"Bueno, aquí está el capi n°4. Disculpen si es demasiado parecido al guión original de la peli, esto cambiará en uno o dos capis. Igualmente lean, dejen RR y ¡Disfruten!".

Era otro oscuro día en Londres. Sweeney Todd miraba por la gran ventana en su barbería recientemente amueblada, perdido en sus pensamientos. Pensaba en su amada Lucy, quien ahora era una prostituta loca vagando por las calles. Sweeney recordó la última vez que la había visto. Él y Lucy estaban en el parque junto a su bebé, Johanna. Había sido el día perfecto…De repente, Sweeney fue desgarrado de su recuerdo por el sonido que causaba alguien golpeando a la puerta. Se dio vuelta y vio a la Señora Lovett pidiéndole que le abra. Después de un minuto, Sweeney se dirigió hacia la puerta y la abrió. La Señora Lovett subió, trayendo consigo una gran silla de madera, al parecer muy pesada. Él se sorprendió de que alguien tan menudo como la Señora Lovett pudiera cargar algo tan grande y pesado. Sweeney la miraba mientras ella acomodaba la silla con un golpe sordo. Ella se dejó caer en la silla, respirando cansinamente. Él no le dirigió la palabra. En vez de eso, él volvió a la ventana y comenzó a afilar su navaja.

"No es la gran cosa, pero servirá", ella suspiró, recuperando el aliento. El barbero afiló a su "amiga" con más prisa.

"Mi Albert solía sentarse en ésta…se sentaba todo el día después de que la gota acabó con su rodilla. Aun estaría vivo si no hubiera comido tanto--"

"¿Por qué no viene el Bedel?"Gruñó Sweeney Todd, demostrándole a la Señora Lovett que no la estaba escuchando en absoluto. Ella revoleó los ojos.

"Antes de que termine la semana…eso dijo…"

"¿Y quien dijo que la semana se acabó? Es sólo martes…" ella dijo con tono arrastrado, dejando entrever un poco de molestia en su voz. Sweeney se giró y la miró, arrojando su afilador de navajas por la habitación .La Señora Lovett se puso de pie rápidamente, dándole a él una mirada de preocupación.

"Necesita calmarse, querido "Le dijo ella suavemente. Sweeney desvió la mirada y comenzó a pasearse por la barbería. La Señora Lovett se puso de frente a él y delicadamente lo tomó por los hombros.

"¿Cuál es su prisa, Señor Todd?.No hay necesidad de angustiarse así" Él la miró y se apartó. La Señora Lovett suspiró un poco y continuó sus esfuerzos para calmar al conflictuado barbero.

"Necesita un poco de paciencia…"

"…"

"Espere"

"…" Sweeney Todd le dio una mirada antes de ir nuevamente hacia la gran ventana. La Señora Lovett lo siguió, sin darse por vencida.



"Piénselo, querido. Una vez que hierva, ¿qué resta para usted hacer? Deje que se cocine a fuego lento y espere…"las palabras de La Señora Lovett parecieron tranquilizar al barbero, por lo que ella decidió cambiar de tema.

"¿Sabe?, este lugar necesita algo de vida. Quizás algunas flores, margaritas, vayan bien con el lugar. ¿No le parece, Señor Todd?"Él comenzó a rondar otra vez.

"¿Y el juez? ¿Cuándo lo tendremos?"

"¿Oh, acaso no puede pensar algo más? Exclamó La Señora Lovett, mientras Sweeney miraba hacia el exterior de la tienda. Ella dio un suspiró, frustrada, y lo siguió.

"¡Siempre dando vueltas en sus errores ocurridos hace Dios sabe cuánto tiempo! ¡Vuelva adentro!"Siseó mientras lo arrastraba al interior de la tienda. Lo sentó en su nueva silla, tratando de pensar cómo podría ella tranquilizar su agitada mente.

"El tiempo pasa realmente rápido, ¿Sabe?" dijo después de unos minutos. Sweeney se mantuvo mirando la pared delante de él. La Señora Lovett se arrodilló, poniendo la mano en su hombro y sintiendo cómo él se tensionaba. Ella no le dio importancia, y continuó con su intento de tranquilizarle.

"Tontuelo…la mitad de la diversión es preparar el plan". Él la miró. Ella le sonrió cariñosamente, dándole unas suaves palmaditas en los hombros a medida que se levantaba.

"Cosas buenas esperan a todos aquellos que esperan" La Señora Lovett le dijo suavemente, encarando hacia la gran ventana .Después de un minuto Sweeney Todd se puso de pie y la siguió.

"¿Qué cree que iría mejor aquí, Sr T?"

"¿Mhh?" Gruñó él, reconociendo que, una vez más, estaba oyéndola.

"¿Gardenias o margaritas?" le preguntó. Antes de que cualquiera de los dos pueda decir algo, la puerta se abrió.