Inocencia

Inocencia

Suspiros en el viento

2

Ryoga observó admirado todas aquellas fachadas que desde hacía un par de semanas se habían convertido en vistas rutinarias de sus paseos matutinos. Después de todo, seguía impresionado por la maravillosa orientación de la cuál hacía gala cuando se trataba de llegar desde su casa hasta la de su querida amiga Tendo, ubicada solo a tres cuadras de la suya. Tres malditas cuadras que en cualquier otra dirección se convertían en un intrincado y oscuro laberinto.

-Definitivamente es el destino- se dijo mientras se detenía frente a un pequeño portón de fierro negro y posaba su dedo sobre el botón del citófono.

-La puerta está abierta Ryoga- escuchó que una melodiosa voz femenina le decía con toda confianza.

- Akane…- susurró por lo bajo mientras sus ojos se posaban detenidamente sobre la delgada figura de su amiga que le sonreía desde la ventana.

Ambos se conocían desde pequeños incluso desde antes que sus familias decidieran que lo mejor era comprometerlos en matrimonio persiguiendo como objetivo la unión definitiva entre dos dinastías de expertos en las artes marciales. Pero incluso hoy en día, a pesar de que la palabra seguía empeñada, solo existía entre ellos una profunda amistad que hacía que jamás se tocara el tema si es que eso era posible, a pesar de que Ryoga tenía muy claros sus sentimientos. Ella, era todo lo que deseaba para su futuro, la mujer de su vida y su mejor amiga. Akane, se había convertido desde pequeños en el símbolo de todo lo bueno en el mundo, por lo que cada día agradecía que kami la dotara con aquella belleza, pureza e inocencia que tanto lo cautivaban.

-Nunca haré nada para molestarla.- Pensó mientras la veía tomar su guitarra y comenzar a tocar una vieja melodía.

-…paso el día pensando en ti, paso el día pensando en ti…- Su voz interrumpió todo pensamiento sumiéndolo en un reconfortante ensueño que lo dejó al margen de toda otra cosa que no fuera observarla y escucharla.

- Has mejorado mucho ¿lo sabías?- le sonrió.

- Gracias a ti, solo gracias a ti.

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-20 años- pensó ella mientras lo veía sonreír ante su sencillo cumplido. Ambos se habían conocido cuando recién habían cumplido los dos años de edad, desde ahí en adelante fueron al mismo jardín infantil, luego comenzaron juntos con las clases de artes marciales en el dojo de su familia para posteriormente ingresar al mismo colegio y por fin al mismo instituto. En definitiva a pesar de tener 22 años de edad, ella no recordaba haber estado nunca separada de su gran amigo.

-Mi amigo- se dijo, después de todo eso es lo que ellos eran, y eso era todo lo que ella deseaba que fueran siempre, ya que a pesar de haberse planteado por años la posibilidad de entablar algún tipo de relación que no fuera la de amistad con su estimado Hibiki siempre había llegado a la conclusión de que más que nada ambos eran una extraña especie de hermanos y esperaba que él también lo viera desde esa perspectiva.

-Vamos Ryoga, concéntrate- sonrío al notar que él la observaba con alegría.- Dijiste que harías los arreglos del tema ¿no?

-Vale…vale…no te precipites- espetó él a la vez que volvía su mirada hasta la pequeña libreta que reposaba sobre sus piernas.

- Dile eso a Mitchan que nos consiguió el local para tocar…

-Ok. Ya lo pesco…ya lo pesco…- repitió él con desgano y se concentró en su tarea.

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Ranma vio con alegría como el último cliente atravesaba el portón de salida. Después de todo, cuando había aceptado el empleo en aquel estanque de pesca lo había echo creyendo que no debería hace tanto esfuerzo y he ahí donde había cometido un grave error. La lista de personas que iban cada día parecía no acabar provocando que una firme idea se enraizara en su mente, "Nunca terminaría por entender a los japoneses, nunca", mira que preferir pescar en estanques artificiales en la ciudad que ir a un río o al mar.

Ya habían transcurrido dos largos años desde que se independizara del centro paterno y se fuera a trabajar a ese extraño lugar, dos largos años en los que sólo una cosa se repetía cada día "ser siempre el mejor".

-El mejor- pensó y exhalando un suspiro arrastró su cansado cuerpo hasta el interior de la casa con la intención de tirarse un rato sobre su futón y dormir. Y lo hubiese logrado sino fuera porque su querida hermana pequeña tenía otros planes en mente.

- Vamos Ranma, levántate. Lo prometiste- escuchó decir fuertemente junto a su oreja, lo cuál provocó que se irguiera sobre las mantas mostrando una expresión de pocos amigos. Después de todo ahí estaba ella emergida desde el más allá (cualquier lugar fuera del negocio) fastidiándole el descanso y recordándole aquello que más deseaba olvidar.

- ¡Vete! Hoy no voy- dijo firmemente mientras se volvía a tirar sobre su ya desecha cama.

- Vamos, lo prometiste- dijo ella sonando cada vez más insistente a la vez que dejaba caer fuertemente su pie sobre la cabeza de su porfiado hermano.

-¡Qué no, te dije!- gritó él exasperado provocando que la pequeña pelirroja entrecerrara los ojos y comenzara a llorar.

-¡Hey! No llores- dijo alarmado aunque tratando de parecer conciliador. Teniendo solo como triste resultado que el llanto se intensificara.

-Está bien…está bien…voy, pero deja de llorar- pronunció finalmente vencido mientras se dirigía hasta el perchero más cercano y tomaba una chaqueta.- Andando- demandó mientras empujaba a la joven fuera de la habitación.

-Papá estará feliz de recibirte en casa- sentenció ella alegremente mientras se secaba las lágrimas.- Oye apropósito, en el camino tendrás que comprarme un helado.

-¿Qué?- Después de todo ella había fingido tal y como siempre lo hacía y para variar el había caído en la trampa.

- Ok. Como quieras- dijo por fin sin mucha convicción.

La verdad es que él odiaba ir hasta su antigua casa. No era que no quisiera a su madre ¡Claro que no! En una extraña forma él la amaba pero no podía decir lo mismo de su padre. Después de todo él había sido el culpable de que actualmente se sintiera ajeno al país y a su cultura, él y sus maldita idea de llevarlo a recorrer el mundo mientras lo entrenaba habían sido el causante de que cuando volviera a Tokio muchos años después de haberse marchado, se encontrara con que todas las caras le eran desconocidas y de que incluso el idioma le era un martirio. Por lo menos algo bueno había sacado de todo eso. Gracias al entrenamiento se había convertido en un hombre fuerte y gracias a su condición de paria entre sus antiguos amigos había logrado hacerse de la amistad de un extraño grupo de individuos.

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Akane le echó un último vistazo a la puerta con la intensión de cerciorarse de que el cerrojo quedara bien puesto.

- No entiendo porqué insistes en ir a comprar la comida- dijo ella adelantándose al muchacho de los blancos colmillos.- Yo pude cocinar para las visitas- agregó mirándolo de reojo.

-Entiende Akane…que yo pueda comer tu comida y sobreviva después de eso no quiere decir que el resto también pueda hacerlo- respondió él sin percatarse de que sus palabras habían herido fuertemente el ego de su querida amiga.

-Serás…serás…- murmuró ella a la vez que le lanzaba al joven un derechazo que este pudo esquivar con algo de dificultad.

-Hey… ¿qué haces?- se defendió bloqueando un nuevo ataque de una ahora muy divertida Akane.

-¿Perdiendo forma Hibiki?- espetó ella brindándole una bella y pícara sonrisa.

- Ya verás cuanto la he perdido- la retó él mientras se lanzaba tras ella a todo correr por el medio de la intransitada calle.

- Eso lo quiero ver….- murmuró Akane mientras retrocedía rápidamente y se defendía a la vez con una serie de movimientos muchas veces practicados.

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-Mhh…que rico- fue la sencilla forma con que Ranko demostró su agradecimiento a su hermano mientras disfrutaba del exquisito sabor de su helado de frutilla.

-De nada- exclamó éste melancólico después de registrar su bolsillo y comprobar que ya no le quedaba dinero.-Doblemos por esta calle, así acortamos camino- agregó más repuesto después de pensar que por lo menos hoy comería en casa de su familia y que por lo tanto no necesitaría sencillo.

-Si nos perdemos tendrás que comprarme otro ¿entendido?

-Ni loco- respondió él con un despectivo movimiento que le sirvió para poner más atención en el camino gracias a lo cuál pudo observar a tiempo a los dos seres que se acercaban corriendo rápidamente desde la otra dirección.

-Upa- dijo divertido mientras tomaba entre sus fuertes brazos el menudo cuerpo de su hermanita y saltaba ágilmente hasta quedar equilibrado sobre una alta pandereta.

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- Ryoga... ¡Que te detengas te digo!- gritó Akane mientras trataba de darle a su amigo con la bolsa de las compras.

- Ja...parece que no puedes alcanzarme- se burló él, disfrutando el juego al igual que un niño.

- Serás idiota. Es que cuando quieres puedes ser insoportable- gritó ella cada vez más enojada por no poder darle alcance hasta que una simple y "brillante" idea se cruzó por su mente.

- Ahí va un pan de arroz- exclamó lo más fuerte que sus pulmones le permitieron, después de lo cuál sacó de la bolsa un pequeño bulto y lo lanzó al aire con todas sus fuerzas. El resultado no tardó en llegar. Ryoga acababa de detenerse y con una rápida voltereta había capturado feliz de la vida la estimada recompensa pero su alegría se vio apresuradamente empañada cuando se vio a si mismo estampado contra el frío y austero concreto.

- Ahí tienes, por tonto- rió Akane triunfante mientras se felicitaba mentalmente por haber tenido tan fantástica idea.

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- Fantástico…que fuerza…- dijo Ranko mientras se bajaba de los brazos de su hermano y apuntaba con uno de sus delgados dedos la figura de la joven que acaba de hacer semejante proeza. – Eres muy buena ¿lo sabías? – agregó saltando hasta posicionarse frente a la chiquilla de corta cabellera.

- ¿Mhhh…?- preguntó la interpelada mientras se dedicaba desenterrar cuidadosamente la desmayada existencia de su compañero y amigo.

-Soy Ranko, mucho gusto- dijo la joven pelirroja extendiendo su mano- y tú… ¿cómo te llamas?- espetó sonriendo.

-Tendo…- le respondió la joven de azules cabellos- Akane…- agregó mientras desviaba su mirada hasta posarla sobre el rostro del joven que acaba de parase junto a aquella extraña y que la observaba con unos profundos y sorprendidos ojos de color azulinos.

-Ya veo.- rió Ranko mientras observaba curiosa el comportamiento de su querido hermano.

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Ranma deseo por una fracción de segundos que el tiempo se detuviera para poder observar con mayor detenimiento el bello semblante de aquella desconocida.

-Sus ojos…- enfocó fijamente el angelical rostro de la chica y descubrió con sorpresa que aquella era la misma mirada con la cuál se había topado algunas noches atrás en los alrededores de aquel local nocturno.

-Es hermosa- se sorprendió a sí mismo pensando y de inmediato escuchó decir a su hermana "Y él es mi hermano Ranma" hecho que provocó que desviara su oscura vista hasta posarla sobre la pelirroja y que por consiguiente cuando volviera a fijarla en la otra muchacha se encontrara con que ella estaba concentrada en abofetear al pobre joven que antes había noqueado.

-¡Vamos Ryoga, despierta! ¡Hibiki te estoy hablando!- gritó ella haciendo que en su mente una nueva idea se aclarara.

- Y también es extraña…muy extraña…