IV

IV. METAMORFOSIS

Era un cautivo beso enamorado

De una mano de nieve que tenía

La apariencia de un lirio desmayado

Y el palpitar de un ave en agonía.

Y sucedió que un día, aquella mano suave

De palidez de cirio

De palpitar de ave

Se acerco a la prisión del beso,

Que ya no pudo más el pobre preso

Y se escapo, mas con voluble giro.

Huyo la mano hasta el confín lejano,

Y el beso que volara tras la mano

Rompiendo el aire, se volvió suspiro

Luís G. Urbina

Después de que su alma se exorcizara de todos esos sentimientos de tristeza e impotencia y sintiéndose mas tranquila decidió que ya era hora de irse a la cama, después de todo…. "Mañana seria otro día".

Envolvió su cuerpo en una toalla y con otra seco la humedad de su cabello, sentía los ojos irritados e hinchados por todas las lágrimas derramadas durante la última hora. Seguramente su rostro se encontraría tan rojo que cualquiera que la viera pensaría que seria presa de alguna alergia o algo parecido, eso era lo que mas mal le caía, que no podía ocultar a quienes la conocían que había estado llorando, su rostro inevitablemente la delataba. Por eso siempre que el llanto amenazaba con salir se alejaba lo mas rápido posible y solo regresaba cuando mediante un hechizo muy útil que encontró en uno de los libros de belleza de Lavender (quien lo diría) había dejado su rostro sin huella de llanto.

Pero ahora suponiendo que no encontraría a nadie despierto a quien darle explicaciones del por que de su cara decidió que no era necesario aplicárselo. Busco su ropa pero no la encontró, así que sin mas remedio se cubrió con una hermosa bata de baño azul que halló sobre el mueble y sin mas, salio del baño rumbo a su dormitorio.

Caminaba despacio, sin prisa, no tenia ni fuerzas ni ánimo para hacerlo rápido y por primera vez le importo un "comino" si era o no encontrada en su recorrido hacia su sala común por Filch o por algún profesor; su cuerpo solo se movía por inercia dejándose llevar por sus pies que le indicaban el camino. Ya que ni siquiera sabia por donde iba, sentía tanta pesadez, pero sobretodo sentía tanto cansancio, el llorar le había hecho mucho bien, gracias eso parecía que su depresión y su tristeza hubieran menguado un poco, lo cual agradecía, pero la había dejado agotada. Así que ni siquiera noto que alguien se acercaba a ella hasta que lo tuvo enfrente.

-Vaya, vaya Granger… ¿Dando un paseo a la luz de la luna?

Esa voz fue como un choque eléctrico a su cerebro sacándola de su letargo. "No, el no por favor" pensó, lo único que le faltaba era encontrarse con ese fastidioso. Intento ignorarlo girando el rostro en sentido contrario y tratando de seguir de largo como si no existiera.

Draco se interpuso en su camino impidiéndole el paso por lo que Hermione trato de salir por el lado contrario sin conseguirlo, como si estuvieran en una extraña danza en la que se movían de izquierda a derecha casi sincronizadamente hasta que fastidiada del juego ella se detuvo.

-Ahora no Malfoy, no estoy de animo – le dijo sin levantar su rostro- déjame pasar.

-¿Porque habría yo de hacer eso?- Pregunto sonriendo de lado, realmente lo estaba disfrutando.

- Hazte a un lado - le insistió, estaba agotada y lo que menos deseaba era una discusión a mitad de los pasillos a esa hora de la noche y mucho menos con él.

-Solo si… me ruegas- trato de provocarla.

-¿Qué?- ¿Había oído lo que creyó que oyó? Eso era el colmo – ¡QUÍTATE! -enfadada lo aventó con toda la rabia con la que contaba y trato de pasar por sobre él.

Draco sintió herido su amor propio al no ser correspondido en su juego, lo que lo hizo rabiar ¿Qué se creía ella para tratarlo de esa manera? Él era quien decidía hasta cuando terminar, entonces la alcanzo por un brazo y la jalo violentamente hacia él para reclamarle.

-¿COMO TE ATREVES A …- pero la frase murió en sus labios al contemplar de frente el rostro de la chica, los dulces ojos hinchados por el llanto, porque había llorado, lo sabia, lo que ignoraba era por que, o por quien. La imagen del pelirrojo afloro una vez mas en su mente sintiéndolo como si le hubieran dado una bofetada, vestida apenas con esa bata solo podía significar una cosa…se imagino que vendría de verse con él y eso lo lleno de furia

-¡¿De donde vienes?! – le exigió furioso pero ella no contesto- ¡Te estoy haciendo una pregunta! ¡¿DE DONDE VIENES?!- la sujeto de los brazos sintiendo que una ira inexplicable lo inundaba. Hermione se asusto al ver su reacción y ese par de ojos que irradiaban desesperación.

-¡¿QUE TE PASA?! ¡SUELTAME IDIOTA QUE ME LASTIMAS!– Se removió de entre esas fuertes manos tratando de zafarse.

- ¿Por qué estas llorando?…-ignoro rotundamente sus reclamos, mas allá de lo que pudiera herirlo con sus palabras, él necesitaba saber si sus sospechas eran correctas, necesitaba despejar esa duda que le carcomía el alma, que lo estaba matando.

- ¡QUE TE IMPORTA!- le grito a su vez con la voz quebrada por el nudo que comenzaba a formarse en su garganta- ¿Desde cuando te ha importado lo que me pase? ¿Desde cuando te ha importado si lloro o no? Si lo hago o no, no es asunto tuyo así que ¡Déjame en paz!- finalizo liberándose de un solo jalón de la prisión de sus manos.

Draco guardo silencio mientras contemplaba como las lágrimas acudían nuevamente a sus ojos resbalando por sus tersas mejillas. La sentía tan vulnerable, tan frágil ¿Cómo era posible que pensara así? ¿Es que no se daba cuenta? ¿Es que NO se había dado cuenta? ¡Por Merlín! No se suponía que era la bruja más brillante de todo Hogwarts? Por un instante estuvo apunto de dejar caer las barreras y abrazarla y darle consuelo, pero ese no era él, se había convertido en una bestia consumida por los celos, por la idea de saberla de otro, de esa inmunda comadreja por la que lloraba, solo atino a sujetarla una vez más antes de que se fuera, antes de que escapara, necesitaba desquitarse de lo que le ocasionara tanto dolor y aferro con más fuerza sus manos lastimando la tierna piel de sus brazos.

-Tienes razón- le dijo con voz ronca como si le costara trabajo soltar las palabras, como si su mente le ordenara decirlas de manera casi automática- que puede importarme a mi una sangre sucia como tu, no vales la pena ni por curiosidad

-¡¿ENTONCES PORQUE NO ME SUELTAS Y DEJAS DE FASTIDIARME LA VIDA?!

-¡POR QUE NO SE ME DA LA GANA!- le grito clavando sus grises ojos en ella – porque… porque no puedo evitarlo…- agrego casi sin voz, como si esta lo abandonara aun en contra de su voluntad. A esas alturas las barreras habían caído sin él percatarse, se habían derrumbado frente a ella, por ella. La deseaba, más que nunca, la necesitaba y le importaba una mierda los principios.

- Malfoy…. – dijo la chica casi en un susurro. Sus pupilas ya no eran frías como siempre, parecía casi suplicar y eso la desconcertó hasta hacerla temblar. No conocía a ese Draco Malfoy, parecía tan humano, tan vulnerable. Ella conocía al altanero, egocéntrico, orgulloso e insolente, no a aquel que sentía a punto de derrumbarse frente a ella, aquel que la miraba como si quisiera hacerlo para siempre. Aquel cuya respiración se encontraba acelerada y que se acercaba poco a poco a ella sin dejar de contemplarla, alargando una mano hacia su mejilla rozándola a penas con la punta de sus dedos, recogiendo una lagrima que escapaba de sus ojos. Aquella simple acción la estremeció tanto que ella no pudo resistir más y termino por rendirse.

Cerró los ojos deseando que el tiempo se detuviera, que el calor de sus tiernos labios abarcando los de ella pudiera descongelar su alma y regresarle a la vida. Él la sintió temblar junto a su pecho mientras la atraía a su boca y se apoderaba de ella primero lenta y luego apasionadamente. Ella en un principio se quedo paralizada pero poco a poco, mientras sentía el contacto del chico, su aroma inundando sus sentidos, comenzó a responder hasta sumirse ambos en un torbellino de emociones que los arrastraba sin darse cuenta hasta el éxtasis. Ella llevo sus manos al cuello acariciando su nuca y esa simple caricia basto para encenderle la sangre y perder la razón.

La arrincono contra la pared y comenzó a recorrer su cuerpo con sus manos arrancándole suspiros de placer que le aceleraban la sangre. Beso su cuello y recorrió su hombro despojándolo lentamente de la bata que callo sobre su brazo. Bajo por sus caderas hasta donde terminaba la bata y comenzó a subirla por encima de sus muslos acariciándole la piel, sintiendo su suavidad con la punta de sus yemas. Con cada toque de él, sentía un escalofrió recorrer su cuerpo, subir por su espalda y bajar nuevamente hasta su vientre causándole un calor que nunca antes había experimentado. Lo deseaba, pero una parte de su racionalidad le indicaba que no podía, que no debía, y sin embargo lo estaba disfrutando, sus manos por entre los pliegues de la bata, explorando su cuerpo que siempre creyó dormido y que despertaba ante su llamado como si lo hubiese esperado por siempre. Sintió sus diestros dedos navegar por su ser como un experto, y tal vez lo seria, seguramente no era la primera y no seria la única que sucumbiría a sus encantos. Y en un arrebato de sensatez, aquello le regreso la razón aventándolo con toda la voluntad que fue capaz de reunir.

Él la observaba agitado, ¿Qué había pasado? ¿Por qué había reaccionado de esa manera? Parecía que estaba correspondiéndole ¿Qué había pasado? Sintiendo de pronto como una fuerte bofetada se impactaba en su rostro

-Yo no seré una mas….- fue lo único que dijo y se alejo corriendo huyendo de él y de todo lo que le estaba haciendo sentir.

Draco se llevo las manos al rostro y trato de ahogar un grito de frustración. Estiro sus cabellos y golpeo su cabeza contra la pared ¿Qué había hecho? ¿Qué había estado a punto de hacer? ¿Por qué se sentía de esa manera tan incomprensible? La cabeza estaba a punto de estallarle ¿Qué no entendía? ¿Qué era tan difícil de ver? Ella no era una mas, muy a su pesar… no lo era… nunca lo fue.