Capitulo Ocho
Estaban arrancándome la piel a tiras. Miré a mi alrededor pero todo era absoluta oscuridad. No podía ver a mi verdugo pero notaba sus manos finas pero poderosas golpeando mi piel una y otra vez, ¿acaso había muerto y ese era mi eterno castigo en el Inframundo? ¿había sido condenada como Prometeo a una eterna tortura? no había un buitre comiéndose mis entrañas pero al igual que a Marsias parecían estar desollándome viva.
Lo peor era que el castigo no tenía fin y de la oscuridad que me rodeaba provenían risas, se burlaban de mi, de mi sufrimiento.
Miré hacia el lugar del cual provenían y la oscuridad se disipó para dejarme contemplar los rostros de mis hermanos y hermanas troyanos. Me señalaban con sus dedos e irrumpían en sonoras carcajadas.
Yo no lloraba, tal y como me habían pedido, pero no por eso sino porque no podía. Las lágrimas no salían de mis ojos aunque el dolor era insoportable y ese hecho en sí prolongaba aún mas mi agonía.
Pero lo mas horrible fue el ver a Ulises y Aquiles dándome la espalda aún cuando me acerqué a ellos y supliqué agarrada a sus piernas que me ayudaran. No se movieron. Me ignoraron.
Saber que no podía morir me llevó a la desesperación y el agobio de imaginar una vida eterna soportando aquello me enloquecía.
Grité pero de mi garganta no salió sonido alguno. Luego además no pude moverme. No estaba atada pero mi cuerpo no respondía a ninguna orden de mi cerebro, sin embargo el dolor seguía y la sangre manaba por todo mi cuerpo inundando los alrededores y ahogándome en ella misma.
Entonces vi a mi familia, estaban allí, a unos pasos de mi, mi padre, mi madre y mi hermano, los tres me sonreían y se acercaban tendiendo los brazos hacia mi, querían ayudarme, irradiaban felicidad pero algo iba mal...Alguien les seguía, unos hombres desnudos y corpulentos, llevaban armas. Intenté avisar a mis padres pero seguía sin poder hablar.
Los hombres les alcanzaron y acabaron con ellos. Volví a ver la cabeza de mi padre separarse de su cuerpo y a mi madre atravesada por una espada. Quedaba mi hermano. Intenté incorporarme y corrí hacia él pero conforme mas creía acercarme a él más se alejaba. Cuando logré llegar a su lado alguien lo levantó por los aires y lo arrojó por las murallas de la ciudad.
- ¡¡NO!!- exclamé furiosa- ¡no hagáis eso! ¡por favor!
Sentí que alguien me agarraba sacudiéndome suavemente del hombro. Intenté agarrarle pero el dolor me obligó a detenerme.
A continuación noté agua en mi rostro y sobre mi espalda y el contacto con ella calmó el intenso dolor levemente. ¿Eran las aguas de la Estigia? ¿acaso había cumplido mi castigo y el barquero me llevaba al otro lado, a un lugar mejor?
Cuando recuperé la conciencia en realidad deseé no haberlo hecho. Me encontraba tendida sobre unas mantas en la tienda de Ulises, sobre mi pecho, lo cual entendí al intentar incorporarme y notar la espalda ardiéndome por el dolor.
Solté un gemido y una mano sobre mi hombro me obligó a acostarme de nuevo.
- No te muevas o será peor.- reconocí la voz de Aquiles, lo cual me extrañó ya que ésta no era su tienda.
- ¿Cuánto tiempo...
- Casi dos dias, has estado delirando...tenias fiebre.
- Mis padres...mi hermano...no he podido ayudarles.
- Sólo era una pesadilla, Arish, tranquila.
Giré la cabeza hacia el lado donde estaba él y le miré.
- ¿Están vivos?- pregunté aún sin recordar nada.
Aquiles me miró compasivamente.
- Sabes que no. No pienses en ello, tenías mucha fiebre y eso te habrá hecho ver cosas imaginarias.
Cerré los ojos un momento intentando recordar y separar lo que había sucedido realmente de lo que había imaginado.
- ¿Me mataron?
Él rió ante la pregunta.
- Espero que no porque en ese caso yo también estaría muerto.- susurró con una sonrisa, la sonrisa mas dulce que creía haber visto nunca.- me duele la espalda...
- Lo sé, lo extraño sería que no te doliera- dijo mientras se acercaba mas a mi y escurría un trozo de tela mojado en agua sobre mi espalda.- ¿te calma el dolor?
Yo asentí.
- Un poco, gracias...
Se produjo un momento de incómodo silencio, no me gustaba estar así delante de él, me incomodaba.
Él mojó el paño en agua de nuevo y repitió la misma operación sobre mi espalda. Cerré los ojos intentando olvidarme de todo pero no era tan fácil.
- ¿Dónde está Ulises?- pregunté de repente reparando en que no lo había visto, lo cual me extrañó en ese momento.
- Le obligué a irse a mi tienda e intentar descansar. Lleva sin separarse de ti todo el tiempo que has estado inconsciente. Yo intenté que me dejara ocuparme de ti pero no quiso. Creo que hoy el cansancio pudo definitivamente con él y puesto que parecías haberte recuperado un poco logré que cediera.
Guardé silencio. Así que habían estado cuidando de mi, dos poderosos guerreros griegos pendientes de la salud de una esclava troyana, me costaba creerlo.
Observé a Aquiles mientras sacaba de otro cuenco un trozo de tela distinto pero que también parecía mojado en agua. Contemplé su rostro olvidando por un instante qué era y limitándome simplemente a mirar al hombre que tenía a mi lado. Ciertamente era muy apuesto, eso no podía negarlo. Su pelo largo y rubio y su tez morena que contrastaba con sus ojos claros, y su cuerpo con esos fuertes brazos.
Resultaba irónico que aquel hombre hecho para matar estuviera ahora cuidando de la vida de otra persona.
Aparté la mirada cuando él la fijó en mi.
- Esto te va a doler un poco- le oí decir.
Pero antes de poder hacer preguntas o protestar escurrió el paño sobre mi espalda de nuevo, con la diferencia de que esta vez no sentí ningún alivio sino todo lo contrario. Me estremecí de dolor y tuve que morderme el labio para no gritar mientras sentí las lágrimas llenar mis ojos.
- ¡Escuece!- exclamé dolorida.- ¡estate quieto! ¡¿qué haces?!
- Cállate sólo es agua.
- Eso no es...
- Es agua del mar, ayudará a cicatrizar las heridas más rápidamente.- me cortó seriamente mientras acercaba el trozo de tela y presionaba las heridas con suavidad.
Yo gemí de dolor y lancé toda clase de improperios pero él continuó sin importarle mi actitud hasta que hubo terminado y se dio por satisfecho.
- Ahora tienes que comer algo.
- ¿Podrías dejar de darme órdenes?
-¿Cómo si fueras una esclava?
- No soy tu esclava.
Aquiles rió.
- Afortunadamente porque no dejarías de meterme en líos. Aunque quizás te vendría bien y al menos no idearías unos planes tan desastrosos.
- ¿Me ayudarías a idearlos tú? Yo es que pensaba que a ti simplemente te decían pelea aquí y peleabas dejando lo de pensar para los demás.
Aquiles volvió a mojar el paño en el agua salada y lo escurrió sobre mi espalda haciéndome ver las estrellas del dolor.
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(Weno, eso es todo por ahora, seguiré tan pronto como pueda y se me ocurra algo mas. De momento parece que ambos...bueno, ya lo habeis visto jajaja. Decidme lo que os parece y lo que queréis que ocurra.
Review please!! y gracias a Gabriella, a Candy Bloom, a Sabrix y como no a esa Fa, jeje.)
Ah y por si alguien no lo sabe:
Prometeo: fue en la mitología griega quien robó el fuego a los dioses para ofrecérselo a los humanos siendo castigado por ello en el Inframundo a que un ave carroñera comiera sus entrañas que se regeneraban una y otra vez hasta que fue liberado.
Marsias : retó al dios Apolo en un certamen musical y tras perder tuvo como castigo el ser desollado.
La Estigia es la laguna que separa en el Inframundo el mundo de los vivos y de los muertos. En ella hay un barquero llamado Caronte que es el encargado de llevar las almas al otro lado cuando mueren. Según la mitología griega era necesario para ello que el difunto le pagara y por eso la costumbre (que se puede ver en la película) de poner dos monedas sobre el difunto.
(Cualquier otra duda que tengáis y no haya aclarado no dudéis en preguntármela)
