II. TU NOMBRE

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a obscuras todo esto. No quiero que nadie se entere. Que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro en la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo inconsolablemente y estoy seguro que habrá de amanecer.

Jaime Sabines

Mantenía los ojos cerrados, tal vez si se concentraba en hacerlo, podría quedarse dormido cuando menos lo esperara, al fin de cuentas, agotado si estaba y sueño no le faltaba, pero era inevitable. Pasaban las horas y el amanecer estaba próximo, un nuevo día con todo su esplendor se alzaría por la ventana y el seguiría empeñado en su intento por viajar al plano onírico, tal vez el único donde sus deseos podían ser respetados y no existía la palabra prohibido. Y ahí habitaba ella, a resguardo del señor oscuro, de las leyes de sociedad, de los deseos de su padre y los caprichos de su madre, a salvo, solo para él.

Podía verla claramente como si estuviera en su mismísima presencia, llevando esa túnica color rosa y el cabello lacio cayendo por su espalda. No iba del brazo de Krum, era a su lado donde estaba su lugar, iluminándoles a todos con esa sonrisa encantadora, con esa mirada altiva. Era con él con quien bailaba alegremente, al que le ofrecía cándidamente su primer beso de amor y al que terminaba entregándole sin reservas todo su ser. Podía imaginar su cuerpo enlazado con el suyo, fusionados entre calor y sudor, recorriendo su piel haciéndola suya, aspirando su aroma hasta convertirlo en parte de él.

Era patético, lo sabía, se sentía patético, al igual que cualquier niñita enamorada que se derretía cuando él pasaba. Así estaba él, anhelando un encuentro que no tendría lugar jamás excepto en su imaginación. La deseaba mas que a cualquier cosa en su vida, de una forma apremiante, dolorosa, torturante. No podía engañarse un instante más o explotaría.

Descubrió que la ansiaba cuando el troglodita de Krum había aparecido en el baile con ella. Desde que llego a Hogwarts pareció no perder detalle de la sabelotodo y había convertido la biblioteca en su segundo hogar. Le pareció estúpido la forma en que la contemplaba como si fuese la criatura mas encantadora que viera en su vida, cuando Granger no hacia mas que devorar un libro tras otro y morder lápices de forma compulsiva, como si fuera la gran ciencia del mundo padecer de ansiedad pre-exámenes y sobretodo ella que siempre se ponía histérica cuando esas fechas llegaban; ¡¿que acaso no sabia que ya existían las pociones relajantes?!

Cuando las puertas del Gran Comedor se abrieron apareciendo los "Campeones" con sus parejas, y la "sangre sucia" acompañaba de Krum, sintió un extraño malestar que se instalo en el pecho impidiéndole disfrutar plenamente del baile ¿Qué era exactamente lo que le irritaba cada vez que Granger sonreía? o ¿cada vez que ese Krum se le acercaba para susurrarle sabe que cochinadas al oído? ¿Por qué sentía esa sensación como de lava hirviendo apunto de ser erupción cuando ese idiota la estrechaba en las piezas lentas?

Sentía que una rabia incontrolable invadía su mente, así que sin pensarlo choco intencionalmente con ella, tratando de amargarle la velada, pero ella lo ignoro como si él no existiera en lo absoluto, como si todo su mundo se centrara en Krum excluyéndolo a él completamente.

Ese desplante lo hizo estallar y salio del Gran comedor echando humo sin importar si en su camino empujaba gente o derribaba cosas, lo único que quería era alejarse para maldecir a los cuatro vientos, gritar, golpear paredes y desahogarse totalmente hasta que la razón volvió a él abofeteándolo con un poco de lucidez, como impactado por un rayo descubrió lo que en realidad estaba sintiendo… "CELOS".

Aquello era algo estúpido ¿Celos? eso era tan absurdo que comenzó a reír como un loco a mitad de los oscuros pasillos que conducían a las mazmorras. ¿El sintiendo celos por Granger? Intento justificarse convenciéndose de que los Weasley habían vertido algún filtro amoroso en las bebidas, seguramente aquello les había parecido gracioso… era imposible que él pensara que la sabelotodo lucia…bien. "Si, seguramente se trataba de eso", así que mas tranquilo con la explicación continuo su noche como si nada.

Pero pasaron los días, las semanas, los meses y él no podía dejar de contemplarla, de asecharla tratando de encontrar una explicación a su obsesión, y los pretextos comenzaban a caer con el paso del tiempo dejándolo completamente desarmado frente a la inevitable realidad… Granger le atraía.

Ahí estaba él, una vez mas en la tranquilidad de la noche, con la libertad que le brindaban las tinieblas para poder dejar volar su imaginación hasta ella. Suspiro sintiendo lastima por él y se dio la vuelta una vez mas enredándose esta vez con la sabana. Trato de patearla con rabia, pero como si solo se burlara de él solo se enredó alrededor de su cuerpo maniatándolo. Las respiraciones de sus compañeros llegaban hasta su cama y se colaban a través de las cortinas convirtiéndose en un concierto de irritantes ronquidos, se hallaban en un sueño tranquilo y apacible que él no alcanzaba a conseguir, es mas se podía decir que escapaba de él cada noche, cada vez que su imagen acudía a sus sueños y lo dejaba sin aliento.

Indignado arrojo las sabanas a un lado y se dispuso a levantarse. Lo mismo daba que se quedara acostado o que caminara por todo el castillo, una vez que ella se instalaba en su mente no se marcharía ni con todos los hechizos del mundo. Tomo su bata de seda y se dirigió a la sala común que en ese momento se encontraba desierta agradeciéndolo con el alma, no quería tener que contestar preguntas absurdas como: ¿Por qué no estas en la cama? ¿No puedes dormir? ¿Te preocupa algo? ¡Que les importaba a ellos que tuviera insomnio o que la causa fuera la insistente imagen de esa castaña revoloteando en su cerebro! causándole sensaciones que para alguien como él solo podían ser repulsivas, pero que lo perturbaban haciéndolo soñar despierto. "Estupideces" se reprendió mentalmente dejándose caer en el sillón ¿Cómo iba a él interesarle alguien así? Tan sosa, tan poco atractiva, tan… simple, cuando el Draco, único descendiente del linaje Malfoy, príncipe de Slytherin, podía tener a cuanta quisiera, incluso algunas que se presumían imposibles.

Pero entonces ¿Qué había cambiado? ¿Por qué cuando cerraba los ojos ahí estaba? Como un fantasma asechando su existencia ¿Por qué sentía la necesidad de verla constantemente, de saber siempre donde estaba? De sentarse en el comedor desde un ángulo en el cual pudiera admirar los extraños gestos que hacia mientras comía y leía el profeta a la vez. ¿Por qué en clase no perdía detalle de sus acciones? De cómo tomaba la pluma apoyándola en la punta del dedo medio y sujetándola con el índice y pulgar, de cómo mordía sus labios hasta dejarlos sonrosados o ¿Por qué trataba de pasar por pasillos o frecuentar lugares en los que seguramente la encontraría? ¿Por qué intentaba provocar un encuentro furtivo aunque solo fuese para pelear? ¿Por qué se desilusionaba cuando no lo conseguía o porque su corazón se excitaba tanto cuando lo lograba?

¿Por qué cuando ella lo veía directamente a los ojos sentía que le robaban la fuerza y en cualquier momento caería a sus pies? Él que no agachaba la cabeza, que no huía de nadie no podía evitar sentir vértigo al sostenerle la mirada, fingir indiferencia para que no notara lo que sentía por ella.

Estaba cayendo inevitablemente en un espiral que lo dirigía rumbo a su ruina. Estaba enloqueciendo, solo eso podía ser. Draco Malfoy no podía estar enamorado, y de una sangre sucia como Granger. Él ni siquiera le prestaba la más mínima atracción. Él solo se sentía indignado porque alguien tan inferior como ella pudiera sacar mejores notas, pero nada más y el que hubiera pasado cuatro años de su vida analizándola, siguiéndola, contemplándola, no significaba nada. Para él, ella no era una especie femenina y dudaba que fuera humana siquiera, nadie podía memorizar tantas cosas de esa manera sin que su cabeza estallara.

No podía darse el lujo de dejarse llevar. Tendría que olvidarla, borrarla, ignorarla, lo que fuera para poder arrancar esa insana obsesión de su mente, aunque fuera despreciándola, insultándola, burlándose de ella públicamente hasta hacerla enfurecer con sus comentarios mientras sus compañeros lo alababan, mientras le celebraban o le seguían el juego sin importar que él se consumiera en su secreto lenta y dolorosamente.

Era por ello que prefería seguir distante, no se podía permitir un acercamiento por que sabia que seria muy peligroso, seria jugar con fuego y él no estaba dispuesto a arriesgarse; su vida había sido estructurada meticulosamente por sus padres desde el día de su nacimiento, y desgraciadamente por donde quiera que lo viera Granger no entraba en los planes que ellos tenían para él y su "Brillante futuro

Aunque en noches como esa, en la que sus ojos, su sonrisa y su cuerpo le robaban el sueño, se daba el permiso para dejar volar su imaginación, y otras cosas, para fantasear con imposibles, para sonreír como bobo como lo hacia. A solas, sin que nadie lo viera y lo juzgara, sin que alguien lo cuestionara sobre sus motivos para estar despierto de noche ¿Qué podía importarles a ellos sus motivos? ¿Qué podía importarles a ellos que alguien como Hermione Granger pudiera robarle el sueño? Porque a él después de todo… eso ya no le importaba.