CAPITULO 12:

Darien:

-Darien, espero que cuando escuches este mensaje vengas para mi casa con Serena. Noticias relacionadas a su padre. Besos Ikuko.

El sonido de la voz de mi tía, me devuelve a la realidad. ¿Cuál es mi jodida realidad? Fácil. Acabe de hacer el amor con la mujer de mi vida, la cual esta debajo mío. En la cual todavía estoy adentro. Que a pesar del poco tiempo, hizo que me volviera adicto a ella. En todo sentido. No solamente su cuerpo, es lo que mas añoro. Su sonrisa, su dulce y melodiosa voz. Sus delicadas caricias. Su sentido del humor. Todo. Absolutamente todo. Lo que más daño me hace, es el hecho que al mirar en sus ojos veo la felicidad. Y eso me hace preguntar, cuando se entere de todo, cuando recupere la memoria. ¿No se va a enojar? ¿Me podrá amar, conociendo quien es?¿Volverá a ser la persona que me dijo que era un don nadie? Miles de dudas, de preguntas me invaden.

Ese comportamiento no es digno de ti, Darien. Las palabras de mi tía resuenan en mi cabeza. Cuan acertadas son. Soy una mierda… y merezco lo peor. Es que ella es tan, tan…es como un sueño, del cual no quiero despertar. El hecho de tenerla entre mis brazos, de sentir su tersa piel entre la mía. De sentir sus pechos en mi torso, su calido interior rodeando mi miembro. Un aroma único e inexplicable a nuestro alrededor. Sus ojos oscuros del deseo. Las gotas de sudor en su tierna nariz, su pelo todo alborotado en el sillón. Sus piernas enredadas con las mías. El sabor de su cuello, el cual estoy saboreando en este instante. Dulce y salado. Calido y húmedo. El exquisito sabor de rosas mezclado con la sal de su transpiración. Sublime. El solo hecho de tenerla entre mis brazos, el poder respirar su mismo aire, de sentir su aliento en mi cuerpo. Es como estar en el edén. Ningún paraíso se podría igualar con esto. Con el simple hecho de que mi princesa yazca en mis brazos.

-Da…rien.- el aliento de mi princesa roza mi mejilla, su calida voz retumba en mi cabeza. Y enciende aun más el fuego en mi interior.

-mmm.-

-Creme me encantaría seguir esto, pero.-

Me incorporo y veo sus hermosos ojos, veo una delgada capa de transpiración en su rostro. Algunos mechones rebeldes en su sien. Es tan hermosa.

-¿Pero que?-

-Es importante para mi Darien, en todo este tiempo no recibí noticias de mi papa. Apenas tengo un vago recuerdo de el. No se quien soy…- unas pequeñas lagrimas empezaron a resbalar desde sus ojos.

-Shh… sos Serena Tsukino la mujer mas hermosa que en la vida conoci. Con el corazón y la bondad que nadie nunca podrá igualar. Sos la mujer que me robo el corazón, y a la cual sin importar que, jamás podré olvidar. No se como, ni porque. Pero todo en vos hace que me sienta en las nubes. El solo hecho de estar así, en este momento, me hace el hombre más feliz del mundo. – bese el recorrido de aquellas lagrimas, saboreando lo salado de ellas. Bese desde su mentón hasta sus ojos. Si supiera la verdad, si tan solo la supiera…

-Mejor nos vamos a bañar ¿Dale?-

-gracias.- me da un tierno beso en los labios. Sus dulces labios. Mas poderosos que cualquier droga, mas embriagantes que cualquier licor. Ambrosía. Suaves, delicados, cada curva de ellos es perfecta. Sus labios carnosos son mi perdición. En realidad ella lo es. Haría cualquier cosa por ella. Cualquiera. Si, como mentirle diciendo que sos el novio. Ah y para variar, agrégale el hecho de que te acostaste con ella. ¿Cualquier cosa por ella, no? Creo que el hecho de mentirle, es algo que no le gustaría a nadie. Si, si lo se. Soy una mierda. Pero…¿Por qué carajo tenemos conciencia?

-Gracias por todo Darien, si no fuera por vos estaría sola. Vaya a saber Dios donde. –

-Dale, vamos. No te preocupes por boludeces.- le di un beso en la punta de su delicada nariz, antes de salir de ella. Los dos emitimos un gemido. Dios se sentía tan bien, estar adentro suyo. Siento que algo me falta.

Nos dirigimos al baño. Y si de algo estaba seguro, es que este baño iba a ser el mejor baño de mi vida. Simplemente por que quien me bañaría seria ella. Me agarro de la mano, sin importarle nuestra desnudes me llevo al baño, contoneando sus caderas. Incitándome. Excitándome. Y algo era indudable, no seria un simple baño.

Cuando llegamos a la puerta, con su delicada mano abrió el picaporte. Giro su cabeza y me miro. Con una leve y picara sonrisa. Y con una mirada que denotaba lujuria.

-Esta listo Sr. Chiba.-

-Son insaciable, ¿no?-

-Teniéndote a vos… se hace difícil. Es como tener un dulce y no degustarlo.-

- Sos tremenda.-

-Dale que tengo hambre. Se me antoja un poco de …- se acerco y me susurro al oído, algo que no solo aumento la temperatura corporal de mi organismo. Provoco claros efectos en la parte baja de ni cuerpo. O si, este seria un muy, pero muy agradable baño.

Serena no solo acaricio cada parte de mi cuerpo. Me condujo al mejor orgasmo de mi vida. Tiene una boca que hace magia, juro que cuando alcance el clímax ví las estrellas. El baño, que normalmente me tomo en 10 minutos duro 30. En los cuales recorrimos con nuestras manos cada parte de nuestra humanidad. Bebimos el agua que reposaba en nuestra piel, saboree cada parte del apetitoso cuerpo de ella. La habitación era una mezcla de nuestros gemidos con el constante sonido del agua de fondo.

Ahora estábamos camino a lo de mi tía. Aunque hubiera preferido quedarme en el departamento, enredado en las piernas de mi princesa. Ver su cara cuando gritaba mi nombre, en señal que llego al clímax. Entendí que el hecho de que allá noticias de su padre era muy importante para ella. Bueno para ella. Muy, pero muy malo para mi. Estaba considerando el hecho de secuestrarla, de decirle a su padre que la rapto un grupo de guerrilleros de quien sabe donde. Si, claro. Te casas con ella, tenes hijos. Y un día se levanta, se acuerda todo. Y te convertís en eunuco. Sin contar el hecho de que te podes ir preso, por el simple hecho de ocultarla de su padre… y considerando quien es su padre. Pero si le cuento todo, la pierdo. Estoy soberanamente jodido.

-Darien ya llegamos ¿no?-

-Si princesa.- me dedica una sonrisa. Esta radiante. Con el pelo todavía mojado, lo tiene suelto. Como me gusta. Con jeans y una camisa blanca, la cual hace resaltar sus hermosos ojos y su fascinante pelo dorado. Su pálida piel. Todo en ella es tan perfecto, no la quiero perder. No le quiero contar nada, no quiero que recupere la memoria. Si ya se, soy un egoísta. Pero no me puedo imaginar estar un solo día sin ella. Toda mi vida la pase solo. Y ahora que encuentro a la persona que pudo suprimir toda mi soledad. Que con tan solo una sonrisa, una mirada, hace que mi cuerpo sucumba, que tiemble por completo. Estoy destinado a que me lo quiten. NO. Eso no va a pasar. Darien tenes que ser mas optimista. Le contas todo, le decís que lo sentís, que las cosas se fueron de las manos. Que la amas con todo el corazón, cosa que es verdad. Si, y después me despierto. Es más probable que gane la lotería o que resulte electo presidente, antes de que Serena lo tome así nomás. Si Darien, gracias por encontrarme, salvarme la vida y acostarte conmigo. Sin obviar el hecho de que me dijiste que sos mi novio, por un año. POR UN AÑO. Acto seguido, soy atropellado, o degollado. Cualquier forma de acabar con mi vida va a estar justificada. Lo repito. ¿Por qué carajo tenemos conciencia? Si ya se, para no cometer actos estupidos. Bueno te cuento, que estoy cometiendo el peor acto estupido. Pero a la vez, gracias a el, ahora soy el hombre mas feliz. Si tan solo pudiera dejar de pensar, en lo que me va a ocurrir cuando recupere la memoria.

Mientras debatía con mi conciencia, llegamos a la puerta de la casa de mi tía. Durante toda mi niñez y adolescencia viví con ella. Ikuko se podría decir que fue como una segunda madre. La casa pertenecía a mis padres. Pero cuando tuvieron el accidente, como yo era menor de edad y mi tía se hizo cargo de mí, los bienes y posesiones de ellos pasaron a mi tía. Y cuando cumpla 21 voy a ser el apoderado de todos sus bienes. Cuando empecé la facultad me mude a mi actual departamento. El cual pertenecía a mi padre. La posición económica de ellos era media. Ikuko velo por mi cuando estuve enfermo, se aseguro que nada me faltara, si bien mis padres dejaron una suma considerable de dinero, ella me educo. Se dedico por completo a mí. Hasta el día de hoy se lo agradezco. A pesar de su trabajo, el cual es muy demandante, ella siempre hizo un espacio y se dedico a mí.

Una vez que entramos, nos dirigimos a la entrada. Estaba bebiendo té helado, con unos expedientes, aparentemente del sanatorio donde trabaja.

-¿Qué es lo que dijeron de mi papa?- pregunto Serena ni bien la vio.

Ikuko meneo la cabeza.

-Lastimosamente de tu papa no dijeron nada. Solo recibí otra llamada del servicio de respuestas telefónicas. Según parece, estaban mal informados respecto con el itinerario que seguiría. Cuando creían que se encontraba en Paris, en realidad estaba en Orleáns. Pero ahora ya lo han corregido. Supuestamente mañana tendríamos que recibir noticias suyas.

Se deprimió mucho. Después de la visión que había tenido de su padre unas horas antes, tal vez pensó que pasar un tiempo con el podría servir para refrescarle el pasado. Sin embargo, yo no pude evitar sentirme aliviado. Tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural para reprimir una sonrisa de felicidad y un suspiro de alivio. En el momento que había escuchado el teléfono sonar y el hecho de que mi tía dijese que había noticias relacionadas al padre de Serena, mi cuerpo se petrifico. Vine hasta acá, ausente, ido. Ideando "las mil y unas formas de evitar que su novia lo mate".

-¿Hay mas té helado adentro?-pregunte, ansioso de cambiar de tema.

Tía Ikuko arqueo una ceja en dirección a mí. Desde el sábado, las miradas que me había destinado eran, en su mayoría de desaprobación. Obviamente estaba segura de que había pasado un tiempo más que razonable para que yo le contara toda la verdad a Serena.

-Una jarra entera.- dijo- Ah, y llamo Mina, para hablar con Serena.

La noticia encendió el rostro de mi "novia".

-¿Puedo usar el teléfono?

- Por supuesto. ¿Y cuando vuelvas podrías traer la jarra con dos vasos, por favor? El teléfono esta en la cocina. Por este pasillo al fondo, la puerta de madera.

-Claro.- a la gran shumí (NA: schumacher corredor F1) salio despedida hacia la cocina.

Ansioso por evitar la gélida mirada de mi tía, me agache para atarme los cordones de mis zapatillas.

-Supongo que me consideras un verdadero idiota.- masculle.

-Es una forma de decirlo.-coincidió

Me senté a su lado y me apoye la cabeza sobre sus manos.

-La cague, tía. La cague. Complique todo. Esta situación es una mierda, me supera. Ya no se que hacer.-

-Tu broma no resulto tan bien como las había planeado ¿verdad?- Me apretó el hombro en un gesto condolerte que me hizo sentir mucho peor todavía.

-Vos sos mujer Iku… -

-Gracias por haberte dado cuenta.-

-Con toda honestidad, ¿Qué crees que debo hacer?-

Ikuko bebió un poco de té helado y reflexiono sobre mi pregunta.

-Vos queres mantener algún vestigio de tu amistad con Serena, ¿no?-

Asentí con la cabeza, desconsolada, ya que sabia perfectamente cual seria su respuesta.

-Entonces, tenes que decirle toda la verdad. Antes que se acuerde que sos el chico que la enfureció de tal modo, que decidió gritarte en medio de la fiesta de la universidad. Con todo un público para deleitarse con el espectáculo.-

-¡Pero va a odiarme!

-Te va a odiar mucho más si descubre la verdad por sus propios medios. Por lo menos, si se lo contas vos con tus palabras, vas a tener la oportunidad de explicarte… e implorarle que te perdone.

-Bueno, bueno. Le voy a contar todo.- accedí resignado al horrendo destino que yo mismo me había creado. –Pero tengo que elegir el momento adecuado…

Me quede callado, pensando. Imagine a Serena en sus momentos mas tiernos y supuse que había una posibilidad –pequeña, remota- de que si la tomaba por sorpresa en una de esas situaciones en la que se sentía generosa conmigo, tal vez, quizás lograra salir de todo aquello relativamente indemne.

De pronto me levante de un salto, inspirado.

-Ya se tía. Voy a obsequiarle una noche que jamás olvidara.-

-¿Que vas a hacer?-

-Sorpresa, sorpresa.-

-Por cierto Darien, ¿Qué casualidad que los vinieran con el pelo mojado, no?

-Eh bueno, este…-

-Si…-

-Darien- me salvo la campana. O mejor dicho la voz de Serena. Salí prácticamente corriendo, en busca de mi princesa.

-Si princesa, ¿Qué pasa?-

-Mina quiere hablar con vos.- me dijo Serena cuando entre a la cocina.

-Bien- tome el auricular del teléfono que ella sostenía en la mano extendida.- Che ¿queres hacer algo especial esta noche?-

Me dirigió una gran sonrisa.

-SI!¿Que me pongo?

-Jeans no.- respondí.

La seguí con la mirada mientras se iba de la cocina

"Y no porque no te quedan espectaculares", agregue mentalmente. Luego recordé a Mina que estaba esperándome pacientemente al otro lado de la línea.

-Hola, Mina.-

-Darien- su voz era formal lo que acentuó aun más mi nerviosismo

-¿Pasa algo?- pregunte, con el corazón palpitante. Enrosque el cable del teléfono alrededor de mi dedo índice con tanta fuerza que se me corto la circulación.

-Diamante esta como una fiera.-

Trague saliva.

-¿De verdad?-

-Si. Me llamo hoy. Le invente una historia respecto que Serena había terminado acompañando a su padre en la gira de conferencias. Pero no me creyó ni una sola palabra.-

Ajuste aun más el cable del teléfono alrededor de mi dedo.

-Gracias por cubrirme, Mina, o por lo menos intentado, al menos. -

-Darien, le tenemos que contar la verdad a Serena. Y pronto.-

-¿Qué esta haciendo Diamante? Me refiero a si ha tomado alguna medida para tratar de encontrarla. -

-¿Quién sabe?- grito Mina- Ese tipo esta acostumbrado a tener lo que quiere, en el momento en que se le antoja. Es un cerdo, pero tienen recursos.-

-¿Crees que haya una remota posibilidad de que Serena me de una segunda oportunidad?-

Guardo silencio por un rato.

-Si estuviésemos hablando con la Serena de antes, te aseguro que podrías considerarte dichoso si no te denuncia a la policía para que te arresten…-

-¿Pero?- contuve la respiración, rezando en silencio para que Mina me diera una mínima esperanza.

-Pero la nueva Serena es una persona absolutamente diferente. Me refiero a que en serio quería quedarse en Juban… ¡En lugar de venir a mi departamento en la bahía de Tokio!-

-Es un buen síntoma- dije con cautela.

-Cierto. Pero cuando recupere la memoria ¿Quién sabe en cual de las dos Serena se convertirá? Con suerte, las posibilidades son de un cincuenta y cincuenta.-

Mina tenia razón. No teníamos modo de saber si Serena volvería a ser o no la antigua pedante en el preciso instante en el que recordase que era una niña rica y malcriada. E incluso en la suposición de que prevaleciera la transformación de su personalidad, tal vez no quisiera volver a verme. Aun así, tenia que arriesgarme; simplemente, no me quedaba otra alternativa.

-Le voy a contar todo, esta noche.- De pronto se soltó el cable del teléfono, dejando sus huellas sobre mi dedo.

-Bien.- dijo Mina suspirando- Ah, hace lo posible para convertirme en otra victima de tu juego. No quiero que me vaya a odiarme a mí también.-

-Voy hacer lo que pueda, Mina. Lo prometo.-

-No te acobardes- Con esa frase, corto la comunicación.

Colgué el teléfono y fui en busca de mi princesa. Estaríamos un rato con Ikuko, antes de volver a mi departamento cambiarnos y dirigirnos a nuestra noche mágica. Y en cada segundo que pasaba me preparaba para enfrentar los fantasmas del pasado de Serena.

-Mmm. Delicioso.- Serena mordió su segundo Hot dog.

En la última hora aprendió que, si bien detestaba Mc Donald´s, le encantaba comer hot- dogs en el parque Nº 10. Acompaño la comida con cerveza, bebiendo a media lata por vez.

Los dos estábamos sentados, con la luna llena de fondo. Dando pequeños matices de luz en nuestros rostros. Ella simplemente esta adorable. La luz de luna dándole un toque mágico, realzando su belleza. Brindándole un brillo especial en sus ojos. Su piel resplandece gracias al satélite. No puedo evitar emitir un suspiro, ante tal espectáculo. Fascinante. Sublime. No hay palabra que pueda definirla, siquiera aproximarse para describir su belleza. Ella es sencillamente inconmensurable.

-Todavía no puedo creer que hayas preferido comer hot dogs en esta gran noche de paseo por la cuidad.

Se encogió de hombros.

-¿Y por que tenemos que ir a un lugar y soportar a los farsantes camareros que detestan a los adolescentes? Y del costo mejor ni hablar.

Estuve totalmente de acuerdo (en especial en cuanto a la parte monetaria del asunto) y sentí una calidez que ya era familiar en mí cada vez que compartíamos una opinión.

-Bueno lo que pasa, es que estas tan hermosa que podríamos haber ido al lugar mas elegante de toda la cuidad.

Serena se había puesto un delicado vestido blanco. Con un importante, pero sutil escote en la parte de adelante como atrás. Demasiado sensual. Dejando ver su nívea piel. El vestido entallado en la cintura, y luego cayendo libremente hasta las rodillas. La tela se mueve al compás del viento. Al igual que algunos mechones rebeldes, que se desprendieron de su cabello recogido. Dándole un aire natural, relajado. Resaltando no solo su piel, sino sus hermosos ojos. Que al parecer hoy brillan con mayor intensidad. Proporcionándome unos de los mejores recuerdos, unos preciosos luceros tan azules, tan frescos y calidos como un día de verano.

Cuando la ví salir de mi habitación, creí que el corazón se me desprendería del pecho.

-Lo mismo digo de usted, señor Chiba.- Arrojo el papel del hot dog, lo tiro en un cesto de basura cercano y bebió el resto de la cerveza.

Recién comenzaba a caer la tarde y en el parque todavía había gente suficiente como para que el sitio resultara seguro. Estábamos descansando en un sitio con césped, cerca del puesto donde se vendían los hot-dogs. Con bastante frecuencia pasaba junto a nosotros algún chico en bicicleta o patineta. Allí tendido sobre le pasto, con mi campera como manta, experimente una profunda dicha al observar el cielo de Tokio. Cerré los ojos y desee poder quedarme así con ella para siempre.

-Haber venido a este lugar ha producido efectos extraños en mi memoria- comento Serena. Se tendió de costado, apoyada en un codo. Cuando abrí los ojos, me estaba mirando fijo.

Abruptamente, con crueldad, el momento termino.

-¿De verdad? ¿Que por ejemplo?

-Es difícil de explicar. Se que es obvio que ya estuve en este lugar antes, pero tengo la sensación de que debería acompañarme otra persona…

Trague con dificultada, e inmediatamente un nudo se formo en mi estomago.

-¿Quién?- No quería presionarla, pero tenía que hacerlo.

-No lo se…-

-Bueno, pensá.- Una vez mas, no podia creer que fuera mi voz la que hacia todas esas preguntas.

Meneo la cabeza y frunció la frente.

-Olvidemos el tema, Darien.-

Me senté. Supe que había estado muy cerca. El tiempo me presionaba, y tenía que actuar.

-¿Lista para el gran suceso?- pregunte, de pronto nervioso.

-Lo estaría si me hubieras dicho que planea esa maliciosa mente que tenes. –

Le besé suavemente la frente, agradecido de que hubiera terminado ese momento de tristeza.

-Ya vas a ver. Lo vas a saber muy pronto.- Me puse de pie y busque su mano.

Me permitió que la ayudara a incorporarse y luego la conduje por un sendero que llevaba hacia el extremo sur del parque. El color del cielo iba profundizándose hasta convertirse en índigo y el aroma del perfume de rosas de Serena nos envolvía. La noche se había hecho para el Romance, con mayúscula, y yo planeaba aprovechar en pleno la ventaja de la magia que ofrecía la cuidad de Tokio.

Antes de que nos marcháramos de mi departamento, había retirado cien dólares de mi cuenta del cajero bancario automático. El dinero que llevaba en el bolsillo representaba la mitad de mis ahorros para comprar mi anhelada cámara digital, pero por primera vez en la vida no me importaba el dinero. Necesitaba demostrarme (Y también a Serena) que podia brindarle todo lo que le daba Diamante. Bueno… por lo menos, alguna que otra vez.

Cuando llegamos al final del parque, ví lo que buscaba: una hilera de caballos y carruajes, con sus cocheros vestidos con atuendos antiguos. Los paseos, según tengo entendido, además de ser extremadamente románticos; tienen la fama de ablandar los corazones de las jóvenes.

-¡Ta-tan!- exclame, señalando los carruajes con una sonrisa.

-¡Un paseo en carruaje!- exclamo fascinada, y con los ojos brillantes. – Oh, Darien, sos…sos un romántico sin remedio.

-Shh, es un secretito. No se lo digas nadie.- bromee.- Nunca podría superar los chistes de Motoki, y mis amigos de la facultad.

Deslizo un brazo por mi cintura y me abrazo.

-Podes confiar en mí.-

"¿Pero vos podes confiar en mi?, pensé en silencio.

Abrazados, nos acercamos en silencio a los carruajes. Cada vez que avanzábamos un paso, nuestras caderas se rozaban; un cosquilleo recorría mi espalada.

Cuando casi llegamos a la hilera de caballos, me aparte de ella y me aproxime a uno de los cocheros. Era un hombre alto y rubio. Peinado con una cola de caballo que le llegaba la mitad de la espalda. Sus ojos azules brillaron al ver a Serena y luego a mí.

-¿Queres impresionar a la dama esta noche?- pregunto.

-Absolutamente- respondí. Me sentí reconfortado ante esa compresión inherente que existe entre los hombres cada vez que existe entre los hombres cada vez que se trata de mujeres.

-Basta de palabras.- Subió al carruaje y tomo las riendas.

Ni siquiera pensé en preguntar cuanto me costaría el paseo. Hizo un gesto a Serena y la ayude a subir. Se acomodo sobre el asiento tapizado en terciopelo rojo y rió por la formalidad del momento. También subí y me senté lo mas cerca de ella posible.

El cochero se levanto a medias en su asiento y se volvió hacia Serena.

-Buenas noches, señorita.- dijo con una reverencia.

-Buenas noches.-Me guiño un ojo, ya que obviamente disfrutaba del espectáculo.

-Avíseme si el paseo se pone muy incomodo para usted.-. Le dijo el hombre con un rostro que era la imagen misma de la galantería.

-Ah, claro.-. Respondió Serena. Me codeo y yo me reí.

-Entonces, partamos ya.- Los caballos echaron a andar y el cochero se concentro en el camino.

A medida que íbamos avanzando, la respiración se me dificultaba cada vez más. Había llegado el momento de la verdad y yo todavía no conseguía encontrar las palabras ideales. Mientras tanto, Serena admiraba el paisaje, ignorando el debate destructor que se libraba en mi mente.

-Que noche tan tranquila.- murmuro.- Tengo la sensación de que en cualquier momento a los caballos le van a crecer alas e iremos volando hacia el crepúsculo.

Los únicos sonidos que rompían el silencio, era el golpeteo de las patas de los caballos contra el pavimento y el jovial silbido del alegre cochero. Estábamos rodeados de césped, árboles y flores. A la distancia los gigantes edificios de Tokio, se elevaban en el cielo.

Abrace a Serena con todas mis fuerzas. Ella me correspondió y hundió el rostro en la curvatura de mi hombro. Estaba seguro que podia sentir los maniacos latidos en mi cuello, aunque no pudiera oírlos. Al fin se aparto.

-Darien, no puedo respirar.- Se rió y me acaricio la nuca con su mano tibia. Ese contacto casi imperceptible con su piel me recordó que se nos iba el tiempo.

El paseo en el carruaje no iba a ser eterno… desgraciadamente.

Me acomode en el asiento, para poder mirarla directo a los ojos. Le tome ambas manos me las coloque sobre las piernas.

-Serena hay algo que te debo decir. Algo sumamente importante.-

-Yo también haya algo que tengo que decirte.- dijo mirándome con sus preciosos ojos, y entre sus tupidas pestañas.

-¿Puedo hablar primero?-

"¡Hazlo ya! Decile todo, pero ¡YA!" Ordeno mi mente, furiosa.

Ella negó con la cabeza.

-No creo que lo que vos tengas que decirme sea más importante, de lo que yo tengo que decirte… A menos que sea lo mismo.

Una luz de esperanza se encendió como una llama. ¿Habría recuperado la memoria? Tal vez mientras estábamos comiendo y decidió que de todas maneras me amaba… una dicha delirante hinchaba mi corazón. Estaríamos juntos para siempre.

-Te amo, Darien. – la otra noche, cuando lo dijo, supuse que presa de la excitación del frenesí, lo dijo por decir. Pero ahora, podia ver la franqueza de sus palabras en sus ojos. Y dichas palabras, no son producto de mi imaginación. Son dichas por ella. Con total y absoluta sinceridad. No menciono nada de su pasado, ni a Diamante, el baile, el engaño. Solo esas palabras: te amo…

Un huracán de emociones se desato en mi interior. Por un lado, la dicha de saber que ella en realidad me amaba, y por el otro lo cruel de mi traición. Me paralizaba el temor de una confesión completa.

-¿Darien? ¿No ibas a decirme algo?- pregunto. Su tono de voz fue sereno, pero detecte alguna incertidumbre de su parte.

Luche. Sinceramente luche contra mi mismo para decirle la verdad, pero no pude.

-Yo también te amo, Serena. Desde el primer momento que te ví. Desde que escuche por primera vez tu voz. Desde la primera vez que pude saborear cada rincón de tu piel. Desde de siempre. Desde que saboree tus dulces y embriagantes labios. Serena te amo. Como jamás pensé que amaría a alguien. Se que puede sonar un poco trillado, pero estas palabras son totalmente sinceras. Y vienen de lo más hondo de mi corazón. Por que a pesar de todo, nunca te voy a olvidar. Si te vas, una parte de mi se va con vos. – mas que una declaración, era una suplica.

-Darien…-

Apoye las manos sobre sus delicados hombros, inclinando la cabeza para apoyarla contra la suya. Nariz con nariz. Aliento con aliento. Compartimos un momento de total armonía, y luego nuestros labios se encontraron.

Cuando nos besamos, Serena toco el áspero genero de mi camisa con las manos y luego se dirigió a la sensible piel de mi cuello. Con una pasión intensa y a la vez tranquila me beso los labios, los parpados y por ultimo el lóbulo de la oreja. Creí que perdería el conocimiento. Tome su cara entre mis manos y atraje su boca hacia la mía, para volver a besarla una y otra vez. Seguí besándola y todo lo demás cayó en el olvido.

-Te amo, te amo.- Repetía incansablemente.

-Serena.- su nombre era mi único pensamiento, y ella es todo para mi.

-Darien voy al baño, ¿me servís algo para tomar?- dijo serena cuando entramos a mi departamento. Luego de haber pasado tan mágica e inolvidable noche. Pero todavía no terminaba…

Mientras Serena se fue al baño, me dirigí a mi habitación. Desparrame pétalos de rosas por todos lados. En la cama, en el piso. Prendí algunas velas. Luego me dirigí al baño. Y desparrame pétalos desde ahí hasta la cama. Indicándole el camino a mi princesa. El solo hecho de pensar en lo que pasaría en minutos, aumento considerablemente mi temperatura.

-Da… ¿Que es…?-

Me acerque a ella, y con la rosa roja que se encontraba en mis manos, recorrí desde su sien hasta sus pómulos, su nariz, su cuello, su escote. Cerró sus ojos. Me acerque a ella, la alce y la conduje hacia nuestro lecho.

Su pelo recogido, ahora se encontraba con varios mechones rebeldes alrededor de su rostro. Su vestido blanco, que antes estaba perfectamente planchado, ahora tenia una que otra arruga. Su boca, que estaba ligeramente entreabierta, evidenciaba una clara invitación a mi persona. ¿Y para que hacerla rogar? Me abalance sobre ella. Experimentando una vez más su dulce sabor. Jugando con la calidez de su lengua, saboreando la humedad de su boca. Tomándome el tiempo necesario para inmortalizar este exquisito beso. Mientras recorremos el interior de nuestras bocas, ella recorre con sus finas manos mi espalda, yo por mi parte deleito la suavidez de sus piernas. Desde sus rodillas hasta sus glúteos. Abandono sus labios, y desciendo. Paso por su cuello, dejando una serie de húmedos besos. Su escote, degusto su lujuriosa y tersa piel. Con mi lengua, subo y bajo por su escote y cuello. Sintiendo como su pulso se acelera estrepitosamente. En ningún momento mis manos dejaron de tocarla. Bajo mas, levanto el vestido. Y veo su diminuta ropa interior blanca. Con mis manos, recorro la cara interna de sus piernas. Rozando su intimidad. La cual ya estaba considerablemente húmeda. Desciendo aquella prenda con mis manos, de forma lenta, pausada, despacio.

Como recompensa, me gane unos cuantos gemidos de mi princesa. Que se relamía los labios. Y apretaba más y más sus ojos, los cuales estaban cerrados. Mi erección se estaba haciendo insoportable, mi cuerpo ya quería formar uno con ella. Pero me tenía que controlar. Le haría el amor, de la forma más dulce, más mágica, e inmemorablemente posible. Que pase lo que tenga que pasar, pero que me recuerde por que en cada caricia que le propicio, le profeso mi amor. Cuando al fin, me deshice de aquella prenda, pude contemplar mi tesoro. E inmediatamente me sumergí en el, y deleite la exquisitez de su interior. Saboree cada rincón de ella. Catando su único sabor, el cual se entremezclaba con lo salado de su organismo y el olor a perfume de rosas que es típico en ella. Su calido y húmedo interior, penetraban en mi interior mareándome de placer. Serena pronunciaba mi nombre, gimiendo de placer. Cuando llego al clímax, levante para mirar su rostro. Su pelo alborotado, su pequeño y delicado rostro con pequeñas y adorables gotas de sudor. Su pecho subía y bajaba, su respiración estaba entrecortada. Esboce una sonrisa de orgullo al contemplar su sonrisa en señal de agradecimiento. Pero esto no se quedaba acá… Otra vez la torture con mi lengua, la cual danzaba en la calidez de su interior. Y cuando llego al orgasmo, fue mucho más fuerte. Lo supe por el alarido que emitió, y por como sus piernas se retorcían del placer.

-Da…rien…- volví a sus labios. Reclamándolos con la lujuria y pasión que recorrían mi interior. Mis sentidos explotaban con un simple toque de ella. Y al fundir los distintos sabores, creí que iba a morir. El sabor del interior de ella, fundido en nuestras bocas. Embriagante y único. Inexplicable.

La senté y saque su vestido. A pesar que tenia puesto el corpiño, podia ver claramente que sus pezones estaban duros, que sus pechos estaban duros. Demasiada tentación. Dirigiendo mis manos hacia su espalda, desabroche dicho estorbo. Y concentre toda mi atención a sus senos. Saboreando la suave y deliciosa piel de sus senos. Recorriéndolos en toda su extensión, desde la base, hasta la arrugada piel de sus pezones. Jugando con mi lengua, y con mi autocontrol. Mi cuerpo necesitaba despojarse ya de mis ropas, y fundirse con ella. Pero esta noche de era de ella. Era gratificante ver la expresión de placer en su rostro. Sentir sus manos deslizarse en mi espalda, y como luego las enterraba en mi pelo. Sentir sus piernas subir y bajar sobre las mías. Apoyo sus manos en mis hombros y me obligo a incorporarme.

-¿Me parece que es injusto que yo solamente este desvestida, no?-

Y en cuestiones de segundos me despojo de mi camisa. Se sentó a horcajadas. Mi erección estaba justo en su intimidad, pero una barrera impedía que nos uniéramos. Mi ropa. Con su húmeda lengua recorrió el pabellón de mi oreja, mi cuello. Lamió mi quijada, la nuez de mi garganta. Bajo a mi pecho. Mordisqueo y relamió cada rincón de este. Con su aliento, que se encontraba ahora en mis abdominales inferiores, lograba que no solo toda mi piel se encrespase. Sino que provoco que el dolor de no enterrarme en su interior aumentara drásticamente.

Desabrocho el cinturón, y me despojo de toda ropa. Ni bien bajo dichos estorbos, mi miembro salio disparado. Serena alzo una ceja y me dedico una sonrisa de lo mas picara y sensual. Acto seguido, envolvió con su boca a mi miembro. E hizo magia. Recorrió toda la longitud de mi miembro con su lengua. Dedico especial atención a las partes más sensibles. Mis gemidos cada vez se hacían mas sonoros, la voz se hacia cada vez mas ronca. Sentía que flotaba, jamás ninguna mujer me hizo sentir de esta manera. Y sinceramente supe, que jamás podría sacarla de mi mente, de mi piel, de mi corazón.

Enterré mis manos en su sedoso pelo. Mis ojos se clavaron en los suyos. Mientras jugaba conmigo, pude ver la lujuria y sus ojos oscuros del deseo.

Aunque me encantaba lo que estaba haciendo, no soportaba mas el no tener su calido y húmedo interior envolviendo a mi miembro.

Hice que se incorporara. Una vez que me puse la respectiva protección, la penetre. Con fuerza, con desesperación. Con su espalda apoyada en mi pecho. Con mis manos rodeando su cintura. Con mis piernas de soporte. Respirando sobre su nuca. Saboreando y deleitándome con la mezcla de gustos sobre su piel. Con la mezcla de olores. Lo salado de su piel, fundido con su perfume de rosas. El aroma de las velas, y el de nuestra transpiración le daban un toque fantástico a nuestro entorno. No solo besaba su nuca, sino también sus omoplatos, su barbilla. Recorrí con mi lengua su oreja, mientras la seguía envistiendo. Y con mis manos apretaba fuertemente sus pechos.

Nuestros gemidos reinan en la morada, combinándose con los sonidos del tráfico de Tokio. Nuestros movimientos ahora estaban sincronizados. A medida que me acercaba al orgasmo, aumente mis movimientos. Serena llego primero. Gritando con todas sus fuerzas mí nombre. Aumente más mis movimientos y la acompañe a la dicha que se siente dicho momento. Busque sus labios y los bese.

Serena salio de nuestra unión, y se dio vuelta.

-Eso fue…- dijo con la vos entrecortada.

-Fantástico.- complete yo.

-Si.- tomo con sus manos mi cara y me miro a los ojos. Luego a los labios. – Darien, te amo.-

-Y yo a vos princesa.-

Nos besamos. Condecorando aquel fascinador momento.

-¿Por qué tengo la impresión que esto todavía no termino?- dijo Serena al ver que mi miembro ya empezaba a responder a no solamente su beso, sino al mero hecho de tenerla enfrente mío, desnuda. En todo su esplendor. Con el pelo alborotado, con los labios hinchados, con una delgada capa de transpiración bañándola. Y con algunas marcas de mis pasionales besos, distribuidos a lo largo de su cuerpo.

-Por que así es…-

Me lance sobre ella. Y me dispuse a amarla, como nadie en la vida lo hará jamás.

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Reportándose aquí su Generala:

Primero y principal GRACIAS!!! 100 REVIEWS que emoción, ahora no sean malas y déjenme mas. La escritora, ósea muah, se pone contenta con sus reviews. Y escribe mas. Y con mucha mas miel, y picaronas si saben lo que les conviene dejen mas reviews, jajaa!!

Les gusto el lemon desde el POV de Mamo. Ayy no saben le calor que me recorre por estos momentos jaja!!!

No se me quejen, tire los fuegos artificiales, los 3 tiros, los petardos y demás.

Después feliz día de la Independencia para todas las mexicanitas que me leen. Muak, que por lo que se festejaron a lo loco, jajaa.

Capitulo dedicado a Michi, que espera un retoño. De la tía Setsu. La cual va a pervertir a dicho bebeto. Jijii!!

Y por ultimo, debido a los sucesos de este fin de semana. Esta es mi contestación.

Bueno primero y principal quiero agradecer, no solo a mi mamochana presidenta, a mi compatriota y amiga perdida. Gracias por interferir y decir tales elocuentes palabras.

Segundo creo que esto se fue de las manos, ya que yo lo digo y lo ratificó. El FUCC nació como una simple broma, cuando estaba contestando un reviews. Si ven mi fic lo van a poder notar. Segundo si leen también van a poder apreciar que JAMÁS, PERO JAMÁS dije algo en contra de quienes les gusta a Seiya. Absolutamente nunca dije algo de algún fic. Ya que como humilde escritora de fan fic, odiaría que alguien que difiera conmigo, insultara mi fic. Por solamente gustos. Tercero ¿no creen que si tanto odiara a dicho personaje, hablaría con gente que les gusta? Me parece ilógico. Respeto los gustos de cada quien, y ya que vivimos en una sociedad con libertad de expresión, no soy quien para juzgar a nadie. Cuarto: creo, y no me vengan a decir que no, he visto que dicen de Darien miles de cosas peores. Y se ofenden por que le dijimos Cosa. Creo que es demasiado extremista. Acá nosotras estamos para pasar el rato, expresarnos, interactuar, y también; por que no, para divertir a la gente que quiera leernos. Es la última vez que voy a dar explicaciones. Y si se lo tomaron en serio, o como una agresión. Disculpen, pero hay que distinguir que es una broma interna. Y que jamás insultamos a nadie. Ya que lo que menos quiero es que haya pelea.

Y por ultimo FUCC, nacido para adorar a Mamo. Y abstenerse de hablar de dicho personaje, al igual que ustedes. Nada más.

Desde ya gracias a las que se tomen la molestia de leer, mi humilde apelación.

Gabriela. Miembro de las mamochanas, fiel mamochana. Humilde escritora. Y si no tienen mi mail. Y creo que como personas civilizadas que somos, podemos intercambiar opiniones, y encauzar dicho problema.

Ahora si GRACIAS a todos.

Los kmqd

Muak.

Gåb&•