Capitulo Catorce
Estaba tan absorta contemplando el fuego que consumía los barcos que no me di cuenta de que alguien se había acercado hasta que me cogieron del brazo con fuerza.
- ¡¿Qué diablos has hecho?! ¿¿estás loca??
Me giré sobresaltada al oír aquella voz y notar la mano. En circunstancias normales habría respirado aliviada al ver que se trataba de Ulises, pero el odio que irradiaban sus ojos al mirarme me congeló la sangre y por unos instantes no supe qué decir o hacer.
- ¡¿Has perdido la cabeza por completo?! ¡Ahora no podremos salir de aquí! ¿¿por qué has hecho eso??
Parecía no tener la menor duda de que yo había sido la responsable de lo ocurrido. Pese al poco tiempo que llevábamos conviviendo juntos me conocía demasiado bien ya.
- Así no... así no podréis llevarnos con vosotros...- me expliqué
- ¡Ni tampoco podremos volver a casa! ¿¿te has parado por un momento a pensar en eso??- hizo una breve pausa pero antes de que le contestara continuó- por supuesto que no has pensado en eso, sólo piensas en ti y en lo que VOSOTROS habéis pasado, nunca había conocido a nadie más egoísta que tú, sólo eres una niña malcriada...
Esas palabras me golpearon como si me hubiera cruzado la cara con su mano porque sabía que tenía razón, por lo menos en lo de que no había pensado en aquello.
Había estado tan centrada buscando la forma de que los troyanos recuperáramos la libertad que no se me había ocurrido pararme a pensar en los guerreros que estaban aquí por obligación y mucho menos en sus familias que les esperaban en casa.
Y probablemente jamás habría pensado en ello de no ser por él, porque era el único griego por el que sentía algún respeto en esos momentos, él y Aquiles.
No pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas a causa de sus palabras, y las cenizas y el calor del fuego que venían con el viento no mejoraron la situación.
Iba a levantarme para irme de allí cuando en ese momento llegó Aquiles con sus cosas y las de Ulises, que arrojó a su lado.
- Venga, tenemos que movernos- dijo firmemente mirando a Ulises.
- ¿Qué? ¿A dónde...?-empecé a decir.
- ¿Cuánto tiempo crees que pasará hasta que deduzcan que el fuego no se ha originado por sí solo y que tú tienes algo que ver con eso?- me preguntó Aquiles, yo le miré pero no respondí, tenía razón- levanta, tenemos que darnos prisa- añadió.
- Pero, ¿y los demás?
- Ahora que no pueden regresar a Grecia por mar lo harán por tierra, lo que les llevará más tiempo. Los prisioneros tendrán que ir con ellos y ocuparse de sí mismos, no puedes solucionar todos sus problemas, ahora tienes los tuyos propios.
Me entregó la espada de mi padre y una bolsa con ropa y comida. Lo cogí todo con cierto esfuerzo ya que la espada por sí sola pesaba mucho para mi.
- ¿Tengo que llevar esto?- le pregunté, no iba a aguantar mucho transportando todo a cuestas.
- No, en breve os traemos un caballo princesa- dijo Aquiles sarcásticamente, luego me miró con seriedad- aquí cada uno es responsable de sus cosas, si eres tan adulta como para crear un incendio también lo eres para ocuparte de ti misma.
Fui a protestar pero ambos se pusieron en camino y empezaron a alejarse así que tuve que darme prisa para no quedarme atrás.
Eché una última mirada al campamento, me partía el corazón tener que dejar a mi pueblo allí a merced de los griegos pero si permanecía con ellos lo único que quedaba para mí allí era la muerte.
Mientras me levantaba y empezaba a caminar siguiendo a los dos hombres recordé las palabras de Héctor sobre su hermano Paris, en ese momento empezaba a comprender su reacción al huir, ¿se habría sentido tan mal como yo al hacerlo?
Ahora era yo quien se sentía como una cobarde y una traidora.
