Capítulo Siete
Aquiles POV
Al final habían castigado a aquella chica y yo no había podido impedirlo. Me sentía inútil.
La noche anterior había salido tras ella y los demás cuando se disponían a intentar huír. Yo desconocía sus planes de antemano a diferencia de aquel condenado soldado cuyo nombre desconocía y sus compañeros pero me encontraba sumido en mis pensamientos a la entrada de mi tienda cuando les oí salir.
Al girarme vi a la joven esclava que ahora pertenecía a mi amigo Ulises, Arish, guiando a los demás prisioneros.
Me pareció un acto de tremendo valor al igual que de asombrosa ingenuidad porque realmente parecía estar segura de poderlo llevar a cabo.
Yo la seguí por curiosidad y porque la muchacha llevaba la espada que había visto que le entregaba mi compañero, lo metería en un lío como la vieran con ella y no dudarían en emplear sus armas en "defensa propia" aunque sabía como ellos que la chica no sería capaz de defenderse.
Por eso la seguí y por ello le quité la espada. Sé que ella pensaba que fui quien les delató pero jamás habría hecho nada semejante, esa maldita guerra no había traído nada bueno y ayudar a los mios sería la última cosa que habría hecho. Les odiaba, odiaba a los reyes con la única excepción del de Itaca, y sólo quería regresar a mi hogar y olvidarme de todo aquel infierno. No quería pensar en lo sucedido...no quería recordar...
Arish no debía odiarme ya, o al menos eso esperaba, ella ya conocía al verdadero traidor.
La observé mientras avanzaba hacia donde la esperaban para llevar a cabo el castigo. En un principio me pareció que mostraba una tranquilidad incluso irracional, nunca había visto a nadie presentar esa frialdad sabiendo lo que iba a ocurrirle, ni aún en guerreros, incluso en sus rostros se reflejaba un cierto temor, y si no miedo sí vergüenza ante lo que iban a hacerles.
Pero ella caminaba con paso decidido entre el pasillo que los hombres abrían a su paso.
Entonces sucedió lo que temía. Arish vio con sus propios ojos al hombre que la esperaba, al chico que les había delatado a su lado y el objeto con el que iba a ser castigada.
La vi retroceder asustada, no como un cobarde sino como la joven que en realidad era. Intentó escapar pero Ulises se lo impidió, sabía que no quería hacerlo pero era su deber, había ciertas leyes que siempre se habían llevado a cabo, sobretodo cuando a esclavos se refería y nadie, ni él ni yo de haberlo querido, y ambos lo queríamos, habríamos podido hacer nada.
Noté el dolor en él, temía por ella. Yo ya me había dado cuenta de lo que aquella chica significaba para Ulises, por eso le había pedido que se quedara con ella, pero ¿qué significaba ella para mi?
Vi como la abrazaba sin importarle que todos le vieran hacerlo, aquel no era un comportamiento habitual entre señores y sus esclavos pero Ulises nunca había sido como los demás y no pareció reparar en los comentarios que surgieron a partir de aquel gesto o no quiso oirlos.
En realidad yo no creo que hubiera sido capaz de realizar aquel gesto en público pero mi carácter era mas frío que el suyo. Aún así yo ya había intentado ayudar a aquella chica en un par de ocasiones. Esa vez no podía hacer nada pero al menos sí darle ánimos y fue lo que hice.
Nada de lo que le dije era mentira ni un simple método de intentar fortalecerla, ella ya era muy fuerte, quizás no físicamente pero no era a esa fuerza a la que yo me refería. Y era valiente, característica que yo apreciaba por encima de todas junto al hecho de que luchara por una causa justa: su libertad y la de los suyos, era algo honorable.
Sentí su cuerpo temblar bajo mi mano cuando la puse en su hombro y quise tranquilizarla y asegurarle que todo saldría bien y no tendría de qué preocuparse desde ese momento pero no había nada que pudiera decirle en aquel instante, justo antes de recibir su castigo. Nada ayudaría.
Sólo pude intentar hacer que lo afrontara con valor y no se dejara humillar pero sabía que llegado el momento sería muy dificil.
Me situé junto a Ulises frente a ella, habría preferido no ver aquello pero él estaba obligado a presenciarlo y no podía dejarle solo.
Cuando comenzaron a golpearla tuve que agarrar a mi amigo del brazo para evitar que fuera a interponerse ya que su primer impulso fue ese.
Pero sabía tan bien como yo lo que la ley decía sobre eso y al menos supongo que agradecía el hecho de que no le obligaran a que fuera él quien cumpliera el castigo hacia su esclava.
Observé el rostro de Arish contrayéndose en una mueca de dolor a cada golpe y oí sus gemidos.
La vi mirarme al lanzar el primer grito y me sentí culpable porque sabía que ella creía haberme decepcionado al no cumplir lo que le pedí acerca de no mostrar su dolor. Nada mas lejos de la realidad, me asombró el simple hecho de que aguantara consciente mas de 3 golpes dada la dureza de los mismos, y ella aguantó hasta el séptimo. Ojalá hubiera podido decirle lo que admiraba su entereza y valor pero, a diferencia de Ulises, yo no tenía esa facilidad para encontrar las palabras adecuadas y mostrar mis sentimientos.
Admito que tuve que cerrar los ojos al verla caer tras el golpe que le hizo perder el conocimiento, no podría describir su expresión justo antes de que su mirada se perdiera definitivamente.
Entonces oí a Ulises pedir que pararan, alegando que de nada servía que la castigaran estando inconsciente pero el hombre que la azotaba no parecía dispuesto a detenerse.
- El castigo son veinte latigazos- dijo- aun quedan diez y aunque ahora no lo sienta créeme que lo notará cuando despierte.
En ese instante ambos sentimos ganas de acabar con aquel amago de guerrero y no detuve a Ulises cuando se acercó junto a Arish y la apartó de aquella roca en la que yacía cogiéndola en brazos.
Un murmullo se escuchó entre los soldados y algunos gritaban pidiendo que se hiciera justicia aunque la mayoría permanecía en silencio.
Entonces el hombre levantó el látigo contra Ulises y salí en su ayuda, de nuevo, la escena no dejaba de repetirse. Se oyeron unos gritos de asombro al ver al hombre levantar la mano contra el rey de Ítaca, estoy seguro de que no pensaba lo que hacía y se dejó llevar por su rabia, pues nadie en su sano juicio habría osado hacer algo semejante.
Sin embargo me alegré de que lo hubiera hecho mientras le golpeaba en el estómago y le desarmaba, ya que también existía una pena contra aquello.
Ordené a mis hombres que se hicieran cargo de aquel hombre y éstos me obedecieron de inmediato llevándoselo de ahí entre los gritos de él.
Luego ordené a los que permanecían alrededor que se marcharan a hacer lo que tuvieran pendiente y di por zanjado el espectáculo. Si algo tenía de bueno que te temieran era eso, nadie osó llevarme la contraria y todos se alejaron.
Observé a Ulises mientras llevaba a su esclava de vuelta a su tienda y decidí ir a ayudarle.
La muchacha estaba semidesnuda ya que no le había puesto de nuevo el vestido para evitar dañarle mas la espalda. Vi sus vestiduras cubriendo levemente su pecho cuando la dejó sobre unas mantas y entré en su tienda con ellos dispuesto a ayudarle en lo que pudiera aunque sin saber muy bien porqué. Al fin y al cabo era cosa de Ulises.
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(Weno, qué os ha parecido? en el siguiente capítulo hablaré sobre Ulises y cómo se siente mientras la cuida. No he profundizado mucho en los sentimientos de Aquiles pero si quereis lo haré mas adelante. Decidme qué os gustaría que pusiera. Review please! Y gracias a Candy Bloom!! )
