeros que ya conocían lo que estaban a punto de hacerme, algunos gritaron pidiendo el perdón para mi pero les hicieron callar bruscamente amenazándoles con ser castigados a mi lado.

Entonces vi al hombre que me había golpeado la noche anterior y el cual supuse que llevaría a cabo todo.

Pero lo que me llamó la atención fue el joven que permanecía a su lado y no era un guerrero, ni siquiera era griego, era uno de los nuestros, un prisionero, yo le había visto por Troya aunque no le conocía tanto como a algunos de mis amigos, no sabía su nombre. Sin embargo no se encontraba con los demás sino junto al hombre. Me llamó la atención el hecho de que evitara mi mirada.

El guerrero me ordenó que me acercara y los demás hicieron un círculo a su alrededor dejándoles a él y al chico en el centro y abriendo un pasillo para mi.

Yo dudé y miré a Ulises pero éste asintió y me llevó hasta ellos de la mano suavemente.

Estaba atrapada, ni siquiera mi señor iba a ayudarme, él, que siempre había intercedido por mi cuando estaba en peligro, el mismo que me había dejado dormir junto a él confiando plenamente en mi incluso tras haberme dado un arma..., ahora no iba a ayudarme.

Los ojos se me llenaron de lágrimas rápidamente al sentirme tan incapaz de hacer nada, al saber lo que iban a hacerme y que nadie iba a impedirlo.

Estábamos ya a unos cuatro pasos de ellos cuando vi el objeto que sujetaba el hombre en su mano, no era un látigo propiamente pero sí algo semejante que solían usar en mi ciudad para dirigir a los caballos. Iban a usar aquello sobre mi.

No pude evitarlo, el miedo se apoderó de mi y tiré de Ulises hacia atrás mientras retrocedía asustada intentando soltarme. Eso provocó algunas carcajadas entre los guerreros aunque no todos se rieron.

No me importaba, tenía que irme, no podían usar aquello conmigo, yo no era un animal, mi espalda no era tan fuerte ni yo tan resistente, me matarían.

Pero Ulises me agarró con fuerza de forma que no pudiera irme. Le miré a los ojos, suplicante, con lágrimas sobre mis mejillas, pidiéndole en silencio que me ayudara.

- Lo siento- fue lo único que dijo en un susurro. Pero supe que era sincero. Él también tenía los ojos llorosos y se notaba el dolor en su tono de voz, casi quebradiza al dirigirse a mi con esas dos simples palabras.

- ¿Por qué?- pregunté, no refiriéndome a aquello sino a la razón por la cual permitía que eso se llevara a cabo.

- Yo no puedo hacer nada, debes cumplir el castigo...- me abrazó, afectuosamente, irradiando cariño hacia mi, pude notarlo, como si abrazara a su propia hija- lo siento, Arish- repitió en el mismo tono.

Yo asentí y bajé la mirada mientras oía al otro hombre ordenar que me acercara de nuevo, parecía ansioso por llevar a cabo el castigo.

Levanté la mirada para ir junto a él y sentí una mano sobre mi hombro en el lado opuesto al que estaba Ulises.

- Aquiles...- susurré extrañada al verle.

- No le des la alegría de oírte suplicar ni gemir. Se fuerte Arish, lo eres, y los dioses pueden estar orgullosos de ti.- me dijo. Yo sonreí, me alegró oírle decir aquello pues pensaba que me despreciaba. Agradecí ese gesto y caminé con fuerzas renovadas hacia el hombre que me esperaba.

Una vez a su lado observé al chico que permanecía junto a nosotros. Ulises y Aquiles estaban frente a mi pero mas alejados. Entonces noté que el chico, además de evitar mirarme, temblaba.

- Supongo que te preguntarás por qué está aquí este joven- dijo el hombre leyéndome el pensamiento- bien...Arish, te presento a Ecleto, él digamos que estaba preocupado por vuestra seguridad y tuvo el detalle de avisarnos para evitar que os ocurriera nada al alejaros de aquí.

"O sea que es el traidor que nos delat" pensé yo. Lo maldije con toda mi alma, ¿por qué uno de los nuestros iba a ayudar a los griegos en vez de intentar escapar? no alcanzaba a comprenderlo.

El chico ni levantó la mirada al oír aquello.

- Maldito traidor- murmuré- ¿qué pasa? ¿ahora no tienes agallas para mirarme pero sí las tuviste para traicionarnos?

Ecleto no contestó.

- ¡Maldito seas! ¡contesta!- grité furiosa mientras le agarraba del cuello dispuesta a hacerle por lo menos dirigir sus ojos a los míos pero me apartaron de él.

- Ellos han ganado...- empezó el chico- mejor estar de su lado que contra ellos...

- Sabía decisión...

- ¡¡Cobarde!!- exclamé con rabia.- ¡lo habríamos conseguido!

- Nos habrían pillado y ahora seríamos todos azotados en vez de sólo tú.

Aquello me sentó como si me hubiera cruzado la cara con su mano. Fui yo la que lo hizo y lo habría matado si no me lo hubieran impedido alejándome de él de nuevo.

Pero esta vez me llevaron al centro del circulo que habían formado los guerreros, con los demás prisioneros a un lado, situados de forma que pudieran verme claramente para aprender lo que les pasaría de intentar infligir las normas de nuevo, y Ulises y Aquiles frente a mi.

No sería capaz de describir las expresiones que vi en ellos en aquel instante. Parecían sentirse inútiles, incapaces de hacer nada por ayudarme. Sabía que no querían presenciar aquello pero estaban obligados a estar presentes, por lo menos Ulises al ser yo su esclava.

Supe al ver sus miradas que iban a hacerlo ya.

Me desprendieron de mis vestiduras dejando mi espalda al descubierto, yo intenté cubrirme el resto del cuerpo lo mejor que pude. Luego me obligaron a arrodillarme y apoyar mi cuerpo en una roca, bocabajo.

Entonces noté el primer golpe.

Una punzada de dolor como nunca había sentido me recorrió la espalda, cada nervio de ella, sentí el calor del golpe y mi cuerpo apretarse mas contra la fría y dura roca que me aguantaba y la que a la vez se me clavaba en el pecho y el estómago.

Pero no grité, no porque obedeciera a lo que Aquiles me había dicho sino porque ni siquiera me salió un sonido de mi boca del intenso dolor.

Los ojos se me llenaron de lágrimas rápidamente.

Y quedaban diecinueve.

El segundo golpe fue peor que el primero, éste sí que dolió. Sentí la sangre corriendo por mi espalda desde las brechas que esta vez habían conseguido abrir en mi delicada piel. No pude evitar soltar un grito de dolor y miré a Aquiles pidiéndole disculpas por ello. No logré descifrar su expresión pero al menos no me pareció enfadado. Aún así no volvería a gritar.

Al tercer golpe me mordí el labio para evitar un nuevo grito. No creía que nada pudiera haber superado al segundo golpe pero éste lo hizo. Noté la sangre deslizándose a borbotones. Me ardía la espalda y aunque había logrado no gritar no podía impedir que las lágrimas llenaran mis mejillas.

Cuando llegó el cuarto sentí deseos de morirme. Gemí de dolor mientras lloraba como un maldito bebé, maldiciéndome por ello aunque no podía evitarlo. Y la roca estaba haciéndome sangrar el pecho por los continuos golpes contra ella.

Creo que entonces supliqué que pararan aunque no me hicieron caso y fueron a por el quinto golpe, el sexto, y luego un séptimo. En realidad no estoy muy segura de cuando perdí el conocimiento exactamente pero sí de que pensé que había muerto.

Me pareció oír a Ulises pedir que pararan, ¿o era Aquiles? creo que fue a partir del octavo cuando dejó de importarme todo porque creí morir de dolor...

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(Eso es todo por ahora, os dejaré con la intriga jeje, en el próximo capítulo pondré el punto de vista de Ulises respecto a lo que acaban de hacerle a Arish y quizás también el de Aquiles, así nos enteraremos un poco de lo que siente por ella quizás ¿qué os parece?. Bien poned vuestros comentarios sobre eso y decidme también algo que os gustaría que pasara en los siguientes capitulos y así me ayudáis para que no me quede sin ideas.)

(Ah y gracias a Candy Bloom por tu review! Seguid poniendolas, con vuestros reviews me ayudais mucho!!gracias! ;)