Y por fin el final. Quiero publicar los dos últimos capítulos antes de que empiece la universidad, así que auí están. Espero que disfruteis del final.
Simplemente agradecer todos los comentarios y también las alertas tanto de historia como de autor. Gracias a todos por leer el ff ;)
Bss.
Lady
Cap. 22: Buenos días
Había pasado una semana desde que Booth arrestara a Swason. Esa misma noche tuvo que reunirse con Cullen, quien a pesar del resultado no parecía muy satisfecho con los medios usados.
-¡Ha desobedecido órdenes directas mías! – Cullen estaba de pie, tras su escritorio, gritando.
-Señor, sólo fue porque….
-Me dan igual sus excusas, Booth. Desobedeció órdenes y puso en peligro la operación.
-¿Qué operación? – Booth no pudo reprimirse – Watts estaba buscando en el sitio equivocado.
-¿Me equivoco…o Watts también fue al apartamento de Swason?
-A decir verdad eso me sorprendió – Booth lo dijo en un murmullo, pero Cullen lo oyó de todas formas.
-No fue a usted el único al que se le ocurrió investigar los alias de Swason. Watts también lo hizo, tras ver que el sospechoso no estaba en la granja. Lo que me gustaría saber es por qué no informó a Watts o a algún otro agente del FBI sobre donde iba a estar realmente Swason.
Aunque el tono de voz de Cullen había bajado, su mirada seguía fulminando a Booth. El agente se tomó su tiempo para contestar, y cuando finalmente abrió la boca dijo:
-Porque sé que Watts no habría aceptado esa información si sabía que procedía del Jeffersonian – Cullen le miró extrañado, por lo que Booth añadió – Durante la investigación, han surgido bastante….roces entre ellos.
-Aún así, podría haber avisado, Booth.
-Lo siento, señor.
-Entiendo en la situación en la que se encontraba, Booth. Con su novia y su hija en le hospital….. Y entiendo que ese estrés pude hacer que golpee a un compañero. Pero no puedo pasarlo por alto – al oír eso, Booth aguantó la respiración para terminar de escuchar la sentencia final – Voy a tener que suspenderle un mes. Y, claro, tendrá que ver a un psiquiatra de nuevo.
-¿Qué hay del Jeffersonian? – preguntó casi con miedo.
-Se asignará a otro agente…. Durante el tiempo que esté suspendido. Después usted volverá a trabajar con esos mirones. Ha demostrado que sabe trabajar con ellos y forman un buen equipo.
-Gracias, señor.
-Puede irse….supongo que la hospital – su jefe dibujó una especie de medio sonrisa – Espero que la doctora se recupera y ¡ah! Felicidades por su paternidad.
-Gracias – y Booth salió de allí.
Y desde entonces apenas había dejado el hospital más que para ir a su casa y cambiarse de ropa o ducharse. La reunión con Cullen tampoco había sido tan mal, pensaba él. Después de todo podría aprovechar el mes para estar con su Huesos y su hija. Afortunadamente la niña ya estaba completamente sana y podía respirar sin ayuda de ninguna máquina. Y Brennan estaba ya fuera de peligro, por lo que se le había retirado la medicación que la mantenía dormida y Mole esperaba que despertase en dos días como mucho. Booth miraba por la ventana mientras pensaba en todo eso. Las cosas comenzaban a volver a la normalidad, aunque aún no estaba todo hecho.
Un ruido detrás suyo llamó su atención, y al girarse pudo ver a Brennan, con los ojos abiertos e intentando respirar por ella misma. Sin perder un segundo, Booth corrió hacia ella y pulsó el botón de emergencia. Mientras esperaba a que alguien llegara, intentó tranquilizar a Brennan, sin poder evitar que se dibujara una sonrisa de oreja a oreja en su cara.
-Cariño, tranquila. Estoy aquí ¿Vale? Estoy aquí y no te voy a dejar sola. Tranquila. – dijo mientras le cogía la mano y le acariciaba la mejilla, haciéndola ver que realmente estaba a su lado.
Mientras Booth hablaba, entró Mole, quien también sonrió al ver que Brennan por fin había despertado.
-Doctora Brennan – dijo al acercarse más – voy a quitarle la intubación. La garganta le dolerá, así que no trate de hablar.
Nada más ver libre su garganta, y a pesar de lo que le había dicho el médico, Brennan preguntó:
-¿El bebé? ¿dónde….?
-Está bien –se apresuró a decir Booth – Está en una incubadora.
-Ángela dijo…. – su voz sonaba ronca – dijo que era una niña.
-Si, una niña tan guapa como tú.
Algo más relajada, Brennan suspiró y cerró los ojos, dejando que una lágrima escapara y recorriera su mejilla. Tras un par de segundos volvió a abrirlo para mirar a Booth directamente a los ojos y sonreír. Levantó un brazo, acariciando la nuca de él y atrayéndole hacia ella para besarle en los labios, apenas un pequeño roce. Una vez se separaron Booth pudo ver que los ojos de Brennan brillaban más de lo normal, puede que de las lágrimas o de la emoción.
-Te he echado de menos – dijo él – No me dejes nunca, por favor. No sé que haría sin ti. Te quiero.
-Y yo a ti – Brennan sonrió.
E inmediatamente después volvió a besarla, sólo que esta vez de una forma más pasional. Mole se vio obligado a interrumpir la escena, incómodo, y carraspeó.
-Bueno, será mejor que descanse. Si la garganta le duele mucho una enfermera le dará algo.
Brennan simplemente negó con la cabeza y dijo, para desesperación de Booth:
-Quiero ver a mi hija.
-Doctora Brennan….acaba de despertar de un coma de casi dos semanas. Creo que le conviene descansar.
-¡no! He estado dos semanas dormida, según usted. Ahora quiero levantarme y ver a mi hija.
-Cariño, por favor – intervino Booth – Se que quieres verla, pero yo también creo que te conviene descansar. Te prometo que luego te llevaré a verla.
Pero Brennan no se daba por vencida, y al ver que ninguno de los dos hombres iba a llevarla, decidió ir ella sola. Estaba quitándose las sábanas de encima cuando Booth la paró.
-¿Qué demonios haces? Aún estás débil.
-Quiero verla – fue lo único que dijo ella – Es mi hija. Soy su madre. Creo que tengo derecho a verla.
Booth miró un momento a Mole, que pareció leerle la mente y dijo antes de que el agente formulase ninguna pregunta.
-Lo siento, pero la incubadora no se puede sacar de la sala.
-Prometes obedecer al médico y obedecerme a mí si te llevo ahora a ver a la niña – Booth se dirigió a Brennan, casi suplicante.
-Si. Lo prometo.
Dicho eso, Booth buscó una silla de ruedas y, sin dejar que Brennan tocara el suelo ni un momento, la cogió en brazos y la sentó. La sala estaba casi vacía a excepción de una enfermera. Booth condujo la silla justa hasta delante de la incubadora donde descansaba su hija. Apoyándose en el brazo de Booth, y sin soltarse de él ni un momento, Brennan se levantó y pudo al fin ver a la niña.
La pequeña estaba dormida, y cuando Brennan introdujo la mano en la incubadora no pudo evitar acariciarle la cara. Tras unos momentos, cogió la mano de su hija con la suya propia, y la pequeña hizo un ruido que provocó la sonrisa de su madre. Booth miraba ensimismado a Brennan. Jamás la había visto así. Después de todo, iba a ser cierto que la maternidad cambia a las personas.
Tras varios minutos, que a Brennan se le hicieron muy cortos, Booth llamó su atención. Al mirarla directamente a la cara pudo ver que estaba llorando, pero que lucía una sonrisa enorme.
-Es tan pequeña…. – fue lo único que logró decir. Algo estúpido, pensó. ¡Claro que era pequeña! Era un bebé.
-Vamos, Huesos. Tenemos que irnos.
-No la quiero dejar sola.
-Tienes toda la vida para comportarte como una madre. Compórtate ahora como una paciente, por favor, y ve a descansar a tu habitación.
Ella aún se quedó allí, de pie, un rato más, hasta que de pronto dijo:
-¿Qué ha pasado con el caso? ¿Qué ha pasado en estas dos semanas?
-Huesos, no te preocupes. Prometo contártelo todo si ahora te sientas aquí – señaló la silla de ruedas – y dejas que te lleve a tu habitación.
Brennan simplemente asintió, y volvió a mirara a la pequeña mientras se sentaba en la silla de ruedas. Dejó que Booth la llevara hasta su habitación sin rechistar, pero en medio del camino se acordó de algo.
-A mi también me gusta Elizabeth.
-¿Qué? – preguntó sorprendido Booth y parando en seco - ¿Y eso?
-Recuerdo la voz de Ángela, diciéndome que a ti te gustaba ese nombre. ….. Elizabeth Booth. Suena bien. – sonrió.
-¿Recuerdas algo más? – preguntó poniéndose delante suya.
-Si. Tu voz, tu a mi lado.
-Lo siento – dijo culpable al darse cuenta de lo que había dicho Brennan.
-¿Por qué?
-Porque no estuve contigo todo el tiempo. Porque la primera vez que despertaste yo no esta allí.
-Eso ahora da igual – ella le cogió por el brazo – Estás aquí ahora. Sólo me importa eso.
Y sin decir ni una palabra más, Booth la besó, dando gracias a Dios por haberla traído de vuelta.
