Inocencia
Principio y fin
4
Después de comprobar por tercera vez que el número de cajas y cañas de pescar coincidiera con el de clientes inscritos, Ranma tomó su chaqueta, cerró la puerta y atravesó el arco que señalaba el límite de su hogar con "el más allá". Su destino, la nueva tienda de instrumentos Tokiwa de su viejo amigo Kenji-san.
-P-chan…cuida bien la casa mientras yo no estoy…- exclamó ya en la calle mientras rebuscaba entre sus ropas una galleta y la depositaba en el suelo frente a un pequeño perro, de literalmente, varios colores que descansaba junto al portón, el cuál, ante tan grata consideración agradeció con un rápido movimiento de cola.
-Por lo menos tú me estimas…- le dijo acariciando suavemente su extraño pelaje en forma de despedida. Después de todo, estaba comenzando a creer que aquello podía ser verdad. Desde aquella extraña tocata ocurrida una semana atrás, no habían podido juntarse a tocar y ni siquiera su querida y molesta hermana menor había acudido a su casa para saber como se encontraba.
-Es una desconsiderada. Prefiere cuidar del garrapatoso de Kuno que velar por mí- se dijo mientras recordaba como ella había terminado por irse antes para acompañar a un maltratado "sempai" hasta su hogar.- Y es que en esa fiesta…
El sólo formular aquella última palabra lo hizo rememorar una vez más lo ocurrido aquella noche, desde el estado lamentable en que habían terminado la velada algunos de sus amigos, hasta la extraña emoción que lo había embargado al escuchar cantar a esa chica de cortos cabellos. Y claro está, su voz, sus ojos, su pelo, su sonrisa, definitivamente toda ella era digna de ser recordada.
-Idiota…- se recriminó.
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-NO…Ryoga. Ya tranquilo, no me voy a perder…- rogó Akane a punto de perder la paciencia y descargar su molestia en su pobre celular.- Que te digo que no te preocupes…tengo que aprender a manejarme en esta enorme ciudad si es que vamos a permanecer aquí todo ese tiempo.- Un cambio de táctica quizás podría servir.- Además, necesito comprar urgentemente clavijas para la cats eyes de papá- prosiguió con un listado de argumentos que no parecían afectar en nada la terca decisión de su mejor amigo.- ¡Hey…que no soy una niña!...¿¡Qué!?...Pués bien Hibiki, si así lo piensas jódete de una vez.- Dijo y cortó. Finalmente había explotado causando que más de un transeúnte se le quedara mirando. La verdad, es que antes de enojarse con su amigo hubiese preferido golpear a aquel pobre imbécil que la había estado acosando desde hace varios días y que había sido el responsable de que los malditos celos de Hibiki salieran a la luz. Y es que de verdad no le molestaba ser protegida, pero todo tenía un límite, en especial el cariño posesivo de su amigo, además, había que tomar en cuenta que ella también era una MUY BUENA artista marcial.
-Que se joda ya que hoy no lo quiero ver…- sentenció algo más calmada al ver no muy lejos de donde estaba la entrada a la tienda que deseaba visitar.- Instrumentos Tokiwa….- murmuró y de inmediato acomodó el gorro de su chaqueta.
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Ranma se detuvo unos segundos frente a la vitrina de la tienda, donde se exhibían guitarras de varias marcas, tanto nuevas como usadas, hasta que cierto ajetreo junto a la puerta de la tienda llamó poderosamente su atención. Cuando se acercó notó como un considerable número de jóvenes se encontraban allí reunidos cuchicheando de lo lindo.
-De que está buena, está buena- sentenció uno.
-Y eso no es nada, canta espectacular…- agregó otro.
-Yo escuché que su familia es dueña de un dojo…
-¿En serio?- a esta pregunta le siguieron otras de la misma índole que no variaban mucho en el tono correspondido. Ranma, más curioso que verdaderamente interesado, asomó su cabeza y se dedicó a buscar la causa de tan grande alboroto.
-Una mujer debe ser…- pensó y de inmediato pudo corroborar aquello al observar a una joven que escondía su rostro bajo las sombras de su afelpado gorro.
-Me quedo con estas clavijas, pero quisiera además un puente ¿hay forma de conseguirlo aquí?- escuchó como ella preguntaba a un sonrojado kenji-san, mientras se apoyaba sobre la vitrina proporcionándoles una buena panorámica de su espalda.
-Y tiene un lindo trasero- Ranma escuchó aquello en forma de murmullo y aunque de verdad no quería (--U) no pudo dejar de mirar hacia el punto nombrado y pensar que en eso tenían toda la razón.
-Mejor vuelvo luego…-se aconsejó a sí mismo al notarse algo acalorado y tomó rumbo al bar de Mit-chan que satisfactoriamente estaba situado en las cercanías.
-Que casualidad…- pensó poco convencido al recordar lo bueno que kenji-san era para tomar.
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-Estoy segura de que me está siguiendo- pensó Akane mientras disimuladamente observaba hacia a tras.-Si así es…- se afirmó al comprobar como el mismo tipo que tanto la observaba dentro de la tienda de instrumentos la seguía ahora muy de cerca. – Si se aproxima más lo mato…así aprovecho de acabar con mis problemas- sentenció decidida mientras doblaba por una esquina y se escondía junto a una puerta. Segundos después el hombre que ella reconocía como su acosador doblaba apresuradamente en la esquina encontrándose de frente con aquella que pensaba le estaba destinada por kami.
-¿Y? parece que no te aburres…o por lo menos que tienes mucho tiempo libre- dijo Akane, dotando a sus palabras de un tono más o menos ponzoñoso a la vez que jalaba fuertemente al hombre de la manga de su chaqueta y lo aplastaba contra la fría pared de concreto.
-No quiero verte cerca de mí nuevamente…o te juro que la próxima vez no tendrás tanta suerte, ya que antes de entregarte a la policía me aseguraré que todos mis amigos te den una buena paliza… ¿entendido?- el hombre asustado como estaba, solo pudo asentir y comenzar a correr como un desesperado luego de sentirse libre del aprieto de aquellas fuertes manos.
-Idiota…-murmuró Akane, quien comenzaba a sentir los efectos de la baja de adrenalina.- ¿Qué hora es?- consultó su reloj y un nuevo brillo iluminó sus ojos- necesito un trago…un bendito y poco saludable trago…
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Un fuerte suspiro se escapó de sus labios cuando pasó frente al escenario y se encaminó hacia la barra.
-Si sigo así no llegaré al sábado- se recriminó mientras alzaba la mano y saludaba a Mit-chan quien ya lo esperaba con una cerveza servida sobre la barra.
-Ya se me hacía raro que no vinieras- dijo el hombre mientras acercaba un piso y se sentaba frente a él.
-No había tendido oportunidad…demasiado trabajo y muy poco tiempo.-explicó Ranma antes de tomar su primer trago.
-Hace como media hora atrás vino Ukyo preguntando por ti…
-¿Ukyo?- Ranma de inmediato se atragantó.- ¿En serio?- preguntó luego que los efectos del susto desaparecieran.
-Sí…me dijo que acababa de llegar a la ciudad y que le urgía conversar contigo.
-Ya veo...ya veo…- repitió con desgano cuando su mente comenzó a divagar.
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Al llegar, Akane buscó entre los mesoneros la figura de su viejo amigo.
-Mit-chan- llamó con alegría al comprobar que no se encontraba muy lejos del punto donde ella estaba situada, pero ninguna respuesta llegó a sus oídos.
-Y como siempre…- avanzó molesta por entre las mesas hasta encontrar un punto vacío junto a la esquina de la barra.
- Mit-chan, te estoy hablando- su puño chocó con fuerza sobre la superficie de madera provocando que el vaso del hombre que estaba a su lado terminara volcado.
- Perdona yo…yo no quise…-las disculpas pertinentes comenzaron a fluir atropelladamente mientras mantenía la vista fija en el líquido que corría desde la superficie del mesón hasta el piso.
-De verdad…yo…no…- pero la frase no terminó de ser articulada, ya que al momento de alzar la vista y enfrentar su mirada con la del otro individuo todo a su alrededor pareció adquirir un nuevo brillo.
-¿tú?
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Ranma volvió a tomar en cuenta la realidad cuando sintió como sus manos comenzaban a humedecerse.
-¿Qué pasó aquí?- se interrogó confundido, mientras aceptaba el paño que Mit-chan acababa de alcanzarle y comenzaba a secar el mesón. En ese mismo instante la clara voz de una mujer disculpándose por el desastre hizo mella en sus sentidos.
-Vale…vale…cálmate, si no es para tanto…- respondió él molesto sin dirigirle siquiera una mirada, después de todo se había recogido en aquel local buscando calma y ahora debía aguantar la lata de aquella adolescente.
-De verdad…yo…no…-
-Que te calmes…no hay problema…- tal vez si hacía contacto visual por unos segundos pudiera transmitirle algo de falsa confianza.- de verdad no me imp…- la frase quedó inconclusa cuando se volteó y su mirada azulina se fusionó con aquella de color chocolate que una semana atrás tan mal lo había dejado.
-¿tú?
-Si, yo…- fue su ágil y aclaratoria respuesta.
