¡Hola!
Bueno, aunque escribir estas notas del principio (o del final, o ambas.) siempre me ha gustado, no encuentro mucho que decir en esta ocasión.
Mayormente hice fanfictions de Harry Potter: este es el primero de Los Simpsons que hago. No sean muy duros. Supongo que es un Nelson/Lisa. Mi pareja favorita dentro de la serie.
Como soy de Argentina (aunque se me haya pegado escribir en neutro) me apoyare mayormente en los nombres propios que se emiten aquí en Latinoamérica, lo siento.
Nada más que decir. Vamos con el capítulo.
La teoría del Caos
Simone Simpson
¿Cómo empiezas llevando a tu hija de seis años a la consulta del dentista y terminas volviendo a tu ciudad natal después de casi ese mismo tiempo, seis años, sin pisarla y sin ninguna intención previa de hacerlo?
Cuando Marge fue a abrir la puerta aquel mediodía, la sorpresa fue mayúscula. Primero, porque Lisa no había siquiera telefoneado que vendría, después de seis años viviendo en Boston y con el único contacto de llamadas semanales y tarjetas festivas. Y después, porque apretada entre sus brazos, traía a una niña que era casi exactamente como ella había sido al entrar a la escuela elemental, sólo que tenía el cabello más liso y castaño oscuro.
Hola, mamá.- ella dijo.- Ella es Simone. Sim, ella es la abuela Marge. Es la mamá de mamá.-
La niña se separó confiadamente de su madre y se acercó a ella.
Hola, abuela. Estoy muy feliz de conocerte.- le hecho los brazos a la mitad del cuerpo y apoyó la cabeza en su estomago.
Oh, cielos… quiero decir… Hola, cielo.- se agachó a la altura de niña y le sonrió.- Que bonita eres. Yo también estoy feliz de conocerte al fin.- le acarició el rostro.- ¿Tienes hambre?- le pellizco una mejilla.
Un poco. Cenamos ayer antes de venir y no desayunamos todavía.- confesó la nena.
Eso no esta bien, una jovencita tan encantadora no debe pasar hambre. Vamos.- Marge apretó los labios y le indicó por gestos que la siguieran al comedor.
Lisa la tomó por los hombros, le sonrió para animarla y la encaminó al comedor.
Allí, Homero y Bart habían seguido arrasando con el almuerzo, pero Maggie miraba suspicazmente hacia el arco que comunicaba con la sala.
Simone,- empezó Marge con voz resuelta.- Él es tu abuelo Homero y tus tíos, Maggie y Bart.-
Bart dejó de tragar, con la boca llena de puré de papas y las miro con sorpresa. Maggie las miro alternativamente a las tres y Homero se atragantó con las salchichas que había estado masticando cual canino famélico.
¡Demonios!- farfulló, poniéndose muy colorado, tosiendo, rociando saliva y trocitos de pan y salchicha por todo el comedor. Golpeó alevosamente la mesa y continuó carraspeado.
¡Homero la asustas!- le reprochó Marge.
Maggie se levantó y corrió al lado de Simone. La abrazó y le besó las mejillas con emoción.
¡Eres hermosa! Se parece tanto a ti.- abrazó con afecto a Lisa y luego se encaramó con su sobrina.- ¡Oh, será fantástico tenerte con nosotros! ¡Siempre quise un sobrino! Y si lo esperaba de este… - señaló sobre su hombro a Bart, que le golpeaba la espalda a Homero para liberarle la garganta. – Iremos de compras y al cine… y ¿Te gusta el helado?-
¡Lo adoro!-
Bueno, en cuanto acabemos el almuerzo iremos por uno. ¿Podemos, verdad?-
Si, por favor. ¿Podemos?- Simone también miro suplicantemente a su madre.
Esta bien.- admitió Lisa con una sonrisa. Todos lo estaban tomando de maravillas, excepto su padre, claro. Pero era lo que esperaba.
¡Iré por unos platos para ustedes!- Maggie corrió hacia la cocina.
Homero había logrado respirar normalmente, pero miraba fuera de si a Lisa, como si no pudiera creer que se hubiera apersonado allí y con una hija cuya existencia habían ignorado siempre.
Menos mal que mamá siempre hace comida demás.- Bart se acercó a ella y la abrazó.- Con o sin hija, te echamos mucho de menos.- le susurró al oído, le besó una mejilla y la ayudo a sentarse. – Vas a tener que resignar tu tercera porción, papá.-
Ya no tengo hambre.- Se levantó de la mesa secamente y salió al jardín trasero. En la cocina vio a Simone. La niña le sonrió, pero él no le devolvió la sonrisa. La miró ásperamente y luego continuó su camino sin siquiera mirarla una vez más.
Bart entró en ese momento a ayudar a su hermana menor con los platos.
Hola, yo soy tu tío Bart.- le estrechó la mano a la niña, en un gesto de formalidad que se hubiera ganado a Lisa a su misma edad. A ella pareció agradarle muchísimo. Seguramente Lisa la había tratado siempre como a una adulta más. Creciendo entre gente adulta. Eso tenía que cambiar cuanto antes, pensó.
No le agrado. ¿Cierto?- dijo ella tristemente. – El abuelo no me quiere. Me odia.-
No, no te odia. Es solo que… No te odia. No te conoce. – trató de confortarla su tío.
Pero ustedes no me conocen y yo les gusto ¿Cierto?- temió una respuesta negativa.
Claro que nos gustas. Eres una Simpson. ¿No? A todos los Simpson nos gustan los otros Simpson. Y a papá también. Él es un Simpson, tú eres una Simpson. No hay modo de que no te quiera.- Bart la abrazó y le dio un amistoso golpe en el hombro.
¿Es bonito tener un papá?- preguntó ella de repente.- Yo nunca tuve uno. ¿Crees que si le caigo bien al abuelo él quiera ser mi papá? Después de todo, soy una Simpson.-
Pero él es tu abuelo, no puede ser tu papá.- afirmo Maggie. Bart rodó los ojos.- ¿Qué?-
Lo sé. Pero yo no quiero un padre para que se case con mi mamá. Yo quiero un padre que me lleve a los juegos de soccer y me recoja en el colegio y me cuente historias. Y que algún día… algún día me enseñe a tratar con los chicos… -
Creo que en eso Homero falló bastante.-
Maggie le arrojó un repasador a la cara.
Para todo lo demás, ya tengo a mamá.- declaró la niña, satisfecha y mirando con adoración a su madre, que en ese momento hablaba muy bajo con su abuela.
Después de comer, la excitación de Simone por su recién descubierta familia no se había calmado. Insistió en ayudar a recoger la mesa. Logró llegar al fregadero sin romper ni un solo vaso de la tambaleante pila de trastos. Luego se paro en un banquillo junto a Marge, con un repasador en la mano.
¿No vendrás con nosotros?- Simone secaba los platos que le pasaba su abuela, recién fregados. Lisa acomodaba las cosas en la heladera y Maggie guardaba la vajilla en los armarios.
No, amor. Mamá se va a quedar ayudándome a acomodar sus cosas aquí. Después de todo, van a quedarse una larga temporada ¿No es así?- inquirió con sequedad Marge.
Sí, así es. El lunes mismo iremos a la Primaria Mi Pequeño Watson para inscribirte.- afirmó Lisa.
¡Genial!- respondió entusiasmada la niña.
¡Ay, Lisa! ¡Qué mal la has criado!- dijo cómicamente su hermano.
¿Por qué no a la Primaria Springfield? Skinner sigue siendo Director allí. No tendrá problemas en conseguirte un puesto. A esta altura, será muy difícil conseguirlo en otro lado.- aportó Marge, fregando con especial ahínco una taza con manchas de café.
Porque allí empezaron todas las desgracias de mi vida. No tengo suficientes recuerdos agradables allí como para desear volver a poner un pie en sus pasillos.- respondió secamente Lisa.
Curioso, siempre pensé que sólo yo pensaba así.- acotó Bart. – Tampoco podré acompañarlas, tengo trabajo que hacer en la computadora.- dijo dirigiéndose a su sobrina y a Maggie.
Nos divertiremos. ¡Será una salida de mujeres!- afirmo con entusiasmo su hermana menor.
No me la eches a perder demasiado. ¿De acuerdo?- le acarició con ternura el cabello Lisa a Simone.
Ahora estaban en su antigua habitación. Empujaron la vieja cama de Lisa bajo la ventana y trajeron la cama pequeña de Maggie, que había dejado de usar a los diez años, ya muy alta para caber en ella. La prepararon para Simone, sacudieron los muebles, aspiraron la alfombra y empezaron a guardar la ropa en el armario.
Curioso.- repitió Marge. -¿Cómo ocurrió, Lisa?- preguntó finalmente.
Su hija continuó doblando los sweaters y no contestó por el momento.
Mamá, tú me lo explicaste muy bien a los doce años… Bueno, ni tanto. Pero hiciste el intento.-
Sabes que no me refiero a eso. ¿Quién es su padre? ¿Dónde esta? ¿Qué ocurrió con él?-
No lo conoces. Es de Boston. Comenzamos a salir apenas llegue a la Universidad… me sentía tan sola… él no estaba estudiando… trabajaba en una librería cerca del campus…. – empezó Lisa con detenimiento.
No es cierto. Sim me dijo que cumplió seis años el 23 de marzo pasado. Hace tres meses casi. Y supongo que la tuviste a término ¿Verdad? ¿O vas decirme que fue prematura? No te creeré, Lisa. No tienes una buena cobertura médica. De haber sido prematura deberías haberte comunicado con nosotros por ayuda. Así que nueve meses. Un año, casi. Hace siete años exactamente, tú estabas en Springfield aún. Recién llegaste a Boston en Septiembre. El padre debe ser de… -
… Es Nelson.- la cortó en seco. Que se callará de una vez, por favor. Odiaba cuando su madre se ponía suspicaz.
¿¿Nelson Muntz?? ¡Lisa! ¿Cuándo demonios…? ¡Nunca saliste con él! ¡Nunca supimos nadas! ¿Acaso Bart…?-
¡Claro que no! ¡Nadie lo supo nunca! ¡No había nada que saber! ¡No salíamos! Sólo…-
¿Sólo se dio? ¡Tú no eres así, Lisa!-
No lo soy. Y no lo volveré a ser nunca. Pero esa es la verdad, mamá: Nelson y yo no éramos nada, pero acabe enterándome, junto con las notas de mis primeros exámenes, que iba a ser madre de un hijo suyo.- gruño Lisa, colgado los pantalones de jeans y empezando a atar calcetines, de modo que no se le gastaran los elásticos. – Luego… simplemente me las arregle: conseguí un trabajo a medio tiempo, tuve que rendir menos materias y obtuve una plaza en la guardería comunal. Con el tiempo, logre conseguir una media beca.-
¿Qué harás con él? ¿Le dirás?- inquirió seriamente su madre, mirándola con las ojos brillantes.
Lisa comprendió que una negativa sería contraproducente.
Mamá, haré lo mejor que pueda. Sólo déjame resolverlo a mi modo. ¿Esta bien? Confía en mí. Una vez más. La última vez.-
Toda había empezado cuando ella apenas estaba en su primer año de preparatoria. Quizás por eso no había sabido controlarlo
Nelson estaba en su tercer año. Se había puesto muy alto. Bueno, ella también, pero él además había sacado muchos músculos. No tantos como para ser una mole humana, pero los suficientes como para ser mucho más fuertes que la mayoría de los chicos de la escuela. Después de todo, era el mariscal del equipo de futbol. Ella en cambio, seguía siendo muy delgada y daba la impresión que se quebraría apenas la rozará algo, tal era el resultado de su dieta vegetariana, no tan estricta como a ella le hubiera gustado: Marge aún la hacia comer huevos y lácteos cada vez que tenía la oportunidad. Y tomar suplementos de vitaminas.
Por otra parte, Nelson y sus amigos seguían siendo unos abusivos que conseguían que todos les temieran, golpeándose por naderías y aterrorizando a los nerds. Ya no robaban dinero del almuerzo, pero se especializaban en hacer que los demás pagaran todo por ellos.
Ella, por ser la única mujer del grupo de nerds, se había salvado de las frecuentes golpizas y riñas, no así de las humillaciones verbales de todo el desagradable grupo; así que cuando Nelson la empujo (de un pasillo desierto totalmente a un incómodo armario de escobas) pensó que al fin había llegado el momento: finalmente esos malditos idiotas habían olvidado todo escrúpulo e iban a golpear a una chica.
Pero cuando el chico Muntz la aprisionó contra el fondo del armario y la besó, no supo que pensar. La mente se le quedo en blanco.
Pero su cuerpo si supo que hacer. Primero, sólo por un leve segundo porque el muchacho le sujeto las muñecas con rapidez, luchó. Y al segundo siguiente, le respondió. Porque si bien era cierto que ya tenía más experiencia que cuando tenía ocho años (¿Colin? ¿Quién era Colin? ¿Milkhause? ¿Ese idiota realmente? ¿Josh? ¡Por favor, había sido simplemente un juego de la botella!) Nelson había sido su primer beso, sus primeros besos, y sabía perfectamente que esperar. No había nada en el mundo que le hiciera olvidar que esperar.
Escúchame bien, Simpson. Esto no ha pasado. ¿Me escuchas?- la sacudió un poco por las muñecas, como si quisiera asegurarse de haber captado bien su atención.- No se lo contarás a nadie. Ni a tus amigos, ni a los míos, ni siquiera a tu hermano.- ¿Creía él que iría corriendo a contarle a Los Caballeros del Cálculo que se había estado besando en un armario de escobas con el tipo que los atormentaba? ¿O que iría de inmediato a hablar con su hermano para contarle que uno de sus amigos la había besado a la fuerza, a escondidas y le había ordenado que no lo supiera nadie? No era tan idiota, a pesar de que se sentía bastante estúpida encerrada en un armario con Nelson Muntz (¡Por Dios! ¡Nelson Muntz!), sin haberse defendido, sin tener miedo y ninguna intención de hablar de inmediato con Charmer. – Y acostúmbrate, porque así son las cosas aquí. Yo… nosotros… Yo mando en todo este maldito edificio y eso te incluye. Y, por el bien de Bart, no vayas corriendo a contarle a Charmer tampoco.- la soltó y se alejó un poco de ella, mirándola con ferocidad.
No te temo, Nelson. Y me vale un bledo que mandes tú en todo Springfield. – replicó ella. Sabía muy bien que Nelson podía meter en problemas a Bart, pero no sin meterse él mismo. Quizás no le importará, después de todo. No con tal de salvar su reputación de una rata de biblioteca que afirmaría que él la había besado. – No diré nada, por ahora. Veremos. Déjame salir. ¡Apártate, maldita sea!- lo empujó con rabia y abrió un poco la puerta del armario, para asegurarse que no había nadie.
No lo había.
No hace falta que me temas. Sólo recuerda: mantente en tu lugar.- le susurró él al oído, por detrás de la puerta.
Salió, muy molesta y le cerró la puerta en la cara. Lamento que no hubiera un banco para obstaculizarla y dejarlo allí encerrado. Giró en la siguiente esquina y se echó a correr hasta la parada del autobús.
Hacia rato que todos dormían. Ella no podía. Empezar a recordarlo todo la había alterado sobremanera. Generalmente allá, en Boston, no se permitía pensar demasiado en nada que no fuera práctico, inmediato, urgente: las cuentas que pagar, los exámenes que rendir, los artículos que entregar, el mal humor de los clientes que atendía en su trabajo, los problemas con Simone, los malabares para conseguir comida y pagar el alquiler al mismo tiempo, los zapatos nuevos y la ropa que ya le quedaba chica a la niña….
Ahora, que tenía unas cuantas preocupaciones menos. (Ya tenía un trabajo en el Canal 6, ese era el único motivo por el que había vuelto a Springfield.) (Pensaba cursar materias en la Universidad local, por la noche y escribir para algún periódico de por allí) (No tenía que pagar un alquiler, aunque por supuesto que pensaba ayudar a los gastos de la casa y ahora tendría un buen seguro médico para Simone y sus frenos…) Ahora que su madre la había obligado a confesar, todo volvía con dolorosa rapidez y asombrosa nitidez. ¿Cómo había sido tan estúpida? Tenía solo 14 años… No debería haber permitido eso…
La puerta trasera la devolvió a la realidad, levanto la cabeza y dejo la mano en su coronilla. Se había estado pasando los dedos por el cabello con desesperación.
Hola.- dijo con aspereza Homero, sentándose él también a la mesa de la cocina. No parecía ebrio, aunque tampoco muy normal.
Hola.-
Lo siento.- dijeron los dos al mismo tiempo.
Sonrieron.
Es hermosa. Es exactamente igual a ti… excepto… bueno, los genes de tu madre son muy buenos. Es preciosa. ¿Es lista?- sonrió su padre.
Muchísimo más que yo cuando tenía su edad.-
¿Más que tú? ¿Entonces qué? ¿Terminó su carrera universitaria y decidieron visitarnos?- dijo con un acopio descomunal de buen humor.
Lo siento, papá. Te defraude.- el llanto empezó a subirle por la garganta.
No, Lisa. Un hijo jamás defrauda a sus padres… es sólo que… Uno se siente culpable… defraudado de si mismo… - explico confusamente.
¡Oh, papá! ¡Ustedes no tuvieron la culpa!- sollozó ella.
Por supuesto que si. Siempre creímos que eras una adulta, que podías sola con cualquier cosa. No te ayudamos, no te guiamos lo suficiente. Te desamparamos. Y eras solo una niña. No me has defraudado, Lisa. Jamás. Has criado a una niña tu sola, lejos de tu familia. Y los haz hecho de maravilla. De hecho, no deberías haber vuelto. La echaremos a perder por completo.- rió el hombre.
¡Papá!- le echó los brazos al cuello, con los ojos llenos de lágrimas.
Siento haber sido tan hosco. Mañana lo arreglaré, lo prometo. Estoy orgulloso de tener una nueva Simpson en nuestra familia. Aunque, por su bien, deseo que se una verdadera Beauvoir.- a él también se le escurrieron unas lágrimas.
Simone Simpson es perfecto.-
Bueno, lo que realmente me gusta de este capítulo es la reacción de Homero. Creo que me salió bastante realista.
Sobre Nelson… sé exactamente lo que quiero demostrar, pero no sé como. Un pequeño obstáculo nada más.
¡Hasta la próxima!
