El Príncipe Multicolor

By

Goddess Aeris


Capítulo 2

«¿Por qué nunca pude verte?... Siempre estuviste ahí…»

"A veces es bueno volar libremente con las ilusiones… pero se debe soñar la vida con el corazón"

Despertó con un horrible dolor de cabeza; se había quedado dormido en el incómodo asiento de su auto, llorando como un maldito condenado por su desgraciada suerte.

Se sentía tan imbécil y estúpido.

Pasó una mano por sus cabellos chocolates, desordenándolos como siempre, cada vez que estaba nervioso. El cuerpo le dolía como si una aplanadora le hubiese pasado por encima, y la espalda, ni hablar. Esa maldita postura lo había deshecho por completo.

Sentía los ojos hinchados y los párpados, increíblemente pesados… por llorar como un bebé. Todo por gimotear como un idiota.

Pero por sobre todo eso, lo que más furia le causaba era que –a pesar de ya haber derramado todo un mar de lágrimas –lo único que deseaba era que la tierra se lo tragase para nunca más volver a ver la luz… y poder seguir lamentándose, si eso era posible.

Sonrió con ironía ante el pensamiento, apoyando su frente contra el volante y cerrando sus ojos; no podría evitarlo o, por lo menos, no durante un tiempo. Sabía perfectamente qué tan grande era todo lo que sentía por Sakura y, eso no se iría tan fácil; no se iría mientras ella siguiera siendo quien era, y no se iría mientras siguieran trabajando juntos; mientras la tuviera así de cerca, mientras… mientras…

No.

¿Para qué engañarse?

Sakura nunca saldría de su corazón. Ella había entrado para quedarse, y ahí estaría siempre, aunque se mudara al otro lado del mundo, así sería, ella estaría en sus pensamientos todo el tiempo.

Por siempre.

No valía la pena escapar más. ¿Para qué? Ya una vez había escapado; estuvo escapando por casi dos años y ¿de qué sirvió? Sólo para lastimarse mucho más de lo que, anteriormente pudo haberse visto afectado.

Si le hubiera confesado antes sus sentimientos, quizás el golpe no habría sido tan fuerte; sus emociones no serían tan profundas… no le dolería tanto el hecho de que ella no lo amara; no habría albergado esas esperanzas que, aunque pequeñas, eran esperanzas al fin; si tan sólo lo hubiese hecho antes… no se sentiría el gran idiota que se sentía en esos momentos, y podría mirarla a la cara sin demostrar la tristeza que le causaba no ser correspondido; sin demostrarle el gran amor que le profesaba… sin demostrarle lo destrozado que se sentía.

Antes había pensado en alejarse… que absurdo.

¿Cómo podía pensar en eso si apenas podía pasar una semana sin verla? ¿Cómo podría acostumbrarse a no ver esos hermosos ojos verdes? ¿Cómo haría para saber si ella estaba bien?

Volvió a sonreír tristemente, aún con los ojos cerrados. No soportaba un sólo día sin saber lo que le sucedía o cómo se encontraba… ¿qué haría una vida sin ella?

Trató de centrar sus pensamientos en algo positivo; muchas parejas de novios de años rompían por algún motivo, cualquiera que fuera… y eso no significaba que sus vidas acababan en esos instantes ¿verdad? Cada uno podía continuar con su vida, independientemente de lo que les sucediera a los demás… sin importar la vida del otro.

Sin embargo había un pequeño detalle… Sakura nunca fue su pareja, ni nunca lo sería. Jamás llegaron a nada parecido, ¿entonces no tendría que ser más fácil?

Sus padres que habían estado años juntos, se habían separado por una completa estupidez y rehicieron sus vidas.

Aunque sean patéticamente infelices

Golpeó con furia el volante de su coche, y salió de adentro dando un sonoro portazo. No podía pasar toda su vida ahí… aunque quisiera.

Se adentró al edificio y fue directamente a su departamento sin reparar en nada, ni en nadie. No tenía ánimos para nada, sólo quería darse una prolongada ducha de agua caliente para quitar ese malestar que sentía en todo el cuerpo.

En su alma

Abrió la puerta y se quedó con la espalda apoyada, luego de cerrarla. La noche anterior justamente una puerta, había sido la testigo de su confesión de amor…

¡Demonios! Por más que quisiera dejar de pensarlo, no podía, realmente, no podía concebir su vida así. No podía porque sabía que no volvería a amar a otra persona con la misma intensidad con la que la amaba a ella. Ese sentimiento era tan hermoso y doloroso a la vez que no sabía qué pensar. Tampoco sabía como reaccionaría de ahora en adelante, en frente de Sakura.

Antes, había creído que le daría vergüenza decirle esas cosas, pero no había sido así; las palabras habían salido de sus labios con todo el corazón… necesitaba tanto decírselo que… que no había podido evitarlo y simplemente lo hizo, a pesar de lo enredada que estaba la situación.

No quería que ella se sintiera incómoda estando con él; la conocía perfectamente, y sabía que Sakura era tan noble e inocente que se sentiría culpable.

No pudo evitar sonreír con ternura ante aquello, mientras comenzaba a desvestirse.

Era seguro de que se sentiría culpable; a veces Sakura llegaba a ser tan tontita, que le gustaba aún más.

¿Culpable por qué? ¿Por amarla?

Quiso reír, aunque no podía hacer nada para quitar su estado de desgano. Esa chica era única y, seguramente, se habría estando culpando a sí misma por lo que él sentía hacia ella. Lo más probable era que no hubiese dormido en toda la noche, y luego trataría de hablarle seriamente sobre sus sentimientos para hacer que el rechazo no fuera captado tan fatal por parte suya.

Sabía perfectamente que eso sería lo que ella haría.

La conocía

Conocía todo de ella porque era tan predecible… tan transparente.

Terminó de sacarse la última prenda que le quedaba en el cuerpo, y se dirigió al baño. Iba a ir directo a la ducha, cuando vio su reflejo en el espejo. Ciertamente estaba bastante demacrado, tenía unas horribles ojeras y el cabello más alborotado que de costumbre.

Si su amigo lo viera en ese estado, Shaoran sería víctima de sus burlas por los próximos cien años… si es que sobrevivía.

-'Necesitas crema antiarrugas'

Sí, estaba seguro de que eso le diría con ese tono jocoso que siempre utilizaba cuando quería molestarlo, cosa que, por cierto, siempre lograba.

Volvió su vista al espejo y se miró atentamente. ¿Quién diría que el play boy Shaoran Li terminaría de esa manera?

Bueno, él no era exactamente un play boy, porque sí tenía en cuenta los sentimientos de las mujeres y no jugaba con ellas, pero nunca imaginó sufrir así. Ya no se reconocía; no reconocía ese rostro afligido y triste que le mostraba el espejo.

No lo reconocía.

Sacudió su cabeza para alejar esos horribles pensamientos y tomar su baño. Pronto sería la hora en la que tendría que estar en la oficina; y si sus cálculos no fallaban, cerca de la tarde Sakura se aparecería para arreglar las cosas. No quería que ella lo viera así, por eso tendría que prepararse psicológicamente para verla y evitar no lanzarse a besarla.

Suspiró pasándose una mano por los cabellos mientras se metía a la bañera y prendía el agua caliente de la ducha. Las gotas de agua comenzaron a caer sobre su piel como la lluvia… tan transparente… tan abundante. El agua que, en un principio, estaba tibia se volvió caliente, casi hirviendo en unos pocos segundos; como a él le gustaba.

Se abandonó en el vapor. Abandonó todo lo que le abrumaba en el vapor translúcido del agua, mientras ésta resbalaba por todo su cuerpo, comenzando por sus anchos y bronceados hombros; bajando por su plano y duro abdomen marcado con abdominales, hasta sus fuertes piernas.

Sentía el placer de purificarse con ese baño. Como quisiera que la lluvia llevara también sus sentimientos… pero no, no era eso lo que realmente quería.

Y si dejara ese amor, me haría más fuerte,

tal vez lo sepa ¿y qué?

Eso es algo que no quiero hacer…

¿A quién engañaba? Jamás querría que le quitaran esos sentimientos, aunque le partiesen el alma.

Enamorarse de Sakura Kinomoto fue lo más puro y hermoso que pudo haberle pasado en la vida, a pesar de todo el dolor… a pesar de todo.

Ya no tenía nada más que hacer, sólo esperar por lo que establecería el destino. Quizás no podría vivir su vida con ella, pero tampoco la quería lejos. Lo que sí intentaría, sería buscar nuevas personas con quienes poder olvidarla, para saber si en algún momento, alguna persona podría ser capaz de entrar en su corazón y ser feliz.

Sólo trataría que ella fuera feliz… para que él también, pudiera serlo.

Tratar de ser feliz… sin ella.

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Despertó de la horrible pesadilla que había tenido. Sentía los párpados pesados y el cuerpo muy adolorido. No recordaba mucho de lo que había sucedido… no recordaba nada más que estar en su casa… Shaoran… un beso…

¿Qué?

Un beso… sí, el beso que Shaoran le había dado. ¿Acaso había sido un sueño?

La declaración… ¿eso lo había soñado?

No. No podía ser… no.

Trató de levantarse al darse cuenta de que estaba en el suelo, pero le fue imposible.

¿Qué demonios…?

Se percató de que estaba atada; tenía amarradas las manos en la espalda y las piernas inmovilizadas desde los tobillos.

Se encontraba en el suelo; estaba húmedo y frío. Podía sentir cuan frío estaba su cuerpo; tenía todos los músculos agarrotados por haber estado ahí quien sabe cuanto tiempo. Quiso abrir los ojos, pero no podía. Sus párpados le dolían, le dolían tanto que no podía abrir sus ojos, se dio cuenta que tenía una venda sobre ellos.

Fue entonces que lo recordó

Ella había ido a buscar a Shaoran… para decirle tantas cosas… para decirle que quería confiar en él, que deseaba intentar cosas nuevas… que quería algo. Pero alguien la había retenido.

¡Había perdido el conocimiento!

El recuerdo de aquello la aterró. Le horrorizó saber que podría estar en manos de un completo maniático pervertido… no quería… no quería.

Tenía tanto miedo.

Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas. No podía estar pasándole eso ahora; no podía estar pasándole, cuando ya había descubierto el sentido de su vida… ¡no podía!

Quería llorar, quería gritar; pero ninguna lágrima salió de la laguna que se había formado en sus ojos. Era como si quisiera expresar tantas cosas que tenía adentro y que, al estar todas juntas, se atoraran causando un colapso. Ningún sonido salió de su boca cuando la abrió… no podía encontrar su voz… no podía hacer nada.

No sabía qué hacer; el frío estaba calándole los huesos, y sus ropas comenzaban a humedecerse por estar en contacto con un suelo impregnado de una sustancia de un olor extraño.

Era… ¿nafta? ¿Gasolina?

No podía distinguirlo en ese momento, y tampoco le importaba, pero el hedor del lugar era nauseabundo; su estómago se revolvía a cada instante, sintiendo esa horrible sensación en todo el pecho y la garganta. Le dolía terriblemente la espalda al estar en contracto con una pared de metal, completamente congelada. Quería moverse, pero no podía, el frío ya había causado su efecto en ella.

Gimió ante la frustración. ¿Por qué? ¿¿Por qué a ella??

¿¡Y por qué justo ahora!?

Justo cuando había aclarado un poco sus sentimientos… cuando, cuando sentía que alguien era realmente para ella, sucedía esto… ¿por qué?

Ni siquiera había podido decirle a Shaoran lo que pensaba… ni siquiera pudo… ni siquiera pudo decirle que… no pudo decirle que…

Repentinamente sintió que una pesada puerta era abierta; a pesar de las vendas, la luz le dio en el rostro, provocando que apretara los párpados más de lo que ya estaban. Le había dolido hacerlo, pero no pudo evitarlo… el miedo carcomía su interior. No sabía si llorar, si suplicar… no sabía qué hacer ante tal situación… No sabía.

—"Vaya, vaya". –escuchó hablar a alguien; era la voz de un hombre y se notaba siniestro. Eso la asustó más de lo que ya estaba, pero no pudo moverse, ni siquiera emitir el más mínimo sonido. — "Mira lo que tenemos aquí, la preciosa gatita despertó". –sintió que el hombre se le acercaba.

Sakura no sabía qué hacer, ¿qué querría ese hombre?

—"¿Q-Quién es… u-usted?" –se atrevió a preguntar; no supo como habían salido las palabras de su garganta, pero el miedo era tan grande que no podía controlarse.

—"Tranquila, muñeca, no seas curiosa. Recuerda que la curiosidad mató al gato, o en este caso… a la gatita". –pudo oír como ese repugnante ser reía con un sonido tan intimidante que no pudo evitar temblar.

Sintió que el hombre se acercaba más de lo necesario a ella, hasta que tocó su delicado rostro con sus toscas manos. La castaña apartó el rostro bruscamente como si el contacto le quemara.

—"¡No me toque!" –exclamó con toda la fuerza que sus congelados pulmones podían brindarle. Ella podría estar terriblemente asustada pero jamás se dejaría humillar por gente como esa. Eso nunca, aunque muriera por ello; jamás se dejaría humillar, ni le rogaría.

Jamás.

El hombre la tomó violentamente del rostro con una de sus manos, provocando que ella gimiera ante la brusquedad de aquel acto. — "Preciosa, no creo que estés en condiciones de desafiarme de esa manera. Mira que aquí el que manda soy yo, y tú eres mi… prisionera".

Él rió, y ella no pudo hacer más que contener las lágrimas de furia e impotencia. No le daría el gusto de verla débil. Podría estar muerta de miedo, pero nunca lo dejaría.

—"Chang, ya déjala". –vino una voz un poco más lejana. Era de otro hombre, pero sonaba más tranquila que la del sujeto repugnante que la sujetaba. — "No podemos hacerle daño por ahora. Recuerda que esa mujer es el cebo".

—"Vamos, Yue. Sólo estoy jugando". –contestó el hombre sin soltarla. Sakura frunció el seño ¿quién demonios se creía ese tipo? ¿A qué se referían?

—"La necesitamos completamente lúcida para cuando vengan por ella… no la toques". –dijo el que había sido llamado Yue, de manera cortante.

Chang suspiró y soltó a la chica de ojos verdes, quien se alejó arrinconándose contra la pared lo más posible, como si se le fuera la vida en ello. Él sonrió de medio lado, mientras volvía a acercarse a ella. Cuando ya estuvo frente a frente no pudo evitar largar una carcajada al ver como el labio inferior de la muchacha temblaba incontrolablemente. Esa chica tenía unos labios tentadores, toda ella era una tentación.

Extendió la mano y le quitó la venda que cubría las hermosas joyas verdes. Tenía unos ojos increíbles, lástima que estaban llenos de lágrimas, aunque ella no se atrevía a largarlas. Vio como la muchacha enfrentaba con esos ojos brillantes su mirada oscura como la noche con un profundo odio.

Sonrió nuevamente. Era una chica ruda y con orgullo; se sorprendía de que tuviera tales agallas siendo que estaba en unas condiciones en las que no podía mostrarse fuerte; y notando que él era como tres veces más grande que ella.

—"Ahora entiendo por qué tienes a Li tan loquito por ti". –dijo con voz ronca, mientras sus ojos negros brillaban con lujuria. —"Eres todo un sueño, gatita".

Sakura abrió los ojos sin poder creerlo. ¿Habían mencionado a Shaoran? ¿Qué tenían que ver esos hombres con él?

¡Dios! Que no le hicieran daño…

—"Tú y tu grandísima bocota, inútil. Ella no tenía por qué saberlo".

Ella giró el rostro encontrándose con unos ojos azules fríos y calculadores que la miraban sin ninguna emoción. Ese, seguramente, sería el hombre, al que, el mastodonte que tenía en frente, había llamado Yue.

—"Bah, no tiene caso que se lo ocultemos, Yue; después de todo ella será quien lo traiga hacia nosotros… ¿no crees que tiene derecho a saber que será la culpable de lo que le suceda a su pobre amorcito?" –preguntó Chang con sorna.

Sakura se horrorizó ante esas palabras y los ojos volvieron a llenárseles de lágrimas. No podían hacerle daño a Shaoran por ella… no podían…

—"¿Q-Quienes son ustedes? ¿Qué q-quieren?" –preguntó entrecortadamente, tratando de contener los sollozos que tenía atragantados en la garganta. Los hombres la miraron, uno con frialdad y, el otro, con lujuria; por lo que no pudo evitar su furia. —"¡N-No pueden hacerle nada a Shaoran! ¿Por qué quieren atraerlo? ¿Qué quieren? ¡Respondan! ¿Qué es lo que quieren de él?"

—"Eso no debería incumbirte… ¿por qué te preocupas tanto por él, si no lo quieres? ¿Por qué debería importarte?"

¿Que no lo quería?

¡Eso no era cierto!

Ella… ella sí, lo quería. Estaba algo confundida pero ¡jamás le desearía el mal a nadie! Nunca… nunca podría… y menos a Shaoran sabiendo lo que ahora sabía. Menos sabiendo lo que él sentía por ella.

—"Usted no es nadie para…"

—"¿Ah, no?" –preguntó Chang, interrumpiéndola. —"Pues yo no vi que hicieras nada cuando el pobre infeliz te gritó esas cursilerías. 'Te amo. Oh, te amo'" –imitó, ganándose una mirada de ira por parte de Sakura. —"Si lo hubieses visto… el estúpido se fue tan destrozado que…"

—"¡Ya cállese!… cállese. No lo llame así". –musitó ella, sintiéndose el monstruo más grande del universo. Al fin y al cabo, el apodo que siempre le ponía su hermano era el correcto. Era un monstruo; se sentía un monstruo.

—"Gatita, no estás en condiciones de…"

—"¡Deje de llamarme así! ¡Ese no es mi nombre!" –exclamó con furia dejando caer algunas lágrimas. Sabía que no era momento para actuar de esa forma, pero no podía controlar su genio cuando estaba tan asustada y rabiosa.

El hombre la miró furioso ante tal muestra de rebeldía, y levantó su mano para golpearla.

—"Maldita mujer, ahora aprenderás…"

—"Chang…" –detuvo con voz tranquila, y a la vez, tenebrosa el albino, quien se encontraba a unos metros de ellos. —"Dije que no debías tocarla ¿lo entiendes? ¿O quieres que te lo demuestre?"

—"Está bien, Yue". –masculló, volviendo la mirada a la castaña. —"Y tú gatita… ya verás lo que te haremos una vez que tu lindo amorcito esté bajo tierra. Créeme… te gustará". –concluyó retirándose.

La chica de ojos verdes quedó petrificada, mientras gruesas lágrimas surcaban su rostro. No… no podían hacerle daño a Shaoran.

¡No! ¡No podían!

Recordó lo que ese hombre sin corazón le había dicho… ellos siempre habían estado ahí. Desde un principio, vigilándolos.

¿Qué querrían? ¿Por qué lo hacían?

Si querían a Shaoran habían tenido la oportunidad de capturarlo en esos momentos… ¿por qué?

No podía entenderlo. No entendía nada de lo que sucedía, y sólo podía rogar que Shaoran no fuera, que no acudiera ahí. No podría soportar que algo malo le pasara… no podría.

Se acurrucó lo más posible para retener algo del calor que le faltaba. Tenía tanto miedo… tanto. Pero no temía por ella; ya no temía por ella. Le causaba temor que esos sujetos pudieran hacerle algo a Shaoran… a su Shaoran.

No quería que nada malo le pasara, preferiría que le hiciesen cualquier cosa a ella, pero nada a él… no a él.

No le importaría que eso sucediera porque… porque…

Porque ella lo amaba.

Abrió los ojos enormemente al darse cuenta de lo que había pensado. ¿Amaba a Shaoran? ¿Pero cómo…?

Esto no pudo haber pasado en una noche; no pudo haber pasado por su declaración; no pudo haber… no pudo…

Entonces…

Entonces… eso quería decir que…

Sonrió dejando que otras lágrimas se deslizaran por sus mejillas. Ahora… ahora lo entendía… entendía tantas cosas.

Por fin podía entenderlo… al fin entendía toda la necesidad que había tenido cuando él se había ido; cuando ella quería buscarlo para que volviera a besarla… al fin entendía su necesidad de decirle que él era su príncipe multicolor.

Ella siempre lo había amado.

Siempre.

Desde el principio; cuando el castaño aún era un tanto mujeriego… desde ese momento le había gustado, pero se había alejado porque no quería ser una más de sus conquistas. No quería caer en sus redes.

Como ahora sabía que desde un principio había caído…

¿No lo ves?

Éstas peleas tan sólo son,

una escapada de este amor…

que a los dos, nos asusta…

Todo. Todas las peleas… todo el fastidio; toda la lejanía que Sakura había marcado, había sido pura y exclusivamente para proteger a su corazón. Ella siempre se protegió de una manera involuntaria… siempre lo hizo, porque esos sentimientos la asustaban.

La aterraban

¿No lo ves?

Si en lugar de huir de él,

damos libertad, esta pasión…

tal vez pueda ser...

Y ese beso… ese beso significó su detonante. En ese beso, ella pudo saber todo lo que él escondía, y al mismo tiempo, se descubrió a sí misma… descubrió su verdad.

¿No lo ves?

Al abrazarnos puedo sentir…

que tu latido me hace vivir,

y sin él, moriría…

Lo vio…

Claro que lo vio.

Sonrió con amargura. Ella había terminado siendo la cobarde; la que no asumía sus sentimientos. La tonta y ciega Sakura que nunca miraba más allá; la que siempre se escondía detrás de su frustración por el temor a lo desconocido.

"'Ningún hombre que he conocido ha causado esa corriente eléctrica en mí'"

Que mentirosa había sido. La chispa siempre había estado ahí… muy presente.

"Es todo un placer conocerla, señorita Kinomoto'"

"'El placer es mío, señor Li'"

Esa vez… desde esa vez, jamás pudo sacarse esos ojos ámbar de la cabeza. Nunca pudo hacerlo. Esa penetrante mirada estaba grabada a fuego en su alma…

"'Sakura, ¿por qué todos los protagonistas tienen ojos de color miel?'"

"'No lo sé, Tomoyo. Simplemente me gusta ese color. Es un color extraño… exótico. ¿No lo crees?'"

"'Ni que lo digas… creo que ni tú misma lo sabes; pero quizás algún día te darás cuenta'"

Hasta en un principio, sus protagonistas; todas sus características físicas y emocionales, siempre habían sido similares a las de Shaoran y era ahora cuando podía verlo. Él siempre había estado en su mente como un prototipo de príncipe, pero un príncipe multicolor.

Eso era lo que siempre había visto Tomoyo, al igual que Eriol; cada vez que presentaba sus escritos, ellos reían a escondidas, mientras que los ojos de Shaoran eran ocultados por los cabellos que le caían al rostro, al tiempo que les gritaba que ellos callaran sus carcajadas.

Siempre. Siempre, siempre había sido tan claro. Cada uno de los argumentos que él le daba, tenían otro significado… uno muy no muy escondido, pero usualmente desconocido para ella.

"'Creo que deberías darle un toque más real a tus historias, para así poder captar la atención de más lectores'"

"'Con todo respeto, Li; la narración y estilo que utilizo en mis historias es mi manera de trabajar con los sentimientos y con lo que me gusta; así que no pienso cambiarla, únicamente por aumentar tu beneficio económico'"

"'No me refiero a eso, Kinomoto. Sólo pienso que deberías incluir más elementos a la trama; en especial deberías afianzar las… escenas de pasión'"

"' ¡Eres un… un…! ¡Ya sabía que tu crítica iba por ahí!'"

"'Tranquila, tranquila, Kinomoto. No tienes que alterarte'"

Sonrió ante los recuerdos. Todas y cada una de sus peleas tenían algo especial. La diversión siempre estuvo ahí, aunque nunca la viera… siempre se había divertido con él… siempre. Decía fastidiarla, pero no era así… lo disfrutaba, disfrutaba tanto trabajar con él, pasar tardes enteras leyendo con él… con esos comentarios que le hacían largar humo hasta por las orejas.

"' ¡Li basta! No pienso poner las obscenidades que me dices… ¡Por favor! ¿¡Puedes dejar de reírte!?'"

"'Es que… no… puedo… creerlo… ¡Mírate! Estás completamente roja por un tonto comentario que hice… además no es nada tan obsceno'"

"' ¡Claro que sí lo es! Ese comentario no tuvo una pizca de tonto. ¡Eres un pervertido! ¡No pienso incluir tal vulgaridad en mis libros!'"

"'Dios, Kinomoto, hablas como si nunca… como si nunca… no, espera… Oh, no… no puedo creerlo, no puede ser… no me digas que tú… que tú eres…'"

"' ¡Sí! ¡Y ya cállate!'"

"' ¡Eres virgen!'"

"'Dime, Li ¿quieres hacerlo público? Podemos exponerlo en un diario, o darle la noticia a los Paparazzi, si se te antoja'"

"'Aún no puedo creerlo… aunque me alegra…'"

"' ¿Eh?'"

"'Nada, nada'"

Eran muy extrañas sus conversaciones. ¿Por qué siempre acababan en ese tipo de discusiones? Cada vez que hablaban o, más bien, discutían acababan en lo mismo… en esos temas. Como cada vez que acababan discutiendo sobre si alguna de las actitudes o acciones de los protagonistas había sido la correcta o, la más factible a realizarse.

"' ¿Tienes planes para tu nueva historia?'"

"'Sí, tengo algo en mente'"

"'Cuéntame para darte el visto bueno, no vale la pena que hagas algo que no esté bien'"

"'El que te cuente no cambiará las cosas, Li'"

"'Quien sabe, Kinomoto… quien sabe…'"

"'Tienes razón, antes de escucharte, prefiero que te calles y me escuches tú a mí'"

"'Soy todo oídos… todo para ti'"

"'Pues el tema primordial será el romance y el humor. Tendrá tres protagonistas principales: dos hombres y una mujer. Ella trabaja como secretaria en una importante empresa, en donde su jefe es un hombre joven, increíblemente atractivo, todo un mujeriego y arrogante. Pero todas sus técnicas de seducción no le sirven con su secretaria, ya que ella lo ignora olímpicamente. También estará su mejor amigo, quien se enamorará de la protagonista. Sin embargo, el empresario también sentirá algo por ella, aunque en un principio cree que es una simple atracción, por lo que no le presta atención a sus sentimientos, e intenta alejarse para dejar tranquilo a su amigo con su chica. En cuanto comienza a transcurrir el tiempo, viéndolos juntos, se da cuenta de que no soporta verlos; era algo que simplemente le hacía hervir la sangre, y es así que se da cuenta de que siente más por ella de lo que en un principio estuvo dispuesto a reconocer'"

"'Increíble. Se ve simple, pero seguramente podrás darle tu toque'"

"'Sí, aunque es una pena que uno de los dos salga sufriendo'"

"'Suena bien ese conflictivo triángulo amoroso, aunque no tengo claro quién se quedará con el premio'"

"'Ella no es un premio, Li. Y el que se quedará con ella será el empresario, porque la protagonista siempre estuvo enamorada de él, a pesar de que nunca lo demostraba por miedo a parecer estúpida por imaginarse que un hombre así se fijaría en ella'"

"' ¿Por qué? No le veo un buen motivo a eso. Ella no sería menos que él'"

"'No, pero él era todo un mujeriego. Podría tener a sus pies a la mujer que quisiese ¿por qué justo a ella?'"

"'La pregunta sería ¿por qué no a ella?'"

"'Nunca entenderás cómo pensamos las mujeres, así que no lo intentes. Saldrás perdiendo'"

"'Por esta vez te doy la razón, Kinomoto. Todas las mujeres están locas… cada una a su manera'"

"'Cállate, Li'"

Ese había sido el segundo libro que había sacado en menos de un año. Él estaba metido en todo el trabajo para que ella tuviera éxito, y ella nunca notaba todos sus esfuerzos. Shaoran siempre la guiaba, aunque no fuera conciente de eso.

Quizás esas pláticas eran muy productivas porque la ayudaban a obtener más material con el que, luego podía trabajar.

"'Listo, esto esta terminado. Puedes revisarlo nuevamente, si quieres'"

"' ¿Por qué lo cambiaste tanto? Te dije que me gustaba mucho como estaba'"

"'Por si aún no lo has notado, soy tu editor, quien se encarga de hacerle los cambios correspondientes a lo que escribe mi pequeña musa'"

"' ¡Yo no soy tu musa! Eres un idiota, ni siquiera sabes lo que dices'"

"'No, no mi querida Kinomoto; sé perfectamente lo que estoy diciendo, sólo que tú no sabes interpretarlo'"

"'Como sea, Li; yo no tengo la culpa de tus desequilibrios psicológicos. El punto aquí es que no tienes derecho a cambiar tantas cosas'"

"'No cambié tantas'"

"' ¡Sí, sí lo hiciste! ¿Por qué modificaste las características físicas de la protagonista? ¿Por qué cambiaste también su personalidad? ¡Es demasiado ingenua!'"

"'Cambié algunas de sus característicos físicas para que pareciera más atractiva, me encanta el verde… y queda genial en sus ojos. Además el que sea ingenua es un lindo detalle'"

"'Pues a mí no me gusta'"

"'A mí sí'"

Ahora era cuando se daba cuenta de las cosas. Las actitudes de sus protagonistas eran maduras y siempre sabían qué hacer y cómo actuar… siempre tenían las respuestas para todo; sin equivocaciones; sin dudas; sin niñerías. Simplemente, los personajes de sus novelas eran perfectos. Pero Shaoran rompía esos esquemas y cambiaba algunas partes de las personalidades, en especial la de las muchachas. Siempre eran ingenuas, y ella no entendía el motivo; a veces, llegaban a parecerle tontas algunas de las actitudes de esas ciegas; casi nunca acertaban cuando tenían que decidir algo importante y le parecían de lo más estúpidas… ¿por qué él tendría que cambiar tanto a su madura protagonista? ¿Por qué la hacía tan ingenua y tonta?

Sonrió motando ahora que siempre había sido una de ellas. La castaña siempre había sido una ciega que no pudo ver lo que le indicaban hasta las estadísticas del tránsito. Por eso él lo cambiaba a sus personajes… para que se parecieran a ella… sus ojos… la personalidad. Todo.

¿Cómo nunca pudo darse cuenta?

Ni siquiera se había dado por enterada de todas las veces que él la había tratado de invitar a salir… habían sido tantas.

"' ¡Hey! Kinomoto, espera un momento. No te vallas'"

"' ¿Qué pasa ahora, Li?'"

"'Sólo quería festejar contigo el éxito del libro… ¿Qué te parece si vamos a cenar?'"

"'La verdad…'"

"'Puede ser a donde gustes… no lo sé, si quieres ir a algún lugar en especial…'"

"'Li, no tengo ganas de festejar. Estoy muy cansada para hacerlo, pero de todos modos gracias por la invitación; es un lindo detalle de tu parte'"

"'Pero… quizás podríamos…'"

"'En serio, Li, muchas gracias pero me muero de sueño. Nos vemos'"

"'Yo… Está bien, Kinomoto…'"

Tonta. Eso era lo que había sido, una tonta. Una absoluta y absurda tonta.

Volvió a acurrucarse escondiendo el rostro en las rodillas, mientras más lágrimas querían salir de sus ojos. Toda su vida había sido una llorona sin remedio, pero la gran mayoría de las veces en las que deseaba llorar sin motivo aparente, trataba de retenerse. No valía la pena llorar cuando no puedes resolver nada. Esa siempre había sido su filosofía de vida; no valía la pena llorar cuando no puedes resolver nada con ello, y en esos momentos, el llorar tampoco resolvería nada. Tampoco podría hacer otra cosa porque en el lugar en el que se encontraba había poca, era casi nula luz y estaba completamente cerrado. Ese sitio era peor que una ratonera… mucho peor.

"' ¿Por qué te pones tan tensa cada vez que se cierran las puertas del elevador?'"

"' ¿Cómo lo sabes?'"

"'Mm… esa pregunta está difícil…pero intentemos dar fundamentos: quizás sea por la manera en la que tiemblas; o la forma en la que tus ojos se dilatan; o quizás también, el modo en el que mueves tus manos tan frenéticamente'"

"'Pues… me asustan un poco los lugares cerrados. Es una especie de trauma que me quedó de pequeña al quedar encerrada en un baúl viejo que había en el sótano de mi casa'"

"' ¿Quedaste encerrada en un baúl?'"

"'Sí. Afortunadamente mi papá logró encontrarme. Desde ese entonces me asustan un poco los lugares algo pequeños u oscuros'"

"' ¡Wow! Y tan tranquila que pareces. Seguramente eras una niña muy traviesa. Con razón estás algo trastornada ¿no? Yo ya sabía que alguien como tú era muy diferente'"

"' ¡Argh! Eres un grosero Li. Te cuento una experiencia de mi infancia y tú sólo te burlas'"

"'Disculpa, pero sólo digo la verdad. ¿Sabes? Aunque a veces pareces muy vulnerable, yo sé que eres más fuerte de lo que aparentas, y hasta más de lo que tú misma puedes imaginar, Sakura'"

"'Sí, sí, trata de arreglar tu metida de pata ahora, eres un cobarde… Eh, espera… ¿Me llamaste Sakura?'"

"'Ese es tu nombre ¿O no?'"

"'Sí, claro que es mi nombre, pero tú me llamas Kinomoto'"

"'Digamos que quiero un trato más personal. Llevamos un buen tiempo trabajando juntos. Además escúchate, ya me estás contando cosas de tu infancia… eso es un avance en una relación ¿no lo crees?'"

"'Li… ¿Sabías que eres un idiota?'"

"'Nop, no lo sabía, pero gracias por exponer tu opinión… Sakura'"

"'Aish, has lo que quieras… Li'"

"'Eso será lo que haré… y a veces realmente creo que soy un idiota algo cobarde, si eso te hace sentir mejor'"

Sí, realmente era un idiota… ¿Cómo pudo haberse fijado en ella? No era tan bonita como otras mujeres; a veces se comportaba como una niña, y muchas otras, le faltaba ser femenina. Prácticamente era una tonta, un cero a la izquierda… ¿Qué le vio?

Esos pensamientos se agolpaban en su mente, mientras la humedad de sus ropas le causaba pequeños espasmos de frío.

No quería llorar; sentía que por más que lo hiciera, nada resolvería. Sin embargo, se sentía tan mal… quería hacer tantas cosas… pero la más importante de todas, era que quería verlo. Quería verlo a él. Quería ver a Shaoran. A su Shaoran.

Sí a su Shaoran, porque ahora sabía que siempre había sido suyo. Pura y exclusivamente de ella…

"'Li, yo venía a… ¡Oh, por Dios! Y-yo… n-no quería interrumpir, y-yo…'"

"'S-Sakura n-no es lo que tú piensas… espera un poco… ¡Demonios! ¿¡Puedes retirarte de aquí, Minako!?'"

"' ¿Por qué, bombón? Si íbamos a pasarla tan bien…'"

"'Sal de aquí… ¡ahora!'"

"' ¡Arggh! ¡Siempre esa Kinomoto absorbe todo tu tiempo!'"

"'Dije que te fueras… pero… ¡Oye! ¡No hagas que la puerta se convierta en giratoria! Que modales…'"

"' ¿¿Qué demonios fue eso, Li?? Creo que esto es una oficina decente… cualquiera puede entrar y… y…'"

"'No es lo que piensas, Sakura'"

"' ¿Ah, no? Que raro porque yo pensaba que no necesitaba lentes, y por lo poco que mi visión pudo captar, ella estaba prácticamente encima de ti… ¡estaba abriendo tu camisa de una manera muy desvergonzada!'"

"'Pero aunque no lo creas yo me estaba rehusando… te juro que yo no quería…'"

"'Por favor, Li. Que desfachatez la tuya… ¡ahora dices que ibas a ser víctima de una violación!'"

"' ¿Y qué si es verdad?'"

"'No soy estúpida. Encima es el tipo de mujer que les gusta a los hombres como tú… voluptuosa; con curvas pronunciadas… tiene todo…'"

"'Tú también'"

"'Yo no tengo nada que ver en esto. No te entiendo'"

"'Esa mujer no tenía nada más de lo que tú… o cualquier otra mujer podría tener'"

"'Ya, Li. Déjalo ahí porque en verdad me indigna tu falta de ética'"

"' ¿No será que es otra cosa?'"

"' ¿Otra cosa?'"

"'Creo que estás celosa. En serio, no tienes por qué…'"

"' ¡Ja! No me hagas reír. Yo nunca podría sentirme celosa por ti… huy, a veces dudo que tengas algo más que hormonas en tu cabeza'"

"Eso dolió, ¿sabías?'"

"'Sí, como digas. Eres imposible de tratar'"

Y la verdad era que estaba celosa, muy celosa por esa Minako, la escritora de columnas de opinión para uno de los diarios más importantes del país. La mujer tenía un cuerpo de lo más exuberante y, era realmente hermosa… Sakura pensaba que jamás los hombres podrían verla a ella como podrían ver a mujeres como Minako.

Estaba furiosa, verde de los celos por esas mujeres que se le abalanzaban como si Shaoran fuera un trozo de carne. Odiaba que hicieran eso, y era ahora cuando descubría –al igual que a los otros sentimientos –que la furia e impotencia que había sentido en todos esos momentos habían sido celos, únicamente los fantasmas que rondaban su alma, sustentándola de inseguridad.

Sonrió tiernamente; si tan sólo lo tuviera delante en esos instantes, le diría todo lo que había pasado por su cabeza y que había descubierto hacía menos de un día. Eran demasiadas emociones por tan poco tiempo… demasiadas.

Pero tan hermosas, excitantes e inquietantes que no podía contener a su corazón y a sus sentimientos.

Quería creer que todo lo que le estaba sucediendo era una pesadilla… que todo era una pesadilla, menos sus sentimientos. Sabía que esos hombres tramaban algo… lo vio en sus ojos. Y le asustaba saber que podrían lastimar a su persona especial… a esa persona que estuvo buscando y esperando durante tanto tiempo.

Si tan sólo pudiera regresar el tiempo atrás… si tan sólo pudiera cambiar tantas cosas… haría todo de una manera muy diferente. En primer lugar, nunca se refugiaría en su interior sin pensar en sus sentimientos y tratar de vivir una vida que no le pertenecía…

Ella tenía una vida… una vida que se le estaba yendo de las manos por sus temores. Ahora todo era incertidumbre… no sabía qué iba a sucederle, pero sólo podía desear que Shaoran no hiciera algo estúpido.

El cuerpo de la castaña comenzaba a dormirse… el frío estaba ingresando en cada rincón de su ser. Ya no podía sentir las manos, y sus pies estaban agarrotados. Los párpados le pesaban más… cada vez se le hacía más difícil mantenerlos abiertos.

No podía dormirse. No, simplemente no podía. Aún no había hecho todo… todo lo que quería, todo lo que soñaba… tenía que decirle tantas cosas

Dios… no podía darse por vencida.

No podía.

Por Shaoran.

—"Shaoran…" –susurró, mientras más lágrimas caían por sus ojos. No sabía cómo lo haría, pero, por esta vez, sería fuerte…

Sería la princesa multicolor de sus cuentos de amor.

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—"¡Que cara hermano! Parece como si hubieses pasado la noche en vela, o… haciendo otras cosas". –dijo Eriol con una gran sonrisa en el rostro; la cual se esfumó en el mismo instante en el que no vio que el castaño le reprochara el comentario, o bufara con fastidio. Se dio cuenta de que algo malo había pasado porque Shaoran estaba con los ánimos bajos y los hombros vencidos… como si ya nada le importara. Se acomodó los lentes porque sabía que había que tantear el terreno antes de ir al grano… lo sabía. —"¿Qué pasó?"

Sí, definitivamente, para estas cosas no tenía tacto alguno… ¿¡No se suponía que se prepararía para acechar el tema con mayor sutileza!?

Shaoran levantó la mirada hacia el rostro compungido de su amigo, y le sonrió con tristeza.

—"Nada amigo, sólo lo que tenía que ocurrir. Lo que yo sabía que ocurriría".

Eriol se asombró ante el escaso brillo que presentaban los ojos del castaño. Estaban oscuros, cansados e, irremediablemente, tristes. El dolor se le notaba a la legua… con cada palabra que pronunciaba podía sentirse el dolor que él estaba pasando en esos momentos. Además lo había llamado 'amigo'; Shaoran nunca lo llamaba amigo… ¡nunca! Eso sólo significaba que estaba tan dolido como para decir cosas que nunca decía… en este caso Shaoran parecía un borracho, es decir que actuaba por impulsos ante la incapacidad de su sentido común.

El moreno se aclaró la garganta dispuesto a decir algo. No era muy bueno con las palabras cuando había que alentar a alguien… no servía para eso; además de que nunca tuvo que hacer uso de sus escasos dotes de pañuelo para un amigo… pero ahora tendría que aprender. Shaoran era su amigo y él, como un buen hombre, tenía que apoyarlo.

—"Shaoran yo…"

—"Se lo dije". –lo interrumpió el castaño, mientras volteaba su asiento hacia el gran ventanal que estaba en su oficina. Él parecía apreciar de la hermosa vista desde lo alto del edificio, pero su mirada no estaba viendo nada en particular, nada más que el vacío.

El vacío que sentía en el alma.

—"¿Y… q-qué pasó?" –cuestionó, sintiéndose un idiota en el mismo instante en el que las palabras salieron de su gran bocota. Era obvio que no pasó una noche de sexo salvaje con Sakura; principalmente porque ella era Sakura, y segundo, Shaoran no se vería tan destrozado.

A veces podía llegar a ser tan estúpido, haciendo esas preguntas.

Lo escuchó largar una pequeña risita, mientras veía su rostro por el leve reflejo que mostraba el vidrio de la ventana. —"Es extraño escucharte tartamudear, Eriol". –dijo, para luego continuar. —"Como puedes ver no fue algo demasiado bueno".

—"¿Qué te dijo?"

—"Desearía que hubiera dicho algo". –respondió el joven de cabellos castaños, haciendo una mueca. —"Sólo se metió a su casa y me cerró la puerta. No tuve mejor idea que gritárselo ahí".

Eriol lo miró con la mandíbula desencajada. —"¿¡Que hiciste qué!?"

El ambarino suspiró. —"Lo sé, la espanté. Lo que hice fue algo de lo más estúpido, que sólo el mayor de los imbéciles podría haber hecho… pero, simplemente no pude evitarlo, quise decírselo en ese mismo instante y así lo hice".

— "Eso era lo que te había aconsejado… pero cuando lo dije me imaginé una cena romántica a la luz de las velas... no una puerta de por medio". –insinuó el joven de ojos zafiro.

—"Yo también me imaginaba algo así… pero las cosas se dieron y no hay nada más que hacer".

—"No sé si debas perder todas las esperanzas, Shaoran. Quizás…"

El castaño se levantó bruscamente de la silla, caminando hacia la salida de su despacho, pero antes de abrir la puerta se volteó al moreno. —"No, Eriol. No voy a perder ninguna esperanza, simplemente, porque ya no la hay. Las pocas ilusiones que guardaba, murieron ayer; y no pienso seguir cometiendo errores. Ya no más".

Era cierto, se había dado por vencido; tenía muy pocas fuerzas para seguir intentando algo que consideraba imposible. Podría sonar egoísta, pero ya no soportaría otro rechazo así… no podría.

Iba a salir cuando el teléfono de Eriol sonó estruendosamente con la canción 'It's my life' de Bon Jovi. Como odiaba el gusto de su amigo en los casos en los que debía ser recatado. Más de una vez esa canción había sonado en reuniones importantes.

—"Hola Tomoyito". –musitó con su habitual tono meloso.

Shaoran sonrió al verlo; al menos, Eriol tenía suerte en los aspectos cursis. Iba a dejarlo sólo para que pudiera decirle a su novia todas las estupideces que deseaba, cuando lo vio fruncir el seño. Se extrañó sumamente porque Eriol, casi nunca, jamás fruncía el seño a menos que fuera algo realmente importante.

—"¿Qué…? ¿P-pero cómo…? ¿Estás segura?" –Eriol parecía nervioso haciendo las preguntas. Shaoran se acercó a él con la preocupación latente en sus orbes de fuego; no sabía por qué pero el corazón comenzó a martillarle con fuerza… era un mal presentimiento lo que sentía… y no le gustaba. No le gustaba para nada. —"Está bien… escucha, Tomoyo, quédate tranquila. Nosotros iremos, quizás no es nada y es sólo tu imaginación… no, Tomoyo. No quiero decir que estés loca… no… Tomoyo… Tomoyo… ¡Tomoyo! Escucha amor, tranquilízate ¿si? Yo te mantendré informada… está bien. Yo también te amo, adiós".

—"¿Qué sucede, Eriol? Hasta por aquí se escuchaban las exclamaciones de Tomoyo".

El oji azul lo miró con preocupación. —"Dijo que… hoy fue a la casa de Sakura y…"

El castaño dejó de respirar y sintió que el corazón se le paraba cuando escuchó ese nombre. Por Dios… entonces eso que sentía…

—"¿¡Qué, Eriol!? ¡Habla por Dios!" –exigió.

—"No había nadie… Sakura no estaba; y la puerta se encontraba abierta".

Los ojos de Shaoran parecían querer salirse de sus órbitas y comenzaron a emanar fuego puro. Se sentía tan mal… era como si le faltara el aire. —"¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabe? ¿No será una broma de tu excéntrica novia?"

—"¡Shaoran! Sabes que Tomoyo no bromearía con algo así, ¡es Sakura! Ella la adora… y no la llames de esa forma".

—"Demonios…" –soltó entre dientes, comenzando a caminar a grandes zancadas hacia la salida del edificio siendo seguido por su amigo, quien lo llamaba para que lo esperara. Pero no podía… no podía parar; necesitaba saber si ella estaba bien… necesitaba encontrarla.

Todo lo que se había propuesto se había ido a la basura; nunca podría alejarse de ella… nunca.

Trató de tranquilizarse pero simplemente, no podía dejar de pensar en cosas negativas… horribles, sin saber siquiera el motivo.

—"Sakura…"

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—"¡Demonios, Eriol! ¡Demonios! ¿¡En dónde puede estar?!" –exclamó Shaoran sintiendo que el mundo caía a sus pies. No podía creerlo, había llegado a la casa y tal y como Eriol le había dicho, la puerta estaba abierta… no parecían haber revuelto las cosas, ni robado nada. Todo estaba en su lugar… sólo faltaba ella.

¡Maldición!

—"Tranquilo, Shaoran. No ganarás nada exaltándote, tienes que tener la mente en frío; además puede que nos estemos ahogando en un vaso de agua".

—"Sakura nunca ha hecho algo como esto. ¿Por qué lo haría? ¡Maldición, no puedo estar tranquilo mientras no sepa en dónde está!"

—"No harás nada si te pones así. Deberías…"

—"¡Maldición, Eriol!" –exclamó el castaño pasándose una mano, bruscamente, por sus cabellos. —"Es fácil para ti hablar cuando no es lo más importante para ti lo que ha desaparecido. Maldición, maldición".

—"¡Ya cállate!" –gritó el moreno sintiéndose impotente al no poder hacer nada para ayudarlo. Shaoran suspiró largando todo el aire que tenía en los pulmones; sabía que estaba comportándose como un idiota, pero no podía evitar ese miedo que surgía en cada centímetro de su ser. Quería reír ante la reacción sacada de su amigo, él jamás se salía de sus casillas. Esto era como para sacarle una fotografía. —"Shaoran, siento gritarte, pero esto está mal. Por supuesto que Sakura me importa, no seas tan idiota; creo que la desesperación está cegándote, amigo. Estás pensando en todas cosas negativas… ¿por qué tendría que ser eso?"

—"Lo siento Eriol… yo…" –suspiró. —"No puedo estar tranquilo… aunque lo intente, no puedo…"

Eriol se sacó los lentes con frustración. —"Escucha, iré al patio trasero para ver si hay algo… tú revisa por aquí ¿está bien?" –preguntó. El castaño asintió con la cabeza, mientras él se iba.

No podía dejar de pensar… ¿esto habría sido su culpa?

No. No podía ser. Sakura podría no quererlo, pero no era una cobarde. Él lo sabía más que nadie; ella no era una cobarde que escaparía de los sentimientos que él tenía hacia ella. Pero eso tampoco tendría ni un mínimo de sentido común. ¡Ella no tendría por qué escapar de nada! Era una completa tontería pensar en que ella estaría tratando de escapar cuando no había nada de lo cual huir.

No sabía qué pensar, y los escalofríos que le daban en su columna vertebral no ayudaban.

Se dirigió al centro de la sala y vio la mesa central. En el medio tenía un adorno de un gato amarillo de peluche. No pudo evitar sonreír al verlo; ella era así, siempre con esas niñerías.

Se acercó y pudo notar algo arroba de la mesa. Era un papel.

Se arrodilló para poder agarrarlo. Estaba doblado como un bollo, lo suficientemente apretado, pero no demasiado oculto como para no encontrarlo.

Su corazón comenzó a latir con fuerza… recordaba una sola vez que algo así había pasado.

Aquella vez

En la que habían secuestrado a una de sus hermanas; pero en la que, afortunadamente, nada malo pasó y habían podido rescatarla.

Estaba abriendo el trozo de papel con el corazón en la boca… los ojos le ardían, sentía que en cualquier momento la cabeza le explotaría.

Demonios.

Lo primero que vio fue una horrible caligrafía, escrita en color rojo. Rojo. Rojo… como la sangre.

Tragó duro y leyó lo que decía.

Pequeño Li:

¿Creíste que tu familia iba a librarse de todos nosotros? Que equivocado estabas, pequeño. Muy equivocado.

¿Desesperado? Sí, así quiero que estés; al igual que yo, cuando por culpa de las malditas empresas de tu familia, toda mi corporación quedó en banca rota. Ahora serás tú, como el heredero de todo el Imperio Li el que sufra las consecuencias.

Si encontraste esto es porque debes estar en la casa de la mujer. Créeme, ella es increíblemente buena como para querer un acostón, así que si no quieres que la aprovechemos, tienes que…

Su vista se nublaba de furia, rabia, impotencia y miedo. Era todo un remolino de sentimientos que lo cegaban; que le impedían respirar, y provocaban que su corazón latiera desbocado. El estómago le daba continuos vuelcos desagradables que no podía controlar; sentía un vértigo tan intenso, como si estuviese en una montaña rusa.

Malditos, malditos…

Todo lo que había imaginado había sido cierto. Algo malo había pasado, algo muy malo.

Más le valía a esos malditos infelices no tocarle ni uno sólo de sus cabellos o él… o él…

No podrían imaginar de lo que él sería capaz si se metían con lo que más amaba en el mundo.

Volvió la vista a la hoja, leyendo nuevamente toda la nota, y quienes la firmaban eran Yue Tsukishiro y Chang Lai, los ex presidentes de las Corporaciones Tecnology. Era extraño que estuviese firmada, pero claro que sabían que él no los delataría; que haría cualquier cosa con tal de que no le hicieran daño a ella.

Se sentía como un idiota. ¿¡Cuándo demonios la habían secuestrado!? Él había estado con Sakura hasta altas horas de la noche… demonios.

Recorrió con la vista toda la nota y distinguió que señalaban una dirección, y establecían la cantidad de una importante suma de dinero para el rescate. Además pedían que fuera solo… completamente solo.

Maldición, era demasiado dinero. No le importaría en lo absoluto darlo todo por ella, pero no podía sacar tal cantidad de un banco; ni todos los bancos juntos de la zona llegarían a entregarle esa cantidad.

Quince mil millones de dólares

Frunció el seño, e hizo un bollo con esa maldita carta para volver a tirarla al suelo.

Era demasiado dinero para sacar en un solo día.

¡Maldición!

Pasó una mano por sus cabellos chocolates. No le importaba. De alguna manera lo conseguiría. Tenía algo en la caja fuerte de su departamento, y algunos contactos que podrían ayudarlo. Tenían que ayudarlo.

Vio que Eriol aún no volvía. Tenía que salir de ahí, sin Eriol, sin nadie. Conocía a su amigo y él se negaría a que fuera solo. Sabía también, que era una locura hacerlo; sería una locura ir solo a ese lugar sin saber con lo que se encontraría, pero no podía evitarlo. No quería ponerla en más peligro por su culpa… porque todo era por su culpa… su maldita culpa.

Ellos la habían capturado para hacerlo sufrir…

Porque la amaba…

Maldición, ¿por qué tuvo que bajar la guardia justo ahora? Siempre había fingido muy bien en público, aunque todos supieran de sus sentimientos; casi ni se le acercaba, o cuando lo hacía se comportaban como siempre que peleaban… pero ahora… Dios… ¿Qué podría hacer?

Todas sus pesadillas se hacían realidad. Desde la primera vez que había pensado que algo malo le había ocurrido hasta ahora… ahora que esto era completamente real.

¿Por qué? ¿¿Por qué??

Quería golpearse a sí mismo por lo estúpido que había sido. Maldición, si tan sólo… si tan sólo hubiese guardado todos sus sentimientos, ésto no habría pasado. Nada de lo que sucedía habría pasado; él seguiría siendo Li, el editor de Kinomoto, y sabría que ella estaría bien.

Sacudió la cabeza en un intento de centrar sus ideas; no servía de nada reprocharse ahora. Lo que tendría que hacer sería buscar que alguien pudiera ayudarlo sin pedir explicaciones y hacer lo que le habían indicado, apostando todo a la suerte.

Comenzó a salir de la casa en silencio, para luego subirse a su auto y arrancar como si se lo llevara el diablo.

Tenía tanto miedo por lo que llegara a pasarle. No sabía lo que intentaría hacer ese psicópata de Tsukishiro; siempre había sido un loco sin remedio que nunca fue atrapado por la justicia. Pero ahora sí que la había embarrado, y metido la pata… hasta el fondo.

Más le valía que ella estuviese completamente bien porque los haría pagar… oh, sí que los haría pagar, aunque se le fuera la vida en ello.

Porque si de algo estaba seguro, era que iba a sacar de ahí a Sakura con bien.

Y esta vez, sería él, quien hiciera justicia.

Una justicia que su padre tendría que haber hecho hace mucho tiempo.

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Ahora sí, ya tenía todos los elementos que necesitaba para llevar a cabo el rescate. Había hecho todo lo más rápido posible, desafiando las leyes del tiempo y también las del tránsito. Era un peligro, pero no podía evitarlo. Nunca podía evitar nada cuando se trataba de ella… de Sakura. También había apagado su celular porque Eriol se había puesto muy pesado; llamaba cada tres segundos, y al no obtener respuesta, seguía perseverando; realmente, ya lo había cansado, y no quería inmiscuirlo en esos asuntos que solamente, le concernían a él y a su familia.

Aunque antes refunfuñaba por algunas de sus amistades no tan legales, ahora estaba mucho más que agradecido por poseerlas. Cuando tienes muchos contactos, nada parece ser imposible, y mucho menos, cuando hay más dinero e intereses de por medio.

Aún recordaba tantas discusiones que había tenido con Sakura de esos temas; cuando ella decía que el dinero no lo era todo; y él lo refutaba, diciéndole que gracias al dinero podían hacerse muchas cosas. Y en cierto punto llegaba a ser cierto, pero en muchos otros casos, no. Para comenzar, si no hubiera dinero de por medio, nada estaría sucediendo, porque esos hombres no tendrían por qué llevar ninguna clase de venganza.

Pasó las calles principales del centro, hasta adentrarse en un camino de calles desoladas, y apartamentos abandonados. Presionó el acelerador para apurar la marcha, debido a que ya no había peligro de llevarse a alguien a cuestas.

Siguió recorriendo con sus ojos todo el lugar. Desde un punto a otro para ver si estaba yendo por buen camino. No quería retrasarse más de lo que ya estaba. Necesitaba verla; saber que estaba bien… ahora era cuando se daba cuenta de lo, estúpidamente, dependiente que se había vuelto con ella. Necesitaba verla tanto como al aire que respiraba.

Llegó a un sector más lejano que todos los demás, en las ruinas de una de las empresas de 'Tecnology'. No podía creer el deplorable estado en el que se encontraba el edificio. ¿Ahí tenían a Sakura?

Frenó con su auto y sacó los dos maletines repletos de dinero. Si eso era lo que querían, ahora lo tendrían, pero sólo cuando la dejaran libre.

Miró de un lado para otro sintiendo como el frío del lugar le cubría todo el cuerpo y traspasaba sus ropas. Demonios… sí que hacía frío.

Recordó lo friolenta que era Sakura en el invierno y se inquietó aún más. No podían tenerla en esos lugares… ella era muy vulnerable y podría sufrir de una hipotermia.

Shaoran caminó, dando grandes zancadas hacia la puerta del enorme edificio. No sabía si eso era lo que debía hacer, pero sentía que debía actuar y rápido.

—"Así que Li junior no se ha acobardado". –escuchó a sus espaldas. Volteó, bruscamente con el seño fruncido, encontrándose con la imagen de un hombre que le sacaba una cabeza de estatura.

—"Eres tú, Chang". –masculló con furia. —"Dime en dónde está. Traje el dinero, y quiero que me regresen a Sakura sana y salva".

—"No. Eso no se hará hasta que no ajustemos todas las cuentas pendientes contigo, Li". –dijo el moreno sonriendo misteriosamente. —"Mi jefe quiere verte".

— "¿Sigues siendo el perro faldero de Tsukishiro?"

Los ojos oscuros del hombre destellaron con ira. —"No estás en condiciones de hacerte el astuto, Li. Tenemos a tu noviecita…" –sonrió arrogante. —"¿O debería decir… la chica que rechazó a Shaoran Li?"

—"Ese no es tu asunto". –gruñó el joven de ojos ámbar.

—"Oh, no. Claro que no es mi asunto. Pero en cierto punto me alegra que no tengas nada con ella..." –comentó el otro, aparentando desinterés, mientras las orbes de fuego estaban clavadas en él. —"La chica es realmente… caliente. Oh, sí… imagínate sus gemidos cuando me sienta dentro suyo; imagina sus gritos clamando por más y…"

No pudo continuar porque Shaoran se abalanzó hacia él, asestándole certeros golpes que acabaron por partirle una ceja, y el labio. —"¡Maldito hijo de perra! ¡Nunca! ¿Me escuchas? ¡Nunca vuelvas a hablar así de ella! Y más les vale… más les vale que se encuentre bien".

Chang logró levantarse del suelo, empujando a Shaoran hacia un lado. Pasó una mano por su labio y la miró. Sonrió escalofriantemente al ver el tibio líquido rojo que había quedado en ella… sangre. Una hermosa y tibia sangre… un magnífico líquido rojo que se asemejaría a la sangre de los Li, con la que se bañaría, si pudiera hacerlo. —"¿Te crees muy hombre, Li?" –preguntó, mientras una macabra carcajada salía de su garganta. —"No estás en condiciones de hacerte el héroe… y aún así tienes el orgullo suficiente como para enfrentarnos. Debo admitir que no creí que vinieras tan pronto. Quien sabe… el amor puede durar muy poco… ¿por qué arriesgarse por una chica que no te quiere?"

—"Tú no sabes nada".

—"¿No lo sé?" –rió. —"Ayer todo se vio muy bien, Li. Créeme, lo vi en primera fila; parecías tan destrozado… pobrecito de Li… ¿Acaso no puedes calmar tu calentura con otra mujer que no sea esa?" –se mofó.

—"¡Maldición, tú no sabes nada!" –exclamó con los ojos fijos en los negros del hombre. Fue entonces cuando se dio cuenta de las palabras del otro… ¿lo había visto? ¿Lo vio? ¡Demonios! Que idiota había sido ¡cómo no lo había notado! —"¿Desde cuándo nos estaban siguiendo?"

—"¿Debería decírtelo?" –contraatacó, y al instante comenzó a reír. —"Está bien, te lo diré sólo para que te des cuenta de que no puedes escapar de nosotros, Li. Ni tú, ni tu maldita familia". –dijo, mientras caminaba alrededor de Shaoran como un león a punto de atacar. —"Comenzamos a seguirte desde hace poco más de seis meses… no teníamos cómo atraparte ¿sabes? Hasta parecías ser invencible. Pero como siempre dicen, nada es perfecto, y ella estaba ahí para marcarnos esa diferencia".

El castaño apretó los puños, sintiendo impotencia. Era por su culpa que Sakura estuviera pasando por esos malos ratos. —"Son unos malditos desgraciados. ¡Son unos cobardes! ¿¡Por qué incluir a terceros en un asunto que nos incumbe únicamente a nosotros!?"

—"¿Cómo podríamos hacerte sufrir si así lo hacíamos?" –cuestionó Chang, sin borrar la sonrisa de su rostro. Shaoran lo miró directo a los ojos; podía ver en los ojos negros de ese hombre, odio, ambición… venganza. —"Ahora tenemos a tu punto débil, Li, y gracias a ella estás aquí ¿no?"

—"No tenían por qué…"

—"Sí, sí teníamos por qué hacerlo. Tus empresas, tu padre, toda esa maldita traición nos dejó en banca rota, Li. Esas son cosas que no se olvidan".

—"Nadie tuvo la culpa; y menos yo. Apenas era un adolescente cuando todo eso les sucedió ¡demonios! Todo esto es un mal entendido que ustedes armaron por su maldito orgullo. Mi padre quiso arreglarlo pero ustedes…"

—"¡Mentira!" –exclamó Chang. —"Sabes muy bien que esas son excusas de tu padre, él nos engañó; y tú pagarás sus errores como futuro jefe del clan… así, mataremos dos pájaros de un tiro. A ti, y la culpabilidad de tu padre por sus benditas acciones".

Shaoran frunció el seño. ¿Qué demonios planeaban estos psicópatas? —"¿Qué mierda pretenden? Traje el dinero que pidieron, ahora quiero a Sakura".

—"No era el dinero lo que queríamos de ti".

El joven abrió los ojos sin poderlo creer… todo era una trampa. Él sabía que quizás podría serlo, pero nada le importaba porque deseaba encontrar a Sakura para sacarla del hoyo en el que la había metido. Pero esto no estaba en sus planes… si estos hombres querían venganza entonces…

Entonces…

Pasó una mano por sus cabellos. Lo único que quería era sacarla de ahí. —"Déjala ir". –musitó con voz ahogada. Ahora no podría exigir, sino adecuarse a sus exigencias. —"Déjala ir y no impondré resistencia… pero déjenla ir".

Chang se sorprendió un poco ante el, evidente, pedido desesperado, pero lo ocultó. Le asombraba que Li, justamente, Shaoran Li se tragara su orgullo para pedir por algo. Pero lo más extraño, era que ni siquiera pedía por él, sino por la mujer. Era cierto cuando decía que estaba completamente loquito por ella. —"Vaya, vaya, Li ¿qué sucedió con los típicos Li que sólo se preocupaban por sí mismos, sin importar los demás? Con lo que dices, pensaré que en verdad quieres a la chica, y no sólo un acostón con ella… esto es interesante". –amplió la sonrisa cuando notó los atisbos de ira que salían de los ojos color ámbar. Sí, sabía que la chica no era algo pasajero para el mujeriego de Li, pero jugar con él no le hacía daño a nadie… bueno, quizás sí.

Shaoran tragó duro toda su furia y apretó fuertemente los puños, dejando sus nudillos blancos. —"Déjala ir". –repitió.

—"¿Debería?"

—"Ella no tiene nada que ver en todo esto, déjala ir".

—"Dime, Li ¿tanto te importa esa mujer? Es hermosa, eso es indudable, pero hay otras, y puede que más bonitas que ella… otras que saben hacer muchas más cosas de las que estoy seguro que esa mujer no sabe". –comentó con una sonrisa lujuriosa que asqueó al castaño.

—"¿Qué diablos quieren? Me tienen aquí, entonces hagan…" –pronunció, extendiendo los brazos. —"Hagan lo que se les antoje conmigo, pero déjenla".

El hombre rió. —"A ti no puedo hacerte muchas cosas que a ella le haría". –dijo sonriendo, mientras el castaño apretaba más los puños para resistirse. —"Y además… hagas lo que hagas… no la dejaremos ir. Ni a ella, ni a ti".

—"¿Qué…?"

Chang se encogió de hombros. —"Simple, ninguno de los dos se irá de aquí… o por lo menos, no vivos". –explicó con una media sonrisa. —"Dije que queríamos hacerte sufrir ¿no?"

—"Maldito…" –Shaoran iba a abalanzarse a él, cuando sintió un fuerte golpe en la nuca, que lo dejó semiinconsciente.

—"Te tardaste, Yue". –comentó Chang.

El hombre de ojos azules lo miró con su típica mirada glacial. —"Cállate y enciérralo".

—"¿Encerrarlo para qué?" –preguntó, mientras veía que Yue tomaba los maletines con el dinero. —"Íbamos a matarlo".

—"Has lo que te digo. Llévalo a donde la chica… no sabe lo que le espera, y a ti también te gustará, Chang. Créeme que te gustará". –dijo con una turbadora sonrisa.

El hombre de ojos negros se extrañó al verlo sonreír. Yue nunca sonreía; debía traerse algo bueno entre manos. —"Lo llevaré". –musitó, mientras tomaba al castaño, que aún estaba aturdido.

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Ya no podía aguantar más en esas condiciones. Estaba haciendo un esfuerzo infrahumano para no dormirse por el frío, pero ya no podía evitarlo. Los párpados le pesaban, y prácticamente no sentía ninguna parte de su cuerpo. Lo único que sí sentía, era un dolor punzante en las puntas de los dedos que estaban en su espalda con sus muñecas atadas. Eran como pequeñas agujas que se clavaban en sus pequeñas yemas. Era un dolor que, aunque pequeño, se volvía cada vez más insoportable.

Escuchó que unos pasos se acercaban a la puerta y sus sospechas se confirmaron cuando, el pesado portón de metal se abrió, dejándola ciega por unos instantes al ingresar al interior un rayo de luz. No sentía el miedo que había sentido en un principio. No podía sentir miedo de esos hombres cuando a lo único que le temía, era a caer dormida sin poder aguantar un poco más… sólo un poco más.

Sintió que alguien se acercaba a ella, y luego un sordo sonido de algo cayendo contra el suelo. Cerró los ojos para poder enfocar su vista sin ver luces de colores, pero el abrirlos le había costado mucho más que el cerrarlos.

—"Te traje compañía, gatita". –escuchó a alguien hablar. Por el adjetivo que usaba para dirigirse a ella, y esa horrible voz, supo que era ese hombre, el tal Chang. —"Al menos ahora tienes a tu amorcito contigo… somos bastantes considerados, es una linda despedida". –dijo riendo, para luego volverse y cerrar la puerta de un fuerte golpe.

Sakura se quedó estática… ¿Dijo… su… amorcito?

Es que… acaso…

Escuchó unos pequeños quejidos y no le quedó duda. ¿Shaoran? Sí, ese era Shaoran. Quiso llorar, al fin podría verlo. Sintió que algo se le removía en el estómago por la felicidad; pero fue apagado por la oleada de furia que le causó el hecho de que él estuviera ahí. Las lágrimas se agolparon en sus ojos, pero no querían salir. Por más que quisiera, no podía llorar.

Quiso moverse, pero sus piernas no le respondían. Quería ir a su lado…él podía estar herido…

Abrió su boca, pero nada salió de ella. No podía hablar, el frío había afectado su garganta.

Tragó duro, concentrando todas sus fuerzas para poder pronunciar alguna palabra. —"¿Sha… Shaoran?" –musitó muy débilmente.

El castaño en ese mismo instante reaccionó ante el pequeño murmullo que había escuchado. Eso no podía ser su imaginación, pero el lugar estaba lo suficientemente oscuro para no ver más que sombras. Su corazón comenzó a martillar con fuerza. —"¿Sakura? ¿Sakura estás aquí?" –preguntó con un atisbo de esperanza y temor.

—"Shaoran…" –volvió a susurrar ella, sintiendo el dolor de sus pulmones al tratar de expulsar el aire.

Shaoran se levantó torpemente, sin importarle el dolor que aún le latía en la cabeza, revolucionando sus neuronas. Ahora ese dolor había pasado a un segundo plano. Todo él había pasado a un segundo plano… como cada vez ocurría cuando veía a Sakura Kinomoto. Se acercó a ella, dando grandes zancadas y tocó su rostro. Pudo ver –por la poca luz que se reflejaba –que sus mejillas no tenían el típico tono rosado, y en cambio, se mostraban frías y pálidas. Toda ella estaba helada.

—"Sakura…" –susurró, sintiendo que el corazón se le paraba al verla en tal estado. —"¿Q-Qué te han hecho?"

—"Nada". –respondió la castaña, sintiendo la calidez que su mano provocaba en contacto con su rostro. —"No me han hecho nada… Shaoran… ¿t-tú te encuentras b-bien? ¿n-no te h-hicieron daño?"

Él no pudo evitar sonreír con ternura ante esas preguntas. ¿Cómo podía preocuparse por él cuando era ella la que estaba en peores condiciones? Eso lo hizo sentirse el ser más horrible del universo… ¿por qué ella tenía que pasar por esas cosas? No era justo. No lo era. —"Pequeña tonta, claro que estoy bien". –musitó con cariño. Tocó sus brazos y notó que estaba aún más fría y húmeda. —"Estás helada".

Sakura intentó hacer una sonrisa para tranquilizarlo. Podía ver en esas orbes mieles todo lo que estaba pasando por la mente del castaño, y no quería verlo afligido por ella. Nunca había sido tan perspicaz, pero agradecía serlo en un momento así. —"Tengo algo de frío".

Shaoran, rápidamente desató sus manos, viendo con molestia como la sangre se había acumulado, provocando que se pusieran de un tono más rojo de lo normal. Se quitó el saco de su traje y la envolvió para que pudiera recuperar algo de calor. —"Con esto ya estarás bien"

—"P-Pero tú…"

—"No importa".

—"Shaoran, hace mucho frío, te congelarás…"

—"Sakura ¿quieres dejar de preocuparte por mí? ¿No te das cuenta de que todo esto es por mi culpa? ¡Estás aquí por mi maldita culpa, y todo lo que tú haces es preguntarme si estoy bien!" –exclamó, sintiéndose frustrado. —"Demonios, debería morir por esto".

—"No es tu culpa, Shaoran…"

—"¡Por supuesto que lo es! Si tan sólo… si tan sólo yo…" –cayó, pasándose una mano por los cabellos. Estaba exaltándose con ella por el único hecho de que fuera tan ella… tan Sakura. ¿Por qué tenía que ser tan tierna en momentos así? Si, al menos, le gritara que lo odiaba por todo lo que le estaba pasando, se sentiría mucho mejor. Pero al verla con una pequeña sonrisa y tan vulnerable, sólo le daban ganas de golpearse a sí mismo, y no podía dejar de admirarla. —"Sakura… lo siento… siento todo esto…"

—"¿Sabes? Yo no". –él se extrañó ante esas palabras y dirigió, automáticamente, sus ojos a su rostro; hacia esas hermosas esmeraldas. —"Dicen que de las situaciones límites entiendes y te das cuenta de muchas cosas… creo que esta es una oportunidad en la que afianzo esa creencia. Aunque no quería que vinieras; sin embargo sabía que vendrías…".

—"¿Estás loca? ¿Crees que podría abandonarte? Todo esto es por mi culpa y crees que yo…"

—"No es tu culpa". –interrumpió; y al ver que él iba a volver a hablar, ella quiso adelantarse. —"Abrázame, Shaoran".

El castaño se sorprendió ante tal pedido. No sabía si había escuchado bien, pero es que eso, era simplemente imposible. —"¿Eh?"

La escuchó reír; y supo que nada de lo que había escuchado había estado equivocado. —"Abrázame, por favor. Quiero sentir tu calor… quiero sentirte".

Shaoran no dudó un solo momento más y la acurrucó en sus brazos, sosteniéndola en sus piernas, como si fuera una niña pequeña. No podía entender qué era lo que llevaba a Sakura a hacer eso, pero, ciertamente, a él no le desagradaba. Al contrario, toda esa dulzura lo extasiaba. —"Sakura yo… lo siento tanto… en serio…"

—"Shhh". –musitó la joven de ojos verdes, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo del castaño. Sintiendo el delicioso aroma de su perfume. Sintiendo los latidos de su corazón; sólo esperaba que él pudiera sentir los latidos desenfrenados del suyo, para que supiera todo lo que ahora, no podía decir con palabras… todas esas palabras que se le atoraban en la garganta. —"Sólo abrázame fuerte… me gusta estar así. Eres muy cálido, Shaoran; me gusta… como hueles…"

—"Sakura…"

—"¿Recuerdas mi nuevo libro? ¿'El Príncipe Multicolor'?" –preguntó, cerrando los ojos para poder apreciar mejor todas las sensaciones que le causaba ese contacto. Lo sintió murmurar un leve 'Sí' y sonrió. —"Cuando lo analizamos ayer, yo no estaba segura, pero tú lo dejaste mejor de lo que estaba. Sin embargo ahora sé muchas cosas que antes no sabía… es extraño como puedes aprender tantas cosas en menos de un día". –largó una pequeña risita que inundó el corazón del joven.

—"¿Y qué aprendiste?"

—"Muchas cosas. Muchas, muchas cosas. Me di cuenta de que quiero cambiar unas escenas del libro ¿te parece? Ahora entiendo mucho más los conceptos de lo que antes podía entenderlos. Quiero brindar algo de calidad… algo hecho con todo mi corazón, para que cuando sea publicado pueda dejar mi pequeña semilla en cada una de las páginas… en cada palabra". –dijo pausadamente, sin abandonar la sonrisa que estaba dibujada en su rostro. La calidez y sinceridad de esas palabras no pudieron destrozar aún más el corazón de Shaoran. Se sentía tan mal… no sabía si, al menos, saldrían vivos de esa. Y todo por su maldita culpa. —"Esta vez, no me quejaré si lo revisas y cambias algunas cosas, porque ahora sé que lo haces sólo por mi bien".

Él simuló una sonrisa. La sonrisa más falsa que alguna vez pudiera haberle dado a ella. —"Ya era hora de que maduraras, y te dieras cuenta de que yo soy tu editor, y ese, era mi trabajo". –dijo aparentando la simpatía que en esos momentos no sentía. Lo único que podía percibir, era como el menudo cuerpo que tenía entre los brazos adquiría algo de calor, y como su corazón bombeaba ante la cercanía.

—"Me costó un poco asumir que eres mi molesto editor Shaoran que, aunque nunca quise admitir, siempre hacía un buen trabajo".

—"¿Así que siempre me engañaste diciendo que era un bueno para nada y al final sí estabas conforme con mi trabajo?" –preguntó, aparentando estar ofendido.

Sakura rió, y asintió con la cabeza apoyada en su pecho. —"Esa es la verdad… pero si te lo decía, tu ego estaría en lo más alto de los cielos".

—"Sakura, Sakura… ¿ahora me dices que soy un egocéntrico?" –cuestionó, haciéndola sonreír. —"¡Wow! Excelente manera para dar halagos. Me dices un mísero cumplido, acompañado del doble de ofensas".

—"Te lo mereces".

—"¿Quieres decirme que pasé noches en vela, estudiando como un loco para demostrarte lo bueno que soy, solamente para que hoy me digas que era el mejor en lo que hacía?" –indagó con tono jocoso. No podía evitar sentirse bien en esos momentos. Quería olvidar, al menos en ese instante, en dónde se encontraban, y en manos de quien se encontraban.

—"Aish, ya cállate, eres un mentiroso". –musitó Sakura entre pequeñas risitas, golpeando levemente su musculoso pecho. —"Además no dije que fueras el mejor. Sólo dije que eras bueno".

—"Está bien, lo acepto. Pero tienes que recompensarme algún día todo el maltrato psicológico que me hiciste padecer".

Sakura bostezó, a punto de cerrar los ojos. —"Sí, algún día… Shaoran…"

El castaño vio como la respiración de ella comenzaba a ser regular. No era bueno que se durmiera con el frío que había pasado. Demonios, esos tipos se la pagarían, le pagarían con lágrimas de sangre todo lo que le hicieron. —"Sakura… Sakura, pequeña… despierta. Sakura…"

—"¿Mm?"

—"Despierta, pequeña. No está bien que te duermas". –dijo con cariño, para luego dirigir sus grandes manos a su cabeza. Levantó el rostro de la castaña para enfrentarse con unos ojos verdes somnolientos. —"Sakura, tienes que mantenerte despierta".

—"Me gusta como suena".

Shaoran la miró sin entender, y ella sonrió. —"Mi nombre". –aclaró. —"Me gusta como suena mi nombre en tus labios… y me gustan tus labios… me gusta tu voz, Shaoran".

A él se le paró el corazón en ese mismo instante. ¿Por qué tenía que ser tan hermosa justo ahora? ¿Por qué tenía que decirle esas cosas que hacían que todos sus instintos salieran a la luz? ¿Por qué tenía que ser tan inocente y sincera, cuando esa era la característica de ella que más lo enloquecía?

—"Sakura…"

—"¿Me besas?" –preguntó tan inocentemente que él no pudo soportarlo, y juntó sus labios con los de ella en un roce tierno. El más tierno de todos. Quería que ella tuviera idea de todo.

En ningún momento hablaron de sus sentimientos, y Shaoran no quería incomodarla… pero no podía seguir así. No, cuando su integridad pendía de un hilo de lo más delgado. Sus ojos miel comenzaron a arderle, mientras seguía con el roce de labios que la chica respondía con dulzura. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que sucederles esas cosas? Si al menos pudiera sacarla de ahí… no le importaría dar su vida por ella; pero no tenía que sufrir por su culpa. No tenía por qué sufrir cuando tenía tantas expectativas para un futuro. Era tan talentosa… y tenía tantos sueños… tantos, que la incertidumbre de lo que podría pasarles, lo llenó de impotencia y dolor. Todo por su culpa.

Sintió como ella deseaba profundizar el beso, y él le dio el permiso siguiendo el juego de labios con la misma ternura y el amor de antes. Sólo que él, no sabía que era un amor correspondido.

Al separarse, él dio una última mordida al labio inferior de Sakura. Ella tenía los labios rojos y algo hinchados por el roce continuo. Era bueno que recuperaran su color. Miró en esas lagunas verdes que tanto le gustaban y vio un brillo que antes no estaba, ya no podía soportar más todo eso… no podía. —"Sakura… yo… te amo… te amo, no es mentira. Te amé desde el primer día en el que te conocí, desde la primera vez que te vi, supe que te quería… que te quería para mí…"

Sakura sintió que algo en su pecho se removía y volvía a su lugar. A su corazón bombear con fuerza. Escucharlo decir eso le causaba tanta felicidad… si tan sólo pudiera… si tan sólo…—"Shaoran yo…"

—"No quiero incomodarte, pequeña". –interrumpió con una especie de sonrisa triste. Ella pudo ver como los ojos miel se cristalizaban, y eso le rompió el corazón. El sufrimiento de él, era el propio… ¿Cómo nunca pudo darse cuenta? —"Siento tanto esto… tanto. Nunca pensé que te haría daño al amarte. Pero las cosas no son así. Sakura, yo te amo tanto que…"

Ella colocó un dedo en sus labios para impedir que continuara. Él no tenía por qué sentirse así. No era su culpa ¿cuántas veces más tendría que decirlo? Además actuaba como si todo estuviera perdido… ¿qué había de la esperanza? Él mismo le había dicho que siempre tenía que mantenerla. —"No tienes que pedir disculpas de nada, Shaoran. Tú no tienes la culpa de nada ¿bien?"

Él la miró con intensidad. —"Dime cómo quieres que te arranque de mi corazón si eres tan tierna conmigo… cómo podría sacarte de mí cuando eres tan tú… cuando eres tan Sakura… no podría. Nunca".

—"Yo no quiero salir de él". –musitó, volviendo a abrazarse a su pecho sin darle la cara. A pesar del frío, sentía el sonrojo subirse a sus mejillas. —"No quiero que me saques de ahí. No quiero salir… es muy cálido y no quiero… nunca me sentí así… tan querida por alguien. Nunca, Shaoran".

—"Pequeña…"

—"Shaoran… yo… yo te… te…"

—"Oh, pero miren no más a los lindos tortolitos". –escucharon a sus espaldas. Voltearon, encontrándose con una oscura mirada burlona, y unos ojos azules indiferentes, viéndolos fijamente. No habían notado cuando entraron… ¿cómo lo habían hecho?

Shaoran frunció el seño ante esas personas y apretó más a la castaña contra su cuerpo. —"¿Qué demonios quieren?" –preguntó con odio.

—"Yue, mira lo desagradecido que se ha vuelto el pequeño Li". –se mofó Chang con una sonrisa maliciosa. —"No considera el hecho de que lo dejáramos compartir sus últimos momentos con su amada".

Sakura se quedó inmóvil al escucharlo… ¿últimos momentos? ¿A qué se refería? Dios… por favor… que no le hicieran daño. —"Shaoran no…"

El castaño ajustó el agarre de su cintura, y la miró con una pequeña sonrisa. —"Tranquila".

Demonios. ¿Cómo quería que estuviese tranquila cuando esos hombres parecían dispuestos a todo? No podría soportar que le hiciesen daño, no podía… y más cuando todavía no le había dicho lo que sentía. Quería decírselo con todo el corazón, pero las palabras no salían. Era irónico pensarlo, cuando había escrito esas mismas palabras, y miles de declaraciones en sus libros; pero ahora se daba cuenta de que no era tan fácil exponer los sentimientos.

—"Muy bien, ustedes dos, levántense". –sonó en todo el lugar la voz de Yue, quien había guardado silencio.

Shaoran lo miró con el odio contenido. Si tan sólo no estuviese con Sakura, no le importaría lanzarse contra el tipo, aunque la vida se le fuera en ello; pero con ella tenía que tragarse todo su orgullo. No permitiría que la lastimaran.

Comenzó a levantarse, ayudando a Sakura que apenas podía mantenerse en pie. Tenía tantas ganas de matar a golpes a esos malditos; le dolía verla tan vulnerable, tan débil. Odiaba que todo eso lo hubiese ocasionado él. Pero algo cálido inundó su pecho al recordar sus palabras… ella era tan cálida; no la incomodaban sus sentimientos, y no había otra cosa que pudiera hacerlo más feliz, dentro de las circunstancias. No le importaba no ser correspondido, mientras Sakura le permitiera demostrarle cuanto la amaba.

Lo que daría por ella.

En ese momento odió todo lo que pasaba mucho más que antes, pero sólo podría esperar.

—"Tsukishiro, deja ir a Sakura. Ella no tiene nada que ver con mi familia". –dijo con voz firme, sin un atisbo de miedo o duda.

La castaña lo miró con el seño fruncido ¿acaso pensaba que iba a irse y dejarlo ahí? Eso nunca. Nunca.

—"¿Crees que te será tan fácil, Li?" –cuestionó el peliplateado, al tiempo que el moreno estallaba en sonoras carcajadas. —"El ratón no puede imponerle el mando al gato ¿lo sabías?"

—"No, pero sí puede darle pelea, señor". –habló la castaña. —"¿Nunca vio 'Tom y Jerry'? ahí se demuestra perfectamente que era el ratón el que siempre ganaba".

Shaoran quedó perplejo… ¿cómo podía bromear con algo como eso en estos momentos? ¿No tenía miedo como cualquier chica normal tendría en una situación así? Definitivamente, esta chica era diferente a todas, y él no podía hacer más que aumentar su amor por ella.

Los ojos de Yue destellaron irritación. —"¿Te estás burlando, Sakura Kinomoto?" –preguntó con voz fría, muerta.

—"No, en ningún momento me burlé de ustedes, señores". –contestó aparentando tranquilidad. —"Sólo refuté algo que dijo".

El joven de ojos azules sonrió. —"Ya veremos qué tan astuta eres". –murmuró, mientras sacaba de su largo saco negro, un arma de fuego.

Al verla, Shaoran se puso, instintivamente, delante de Sakura, quien no había atinado a hacer movimiento alguno.

—"Déjala ir, Tsukishiro". –repitió. —"Me tienes aquí, ya no la necesitas".

—"¡Deja de decir eso!" –exclamó la castaña. —"Jamás me iría y te dejaría, Shaoran. No seas un ciego idiota".

El ambarino habría reído ante esa actitud tan terca, si estuvieran en otra situación; pero ahora no había algo que deseara más que taparle esa boca tan bonita que ella tenía.

—"Ustedes son toda una pareja de locos". –comentó, divertido Chang. —"De todos modos, no te preocupes, gatita, ninguno de los dos se irá". –terminó, sacando otra arma de sus ropas.

Shaoran frunció el seño, apretando los puños. —"¿Qué demonios…?" –cayó al sentir que Sakura se tensaba. Giró la mirada y vio a Yue Tsukishiro, apuntándole en la espalda con su arma. La sangre se le fue a los pies en ese mismo instante. Todos sus miedos se personificaron. No podían matarla. No podían hacerle daño… no.

—"Apártate, Li". –habló el oji azul.

—"No". –murmuró. —"No dejaré que le hagan daño… no, déjala". –dijo tratando de acercarse a ella que tenía una expresión en blanco.

—"Aléjate, Li o le dispararé". –señaló, para luego sonreír. —"Verás a tu linda mujercita morir delante de tus ojos".

El castaño no sabía qué hacer… el hecho de que le hicieran daño no podría soportarlo. La miró a los ojos y vio en esas esmeraldas un brillo extraño. Era como si ella no tuviera tanto miedo como el que él tenía. La vio dedicarle una pequeña sonrisa, y quiso morir en ese instante. Pasó una mano por sus cabellos, mientras se apartaba. —"Está bien, haré todo lo que pidan; pero no le hagan daño". –musitó con voz sumisa… estaría dispuesto a rogar porque la dejaran en libertad. Se tragaría toda su dignidad por ella… sólo por ella.

Entonces sintió un golpe que le quitó todo el aire de sus pulmones. Cayó al suelo, sosteniendo su estómago, tratando de recuperarse; tenía que hacerlo, no podía desistir tan pronto.

—"¡Shaoran!" –gritó Sakura, forcejeando con el hombre que la tenía inmovilizada desde la espalda. Poco le importaba lo que pasara. Sólo quería saber si estaba bien. Esa patada que le había dado el que se hacía llamar Chang, sería capaz de voltear las defensas hasta de un elefante. —"¡Shaoran!"

—"Sa… kura, está bien… es-toy bien". –habló el castaño con el poco aire que tenía en sus pulmones.

—"Es increíble la resistencia que puede tener un Li ¿no lo crees, Yue?" –se burló el moreno. —"Cualquiera hubiese caído inconciente, pero no el gran Shaoran Li… parece que sí tienes los pantalones bien puestos… o más motivos para aguantar lo que sea". –dijo lo último, mirando a Sakura, cuyos ojos estaban llenándose de lágrimas.

—"¡Malditos! ¡Ya déjenlo! ¿Se creen muy valientes haciendo esto? ¡Son sólo unos malditos cobardes!" –exclamó la castaña con furia. Yue clavó su mirada en ella, y presionó más el arma en su espalda, cosa que la hizo emitir un gemido de dolor.

Shaoran apretó los dientes con fuerza, y comenzó a levantarse. Aunque le costara lo haría; soportaría todos y cada uno de los golpes que fueran a darle. —"Estoy listo, ¿eso es lo único que tienen?" –desafió.

—"¡Vaya! Que macho que pareces, Li. Me asombras; pero no dirás lo mismo cuando veas la pequeña sorpresita… sufrirás en nuestras manos toda la venganza hacia tu sucio padre". –dijo Chang, a punto de asestarle otro golpe; pero el grito de Yue lo detuvo.

—"Suficiente de juegos, Chang. Ahora comenzaremos con la verdadera venganza". –apuntó con una pequeña y escalofriante sonrisa. Chang asintió y se acercó a la castaña, al tiempo que Yue la dejaba libre, para caminar hacia donde se encontraba Shaoran, a unos cuantos metros.

—"¿Qué pretenden?" –preguntó él con el seño fruncido.

—"Venganza". –contestó, simplemente, Yue.

Sakura miró a ambos hombres, y luego a Shaoran. Temía que le hicieran algo malo. Se dio cuenta de que el moreno estaba acercándose cada vez más a ella, más de lo que desearía. Lo miró a los ojos y vio algo que no le gustó… unos ojos llenos de maldad… con un brillo lujurioso. Era como uno de los villanos de sus novelas y eso la espantó; porque sus novelas, eso eran, simplemente novelas ficticias. Pero esto era la vida real… y no sabía lo que sucedería.

—"¡No te atrevas a tocarle un solo cabello!" –gritó Shaoran tratando de acercarse, pero un disparo sonó en todo el lugar, espantando a la castaña, quien gritó con horror al ver como el hombro del joven de ojos mieles comenzaba a sangrar.

—"Te dije que te quedaras quieto". –dijo Yue con tranquilidad.

—"Maldito…" –masculló el castaño sosteniendo su brazo herido. —"No se atrevan a tocarla".

—"Pues eso sería muy complicado con todo lo que pienso hacerle". –habló Chang.

Shaoran sintió que la sangre hervía en sus venas. —"Malditos… me la pagarán".

—"No estés tan seguro de ello, Li"

—"Les dije que la dejaran ¡ella no tiene nada que ver aquí! ¡No tiene nada que ver conmigo!"

—"Pero a ti te importa". –contestó el de ojos azules. —"Y con eso nos basta". –dijo para luego, volver a apuntar al castaño. —"Adelante, Chang".

—"Será algo incómodo con espectadores… pero una nueva forma, es una nueva experiencia". –dijo con un tono jocoso.

Sakura miraba la escena perpleja, con las lágrimas desbordando de sus ojos. No podían ser tan crueles… ¿por qué? Shaoran no tenía la culpa de las cosas que hubiese hecho su padre, cualquiera que fueran.

Repentinamente sintió como unos brazos la sostenían fuertemente. Se dio cuenta de que este tacto no era como el que le daba Shaoran; este tacto era brusco, sin ninguna delicadeza ni cariño. Levantó la mirada y vio a unos ojos negros mirándola como si fuera un trozo de carne, en medio de un desierto lleno de hienas.

En un rápido movimiento, él debilitó una de sus piernas con un leve empujón y la acostó en el suelo, comenzando a ubicarse encima de su cuerpo. Quiso gritar, pero ningún sonido salió de su garganta. No había comprendido las intenciones del tipo hasta que la acorraló con sus brazos y recorría todo su cuerpo con esa asquerosa mirada.

Shaoran presenció la escena incrédulo, e incapaz de realizar movimiento alguno. ¡El tipo había sido una luz al acorralarla! La furia lo cegó; invadió todo su ser en un instante y sus movimientos fueron reflejos. La razón fue enviada a un segundo plano para dejar actuar a sus sentimientos. Jamás dejaría que le hiciera lo que planeaban… sobre su cadáver. Antes muerto a permitir una locura como esa.

—"Quita tus asquerosas manos de ella ¡ahora!" –escupió entre dientes, ocultando su mirada por la sombra que proyectaban los mechones rebeldes de su flequillo.

El moreno rió y lo miró con burla. —"Verás como debe tratarse a una mujer… aprende del mejor, Li". –vio como comenzaba a besar su cuello, mientras ella infería gemidos de frustración, e intentaba quitarse a ese mastodonte de encima. Dio grandes zancadas, dispuesto a matar al tipo a golpes cuando escuchó otro disparo, y seguido de eso, un punzante dolor en su pierna derecha.

De lo único que pudo ser conciente en ese momento, fue del dolor y del grito ahogado que había emitido Sakura con las lágrimas bajando por sus mejillas. Cayó de rodillas al suelo, incapaz de levantarse. Sentía que las fuerzas se iban de su cuerpo, así como la sangre por las heridas. Podía percibir la tibieza de la sangre, empapando sus ropas. Podía escuchar los sollozos de Sakura al verlo en ese estado, y como lo llamaba una y otra vez, entre pequeños quejidos… no lloraba por ella, sino por él; y pudo sentir eso, pudo sentir su desesperación al verlo así; pudo sentir su preocupación y desolación; pudo sentir esas lágrimas de amor que escapaban de sus ojos; podía sentir todo lo que ella sentía en ese preciso momento como si sus almas estuvieran conectadas. Escuchaba la risa ahogada de Chang, y sentía la fría y satisfecha mirada de Tsukishiro sobre él.

No. No podía rendirse ahora, no podía dejar a Sakura sola… esos malditos no tenían que tocarle un solo cabello. No.

Con toda su voluntad y, utilizando toda la fuerza de su pierna izquierda, se levantó del suelo, mientras los demás lo veían con el asombro latente en sus ojos. —"No me dejaré vencer por ustedes". –murmuró como todo valiente príncipe lo haría para rescatar a su doncella en apuros.

Levantó sus ojos de fuego y los fijó en Chang, el cual trataba de colar sus asquerosas manos por la camisa de Sakura, mientras que ella oponía resistencia, tratando de frenar su contacto con sus pequeñas manos.

Apretó los puños tratando de caminar sin tambalearse. Yue seguía apuntándolo con su arma, sin quitar esa maliciosa sonrisa de su rostro. Ese hombre tan repugnante estaba disfrutando todo eso y no pudo hacer nada por controlar ese odio que crecía en él por cada segundo que pasaba. Iban a pagar, oh, claro que sí; no iba a dejar que siguieran haciéndole daño a su Sakura.

Hizo el amague de caminar hacia Chang, siendo seguido por los ojos de hielo de Yue Tsukishiro, y unas esmeraldas que lo miraban asustadas, en una silenciosa súplica por que dejara de imponer pelea. ¿Por qué era tan endemoniadamente angelical?

Le guiñó un ojo para que se sintiera tranquila y confiara en él, tratando de transmitirle que todo estaba bien… que él estaba bien, pero eso no sería más que una pequeña mentira piadosa, porque sentía que en cualquier momento colapsaría; pero no sin antes poder salvarla… porque él quería ser su príncipe; el príncipe que ella siempre deseó. El príncipe que la salvara del peligro; el que daría su vida entera por ella, sin siquiera dudarlo. El que la amara sin pedir nada a cambio…

Todo eso quería ser para ella… eso, y mucho más.

Vio por el rabillo del ojo a Yue que lo seguía, minuciosamente con su mirada, y movía su arma por cada uno de sus movimientos. En un momento notó como soltaba el gatillo dispuesto a lanzar otro disparo, y en ese instante en el que dispersó su concentración, aprovechando el descuido, Shaoran se le abalanzó encima, utilizando todas las energías que podía contener su cuerpo en esos instantes.

Forcejearon ambos, equiparando sus fuerzas. Shaoran se sentía débil, pero tenía razones para seguir luchando sin rendirse.

Chang vio la escena, atónito. Se levantó de encima de la castaña para ayudar a su jefe, sin contar con que la chica le hiciera una traba en las piernas, haciéndolo caer con un sordo sonido al suelo, provocando que cada una de las entrañas del hombre crujiera en el suelo como si se tratara de un vaso de cristal.

Sakura se levantó lo más rápido posible, buscando fuerzas donde no las había. Gracias al abrazo en el que la había mantenido Shaoran, había podido recuperar algo del calor corporal, pero aún se sentía débil y con pequeños síntomas de una gripe. Quería ayudarlo, pero sabía que sólo sería una molestia, por lo que sólo presenció el forcejeo con el corazón en la boca rogando por que Shaoran no sucumbiera…

Sintió que la tomaban de la muñeca con una fuerza inusitada y la arrojaban al suelo. Levantó sus orbes verdes para ver frente a ella el rostro furibundo de Chang, que la sofocaba con una mezcla de indignación y furia; mientras se limpiaba la sangre de la herida en la boca, que provocó la estruendosa caída.

—"Chang… inútil, ¡ven!" –exclamó Yue, aún luchando contra Shaoran.

El moreno, ignoró sus intenciones de demostrarle a esa maldita mujer quién era él, volteando para acabar a otro de sus mayores obstáculos: Shaoran Li. Luego le haría saber a esa gatita quién diablos era Chang Lai.

Sakura miró con horror como ese enorme mastodonte se encaminaba hacia Shaoran, que a duras penas podía mantener una pelea. Miró a todos lados desesperada, cuando un brillo llamó su atención.

El arma…

El arma que se le había caído a ese hombre debido a su tropezón.

Corrió hacia ella, y la tomó con manos temblorosas. ¡Nunca había manejado un arma! No era tan pesada como se lo imaginaba, pero no tenía idea alguna de cómo usarla. Recordó las películas y esta vez, su mirada se mostró firme, no podía demostrarles que tenía miedo.

Se levantó con firmeza y gritó: —"¡Quieto ahí!"

Chang volteó, encontrándosela con su arma en las manos. Sonrió con burla al verla. —"¿Qué piensas que haces con eso, bonita? No es un juguete". –dijo, acercándose peligrosamente. —"Dámela".

—"¡Dije que quieto! ¿¡No escuchó!?"

Shaoran observó la escena, y Yue aprovechó aquello para darle un buen golpe en el estómago, que el castaño soportó como el buen hombre que era. —"Esa chica… es tu perdición, Li". –señaló con malicia.

—"No me importa en lo más mínimo lo que digas". –refutó Shaoran, devolviendo el golpe.

—"Por ella estás aquí… y mírate, pareces un idiota que en vez de preocuparse por sí mismo tiene la cabeza en su trasero".

—"Eso es algo que personas como tú, nunca comprenderán". –contestó, volteando junto con el hombre de ojos azules, y asestándole un golpe, para evitar que liberara el arma de sus manos.

—"¿Crees que a ella le importas?" –preguntó, distrayéndolo, para ajustar el gatillo de la pistola. —"¿Crees que a ella le importas tanto como a ti te importa?"

—"No necesito nada a cambio". –dijo, volteando nuevamente para ver sus acciones. No quería que ese tipo le hiciera daño, pero era ella la que ahora podría marcar la diferencia. Miró su rostro por un momento; ella tenía una mirada firme, inmutable, sus lagunas verdes brillaban con determinación mientras sostenía el arma en sus pequeñas manos; y fue entonces cuando notó su estupidez; ella confiaba en él, estaba ayudándolo, y él como un idiota sólo se distraía por verla… eso significaría falta de confianza. Se dio cuenta de que estaba equivocado, tendría que confiar en Sakura… confiaría en ella. —"Sólo sé que puedo lograrlo si confío en ella… y en mí". –musitó con seguridad, desconcertando al peliplateado.

—"Vamos, gatita, suelta el arma". –dijo Chang, acercándose a ella cada vez más.

Sakura miró de reojo a los costados, para luego echarle un vistazo a Shaoran. —"Si das un solo paso más, no la cuentas, y créeme, en este momento, tengo la razón lo suficientemente dormida como para pensar si está realmente mal lo que pudiera hacer si soltara el gatillo". –amenazó firmemente.

El hombre de ojos negros se quedó inmóvil, analizando las expresiones de la chica madura y rígida que tenía en frente. No se parecía en nada al asustado y tierno borreguito que tenía hace unos momentos. Sonrió… esa era una chica interesante. Lo suficientemente interesante como para quererla en su cama.

—"Tranquila, preciosa". –dijo levantando sus manos, y dando un paso atrás; pero en el mismo instante en el que ella bajaba por un instante la guardia, Chang se lanzó a ella, para desarmarla.

Un estruendoso disparo se escuchó en todo el depósito, haciendo eco con las frías paredes del lugar.

El miedo era algo que podía distinguirse a la perfección en el ambiente.

Miedo e incertidumbre.

Un líquido rojo, bastante abundante comenzó a expandirse por el suelo, formando una circunferencia que, cada vez, se agradaba más y más. La sangre salía en cantidades considerables. Cualquiera que fuera la herida, era una mortal.

Una, absolutamente mortal.

Sakura sintió que un peso caía fuertemente al suelo. Sintió la sangre empapándole sus ropas… traspasando la tela de su camisa y del saco. Tan abundante y turbia. Tan cálida y fría a la vez.

Pero no era su sangre

Cerró los ojos con fuerza para no inferir un grito de frustración; mientras con sus manos apartó el cuerpo que había caído encima de ella… un cuerpo inerte.

—"Chang…" –escuchó decir al de ojos azules.

Cuando volteó a verlo vio como el arma con la que ellos forcejeaban, se hallaba tirada en el suelo, mientras Shaoran respiraba agitadamente, viéndola con cansancio y con una pequeña sonrisa en el rostro al saber que ella se encontraba bien. Notó como el hombre que se hacía llamar Yue se acercaba al cuerpo muerto de Chang, y ella corrió hacia Shaoran.

—"¿E-Estás bi-bien?" –preguntó con voz temblorosa. Ni una pizca del tono seguro que había utilizado antes.

—"S-Sí… estoy bien. ¿Y tú?" –inquirió él, tratando de mostrarle una sonrisa. La verdad era que no estaba bien… sentía que en cualquier momento caería… había perdido demasiada sangre.

Sakura asintió con la cabeza. —"S-sí… eso creo". –musitó.

Shaoran levantó el brazo sano y acarició su mejilla con dulzura. —"Vamosnos de aquí ¿sí? Este lugar me causa escalofríos". –terminó con un mohín que hizo que apareciera una pequeña sonrisa en el rostro de la castaña. Él intentó ponerse de pie, pero esta vez, las fuerzas le fallaron.

—"Vamos, yo te ayudo".

—"Puedo solo, Sakura". –rehusó con orgullo. Una cosa era que confiara en ella, pero otra muy diferente, era que se dejara ayudar por una mujer.

—"Shaoran…" –dijo ella, levantando una ceja. —"Quiero irme, y sería muy descortés de mi parte dejar que te arrastres, porque eso sería lo único que podrías hacer solo". –expuso con gracia, pero él pudo notar la culpa y la preocupación en esas esmeraldas.

Sonrió, que tonto había sido. Ella no era una mujer… cualquier mujer… ella era Sakura.

Únicamente Sakura.

Ella pasó un brazo por sus hombros, y Shaoran no tuvo otra opción, más que aceptarlo, a pesar de que trataba de apoyarse en ella lo menos posible.

Cuando estaban por retirarse, una escalofriante risa hizo eco en tondo el lugar. Si eso hubiese sido una película de terror, podría decirse que se trataba de un científico loco con su nuevo y macabro invento.

Ambos castaños voltearon y lo que vieron les heló la sangre. Ahí estaba Yue Tsukishiro con un arma en mano, apuntándoles.

—"¿Creían que iban a escapar, estúpidos?" –escupió. Sus ropas estaban llenas de la sangre de su amigo.

Shaoran se interpuso delante de Sakura, protegiéndola con su cuerpo; mientras de lejos, comenzaban a escucharse las sirenas de policía.

—"Shaoran… cuidado…" –musitó Sakura a sus espaldas. Él apretó una de sus manos entre las suyas para transmitirle un poco de la tranquilidad que no sentía en esos instantes.

Le extrañaba que la policía pudiera ir justo a ese lugar… él no había dado aviso… ¿entonces quién?

La única opción era que… ¡Claro! ¡Eriol! Había abandonado a Eriol en casa de Sakura y no le había dicho nada, pero también había dejado la nota… ¿por qué tardó tanto?

Vio como los ojos azules de Yue querían salir de sus orbitas.

—"Estás atrapado, Tsukishiro". –dijo con firmeza. —"Si nos matas, tendrás más cargos en tu contra… ¿no te das cuenta? Empeorarías las cosas".

El hombre de largos cabellos plateados rió con sarcasmo, sin una pizca de humor. —"No me hagas reír, Li. No me importaría pudrirme en la cárcel, mientras tú estés en el infierno y tu maldito padre se retuerza en un mar de culpa". –contestó jugando con su arma. Sakura apretó la mano de Shaoran, quien sólo frunció el seño. —"¿Pensaste que avisando a la policía te saldrías con la tuya?"

—"Usted está loco… no puede hacer eso". –dijo la castaña, enfrentando directamente, la mirada de ese hombre.

Él rió. —"¿En serio crees eso?" –cuestionó con burla. —"Observa como puedo hacerlo". –dijo, para luego apuntarles.

Shaoran la abrazó, protegiéndola, mientras se escuchaba el disparo, y luego una fuerte explosión. Un gran estruendo que los hizo caer.

Ambos vieron a la dirección en la que Yue se encontraba, pero ahí habían caído unos escombros que lo sepultaron completamente. Observaron en todas direcciones y Sakura se dio cuenta que el olor que había sentido en un principio era de gasolina… ese lugar era un depósito de barriles de gasolina…

El disparo había sido para iniciar el incendio.

Todo había estado planeado desde un principio.

Pero…

Miró en dirección a los escombros que habían caído, y no pudo hacer nada más que sentir pena por ese pobre hombre. Llegó a odiarlo en cierto punto… pero ahora…

—"Tenemos que salir de aquí". –escuchó decir a Shaoran, al tiempo que otro barril explotaba en mil pedazos, haciendo que cayeran más escombros. —"Vamos, Sakura".

Ella asintió, levantándose rápidamente para ayudarlo. Pero, la explosión de otra reserva de gasolina provocó otro derrumbe que cubrió la entrada principal.

—"Demonios…" –masculló el castaño.

Bajó la mirada, ya no habría nada que hacer. Se dejó caer, sintiendo como sus energías se agotaban; los párpados le pesaban, y las heridas seguían sangrando con terribles punzadas de dolor. Ya no podía mantenerse despierto… no más. —"L-Lo siento, Sakura… siento mucho todo esto… todo". –susurró con todo el dolor que sentía en el alma. El humo estaba entrando a sus pulmones y le costaba respirar, mientras sus ojos le ardían. No sabía si era por el humo, o por la frustración que sentía.

—"¿Quieres dejar de disculparte, Shaoran?" –dijo ella, sintiéndose derrotada, mientras lo abrazaba. —"No es tu culpa… ya te lo dije… no lo es…"

—"Te amo" –murmuró interrumpiéndola, con una media sonrisa. —"Nunca cambias, Sakura… Por eso es que me gustas tanto. Por eso es que siempre me gustaste… me encanta tu espontaneidad".

Ella sintió como las lágrimas que se agolpaban en sus ojos caían por sus sonrosadas mejillas. Al fin podía llorar libremente. —"No". –musitó. —"Si fuera tan espontánea podría decírtelo… podría decirte todo…"

Él entrecerró los ojos, sintiendo los párpados pesados, al tiempo que secaba unas de las lágrimas que caían por las mejillas de Sakura. —"¿Decirme qué?"

—"Shaoran…"

—"Quise ser tu príncipe azul ¿sabes? Pero fracasé". –dijo fingiendo un pequeño mohín. —"Quería ser lo que siempre has soñado… pero es evidente que no sirvo para esto… me faltó el caballo blanco". –rió.

—"Yo no necesito a un príncipe azul… yo amo a un príncipe multicolor, Shaoran… al fin pude comprenderlo". –susurró contra su oído. —"Fui muy tonta… una completa estúpida…"

Shaoran se extrañó ante las palabras… pero una puntada en su brazo lo hizo gemir de dolor, provocando que ella callara. La miró a los ojos, para incitarla a que continuara, pero en cuanto vio la intensidad con la que esos orbes verdes lo miraban, pudo entender una cosa… algo que siempre había deseado.

Haciendo que las palabras sobraran con tan sólo ver todo lo que contenían esas esmeraldas.

Todos sus sentimientos

—"Te amo, Shaoran…" –murmuró la chica con todo su corazón mientras una última lágrima caía de sus ojos y aterrizaba en el apuesto rostro del castaño.

Fue entonces cuando…

Las palabras que quedaron en medio de la nada… unas palabras que salían de lo más profundo de un alma enamorada… las palabras que fueron consumidas por el fuego…

Por el fuego del amor…

El fuego de la pasión…

El fuego del incendio…

Y por una inmensa oscuridad

...

...

...


Notas de autora:

¡Hola! n.n, sé que ahora muchos de ustedes estarán: O-O.

J eje, no, no se preocupen, XD este no es el final, sé que dije que este capítulo sería el final, y es que realmente lo era pero en este caso quiero declarar con una mano en el corazón que… ¡¡esta vez no fue mi culpa!!

Pasaré a explicarles, pues la cuestión era que el capítulo había quedado con bonitas 65 páginas de Word… XD sí, lo sé, algo largo, pero yo quería que fuera el final. Cuando pensaba subirlo, ¡oh, casualidad! No se pueden subir archivos que contengan más de diecinueve mil palabras, y pues… verán mi tremenda frustración al tener que partir el capítulo. al principio, pensé en subir las dos partes al mismo tiempo, pero luego me dije: "¿Por qué no ser mala por una vez en mi vida?" XD j aja, y aquí me tienen…

En fin, ahora sí les aseguro que el próximo es el absoluto final… y quien sabe, pueden tenerlo lo más pronto posible si me dan estímulos XD (vamos… ustedes saben a qué me refiero)

Bueno, ahora luego de toda la explicación… ¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS LOS REVIEWS!! En serio que me animaron mucho con esta historia, que en particular tiene mucho de mis sentimientos n.n. Lamento no poder contestarlos por falta de tiempo, pero para el próximo y último capítulo sí los tendrán todos contestaditos como se debe n.n.

Como pueden ver, ahora nuestra Sakurita sabe lo que siente por Shaoran, y no es ninguna novedad, sino que es algo que siempre sintió y que nunca reparó en analizar por sus miedos y por estar siempre encerrada en su mundo de sueños. Muchas veces todos hacemos lo mismo y o podemos ver muchas cosas que nos rodean, simplemente porque es más fácil soñar, sin embargo, es bueno vivir la vida que nos toca sin pensar en un "¿Qué sería si…?", a veces es bueno aceptar n.n.

Pues… mm, creo que no tengo nada más que decir… ah no, sí, me olvidaba una cosa… quería recomendarles algo bueno cuando quieren escribir un lemon… o¬o créanme que funciona XD j aja, ayer vi una película en Disney Channel bastante vieja, pero me enamoré… fue uno de mis amores a primera vista… XD j aja la película se llama "Ela está encantada" y simplemente me tuvo babeando toda la hora y media por culpa de ese hermoso, sexy, y voluminoso protagonista de buen formado trasero y hermosos ojos verdes que no había visto en ninguna otra película… XD ja, en serio, nunca me quedo tan embobada con un chico… o¬o.

En fin… esperaré sus opiniones de este capítulo y espero que les guste.

¡OTRA COSA! Recuerden que para el próximo y ÚLTIMOla categoría cambiará a M… ¿por qué será?

XD

Je je, bueno, espero que lo disfruten n.n

¡Besos!

¡Nos vemos! :D