ATADO

No llames la atención ni sigas provocándome

Que ya voy comprendiendo cada movimiento

Me gusta lo que haces para conquistarme

Para seducirme para enamorarme y vas causando efecto

No sabes como me entretienen tus locuras

Y que para verte invento mil excusas

Has dejado en jaque, todos mis sentidos

Pones a prueba el motor que genera los latidos de cada ilusión

Mira lo que has hecho que he caído preso, en tu cuerpo y en tu mente

Y en un agujero de tu corazón, en todo estas presente

Y la libertad te juro no la quiero, si estoy contigo

Déjame atado a este amor. Atado a este amor.

-¡Deja de mandar ya cartas a Snape!- rugía furioso Draco mientras arrastraba el baúl por la estancia en dirección a la chimenea- ¡Ya estoy arto! ¡Es mi misión y yo veré como me las arreglo para realizarla, no necesito ayuda de nadie, y eso te incluye a ti!

Narcisa iba detrás de su hijo con los ojos enrojecidos. Una vez más habían discutido. En cuanto Draco llegara a la mansión para las navidades lo primero que hizo fue reclamarle por haberlo traicionado yendo con Snape suplicando ayuda. El rostro de su hijo, tan perfecto, tan blanco, tan parecido a su amado Lucius enrojeció por la ira y sus filosos ojos grises la acribillaron mientras reflejaban indignación y desprecio. Eso fue lo que mas la hirió, no sus gritos, sus desplantes, sus palabras que cada vez iban subiendo mas en reproche, era esa mirada que expresaba repudio, que estaba cargada de asco y desesperanza. Ya no era un niño, era cierto, pero lo que mas la atormentaba era que ya no era SU niño, los Mortífagos se lo estaban arrebatando y la estaban matando lentamente, los odiaba, los aborrecía con todo el alma mientras que una parte de su instinto maternal se aferraba a Draco, aquel niño que recurría a ella cada que tenia un problema, no el que guardaba silencio y se consumía en su infierno personal excluyéndola por completo.

-Eres mi vida- dijo con la voz entrecortada. Draco se metió en la chimenea con todo y baúl y se volvió a verla con indiferencia.

-Te equivocas madre, no soy tu vida, soy tu hijo y tengo mi propia vida, aunque te pese, así que deja de meterte en ella de una buena vez- tomo un puñado de polvos flu y los arrojo a sus pies- a Hogwarts- dijo firmemente desapareciendo en un remolino de llamas verdes.

Snape levanto apenas la vista cuando el fuego se encendió intempestivamente. Esperaba que los estudiantes de su casa arribaran en la tarde, lo que le obsequiaba bastantes horas de apacible soledad sin los ruidosos escuincles, pero parecía que sus planes iban a frustrarse. Draco salio de la chimenea sacudiendo la ceniza de su fina túnica, regalo de navidad de su madre. No sabia porque tenia que usar ese medio tan horroroso para llegar al colegio pudiéndose aparecer así como así. Por supuesto, no todos los estudiantes podían, es mas dudaba que algunos lo hicieran, pero el no tenia la culpa de que fuesen unos idiotas, en todo caso hubieran escogido algo con más dignidad para seguir manteniendo la seguridad del colegio, la red flu era para pobretones.

Las ruedas del baúl se atascaron con las cenizas volviéndose mas pesado, Draco se giro irritado y después de dar jalones sin conseguir hacerla andar, le propino una patada tan fuerte que casi se rompe un dedo.

-¡MALDITA PORQUERÍA!-farfullo sacando la varita y apuntando hacia su equipaje, el baúl se sacudió un poco avanzando unos cuantos centímetros para volver a trabarse, era especialista en varios hechizos pero los que servían para quehaceres tan simples no eran su especialidad y nunca tuvo la intención de que lo fueran, aunque en ese momento comprendió que una emergencia la tenia cualquiera-¡AGRRRR!- gruño dándole una nueva patada que hizo que se abriera y esparciera su contenido.

-Me complace ver que te has recuperado- comento ácidamente el profesor Snape levantando su vista apenas un segundo del libro en el que estaba trabajando.

-¿Le complace?- pregunto con sarcasmo. Devolviendo todo a su baúl con un movimiento de varita.

-Por mas que a algunos les cueste creerlo, también somos humanos, y aunque nos esforcemos por ocultarlo, también tenemos nuestras debilidades ¿no es así?- Draco sintió como la fría mirada de su padrino lo recorría causándole un ligero escalofrió, aunque esta vez no intento usar la legerenmancia con él, si le daba la impresión que podía leer su comportamiento y de que sabia muchas mas cosas de lo que decía, realmente esperaba equivocarse en eso. Le sostuvo la mirada firmemente para poner bien en claro que ya no era más el chiquillo que se dejaba intimidar ante él, tomo nuevamente su baúl siguió avanzando sin prestarle importancia.

-Como habrás podido comprobar de primera mano- agrego cuando casi traspasaba la puerta- esto no se trata de un juego, deberías tenerlo presente.

-Lo tengo- dijo en un gesto cargado de hastío- no le quepa la menor duda.

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El colegio parecía estar completamente solo, un silencio inundaba el ambiente y los pasillos estaban completamente despejados por lo que le fue fácil llegar a la sala común con un baúl flotando tras de si, (obviamente no había podido solucionar el problema) lo aventó en cuanto llego al cuarto que compartía con sus otros cuatro compañeros y después salio a la desierta sala en donde se tumbo sobre un sillón negro frente a la chimenea. El invierno aun podía sentirse tratando de colarse por las rendijas, pero el lugar era tibio y reconfortable, aun así él se sentía congelado, no sabia con claridad si se debía a su pasada fiebre, a la extrema delgadez que se cargaba recientemente o si simplemente su alma se hubiese congelado y el frió proviniera desde adentro y lo envolviera.

Acerco sus pálidas manos al fuego tratando de bañarlas con su calor. Sus ojos como el hielo parecían derretirse con el reflejo de las llamas danzando como cabellos agitados por el viento, como sus cabellos, rebeldes, castaños, infantiles, que parecían tener opinión propia y llevarle siempre la contra, aunque a ella no parecía importarle. Su sola imagen apareciendo intempestivamente en su cabeza lo hizo sonreír a la vez que sentía un nudo en el estomago y en el pecho.

No podía negar que sentía una mezcla de emoción y nervios por volver a verla, es decir, apenas se habían topado a la mañana siguiente de su aventura en la torre de astronomía. Su corazón se agitaba al recordarla entre sus brazos y correspondiendo a sus besos como si fuese algo normal, cotidiano, como si lo hubiesen hecho siempre y no como si un año antes fueran enemigos declarados. Por supuesto, un año antes él hubiese negado ese sentimiento hasta la muerte y su autocontrol jamás le hubiera permitido besarla ¿o si? Estaba comenzando a dudarlo. ¿Y ella? ¿Sentía algo por él o porque había respondido de esa manera? ¿Qué no se supone que lo odiaba, o también fingía como lo hacia él? Se moría de ganas de dar respuesta a cada una de esas preguntas y más, pero no podía, ya había ido demasiado lejos con eso, tenia que cortarlo de una vez… Y apenas que parecía haber una oportunidad… resoplo fastidiado, estaban viviendo épocas oscuras y estaban en diferentes lados del mismo rió, uno de los dos tendría que cruzarlo y ambos tenían sus razones para no hacerlo.

Un ruido inesperado lo sobresalto. Se suponía que nadie se encontraba en ese lugar

-¿Es que acaso no se puede estar en paz por un momento?- gruño sin mirar a quien se dirigía.

-Lo siento muchísimo- respondió sarcásticamente la voz de una mujer- yo creí que cuando la llamaban "sala común", el "común" se refería que era de todos no a que tuviera un propietario, siento haberos importunado vuestra majestad.

Draco se puso de pie girándose hacia ella. Era una chica de tercero cuya belleza la hacia parecer mayor, de larga y rubia cabellera y grandes ojos azules que lo contemplaban sin admiración, algo que solían hacer todas las de su casa lo que lo desconcertó, pero tampoco le agradaba que una chiquilla fuera a intentar pasar por sobre él. Después de todo seguía siendo el prefecto.

-¿Quién demonios eres tu?- le soltó antipáticamente

-¿Qué has dicho?- el rostro de la chica se encendió de la indignación. Draco sabía lo que seguiría, lo había visto infinidad de veces con su madre y otras tantas con Pansy, una retahíla de reclamos que la verdad no estaba interesado en escuchar

-¿Sabes que? no importa, ya me iba de todas maneras- la dejo plantada en medio de la sala mientras él la atravesaba rumbo a la salida

-Mi nombre es Astoria- dijo cruzándose de brazos al tiempo que Draco se volvía a miarla- Astoria Greengrass, y mas te vale que lo recuerdes porque no voy a permitir que me trates como una mas del montón- Draco sonrió sesgadamente, esa chica le recordaba a alguien, ¿a él tal vez? No dijo mas, siguió su camino y salio de la sala común.

Comenzó a vagar por los jardines y terrenos del castillo intentando despejar su mente tratando de hallarle solución a sus problemas. Primero lo de la fregadera esa que no quería funcionar y no sabia que más intentar, era su única alternativa y no tenía plan B, no había forma de entrar a Hogwarts por ningún otro medio y realmente había pensado en todo, hasta los más estúpido pero nada, era lo único. Segundo, la muerte de Dumbledore, si una cosa era difícil aquello era imposible, y tercero la metida de pata que acababa de dar, en cuanto llegara a su casa lo primero que había recibido fue una de las tradicionales y efusivas bienvenidas de su tía, al original estilo Cruciatus, aderezado con cariñosas palabras como "eres un estúpido" "imbecil" "idiota" "cerebro de mierda" y otras por el estilo que le recordaban que ya llevaba medio año y no tenia ni un avance. Después cuando se tuvo que presentar ante Él las cosas se pusieron peor. Tenia tanto pánico que sin pensarlo hizo lo primero que se le vino a la mente, tomo el galeón que lo comunicaba con Madame Rosmerta y le ordeno envenenar una botella de hidromiel y encontrar la ocasión para hacérsela beber al director. Como Draco sabia, a Dumbledore le encantaba beber de sus reservas así que no se le ocurrió más. Posteriormente la dueña de las tres escobas se comunico con él para informarle que le entrego el vino al profesor Slughorn quien se lo había pedido para regalárselo al director como obsequio de navidad. En un principio sonrió satisfecho, jamás sospecharían de un profesor y cuando se percataran de que alguien lo había envenenado todo apuntaría hacia Rosmerta quedando él completamente limpio. Cuando la cordura y el buen juicio volvieron, se dio cuente de su error. Si el director no había muerto, y lo sabia porque de hacerlo hubiese sido la noticia, significaba que o no lo había bebido todavía, o que aun no le llegaba, o tal vez Slughorn terminara obsequiándolo a alguien mas o aun estaba en su posesión en el mejor de los casos. De ser así, la amenaza aun estaba latente, podría pasar algo parecido con lo de Bell y alguien mas podría salir perdiendo por su causa y su irresponsabilidad. Tenia que conseguir ese vino a como diera lugar, el problema era ¿Cómo?

Había llegado sin darse cuenta a los límites del bosque prohibido, un lugar tan tétrico como interesante. Aun podía recordar la primera vez que había entrado estando en primero y la primera vez que estuviera frente a Él, jamás en su vida sintió tanto terror. Recordaba que cuando se lo había narrado a su padre su semblante se ensombreció tanto que pareció que el alma se le hubiese salido, ahora comprendía perfectamente la razón. Inocentemente había preguntado si tenia miedo de que lo volviera a hechizar y obligarlo a hacer cosas malas pero su padre había guardado silencio y se había encerrado a beber el resto del día. Bastardo, seguramente se encontraba celebrando.

Ahora que lo reconsideraba, el bosque no resultaba tan aterrador después de ver cosas peores, es mas hasta parecía apacible y relajante con los árboles haciendo ruido con sus hojas al mecerse con el frió viento. Lentamente se fue internando sin saber siquiera por donde lo hacia, solo se dejo llevar por sus pies hasta un hermoso claro cubierto de nieve.

Escucho un ruido como el relinchar de un caballo y los cascos golpeando la roca, el aleteo de unas enormes alas agitándose y como el viento que despedían estas lo arrojaba un poco hacia atrás. Confundido llevo sus manos al rostro para cubrirse al tiempo que resbalaba y caía boca arriba contemplando como un siniestro caballo alado lo atacaba y se levantaba en sus dos patas traseras disponiéndose a dejar caer el peso de las delanteras sobre él.

-¡Alto, Tenebrus! ¡No lo hagas!- escucho un grito cercano a él y como una sombra rubia se interponía con la varita en alto. Draco se apresuro a levantarse y a retroceder hasta que su espalda dio con el tronco de un árbol donde se aferro para no caer nuevamente. Una manada de esas cosas con la columna salida, los ojos blancos y la piel de un tono negro repugnante relinchaba enfurecida. La chica apareció un trozo de carne cruda y lo arrojo lejos de ahí tanto como pudo. Las bestias se abalanzaron sobre el bocado y lo dejaron en paz.

-¿Qué demonios son esas cosas?- pregunto aun con las uñas incrustadas en la madera del árbol.

-Se llaman Thestrals- contesto la chica rubia a quien Draco identifico como la Lunática de Lovegood.

-¿Y como pueden permitir que convivan cerca de los estudiantes siendo semejante amenaza?- reclamo indignado, como si Luna tuviese la respuesta o la culpa.

-No son peligrosos, son las criaturas más nobles que hay después de los unicornios.

-¿Nobles? ¿Estas demente? ¡Casi me matan!

-Nunca lo habían intentado- contesto encogiéndose de hombros y dándose la vuelta para arrojar más carne a los Thestrals.

-¿Y como iban a intentarlo si es la primera vez que los veo?

-Puede ser, pero no significa que no hayan estado cerca de ti, son los que jalan los carruajes que nos traen cada año y yo nunca ví que alguno te atacara.

-¿De que demonios hablas? Los carruajes se conducen solos

-Eso piensa toda la gente, pero no es así, lo que pasa es que son invisibles.

-¿Cómo puedes decir que son invisibles si los estamos viendo? ¿Estas mal de la cabeza o eres estúpida?

-Ni una cosa ni otra, al menos yo considero que no. Pero si puedo verlos al igual que tu y es porque hemos visto a la muerte de frente, a diferencia de otros.

-¿La… la muerte?- tartamudeo abandonando por completo su indignación- ¿De que hablas?

-Solo los que hemos visto morir a alguien frente a nuestro ojos los podemos ver, para los demás, solo son carretas mágicas que se mueven solas.

Draco se sintió impresionado por esas palabras, "muerte" ¿Así que era eso? Porque él recientemente había estado en contacto directa con ella sin poder evitarlo. Súbitamente la imagen de las familias muggles aparecieron en su mente, pero en especial la de esa chica Chelsey y la del auror cayendo sobre su cuerpo con los ojos fijos en los de él. Sintió un extraño estremecimiento que curiosamente los Thestrals pudieron percibir.

-Cuidado- dijo tranquilamente Lovegood- tu presencia los pone nerviosos, parece ser que los atraes.

-Claro, seguramente es mi encanto- soltó sarcásticamente retrocediendo disimuladamente, aquellos horrorosos caballos le causaban temor, aunque mas por lo que representaban que por su apariencia.

-Tu aura esta cargada de muerte, apestas a sangre.

-¿Qué?

-No es que yo pueda olerte, es solo que a ellos así les parece, puedes preguntarle a Hagrid, lo vimos con él en cuidado de criaturas mágicas, creo que es una asignatura muy interesante.

-Ya parece que le voy a preguntar algo a ese semi-gigante con retraso. No se que hago aquí escuchado todas tus estupideces cuando es mas que obvio que se te desconecto algo de la cabeza.

Draco dio media vuelta y regreso al castillo dejando a Luna con sus bestias haladas y horrendas.

-¿Me pregunto cuando veremos a los Wonks de piel arrugada?- se pregunto así misma- supongo que habrá que esperar- Draco pensó que realmente estaba chiflada, pero le sorprendió que por un momento, casi le creyó.

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Hagrid alimentaba a Buckbeak mientras el sol se ocultaba a lo lejos. Este parecía salir más por compromiso que para calentar ya que el aire continuaba helando. Hermione iba cubierta con capa, guantes, bufanda y gorro, tan abrigada que lo único que se podía apreciar de ella eran sus ojos cafés a través de una ranura. Había llegado un par de horas antes y al encontrar la sala común medio vacía decidió salir a saludar a su amigo semi-gigante. Buckbeak trotaba por el huerto alegremente agitando sus alas y saltando para atrapar en el aire los suculentos bocados que el guardabosque le regalaba.

-Esta mucho mejor aquí- comento alegremente Hagrid- el aire libre le hace bien.

-Si- expreso la chica distraídamente. Su mirada se perdía en la distancia, fija en un punto que avanzaba sobre la blanca nieve cobrando lentamente la figura de un joven alto y pálido envuelto en una fina capa de invierno estropeada con escarcha.

-¡Bien hecho Buckbeak!- exclamo Hagrid cuando el hipogrifo atrapara un lanzamiento especialmente difícil. Después al contemplar la rigidez de la chica frente a la mirada fría y despectiva del chico comprendió la situación- ¡OH, no!

Draco supo de inmediato que se trataba del hipogrifo que lo atacara en tercero y Buckbeak pareció identificarlo también puesto que batió las alas y lanzo picotazos en su dirección para evitar que se acercara. Hagrid se apresuro a detenerlo mientras que el joven, quien se paralizara por unos instantes al contemplar a la castaña de forma tan inesperada, salto hacia atrás sacando su varita defensivamente, compuso su expresión en un rictus de asco y desprecio y echo a correr rumbo al castillo.

-¿Crees que alcanzo a escuchar?- pregunto Hagrid terriblemente turbado mientras se estrujaba sus enormes manos. Por ese chico había sido separado de Norberto y estuvo a punto de perder a Buckbeak, si iba con el chisme de que un animal prófugo de la justicia se encontraba escondido en el colegio seguramente tendría problemas, y el profesor Dumbledore también por permitirlo.

-Tal vez…- comento distraídamente, había esperado muchas cosas de ese encuentro. Desde luego la reacción de Malfoy era predecible pero aun así ella esperaba algo… ¿diferente?- no creo que se atreva a hacer algo- contesto desanimada mientras observaba la alta figura perderse en la distancia.

-No estoy muy seguro, yo de un Malfoy creo cualquier cosa- la regreso Hagrid bruscamente al lugar. "Malfoy", cierto, había olvidado que se trataba de él y no de un adolescente cualquiera.

-Si lo hace es muy seguro que nadie le crea, nadie puede creerle al hijo de un mortífago ahora- concluyo con amargura.

Después de convencer a Hagrid de que no se preocupara y de que no había forma de probar que se trataba del mismo hipogrifo, Hermione volvió al resguardo del colegio. ¿Cómo explicarlo? Ella no creía que fuera capaz, y no porque no pudiera, lo conocía lo suficiente para saber que era un maldito que no se tentaba el corazón con tal de fastidiarlos, pero podía percibir muy dentro de ella que algo había cambiado en él, incluso había dejado de hostigarlos como deporte. Pero mas allá de las niñerías que lo caracterizaban, Hermione sentía que estaba creciendo, tal vez incluso contra su voluntad, estaba madurando y se estaba volviendo hombre, y ella sabia que ese nuevo hombre en el que se estaba convirtiendo no seria capaz. Sin darse cuenta siquiera, había llegado a la sala común donde un Ron molesto le reclamaba a la Dama Gorda por negarles el acceso.

-Hay contraseña nueva- aclaro la Señora Gorda llevándose las manos a la cabeza- y no grites por favor.

-Pero si hemos estado fuera, ¿Cómo quiere que sepamos...?

-¡Harry! ¡Ginny!- grito Hermione corriendo hacia sus amigos- he llegado hace un por de horas. Vengo de visitar a Hagrid y a Buck… quiero decir a Witherwings- dijo sin aliento- ¿han pasado unas bonitas vacaciones?

-Si- contesto Ron- Bastante moviditas. Rufus Scrim…

-Tengo una cosa para ti, Harry- añadió Hermione sin mirar a Ron ni darle señales de haberlo oído, aunque era más que obvio que lo había hecho. No supo como reaccionar ante él, de un momento a otro un nudo se apodero de su estomago y opto por fingir que seguía enfadada con él- ¡Ah, espera, la contraseña! ¡Abstinencia!

-Correcto- dijo la señora gorda con un hilo de voz, y el retrato se aparto revelando el hueco.

-¿Qué pasa?- pregunto Harry

-Serán los excesos navideños- respondió Hermione poniendo los ojos en blanco, y entro en la abarrotada sala común- su amiga Violeta y ella se bebieron todo el vino de ese cuadro de monjes borrachos que hay en el pasillo del aula de encantamientos. En fin…- rebusco en su bolsillo y extrajo un rollo de pergamino con la letra de Dumbledore.

-¡Perfecto!- exclamo Harry y se apresuro a desenrollarlo- tengo muchas cosas que contarle, y a ustedes también. Vamos a sentarnos…

-¡Ro-Ro!- se escucho una voz melosa acompañada de una chica que salía a toda velocidad de no se supo donde y se arrojo a los brazos de Ron. Algunos curiosos se rieron por lo bajo; Hermione se sintió terriblemente irritada, pero se negaba a dar muestras de ello, soltó una risita cantarina y dijo:

-Allí hay una mesa. ¿Vienes, Ginny?

-No, gracias, he quedado con Dean- se excuso Ginny aunque advirtió que no lo hacia con mucho entusiasmo. Dejaron a Ron y Lavender enzarzados en una especie de lucha grecorromana y Harry condujo a Hermione hasta una mesa libre.

-¿Qué tal has pasado las navidades?- pregunto Harry

-Bien- contesto ella encogiéndose de hombros- no han sido nada del otro mundo. ¿Y ustedes en casa de Ro-Ro?

-Ahora te lo cuento. Pero primero… Oye, Hermione, ¿no podrías…?

-No, no puedo. Así que no te molestes en pedírmelo.

-Creí que a lo mejor, ya sabes, durante las Navidades…

- La que se bebió una cuba de vino de hace quinientos años fue la Señora Gorda, Harry, no yo- contesto molesta ¿Por qué le fastidiaba tanto que Ron estuviera besándose como lo hacia en ese momento con su "noviecilla"? después de todo ella había hecho lo mismo, y con Malfoy, sacudió la cabeza, se negaba a pensar en ese idiota ególatra, arrogante, pretencioso y patán un instante mas- ¿Qué es esa noticia tan importante que querías contarme?- Harry se dio por vencido al apreciar la furia que expedía la chica por la mirada. Se limito a contarle lo que había escuchado decir a Malfoy y Snape con lujo de detalles. Hermione reflexiono un momento y luego dijo:

-¿No crees que…?

-¿…fingía prestarle su ayuda para que Malfoy le contara que es eso que esta tramando?- Ella estaba pensando en otras cosas, de índole mas sentimentales y dirigidas mas bien al chico rubio, pero la teoría de Harry resultaba mas lógica.

-Si, mas o menos.

-Eso mismo creen el padre de Ron y Lupin- refunfuño Harry- pero esto demuestra a claras que Malfoy esta planeando algo, no puedes negarlo.

-No, claro.

-Y que actúa obedeciendo las órdenes de Voldemort, como yo sospechaba.

-Hum… ¿menciono alguno de ellos a Voldemort?

-No estoy seguro- respondió Harry intentando hacer memoria. Hermione se quería aferrar a eso, Malfoy era el hijo de un mortífago y era un maldito con toda la expresión de la palabra, pero así eran todos los de Slytherin, lo que pasaba con él ya era personal, aun así, ser un mortífago ya era otra cosa, algo mucho peor y no entendía porque no podio creerlo- Snape dijo tu amo, de eso si me acuerdo ¿y quien va a ser su amo sino Voldemort?

-No lo se- dijo Hermione mordiéndose el labio- ¿su padre?- y se quedo un momento con la mirada perdida, absorta en sus pensamientos. Le llegaba a la memoria la imagen del Malfoy del año pasado y la melancólica mirada que parecía tener en el anden cuando partieron rumbo a Londres, acompañada de un brillo de odio y resentimiento, quizá hacia ellos, después de todo, anduvieron en el asunto del ministerio y contribuyeron a que su padre fuera encerrado en Azkaban. El Malfoy de antes de eso podría ser… pero no el de la otra noche en la torre de astronomía, donde no se reflejaba ningún rastro de la maldad que los rodeaba, ese era el que a ella le intrigaba ¿era por eso que actuaba tan raro con ella? ¿Qué se traía entre manos?

Miro como Harry la observaba atentamente esperando a que le diera la razón, pero no quería hacerlo, prefería indagar más a fondo antes de dar su veredicto, así que cambio el tema.

-¿Cómo esta Lupin?

-No muy bien- contesto Harry y le contó de la misión del ex profesor entre los hombres lobo y las dificultades a que se enfrentaba- ¿has oído hablar de Fenrir Greyback?

-¡Pues claro!- dijo Hermione con un sobresalto- ¡Y tu también!

-¿Cuándo? ¿En Historia de la Magia? Sabes muy bien que jamás he escuchado…

-No, no. En historia de la Magia no. ¡Malfoy amenazo a Borgin de enviarle a ese individuo! En el callejón Knockturn, ¿no te acuerdas? ¡Le dijo que Greyback era un viejo amigo de su familia y que iría a ver que progresos hacia!- Harry la miro boquiabierto

-¡No me acordaba! Pues eso demuestra que Malfoy es un mortífago, porque si no ¿Cómo iba a estar en contacto con Greyback y darle ordenes?

-Es bastante sospechoso- admitió Hermione en voz baja- a menos que…

-¡Vamos Hermione!- la urgió Harry, exasperado- ¡Esta vez tendrás que reconocerlo!

-Bueno, cabe la posibilidad de que fuera un farol, una falsa amenaza…

-Eres increíble, de verdad- dijo Harry meneando la cabeza- ya veremos quien tiene razón. Tendrás que tragarte lo que has dicho, Hermione, igual que el ministerio. ¡Ah, si! Y también tuve una discusión con Rufus Scrimgeur…

Pasaron el resto de la velada sin pelearse, criticando al ministro de Magia, pues Hermione, como Ron, opinaba que después de todo lo que el ministerio le había hecho pasar a Harry el año anterior, era una desfachatez que fueran a pedirle ayuda.

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Al día siguiente bajo muy temprano a desayunar, comenzaba a hacérsele costumbre, en un principio porque no quería toparse con Ron, después sin querer, lo hacia solo porque coincidía con el horario en que "él" lo hacia, y no hacia mucho que se había dado cuenta de ello, le gustaba sentirse observada por él.

Minutos después llego puntualmente Draco acompañado de sus inseparables Crabbe y Goyle. Hermione lo observo atravesar el gran comedor rumbo a la mesa de Slytherin, buscando un leve contacto con sus ojos, una mirada de complicidad, pero no solo no le presto la mas mínima atención, si no que tomo asiento donde lo único que se podía ver de él era su cabello perfectamente recortado sobre su nuca.

Un sentimiento de frustración y fracaso se apodero de ella acompañado de una extraña indignación ¿Qué se estaba creyendo ese idiota? ¿A que estaba jugando? Esa situación la irritaba de sobremanera ¿no podía al menos dignarse a verla? Era un patán y lo más alarmante es que ella estaba actuando como una novia en plena pataleta ¿Cómo era posible? ¡ELLA! De inmediato tomo sus cosas decidida a marcharse de ahí, aquello era insoportable e iba en contra de todos sus principios auto impuestos y sin embargo en la salida no puedo evitar echarle una ultima mirada tratando de llamar todo lo posible su atención, pero no tuvo éxito. "¿Qué estas haciendo Hermione?" se golpeo mentalmente "eres una estùpida, no caigas en su juego". Y no lo haría, estaba completamente segura, el problema es que no sabia a que juego se enfrentaba, es decir, todos tenían reglas ¿no? Algún propósito por muy bárbaro que este fuera, pero ella no podía evitar sentirse pérdida, como objeto de un malvado experimento ¿Qué pretendía? La incertidumbre carcomía poco a poco sus entrañas y no la dejaba un momento en paz, tenia que averiguarlo a como diera lugar o enloquecería.

El profesor Slughorn abrió el salón cediéndole el paso, una vez mas, era la primera en llegar, poco después fueron apareciendo el resto de sus compañeros entre el ajetreo de los bancos, risas y conversaciones inconclusas de las navidades. Como lo hacia últimamente, se sentó en el extremo de la mesa junto a Ernie Macmillan, no es que estuviera enojada ya con Ron, de hecho olvidaba cual había sido el motivo del enfado aquella vez… ¡Ah, si! Lavender. Bueno, aun le causaba una espinita bastante parecida a los celos, la envidia y el desamor pero no se trataba de nada de eso. Sin embargo ella no era de las que daban su brazo a torcer, su amor propio se lo impedía. Ridícula se vería enojándose primero sin razón aparente y luego regresar como si nada, parecería loca, admitía que tal vez se había pasado un poquito… de acuerdo, lo de los pájaros estuvo mal, pero su orgullo era lo único que tenia y por el seguiría hasta el final, aguardando a que uno se doblara primero y no seria ella, eso seguro.

Draco intentaba no verla pero ¡por Slytherin que era imposible! Se concentraba todo lo que podía en su caldero y en el libro de pociones, cuado no en la conversación de Pansy a la que no encontraba sentido. Los vapores hacían de aquel lugar un horno así que Hermione se había despojado del suéter y de la corbata, esta ultima por estorbarle cuando se inclinaba sobre su caldero. Había trenzado su cabello como siempre que tenían pociones para evitar mancharlo con el contenido, pero los rebeldes siempre salían cayendo sobre sus sonrosadas mejillas y sus diminutos labios que mordía sensualmente mientras picaba las duras raíces. Su frente estaba húmeda y de vez en cuando pasaba el puño de su camisa por ella. No podía evitar mirarla, cada gesto, cada movimiento le parecían… sencillamente perfectos.

-¡Bien, hasta aquí!- alzó la voz el profesor recorriendo los calderos escrutando su contenido. Fruncía el seño ante unos y soltaba falsos halagos ante otros, como con Potter, siempre había sido un inútil en la materia y ahora resultaba ser la estrella de la clase. Torció la boca con asco y se sorprendió al ver un gesto de indignación en la castaña, era obvio que sentía celos de no ser la numero uno en la clase y no era por ser inferior al cara rajada sino por ser menos famosa. No pudo evitar sonreír por lo bajo, nunca cambiaria.

-¿De que te ríes?- pregunto Pansy mirándolo suspicazmente. Draco compuso su gesto, comenzó a guardar sus cosas y a limpiar el lugar.

-De nada.

-¿Seguro?- insistió ella mientras miraba como una furiosa Hermione arrojaba sus cosas a la mochila y abandonaba el aula sin sus amigos.

-Si-contesto mientras la veía pasar de reojo.

-Creí que te estarías burlando de las sabelotodo, tal parece que ya no es la consentida del profesor, tendrá que encontrar nuevas formas de barbear a Slughorn para que la quiera como a Potter, o tal vez Slughorn se dio cuenta de que apesta a sangre sucia y se niegue a acercar…

-Me da igual- la corto fríamente, aunque por dentro echaba chispas. Se echo la mochila al hombro y paso de largo casi arroyándola.

-¿Qué pasa contigo?- le reclamo la chica, no era la primera vez que se ponía así.

-¡Nada, no pasa nada Pansy! ¡Solo déjame en paz!- contesto igual que siempre y salio del salón.

Caminaba rápidamente sin prestar atención a nada ni nadie hasta que en su camino se topo con alguien que interfería y que aunque se moviera hacia ambos lados del pasillo, se negaba a quitarse. Se detuvo furioso con la intención de arrojarlo a un lado y tal vez si podía desquitarse un poco y desahogar su frustración. Levanto la mirada y se encontró de frente con la castaña quien lo contemplaba de forma acusadora, arrojando inesperadamente un balde de agua helada sobre el fuego que se encendía dentro de él.

-¡Quítate Granger, estorbas!- exclamo de forma despectiva mientras sus manos comenzaban a sudar y su corazón a acelerarse. La chica no se inmuto en lo mas mínimo, solo lo contemplaba fijamente con ese par de grandes ojos chocolate que lo enloquecían.

-¡Tenemos que hablar!- sentencio de forma autoritaria

-¿Tenemos?- repitió sarcástico- ¿y desde cuando tu y yo tenemos que hablar?- se cruzo de brazos arrogantemente recargándose en el muro del pasillo.

-Tienes razón, pero eso no nos ha impedido hacer otras cosas que requieran menos palabras ¿cierto?

-Si deseas que vuelva a besarte solo pídemelo, no es necesario que "tengamos que hablar"-sonrió de lado en forma tan seductora que Hermione tuvo que retroceder un paso.

-Yo estaba pensando en el golpe que te di en tercero ¿lo recuerdas? o la cachetada que te di la otra noche en el pasillo, pero cada quien sus fantasías.

-Fantasías- parafraseo levantando una ceja ¿Qué estaba haciendo, coqueteando? ¿Qué no se supone que pondría punto final a esa situación? Pero es que no podía… ella se le ofrecía y él era muy débil para rechazarla. ¡Maldita tentación!- No sabia que fantaseabas conmigo ¿debo sentirme halagado?

-Deja de comportarte como el idiota que eres por un momento ¿quieres? Necesitamos hablar

-No, tú necesitas hablar- se irguió transformando por completo su actitud, se veía frió e imponente frente a ella, como un muro infranqueable, la recorrió con la mirada despectivamente causándole un escalofrió, después torció el ceño con asco- yo no tengo absolutamente nada que decirle a una sangre sucia como tu.

Draco pasó de largo dejándola sintiéndose terriblemente ridícula, mientras el chico entraba en su siguiente clase. Eso no se iba a quedar así, Hermione apretó los dientes y los puños, esto ya atentaba contra su orgullo y dignidad, ningún estúpido niño mimado vendría a hacerla sentir poca cosa. Se giro violentamente y entro en el aula de transformaciones tras Draco.

La profesora McGonagall comenzó la clase con un nuevo conjuro de especial dificultad. Inicio narrando la historia y sus principales exponentes para después concluir con las diferentes variantes en su aplicación. Explico que debido a ellas era muy difícil llevarlo a cabo con éxito ya que cada autor recurría a un método distinto por lo que resumiendo de varios libros apunto en el pizarrón el que les seria mas practico y fácil de llevar a cabo. Acto siguiente los estudiantes sacaron pergamino y tinta y se dispusieron a copiar la teoría.

Hermione se había sentado a la misma altura que Draco pero en fila distinta. La cercanía de la chica ponía al rubio un poco nervioso y se esforzaba por que no le dominaran las ganas de voltear a verla. Mientras destapaba el tintero se percato de que su pluma había desaparecido, volvió a abrir la mochila en su búsqueda sin encontrar rastro. Cuando regreso a su trabajo uno nuevo de muy mala calidad lo había reemplazado, solo eso le faltaba, que le robaran a él. Furioso no le quedo mas remedio que tomarlo y comenzar a copiar, ya después regresaría por otro a su dormitorio. No llevaba ni medio renglón cuando una luz proveniente del pergamino comenzó a trazar un pequeño cuadro en la esquina de este. Brillo unos segundos y se apago. Lo levanto del pupitre para buscar la causa pero no encontró ninguna, se giró hacia ambos lados pero todos se encontraban copiando. Inmediatamente unas palabras comenzaron a grabarse automáticamente en el cuadro de la esquina, como si una pluma invisible las escribiera.

-Necesito hablar contigo

-¡Pero que demonios…!- exclamo en voz alta atrayendo la atención de la profesora hacia él quien lo contemplo desaprobadoramente.

-¿Sucede algo señor Malfoy?

-Nada… Profesora- contesto apretando la pluma mirando significativamente hacia un costado. Hermione sin embargo parecía no prestar atención. Miraba al pizarrón y copiaba de forma casi desesperada. Respiro profundo, sopesando lo que iba a hacer y opto por dirigir la pluma hacia el cuadro de la esquina que una vez leído el contenido se había vuelto blanco de nuevo.

-¡Que carajos quieres Granger!- garabateo con rabia

-¿Cómo sabes que se trata de mi?

-No hagas preguntas idiotas, ¿que quieres?

-Ya te lo dije, necesitamos hablar

-Deja de estarme jodiendo con eso, ¿Qué quieres decirme?

-Quiero saber que te traes

-¿Qué?

-Quiero saber porque me besas y luego actúas como un cobarde evadiéndome

-No fastidies, Granger, no estoy de humor

-Pues contesta

-Yo no recibo órdenes tuyas, ¿entendiste sangre sucia? Ahora déjame en paz o te acusare con McGonagall de estarme distrayendo

-No serias capaz

-Pruébame

-¡Profesora!- exclamo el rubio sonriendo de forma maliciosa. Hermione palideció y se puso de inmediato de pie aterrorizada cuando la profesora volteo.

-¿Si?- Pregunto mirando primero hacia Draco y después hacia Hermione. Draco la observo de reojo divertido por su reacción. Hermione sabia que no debía hacerles caso a los gemelos Weasley cuando la animaron a llevarse esas plumas manda recados.

-No veo que dice en el segundo renglón ¿esa palabra es "gritar"? –dijo al cabo de unos segundos que a Hermione le parecieron eternidades,

-Girar. ¿Sucede algo señorita Granger?- pregunto la profesora a la chica quien se hallaba de pie a mitad de la clase.

-No profesora, es solo… que yo… tampoco alcanzaba a ver, pero… ya lo hice gracias- concluyo sentándose con el rostro completamente encendido por la vergüenza.

-¡Eh, Granger!- le susurro un Slytherin- porque no le pides los lentes a cara rajada, así formarían el club de los cuatro ojos- Las serpientes soltaron unas risitas disimuladas mientras que Harry se volteo furioso dispuesto a arremeter contra esos idiotas en plena clase, cuando Hermione lo detuvo tomándolo por el brazo y negando con la cabeza, no quería que su amigo se metiera en problemas y perdieran puntos, después de todo era su culpa. Harry reanudo su copiado no sin antes acribillarlos con la mirada.

Hermione quería que se la tragara la tierra mientras aguardaba a que la clase concluyera que por fortuna suya fue enseguida. Guardo sus cosas lo más rápido que pudo y salio del aula rumbo a runas antiguas. Maldito Malfoy, todo era su culpa, algo se traía, lo sabia, algo le ocultaba, ¿tendría que ver con lo que averiguo Harry? Pero para empezar…¿Por qué le importaba tanto? Llego pronto al aula que se encontraba desierta, la profesora había dejado las puertas del salón abiertas mientras ella traía un material que necesitarían. Hermione se sentó en un pupitre mientras extraía de su mochila todo su material. Enseguida de ella arribo Malfoy con una sonrisa triunfal y su caminar altivo. Se sentó a dos asientos de distancia sacando sus útiles mientras la miraba disimuladamente sonriendo sarcásticamente. Hermione podía sentir sus ojos fijos en ella de una forma que la irritaba.

-¡Deja de burlarte de mi!- le grito, a lo que el chico se limito a soltar una sonora carcajada.

-Estas paranoica, Granger, yo no me burlo de ti, eso seria como admitir que tu presencia no pasa desapercibida por mí y es irrisorio.

-Dime de una vez que estas tramando- se volvió hacia el encarándolo con la expresión mas rabiosa de la que fue capaz.

-Eres patética ¿lo sabias? Cualquier chica a la que alguien besara, se sentiría halagada. Las chicas normales por lo regular creen que le gustan al chico y no andan formulando teorías sobre planes macabros. Creí que te valorabas más Granger, prefieres creer que traen algo a que le agradas.

-¿Yo te agrado?- pregunto suspicaz sintiendo como algo se removía en el interior de su cuerpo de forma casi emocionante. Draco se tenso, desvió la mirada concentrándose en abrir su libro y hojearlo distraídamente.

-Estoy ejemplificando, el punto es que tu no te agradas y eso para mi es divertido.

-Estas evadiendo el tema.

-¿Qué quieres que te diga? ¿Qué deseas escuchar Granger? ¿Una confesión? Un: "¿me gustas, me atraes, tienes una belleza diferente a todas y además tu si piensas, lo cual es tu mayor encanto?" jamás diría algo tan absurdo, solo un idiota se atrevería a soltar algo tan cursi- Hermione guardo silencio impactada por la similitud de cada palabra con las de alguien dos años antes- por la cara que pones yo juraría que ya lo has escuchado… lo has hecho ¿cierto?- Draco soltó una sonora carcajada que retumbo dentro del salón. Hermione se sintió humillada ¿Por qué siempre tenia ese efecto en ella?

-¿De que te ríes imbècil?

-No puedo creerlo, así que Krum se animo a decírtelo después de todo, jamás pensé que se atrevería

-¿Víctor? ¿Tu que sabes…?

-No creerás que Krum tuviera la habilidad de enlazar una idea con otra ¿o si? ¡Eres mas ingenua de lo que pensé!- Hermione estuvo a punto de sacar la varita cuando llego la profesora con una gran cantidad de libros antiguos flotando tras de ella. Se obligo a guardar la compostura fulminando a Malfoy con la mirada mientras el aula comenzaba a llenarse poco a poco. Ya se desquitaría.

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Podría estar en su despacho, o tal vez en el armario de los ingredientes, o en su cuarto. Cualquier lugar por igual era difícil de ingresar sin ser visto. ¿Y si el imperius se había roto? ¿Y si la tabernera lo había engañado? ¿Y si lo delataba? No, eso era imposible, o de lo contrario ya estuviera preso o expulsado del colegio, aunque cabía la posibilidad de que no supiera que se trataba de él, después de todo fue Crabbe quien la hechizo. ¿Qué podía hacer? Tenia que entrar y comprobarlo pero no lo haría durante el día y en la noche se lo toparía sin lugar a dudas, le gustaba estar comiendo y bebiendo muy bien acompañado, tal vez recurrir a Zabini, tampoco, entre menos gente lo supiera mejor, ¿entonces que? ¡Maldita botella envenenada, donde se había metido!

Otro error, este era el décimo en el mismo párrafo, si seguía así terminaría siendo un desastre, a él nunca le había agradado entregar los deberes como si fuesen hechos con la patas. Era demasiado pulcro y meticuloso en la limpieza y la estética de sus redacciones, pero tal pareciera que quien estaba escribiendo ese no era él porque estaba manchado de tinta, borroneado por los hechizos que le había aplicado descuidadamente para corregirlo y completamente mal redactado. No podía concentrarse. Era de tarde, la hora perfecta para encontrarse en la biblioteca, en el área de historia a la cual nadie le gustaba entrar, proporcionándole la tranquilidad necesaria para abstraerse del mundo que lo rodeaba y reflexionar sobre lo que habría de hacer. En esa ocasión no le sirvió en lo absoluto. Se llevo las manos a los ojos y comenzó a tallarlos con fuerza cuando escucho el ruido de unos libros puestos pesadamente sobre la mesa en la que trabajaba. Lentamente deslizo sus manos por su rostro mientras levantaba la mirada para contemplar la figura de la castaña con expresión seria.

-¿Qué quieres ahora?- pregunto fastidiado, jamás pensó que se la pondría tan difícil, ¿Qué no entendía que no la quería cerca?

-Es por la "cacería" ¿cierto?- sentencio apoyándose en los libros y acercándose mas a él. Draco pudo olfatear su aroma ante su proximidad. Trago saliva nervioso, si que se lo estaba poniendo difícil.

-¿Q…Qué?- pregunto con dificultad.

-Sabes perfectamente a que me refiero. Es por la "cacería", sabes que es algo prohibido y eso te excita y te estimula a actuar de forma instintiva.

-¿Me estas comparando con un animal? Porque eso no te esta ganando puntos.

-¿Y quien quiere ganarlos?

-¿Estas segura?- dijo suavemente acercándose hacia ella apoyándose a su vez sobre su pergamino. Solo estirar su cuello un poco mas podría tener acceso a su boca la cual no paraba de observar mientras ella hablaba.

-Completamente- contesto nerviosa alejándose de él pero tomando asiento enfrente.

-Permíteme dudarlo- sonrió atravesándola con su mirada gris que causo un escalofrió en Hermione- ¿Por qué no simplemente admites que te gusto y que deseas repetirlo?

-¿Cómo? ¿Qué a mi… gustarme…? ¿Tu? ¿Estas demente?- Exclamo derribando un libro con el ligero temblor que se apoderaba de sus manos. Draco sonrió, mientras ella atrapaba el ejemplar en el aire. ¿Qué estaba haciendo? Debía dejar las cosas así, fue un error y ya, pero el no consideraba aquello un error, una debilidad tal vez, pero como fuera, debía terminar. Comenzó a arrojar sus cosas en la mochila, decidido a alejarse de ella tanto como fuese posible.

-¿Qué crees que haces?- se puso de pie aferrando su mochila interponiéndose en su fuga decidida a aclarar todo de una buena vez.

-Admítelo Granger, toda esta persecución, todo este asecho ya me esta comenzando a cansar. Te la pasas queriendo averiguar cuales son mis motivos cuando es evidente que lo que te perturba son los tuyos. Eres demasiado perfecta para admitir algo que te agrada y que va en contra de todo lo que esta establecido. Se te hace fácil culpar a otros en lugar de enfrentar tu realidad.

Hermione soltó la mochila completamente Shockeda ante las últimas palabras. Su corazón se paralizo y su mente comenzó a trabajar a toda velocidad tratando de encontrar una respuesta que debatiera todo aquello, que echara por tierra su teoría, pero sorpresivamente no la encontró ¿era eso cierto? No podía aceptarlo.

-¿Qué porque lo hice?- agrego acercándose un paso a ella, la tomo por la barbilla para obligarla a mirarlo - ¿Por qué lo hiciste tú para empezar? ¿Por qué Granger? Tienes terror de admitir que te gusto, eso es todo- Como para querer enfatizar sus palabras acerco sus labios a los suyos y se apodero de su boca inesperadamente. Hermione se dejo llevar por ese cúmulo de emociones que se habían congregado en su pecho revoltosamente. Le gustaba… le gustaban esos labios sobre los suyos y tal vez lo único que deseaba era volver a sentirlos. Se abandono por completo a ellos sintiendo que el mundo desaparecía alrededor, que no había nada más allá de ellos, hasta que se decidieron a separarse. Draco acaricio su rostro quien aun mantenía los ojos cerrados, se acerco a su cuello besando tibiamente detrás de oreja.

-No es por la "cacería"…- le susurro haciéndola estremecer, para posteriormente alejarse de ahí antes de perder por completo el control.

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Hola, bueno antes que nada una disculpa por no poder actualizar la semana pasada, lo que pasa es que me fui de parranda jaja! Y solo me dio tiempo de escribir el capitulo del otro fanfic porque ya tenia la mitad. Espero que sea mas de su agrado que el pasado, pero quiero que comprendan que los malos hacen cosas malas… si sin magia son unos desgraciados imagínense teniéndola. Bueno nos leemos en el siguiente.

Rastaban Black