Tragó pesado, respirando entrecortadamente y sintiendo las gotas de sudor viajando por su cuerpo, ése sueño había sido demasiado vivido, real. Esa fantasía era una de la cual, definitivamente, no quería despertarse.
Se peinó un poco el cabello, desenredando esa maraña de mechones rubios.
Se cambió lentamente, poniéndose una sudadera celeste junto a unos pantalones, negros y cómodos.
Bostezó, sin tener el recaudo de tapar la boca con su mano. Era su casa, a fin de cuentas, podía tomarse ciertos beneficios.
Se sirvió el desayuno, el gran Bob había salido a trabajar con los localizadores y su madre y su hermana habían ido de compras, típico.
Vió las noticias, con una taza de capuchino en una mano y el control remoto en la otra.
Comenzó a desperezarse, de una forma ruidosa y aparatosa.
Se frotó un poco la cara con las manos, no sin antes haberse acabado la bebida y apagar el televisor.
Aburrida, así podía llegar a definirse su situación.
Con paso lento, monótono, poco entusiasta, llegó hacia su habitación. Se tiró sobre la cama, hundiendo la cara en la almohada y conteniendo un chillido histérico. Ése sueño había sido demasiado para ella, y eso que, por lo general, tenía esa clase de sueños desde que le había conocido a él.
Hoy no iba a verlo, la fecha en el almanaque lo confirmaba.
Era el cumpleaños de su Cenicienta. Éso, definitivamente, le hacía sentir a ella cómo la hermana fea. La descartable e ignorada.
Bufó hastiada, harta, cansada.
Le pegó un pequeño puñetazo a la cama, en una vano intento de canalizar su rabia hacia algo que no fuera un ser viviente con claras preferencias hacia el verde y la vida en el campo.
Quiso estrellar algo contra la pared, más precisamente, el pequeño monolito oculto en su placar.
Abrazó la almohada contra su cuerpo, pensando en el objeto de sus deseos. Ése idiota que, desde los cinco años, lograba que su mundo estuviese de cabeza.
Se levantó lentamente, encasquetó los auriculares contra sus oidos, poniendo a máximo volumen la música, cualquier cosa para abstraerse en su mundo particular, en el que las frases y poemas de Pablo Neruda imperaban.
Así estuvo un buen tiempo, guiándose a travez de las suaves melodías y el significado de las palabras.
Salió de su cuarto y caminó lentamente por el pasillo, demasiado absorta cómo para percatase de que habían abierto la puerta de calle.
Cuándo el ruido de la voz de Bob gritando un tanto llegó hasta sus oídos, se dió cuenta de que no estaba sóla en la casa, no al menos, demasiado.
Buscó el relicario,- el cuál era poseedor de una foto más actualizada de su amor platónico- entre sus ropas, finalmente lo encontró, en el bolsillo trasero del pantalón-
Lo apretó con su mano derecha, mirando fijamente a aquellos ojos tan familiares, a ésa sonrisa tan cálida.
Suspiró.
Sabía que, un día, inevitablemente, tendría que dejarlo ir.
El momento de la despedida llegaría, si no tomaba las elecciones correctas y no se valía de su astucia.
No quería pensar en ello, pero era, indiscutiblemente, una posibilidad.
Bueno, llegó el final :) Ésta serie de drabbles concluye con la frase "Como extraño tu color de voz" de la canción"Como dueles en los labios.", del grupo Maná.
El final lo tenía planteado desde el pincipio y era imposible sacármelo de la cabeza, por eso desde el principio el género fue :Romace/Drama. Ya saben, el que avisa no es traidor.
Lo dejé cómo un final abierto, a libre interpretación.
Hay veces que los sueños se cumplen y hay otras en que no. Para mi, definitivamente, también depende del grado de compromiso de la persona que lucha por ése sueño, nada cae regalado del cielo, no al menos muchas de las cosas que en realidad valen la pena.
En fin, muchas gracias por todo :)
Espero que hayan disfrutado del fic, Saludos. :)
