NUEVA PRIMAVERA

NUEVA PRIMAVERA & MORTIFAGO

Mi corazón ansia llorar

Llorar con amoroso llanto

¡Como temo alma mía, que al fin consigas lo que anhelas tanto!

¡Ah! La marga ventura del amor y su dulce sufrimiento

Penetrar en la hondura del mal cuando corazón ya siento

Con tus pupilas me miras tan tierna y dulce

Que ni abrir puedo los labios trastornado por sus lumbres

De tus pupilas todos mis anhelos surgen

Y mi alma inunda un torrente de pensamientos azules

No te enojes querida, porque te adoro huyo de ti

¿Cómo elevar mi frente adolorida junto a tu rostro floreciente? Di

Tal me ha puesto el amor que doy espanto

Y al verme te apartaras tú también

Huyo de ti porque te adoro tanto, no te enojes mi bien.

Enrique Heine

Lo observaba, no podía evitarlo. Sin embargo él no la miraba, de hecho parecía que ella no existiera. El sábado temprano había bajado a desayunar tratando de aparentar que nada había pasado en absoluto. Ni Lavender andaba succionando a Ron en cada rincón, ni Malfoy la había besado de esa forma la noche anterior. Pero esa extraña emoción en el estomago no la había dejado en paz ni siquiera durante el sueño. Despertaba constantemente sintiendo un agradable cosquilleo en los labios y el recuerdo de su lengua recorriendo cada rincón de su boca, hacia que un "no se que" subiera por su pecho y agitara su corazón de forma extraña. Y no es que a ella le gustara Malfoy, eso estaba claro, porque solo por un simple beso (por muy agradable que haya sido, tenía que reconocerlo) no iba a dejar de verlo como lo que era: un engreído, arrogante, vanidoso, fanfarrón, ostentoso, petulante y altanero.

Sin embargo su mente no dejaba de darle vueltas a la manera en como se sentía. Aquella mañana se había dado un baño y al terminar, cuando se colocaba la ropa no pudo evitar reparar en su cuerpo. Lo contemplo en el espejo y lo encontró… agradable a diferencia de otros días. Por lo regular no solía tener un buen concepto de él pero se justificaba, pensaba que lo que le faltaba de pechos le sobraba de cerebro y que si los chicos no sabían apreciar eso era porque eran unos estupidos con los cuales no perdería su tiempo, ella no andaba con estupidos por supuesto. Pero en el fondo, muy, muy, muy en el fondo, ahí donde la vanidad yacía olvidada, se encontraba un sentimiento tan bien encerrado como el basilisco en la cámara secreta. Ella deseaba ser como las demás, deseaba que esa bola de estupidos anduvieran tras de ella, que babearan cuando ella pasaba, que la "piropearan" al pasar y que le mandaran cientos de cartas como lo hacían con Parvati y Lavender. Escuchaba sus conversaciones banales (porque no había otra forma de denominarlas) con una expresión de fastidio y exasperación, pero en el fondo, muy, muy en el fondo pensaba "que se sentiría ser como ellas".

Todas las mañanas se veía al espejo y su reflejo era el de una niña simple con el cabello alborotado. Pero la belleza no le había conseguido ser prefecta, lo había hecho su determinación y sus esfuerzos constantes y esa satisfacción sabia que nadie mas la podía sentir… ¿A quien estaba engañando? Nadie la envidiaba por eso, de hecho esa era una de las causas por las que le rehuían y no dejaban de llamarla la "sabelotodo Granger". ¿Qué importaba? Ella era mejor que eso, no los necesitaba.

Coloco su túnica y sujeto su cabello, aquella mañana lucía domesticado, no como una masa informe sino como una mata de caireles que resplandecían con la luz. Su cuerpo no lo veía tan simple sino más bien estilizado y sus labios ya no estaban resecos sino que parecían sonrosados y carnosos. Definitivamente aquella mañana lucia mejor que ninguna otra, así que nadie, NADIE (ni Ron ni Malfoy) podrían arruinársela.

No espero a Harry, solo bajo y se dirigió al comedor con decisión. Estaba adornado con los siete árboles de navidad arreglados con velas mágicas y hadas soltando polvos resplandecientes como un camino con miles de lucecitas. El techo había sido encantado para aparentar una suave nevada y aunque afuera el clima había empeorado, adentro se podía sentir una agradable temperatura. Se sirvió unas cuantas tostadas en su plato y tomo zumo de calabaza. Pago a la lechuza que había llevado el "Profeta" aquella mañana y lo desenrollo para leerlo. Ningún ataque, lo cual en aquella época ya era alentador. Se concentro en su lectura sobre las investigaciones de una posible familia que podría estar ligada con los mortífagos, aunque todo apuntaba a que había sido producto de algún imperius.

Por el rabillo del ojo observo un grupo de Slytherin que acababa de hacer su aparición por la puerta del gran comedor. Su estomago se contrajo, y sin pensarlo se escondió tras el periódico todo lo que podía. Ahora que lo pensaba, no sabia como iba a reaccionar cuando se encontrara con Malfoy o como lo haría este. Podría burlarse de ella aunque estaba segura que no lo haría en público, pues eso significaría reconocer que había tocado a una "sangre sucia". Pero no pasaría por alto soltar alguno que otro comentario hiriente que sin duda la harían pasar un mal rato. Pues bien, no se lo iba a permitir, en cuanto abriera la boca o hiciera el más mínimo gesto… ella… ella… bueno, no sabia lo que haría pero algo haría, eso era un hecho.

Levanto un poco el rostro por el periódico y comprobó que no se trataba de Malfoy. Era un grupo de cuarto que reía y se burlaba de los demás a su paso. Hubiera encajado perfectamente, pero no, no era él. No sabia si era decepción lo que sentía pero los nervios la estaban matando. Entre mas se prolongaba el momento de encontrarse mas tormentoso se volvía el día. Llegaron unos y otros y otros más y él no aparecía. Entonces llego a la conclusión de que no se presentaría a desayunar. Por supuesto ella no iba a esperarlo, y el hecho de que se hubiera tomado más tiempo del normal no significaba nada. Solo tenia curiosidad, nada mas, únicamente curiosidad.

Decepcionada se puso de pie y se dirigió hacia la salida. Se estaba comportando como una entupida, curiosamente el comportamiento que seguramente presentaría Lavender. Camino lentamente sin prestar atención a las risitas nerviosas de las chicas que se aglomeraban bajo los muérdagos, esperando la aparición de los chicos y así obligarlos a que las besaran (una de ellas era Romilda Vane y sabia que esperaba a Harry). Negó con la cabeza, aquello era en verdad desesperado. Trato de esquivarlas y pasar por el costado cuando un enorme cuerpo se lo impidió obligándola a estrellarse con el. Una risa conocida hizo eco en sus oídos para después sumarse dos mas, una de ellas de mujer.

-Ten más cuidado- le espeto Goyle mientras la aventaba groseramente ofreciéndole una expresión de absoluto desprecio.

-Goyle, creo que tendrás que darte un baño nuevamente- dijo Pansy burlonamente, tapándose la nariz con los dedos- apestaras a "sangre sucia" el resto del día

Los dos chicos la corearon entre risas esperando alguna reacción por parte de ella. Pero Hermione ya estaba acostumbrada a esa clase de agresiones y como no deseaba discutir prefirió retirarse sin prestarles atención. De cualquier forma le sorprendía que esos dos gorilas se bañaran o que el cerebro de nuez de Pansy supiera lo que era un baño. Así que les dio la espalda y siguió su camino. Entonces lo vio

Draco Malfoy se había quedado rezagado cuando Snape lo llamo al pasar por su despacho. Una vez más, había ofrecido su ayuda y una vez mas, se había visto en la desagradable necesidad de rechazarlo. Aquello ya se estaba volviendo una rutina. No había demorado mucho pero de igual forma se le habían adelantado lo suficiente para no escuchar la risa escandalosa de Pansy por los pasillos, lo cual agradeció. Lo que lo dejo helado fue encontrarlos en la entrada del gran comedor ni más ni menos que con Granger.

Hermione sintió que un relámpago pasaba a través de su espalda y aceleraba casi hasta desbocar su ritmo cardiaco, un calor subió por su cuerpo y se deposito en sus mejillas. Deseaba desaparecer, volverse invisible, lo que fuera para no soportar ese par de ojos grises sobre ella. Pero Malfoy solo reparo en ella un segundo y continúo su camino como si no estuviera frente a él nadie más, ni el trío de Slytherin, ni las chicas bajo el muérdago, ni ella… mucho menos ella.

No existía, así de simple. Paso a su lado y ni siquiera la reconocieron sus ojos. Una parte de ella estaba paralizada, pero la otra, su parte racional, trataba de encontrar una respuesta satisfactoria a semejante reacción. Paso de las más estructuradas como un sentimiento de vergüenza o pánico al pensar que ella podría delatarlo con sus amigos, hasta las mas descabelladas, como el que había movido algo en su interior que no podía reconocer o que aquella noche estaba borracho y no se acordaba de nada, o tal vez era alguien con poción multijugos o estaba bajo un imperius.

Por una parte se sentía relajada ya que parecía que nada había pasado y que todo seguiría como antes, pero por otro lado, le intrigaba el motivo por el cual la había besado. Ni siquiera en eso dejaba de actuar de forma racional, necesitaba una explicación, un por qué para estar tranquila.

La siguiente semana se la paso acechándolo casi tanto como Harry (y sus extrañas ideas de que algo se traía) en clase o en los pasillos, buscando sus ojos origen de su actuar, pero nada. No solo Malfoy parecía que la evitaba a toda costa, sino que también rehusaba mirarla, pero no como si se escondiera, mas bien como si ella no existiera, pasaba su mirada a través de ella con tanta naturalidad e indiferencia que la ofendía. Hasta prefería las agresiones en lugar de ese frió comportamiento.

Ella sabia por qué lo había besado (muy a su pesar tenía que aceptar que ella también había participado en ello) estaba triste, decaída, su autoestima estaba por los suelos y de repente viene uno de los chicos mas apuestos del colegio y le robaba un beso de aquella manera haciéndola sentir por primera vez deseada; esto podría pasarle a cualquiera, pero… ¿Y él? ¿Cuáles eran sus motivos? ¿Se trataba de un juego? ¿De una burla? De ser así ¿Por qué no lo había usado en su contra? ¿Por qué? ¡Merlín! ¡No existía nadie que se lo pudiera explicar! era lo único que quería….lo único que necesitaba para hacer descansar su alma, solo un…por qué.

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¿Ella podía sentir algo por el que no fuera desprecio? Nunca antes aquella posibilidad le pareció tan real y cada vez que recordaba lo sucedido aquella noche, una emoción extraña inflaba su pecho y lo hacia reír solo.

-¿Pasa algo?- pregunto Pansy cuando se percato de la extraña reacción de Draco (extraña para alguien como él por supuesto, él no era de los que se reían solos)- ¿Qué es lo divertido?- insistió. Draco borro inmediatamente el gesto de su rostro y la fulmino con la mirada

- No es de tu incumbencia – le espeto y se alejo de ahí antes de que pretendiera sacarle mas información.

Camino por los fríos jardines de Hogwarts sin rumbo fijo, pero asegurándose de que fuesen los transitados por ella, aunque no sabia porque, ya que cuando la veía acercarse pasaba de largo y ni siquiera se atrevía a mirarla. Pero sentía sus ojos clavados en él, siguiéndolo por donde fuera, se había percatado que la castaña se pasaba casi todas las comidas viéndolo y eso lo hacia sentirse tremendamente bien.

Se sabía deseado por media comunidad femenina y por que no, por alguno que otro de su mismo sexo y eso elevaba su vanidad hacia la estratosfera, pero con ella era diferente….ella era simplemente…….

Tenía que aceptar que la encontraba sencillamente hermosa, no solo era ese cuerpo el cual había recorrido con sus manos, no eran esos labios que ella mordía de esa manera tan sensual sin ni siquiera proponérselo, no era su endemoniado aroma en el cual le hubiera gustado volver a perderse…. No… era su rostro lo que mas adoraba….ese rostro en el que se encontraban esa sonrisa cándida con la que parecía iluminar cuanto la rodeaba y esa mirada que aun a pesar de haber visto atrocidades durante la guerra parecían no haber perdido su inocencia. Pero sobre todo la admiraba…ese carácter firme, fuerte, decidido la hacia totalmente diferente al resto.

La deseaba…. ¡Por Merlín! Cuanto la deseaba, jamás ninguna mujer había despertado esos sentimientos en su interior y eso lo asustaba, ¿Cómo era posible que ella pudiera hacerlo sentir tanto con tan solo una sonrisa, con tan solo una mirada? ¿Cómo era posible que su cuerpo reaccionase a esos simples estímulos? Aun podía sentir la tersura de su piel, la dulzura de sus labios y ese fuego que albergaba en su interior del que estaba seguro nadie más que él conocía.

Aquella mañana no había bajado a desayunar y estuvo seguro de que no lo haría cuando Potty y la comadreja se levantaron y salieron de ahí. Se sentía de forma extraña, como si se hubiera formado un hueco y el desasosiego se apoderaba de él, como si le faltase algo y realmente le faltaba, le faltaba ella, se había acostumbrado a su silencioso acecho. Necesitaba sentir el calor de sus ojos, su voz, su sonrisa para sentir su día completo; aun que fuera a lo lejos, aun que su risa fuese para otros, sentía la necesidad de verla aunque fuese un instaste. Muy a su pesar la necesitaba más que en ningún otro día.

Se dejo caer a orillas del lago y recargo su espalda en el tronco de un árbol que le daba sombra. A nadie se le hizo sospechoso verlo por ahí; últimamente siempre andaba solo, pensativo y podría decirse que deprimido; pero nadie se atrevía a cuestionarlo por que después de todo seguía siendo Draco Malfoy.

Un aleteo lo saco de su ensimismamiento y extendió un brazo para que la majestuosa lechuza se posara en él. El ave le extendió la pata con su correspondencia y una vez retirada, emprendió el vuelo rumbo a la lechucearía.

Era de su madre, lo sabia aun antes de abrirla, no solo por el perfume que la envolvía o por el elegante papel que ella siempre empleaba; lo sabía por que era la única persona que le escribía. Dudaba que estando su padre en Askaban le permitiesen hacerlo.

La leyó rápidamente tratando de que así le afectaran menos sus palabras. En cada carta su madre reflejaba su angustia y su desesperación. La incertidumbre de no saber nada de su padre e imaginándose las atrocidades de que pudiera ser objeto durante su estancia en Askaban. Pero sobre todo sentía miedo por él, por que estaba segura que si Draco no cumplía con la misión encomendada seria el fin de toda su familia.

Arrugo el papel entre sus manos y ahí en la soledad del lago se atrevió a soltar una lágrima de esas porcas que nadie había visto jamás; por que un Malfoy nunca llora, se traga su dolor y mira de frente.

Pero su desesperación era tanta que sentía que veces no podía respirar, el dolor en su antebrazo le recordaba quien era y resultaba irónico que él mismo se hubiera metido en semejante destino ¿Pero es que acaso tenia otra opción? …. Claro que no, aunque de una cosa estaba seguro… cumpliría la mentada misión aunque se le fuera la vida en ello. Su vista se perdió en el horizonte mientras su mente los hacia en sus recuerdos.

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Era la primera vez desde que tenía memoria que sentía la mansión tan grande…tan fría…tan sola. Siempre habían sido ellos tres, sin primos, sin tíos, sin más pariente…solo ellos tres. Pero mucha gente circulaba por ahí llenando a la Gran Mansión Malfoy de vida; hombre de negocios buscando a su padre, mujeres de sociedad tomando el té con su madre y sus respectivos hijos conviviendo con él.

Nunca tuvo tiempo para sentirse solo; parte de éste lo distribuía en inmiscuirse en los negocios de la familia o en las reuniones de alta sociedad donde tenía que acompañar a su madre, todo un itinerario que lo mantenía ocupado de la mañana a la noche. Eso sin contar los estudios, los deberes, sus prácticas privadas de pociones, los entrenamientos de Quidditch, por lo que apenas le quedaba tiempo para dedicarlo a su vicio por la lectura ¿A que hora podía sentirse solo? Ahora que su padre no estaba y que la "sociedad" les había dado la espalda, solo quedaba su madre y él en una majestuosa mansión que les resultaba enorme.

Así que durante su estancia en su hogar se la pasaba horas encerrado en el despacho de su padre. Desde niño siempre le gusto refugiarse en ese lugar; aunque su padre lo reprendía a menudo por ello, cosa que nunca le importo; ahí se encontraban los mejores libros, los trofeos, el árbol genealógico, los Blasones, las mejores historias narradas por el retrato de algún antepasado y todo lo que lo enorgullecía de ser un Malfoy. Pero ahora se refugiaba por otras razones. Ese lugar le recordaba lo que fueron, lo que nunca volverían a ser, pero aun así le transmitía una fuerza extraña que necesitaba más que nunca.

A lo lejos escucho el ruido de la chimenea del gran salón anunciando la llegada de un visitante, cosa que le extraño ya que salvo su padrino Severus que era el único que los visitaba, no recibían a nadie. Estaba seguro que no era él, ya que no era el día que en él solía frecuentarlos. Escucho una conversación al otro lado de la puerta antes de que esta fuera aventada dando paso a su tía Bellatrix quien hacia su entrada triunfal como si fuese la reina del lugar seguida por su madre quien no dejaba de cuestionarla.

-¿Qué dijo? ¿Va a ayudarnos?- insistía angustiada. Si el Señor Tenebroso se negaba, estaban perdidos, no volvería a ver a su Lucius nunca más

-Eres una mujer afortunada Cissy- sonrió su hermana, de esa manera tan fría y maquiavélica tan característica de ella.

-¿Entonces lo hará? ¡Gracias! ¡Oh! Bella, cuanto te lo agradezco- Bellatrix soltó una carcajada tan estrepitosa que congelo la sangre de Narcisa.

-No te adelantes Cissy

-¿Qué quieres decir?- de pronto la felicidad se había esfumado de su rostro. Bellatrix no dejaba de ver a su hijo y él sabia que el Señor oscuro no daba nada sin recibir nada a cambio la pregunta era ¿Qué?

-Dime Draco ¿Qué estas dispuesto a hacer para salvar a tu padre y el honor de tu familia?- Narcisa reprimió un quejido de pesar, las misiones que les eran asignadas resultaban ser casi suicidas, y aunque estaba acostumbrada gracias a Lucius, no podía dejar de angustiarse por su hijo, el era apenas un niño.

Draco observo a su tía con determinación, sabia que lo que fuera que le pidiera no podía ser nada bueno, pero si con eso conseguía salvar a su padre y no volver a ver llorar a su madre, lo haría sin dudarlo.

-¿Que quiere que haga?- Bellatrix amplio su sádica sonrisa acercándose mas a él

-El señor Tenebroso te ha concedido el honor de ser uno de nosotros.

"Uno de nosotros". Aquellas palabras no dejaban de flotar en su mente torturándolo mas que los muchos cruciatus a los que fue sometido por su tía durante su breve entrenamiento, o por los otorgados por Él para dejarle claro que podía pasarle si fracasaba. "Mortífago" eso era en lo que se había convertido y cada día de su vida estaría marcada por ese estigma que se vio obligado a llevar y que siempre tendría que ocultar.

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-Mira, esta es muy bonita, ¿Por qué no te la pruebas?- pregunto Narcisa entregándole una elegante túnica verde oscuro para que se la probara. Draco continuaba de mal humor, la compañía de su madre complicaba llevar a cabo los planes que traía en mente y aunque trató de convencerla, aun era menor de edad y tenia que obedecerla.

Como cuando era un niño, Narcisa le pasó la túnica acomodándole el cuello de esta para después acariciar su rubia cabellera en un gesto que podía llamarse amoroso pero que a los ojos de Madame Malkin resulto de lo más extraño. Draco esquivo su caricia con fastidio, se separo de ella y subió a una pequeña plataforma para que la propietaria del establecimiento comenzara a hacerle los arreglos pertinentes a la túnica.

-¿Veo que aun sigues de malas?- comento Narcisa con comprensión

-¿Y como quieras que me sienta? No haces mas que tratarme como un bebe, estas detrás de mi todo el tiempo, no tengo intimidad para hacer mis cosas- le espeto furioso. A pesar de ser un Mortífago, aun tenia que pedir permiso a su madre para ir ala callejón Diagon y el hechizo que su padre puso en la mansión aun estaba en vigencia a pesar de no encontrarse ahí, sin su permiso o el de su madre, jamás podría salir de la casa, aquella era su única oportunidad de poner en marcha su plan y no lo podía hacer con su madre tras su hombro.

Narcisa sabía perfectamente a que clase de cosas se refería su hijo y lo contemplo con entendimiento, sin embargo no estaba dispuesta a ceder. Aquel era un tiempo muy peligroso incluso para él, principalmente para él, ya que con Lucius declarado mortífago cualquiera podía tomar represalias contra su hijo y ella no estaba dispuesta a correr el riesgo.

-No puedes andar por ahí solo, aun eres un niño que…

-¡Ya no soy ningún niño por si no te has dado cuenta madre!- la interrumpió casi llegando al limite de su paciencia. No deseaba hablarle así, pero su madre se estaba volviendo cada vez mas sobre protectora y comenzaba a asfixiarlo- soy perfectamente capaz de hacer las compras por mi cuenta.

-Mira querido- intervino Madame Malkin mientras acomodaba los dobladillos de la manga izquierda- tu madre tiene mucha razón; en los tiempos que corren no es conveniente pasear solo por ahí, no tiene nada que ver con la edad…

Draco sintió el roce, solo el roce, del alfiler a través de la túnica y del suéter negro que vestía, pero aun así pudo sentir como si le desgarraran la carne en el lugar donde recientemente había sido puesta la marca.

-¡Quiere hacer el favor de mirar donde clava el alfiler! –

Bajo de la plataforma y salio del perchero en dirección al espejo donde se contemplo. Llevaba unos cuantos días como Mortífago y le pareció que había envejecido un par de años, o tal vez el color no le ayudaba, pero se veía más delgado y demacrado que antes. Percibía con desagrado como una manga había quedado mas corta que la otra cuando a través del espejo pudo descubrir los reflejos de Potter, Weasley y Granger. Sintió como si el alma saliera de su cuerpo y su corazón tratara de seguirlo saltando de su corazón. Ahí estaba ella y por un instante le pareció que bajaba la mirada hacia su antebrazo izquierdo causándole pánico. Ella no debía verla, todos menos ella, debía hacer algo. Bajo disimuladamente la manga del suéter por debajo de la túnica y se volvió.

-Si te preguntas porque huele mal, madre, es que acaba de entrar una sangre sucia- anuncio

-¡No hay necesidad de emplear ese lenguaje!- lo reprendió Madame saliendo de detrás del perchero a toda prisa- ¡Y tampoco quiero ver varitas en mi tienda!- se apresuro a añadir cuando vio a Potter y a Weasley sacar sus varitas y apuntarle.

Lo odiaba, a ese patético ser con la cabeza rajada, todo era su culpa. Por él su padre estaba en la cárcel, por él el Señor Tenebroso se había enfadado con su familia, y por su culpa también estaba metido en semejante problema, si hubiese podido (y de tener la varita a la mano) le habría mandado una Avada.

-Déjenlo, en serio, no vale la pena- susurro ella tratando de controlarlos. Entonces Draco reparo en el ojo negro que portaba la chica. ¿Quién había sido el desgraciado que se atrevido a ponerle una mano encima? Cuando lo descubriera le arrancaría las manos y se las daría de comer a sus perros.

Aparentemente su madre se dio cuenta de lo que pasaba por su cabeza y lo contemplo con curiosidad. Trato de contenerse, si la ira lo controlaba la Oclumancia no funcionaba adecuadamente y podía ser descubierto.

-¡Bah, como si se atrevieran a hacer magia fuera del colegio!- trato de burlarse para desviar la atención- ¿Quién te ha puesto el ojo morado, Granger? Me gustaría enviarle flores.

-¡Basta ya!- ordeno madame- por favor, señora…- La madre de Draco salio a donde pudieran verla con aire despreocupado.

-Guarden sus varitas- exigió con frialdad- si vuelven a atacar a mi hijo, me encargaré de que sea lo ultimo que hagan

-¿Lo dice en serio?- la desafió Potter, avanzo un paso y la miro con fijeza- ¿Qué piensa hacer? ¿Pedirles a algunos mortífagos amigos suyos que nos liquiden?

Madame Malkin soltó un gritito y se llevo las manos al pecho. Draco estuvo a punto de saltar sobre él. Estaba realmente furioso, se arrepentiría, le haría tragar sus palabras.

"Alto"- escucho una voz dentro de su cabeza, una vez mas, la ira había hecho que bajara las defensas y su madre pudo entrar en su mente paralizándolo- "No te atrevas a hacer una locura" - el respiraba agitadamente haciendo todo el esfuerzo por contenerse, no se iba a quedar de brazos cruzados, no lo permitiría- "Si en este momento arman una pelea no tardara en caernos los aurores ¿quieres que descubran la marca en tu brazo? ¿Quieres acompañar a tu padre?"

"Pero…"- intento alegar

-"Ningún pero, actúa con la cabeza, eres un Slytherin por Merlín"- Draco termino por acceder, al menos esa vez, ya tendría tiempo de sobra, pero como su madre decía, no era el momento.

-Veo que ser el preferido de Dumbledore te ha dado una falsa sensación de seguridad, Harry Potter. Pero el no estará siempre a tu lado para protegerte.

-¡Caramba!- exclamo Harry- ¡Ahora no lo veo por aquí! ¿Por qué no lo intenta? ¡A lo mejor le encuentran una celda doble en Azkaban y puede ir a hacerle compañía al fracasado de su marido!

Draco furioso, se abalanzo sobre Harry, pero sintió como un hechizo no verbal de su madre le enredo las piernas con el dobladillo de la túnica y callo a los pies de Weasley el cual soltó una carcajada.

-¡No te atrevas a hablarle así a mi madre, Potter!- gruño hecho un basilisco.

"¡Basta!" escucho una vez mas la voz en su cabeza.

-No pasa nada hijo- intervino su madre haciendo gala de toda la sangre fría que la caracterizaba- Creo que Potter se reunirá con su querido Sirius antes de que yo vaya a hacerle compañía a Lucius

-¡No, Harry!- gimió Hermione cuando este levanto su varita contra Narcisa y le tiro del brazo para bajárselo- piensa… No debes… no te metas en líos.

Aquel simple gesto hizo que Draco se enfureciera aun más. Él tenia la culpa de todo, y encima la tenia a ella para apoyarlo, para sostenerlo, para controlarlo. ¡Maldita sea! Definitivamente la vida no era justa.

-Me parece que tendríamos que acortar la manga izquierda un poquito mas, querido-intervino Madame para ayudar a desviar la atención y bajar los ánimos- Déjame…

-¡Ay!- chillo Draco. Esta vez si lo había traspasado y el ardor era insoportable. Su piel tierna cual si hubiese sido quemada o desollada apenas podía soportar la tela. Contuvo un gesto de dolor y le aparto la mano en un golpe brusco- ¡Cuidado con los alfileres, señora! Madre, creo que no quiero esta túnica- se la quito por la cabeza y la arrojo al suelo, a los pies de Madame Malkin.

-Tienes razón hijo- coincidió Narcisa y lanzo una mirada de profundo desprecio a Hermione- ahora veo la clase de gentuza que compra aquí. Será mejor que vayamos a Twilfitt y Tatting.

Madre e hijo salieron del local azotando la puerta en el proceso y se dirigieron a la otra tienda de túnicas. Cuando estaban a unos metros de llegar, Narcisa tomo a su hijo por el brazo y lo obligo a detenerse.

-¿Qué pasa con esa chica?- pregunto su madre a quemarropa. Draco contuvo la respiración, trato de poner su mente en blanco y fingir una mirada de absoluto desprecio y desden.

-¿Qué quieres que pase? Es una sangre sucia- contesto lo mas normal posible, pero los ojos de su madre trataban de absorberlo

- Draco, te conozco mejor de lo que crees

- No se a que te refieres

- Yo creo que sabes perfectamente de lo que hablo…. ¿Esa chica no es la que te supera en todas las asignaturas?

-¡Que mas da! Las calificaciones son lo que menos me importan ahora- dio por concluido el tema y siguió su camino. Narcisa negó con la cabeza apesadumbrada, su hijo se estaba metiendo en "camisa de once varas".

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La risa de unos niños que jugaban a una guerra de bolas de nieve lo trajo nuevamente a la realidad. De acuerdo, había mentido. Pero tenia cosas que hacer, cosas que no podían esperar a que el saliera de la adolescencia, a que dejara de pensar en ella para concentrarse en su deber. Un obstáculo más. Como si no bastara ya el hondo abismo que los separara, que la hacia imposible para él, todavía se le sumaba su condición de Mortífago y un futuro asesinato ¿Qué pensaría ella de eso? Seguramente lo aborrecería y aquel destello que parecía estar naciendo en su corazón seria sepultado en ese mismo instante. El estaba condenado, ya no había marcha atrás.

Se puso de pie, sacudió la nieve de su ropa y regreso al castillo. Debía reanudar su labor, aun no sabia como debía hacerlo pero seguramente se le ocurriría algo. Doblo por un pasillo cuando se topo de frente con ella.

Ambos se contemplaron unos instantes muy asombrados. Él porque de pronto había perdido la capacidad de pensar, de hablar. Solo podía escuchar el latir de su corazón tronando en su cerebro cual caballo desbocado. Y ella, ella se encontraba nerviosa nuevamente, se sentía vulnerable, presa de él y Draco lo sabia.

Por un instante cruzo por su mente mandar todo al demonio y tomarla entre sus brazos, besarla una vez mas y confesarle lo que lo había atormentado desde que la conoció y que tal vez nunca se atrevería a decirle, pero dado que su tiempo estaba contado deseaba hacerlo como una despedida a su niñez y a su adolescencia. Dio un paso hacia ella sin romper la conexión visual y ella se estremeció, sabia lo que vendría y no oponía resistencia ¿Por qué? Se detuvo justo a tiempo, no podía hacerlo, su orgullo, sus principios, pero sobre todo la marca en su brazo se lo impedían.

Forzó una sonrisa de lado, una mueca como las que solía usar antaño, demostrando con ello que nada había pasado o que si paso no le importaba en absoluto.

-¿Paseando sola de nuevo Granger?- pregunto mordazmente. Vio como los músculos de la chica se tensaban y retrocedía un paso. Eso era lo que quería, era lo que necesitaba. Que se alejara de él, que dejara de ser una tentación- ¿Dónde dejaste a Potty y a Wesell? ¿O es que ellos te dejaron a ti?

Draco recordó que desde hacia unos días ella ya no solía pasar tanto tiempo con ellos. Al parecer Weasley tenía una nueva conquista y en cuanto al otro, realmente lo ignoraba y tampoco le importaba.

-Seguramente debe ser eso- continuo- ¿Quién querría estar con una aburrida como tu? Algunas personas si llevan una vida ¿Sabes?

Los ojos de Hermione comenzaron a brillar a causa de las lagrimas que amenazaban con salir a pesar de todos los esfuerzos que ella hacia para evitarlo. Estrecho mas sus libros contra su pecho y paso de largo golpeándolo intencionalmente en el hombro.

-¡Eres despreciable!- le grito furiosa mientras avanzaba casi corriendo.

-¡UH!- se burlo mientras la veía marcharse- al menos no apesto a sangre sucia- le veía mientras se perdía en una esquina.

Entonces se recargo en la pared y se permitió derrumbarse un poco. "Sangre sucia" el no podía decirle "me gustas" tampoco podía decirle "te quiero" ni nada que se le pareciera. Era un Malfoy y cada que lo recordaba aquel apellido le pesaba cada vez mas. Nunca pudo decírselo, en su lugar gritaba "sangre sucia" y con eso trataba de decirle todo lo que le hacia sentir sin que nadie, ni ella, se diera cuenta, sin que nadie le reprochara por ello. "Sangre sucia" "Sangre sucia" "asquerosa sangre sucia" cuando en realidad quería decir "me gustas" "te necesito" "te quiero" pero solo el conocía el secreto. Le dolía verla así, y le dolía que fuera por su causa. Pero ¿Qué podía hacer? Nada bueno podía sacar de el. Lo único que podía hacer por ella era olvidarla de una vez por todas y mantenerla lo mas lejos posible de él, de su mundo y de todo lo que este conllevaba.

- Será lo mejor- no dejaba de repetirse constantemente. Cuando por fin se hubo convencido con sus propias excusas, siguió su camino con la cabeza en alto, como solo un Malfoy seria digno de hacerlo. Tomo las escaleras y se dirigió al séptimo piso, aun había cosas por hacer.

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Bueno, he aquí el otro capitulo espero que le haya gustado. Y si notaron algunas similitudes con el texto original es mera coincidencia… jajaja!!

No, ya en serio. Quise agregar algunas cosas del libro pero desde la perspectiva de Draco, ya que J.k. lo hace desde la de Harry pero aquí el protagonista es Draco así que enfoquémonos en él y como esta sintiendo (el pobrecito).

Quiero agradecer Mrs.yanaLovett (aun no he leído tu historia porque por el momento carezco de tiempo, pero prometo hacerlo en cuanto me desocupe) Silviota (me agrada que veas a Draco mas humano, ese es el fin, verlo como el adolescente que es), alastor82 (no eres mandona, deberías conocer a mi hermana, ella si que presiona) y a dramione16 (gracias, ¿Qué mas puedo decir?)

Nos leemos en el próximo

Rastaban Black