Cap 23 – Epílogo (vuelta a casa)

Tras una semana más en el hospital, terminando de recuperarse, Brennan volvía por fin a casa, junto con Elizabeth. La pequeña estaba despierta, en la sillita que iba atada en le asiento trasero del chevrolet. Su madre iba sentada al lado, y no apartaba la vista de ella ni un momento.

Booth, de vez en cuando, se atrevía a lanzas miradas furtivas por el espejo retrovisor para encontrase con una Brennan ensimismada por su hija. Le costaba creer que aquella fuera la misma mujer que decía no querer tener hijos. No sabía si Brennan era consciente de ello, pero jamás en los tres años en los que había trabajado con ella la había visto tan feliz como en ese momento.

El coche paró y Booth se apresuró a salir de él nada más apagar el motor. Abrió la puerta trasera y vio que Brennan aún se estaba peleando con la sillita para desengancharla. Sonrió y dijo:

-Trae, déjame a mí que quite este trasto.

-No me voy a negar. Tú has puesto y quitado más de estas que yo.

Tras lo cual, Brennan cogió a su hija en brazos con mucho cuidado y salió del coche hacia la casa. Cuando Booth pudo por fin quitar la silletita, tuvo que echar a correr para alcanzar a Brennan y llegar antes que ella a la puerta de la casa. Una vez allí, se giró para mirar de frente a Brennan. Ella le devolvió una mirada confundida, incluso algo molesta.

-¿Es que no vas a abrir la puerta?

-Si, ahora mismo. Pero antes te quiero avisar: tengo preparada una sorpresa.

-¿Una sorpresa? – aún más confundida.

-Bueno…….. más bien dos. Pero no estoy muy seguro de que la segunda te vaya a gustar. – sonrió nervioso.

-Booth…. ¿de qué hablas? ¿Qué has hecho?

-No puedo decírtelo, Huesos. Si no, estás claro que dejaría de ser una sorpresa.

Y dio media vuelta para abrir la puerta. Dejó la sillita en la entrada y se apartó para que Brennan, con Elizabeth en brazos, entraran. La madre miraba cada rincón del vestíbulo, intentando encontrar alguna pista sobre esas dos sorpresas. Booth la miraba divertido hasta que ella se giró hacia él y le dedicó una mirada glacial.

-Está bien, Booth. ¿Me vas a decir que sorpresas son? No me gustan este tipo de juegos.

-No es ningún juego, Huesos. Y la primera sorpresa estás a punto de descubrirla. Venga, vamos al cuarto de Elizabeth.

Puso su mano sobre la cintura de su novia y la guió hasta las escaleras dejándola ir delante de él. Subieron al segundo piso, y cuando Brennan estuvo delante de la puerta de la habitación de Elizabeth, pudo ver en esta un pequeño cuadro de marco verde en el cual habían escrito con acuarela sobre una cartulina el nombre de su hija. Al verlo, se giró hacia Booth, quien sonreía satisfecho.

-Esto forma parte de la primera sorpresa – dijo él antes de que Brennan abriese la boca – Aunque aún no lo has visto todo.

Brennan no se quejó ni dijo nada, sólo abrió la puerta de la habitación. Al ver el interior se quedó muda. Las paredes estaban pintadas de color verde manzana, delante de las ventanas había unas cortinas blancas, a juego con los muebles. En la pared del fondo estaba la cuna, y justo al lado una butaca que tenía pinta de ser muy cómoda. En la pared de la izquierda habían puesto un pequeño armario al lado de una cómoda del mismo estilo, y justo al otro extremo de la habitación descansaban una pila de peluches: desde un oso giganta hasta otros bastante más pequeños con forma de perro.

Brennan se giró hacia Booth con los ojos como platos y sin apenas poder articular palabra:

-Has… has terminado la habitación.

-Me gustaría llevarme todo el mérito, pero tu equipo me ha ayudado. El cuadro de la puerto lo ha hecho Ángela, pero dice que aun le quedan unos cuantos más para decorar la habitación.

-Es increíble – dijo mientras caminaba hacia la cuna – Es precioso.

Dejó a Elizabeth en la cuna y la tapó con la sábana. No se fue de allí, aún se quedó un rato, apoyada en los barrotes de madera, mirando a su hija. Booth se acercó por detrás suya y la rodeó la cintura con sus brazos mientas la besaba el cuello. Brennan sólo pudo sonreír y cerrar los ojos. Cuando Booth paró de besarla y pudo de nuevo mirar a su hija, dijo:

-Es preciosa ¿no?... Ya sé que soy su madre y no soy la más objetiva en este caso, pero es preciosa.

-Lo sé. Es preciosa porque se parece a ti.

-Booth…. – se giró hacia él, que aun no la había soltado – es imposible que digas si se parece a mi o a ti. No tiene ni siquiera un mes, sus facciones aún no están completamente determinadas, faltan meses para que podamos decir si se parece a mi o no.

-Ya bueno….. pero yo estoy seguro de que se parece a ti.

-¿Por qué? – preguntó algo molesta.

-Porque quiero que se parezca a ti. No sólo porque eres bellísima, sino porque eres inteligente, divertida y maravillosa.

Brennan sonrió, acariciando la mejilla de Booth, y le besó muy dulcemente, dejando que sólo se tocaran los labios. Tras separarse y volver a mirarse a los ojos, Booth dijo:

-Vamos abajo. Todavía queda una segunda sorpresa ¿recuerdas?

-Ah, si. Esa que no me iba a gustar.

-Yo no dije eso. Dije que no estaba seguro de que te fuera a gustar….pero quien sabe. A lo mejor me equivoco.

Booth soltó finalmente a Brennan, y mientras ella tapaba bien a Elizabeth, él se acercó hasta la cómoda para encender el escucha-bebés y llevarse consigo uno de los dos aparatos. Salieron de la habitación y Brennan cerró la puerta tras de si. Bajaron al salón, donde Booth se sentó en el sofá y Brennan hizo lo propio. Ella se quedó mirándole durante unos momentos, esperando a que dijera algo, pero lo único que Booth hacía era mirar al suelo y mover la pierna nervioso. Cansada ya de esperar, e impaciente por saber que sería esa segunda sorpresa, Brennan comenzó a hablar:

-Booth…¿Qué pasa? ¿Qué es esa seg….?

-¿Me quieres? – preguntó de pronto él.

-¿Qué?

-Necesito saber si me quieres

-Booth, eso me ofende – contestó muy seria – Sabes de sobra que tú eres la persona más importante de mi vida, jamás he querido a alguien como te quiero a ti. Bueno…ahora también está Elizabeth. Pero eso no cambia nada de mis sentimientos.

-¿Me quieres lo suficiente como para hacer cualquier cosa por mi?

-Si esto es por lo de mi piso, ya no es mi piso.

-¿Qué? – ahora el confundido era Booth.

-El otro día llamé a mi casero desde el hospital. Ya no tengo piso.

Booth negó con la cabeza. No era eso a lo que se refería, ni siquiera se acordaba de lo del piso.

-No, no me refiero a eso – contestó al fin – sé tantas preguntas te confunden, pero necesito saberlo ¿respetas mi creencias?

-¿La religión? Bueno…… yo no creo en Dios, pero entiendo que tu si ¿Es que acaso quieres bautizar a Elizabeth?

-No, no si tú no quieres. Lo que quiero saber es si te casarás conmigo.

-¿Qué? – Brennan no había creído escuchar bien ¿Casarse? ¿Booth acababa de proponerse?

-Sé que tú no crees en Dios, ni en la religión, y que consideras en matrimonio como una institución arcaica. Pero te quiero, y estas últimas semanas me he dado cuenta de que no quiero perderte, y por eso necesito esto. Necesito ponerme delante de nuestros amigos, familias y…. y de Dios, y mostrarles que quiero formar una familia contigo, que quiero pasar el reto de mi vida a tu lado. Me he dado cuenta de que si algo te pasara yo no sería capaz de seguir adelante, y por eso necesito esta promesa, esta celebración, para saber que, de alguna forma, estoy unido a ti. Sé que estoy siendo un egoísta, pensando sólo en mi, pero necesito que me respondas.

Brennan no dijo nada, sólo negó la cabeza. Al verla, Booth sintió como su corazón se hundía.

-¿No? La verdad es que no me sorprende – contestó destrozado – pero al menos espera un "Pero…."

-Booth – Brennan le obligó a mirarla a la cara poniendo una mano en su mejilla – no estás siendo egoísta y si. Me voy a casar contigo.

-¿Qué? ¿tú acabas de…. acabas de decir….? ¿En serio?

-Completamente en serio. Te quiero, y quiero que seas feliz. Si para ello tenemos que casarnos, está bien. Puede que yo no crea en le matrimonio, pero entiendo que es importante para ti, y yo también quiero pasar el reato de mi vida contigo, no te quiero perder. Aunque estabas equivocado.

-¿Equivocado? – preguntó Booth sin entender.

-Esta segunda sorpresa me ha encantado.

Brennan no dejó hablar a Booth, porque inmediatamente después de decir eso se lanzó sobre él para besarle apasionadamente, dejando que él subiera sus manos, bajo su blusa, por su espalda. Tras varios minutos, y cuando el aire se hizo necesario para sobrevivir, se apartaron, mirándose y sonriendo. Brennan fue la primera en hablar:

-¿Sabes? Estoy pensando que aun no hemos estrenado este sofá.

-Ni la cama….. – contestó él con una sonrisa pícara.

-Ni la ducha…..

-Ah! – suspiró Booth – Tanto que hacer, y tan poco tiempo.

Y sin decir una palabra más, volvieron a donde lo habían dejado.

THE END