(Weno, por fin he terminado los exámenes así que, al menos mientras no me vaya de vacaciones a ningún lado, tendré más tiempo para escribir desde ahora. Perdonad la espera y...a ver qué pasa con esos reviews!!que últimamente me tenéis abandonada,jeje.)
Cápitulo Diez
Ulises fue quien se encargó de cuidar de mi el resto del día. Se ocupó personalmente de traerme la comida, de limpiarme las heridas y a la vez, con todo ello, de hacerme compañía, ya que no os podéis imaginar lo tremendamente aburrido que es estar encerrada en un sitio sin poder salir y sin que te dejen apenas moverte.
Y de eso se encargaba él a la perfección.
- Ulises...ehm, ¿puedo llamarte así?- acababa de reparar en ello- la verdad es que no estoy segura de cómo tendría que dirigirme a ti siendo una esclava...¿tal vez señor?- no pude evitar un ligero tono sarcástico en mi voz.
Afortunadamente él respondió como de costumbre, sonrió divertido ante mi pregunta y me miró.
- Puedes llamarme por mi nombre, creo que es lo más normal, a no ser que quieras que yo me dirija a ti como "esclava" en lugar de Arish.
- De ninguna manera- me apresuré a contestar- "esclava" suena tan...despectivo
Ulises soltó una carcajada pero asintió.
- Es cierto, tampoco me sentiría cómodo.- dijo mientras apartaba la mirada de nuevo y la fijaba en sus ropajes usados para la batalla. Parecía estar quitándoles un poco el polvo para guardarlos lo cual me hizo pensar en otra próxima pregunta para hacerle.- Y bien...¿qué querías decirme?- preguntó.
Yo tuve que centrarme por un instante para recordarlo.
- Oh si, bueno, me preguntaba si iba a tener que permanecer aquí encerrada mucho más tiempo...
- Ah, ¿te refieres a aquí dentro de esta tienda tan desagradable, siendo torturada y sin librarte de las tareas que por ser mi sirviente te corresponderían?
Pensé en ello, la verdad es que era cierto que desde hacía días era él quien se ocupaba de mi y yo no había tenido que mover un dedo.
- Bueno...no...
- No, si tienes razón, debe de ser un auténtico martirio...- dijo con una sonrisa burlona.
- Deja de reirte de mi, no me refería a eso, es sólo que..., bueno que...
- Te entiendo, sólo bromeaba, sé que debe de ser un aburrimiento estar aquí encerrada...- yo asentí-...pero no te preocupes, partimos mañana rumbo a Itaca.
Aquello me pilló por sorpresa, sabía que pronto saldríamos de allí pero, en cierto modo, supongo que esperaba que ese día aún estuviera lejano, no porque me encantara permanecer allí, ya que deseaba alejarme cuanto antes de los demás guerreros y poder dormir en una casa en vez de en una tienda...
Pero aquella era mi tierra, y marcharme junto a Ulises supondría abandonar el lugar donde había pasado toda mi vida desde el momento en que nací.
- Suponía que no ibas a saltar de alegría al saberlo pero pensé que por lo menos te alegraría poder vivir en un sitio mejor que esto.- me dijo mientras seguía con la vista fija en la ropa.
- Y me alegra pero...debes entender que yo he nacido aquí, he vivido toda mi vida aquí.
- Lo sé...y ojalá pudiera hacer algo pero ya hemos hablado de esto.
- Olvidalo Ulises, no tienes que darme explicaciones, soy tu esclava ¿no? pues deja de intentar justificarlo todo porque lo que me habéis hecho no tiene justificación.
Él por un momento no dijo nada pero había captado su atención y ahora tenía la mirada fija en mi.
Yo no quería hablarle así y menos aun después de lo que había hecho por mi dentro de lo posible. Era verdad que me había cogido como su esclava pero había prometido devolverme la libertad al llegar a su hogar y hasta el momento no tenía queja en cuanto al trato recibido por él. Ulises podía haberse aprovechado del hecho de tenerme bajo su poder igual que muchos de sus compañeros hacían con los otros prisioneros, pero él en ningún momento había abusado de su poder sobre mi. Todo ello tenía que agradecérselo y no podía tratarle igual que trataría a cualquiera de los demás (con la posible excepción de Aquiles, pero él era un caso especial).
Sin embargo yo estaba muy dolida por tener que dejar Troya y aún seguía muy enfadada por que Paris (ya no quería ni hablar de él como mi príncipe) nos hubiera dejado.
- Arish sé cómo te sientes pero creo que no te he tratado tan mal...
- ¿Quieres que encima te de las gracias?- pregunté cortante.
Noté el cambio de expresión en su rostro, parecía abatido, creo que no se esperaba que fuera a hablarle de esa manera de nuevo después de los días ya pasados con él ayudándome.
- Quizás estaría bien pero tranquila, no espero poder conseguir tanto de alguien como tú, me conformaría con que me mostraras un poco de respeto, aunque claro, supongo que la culpa la tengo yo por haberte dado tantas confianzas y tanta libertad.
Me dolió oir eso, no por lo que decía sino por la forma de decirlo, lo dicho era totalmente cierto y no podía negarlo pero la forma en la que lo hizo...Ulises siempre había sido muy educado y amable conmigo, sin embargo yo había abusado de esa amabilidad y ahora me merecía lo que me dijera.
No dije nada pero él continuó.
- Reconozco que debe de ser muy duro estar en tu situación, el haber perdido a tu familia y ser obligada a permanecer junto a aquellos que hicieron que eso sucediera pero, Arish, no eres la única que ha perdido a seres queridos, muchos de los que han participado en esta guerra han muerto, compañeros mios incluidos. Tú has tenido la suerte de salir con vida y aún mas, se te ha ofrecido la oportunidad de ser libre, algo con lo que la mayoría de tus compañeros no pueden ni soñar.
Hizo una pausa y me miró pero yo continué sin decir nada. No podía. Todo era totalmente cierto.
- He confiado en ti completamente Arish, sinceramente aún me pregunto porqué, no se por qué razón llamaste mi atención, o quizás sí, tú valor, tus ganas de cambiar las cosas cuando sabías que era imposible, tu inconformismo...Has intentado hasta huír, con lo que demostraste una gran valentía y decisión.
Pero se acabó, tienes que aceptarlo, puedes intentar luchar, puedes intentar huír, puedes hacer todo lo que te propongas pero...- fijó sus ojos en los mios-...no puedes recuperarles, no puedes dar marcha atrás en el tiempo y es lo que tienes que aceptar de una vez.
- No puedes pretender que...- empecé con los ojos llenos de lágrimas pero él me interrumpió.
- No puedes seguir viviendo en el pasado. No puedes vivir obsesionada por cambiar algo que no tiene solución y destrozar tu vida intentando traer de vuelta algo que ya no existe. Troya ha pasado a la historia y tus padres también. Ellos no existen, acéptalo.- terminó bruscamente.
No pude soportar tanta sinceridad dicha con esa aparente frialdad. En el fondo de mi corazón sabía que él tenía razón pero yo también era demasiado orgullosa para aceptarlo y a ello se añadía la confusión que me causaban todas las emociones de los últimos acontecimientos ocurridos.
- Tengo que salir de aquí...- susurré mientras me levantaba y tras cubrirme con mis vestiduras salía de la tienda sin hacer caso del dolor que aún sentía en mi espalda. Necesitaba estar sola, necesitaba alejarme de todos ellos, era algo que no había conseguido desde que me capturaron.
Afortunadamente Ulises pareció entenderlo o estaba demasiado enojado conmigo para salir detrás de mi.
Lo cierto es que me dejó alejarme de la tienda e incluso del campamento y nadie me impidió llegar hasta la orilla del mar. Supongo que todos sabían que por ahí no podía huír por mi propia cuenta y lo máximo que conseguiría de intentarlo sería ahogarme en el agua.
Me acerqué hasta que mis pies descalzos se hundieron en la arena húmeda de la orilla y oteé el horizonte. La luna dejaba una estela plateada sobre el mar y las aguas estaban en calma. La tormenta se había alejado hacía un par de dias.
Me dejé caer sobre la suave arena y cerré los ojos para notar con mayor intensidad la suave brisa.
Aquella iba a ser la última noche que pasara allí, me despedía de Troya y con ella de mis seres queridos aunque quería pensar que seguían en algún lugar cerca de mi.
Noté las lágrimas resbalando por mis mejillas de nuevo pero no pude evitarlo.
Fue entonces cuando oí la voz...una voz que sólo había oído de lejos en muy pocas ocasiones pero que recordaba claramente.
- Aquellos a quienes amas siempre permanecen contigo, Arish...
Creí estar soñando al oírle, no podía ser cierto, debía tratarse de una alucinación...pero al girarme a mi derecha lo encontré.
- ¡Héc...príncipe Héctor!- exclamé. Supongo que pensaréis que estoy loca pero le vi claramente. No se trataba de la imagen que podía presentar cualquier persona como Ulises o Aquiles o cualquier otro que estuviera vivo, era algo mas difuso, pero se notaba claramente que era él.
Sonrió ante mi asombro y asintió.
- Pero cómo...no es posible.
- No trates de buscarle una explicación lógica, no la tiene, sabes que estoy muerto, pero no temas, lo último que querría sería asustarte o hacerte daño, aunque dudo que pueda. Ni siquiera yo sé por qué me han permitido mostrarme ante tí pero si me preguntaran diría que eres una chica muy especial y lo que has hecho por salvar a nuestro pueblo bien merece esto .
Su tono de voz era tan dulce como recordaba, me reconfortaba oírle, siempre me había hecho sentir mas tranquila con sólo escuchar sus palabras. Me hacía encontrar la paz en tiempos en los que parecía imposible y siempre había tenido ese poder sobre todos nosotros.
Yo no sabía qué decirle. Estando vivo, el verle y hablar con él cara a cara había sido algo que jamás habría esperado y ahora se me presentaba una vez muerto. Era un gran honor para mi. Traté de decirle justo eso.
- Es un gran honor para mí el que os halláis presentado ante mi y me habléis, príncipe Héctor.
- Te equivocas, el honor es mio, Arish. Troya ha sido derrotada, sus ciudadanos aniquilados o apresados como tú y aún así continúas tu propia guerra para intentar cambiar algo que sabes que no tiene remedio. Pero te negaste a aceptarlo...
- Y fracasé.
- Lo intentaste, es lo que cuenta, a mis ojos no fue un fracaso sino un acto digno de un héroe.
Sonreí ante el comentario aunque sabía que exageraba. ¿Yo un héroe? Jamás me atrevería a compararme con uno.
- Ser un héroe no significa únicamente ganar batallas y ser bueno peleando. Tú has ganado tu propia batalla. Has logrado tu libertad aunque no hayas podido lograr la de los demás.
- Pero...me siento inútil...
Y me sentía muy extraña hablando con alguien que llevaba mucho tiempo muerto, pero decidí hacerle caso y no hacer preguntas.
- ¿Crees que mi muerte fue inútil, Arish?- me preguntó directamente.
- Bueno...tú ganaste grandes batallas antes de morir...
Él negó con la cabeza y se acercó a mi, agachándose a mi lado. Noté un escalofrío pero no sentí miedo, era mi príncipe, no podía temerle.
- Me refiero a mi muerte en concreto, ¿fue inútil? piensa la respuesta...
Dudé por unos instantes pero creí saber a lo que se refería.
- Tú muerte se convirtió casi en un mito para mi...deseaba ser como tú, tu muerte me hizo entender que no importa cual sea tu destino, has de afrontarlo valientemente y con dignidad ya que no siempre está en tus propias manos. Tu muerte me dio valor, me dio fuerzas para no importarme seguir esos mismos pasos mientras no fuera en vano y...- le miré- lo tuyo no lo fue...
Héctor asintió.
- Estoy completamente seguro de que no porque tú por ejemplo le has encontrado un sentido y simplemente con eso ya has hecho que no haya sido inútil. Te lo agradezco Arish, te admiro, y puedes estar segura de que los dioses están de tu lado también.
Apenas daba crédito a mis oídos, el gran Héctor me admiraba, ¿a mi? si era yo quien debía admirarle únicamente.
- Debo pedirte una única cosa- me dijo- y es que igual que has logrado encontrarle un sentido a mi muerte logres encontrar una justificación y el perdón para mi hermano.
- Paris...
Supuse que sabía que por mi mente pasaban ideas no muy buenas con respecto a él.
- Sí, no impediré nada, ni aunque pudiera hacerlo impediría que intentaras tomar la justicia por tu mano cuando le encuentres, pero sólo te pido que intentes comprenderle, como yo intenté hacerlo. Mi padre le perdonó, yo le perdoné, su razón era buena, tanto como la de cualquiera para luchar, aunque no hiciera lo que era mejor para todos.
Mantuvo la mirada en mi mientras se incorporaba de nuevo.
- Todos cometemos errores Arish, te aseguro que mi hermano amaba a su pueblo, pero también a ella. Está tan solo en tu mano, sé que actuarás sabiamente.
Vi como empezaba a desvanecerse y le supliqué que se quedara. Quería decirle y preguntarle tantas cosas y no había terminado de entender su razonamiento. Paris había sido el causante de todo.
Pero no pude retenerle.
No sé si volveré a verle, no contestó a mi pregunta, pero albergo la esperanza de que algún día...
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( ¿Qué os ha parecido? Este capitulo ha sido un poco mas largo en compensacion por haber escrito tan poco estos dias. Sé que a lo mejor ha resultado algo fantasioso el meter a Héctor pero es un personaje que me gustó mucho y quería que apareciera. jeje. Bueno espero vuestros reviewsss Graciasss!! )
