VI. SI LA VIDA TE LLEGO A DESENCANTAR

Si la vida te llego a desencantar,

No estés entristecido, no hay porque enfurecerse;

En el día del dolor es mejor someterse.

Seguro que el de gozo no tardara en llegar.

Nuestro corazón siempre vive en el porvenir,

El presente es inquieto y doloroso;

Todo es momentáneo en nuestro existir

Y todo lo pasado parecerá dichoso.

Alejandro Pashkin

¡ESTOY ARTA DE LOS HOMBRES! Y era lo más decente que Hermione podía pensar sobre ellos. Eso simplemente no era para ella, así de sencillo y si así eran todos no pensaba volver acercarse a uno en lo que le quedara de vida. Total, podría sobrevivir perfectamente sin esos zopencos, si ya lo había hecho hasta entonces ¿Cuál era la diferencia? No le pasaría absolutamente nasa si se libraba de la presencia de algunos, como por ejemplo McLaggen. Rumiaba la chica, mientras intentaba colarse entre el mar de gente que conversaba animadamente en el despacho de Slughorn. Este, había sido ampliado mediante un hechizo especialmente para la reunión: tanto el techo como las paredes estaban adornados con colgaduras verde esmeralda, carmesí y doradas y la luz era rojiza, lo que la ayudo mucho a la hora de escaparse de McLaggen. ¿Cómo se le había ocurrido invitar a este tipo? Debía estar dormida o desesperada para hacerlo. Si, justamente esa era la palabra, "desesperada". En un principio se había planteado la posibilidad de ir con Ron, tal vez por fin se cumpliera el sueño que tuvo desde cuarto en el baile de navidad del torneo. Él llevándola a ella como debía de ser, y bueno aunque este no era una reunión tan espectacular, ni tampoco podía Ron redimirse e invitarla, al menos podrían ir juntos y pasar un momento agradable y bueno, las luces… las bebidas… la música…quizás… ¡Pero no, tenia que salir con Lavender! Hermione nunca había odiado a nadie, y aunque tenía muchas razones para hacerlo con un par de gentes, no era su estilo. Se limitaba simplemente a ignorarlas, pero con Lavender, estaba dispuesta a hacer una excepción.

Sospechaba que la chica sabia sobre sus sentimientos para con Ron, y no porque fuera tan entupida para confesarlos en voz alta, ni muerta. Pero su compañera de cuarto al igual que su amiga Parvati, tenían un sexto sentido para esas cosas y en mas de una ocasión se lo habían preguntado directamente. Por supuesto ella se había apresurado en negarlo. "¿Qué a mi me gusta Ron? Claro que no. Somos buenos amigos y nada más. De que tonterías hablan." Y había defendido esa versión hasta la muerte. Bonita se vería ella admitiéndolo y sometiéndose a ese par de arpías haciendo burlas todo el día a sus costillas o soltando frases indirectas cuando él estuviera presente (costumbre que solían tener con algunas compañeras). ¿Y si el se llegaba a enterar? ¿Y si le decía que a él no le gustaba? Era tan bochornoso que ni siquiera podía imaginarlo Algunas veces él tenía ciertas conductas que le daban pequeñas esperanzas, pero después se comportaba como un entupido y lo echaba todo a tierra. Entonces se repetía hasta el cansancio que eran figuraciones suyas y nada más. Después de todo si él quisiera algo, no seria con Lavender con quien se estuviera comiendo por los pasillos sino con ella.

Aquella imagen la hizo abochornarse. Por supuesto ella no seria tan exhibicionista. Era mucho mas reservada y prefería que la gente no supiera sobre sus sentimientos, si se podía ¡¿Que les importaba, gente morbosa?! Pero a veces era demasiado evidente, como cuando sin pretexto alguno atacara a Ron con una parvada de pequeñas avecillas, pero ¿Qué podía hacer, tragarse su coraje? No era de piedra. Aquella misma noche había soportado una sesión digna de un confesionario entre Parvati y Lavender sobre como se habían dado las cosas con Ron. Sabían perfectamente que ella estaba despierta y sabían de igual manera que seguramente estaba oyéndolas y estrangulando la almohada ¿Y de ser así? ¿Y si Lavender sabia lo que sentía por Ron? ¿Por qué demonios no dejaba de restregárselo en la cara cada que podía? ¡La muy maldita! Por su culpa había tenido un arranque impulsivo y había terminado por invitar a McLaggen solo para darle celos a Ron. Aunque si no sentía nada por ella, no habría forma de dárselos si se ponía a pensarlo. ¿Por qué las relaciones amorosas tenían que ser tan complicadas? ¿Por qué no eran tan fáciles como los hechizos o las pociones en la escuela? ¿O porque maldita sea no había un libro donde viniera explicado en forma sencilla todo lo referente al amor? Todo seria mucho más fácil así. ¿Qué era eso de "te quiero, pero no así"? O de "si te trato mal es porque me gustas", de "amigos con derecho". ¿Quién había inventado esos entupidos términos?

Y luego McLaggen se comportaba como si por el simple hecho de haberlo invitado deseara algo más allá de su simple compañía, que realmente no era muy buena ya que solo hablaba puras sandeces ¿Qué por el hecho de que una chica tomara la iniciativa solo podía significar que estaba desesperada por conseguir otras cosas? ¡Bola de misóginos entupidos! Y de entenderse así ¿Por qué no podían simplemente negarse o comportarse como si nada? ¡Ah, no! ¿Quién eran ellos para resistírsele a una mujer? ¡Idiotas!

La había llevado con mañas hasta situarse "sin querer" debajo de un muérdago y pretendía que lo besara.

-Hermione- dijo nerviosamente- ¿Te has dado cuenta? Estamos bajo un muérdago, ¿sabes lo que eso significa, cierto? Que tenemos que besarnos.

¿TENEMOS? ¿En que maldito manual se estipulaba que un hombre y una mujer que se encontraran situados bajo una ramita estúpida, tenían como obligación someterse a un intercambio inevitable de fluidos bucales? En ninguno (al menos que ella lo desconociera y estaba segura de no que era así, de lo contrario que se lo enseñaran) así que no había ningún "tenemos" y ni un imperius la iba a obligar a hacer lo contrario. Se le había colado debajo del brazo que muy seductoramente colocara en la pared por sobre su hombro para inclinarse hacia ella, y cuando insistió de forma tan descarada como lo había hecho tomando su barbilla y forzándola a permanecer firme mientras él se aproximaba a sus labios, había "sin querer" golpeado con una rodilla en cierta parte de su anatomía obligándolo a soltarla y concentrarse en su dolor.

-Lo siento muchísimo Cormac-mintió aparentando nerviosismo- ¿te lastime? En verdad lo siento, iré a traer algo para el dolor- agrego con una disimulada sonrisa poniendo la mayor distancia posible entre el chico y ella, sin que él refutara. (Dudaba mucho que pudiera hacerlo, de hecho se admiraría si pudiera hacerlo)

¡Nadie! Y recalcaba: ¡NADIE! La iba a besar a ella contra su voluntad. Dejaba de llamarse Hermione Granger si así era. Inesperadamente la imagen de un chico rubio se coló por su cabeza. ¡El otro imbècil de la semana! La había besado impunemente para después pasarse re-huyéndole hasta con la mirada (¿Tan mal había estado?) y al final había optado por insultarla y hacerla sentir peor que una cucaracha aplastada. De acuerdo, él la había besado y ella lo había permitido, pero no se le podía culpar por eso. Se encontraba en una situación de suma vulnerabilidad. "Que lo intentara en ese momento y ya vería lo que le pasaba, no le quedaría ni uno solo de esos blancos y perfectos dientes que tenia (¿Ella había pensado eso? ¡Maldición!)"

-¡Hermione! ¡Hermione!- escucho que alguien la llamaba entre la gente. Se volteo asustada. ¿Era acaso que McLaggen ya se había recuperado e iba por más? Entonces distinguió a un joven de cabellera negra azabache y grandes ojos esmeraldas, acompañado de una chica rubia vestida con una túnica plateada con lentejuelas que llamaba mucho la atención.

-¡Harry!- saludo aliviada-¡Por fin te encuentro! ¡Hola Luna!- saludo a su acompañante. Le sorprendía que hubiera asistido con ella, aunque no sabia si le sorprendía mas aun ver a Luna sin sus pendientes de rábano y el collar de corchos de cerveza de mantequilla.

-¿Qué te ha pasado?- preguntó su amigo observando atentamente su cabeza. Hermione se volvió hacia el lugar donde se situaba una vieja pero reluciente armadura. En su reflejo algo distorsionado contempló su cabellera alborotada y pasó los dedos nerviosamente entre sus caireles tratando de aplacarlos sin mucho éxito.

-Verás, es que acabo de escaparme… Bueno, acabo de dejar a Cormac- se corrigió. Esperaba que Harry entendiera a lo que se refería, no estaba dispuesta a hacerle una detallada descripción sobre la ávida lengua de McLaggen y su exitosa fuga de ella. Pero al parecer por la expresión de Harry, no había entendido nada- Debajo del muérdago- preciso y entonces pareció comprender pues esbozo una sonrisa burlona.

-Te esta bien empleado por venir con él- repuso con aspereza.

-No se me ocurrió nada que pudiera fastidiar mas a Ron- admitió muy a su pesar- estuve planteándome venir con Zacharias Smith. Pero al final decidí que…

-¿Te planteaste venir con Smith?- la interrumpió Harry con una mirada de absoluta incredulidad. Aquello la hizo sentir miserable. Estaba cayendo bajo, muy bajo.

-Si- admitió altivamente, con toda la dignidad que pudo rescatar- y lamento no haberlo hecho, porque, al lado de McLaggen, Gawp es todo un caballero. Vamos por aquí, así lo veremos venir.

Tomaron tres copas de hidromiel y se dirigieron hacia el otro lado de la sala, sin advertir que en ese lugar se encontraba la profesora Trelawney. Afortunadamente Luna comenzó a hacerle plática distrayéndola de ellos dos, lo cual fue aprovechado por Harry para reclamarle una vez más el asunto de McLaggen.

-Aclaremos una cosa. ¿Piensas decirle a Ron que amañaste las pruebas de selección del guardián?- Por un momento se planteo la posibilidad de decir "Si y que". Ya se imaginaba ella gritándoselo a Ron a mitad de una de sus fanfarronerías sobre lo grandioso que era como guardián "si no fuera por mi, estuvieras en la banca, idiota" tal vez así conseguiría que se sintiera miserable, y pasara por un poco de lo que la estaba haciendo sufrir a ella. Tal vez se diera cuenta de lo que había hecho por él (faltar a sus principios por él) y tal vez comenzara a valorarla y tal vez…

-¿De verdad me consideras capaz de caer tan bajo?- fue lo que contesto, aunque no sabia si a Harry o a ella misma.

-Mira, Hermione, si eres capaz de invitar a salir a McLaggen… - repuso mirándola con ironía. ¡Touche!

-Eso es muy diferente- trato de defenderse- no tengo intención de decirle a Ron nada de lo que pudo haber pasado o no en esas pruebas- "seria humillante" pensó.

-Me alegro, porque volvería a derrumbarse y perderíamos el próximo partido.

-¡Dichoso quidditch!- se encendió Hermione- ¿Es que a los chicos no les importaba nada mas? Cormac no me ha hecho ni una sola pregunta sobre mí. Que va, solo me ha soltado un discursito sobre las cien mejores paradas de Cormac McLaggen- entonces le pareció percibir la figura del chico dirigiéndose hacia ella- ¡Oh, no! ¡Viene hacia aquí!- se esfumo tan rápido que ni con la desaparición lo hubiese conseguido con tanto éxito.

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Draco se encontraba tendido en su cama. Sobre su pecho descansaba un ejemplar de "cien hechizos para reparar" que consiguió en la biblioteca. En ese último trimestre había tratado con todo, incluso con libros de "hágalo usted mismo" y "mecánica muggle, "mecánica muggle", si eso no era desesperación no sabia que podía serlo. Ni siquiera conocía el significado de la palabra mecánica.

Dentro de la mochila y bajo la cama, al igual que en su baúl, librero y guardarropa personal, estaban decenas de libros de todo tipo, algunos incluso prohibidos por Hogwarts y el Ministerio. Ese trimestre había leído más libros que en toda su condenada vida. Y sin embargo no tenia ni una jodida idea de cómo reparar esa cosa o como acabar con el vejete sin verse implicado.

Había fanfarroneado en un principio con sus compañeros, les había hecho insinuaciones sobre su situación de mortífago y había alardeado acerca de lo que haría cuando saliera del colegio (asegurando que seria antes de lo pensado). Aquella idea lo hacia sentirse mayor, poderoso, importante, superior a aquellos chiquillos cuya única preocupación eran los EXTASIS, y bueno, realmente sus preocupaciones si eran mucho mas angustiantes que pasar los exámenes, pero en aquel entonces no lo veía así. Para él era un reto, una manera de demostrar su valía, de medirse junto a su padre y demostrar que podía dar el ancho sin él cuidándole la retaguardia, de comportarse como el patriarca de la familia (ya que el verdadero estaba ausente) y resolver la situación por muy complicada que esta fuera, vamos hasta su tía le había alabado su entereza y determinación consiguiendo con esto inflar su ego. Posteriormente se dio cuenta de la magnitud de la situación y le dio terror, si fuese tan fácil asesinar al mago mas respetado y poderoso de Inglaterra, no estuviera con vida después de enfrentarse a Grindelwald o al mismísimo señor oscuro el verano pasado. Además no estaba preparado para hacerlo, simplemente no se veía como un asesino, como un Mortìfago, por más que alardeara de estar en las ligas mayores. Bueno, en una cosa no había mentido, lo consiguiera o no, era muy probable que no volviera a Hogwarts el siguiente año.

Los primeros meses creyó que la tendría fácil pero no fue así, el primero obstáculo se lo topo cuando no encontró el armario evanescente en el que habían encerrado a Montague el año anterior y tuvo que recorrer todo el colegio en su búsqueda sin dar con el. No le quedo mas que secuestrar temporalmente a Filch para sacarle la información "por la buenas" de la forma mas rápida y menos llamativa posible. Debía reconocer que a pesar de que su tía Bella lo había instruido en el arte de la tortura, no era algo que el deseara emplear a menos que fuese estrictamente necesario, así que se las tuvo que ingeniar para conseguir veritaserum del armario de Slughorn y una vez que confeso, le borro la memoria para evitar ser descubierto. Conforme pasaban los meses se daba cuenta de que no conseguía hacerlo funcionar por ningún medio mágico o manual. La desesperación se apodero a tal grado de él que bajo la guardia en algunas ocasiones y casi se le sale confesarle su situación a Pansy. Incluso había sido castigado por Mcgongall por olvidar entregar la tarea un par de veces, excusa que le vino perfecto de coartada cuando sucedió lo de Katie Bell.

Aquello había sido un error y tenia que reconocerlo pero estaba desesperado. Había intentado acercarse a Dumbledore infinidad de veces tratando de encontrar un flanco débil, pero no tuvo éxito. Lo único que se le ocurrió fue aquel collar que viera en Borgin y Burkes, y le escribió para que se lo llevara personalmente a Hogsmeade, el problema era que el no podía salir. Tuvo que confesarle a Crabbe y a Goyle sobre el plan, aunque por supuesto no había sido tan estúpido para decirles que pensaba matar a Dumbledore pero si que necesitaba que atacaran a Rosmerta y le dieran un galeón hechizado por él y un paquete que les entregaría Borgin a las afueras del pueblo. No de muy buena gana obedecieron sus órdenes. Desde que su padre entrara en Azkaban aquellos dos habían dejado de complacerlo y alabarlo. Lo seguían de igual forma pero Draco suponía que era por conveniencia, sin embargo la relación entre ellos tres había cambiado radicalmente, solían criticarlo a sus espaldas y le enviaban miradas despectivas cada que podían.

Era cierto, nunca fueron amigos, los Malfoy no sabían que era eso y dudaba que otras familias de sangre pura lo supieran. Nunca confió en ellos y ellos nunca confiaron en él pero continuaban juntos porque así convenía. Su padre había dicho un día que los amigos eran siempre una molestia innecesaria, que no los necesitaba, lo mejor era rodearse de personas que favorecieran a sus intenciones y fiel a las palabras de su padre así lo había hecho.

Cuando conoció a Potter realmente deseo acercarse a él, había escuchado tanto sobre su derrota al señor oscuro que le daba curiosidad saber como era. Su padre había asegurado que estaba bajo la maldición imperius y que solo obedecía sus ordenes por ello, así que por ende, el que ese niño hubiera derrotado a un ser tan malvado y hubiera dejado en libertad a su padre lo convertía en un héroe para él, un niño de once años. Cuando rechazo su amistad sintió un golpe bajo y una desilusión que siempre se negó a reconocer, así que lo convirtió en rivalidad y odio. Deseaba que ese ser se sintiera tan miserable como fuera posible y que se arrepintiera de no ser amigo de Draco Malfoy, pero nunca lo consiguió. Después, al ver que el trío dorado pasaba de un año a otro, juntos, protegiéndose, salvándose mutuamente sintió envidia, una que antes él nunca conoció y deseo que esa "amistad" se destruyera a como diera lugar pero nunca paso. Cuando sucedió lo de la cámara de los secretos estaba seguro que ese trío terminaría, lo primero que harían seria salvar cada quien su pellejo (como le habían enseñado a hacer a él) y sin embargo se arriesgaron por salvar a "la Weasley" y a Granger, cosa que ni Crabbe ni Goyle harían por él ni obligados y entonces no le quedo mas que aceptar que esa extraña unión era algo real y desinteresada lo que lo llevo a conocer un concepto que jamás entendería muy bien: "amistad".

Y ahí estaba él, solo con un enorme problema, sintiéndose miserable y sin tener a alguien a quien confesárselo o a quien recurrir por ayuda. Estaba jodido. Cerró el libro y se estiro como un gato. Después se puso de pie y se dirigió hacia su baúl donde yacían sus cosas perfectamente acomodadas para una mejor ubicaron en caso de necesitarlo. Tomo un pequeño cofre donde solía guardar sus cosas importantes (lejos de las manos curiosas) y tomando una llave que colgaba de su cuello bajo su ropa, la introdujo en la cerradura y la abrió. Rudimentario tal vez, algunos dirían que bastaría con envolverla en un par de hechizos en lugar de traer a cuestas la llave, lo que ellos no sabían era que el cofre contenía una infinidad de hechizos cuyos contra-hechizos ni él conocía, solo la llave. Saco un galeón de su interior, lo guardo en su pantalón y regreso el cofre al baúl. No tenía más remedio que contactar a Burgin para que siguiera auxiliándolo.

La puerta de la habitación se abrió de un golpe dejando entrar a Zabini proveniente del baño. Lucia mucho mas arreglado de lo habitual e incluso pudo percibir un ligero aroma a loción. Entonces Draco recordó que esa noche se llevaría a cabo la fiesta de navidad de Slughorn y sintió una espinita por no haber sido invitado. Hasta eso había cambiado, antaño todos deseaban codearse con los Malfoy y no había reunión al que no fueran incluidos como invitados principales y ahora… ¡Maldita sea!

-Pensé que no irías a la fiesta de ese ¿Cómo lo llamaste? "Vejete gordo y aburrido"- soltó Draco tratando de burlarse de Blaise, este solo se encogió de hombros tratando de mostrar indiferencia y siguió alistándose.

-Siempre es bueno fomentar relaciones que pueden servirte en un futuro. - dijo mirándolo a través del reflejo en el espejo. Draco sonrió tristemente, su padre no lo habría dicho mejor- Mucha gente importante va a asistir- añadió su compañero mofándose con esto de su situación. Draco sabia lo que intentaba decirle, restregarle en la cara que los Malfoy ya no eran esa clase de personas. Sintió que la sangre fluía hirviendo hacia su cabeza, en otro tiempo Zabini tendría más cuidado con sus palabras, o de lo contrario lo hubiera lamentado. Pues bien, los Malfoy siempre serian gente "importante" a diferencia toda esa sarta de entupidos que solo fingían serlo por el hecho de conocer "gente distinguida". Los Malfoy eran lo que eran no porque tuvieran muchas influencias, o porque se codearan con las altas esferas, lo eran simplemente porque habían nacido para serlo y es era un concepto que entupidos como ellos jamás entenderían. Podrían caer, enlodarse, encontrarse en malas rachas como la que estaban pasando por ese momento, pero siempre salían a flote y con la cabeza muy en alto, ya se los demostraría a todos, el rescataría el honor de su familia y entonces que se atrevieran a humillarlos, escupiría sobre sus tumbas. Que disfrutaran, llegaría su momento.

- ¿No lamentaras no haber sido invitado o si?- le instigo Zabini burlándose abiertamente de él. .

-Me quita el sueño de solo pensarlo- agrego con sarcasmo y se dirigió a la salida- que te diviertas en tu zoológico- concluyo y salio de ahí antes de que terminara por lanzarle un maleficio.

Se encamino hacia el séptimo piso en dirección a la sala de los menesteres. Pronto saldrían de vacaciones y tenia que llevar al menos un avance o de lo contrario pasaría una muy mala navidad con su tía Bella. Doblo en un recodo sin precaución, el colegio se encontraba a solas, ya fuera por el toque de queda o por la fiesta del gordo ese. Tarde se dio cuenta de su error cuando al salir al pasillo se topo de frente con Filch.

-Miren quien no esta en su cuarto esta noche- dijo acariciando a su gata la cual llevaba en brazos y maullaba como si le contestara- alguien será castigado severamente señora Norris- sonrió sádicamente con sus dientes amarillentos y coloco a su gata en el suelo

-¿Ah, si?- dijo de forma altanera- ¿y se puede saber quien lo hará? Porque no veo por aquí a ninguna autoridad para hacerlo

-¡Mocoso insolente!- gruño Filch- esta prohibido andar a estas horas fuera de la sala común sin permiso

-¿Y como puede asegurar que no lo tengo, viejo estúpido?

-Ya lo veremos- lo tomó del brazo y comenzó a remolcarlo por el pasillo.

-¡Quíteme sus asquerosas manos de encima!- le grito zafando su brazo en un movimiento brusco que casi derriba al conserje- ¡No sabe con quien se esta metiendo!

-¡Con un infractor, es lo único que me interesa! Los únicos que tienen permiso de estar fuera son los invitados del profesor Slughorn

-Yo soy uno de ellos grandísimo idiota- Filch titubeo dudándolo por un instante, entonces como si encontrara un hueco en su defensa sonrió satisfecho

-Este es el séptimo piso, la reunión se encuentra en las mazmorras ¿no estas algo lejos?- ¡Demonios! No había contemplado eso, tenia que pensar en un pretexto y rápido ¡Maldita sea! Su cerebro se había trabado al igual que su lengua "piensa" se ordeno repetidamente "piensa"- yo iba… eh… me perdí- el conserje lo miro atentamente como sopesando la veracidad de sus palabras.

-Una serpiente que se pierde en sus propias mazmorras ¿Crees que soy estúpido? vamos- concluyo tomándolo por una oreja sin la intención de soltarlo y lo arrastro hacia las escaleras

-¡Aguarde!- se quejo por el dolor que las garras del vejete le aplicaban a su oreja- ¡Suélteme! ¿Qué pretende?

-Vamos a comprobar si dices la verdad y si no…- Draco se aterrorizo ante la perspectiva de quedar en ridículo. No podía ser, todos lo verían tratando de colarse en la fiesta. Lo harían verse como un patético fracasado. No podía permitirlo, tenia que encontrar la forma de chisparse de Filch. Hechizarlo seria una opción, pero prefería no tener que hacerlo, después de lo de Bell, tenia que ser más cuidadoso. Incluso el estúpido de Potter comenzaba a sospechar de él. Si atacaba al conserje a medio pasillo podría ser descubierto, pondría a todo él colegio en pánico, comenzarían a sospechar y restringirían mas las normas de seguridad lo cual afectaría en el momento de colarse a la sala de los menesteres. ¿Pero entonces que podía hacer?

El camino pareció acortarse de repente y cuando menos lo pensó ya estaban ahí. Filch comenzó a abrirse paso hasta el profesor de pociones que se acompañaba de Snape y Potter entre otros. Las cosas no podían ser más humillantes.

-Profesor Slughorn- dijo Filch excitado ante la posibilidad de castigar a un estudiante, al que fuera, incluso él, antes no se hubiera atrevido a tocarlo o se las vería con su padre- he descubierto a este chico merodeando por un pasillo de los pisos superiores. Dice que venia a su fiesta pero que se ha extraviado ¿Es verdad que esta invitado?- ¡Por Merlín y todos los magos del mundo!, quería que la tierra se abriera y lo tragara, quería ser invisible, quería que fuese un sueño. No podía soportar la sonrisa burlona de cara rajada y su mirada de superioridad, ni mucho menos los ojos de su padrino escrutándolo. Lo único que le quedaba era tomar las cosas con la mayor dignidad posible. Se soltó de un tirón y encaro a los presentes.

-¡Esta bien, no me han invitado!- reconoció a regañadientes- Quería colarme ¿Satisfecho?- ¿Qué mas le quedaba decir? ¿Qué estaba atentando contra el director y el colegio en pleno y que lo que menos le interesaba era la absurda fiesta de ese profesor fofo?

-¡No, no estoy nada satisfecho!- repuso Filch- ¡Te has metido en un buen lió, te lo garantizo! ¿Acaso no dijo el director que estaba prohibido pasearse por el castillo de noche, a menos que uno tuviera un permiso especial? ¿Eh, Eh?

-No pasa nada Argus- lo apaciguo Slughorn- es navidad, y querer entrar en una fiesta no es ningún crimen. Por esta vez no lo castigaremos. Puedes quedarte Draco

Filch le regalo una mirada asesina a Draco, aquello no se quedaría así, era una promesa silenciosa que él comprendió. Se dio la vuelta decepcionado y murmurando una retahíla de insultos y promesas por lo bajo, mientras Draco resoplaba con irritación. ¡Perfecto! ahora tenía que quedarse ahí en lugar de estar trabajando en el armario. Se había salvado, era verdad, pero nunca se sintió tan humillado.

-Gracias profesor- se obligo a decir mostrando todo el encanto que antaño le sirviera tanto, por dentro estaba que se quería morir pero no lo haría delante de Potter.

-No tienes que agradecerme nada- dijo Slughorn- ahora que lo pienso, creo que si conocí a tu abuelo…

-Él siempre hablaba muy bien de usted señor- se apresuro a agregar Draco. En su vida había escuchado a un Malfoy referirse bien de alguien ya que para ellos, todos eran seres inferiores y patéticos, pero también sabían cuando tenían que alabar para sacar mejores beneficios y esa era una ocasión, si tenia que mentir pues…- aseguraba que usted preparaba las pociones mejor que nadie.

Slughorn sonrió complacido, tal vez si lo alababa lo suficiente podría sacar algunos beneficios, ya tendría la oportunidad de despegarse un poco de él en el transcurso de la fiesta sin que lo notara y volver a lo suyo.

-Me gustaría hablar un momento contigo, Draco- interrumpió Snape haciendo que se le erizara la espalda, eso no auguraba nada bueno.

-¿Ahora Severus?- intervino Slughorn- estamos celebrando la navidad, no seas demasiado duro con…

-Soy el jefe de su casa y yo decidiré lo duro o lo blando que he de ser con el- lo corto Snape con aspereza.- sígueme Draco

Snape avanzo ente la gente ondeando su capa mientras Draco lo seguía. Estaba enfadado, aun bajo aquella masca impasible, sabia que estaba furioso, solo alguien que lo conociera tanto como él podía saberlo y temerlo. Pero ya no era ningún niño, es mas podría decirse que casi eran colegas. De acuerdo, no dejaba de ser su padrino, su profesor y el jefe de su casa, pero aun así no estaba dispuesto a mostrar debilidad.

Snape abrió la puerta de su despacho y se hizo a un costado para dejarlo pasar. Después de que la hubo cerrado de un fuerte portazo que hizo saltar a Draco, se encamino hacia su escritorio donde lo contemplo de pie frente a él.

-¿Qué crees que estas haciendo?- soltó por fin gritándole- Primero lo del collar y ahora esto ¿En que estas pensando?

Draco bajo la mirada como cuando era un niño. Aquello no lo enorgullecía. Había dañado sin querer a una compañera, que aunque era Griffindor y una rival en el quidditch, nunca había sido su intención lastimarla. No quería que nadie saliera herido, solo quería cumplir su misión y que todo terminara ¿Y si hubiera sido ella? ¿Y si la que hubiese salido lastimada hubiera sido Hermione? No, no quería ni imaginárselo. Jamás se lo hubiera perdonado. Se había precipitado sin haber pensado bien las cosas y se lamentaba cada minuto por ello. Pero ya estaba arto de que a la menor oportunidad se lo estuviera recordando.

-¡Esto no es un juego! No puedes cometer errores, Draco, porque si te expulsan…

-Yo no tuve nada que ver, ¿Queda claro?- y en cierta forma así había sido, no porque el no lo haya entregado sino porque no obligo a la chica a tomarlo, aunque aquella excusa que se repetía constantemente no lo convencía ni a él. Aun así, lo negaría hasta la muerte.

-Espero que estés diciéndome la verdad, porque fue algo torpe y descabellado. Ya sospechan que estuviste implicado.

-¿Quién sospecha de mi?- pregunto con enojo, aunque por dentro se encontraba terriblemente asustado, no quería terminar en Azkaban como su padre por nada del mundo. Snape le había dado una buena cuando sucedió lo de Bell y le había dicho que Potter le había soltado a la profesora McGonagall que podría tratarse de él aunque no le habían creído. Pero si lo hacia un profesor eso ya era distinto- por ultima vez, no fui yo, ¿de acuerdo? Katie Bell debe tener algún enemigo que nadie conoce ¡No me mire así! Ya se lo que intenta hacer, no soy un tonto, pero le advierto que no dará resultado- le grito cuando sintió la intromisión de su padrino dentro de su cabeza. Tenia demasiados secretos que no deseaba que él conociera- ¡Puedo impedírselo!

-Vaya, ya veo que tu tía Bellatrix te ha estado enseñando Oclumancia- dijo Snape con mas clama- ¿Qué pensamientos pretendes ocultarle a tu amo, Draco?- "Amo" esas palabras resonaron en su mente haciendo eco en su intranquilo corazón…"Amo"... ¿En que se había convertido? ¿En que lo estaban orillando a convertirse? en un simple sirviente que tenia que obedecer sin "chistar". Él que siempre había menospreciado a los Elfos domésticos ahora se veía convertido en uno…muy a su pesar ¿Dónde estaba su orgullo? Era irónico que su padre le enseñara a jamás bajar la cabeza ante nadie, que su supremacía era incuestionable tras siglos de "Sangre Pura" ¿De que le servia ese linaje ahora? ¿De que le servia ser un Malfoy ahora? De nada… solo para lamerle las botas a un mago cuyo nombre no conocía y cuyo sobrenombre no podía ni pronunciar en voz alta ¿Podría caer mas bajo?

-¡A él no intento esconderle nada, lo que pasa es que no quiero que usted se entrometa!

-Por eso este año me has evitado desde que llegaste a Hogwarts ¿No? ¿Temías que me entrometiera? Supongo que te das cuenta, Draco, de que si algún otro alumno hubiera dejado de venir a mi despacho después de haberle ordenado yo varias veces que se presentara…

-¡Pues castígueme! ¡Denúncieme a Dumbledore!- lo desafió a un milímetro de la desesperación. Realmente lo deseaba, tal vez así acabara aquel martirio. Snape se relajo al ver a su ahijado temblar de la manera como lo hacia. Soltó un suspiro y declaro:

-Sabes muy bien que no haré ninguna de esas cosas

-¡En ese caso, será mejor que deje de ordenarme que vaya a su despacho!- Estaba arto...arto y cansado ¿Por qué la vida se había vuelto tan cruel? "¿Por qué a mí?" Era una de sus frecuentes preguntas. ¿Por qué no solo por esa vez podía dejar las cosas en manos expertas? Sentía una sensación de desamparo que le congelaba el alma.

-Escúchame- dijo Snape en un tono mas bajo y rodeo el escritorio hasta sentarse en el borde de este, frente a Draco- yo solo intento ayudarte. Le prometí a tu madre que te protegería. Pronuncie el Juramento Inquebrantable…

¡¿Qué?! Aquella última confesión realmente lo enfureció. Su madre…su propia madre desconfiaba de él, de su capacidad. Que irónico que fuese precisamente ella…ella que nunca lo dejo renunciar ante un reto, ella que le había grabado en la mente que la palabra "no puedo" era solamente para perdedores…ella que sabia a la perfección las ordenes del El Señor Oscuro de no aceptar ayuda de Snape…ella que tuvo que curarlo después de haber pasado por una docena de Cruciatus como advertencia de lo que le esperaba si lo hacia (porque en el fondo Él sabia que el aprecio que Snape le tenia, lo obligaría a intervenir) ¿y aun así lo había traicionado?.

-¡Pues mire, tendrá que romperlo porque no necesito protección! Es mi misión, él me la asigno y voy a cumplirla. Tengo un plan y saldrá bien, solo me esta llevando mas tiempo del que creía.

-¿En que consiste tu plan?

-¡No es asunto suyo!

-Si me lo cuentas, yo podría ayudarte…

-¡Muchas gracias, pero tengo toda la ayuda que necesito, no estoy solo!

-Anoche bien que estabas solo cuando deambulabas por los pasillos sin centinelas y sin refuerzos, lo cual fue una tremenda insensatez- se exaspero Snape- estas cometiendo errores elementales…

-¡Crabbe y Goyle me habrían acompañado si usted no los hubiese castigado!- le grito. Sabia que lo había hecho a propósito, trataba de acorralarlo para que recurriera a él. ¿Seria tan difícil de adivinar que si no le pedía ayuda no era porque no la necesitara? ¿Qué si en alguien confiaba era en él? tal vez en la única persona en la que podía hacerlo en estos momentos, pero no podía. ¡Maldita sea! ¡NO PODIA! La vida de su madre estaba en juego.

-¡Baja la voz! Si tus amigos Crabbe y Goyle pretenden aprobar Defensa Contra las Artes Oscuras este curso, tendrán que esforzarse un poco más de lo que demuestran hasta aho…

-¿Qué me importa eso?- lo corto Draco- ¡Defensa Contra las Artes Oscuras! ¡Pero si es una mentira, una farsa! ¡Por favor! ¡Como si alguno de nosotros necesitára protegerse de las artes oscuras!

-¡Es una farsa, si, pero crucial para el éxito, Draco! ¿Dónde crees que habría pasado yo todos estos años si no hubiera sabido fingir? ¡Escúchame! Es una imprudencia que te pasees por ahí de noche, que te dejes atrapar, y si depositas tu confianza en ayudantes como Crabbe y Goyle…

-¡Ellos no son los únicos, hay otra gente a mi lado, gente mas competente!

-Entonces ¿Por qué no te confías a mi y me dejas…?

-¡Se lo que usted se propone! ¡Quiere arrebatarme la gloria!- grito sin pensar, tenia que inventar una excusa del porque no confiaba en él cuando siempre lo había hecho, no se le ocurrió otra mejor.

-Hablas como un niño majadero. Comprendo que la captura y el encarcelamiento de tu padre te haya afectado, pero… - Draco no lo dejo terminar, inesperadamente su profesor salio despedido por una fuerza invisible hacia atrás, chocando con la pared tras el escritorio. Jamás se había sentido tan furioso, no había tenido un arranque mágico de tal magnitud desde antes de entrar a Hogwarts, pero aquello ya había sido demasiado. Había tocado un punto sensible al referirse a su padre. Sintió que su cuerpo temblaba por la ira acumulada, por la desesperación que a penas si lo dejaba pensar y por un cúmulo de lágrimas que amenazaban con salir. Se puso de pie, agitado. Y sin dejarlo terminar salio del despacho deseando huir de todo. Se alejo a zancadas por el pasillo y se perdió en las penumbras.

Los ojos le escocían a causa del llanto contenido y su garganta se obstruía por las emociones formando un nudo en ella. "un Malfoy no llora" se repetía mientras casi corría "un Malfoy no llora", "un Malfoy no llora", "UN MALFOY NO LLORA". Su padre le había enseñado eso desde que era un niño y se había encargado de cincelarlo en su cerebro. El amaba a su padre, siempre creyó en él, le creyó cuando le juro que no había tenido nada que ver con los Mortífagos, le creyó cuando le viera la marca por primera vez y le asegurara que lo habían obligado a llevarla, le creyó cuando juro que no había matado a nadie y que las aberraciones que hizo las había cometido bajo un imperius. ¿Y que había pasado? Que cuando ese bastardo regreso no dudo ni un segundo en volver a seguirle. Volvía a ser lo que era, lo que nunca dejo de ser… un infeliz mortífago y esta vez no había pretextos ni excusas, esta vez lo había hecho por propia voluntad.

Simplemente no podía más. El desgraciado de su padre había fallado y por su estupidez su madre y él tenían que pagar las consecuencias. Sintió tanto desprecio por él… tanto asco, toda la admiración que siempre le tuvo se había ido irremediablemente a la mierda. Su ídolo, su ejemplo a seguir ya no existía más, se había derrumbado ante sus ojos. Y le dolía…le dolía por que con él se iban también su inocencia…su niñez…su esperanza en un futuro. Él no quería ser como su padre, no quería ser un maldito mortífago, no quería matar, él no era un asesino, ¡NO LO ERA! Sin poder evitarlo las lágrimas fluyeron hasta sus mejillas y cayeron por su barbilla hasta un lavabo sucio y viejo. No sabía como había llegado al baño de Myrtle la llorona pero ahora que se encontraba aferrado al lavabo como si fuera su tabla de salvación. Veía su reflejo en el espejo estrellado y sucio, se veía temblar, parecía un fantasma, ese no era él, no podía ser él. ¿Dónde estaba Draco Malfoy? ¿A dónde se haba marchado el orgulloso, el inquebrantable carácter? ¿Dónde? Se dejo caer en el suelo aferrando sus rodillas con sus brazos y hundiendo su cabeza; sintiendo como ese caudal de sentimientos reprimidos comenzaban a desbordarse por las fisuras de su alma desquebrajada. Se sentía tan perdido, tan solo…tan miserable que no reprimió ese llanto que salía como un torrente desbocado.

-¡No quiero hacerlo! ¡No puedo! Tengo miedo- berreaba entre convulsiones e hipidos. Estaba desesperando, ¿Cómo podría el matar así, con esa sangre fría que caracterizaba a los Mortífagos? El no podía ser uno de ellos, eso era una pesadilla.

-¿Por qué estas llorando?- escucho la voz de una chica que lo sobresalto. Comenzó a buscarla con la mirada por todas partes hasta que reparo en la figura traslucida que lo observaba con curiosidad desde uno de los retretes. Draco se incorporo y seco rápidamente su rostro con la manga de la túnica.

-Yo no estoy llorando- declaro agriamente, lo que menos necesitaba era ser cuestionado por un ser sin vida.

-Si lo hacías. Te vi muy bien, pero no importa. No eres la única persona que viene aquí a hacerlo. Yo solía hacerlo también hasta que morí, en este mismo retrete precisamente.

-¿Tu…?- quiso preguntar Draco, tal vez solo para desviar su atención de él, tal vez solo por curiosidad, nunca había hablado con el fantasma de un estudiante del colegio, todos los fantasmas eran personas mayores que habían vivido hace siglos, no alguien tan "cercano" a su realidad.

-Mis compañeros solían hacerme burla por mis anteojos y por mi forma de ser- confeso la chica- No tenía a nadie que me defendiera, no tenia a nadie con quien hablar, me sentía tan sola, así que venia aquí a desahogarme. ¿Tú también te vienes a desahogar? ¿También te sientes solo?- pregunto la fantasmita a lo que Draco solo guardo silencio - ¿no tienes a nadie con quien hablar?- Negó con la cabeza mientras su mirada se clavaba en el suelo húmedo del baño- ¿se meten contigo también?- agrego casi ilusionada con su miseria. Draco recordó los desplantes de Goyle, Crabbe y Zabini y de cómo lo miraban sus compañeros después de saber que su padre era un mortífago, los comentarios hirientes que hacían a sus espaldas y que se tenía que tragar, asintió muy a su pesar, no se hubiera podido describir mejor en ese momento. Se acomodo la túnica y se encamino a la puerta del baño- ¡Espera!- lo detuvo apareciendo frente a él- ¿ya te vas? ¿Por qué? ¿Dije algo malo?

-No solo…- ¿Qué le iba a decir? Que era la platica mas honesta que había tenido en su vida y le daba escalofrió que fuera con un fantasma, ella estaba muerta y él se sentía terriblemente identificado con ella lo cual no le auguraba nada bueno- yo solo… tengo que irme ya- agrego amablemente, como nunca antes.

-¿Volverás algún día?

-Tal vez- dijo por decir, no estaba seguro de si deseaba hacerlo o no. Traspaso su cuerpo incorpóreo y abrió la puerta- no le digas a nadie que sostuvimos esta conversación- agrego sin volverse

-No lo haré, lo prometo- afirmo entusiastamente la fantasma mientras él se retiraba.

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Estaba harta, no podía definir lo que sentía de otra manera. Estaba harta. ¿Es que acaso no entendía las indirectas? Si lanzarle un Confundus podía catalogarse como indirecta. El pobre había terminado besando apasionadamente la pared, hasta lastima daba. Era la segunda vez que se veía en la necesidad de hacerlo, y si seguía comportándose como un reverendo idiota terminaría por convertirse en uno realmente con tantos ataques de su parte.

Sabia que no estaba bien lo que hacia. Ella lo había invitado y luego había pasado toda la noche escondiéndosele, pero que más daba. Mañana partiría muy temprano hacia su casa y se olvidaría por completo de los chicos y sus impredecibles e incomprensibles formas de ser. Eso seria un agradable respiro.

Unos pasos se escucharon por el pasillo poniéndola en alerta. Por un recodo doblo una alta y elegante figura que avanzaba en dirección a ella. Parecía un fantasma tan delgado y pálido pero aunque el corredor se encontraba en penumbras supo bien de quien se trataba, incluso antes de que estuviera cerca de ella. Draco Malfoy, con la cabeza agachada y su mirada acerada clavada al piso caminaba sin percatarse de la presencia de la chica. Esta se detuvo de pronto. Sus piernas no pudieron dar un paso más y un extraño cosquilleo ronroneo por su cuerpo presa de los nervios.

Draco se detuvo a unos pasos de ella. Levanto la mirada y se topo con un par de orbes brillantes color miel. Lo contemplaba con desconcierto y curiosidad y aquella mirada lo desarmo por completo haciéndolo estremecer. No podía ser, solo eso le faltaba, toparse con Granger en una muy penosa situación para él. Pero primero muerto que demostrar debilidad, sobretodo frente a ella.

-¿Qué?- dijo con toda la indiferencia de la que fue capaz. Trato de que los nervios no lo delataran pero sus manos le sudaban y su garganta se reseco, aun así no iba a delatarse otra vez.- ¿Qué diablos estas mirando, sangre sucia?

La chica salió de la pasividad al escuchar una vez más aquel ya común adjetivo con el que solía insultarla. Frunció el seño y busco entre su túnica su varita, realmente no estaba de humor para que ahora ese tipo viniera a desgraciarle su ya de por si fastidiosa noche. Apenas la hubo desenfundado cuando Malfoy ya la había interceptado agarrándola fuertemente por la muñeca y obligándola a bajarla.

-¿Pero que te…?- iba a reclamar cuando cayo en cuenta sobre la hinchazón que presentaba Malfoy bajo sus ojos grises y no pudo continuar- ¡Estas llorando!- exclamo impresionada, jamás lo había visto llorar de verdad, solo fingía que lo hacia para manipular a las personas, como cuando lo ataco el hipogrifo o cuando la blodger lo tiro de la escoba en segundo año. Pero ahora era diferente, lo sabía y Draco también, por un momento pensó que la asesinaría pues sus ojos se endurecieron como un par de afilados aceros. Instintivamente retrocedió un paso chocando en su huida contra la pared. Inesperadamente Draco soltó una carcajada muy lejos de aquella típica mueca que asemejaba a una sonrisa y la desconcertó.

-¿Me tienes miedo, Granger?- le soltó sin parar de reír.

-Yo no… quiero decir… jamás… tu no… no me inspiras ningún miedo- titubeo mientras el rubio se le acercaba lentamente y extendía su brazo por encima de su hombro apoyándose en la pared para inclinarse hacia ella envolviéndola con su excitante aroma.

-¿Ah, no?- sonrió de lado de una forma que odiaba pero que en aquella ocasión le pareció simplemente seductora- dime entonces ¿Qué es lo que te inspiro?- Hermione trago saliva "¿Te digo?" pensó muy adentro, para después obligarse a arrancarse esa idea de la cabeza. ¿Qué le estaba pasando? Su cerebro simplemente se había desenchufado y no podía pensar en nada, solo sentir y lo que sentía jamás lo había sentido, era agradable, excitante, descabellado pero no podía resistirse.

Draco podía sentir el pulso acelerado a través de su muñeca lo cual lo emocionaba terriblemente. Llevo su mano hacia su rostro y acaricio sus mejillas sonrosadas con el dorso de la mano haciéndola estremecer. Temblaba ligeramente bajo él, aunque hacia todo el esfuerzo para aparentar autocontrol. Tomo firme y a la vez delicadamente su barbilla para obligarla a verlo a los ojos y aprovecho para deslizar su pulgar por sus calidos y suaves labios de forma lenta. Giro la vista hacia arriba casi sin pensarlo y contemplo un pequeño ramito con flores blancas pendiendo del techo

-Muérdago- sentencio como si supiera de lo que estaba hablando y no como si su mente hubiese escapado de ella, cosa que sin duda había hecho desde que lo vio acercarse- ¿sabes lo que eso significa, Granger?- agrego en un susurro mientras acercaba su rostro a unos centímetros del de la chica- que voy a tener que besarte.

Draco rozo los labios de Hermione con los suyos como tanteando el terreno. Suponía que lo aventaría y que esta vez si lo hechizaría, pero no opuso resistencia, en lugar de eso se había limitado a entreabrirlos de manera casi automática mientras cerraba los ojos. Draco interpreto aquello como una invitación y se adentro en su boca acariciando con su lengua cada rincón de ella y bebiendo las mieles de sus labios, llenándose nuevamente de una vida que le había sido arrebatada. Hermione sintió que sus rodillas temblaban y que de un momento a otro perderían toda fuerza y la dejarían caer. Draco pareció presentirlo y bajo la mano con que se apoyaba en la pared y la deposito en su cintura atrayéndola hacia su cuerpo que palpitaba con cada partícula del calor que despedía la castaña. Hermione soltó la varita sin darse cuenta y se aferro al pecho de Draco como si temiera perderse si no lo hacia. El corazón del chico se desbordo de la emoción ante aquel gesto y profundizo el beso hasta convertirlo en una cadencia apasionada que les roba el aire y el alma .Era como si después de la tormenta que acababa de vivir el cielo se abriera trayéndole un rayo de esperanza a su entristecida vida.

Lentamente fue despegando sus labios de los de ella pero sin negarse a abrir los ojos por el temor de que todo fuese un sueño. Quería seguir así, prolongando el momento lo más posible y recargo su frente en la de ella aferrando aun a su cintura.

Lentamente la cordura comenzó a volver a Hermione. ¿Por qué había hecho eso? Ella quería a Ron, no tenia duda de ello. Entonces ¿Por qué no podía resistirse a él? ¿Que tenia que la hacia olvidarse de todo? Le estaba siendo infiel a Ron con Malfoy. ¡Con Malfoy! Y sin embargo hacia mucho que no se sentía de esa manera, es mas, dudaba que se hubiese sentido así antes. Podía percibir el aroma de Malfoy extasiando sus sentidos y envolviendo su cuerpo. Su aliento fresco sobre su rostro y sus labios palpitando una vez más como no lo habían hecho ni con Víctor ¿Por qué? ¿Era acaso una broma de mal gusto?

-¿Por qué?- susurro sin darse cuenta. Apenas unos minutos antes la había llamado Sangre sucia ¿Qué pretendía?

-¿Por qué…que?- contesto Draco, ignoraba a que se refería.

-¿Por qué me besas?- Draco titubeo ¿Podría confesárselo al fin? ¿Se atrevería? Por supuesto que no, así no era él.

-Porque… estamos bajo… un muérdago- dijo mientras la acercaba a su boca para darle pequeños besos que ella le recibía sin chistar ¿En que libro o manual se estipulaba que un hombre y una mujer ubicados debajo de una ramita verde tenían que verse obligados a besarse?- pensaba Hermione mientras saboreaba el momento- en ninguno, estaba casi completamente segura, aunque podía equivocarse.

- y… porque… - agregó Draco sin apenas separarse de ella- porque… me gusta el pretexto… para poder tenerte …entre mis brazos…. - le revelo antes de apoderarse de su boca nuevamente.

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Espero que les guste este capitulo tanto como a mi (que bueno me quedo y no es que quiera inflarme el ego) batalle un poco porque no me cuadraban algunas cosas principalmente sobre lo que Draco estaba sintiendo durante el desarrollo, como cuando se pelea con Snape, es algo asi como ¿Porque nadie cree en mi? y por ende se enoja, (todos estan en mi contra, nadie me entiende, ya sabes tipico adolescente que cree que el mundo esta en su contra) espero que haya podido transmitir esa idea.

saludos a todos y gracias por sus reviews nos vemos en el proximo

Rastaban Black

Dedicado a Tom Felton porque es su cumpleaños ¡FELICIDADES! (QUEREMOS PASTEL)