Cap 18 – Daisy Tompson
Booth se miró en el reflejo del cristal, estaba frente a la sala donde descansaban los recién nacidos. Bajo sus ojos se notaban dos marcadas ojeras, una consecuencia clara de lo mal que había dormido la noche anterior.
Tras despedir a Ángela y Hodgins, y cuando el doctor Mole le dio permiso, Booth entró en la habitación de Brennan con la única intención de quedarse con ella. Se la veía más pálida y débil que en los días anteriores. Nada más mirarla, recién salida del quirófano y sabiendo que estaba más grave, Booth sintió una puñalada en el pecho. Se acercó muy despacio a ella y le dio un suave beso en la frente, acariciándola el pelo. Una pequeña lágrima recorría su mejilla en ese instante y sólo pudo murmurar al oído de su novia:
-Lo siento, cariño. Lo siento mucho. Yo debería haber estado contigo. Yo debería haberte protegido. Perdóname, por favor. No sabes cuanto te quiero…no te lo puedes imaginar. Te necesito conmigo, la niña también te necesita…. Vuelve con nosotros pronto.
Tras eso volvió a darle un suave beso en la frente y acercó el butacón a la cama para sentarse cerca de Brennan. Pasó la noche en ese incómodo asiento, causa principal, junto con la preocupación que le ahogaba esos días, de que a la mañana siguiente no pudiera casi mantener los ojos abiertos.
Aprovechando que Mole quería hacerle unas pruebas a Brennan para comprobar si había mejorada de cualquier manera, Booth fue a ver a su hija. Nada más entrar una enfermera le dedicó una sonrisa casi compasiva, a la que Booth no contestó. Estaba demasiado cansado e inquieto. Como ya había hecho otras veces se acercó hasta la incubadora y metió una de sus manos por el agujero para acariciar la pequeña mejilla de la niña. Por unos momentos pudo olvidarse de que estaban en un hospital, de que la mujer a la que amaba estaba en peligro de muerte y de que su hija estaba metida en una incubadora. Durante esos momentos sólo estaban él y la niña, no había nada más. Según Mole, el estado de la pequeña estaba evolucionando de una forma increíble, cada día estaba más fuerte y sana.
Se preguntó que estarían haciendo los mirones en ese momento. Trabajar, supuso. Estarían haciendo lo posible por atrapar al asesino de Dakota, el mismo que había enviado a Brennan al hospital. Le hubiera encantado seguir en el caso aunque sólo fuera por ser él quien atraparla cabrón culpable de todo lo que estaba sufriendo. Pero Ángela tenía razón: su deber en esos momentos era quedarse con Brennan y la niña. No podía comportarse como un poli.
-Agente Booth – una enfermera le sacó de sus pensamientos – Alguien quiere verle.
Booth supuso que alguno del laboratorio habría ido a ver a Brennan o a informarle sobre el caso. Pero al salir la pasillo se encontró con la sorpresa de que quien esperaba era una chica joven, rubia, con la cara redonda y expresión dulce. La chica le sonaba de algo, y tardó un momento hasta que recordó que la había visto el día anterior en la granja de Solvay.
-Usted es le agente Booth – dijo la chica nada más verle, como si él mismo no supiera su nombre – Hablé con usted ayer. Me llamo Daisy Tompson.
-Si…. Lo recuerdo. ¿Puedo preguntarle qué hace aquí?
-Esta mañana unos agentes del FBI han estado registrando la granja, y oí a un par de ellos comentando que usted estaba en este hospital…con su novia. Siento mucho lo que le ha ocurrido – añadió casi en un susurro.
-Ya, gracias – contestó de mala gana Booth maldiciendo a los cotillas de sus compañeros ¿Quiénes se creían para ir comentando por ahí lo que le pasaba? – Pero si viene por algo relacionado con el caso, lo siento mucho, yo ya no trabajo en él.
-Dakota era mi amiga – contestó ella de pronto – Ayer no le dije todo porque estaba en la Hermandad y tenía miedo, pero no le dije toda la verdad.
-Ya le he dicho que yo ya no me encargo de investigar este caso – repitió Booth, intentando ser lo más amable posible – será mejor que hable con el agente Watts.
-Pero el agente Watts no me cae bien. Se burla de nosotros…. En nuestras caras, ni se molesta en ocultarlo. Sé que la gente nos considera unos locos por creer que los extraterrestres vendrán algún día a visitarnos y nos ayudarán a que la humanidad avance. Estoy segura de que usted también opina así, pero al menos nos respeta.
Booth accedió finalmente a escucharla, así que la acompañó hasta la sala de visitas para hablar tranquilos. Afortunadamente no había nadie más que ellos allí.
-Dakota dejó la Hermandad hace seis días, sí, pero eso fue algo que decidió de un día para otro. No perdió la fe de una forma progresiva, sino que descubrió algo.
-¿Cómo que descubrió algo?
-Sobre el doctor…Solvay. Descubrió unos papeles y que el nombre del doctor es en realidad Carl Swason. Dijo que había encontrado mucho dinero en la sala que registraron esta mañana, aunque sus agentes no han encontrado nada….
-Si Dakota te contó esto ¿Por qué seguiste en la granja… digo…la Hermandad?
-Porque en un principio no la creí, hasta que vi al FBI y me enteré de que ella estaba muerta…pensé que sólo se había ido, no que la hubieran asesinado. – Daisy comenzó a llorar amargamente.
-¿Cómo es que no dijiste esto antes, cuando el FBI estuvo allí?
-Porque tenía miedo. Dakota estaba muerta por lo que había descubierto y temía que Solvay me hiciera algo a mí si les contaba algo a ustedes delante de él.
La chica ocultó la cara en las manos y su lloro se hizo más fuerte. Booth estuvo pensando unos segundos hasta que finalmente dijo:
-Escúchame bien, Daisy. Quiero que te quedes aquí mientras hablo con una agente del FBI para que venga a por ti. Quiero que te quedes con él ¿entendido?
Daisy asintió entre sollozos. Booth buscó en la memoria de su teléfono el número de Watts y le llamó. Obtuvo una respuesta a los pocos tonos.
-Watts, soy Booth. Tengo inf….
-¿No se supone que estás fuera del caso? – contestó malhumorado Watts.
-Y lo estoy – contestó en el mismo tono Booth – pero deberías escuchar esto. Solvay no es quien dice ser en realidad. Su verdadero nombre es Carl Swason.
-Esa información habría sido útil hace media hora…antes de que le dejáramos irse sin ningún cargo.
